lunes, 25 de enero de 2010

EN BUSQUEDA DE LA RAZON: 6 CAPITULO


La luna llena oculta por la tempestad iluminaba levemente la noche. En el lugar las sombras de las palmeras se reflejaban en la pared mientras se tambaleaban con el viento y gotas de lluvia se posaban en los cristales.
Las noches lluviosas le traían malos recuerdos al brujah.  El sonido del agua cayendo en el tejado, los truenos y el brillo de los relámpagos le recordaba como en Bogotá en esas noches de lluvia ella lo buscaba. 
La luz imponente de los rayos en el cielo se reflejo fulminante en el consultorio, dejando ver claramente por unos segundos los rostros de dos personas. El sonido del trueno invadió el ambiente, mientras el sonido de la lluvia gobernaba el lugar.
El sanatorio se había quedado sin luz por la tormenta eléctrica, pero eso no quería decir que algunas actividades no se llevaran a cabo.
-          Que ocurre señor Cuervo, estaba hablando y de repente paró.
El mira al psiquiatra por un segundo y baja la cabeza derrotado.
-          Antes, me gustaban las tormentas eléctricas, y ahora pues. Hace un silencio. Ya no lo se, a lo bien. Observa al hombre que lo interroga y complementa la frase.  A Hanna  no le gustaba cuando tronaba el cielo, aunque sé que no lo diría delante de nadiens, ella le tenía miedo a  eso. En ese momento se dibuja una sonrisa. Le gustaba apachucharse con migo en la cama, y cada vez que tronaba pos la hembra me agarraba fuerte, y yo sentía que me necesitaba. Cierra los ojos al escuchar el sonido de la naturaleza. Igual supongo que el otro será al que abrazara.
-          Porque crees que te sentías tan bien?
-          Pos porque estaba con la hembra, y estar con ella siempre era bueno
-          No me entiende. ¿Qué pasaba en esas situaciones para que te sintieras tan bien?.
El Cuervo no responde, en realidad parecía que la pregunta era muy compleja para él. El médico entonces dice.
-          Sabe que creo, usted sentía en esas oportunidades que ella lo necesitaba y que en cierta forma, la protegía. Lo mira con una sonrisa. Usted me dijo que ella es muy fuerte, casi como una mujer que no necesitara mucha ayuda, autosuficiente, dominante... es decir, en sus palabras la mujer era una “Dura”
-          Si, era una Dura la hembrita linda. Murmura con cariño. Era de las hembras más Duras que hay por ahí. Pocos se metían con ella.
-          Y usted me dijo que ella siempre ha tenido un papel superior a usted,  ¿no es cierto?
-          Pos... lo pensó, aceptarlo era difícil..Si Dotor
-          Recuerda que me dijo que ella en oportunidades le recordaba que usted no era nadie. El cuervo asiente con la cabeza. Pues bueno, a lo que voy señor es que ella siempre fue muy dominante para con usted, siempre tuvo el control  de la relación, y  entre ambos construyeron una relación donde ella era la dominante, y usted era el papel pasivo, es decir se complementaban. Me entiende lo que de digo?
-          Que nos comple que?. Dice el Cuervo quien está tratando de entender lo que dice el terapeuta.
-          Se complementaban. El médico trata de pensar cómo explicarle el concepto, sabía que su paciente no era muy instruido, y tampoco muy brillante, así que se levanta y saca  un frasco  de medicamentos y le quita la tapa. Digamos que usted es la tapa de este frasco. Dice de manera simple, mientras  el Cuervo lo mira como un niño de pre- escolar. Y el embase es Hanna. ¿entiende?. El Cuervo hace un signo positivo mientras ve los dos objetos.  Esta tapa , es decir usted, cuadra perfecto en el embase. Lo mira haciendo un esfuerzo por ser entendido mientras cierra el recipiente. Hanna que es el embase y usted como tapa se unían bien, es decir que a pesar de que ella fuera más poderosa, usted cuadraba bien con ella, se entendían, porque aunque ella era muy fuerte, necesitaba de alguien no tan fuerte que la comprendiera.
-          Es decir que ella es el tarro y yo la tapa?. Repite . Y ella es la grandota y yo soy el pequeño.
-          Exacto. Hace un signo positivo. Ambos, tapa y tarro se complementaban, o se completaban.  Lo mira tratando de pensar en cómo decir las cosas de manera simple. Hanna,  la mayoría del tiempo era dominante, y usted era pasivo, pero en las tormentas, usted pasaba a ser el fuerte y ella la mujer débil, en esos momentos usted se convertía en alguien querido, necesitado y valorado... y eso le hacía sentir bien.
Mira al Cuervo y prosigue.
-          Usted desea interiormente que lo aprecien, y que lo quieran porque usted se merece eso.
El Cuervo se queda pensativo y de repente comienza a llorar con mucha fuerza.
-          Toy  jodido!, Soy una tapa que no tiene tarro
El psiquiatra se queda congelado frente a esa afirmación, tal vez no pensó que el hiciera esa asociación tan simple, y tan... dolorosa. No era la idea. Lo que realmente le estaba tratando de comunicar no fue comprendido.
-          Puedes conseguir otro Tarro
-          No, las tapas están hechas para un solo tarro, si se ponen en otro, ya no funcionan bien. Dice el Cuervo con propiedad de manera rígida con los ojos llenos de sangre.  De eso si se... me tocaba cambiarle el agua al cacharrito.... y yo que soy la tapa, solo cuadraba bien con Hanna, y con nadie más, y ahora soy una tapa sin tarro, y ella no necesita de esta tapa porque se consiguió una más bacana, moderna y Caribe, y dejo de lado a esta tapa vieja de lado, porque... ya no le servía. Niega con la cabeza mientras llora en silencio cerrando los ojos.
El psiquiatra deja que llore y le dice en silencio.
-          Como sabes que la nueva tapa es mejor que la vieja?
-          Pos porque es nueva, y porque ese man es mejor que yo, es mas estudiado y sabe mucho.
-          Y eso lo hace mejor?
-          Si- responde  con los ojos inyectados en sangre
-          Yo no estoy de acuerdo. Dice el psiquiatra mirándolo mientras le toca el hombro. Yo creo que la tapa vieja es mejor que la nueva, porque usted Cuervo se ganó  a Hanna por su corazón y no por su cabeza, ni su dinero. Le dice de manera melodiosa. Usted fue muy buena tapa, pero Hanna no supo ver lo buena tapa que era. Era tan buena tapa que sabia que ella necesitaba un abrazo en las noches de tormenta, sabia como  tranquilizarla cuando se sentía insegura. Las tapas nuevas no saben nada del frasco, solo saben que es bonito, pero no  lo conocen, no saben que tiene dentro, desconocen que necesita, no saben cómo cerrar el tarro.
El Cuervo lo mira con atención
-          Las tapas nuevas son ignorantes y no saben lo que conoce  la tapa vieja.
Y concluye.
-          Las tapas viejas ya tienen experiencia y saben qué hacer, por eso pueden tapar otros tarros.
El Cuervo lo mira lloroso y le dice: Yo no lo creo Dotor, yo no creo que pueda tragarme de otra hembra, lo sé. Baja la cabeza. Muchas veces coquetee con otras hembras, muy bonitas, pero nunca me llenaban como ella, y como buste dijo, a pesar de que yo hice todas las vainas para que la hembra fuera feliz, ella a esta tapa ya no la quiere, se aburrió de la tapa vieja, y aunque busted diga que mi persona puede salir, cuadrarse a otras tipas y culearselas, yo aquí. Señala el pecho. Siento que no puedo. Lo mira. Será mi primera y única hembrita, a lo bien que sí.
El psiquiatra lo mira en silencio mientras las gotas de sangre caen de los ojos del brujah.
-          Tendrás que buscar una forma de salir adelante  una tapa sola, porque cuando salgas de aquí  lo necesitaras.
El Cuervo lo mira y le pregunta. “¿salir de aquí?”
-          Claro, pronto te daré el alta, porque si bien,  todavía no has superado la perdida de tu pareja , ya por lo menos puede ver la realidad y ser consciente de tus sentimientos y no perderte en cosas que no son reales.
-          Pues la realidad duele mucho. Concluye el hombre
-          Si duele, pero eso es algo que  no se puede evitar. Le toca el hombro. Tú tienes la capacidad de salir de esto, tú mismo me has contado que te toco vivir unas situaciones muy difíciles y sobreviviste... ¿Por qué no ibas a superar esto?
****
El sanatorio sin luz era un lugar parecido a las películas de terror. El Cuervo sale preocupado del consultorio mientras los oscuros pasillos hacían sentir que se estaba dentro de un pozo. Sombras que se acercan y que se ven moviéndose al fondo son en realidad el personal del centro y los pacientes. Camina despacio como siempre, y al hacerlo en la oscuridad encuentra unos zapatos abandonados en el camino. Se imagina que alguno de sus compañeros de sanatorio debe estar caminando descalzo. No demora mucho en reconocer los mismos. Son los zapatos del nosferatu que como raro andaba por las esquinas como alma en pena.
-          Ra-Feo eres tú?- era una forma de llamar a Rafael el Nosferatu que por la maldición de su clan era realmente espantoso.
Aparece detrás de él, descalzo y con la mirada perdida. Rafael actuaba muchas veces sin mucho sentido común, parecía un niño no muy brillante e imprudente.
-          Vas a fumar?... jeje el humo del infierno sale de ti. Dice mirándolo extraño
-          No, ustedes se tumbaron mis cigarrillos... dice muy molesto y ansioso.. Ratas..
-          Te sirven estos?. saca una caja de cigarrillos que el Cuervo se la rapa.
-          Donde los conseguiste?. Responde con alegría
-          Por ahí...  estaban al lado de este candado, estas llaves, esta chequera, un revolver dañado y una camiseta azul. Y  comienza a sacar esas cosas de sus bolsillos de manera consecutiva...
El Cuervo se queda paralizado viendo como el vampiro sacaba todo eso de sus bolsillos. En ese momento un grito de un desconocido estremece el lugar. ALGUIEN ME HA ROBADO. El Cuervo se apresura a salir del pasillo hacia el techo, seguido por el nosferatu quien va dejando tirados los objetos en el suelo. Cuando suben  la lluvia ha terminado y todo está húmedo. En medio de todo pueden observar un hombre que sentado y completamente empapado mira al cielo con una mirada vacía mientras canta en voz baja. Rafael, se acerca a él y murmura al Cuervo. “Es Romano”. Lo toca y le pregunta que le ocurre pero él no responde. Era extraño, hace unos días parecía muy alegre y activo, y ahora solo estaba quieto como si le hubiera pasado algo terrible.
El Cuervo lo mira desde lejos, no se atreve a acercarse mucho, en realidad no sabe qué hacer. Solo se escucha que el hombre joven murmura. “Pensé que tal vez un rayo podría caerme encima, y así terminar con todo esto”. Era una escena muy triste, empapado, con la mirada perdida y hablando de desaparecer. El Nosferatu, sin preguntar,  baja las escaleras  y a los pocos momentos sube al techo una enfermera rubia quien amorosamente cubre con una toalla a Romano y lo invita a bajar.
****
La situación se torno algo incomoda después de que acusaron a Rafael y al Cuervo de robar a un compañero. Curiosamente el brujah no se defendió, pero le obligaron a devolver los cigarrillos que había aceptado del nosferatu. Los devolvió a su pesar.  Los objetos  dejados en  el suelo  mostraban el lugar donde estaban los responsables. Y aunque, había sido algo grave, el regaño no paso a mayores. Romano había entrado en su fase depresiva de su trastorno bipolar, y estaba  viviendo una fuerte crisis, así que había sido confinado a su habitación. El resto del grupo dos horas más tarde se encontraba en el salón en silencio, las terapias habían sido canceladas y el Cuervo se moría de las ganas de fumar.
Victor estaba sentado leyendo un libro con expresión de fastidio y curiosamente, también deseando un cigarrillo, Rafael  jugaba con sus demacrados dedos, Cain vagaba por las esquinas y el Cuervo estaba sentado en silencio con muchas cosas en la cabeza. De repente el tremeré estalla y lanza el libro al suelo.
-          Quisiera salir de aquí lo más pronto posible, esto es patético,  me toca leer literatura de quinta, novelitas estúpidas nada interesantes, odio este lugar, es lo peor que me ha ocurrido en mi vida. Dice en su usual tono quejoso.
-          ¿peor que los homúnculos?. Pregunta Rafael de manera inocente
Victor no le responde, solo mira con tristeza el cristal dando la impresión de que llorará en cualquier momento.
-          A Martin le van a dar el alta. Comenta el Nosferatu de manera casual mientras sigue jugando con sus dedos.
-          ¿COMO? – grita el Tremere de manera explosiva- ¿PORQUE A TI TE VAN A DAR EL ALTA? ¿Y A MI NO???...  responde adolorido y celoso. El Cuervo no sabe como el Nosferatu se entero, pero reacciona con silencio ante la pataleta de Victor quien golpea la mesa de la rabia. Una enfermera se acerca y le pide que se tranquilice y lo amenaza que,  de no hacerlo lo ingresaran a la fuerza a la UCI. Víctor calla con lágrimas en los ojos. NO es justo. Murmura. Yo he mejorado.  Se levanta y se va.
El Cuervo observa como el hombre se aleja manoteando, mientras él siente un terror inmenso de salir y enfrentar la perdida desde los ojos de la razón.
Aquí todos sufren, no importa el clan, los conocimientos y las habilidades, todos tienen un peso en el corazón, ninguno escapa de sus propios demonios...

jueves, 14 de enero de 2010

EN BUSQUEDA DE LA RAZON: 5 CAPITULO


Estaba sentado frente a la ventana. Había un libro al lado sobre “cualquier cosa”. En el centro repartían libros para que se distrajeran, pero él... bueno, como decirlo, sabía leer pero, no sabía hacerlo a la perfección, la comprensión de lectura le costaba millones, todo aprendizaje intelectual académico le era muy difícil porque en parte no había tenido ni la enseñanza, ni las habilidades. Durante el poco tiempo que estudio de niño, repitió dos veces segundo de primaria,  y así otros años, solo llego hasta 5, y en esas tenía ya 13 años y se voló de la institución de protección a la infancia donde vivía  y no volvió a estudiar. Para lo único que le sirvió al colegio fue para contar, porque luego, para contar dinero eso si resulto ser muy útil. Miró el libro de reojo y leyó de nuevo el titulo concentrándose: L a O di ce a
“Que joda... seguro era la historia de una hembra que se llamaba así de feo... de prontos era una mujercita bien odiosa ella”;  igual no le interesaba;  ese libro que ni siquiera tenía dibujos.
Tras hablar con el psiquiatra por  tres días se sentía un poco mejor, no mucho, pero algo era avance, y con el habla recordó algo... “¿Donde carajos estaban sus cigarrillos?”
Busco en su maleta y encontró dos cajetillas. Dos “sagradas” cajetillas, como carajos el pelusas iba a imaginar que sobreviviría con eso. El anuncio en el pasillo de prohibido fumar  y las constantes miradas de  evaluación de los enfermeros le hacían entender que no se podía hacer lo que el deseaba hacer, pero al Cuervo poco le importaba saltarse la norma, bueno en realizad “si le importaba”, si no fuera así no estaría tratando de hacerlo a escondidas.
Abrió la ventana de la habitación.  Ya había cerrado la puerta y apagado la luz, y miraba medio paranoide la puerta. Prende el encendedor rápidamente, acerca el cigarrillo a las llamas y siente al inhalar un placer enorme...
En ese momento comprende que debió estar muy mal para olvidar que fumaba, y eso que lo hacía con mucha frecuencia. Mientras fuma hace un gesto de dolor. Su brazo izquierdo  aún sigue lastimado y tiembla. El tener así el brazo lo deprime; sabe que curara lento, pues el fuego hace mucho daño.
Mira el cielo lleno de estrellas  e inmediatamente mira la foto de aquella. No era una mujer muy delicada pero seguro le hubiera gustado ver aquello. Como dolía pensar en eso, piensa, mientras el humo del cigarrillo se escapa por la ventana. ¿Dónde estaría ahora?, y el Pelú …¿Dónde estará? Parecía como si su no vida se hubiera detenido.
Miro con ansiedad el cigarro, se estaba acabando y él quería otro. Tal vez alcanzaría el tiempo para fumar un segundo. Pero justo en ese momento siente pasos que se acerca,  inhala fuertemente el filtro y al sentir que abren la puerta bota aquel por la ventana y cierra la ventana con celeridad.
Buenas noches señor Martin. Es la enfermera. Le traje su medicina.
El Cuervo por primera vez desde que llego toma el medicamento de un sorbo sin renegar. La enfermera lo mira extrañada por tres segundos donde el Cuervo mentalmente esperaba no ser descubierto. Luego de ese tiempo ella se retira recordándole que pronto seria la terapia grupal.
 Tras observar que ésta sólo sonríe como un niño travieso... “je, no se la pilló”. Guarda el paquete de cigarrillos en el bolsillo interno la chaqueta  y  tras esperar un tiempo, sale de la habitación donde se encuentra con los otros que van a la dichosa terapia. El único que no parecía haber evolucionado mucho era Caín, quien seguía igual de perdido, el resto tenían ciertas mejorías aunque fueran muy pequeñas.
Tras la  pelea, Víctor y él no habían tenido mayor contacto. Parecía estar pasando por un momento difícil, pues lo vio asustado corriendo por el pasillo.  El vecino de al lado gritaba menos, la mujer de la esquina ya no lloraba, Roger el obsesivo compulsivo parecía haber tenido un ataque de nervios.
“Eso” tenía ese lugar, obligaba a los vampiros a mirar el sufrimiento a la cara de otros. Definitivamente hacia más humanos a los individuos que estaban ahí.
Había llegado hace poco  dos pacientes nuevos, entre ellos un Nosferatu, llamado “Rafael” que vagaba en silencio por la institución como si fuera un espanto, el segundo un hombre atractivo, varonil lleno de tatuajes y de procedencia argentina (aspecto obvio por el acento) llamado Romano; el cual curiosamente era una celebridad frustrada que cantaba tristes y extrañas tonadas a la luna.
La terapia grupal no convocaba  muchas personas, usualmente cinco, máximo siete. El manejo era el de tocar un tema al azar y hablar al respecto, orientados claro, por el psiquiatra o por otras personas.
Se sentaron todos en un círculo, el Nosferatu se hizo al lado del Cuervo, Víctor lateral, seguido por Caín, Romano, el obsesivo compulsivo de Roger, Carolina y por último el terapeuta.  El tema de la terapia era el futuro, pero por varias cosas terminaron hablando de los demás vástagos, y de esa realidad afuera del centro.
-          Todo es una gran mentira. Dice Romano con su acento argentino. Ustedes lo saben che, todo es una farsa, vivo la mitad del tiempo pensando quien me va a matar, a veces despierto en el día pensando como lo harán esta vez;  saben, a veces simplemente quisiera desaparecer y matar a todos esos hijos de puta en el camino.
Víctor lo mira y asiente como si le pasara lo mismo.
-           Es cierto, yo sentía antes que estaba seguro con los míos, pero desde hace un tiempo solo siento que envían homúnculos a matarme. Dice de una manera realista y más tranquila. No tengo seguridad de nadie, es una sensación detestable. Lo ultimo le sale muy natural pareciera como si estuviera comprendiendo más su situación.

-          ¿Qué es un homúnculo? Pregunta la mujer perdida, mientras el Tremere la mira disgustado.

-          No sé, pero debe ser un enano con mucho culo. Dice el Cuervo y los demás reaccionan riendo
El Tremere lo mira directamente a los ojos, sorprendido.
-          ¡Habla!, no lo puedo creer, es un milagro pensé hasta el día de hoy que eras mudo. El Cuervo lo mira con un gesto de disgusto y calla nuevamente. Se ve que el Tremere piensa si explica sobre aquellos que lo persiguen, pero luego calla.

-          Yo enviare al infierno a todos los que se atrevan a violar mi morada. Dice Caín saliéndose del tema, pero para colmo de males alguien le complementa.

-          Vi hoy como el humo del infierno me llamaba. Dice con entusiasmo. Salía de una de las habitaciones como cantando. El Cuervo mira al Nosferatu y se queda frio.
Carajo, cállate feo que me vas a joder. Piensa mientras mira a otro sitio.
-          ¿Humo?... por los dioses, deben ser señales a los homúnculos.  Dice Romano en burla a Víctor.

-          Son homúnculos idiota, no indios norteamericanos, no se comunican con humo. Aclara el Tremere casi ofendido.

-          A quien le importa Víctor, no te das cuenta que nos divierten tus amigos imaginarios. Dice muy divertido el hombre con tatuajes, mientras el Tremere lo mira pésimo y el Cuervo palidece.  Sea como sea nuestra maldita maldición nos convierte en enemigos, nunca podremos ser felices. Niega con la cabeza Romano.

-          Es posible ser feliz Romano. Habla por fin el psiquiatra. Solo es cosa de disfrutar los pequeños detalles ....
El psiquiatra continúa hablando y concluye la terapia de grupo. Todos salen a un receso antes de ir a la famosa terapia ocupacional.
El Cuervo sale a tomar sangre, pero se  nota muy nervioso. Por algún motivo en la sesión de terapia de hoy recordó su situación en Bogotá y se puso a pensar cómo sería su regreso...
 El centro parecía un universo aparte, pero,  tendría que salir y enfrentarse a todo eso que le dolía, y no sabía si sería capaz. Procede a sentarse en una mesa, lejos de los demás, y mientras piensa siente un desespero por salir a fumar. Mira el reloj, en cinco minutos seria la maldita clase esa y él no quería estar ahí, quería tener ese cigarrillo en su boca. Rápidamente  lo piensa bien y recuerda esa escalerilla que da hacia el techo. ¡Eso es!.... debe subir al techo y ahí nadie lo molestara.
Así que se levanta levemente y camina por el pasillo, se concentra y utiliza celeridad para subir las escaleras, abrir la puertita e ir al techo. Lo logra sin ningún problema y ya arriba mira el cielo estrellado en su máxima expresión, camina despacio hacia un sector apartado y cómodo y se sienta en el piso. Inmediatamente saca su cigarrillo se lo pone en la boca y trata de encenderlo.
-          ¿Qué haces? Dice una voz que hace que el Cuervo salte de donde está. Ha sido seguido por el Nosferatu,  quien utilizando sus poderes logró que no lo hubiese visto.
-          Pues... yo.  Dice el cuervo con el cigarrillo en la boca.
-           Con que de allí salía el humo. Dice Romano caminando hacia ellos. Viste Víctor, que los boludos de los homúnculos no se estaban comunicando entre ellos. Señala  en tono de burlón.
-          Cállate Romano. Dice Víctor cortante
-          Caín protege a los suyos. Dice “Caín”  detrás de ellos
El Cuervo mira a todos sorprendido con una postura graciosa mientras  sostiene su cigarrillo con la mano derecha y la cajetilla con mano la izquierda vendada. ¿Co… cómo llegaron aquí?
-          Vimos que te ibas, y luego vimos que Rafael salía detrás de ti, y bueno Víctor y yo solo los seguimos, y supongo que Caín habrá hecho lo mismo. Miran a Caín, quien se había acostado literalmente sobre el techo viendo el cielo. No es genial, creo que nadie viene detrás de él. Añade Romano divertido.

-           Martin. Dice Víctor.  ¿Vienes aquí a Fumar?... Nunca he fumado en mi vida.

-          Pues creo que es hora de empezar. Dice Romano, tomando cuatro cigarrillos sin que el Brujah le haya dado autorización y repartiéndolos entre los presentes. El Cuervo mira lastimero como sus cigarrillos se están esfumando.


-          Están locos?...  yo nunca he fumado, yo…

-          Cállate Víctor, todos estamos locos. Dice sentándose en el techo.  Por eso estamos internos aquí… no te quejes  y disfruta el momento estamos escapados de la maldita clase de terapia ocupacional.
Víctor mira a Romano y calla  como dándole la razón y  toma el cigarrillo en silencio, sentándose a su lado.
-          Debe ser bonito vivir en el exterior. Dice el Nosferatu en un tono de añoranza mirando las estrellas.

-          Debe ser bonito que a Caín le dieran un abrazo. Dice el mismo Cain mientras mira el cielo y sostiene su cigarrillo como si fuera un puntero
Hay un silencio en ese momento. Como si algo pasara, algo que ni ellos mismos pueden explicar.
-          Y bien,  ¿vamos a prender los cigarrillos? El que pregunta  mira al Cuervo, quien saca su encendedor y trata de encenderlo sin ningún éxito.

-          Demonios. Murmura

-          No se preocupen, yo tengo encendedor automático. Dice Víctor  de manera amable,  estirando su mano y del dedo índice sale una llama.

El Cuervo lo mira con miedo, pues ya lo quemo una vez,  pero aún  así se acerca  y prende el cigarrillo haciendo un gesto de placer. Lo mismo hacen los demás, el único que no prende su cigarrillo es Caín, quien juega con él entre los dedos. Por último Víctor prende el de él y lo fuma tosiendo inmediatamente.
-          Cof… cof  esto cof… es horrible. Dice casi ahogado pero sin parar de fumar.

-          Na... no tanto. Complementa Romano quien también tose,  pero a la vez se ríe.

-          Yo fumaba en vida. Dice el Nosferatu. Quien fuma despacio con un poco mas de técnica mientras Caín solo mira el cielo, en esas calla y dice un poco relajado. ¿Se han preguntado qué pasaría si nos volviéramos a encontrar después de salir de aquí?
Romano se ríe, y dice.

-          Pues nada pelotudo, si alguna vez nos llegamos a encontrar por ahí, todos haremos como si no nos conociéramos, nos miraríamos y nos saludaríamos como si nunca nos hubiéramos visto.
En ese momento hay un silencio general de los cinco hombres que miran las estrellas como si el destino los hubiera puesto ahí para compartir ese instante, ese pequeño momento que solo vivirían esa vez.


sábado, 9 de enero de 2010

EN BUSQUEDA DE LA RAZON. 4 CAPITULO.


Es extraño, que justo cuando te das cuenta que hay “otros” además de ti que están alrededor es cuando comienzas a escucharlos. Antes el Cuervo no los escuchaba guardado en su habitación, pero desde que salió al exterior comenzó a darse cuenta de su existencia, y eso no era exactamente algo que lo hiciera sentir bien.
Tal vez era el hecho de ver la locura en el rostro de aquellos desconocidos, o el hecho que fueran espejos de su sufrimiento; y en realidad “él” no quería saber de otros, solo quería saber de si mismo, de sus problemas y de nada más.
Su nivel de humanidad le dificultaba darse cuenta de las necesidades de los demás,  pero aquí eso era imposible, casi que este lugar lo estaba haciendo más sensible y... humano.
 Podía escuchar los pasos  de aquellos en el pasillo, sus murmullos, su llanto, sus gritos, sus palabras, mientras él trataba de centrarse en resolver sus propios problemas sin dejar de olvidar que estaba en un manicomio.  Odiaba al Pelusas por haberlo llevado ahí, lo odioba mucho, pues sentía que le había hecho un daño y no un beneficio. En los últimos días había estado tan irritado con él que no había querido pasarle al teléfono.
Suspiró de manera abrupta y llorosa mientras miraba al techo y observaba nuevamente “la foto”. Sus ojos ya no miraban la imagen como antes, había cierta desesperanza engañosa que se confundía con deseos brumosos, y sin embargo él seguía amándola a pesar de que sentía que a ella poco le importaba lo que fuera de su no vida. Se la imaginaba lujuriosa besando a su nuevo amante en la cama mientras jugaba con él eróticamente; y eso, lo llenaba de ira, de celos, de dolor y de amargura. ¿En que habían terminado 20 años de relación? ¿Cómo de repente aquella que amaba se convirtió en su enemiga? Todo era una gran mierda, una gran mentira solemne dentro de un velo de presunto cariño incondicional...
Y sin embargo, a pesar de ese dolor y esa ira hacia ella, lo que más le dolía y mortificaba era esa culpa transparente de todo lo que él hizo mal, y de todo lo que él era. No fue lo suficientemente bueno, ni hizo las cosas lo suficientemente bien para que ella se quedara con él. No era nadie.
El juego de la autocritica era constante. Aquel que desde pequeño había sido descalificado y desvalorizado había encontrado en la depresión psicótica la excusa para reafirmar ese rótulo negativo que otros le habían puesto en su cabeza y que él se había comprado.
Estaba cansado de llorar, a veces sentía que sus lágrimas de sangre se habían secado, y sin embargo aquellas aún aparecían aunque tratará de hacerse el fuerte.  Aún por breves períodos podía escuchar la voz de ella en su cabeza, pero la alucinación desaparecía rápido y con amargura.
A pesar de la insistencia del médico sus palabras seguían siendo contadas aunque sus pensamientos habían aumentado considerablemente. La medicación ya no era tan fuerte como al principio, pero seguía disgustándole.
-          La terapia ocupacional comenzara en 10 minutos. Pasa una enfermera distinta a la que usualmente lo atiende a decir esto.
Él sólo hace un gesto de disgusto y manotea como un niño.  Odiaba la terapia ocupacional, la odiaba. En realidad odiaba todo  de ese lugar.  ¡No quería ir, no quería!, sin embargo tampoco deseaba que lo obligaran.  Se sentía como un adolescente sin libertad.
Desde que había tenido un poco más de conciencia le había tocado asistir a ciertas reuniones poco agradables, la terapia ocupacional  era una especie de clase ridícula de manualidades, la terapia grupal era un momento realmente incomodo pues tenían que hablar y él se negaba hacerlo, y las largas terapias individuales con el psiquiatra quien de manera extraña, dado que no le hablaba, se habían convertido en sesiones de música en la que el terminaba llorando porque se habían convertido en una tortura al recordar ciertos aspectos que no quería comentar.
 Se agarró la cabeza con las dos manos en forma de desespero,  bajó las manos frustrado y se dirigió hacia un lavabo que había en la habitación y se mojo el rostro. El agua le ayudaba a veces a tranquilizarse. Tras secarse y ponerse las gafas oscuras salió de la habitación meditabundo dirigiéndose como quien no quiere la cosa al lugar donde se realizaban las actividades. De repente paró en seco en una esquina al escuchar dos voces conocidas.
-          Pero doctor, le exijo que me dé de alta, llamaré a mis aprendices para que me saquen de aquí, esto es un secuestro, me tienen acá en contra de mi voluntad. El tono era quejoso.

-          Señor Víctor. Dijo la voz calmada del psiquiatra. Quiero recordarle que usted y yo hicimos compromiso. Hace una pausa y prosigue. Cuando usted esté mejor volverá a su capilla, antes no. Esto lo dice con autoridad. Usted sabe que por su dificultad ha hecho cosas que han incomodado a muchos de los suyos, y si usted no mejora no sólo perderá su capilla sino posiblemente su vida. Lo último es cortante. Desde su ingreso lo único que he escuchado de usted son quejas, y si realmente quiere que le dé de alta debe demostrarme que está mejorando, ¿entendido?



-          Usted está aliado con ellos... usted... dice de manera paranoide


-          Nada de eso Víctor, controle sus pensamientos. Continúa con tono de autoridad. Mejore, ponga de su parte y se hará merecedor del alta, usted es un hombre brillante para entender lo que le estoy diciendo... ahora si me disculpa debo continuar con mi trabajo, nos vemos más tarde.
El Cuervo se asoma y ve la cara de desesperación del hombre quien no parece estar en su mejor momento,  mientras el psiquiatra camina en dirección contraria. Ese doctor era todo un misterio, nunca había conocido ningún vampiro que se preocupara por otros, aunque él no confiaba, parecía tener más poder del que aparentaba y la vida en la oscuridad le había enseñado a no confiar en nadie, y  aunque él intentaba presuntamente ayudarlo, él sentía que “nadie podía hacerlo”... igual se suicidaría apenas saliera de ahí. 
No podía dejar de notar una cosa curiosa, él tipo este, quien evidentemente es un Tremere de alto nivel, poderoso, pues los regentes no eran ningunos dibujados en la pared, había sido puesto en su lugar por este doctor, quien  en apariencia era insignificante. Eso le daba algo de placer interno, pues los brujos le causaban asco, y más desde que su ex se había largado con uno de ellos, los odiaba aún más. Esos infelices siempre sentían que eran mejores que los demás y andaban con sus secretos y con su prepotencia. No entendía como ella, quien era muy dominante y crítica de ese clan, había terminado enredada con un tipo así....
Al pensar en eso aprieta el puño y lentamente prosigue su camino hacia el salón de terapia ocupacional, donde sólo hay unas siete personas, y mientras se sienta en la silla puede ver como el hombre que acaba de hablar con el psiquiatra entra al salón.
Frente a él había una serie de palitos  de paleta o helado, pegante y pinturas con los cuales cada uno según la instrucción tenía que crear algo. El Cuervo ni siquiera toca los palitos, los mira con desprecio como si se trataran de pedazos de mierda, y para empeorar las cosas ese maldito presumido le habían dado la instrucción de que se sentara al lado de él. Mira de reojo al fulano quien como él mira los palitos como insignificantes objetos, mucho más allá podían ver a Caín con entusiasmo infantil pegando los palitos tratando de hacer una especie de caja y a su lado hay un sujeto con pinta extraña haciendo una especie de  “cosa”, mucho más al fondo hay un sujeto que no trabaja con los palitos sino que ha puesto en la mesa todos en orden de color, tamaño y forma de manera obsesiva mientras que el compañero de al lado lo mira disgustado pues ha tomado también su material.
Todos en silencio... todos haciendo algo o no haciendo.
El regente toma los palitos de mala gana, y murmura por lo bajo algo parecido a “yo haciendo tareas de chiquillo de 5 años, mientras los malditos homúnculos tratan de destruirme...”, cierra los ojos alterado y comienza a  reunir algo de material mientras mira de reojo al Cuervo quien no hace nada, se cruza de brazos de manera rebelde y se niega a trabajar.
Señor. Una especie de instructora le mira.  Ayer no hizo nada, y hoy espero que me muestre algo al finalizar.  El cuervo la mira con una sonrisa antipática, y saca lentamente su mano derecha  mueve sus dedos y dejando el del medio levantado y los otros contraídos haciendo un claro signo vulgar, mientras piensa “ni mierda”.
La instructora lo mira algo ofendida y se aleja mientras que su compañero de mesa lo mira pésimamente. Qué modales. Murmura. No se le puede pedir más a los ignorantes. El Cuervo no lo piensa, siente que su ser se llena de odio, de ira, de dolor.  Levanta  su puño derecho y le propina  un golpe al vecino sintiendo como la bestia cabalga dentro de él y lo derrumba. Ha entrado en frenesí.
 Rompe la mesa  donde están trabajando y se lanza en embestida contra el Tremere al que llena de golpes mientras que este enciende su mano en llamas y trata de quemarlo sin poco efecto pues su agresor no se aleja.
En su mente ese hombre era aquel que le había quitado lo que más quería. Ese mago refinado más inteligente y culto, que su mujer había preferido.
 Y en su mente, mientras lo golpeaba comenzó a escuchar nuevamente la voz...
“el problema es que usted es un hombre sin aspiraciones y sin cultura, ¡un bruto!... Usted parece tener una almendra en el cerebro y piensa que si tiene mucho dinero ya usted sale adelante; pues no, sabe hay hombres que tienen esto -, recuerda como señalaba la cabeza, - un poco más desarrollado, y yo la realidad no quiero estar más con usted
Esas palabras reafirmaban su estado agitación  y agresividad, y se repetían una y otra vez en su cabeza, mientras el rostro sangrante del Tremere se confundía y las llamas, aunque le hacían daño, no le quemaban.
Inmediatamente  los enfermeros tratan de separarlos a ambos. Se escuchaban las palabras de alerta de alguien que hablaba por radio. “ El señor Martin entro en frenesí en terapia ocupacional y el señor Víctor esta descontrolado”. Tres enfermeros enormes toman de los brazos al Brujah mientras  una enfermera le inyecta una sustancia en el brazo y  en ese momento para el Cuervo todo se vuelve negro.
*****
Despierta en un lugar muy oscuro sintiendo un horrible dolor de cabeza y notando que su brazo izquierdo esta casi destrozado por las quemaduras. Le duele mucho. Un gemido de dolor  se escucha en ese lugar como un eco. Trata de acomodarse en la cama y al tocar la pared nota que esta acolchada y en ese momento toma conciencia de lo ocurrido, sus ojos se inundan en lágrimas y comienza a llorar a gritos.
Ya cállate imbécil, por tu culpa nos metieron al hueco. Grita un hombre en la celda de al lado.
Las palabras del hombre lo hacen callar por un momento. La voz era la de su compañero de batalla, quien al parecer está en una celda cercana.
Lamentarás haberme golpeado, yo no te hice nada. Sin embargo no era cierto, él le había provocado, sólo que no pensó que llamarlo ignorante despertaría tal acto de agresividad. El Cuervo sigue llorando aunque esta vez no tan alto, sin embargo se escuchaba perfectamente sus gemidos, y de repente no eran solo los gemidos de él, sino  también los del lado, que se percibían como un coro de tristezas.
*****
Pasan unas horas en las que sólo se escuchan sollozos y de repente una luz tenue se enciende y unos pasos  se escuchan.
-          Buenas noches caballeros. Dice el médico desde el pasillo, quien se asoma por la ventanilla a ver el estado de cada uno. Les advertí a ambos cuando ingresaron que las peleas no eran permitidas.

-          El tuvo la culpa.  Dice  Víctor

-          Ambos la tuvieron. Dice el médico con autoridad. Por eso ambos están en la USI.

El silencio embarga el lugar.
-          Ahora  bien podría sacarlos, pero no sé si puedo confiar en ustedes, su última pelea dejo dos mesas rotas y algunas partes quemadas en el salón de actividades. Su tono muestra calma pero autoridad. Lo curioso es que ambos  son  pacientes que no quieren mejorar, así que no se si sea mejor dejarlos aquí una temporada.
   Nuevamente  hay un silencio.
-          Unas enfermeras van a venir atender sus heridas, y luego de eso hablaremos los tres y decidiremos si se quedan en la USI o son capaces de vivir en comunidad.
Los pasos del hombre se alejan, se apagan nuevamente las luces y se escucha una puerta cerrarse.
-          Fue tu culpa. Volvió a decir con frustración Víctor quien golpea la pared acolchonada sin que el Cuervo le conteste.
No demoro mucho tiempo cuando varias enfermeras y enfermeros entran a la unidad mientras unos hacen guardia otros vendan las heridas y les proporcionan sangre. Luego  de esto se van dejándolos a ambos nuevamente en silencio.
Pasa una  hora y nuevamente se escuchan los pasos del psiquiatra acercarse y como si nada las puertas se abren al mismo tiempo.
- Salgan, y síganme... su voz es seria
Un muy lastimado hombre con las gafas estropeadas y con heridas en el rostro sale primero, el ego que siempre le caracterizo parece que se hubiera ido de paseo, pues su rostro refleja que está pasando por una verdadera crisis. Al rato sale el Cuervo, con su brazo izquierdo vendado, su paso es lento y meditabundo. El hombre los hace sentar en una oficina especial  y se sienta al frente de ellos. Daría la impresión de que son dos niños regañados...
El psiquiatra quien estaba acostumbrado a estas contiendas, pues en parte en un psiquiátrico muchos se comportan como niños, los mira con aire paternal.
-          Bueno alguien que me explique qué pasó.
Ambos hombres se miran, es evidente que el Brujah no hablaría, así que Víctor comienza a hablar de manera rápida.
-          Estábamos en la terapia ocupacional y la enfermera le dijo simplemente que esperaba que hiciera algo, pues nunca hace nada. Dice de manera autosuficiente. Y él le hizo un gesto vulgar con la mano, y yo le dije que tenía malos modales y ahí me ataco.
El psiquiatra repasa el rostro de ambos, y al ver que el Cuervo hace un gesto le pregunta.
-          ¿Estás de acuerdo con lo que él dijo?
El Cuervo no habla, simplemente niega con la cabeza. El psiquiatra al ver que él no quiere decir más le pregunta nuevamente al Tremere.
-          ¿Qué fue exactamente lo que le respondiste Víctor?
El hombre mira al médico y se calla sabiendo que ha omitido parte de la historia.
-          Le dije que no tenía modales y que era de esperar de un ignorante como él. Mira al Cuervo. Pero eso no justifica que me haya agredido. En eso el Cuervo lo mira con  una expresión de dolor.
El psiquiatra entonces entiende todo.
-          Aquí ambos hicieron mal. Víctor no puedes esperar que las personas no se sientan agredidas cuando constantemente les estas mandando mensajes de que son inferiores, eso puede que te lo tolere mucha gente pero hay personas como Martín que en su situación que no pueden hacerlo. Y mira al Brujah. Y tu Martín me decepciona pensar que no puedas controlarte, y creo que hay algo aquí que no entiendo, esa actitud grosera y agresiva hacia el personal no me gusta, y menos que agarres a puños a un compañero tuyo de la institución. Y mira a ambos.  Ambos son hostiles con el personal que trata de ayudarlos y entre ustedes mismos, aquí ambos son responsables. Dice de manera firme. Ustedes saben, cada uno, porque está aquí; ya han pasado de ese estado de confusión inicial así que no tienen disculpa, y , se supone que vienen acá para mejorar, para cuando salgan de nuevo al mundo no caigan nuevamente en los mismos problemas y pareciera como si ambos se negaran a mejorar. Niega con la cabeza. Con esa actitud no me están haciendo ningún daño a mí, sino a ustedes mismos, ahora si van a continuar así se quedan en la USI porque es el lugar para los pacientes que son un peligro para ellos mismos y para los demás... ¿entienden?



-          Sí señor. Dice Víctor en una actitud humilde, poco común en él.
El médico mira el Cuervo, quien mira el piso avergonzado y no dice nada, pero el psiquiatra siente que está a punto de explotar.
-          Ya tendrán otro momento para disculparse por la pelea. Dice firme. Víctor. Mira al hombre. Ve a tu habitación y espero que sí en realidad quieres salir de aquí hagas esa tarea que te estoy pidiendo desde que llegaste. Hace un signo pensativo. Nos vemos en dos horas. El hombre se levanta en silencio, sale de la oficina y se aleja. El psiquiatra se levanta  y cierra bien la puerta y se acerca al Cuervo de manera amable y le toca la espalda. ¿Qué ocurre Cuervo?... dímelo, déjame ayudarte.
Era la primera vez que lo llamaba por su apodo, y así mismo fue la primera vez que este hombre tembloroso comienza hablar de eso que le dolía...
Por fin esa olla podrida comenzaba a drenarse.