jueves, 28 de octubre de 2010

Noche pasada por agua

La lluvia era leve pero constante. Diego caminaba  sintiendo como su cabeza se mojaba. Tener un paraguas no siempre garantizaba que  la cabeza se mantuviera seca, y más  cuando el  utensilio estaba estrenando un ligero agujero.
Hoy estaba lejos de la capilla, caminaba por la avenida Marple cerca a la calle sexta directo al “Lunch Box Café”, un local  que había visto de fuera pero que no conocía por dentro.
El anuncio del mismo era muy evidente para perderse, así que apresuró el paso mientras pensaba que debía comprar una nueva sombrilla. Recordó como en Bogotá, ciudad donde vivió parte de su existencia, siempre que llovía, de la nada, y casi mágicamente aparecía un vendedor con paraguas.
Siguió caminando bajo la lluvia  tratando de cubrir  aquel agujero con un dedo.
Este era un sector latino de los Angeles. Miro a su derecha y vio un local  que estaba seguro le gustaría a Miguel. El local anunciaba en español, sus productos, “Zapatos:  tres pares por $20”,  y un poco más allá, había otro local que  vendía calcetines.
Era curioso como en los Angeles los latinos eran una población establecida, aspecto que tuvo en cuenta cuando se vino a vivir al país.  Justo cuando se resolvió su situación disciplinaria (aspecto grave que lo marcó a nivel personal), pudo elegir entre varias locaciones para continuar su trabajo.
Una de las opciones, sugerida por sus superiores  (para castigarlo) era  Viena, capital de Austria. Sin embargo él, de manera astuta pudo evadir ese lugar y escoger los Angeles. La ciudad era ideal por su cercanía a México y porque, en parte,  quería que Miguel se sintiera cómodo, y a decir verdad, también buscaba su bienestar.  Le hacía falta el contacto con gente que hablara su idioma. Sabía que le esperaba mucho trabajo, pero  valía la pena arriesgarse.
La lluvia se incrementó mientras el cruzaba la calle saltando los charcos. Cerró el paraguas dañado y entró por la puerta de cristal del café con el pelo mojado como si hubiera salido de la ducha. Se preguntó internamente si no sería mejor abandonar el paraguas ahí y seguir sin él. Pasando la mano por su cabello procedió a sentarse en una de las mesas, sacó de su americana un pañuelo  y comenzó a limpiar sus gafas mientras una mujer  regordeta  se acercaba a él para entregarle la carta.
Diego sin mirarla pidió un café. Aunque no lo bebería era necesario  aparentar que era humano.  Beber café mientras trabajaba, era uno de los placeres que había perdido al convertirse en vampiro.
Miró a su alrededor revisando las personas que estaban allí. Parecía que el local estaba lleno de gente que huía  de la lluvia, resaltaba un indigente que estaba intercambiando monedas por una cena. La pobreza existía hasta en un país industrializado como este. A veces se encontraba pensando igual como lo haría Miguel en relación a las injusticias sociales, porque algunas de sus experiencias de no vida fueron cercanas a la miseria.
Es entonces, cuando después de recibir su café aquello que vino a buscar, aparece. Una mujer   de aparentes  65 años, alta, con una enorme espalda, y con una notable escoliosis entra al café. Se sienta al frente del indigente que trata de pegar su cena. Su aspecto era totalmente desagradable, de  piel blanca manchada, parecía estar contaminada por  repetitivas manchas faciales asociadas  a un cáncer y sus dientes amarillos parecían del mismo color que sus ojos. No era la cita ideal para ningún hombre, pero era su cita.
Diego guarda calma y espera un minuto. La mujer se levanta de la mesa que compartió tan poco con mendigo y camina hacia una puerta trasera.
Se levanta, pone un billete en la mesa, toma el café recién servido  y lo deja en la mesa del mendigo.
Camina  de manera pausada mientras cruza la puerta la cual resulta ser una salida. El agua toca su rostro y la lluvia vuelve a mojar sus lentes. Recuerda que dejo el paraguas en el café, pero en parte, ya estaba pensando en tirarlo, así que  devolverse por él sería una pérdida de tiempo.  Se acomodó la americana y  caminó apresuradamente por el  callejón tratando de no perder a la mujer, que evidentemente ya se le había adelantado.
Un minuto después la había perdido de vista. No sabía donde se había ido, pero igual siguió derecho por ese callejón oscuro y poco amigable. Paró en seco cuando sintió que algo le toco la espalda, giro a su izquierda y encontró una puerta de madera abierta. Sin dudarlo entró al lugar. Era un garaje  que guardaba un viejo auto que bien pudo ser usado en la primera guerra mundial.
Miró encima de su hombro y caminó dos pasos hacia el auto y ahí  encontró  a la mujer sentada frente a una mesa hecha de cajas de madera.
-          Por órdenes de mi señor, he viajado por siete estados para la cita de hoy, no me haga perder el tiempo. Dijo la mujer
-          Y no lo haré. Respondió Diego mirando de un lugar a otro usando su poder de auxpex para saber si hay algún espía.
-          Está limpio, siéntese. Dice la mujer con apariencia espantosa.
Diego no encuentra ningún espía en el sector, pero no se confía. Camina prevenido unos pasos y se sienta en la tosca silla de madera.
-          Le agradecemos a su señor que haya accedido a ayudarnos. Mira alrededor.  Comprenderá que las condiciones son claras en relación a la confidencialidad. Agrega mientras saca nuevamente el  pañuelo para secar sus lentes.
-          No muchos clientes se niegan al pago electrónico, tal será el secreto. Dice la mujer, esta vez pareciera que detrás de esa figura horrenda hubiera una mujer más joven, o puede ser que en un tiempo, lo fue. Mi señor garantiza la confidencialidad, siempre lo hace. ¿tiene la llave?
Diego  se  desapunta el primer botón de la camisa y muestra una llave que cuelga de una cadena de oro en su cuello.
-          ¿Tiene el paquete?
La mujer saca entonces  un  envoltorio de tela  de forma rectangular. Parece ser algo que no llamaría mucho la atención a quien lo viera, la presencia es muy precaria.
-          Esta todo lo que han pedido.
Diego  revisa el paquete que esta sellado a pesar del raro envoltorio, las condiciones así lo pedían.  Se quita  la cadena de oro y la entrega con todo y llave a la mujer. La mira a sus horribles ojos y entregándole un sobre le dice.
-          En media hora aparecerá en el papel el lugar donde debe ir, el pago esta completo, en el sobre hay una propina para usted. Dice Diego levantándose, salga de la ciudad rápidamente después de tomar el pago a su amo.
-          Yo de usted cuidaba que no se mojara. Dice la mujer  quien  camina hacia la puerta y desaparece.
El sonido de la lluvia persistía y Diego maldijo mentalmente haber dejado el paraguas en el café. Observó su entorno y vio una bolsa con  basura. Podía ser asqueroso, pero si evitaba que el paquete se mojara, habría cumplido su cometido.   Abrió la bolsa y  vacio el contenido. Afortunadamente era sólo papel y colillas de cigarrillo que aunque apestaba, podía ser peor, uso la bolsa como protector del paquete, se abrazo a ella y salió en plena lluvia hacia la avenida más cercana en busca de un taxi.
Trataba de estar calmo mientras esperaba trasporte. La información que tenía podía valerle su vida y la de muchos, y eso lo perturbaba.
Pasaron quince minutos y ningún taxi  paraba. Diego se estaba poniendo nervioso.
Un vehículo destartalado para al frente de él y se abre la puerta de conductor. La presencia del gordo, el amigo  sin clan de Miguel, lo invita a entrar al vehículo.
-          Doctor, entre, dice de manera alegre, milagro que lo ví con esta lluvia,  Diego ingresa al vehículo inseguro. El tres-se me pidió que lo recogiera, y de suerte que estaba cerca.
Diego entra pensativo y nervioso. El no había llamado a Miguel para nada, es más él no le había contado donde iba a estar.
-          ¿Miguel  llamó?
-          Sí señor, se notaba preocupado, me dijo que lo llamara en cuanto lo recogiera, tome le pasó una toalla, está usted empapado.
Diego desconfía por un segundo, saca su teléfono móvil y  ve que tenía siete llamadas perdidas de Miguel.  Se tranquiliza de repente y seca su rostro. Pide que lo acerquen a una dirección aproximada a la capilla. No podía pedir que lo dejaran en la capilla directamente pues supuestamente su localización era secreta.
Mientras el auto comienza andar, Diego le devuelve la llamada a Miguel quien le regaña con un “Carajo , pa que tiene ese celular si no lo contesta”. García lo tranquiliza, evidentemente  Miguel estaba preocupado y  había llamado al gordo para que lo recogiera, pero no entendía como se había enterado donde estaba.
Con el paquete abrazado nota que el gordo ha estacionado justo al frente de la capilla.
-          doctor...¿quiere que lo espere o algo?
Diego se sorprende, pero luego se da cuenta que es una tontería. Los tremere siempre piensan que las capillas tienen una localización secreta cuando todo el mundo sabe dónde quedan. Un defecto tremere al secretear cosas que para nadie son secreto.
-          No gracias, a vos te lo agradezco parcero. Sonríe hablando en español con su usual acento,  Ave María, apareció en el mejor momento.
-          Ustedes los colombianos y sus dichos, ese parceros suena muy raro, prefiero el cuates jeje,  qué le vaya bien doctor. Dice el gordo con acento mexicano mientras se aleja.
García camina hacia la capilla y se siente totalmente aliviado al cruzar la puerta. Lógicamente está completamente empapado.  Saluda levemente tratando de guardar la compostura mientras los aprendices de la capilla lo  miran  sorprendidos.  Diego no les presta atención y sube las escaleras rápidamente. Debía entregarle el paquete al regente, eso era muy importante.
-          Oh que maravilla. Se ríe Rebeca mientras él pasa rápidamente a su lado. He estado esperándolo toda la noche, y usted llega tarde y “recién bañado”... arruga la nariz, pero como que le falto jabón. Dice esto último con total sarcasmo. ¿Por qué llega a esta hora?
Diego siente un calor subir por su frente que demuestra su total repulsión por la mujer.
-          Eso “a usted” no le importa, y sí me esperaba, le invito a sentarse... 
Pasa de largo insultándola mentalmente, y va directo hacia la oficina del superior. El regente lo recibe complacido.
-          ¿Tuviste algún problema?
-          El clima, pero sólo eso señor. Diego le entrega el paquete que gracias a la bolsa de basura no se mojo.
-          Oh gracias al cielo. Responde Dieter desechando la bolsa de manera inmediata y contemplando el paquete envuelto. Ya puedes irte, si lo deseas...Sus ojos se fijan en el paquete.. ya hablaremos. Y señala aquello previendo que  luego hablarían del contenido. (No podía decirse abiertamente por la sospecha de espías).
-          Gracias señor. Dice Diego complacido dando media vuelta, cuando de repente para en seco. Señor, ¿puedo pedirle un favor?. El regente lo mira interesado. Sé que se molesto la primera vez que se lo pedí , pero, no soporto a Rebeca Chamberlain,  yo tengo muchas responsabilidades ahora para aguantarme a esa mujer, con todo esta dificultad me trata como si fuera el encargarlo de servirla y no la soporto.
-          Rebeca sería una dulce muñeca al lado de su Sire, créeme. Comenta Dieter de manera confidencial. Quien es  fundadora de una línea radical feminista de los tremere, y Olimpia  es una de las mujeres más duras que conozco, hace una mueca pensando como esa mujer le recordaba a la que una vez fue su esposa, una imagen bastante desagradable de por sí.
Diego. El regente lo mira a los ojos. La razón por la cual  permití que Rebeca trabajara en la capilla obedece. En ese momento su voz adquiere un tono más prudente. A cierta necesidad corporativa. Su mirada se posa en el paquete, lo que hizo entender a Diego de que el regente estaba buscando en el superior de Boston apoyo. Pero comprendo que no la soportes. Baja la mirada mientras se sienta. Y no te obligare a trabajar con ella si no quieres.  Diego muestra una gran sonrisa como sí le hubieran anunciado un ascenso. Pero... si necesito que hables con ella en relación a los materiales, y luego yo asignare a un criado para que la apoye en ese sentido. Sólo atiéndela una vez, y luego déjamelo todo a mí.  
-          Está bien señor, responde Diego pensando que esa “una vez” no le va a gustar.
Sale de la oficina del regente directo a su laboratorio, y ahí procede  a cambiarse de ropa. Luego de que se ha quitado las prendas, nota que su camisa estaba teñida de rojo en  el área de las axilas. Había sudado vitae de la tensión, hecho que curiosamente no había notado en ese momento. Prefirió ducharse en el apartamento, dado que el regente le había dado el resto de la noche libre, pero quería salir de la fastidiosa reunión con la mujer antes de irse a casa.
Fue hacia donde estaba ella y  tratando de auto controlarse, leyó su informe y contestó preguntas. Le mostró los depósitos, y le dio información sobre el registro de control de uso de los mismos. Los materiales podían usarse con libertad dependiendo de la categoría, había algunos que por su rareza, sólo podrían emplearse con autorización directa del regente.
La mujer por lo menos en ese encuentro dejo de ser desagradable, en realidad hizo lo que todo ser inteligente haría cuando necesita algo de la otra persona: portarse bien.
Luego de la reunión que llevo un poco más de una hora, Diego le informó que el Regente  se encargaría directamente de sus asuntos y que podía acudir a él o al criado que le asigne para ese particular.
Rebeca  agradeció de manera “amable” la ayuda. Cosa que a Diego le pareció supremamente extraño, posiblemente esperaba otra cosa.
Cansado y luego de poner su ropa mojada en una bolsa, sale directo al apartamento. La lluvia había cesado, pero amenazaba con repetir. Al entrar al apartamento ve desde el umbral a Miguel arrodillado en la sala. En silencio, y tratando de no molestar cierra la puerta, se quita los zapatos y  se acerca.
En la sala había un improvisado altar con la imagen de Santa María Virgen y de San Miguel Arcangel. No había velas prendidas, como los altares normales  por el miedo al fuego, pero si luces eléctricas que el prendía cuando oraba.   Su amigo  era altamente creyente, y últimamente con el encierro había comenzado a orar con más frecuencia, aunque en realidad, era algo que él hacía desde hace ya varios años.
Diego se da la bendición y  se arrodilla al lado de aquél y hace una pequeña oración mental.
-          Gracias Tres-se  por la ayuda,  no comprendo cómo vos te enteraste donde estaba
-          Estaba  haciendo la tarea, y sentí que estaba angustiado. Miguel abre los ojos y lo mira. Luego cuando me concentre vi lo que usted estaba viendo, y pude notar el nombre de las calles. Así que llame al gordo para que lo recogiera.
Diego se queda pensativo, eso que le comentaba no le sorprendía, la afinidad psíquica que existía entre ellos hacía que esas cosas por fortuna pasaran.
-          ¿Todo te salió bien?, dice mientras ambos se levantan.
-          Sí parce, me dieron la noche libre, ¿qué le parece sí salimos por ahí?
-          Pero, ¿y los peligros?. Miguel se preocupaba que lo sabbats que lo seguían les tendieran una emboscada.
-          Jajajaja  Ave María. se ríe Diego  mientras lo abraza de medio lado ¿Peligros? ¡Qué va!, jaja peligrosos somos nosotros sí se nos enfrentan.  Mira al tres-se con cariño.  Además ya tenemos ayuda. Señala las imágenes, algo me dice que hoy no tenemos por qué tener miedo...me baño y salimos, vos te mereces salir.... y recuérdame comprar un paraguas.

martes, 26 de octubre de 2010

La luz de una mirada

Había un ligero olor a desinfectante en el recinto y un sonido constante en los pasillos. Un  quejido se repetía una y otra vez, alguien estaba sufriendo de un terrible dolor; afortunadamente para Rowan  esta vez no era él. Otro sonido, esta vez mecánico, acompañaba el quejido formando una extraña sinfonía.
Estaba en su cama mirando el techo con los ojos apagados mientras escuchaba el quejido, y el tic tic tic de la máquina de escribir.
Los lamentos salían de la habitación  del lado. Un nuevo paciente había llegado al ala, alguien evidentemente muy enfermo.
Pobre hombre. Pensaba.
Todos debían pensar lo mismo de él, lisiado y tirado en una cama esperando su muerte. Miro a su derecha en silencio y observo a Terence  escribiendo en su máquina de escribir. El sonido lo relajaba, y en parte le recordaba a su difunto hermano escribiendo, aunque el sonido de la máquina de escribir antigua era más sonoro.
Era difícil no separar el uno del otro... aunque trataba.
Sus manos tullidas y débiles se cerraron  de manera torpe , tratando de incorporarse. Pero no tenía  fuerza para eso, se había convertido en un enfermo terminal cuyas fuerzas aparecían y desaparecían como el viento.
Trato de volver a incorporarse, y otra vez no tuvo éxito. El sonido de las sabanas llamó la atención de su chiquillo quien fue a ver qué le ocurría.
Terry, murmuró  muy bajo mientras el quejido sonaba como fondo de la conversación, mírame. El hombre con sus gafas presto atención a sus necesidades  y uso el control remoto de la cama de hospital para sentarle.
Alexander  de manera calma continuo diciendo. Mírame, ¿esto es lo que quieres para ti?. Hace una pausa observándolo. ¿Estar en este hospital encerrado con migo? El sonido del quejido del vecino se incrementa.
Lo mira a los ojos con melancolía.  No es justo, sé que estas cansado de esto, y aunque disfruto tu presencia, no es bueno que sigas acá. Suspira y se toca el pecho. No voy a mejorar, yo no me merezco que me cuides, te quite tu vida. Su voz se nota entristecida. Tenías una buena vida, y yo te la quite. El sollozo del vecino se convierte en un grito agudo de dolor,  pasos apresurados de los aprendices se escuchan en el pasillo. Y sé que me odias por eso.
Terence lo mira a los ojos sin decir nada, en parte su silencio podría ser una señal de que Rowan tenía razón en su afirmación.
Sé que después de que te abrace me odiaste por quitarte tu existencia, a pesar de que hayas aceptado, yo...yo te jodi. Niega con la cabeza. No entiendo en qué momento comenzaste a apreciarme.
En ese momento el sonido de dolor del vecino hace una pausa y Alexander termina de decir. Perdóname, si alguna vez puedes hacerlo.  Se toca el rostro evitando llorar.
Le había jodido su alma, todo por un recuerdo, por algo que él no es, ni nunca será: su hermano.
Terence suspira tratando de pensar que responder, no era bueno con las palabras, abre la boca y  Rowan lo interrumpe.
No es justo que sigas acá, debes irte. Afirma en tono débil mientras sus manos  tiemblan. Había sido difícil decir eso.
Terry  baja la mirada, y sin responder nada se sienta al frente de la máquina de escribir y comienza a teclear  lento, se notaba que las palabras de su sire lo habían afectado.
Rowan, levanta su mano hacia el escritorio, cierra los ojos en señal de concentración y mientras lo hace  un viejo y grueso  libro flota hacia sus piernas inertes. Él lo toma y comienza a leer.
Justo en ese momento entra a la habitación la enfermera rubia que últimamente lo cuidaba. Ella va  directo hacia Alexander para arreglarle la almohada, le observa de manera dulce mientras  lo pone cómodo. En un instante  posa  su  mirada en Terence, quien se le ilumina el rostro y sigue escribiendo.
Rowan  quien  estaba en medio de aquello,   baja la mirada y la fija en el libro, preguntándose mentalmente,  ¿cómo había tardado tanto en darse cuenta?.

martes, 12 de octubre de 2010

!Vida Mal Parida!

Dos largas y extrañas noches habían pasado desde el sepelio de Jackson. En la capilla todos los aprendices habían tomado la postura de no hacer nada que molestara al regente. Esto era lógico dado que últimamente el líder del clan en los Ángeles estaba irascible, hasta había un rumor  de que el regente había entrado en frenesí.... pero esos eran solo   chismes sin fundamento, ó por lo menos eso se quería creer.
Dieter estaba en su oficina, tenía muchos papeles a su alrededor, y su rostro usualmente calmo mostraba una expresión  rígida en el mentón.
Su silencio  se podía comparar al estado  del clima antes de una tormenta,  sus ojos azules habían adquirido un color cobrizo apagado que sólo los conocedores podían distinguir. No era un estado de tristeza, no, era una emoción más fuerte.
¿pero a quien le importaba cómo se sentía? A sus enemigos, evidentemente.  ¡Tenía que controlarse!, la mesa despedazada en un rincón y que pidió a los criados que ocultaran era signo de eso.
Mira su reloj  de pulso, y  sale de la oficina con paso firme hacia un salón pequeño donde tendría una reunión. Era  martes, día de la reunión semanal del clan, pero antes de eso tenía que hacer otras diligencias.
El regente llega al lugar primero que cualquiera. Este es un salón pequeño, para reuniones de pocas personas. Algo sobrio, no muy elegante, pero practico.
Poco a poco van llegando los citados, Fran Breuning uno de los ancianos de la capilla llega primero, seguido por García quien aparece elegantemente vestido. Los martes, era casi obligatorio tener una presentación perfecta ante todo el clan.
-          Buenas noches señores. Dice el regente de manera automática, si bien es sólo el saludo se siente la tensión en su voz.
-          Buenas noches señor. Responden de manera casi instantánea  los dos hombres, mientras observan que el regente mira su reloj nuevamente.
-          Esperemos cinco minutos, tenemos a alguien retrasado. Hace una mueca, muy poco común en él, pues suele ser muy paciente.

Los dos hombres se miran entre ellos preguntándose de quien se tratará, y en ese momento se abre la puerta. La pregunta se contesta por sí sola.
Una mujer hermosa, de pelo negro, ojos azules y de buen cuerpo entra al recinto con un aire de solemnidad. Diego, quien no se esperaba esa desagradable sorpresa aprieta  el puño debajo de la mesa.

-          Señorita Chamberlain, bienvenida.  La mira el regente de manera automática. Siéntese, por favor, y podremos comenzar.
La mujer  responde un agradecimiento y se sienta al frente de García con una sonrisa.
-          Invite a la doctora Chamberlain para que nos acompañara por unos meses. Mira a todos de manera directa.  Viene hacer una investigación bajo orden de su regente  en Boston y yo he accedido a prestarle un laboratorio para dicho fin.

Diego mientras escucha al regente se queda callado,  aunque mentalmente esa noticia le caía como balde de agua fría. Esa mujer era una mal educada, además de ser una posible espía. Sólo esperaba que no le hubieran dado el laboratorio de Rowan, porque ahí sí establecería una protesta formal frente al regente.

-          Supongo que no conoce a los señores Breuning y García. Dice de manera automática antes de continuar.
-          Sí, conozco al señor Garcia. Lo mira directamente. Ya habíamos hablado sobre reptiles.

Le clava una mirada dominante, mientras Diego la observa directamente a los ojos con la actitud firme mientras piensa: “yo de esta no me dejo, mmm y que recuerde nunca hablamos en plural de los reptiles, su familia no me la nombro para nada... aunque si quiere le puedo recordar a su mamá”

El regente ignora el comentario extraño (qué para él no tiene ningún sentido) y continúa la reunión. Básicamente informa sobre cambios en el segundo piso, división de recursos y cuestiones administrativas de la capilla, todas cuestiones normales y rutinarias. Nada importante, y nada relacionado a la seguridad.
Al terminar la reunión, Dieter mira a los presentes y comenta que espera cooperación entre ellos para lograr los objetivos, a lo que ella interrumpe.

-          Disculpe señor, en relación a los ingredientes, ¿Quién me podría orientar al respecto?
-          El Doctor Diego García tiene esa información señorita Chamberlain, así que confió pueda trabajar en equipo con él para lo que requiera. Responde el regente, sin ganas de dar muchos detalles.

Diego se queda paralizado mientras mentalmente maldice su mala suerte, ¡sólo le faltaba eso!, ¿pretendía acaso el regente que saltara por la ventana del edificio?, ¿no podía ponerle esa fastidiosa tarea a alguien más?...Breuning parecía  mejor para dicha tarea.
La mujer se levanta, y tratando de ocultar su disgusto, se despide y sale de la oficina.
Dieter mira a Diego  un segundo, y comenta que debe prepararse para la reunión principal, pero Diego de un salto le alcanza. 

-          Señor debo hablar con usted..
-          Ahora no Diego. Dice Dieter  de manera  amable pero cortante...
-          Pero señor, ¿Por qué yo?, ¿ no puede ayudarle Breuning?, con esa mujer no tengo la mejor relación, es una grosera, y la forma cómo habla es..
El regente para en seco, y de manera algo directa y tajante añade.
-          Le colaborarás porque así YO lo he decidido. Lo mira a los ojos con furia, evidentemente no estaba en su mejor momento. Ahora sí me disculpa debo preparar la reunión semanal, luego hablaremos al respecto.

Diego se queda paralizado mientras ve como el regente se aleja por el pasillo. Era consciente que no había sido la mejor estrategia de  comunicación, pero ¿Por qué él?... ¿es que acaso no tenía mucha responsabilidad para tener que aguantarse a esa mujer?
¡Puta Vida!, Pensaba  mientras caminaba hacia el salón principal donde espero la reunión del clan donde se realizaron varios rituales de presentación y donde  se comentaron varios aspectos de seguridad. Después del evento Diego fue a su laboratorio y se alegro, al ver que el laboratorio de Rowan no había sido utilizado para guardar a la víbora... sin embargo, el laboratorio que le habían prestado, era de una colega que se ausentaría por un viaje, y este estaba a sólo tres  laboratorios de distancia.
Entró a su laboratorio, cerró la puerta y luego siguió al la habitación personal al lado del mismo.  Un cuarto  sencillo con tintes modernos lo esperaba. Diego podría vivir en la capilla pero prefería no hacerlo, sólo se quedaba a  dormir ahí cuando tenía tanto trabajo, que requería dormir en el edificio.
Se  sienta en su cama y golpea el colchón furioso, e igual hace con una almohada. Debía tranquilizarse, no podía entrar en frenesí, pero ¡Eran TAN injusto!
Por un periodo de una hora, se recuesta en la cama y trata de meditar para tranquilizarse, y justo cuando el malestar se estaba yendo, escucha un golpe en la puerta del laboratorio.
Se levanta meditativo y abre la puerta. La presencia de la mujer esperándolo con cará de tedio es lo que primero ve.

-          ¿qué desea?. Pregunta de manera ruda.
-          Buenas noches señor Garcia. Sonríe con sarcasmo,  Me gusta cuando las personas saludan de manera educada.
-          Seguro, es algo que usted suele poner mucho en práctica, ¿verdad?. Le responde sin mucha emoción. ¿qué quiere?
-          Quería hablarle sobre los materiales que requiero. Dice la mujer  de manera simple.
-          Escriba un informe de lo que  necesita y luego hablamos. Dice de manera automática. Hasta luego.

Justo cuando iba a cerrar la puerta, ella  pone el pie para impedirlo. Saca una carpeta, y se la entrega.

-          éste. Sonríe. Es el informe.

Diego, maldice interiormente. El creía que le iba a poner trabajo a la mujer, pero parece que ella se había adelantado a los requerimientos.  Toma  los papeles y le dice que leerá el informe primero y luego concretarán una reunión.
Se sienta en la mesa del escritorio y se da cuenta que sí no sale de la capilla estallará.
Es así como de manera muy autónoma  toma un maletín, pone en él algunos papeles y  sale de la capilla caminando lento hasta la casa.
Estaba furioso, deseaba caminar sin rumbo fijo por algún tiempo, pero cuando lo consideró también se acordó que podían estar siguiéndolo a él también.
Así que se dirigió al apartamento, esperando de qué Miguel no estuviera en uno de sus malos días. Últimamente estaba de mal humor y  adicionalmente, deprimido.
Entra a la vivienda murmurando entre dientes maldiciones en español, cruza por la sala donde esta Miguel y abre un mueble en la cocina donde saca una botella de aguardiente regional colombiano.

-          ¿Hora que le pasó?. Responde Miguel con su acento campesino 

 Diego no responde, va a la cocina, saca una  coctelera y un litro de vitae de la cruz roja del refrigerador. En el pasado trabajó en un bar, así que sabía cómo hacer un buen trago. Une de manera profesional el alcohol con la vitae, y sin decir nada, se sirve un vaso grande del liquito y se lo toma sin parar.
 Luego acerca el recipiente a la mesa de la sala cerca de  Miguel y  le ofrece una copa aguardientera  (de las pequeñas) para que tome.

-          ¡Tacaño si no, Parce!. Dice Miguel con una sonrisa mientras se toma la copa  de manera rápida. Sí vamos a hartar, lo hacemos  bien! Diego lo mira de reojo, mientras se sirve una copa pequeña para él. Y  bueno, ¿por quién estamos brindando?
-          ¡Por la mal parida vida!. Contesta molesto  mientras se toma el segundo trago.
-          ¿por esa?. Miguel se ríe. Bueno... mira hacia el piso, ¿qué le pasó?
Diego le comenta la situación con la mujer, y su incomodidad en relación al tema.
-          ¿Y cómo dijo que se llamaba la fulana?
-          Rebeca, dice Diego mientras se toma su cuarto trago.
-          Jajaja tiene nombre de vaca...

García  se carcajea, mientras escucha la explicación de Miguel donde comenta que sus padres tenían una vaca con dicho nombre. Ya luego de hablar, él se siente mejor.

-          Paisa,  ¿buste no ha pensado en renunciar?. Lo mira de frente. Fíjese que por ese trabajo buste se esta enfermando, además su jefe se la tiene montada.  Lo mira. Vea, nos vamos de la ciudad, y bueno,  por ahí buscamos cómo vivir en otro sitio.

Añade a Miguel de manera relajada, evidentemente le preocupaba eso.  Su amigo lo observa y mirando la copa de vitae con aguardiente responde.

-          Vos sabes que no se puede... no puedo romper el compromiso que hice en Viena.

Y tras decir eso se toma nuevamente todo el contenido de la copa, mientras Miguel observa cómo su amigo ahoga las penas en el alcohol.
Había cosas que le costó  re construir de nuevo, y no podía, ni debía, echar todo por la borda.