lunes, 29 de agosto de 2011

El arte de no hacer nada


La noche terminó muy rápido aquella vez,  hecho curioso dado que la reunión con el regente había sido en las primeras horas de la noche, y había durado relativamente poco. Cómo conclusión era necesario que Diego comenzara  con el entrenamiento del “mensajero” para que no existieran errores. Miguel estaba seguro en la capilla, y gracias a la magia pasaría desapercibido. El regente antes de entrar al edificio le dio un amuleto qué servía para que pasara por “otro más”. Era curioso, mientras caminaban por el pasillo los demás tremere y criados simplemente lo ignoraban, como si fuera normal que alguien tan informalmente vestido se paseara por el lugar. 

Diego caminaba nervioso llevando debajo del brazo enyesado el documento secreto que contenía el protocolo para el entrenamiento de su amigo,  miraba a todos de manera  paranoide, pues no estaba  seguro de que el amuleto sirviera. Trataba de ocultar su nerviosismo, pero no era fácil, le preocupaba el futuro de ex brujah y además de eso le dolía todo.

Detrás de él,  asustado,  caminaba Miguel mirando confundido su alrededor. Se sentía como un judío, dentro de una mezquita en la franja de gaza. Todo era intimidante, hasta las paredes.

Caminaba  detrás de su hermano como perro faldero. Miraba todo con curiosidad, aunque en parte nada le sorprendía, lo cual lo decepcionaba. Fue entonces que Diego le murmura que irían a su laboratorio. Por un momento se emocionó, hasta que Diego abrió la puerta.

Miguel pasa  por el umbral de la puerta y hace una expresión de desconcierto, y posteriormente de decepción. “¿eso es todo?”.  Diego lo mira sin comprender. Miguel no se esperaba que el laboratorio fuera así, en su interior, esperaba algo más fantástico, posiblemente estantes llenos de recipientes extraños que  inundaban todo con humo de colores y chispas, alguna criatura con dos cabezas y otras cosas fantásticas. 

En realidad, estaba desilusionado, había estado antes en las habitaciones de  una capilla pero nunca en un laboratorio. Al caminar por el pasillo  había guardado la esperanza   de encontrar algún hombre con barba larga, sombrero cónico y túnica, pero todos vestían de manera normal, pensó que en los laboratorios la cosa cambiaria.  A veces,  le divertía burlarse en silencio de Diego, pensando qué el estaba vestido con esos atuendos, sin embargo se dio cuenta que eso era mera fantasía. Hizo un silencio mientras pensaba “tanto secreto, pa ocultar esto!” . 

Frente a él  había un cuarto con decoración moderna, con transcripciones en las paredes que bien conocía, con un mesón  enorme,  algunos recipientes comunes, una pequeña nevera, y otros elementos que no eran interesantes para él.

“¿y donde están los sobres que vuelan por  encima  de las cabezas?, pregunta en realidad interesado. Diego lo mira sorprendido, “Parce, ¡Esto no es Harry Potter! ”, señala lamentando haber invitado a Miguel a ver esa película en cine, pero comprendiendo su desilusión.  

Camina hacia su habitación personal al lado del laboratorio y Miguel lo sigue. Frente a ambos la habitación ordenada de Diego, lo cual para Miguel tampoco fue sorpresa.

“hora a la cama”, ordena Miguel señalándole el lecho a su amigo. García se rehúsa, “pero vos sabes que debo entrenarte”, responde. “nada,  a dormir”, vuelve a ordenar.  Diego trata de convencerlo,   se sienta en la cama, y  recuesta la cabeza en la almohada con cuidado de no lastimar más su brazo, cierra los ojos sintiendo como la medicación estaba haciendo efecto, y comienza hablar algo  hasta que el silencio lo invade sin haber terminado la idea. Miguel le quita los zapatos y  le sube las piernas a la cama,  se sienta en un borde del mueble  mientras prende la televisión.

Diego de repente se siente muy cansado. La medicina estaba haciendo un efecto radical en su organismo muerto. Escuchaba la televisión prendida, mientras los pensamientos y las imágenes pasaban de manera desordenada, a veces mientras estaba en ese estado recordaba que debía leer el protocolo y entrenar a Miguel, pero esa idea pasaba detrás de otra. De repente, nada se escuchaba.  Sentía que no podía moverse, y simplemente se rindió. 

Sintió un dolor en su brazo lastimado, abrió los ojos y la habitación estaba oscura. Asustado, busco la luz y al prender la lámpara se sorprendió al ver a Miguel dormido en el suelo de la habitación sin siquiera una almohada. ¿qué hora era?, miro el reloj y se sorprendió al ver que eran las cuatro de la tarde. ¿Cuánto tiempo había dormido?. Apaga la luz aun con sueño, se acomoda mejor para no lastimar su brazo derecho y sin hacer más, vuelve a los brazos de Morfeo. Miguel le había dado una dosis de tranquilizantes superior  a la que estaba acostumbrado.

Cuando abrió nuevamente los ojos observo a Miguel acostado en el suelo con los ojos abiertos mirando el techo. Pregunta la hora, pero el reloj responde la pregunta  sin que Miguel la conteste. 

-          -“!Diez de la noche!,   trata de ponerse de pie  rápidamente, eh ave Maria ya no es hora de estar en la cama, perdimos todo una noche durmiendo!... vos debiste dormir en la habitación que te asigno el regente, no en el suelo”.
-          Parce yo estoy muerto, da igual donde duerma, y ni crea que en ese estado buste duerme solo, no me gustan las sorpresas.

Diego calla, su amigo tenía razón, eso ya se había convertido en costumbre.  Cada vez que estaba en crisis, Miguel pasaba un cochón al lado de su cama, y dormía en el suelo, no sólo por las pesadillas, sino también, para prevenir los peligros que el mismo podía ocasionarse.

-          “ vos me diste medicación para dormir una docena de caballos”
-          Mentira, sólo pa dormir un paisa  terco y caprichoso. Responde de manera tranquila. Entre otras vino una mujer a buscarlo.
Diego quien estaba a un salto del baño paró en seco mientras sin que Miguel se diera cuenta hacía un gesto de sorpresa.

-          ¿Una mujer?.. trato de hacerse el estúpido
-          ¿Esa fue la que le hizo el favor?... ta buena. Dice de manera pícara, cómo que le quedo gustando, porque quería entrar y la deje, se quedo unas horas con buste  y salió luego con una sonrisa.

Diego se voltea pálido y aterrado.
-          ¡!!¿QUE HICISTE QUE?!!

Una   carcajada sonó desde el piso. Miguel lo estaba poniendo a prueba, y como siempre lo molestaba.

-          Le dije que era tu  enfermero, y que por órdenes médicas necesitabas tranquilidad. Voltea los ojos con una sonrisa. Se molesto y se fue furiosa... jajaja... Diego tiene una novia intensa jajajajaja.

Diego mira a Miguel de manera amenazante, ese chistecito no le había gustado “ni  cinco”.  Tras ir al baño y asearse el rostro se sentó en un escritorio a leer el documento sin dirigirle la palabra, evidenciando su molestia, fuera que estaba nervioso, Miguel lo ponía más. 

Su mejor amigo sintió la tensión y trato de disculparse, pero  Diego prefirió ignorarlo, a pesar de sus excusas. Comenzó a leer lo que tocaba hacer y el  temblor de su mano izquierda se incrementó, lo que dificultaba  pasar las páginas. Miguel lo miraba como un hermano menor que quiere llamar la atención, Diego sabía que estaba aburrido, pero estaba furioso, así que lo dejaría  en ascuas por un tiempo.

Justo en ese momento tocan a la puerta y Miguel corre abrir la puerta, lo que preocupa nuevamente al tremere quien no pudo evitar la diligencia de su hermano.  Afortunadamente, esta vez, era sólo un criado que les traía vitae y como era usual le brindo a Diego su cuello para tener liquido caliente que le ayudara a curar rápidamente sus heridas. 

“A Diego como qué lo consienten mucho en este lugar” sonrió pensativo Miguel, “lástima que este con los nervios destrozados, y no se de cuenta de tantas consideraciones... sí sólo pudiera relajarse un momento... las pepas esas funcionaron por un tiempo, pero... ”

La alimentación de Diego terminó en breve y tras salir el criado se sentó derrotado en el mesón agarrándose la cabeza. Sentía una combinación de angustia e ira.

-          ¿hora que fue?. Pregunta Miguel preocupado
-          Tenemos muy poco tiempo, y pasé toda una noche dormido, y debí entrenarte. Dice de manera amarga.
-          No joda, ahí si está pintado buste, preocupándose por pendejadas, no debe ser tan difícil ir de un lugar a otro con un papel pa que lo firmen, además, esta primero su salud que un pinche papel de porquería qué ni buste sabe de qué trata, más bien, comencemos  ya que, en tres horas hay un partido de futbol. Añade mirando el reloj como esperando que eso llegara.

La situación  era compleja. Aunque a Miguel la labor no le parecía difícil, a Diego sí, y más después de leer por encima algunas condiciones del protocolo, miró a Miguel, y tuvo una idea catastrófica, no quería pelear con su amigo, no se lo perdonaría sí algo le ocurriera.  

Diego demostró de repente su humildad, y pidió disculpas dejando de lado su mal humor. Decidió tomarse el asunto con calma pero con seriedad. Así que después de ducharse,  (utilizando una bolsa en el brazo para que no se le mojara el yeso),  comenzó a  comentarle a Miguel lo que debía hacer, al parecer, tendría que enseñarle normas de educación y diplomacia, pasando por Careño, hasta normas simples de negociación y educación. Para alguien que poco sabía de ese asunto, sería todo un reto.

****

Terence por primera vez en su vida se había drogado sin quererlo. Había quedado sentando en esa silla por una hora mirando al infinito.  Luego había despertado de golpe, el muchacho seguía dormido, y sentía un olor espantoso en todo el lugar. Se levanta y camina hacia la cocina, la peste aumenta  y una rata sale corriendo  cuando siente el movimiento. El se toca la cabeza, le costaba concentrase.  La cocina era un desastre, no cumplía con las mínimas normas de sanidad, y en  una de los botes de basura, se podía oler  comida en descomposición, y sobre eso, y de manera desagradable unas jeringas.

Este muchacho se está suicidando, pensó para sí, sintiendo una gran compasión por él. Su vida era un infierno. Entonces sube la mirada hacia el reloj de la pared y se asusta. Media hora para el amanecer.
Toma un trapo, y recoge una de las jeringas, lo hecha en una bolsa, y sale  apresuradamente del lugar, mirando el cielo. Debía llegar al hotel.

Caminó, pero no le pasaba ningún taxi, así que se apresuro, pero estaba drogado, así que no podía ser muy rápido. Corría, y de repente los reflejos le fallan y cae de bruces en el suelo, le pareció sentir que alguien lo observaba. Entonces la suerte llega y un taxi para y lo recoge. Entra al hotel de manera apresurada y dos minutos después, había comenzado a aclarar. La habitación no estaba protegida, no tuvo tiempo para hacer el ritual, así que tras cerrar la puerta, se encerró literalmente en un armario, hasta la próxima noche.

****
 -  GOOLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL

Un grito compartido de Miguel y Diego  inunda medio piso de la capilla. ¡Diego estaba animado, que golazo el de Nacional! Y de repente  se da cuenta que están gritando mucho, suena un golpe en la puerta. Diego camina asustado hacia el umbral, y ha sorpresa, frente a él estaba el regente Dieter quien estaba algo serio.

Diego palidece. No había adelantado nada de trabajo. ¿y ahora que le iba a decir?, bueno, trataría de mentir... un poco.

-          Buenas noches, ¿Cómo sigue?. Le pregunta de manera amable, ¿cómo va el entrenamiento?
-          Eh. Responde rápido. Avanzando señor...lento.  Responde apenado.

Dieter lo mira como si disfrutara ese momento.

-          Bueno, eh, supongo que después del partido seguirán trabajando.
-          Sí señor. Muestra una sonrisa.

El regente se aleja y Diego se siente terrible.  Miguel le grita que se apure que acaban de expulsar a un jugador. Diego se sienta a su lado como una tabla.

-          Miguel, debemos trabajar. Lo mira.  Vos debes ajuiciarte, me acabo de meter en un lio con el regente, tú  me tenías que convencer para ver el partido.
-          Jeje pobre de Dieguito, como lo torture para  convencerlo. Dice Miguel  con sarcasmo, señalando  la pantalla y recordando que Diego acepto sin problema.  Luego estudiamos, eso le sirve pa que se tranquil...  no termina la frase y   dice ..hay juemadre penal..
-          Vos estás  mal,  eso no fue penal, ehhh ave maría, si estaba fuera del área. Dice Diego metiéndose de nuevo en el partido.
-          Sí fue... espere a ver que dice el de negro.

Mientras en su oficina el regente  se sonríe. Parecía que tenía dos niños en la capilla, era interesante conocer esa parte de su aprendiz, aunque esperaba que trabajase un poco.

****
Un dolor en el cuerpo y en la cabeza lo invaden. Tiene un temblor. Había dormido muy incómodamente y sentía  que la espalda se le había torcido. Abre la puerta del armario y le duele todo, se acomoda sus lentes,  sus ropas están arrugadas, su pelo despeinado, y  adicionalmente, apestaba al apartamento del chico.  

Se levanta. “Ohhh mi cabeza”, era la primera vez que se sentía realmente enfermo. Se recostó en la cama  y cerró los ojos haciendo presión  con sus dedos en el tabique. 

De repente un sonido hace que salte de la cama asustado. Su teléfono móvil tenía un timbre muy estridente. Ese sonido lo estaba matando.  Rápidamente se abalanza de manera torpe hacia él y lo toma evitando que se caiga. Contesta de manera lastimera.

-          Buenas noches, ¿ya tiene el dato que le pedí?

Terence cierra los ojos, sí, lo tenía, pero no sabía donde lo tenía, miro confundido todo...

martes, 16 de agosto de 2011

Acciones, dolores y decisiones (parte 3)

Diego estaba desesperado. Había decidido salir por su propia voluntad de la enfermería e ir directo a su habitación, aunque aun estaba herido y lastimado, tenía mucha ira como para permanecer ahí. Fue la primera vez en mucho tiempo que deseo golpear al regente, ¡cómo es posible que quiera involucrar a Miguel!... no, no podía permitirlo.

El regente igual, no le hizo caso y dijo que hablaría con él. En parte le estaba informando que pediría su ayuda, no le estaba pidiéndole permiso.

Claro es, que también dependía sí Miguel aceptaba. Diego tenía esperanza que no, además sabía, que su hermano, le tenía antipatía a su jefe desde los últimos eventos. Aunque,  bien era cierto que todo dependía de cómo el regente, le vendiera la idea a Miguel. Ojala su mejor amigo no lo decepcionara, aunque, sí lo hacía tenia miles de cosas que decirle.

Había notado que estaba a puertas de una crisis mayor, ya las había vivido, con tratamiento psiquiátrico y todo. En su cuarto se había encerrado a pesar de que la médica Mery Ann le había pedido que no lo hiciera. En la capilla pocos sabían lo que le pasaba. Sólo quería paz.

Ya en soledad lloro como un niño pequeño y se sintió vulnerable. Temblaba como una hoja, y se sentía débil. Fue entonces que en medio de su desesperación decidió descansar, dormir, y rogar que no hiciera una estupidez. Despertó la noche siguiente muy deprimido. 

Fue entonces que un criado golpeo a su puerta, le ofreció de beber y le trajo una carta.

“Te ruego el favor Diego te presentes en mi oficina. Sé que sigues disgustado, pero es vital que vengas.
Dieter

Diego después de alimentarse maldijo su suerte. Estaba de muy mal humor. Le sorprendía la delicadeza como estaba escrita la carta. “Dieter no es ningún idiota” pensó, “todo un estratega... sabe como decir las cosas, todos los regentes son unos manipuladores, este no es la excepción”

El criado que esta para atenderlo se queda en silencio esperando alguna respuesta, y puede ver como Diego pasando por una crisis de rabia.

Miro sus manos. Maldito temblor. Murmuro a sí mismo muy bajo. Tengo la suerte de un burro con alas

Se toca la cabeza al pensar en todas las cosas malas que le han ocurrido, se siente descontrolado e impotente.  ¡VIDA MALPARIDA! ,  grita y golpea con furia la pared con la  única mano que le sirve. El dolor en “su única mano buena” le hace reaccionar. Se ha lastimado el puño, pero no le duele cómo le duele su alma. Siente que terminará haciendo una locura.

El criado se queda sorprendido al ver a Diego en tal estado de furia y con los dos brazos lastimados.
Le sirve una jarra completa de vitae y él se la toma en silencio, como una bomba a punto de estallar. El criado nota el temblor que tiene para tomar el vaso (pues se ha negado a utilizar el pitillo) y algo temeroso le pregunta sí necesita ayuda para vestirse. 

Diego se niega por puro orgullo, el puede, es zurdo, puede hacerlo aunque el temblor no lo deje, y se sienta muy debil. Nada  le quedará grande, es un hombre orgulloso.

Sin embargo  un sonido le hace cambiar rápidamente de opinión. Sólo la voz de alguien que conoce, le hizo darse cuenta que era mejor que el criado le ayudara: La voz de Rebeca en el pasillo.  
Pensó rápido. Sí Rebeca se da cuenta que el criado sale de su laboratorio aprovechará para entrar.

-          Espere. Le dijo al criado. Cambie de opinión, no creo que pueda solo.

Diego acepto, a pesar de que se estaba poniendo en evidencia con un desconocido. Va al baño y se mira en el espejo, no había notado lo mal que se veía, su rostro era coherente con la paliza que había recibido.  Se lavo el rostro con agua fría, mientras trataba de ocultar su nerviosismo. No era ilógico que estuviera así, casi pierde la cabeza, le cortaron un brazo, le dolía todo el cuerpo, Miguel estaba en peligro, y una bruja loca lo perseguía.

De solo pensar en eso se ponía más nervioso.

Luego de asearse el rostro, el criado le ayudo a ponerse una camisa y los pantalones. “Uno no se da cuenta de cuánto una mano es importante hasta que debe hacer todo con una”. medito, mientras trataba de acomodar el yeso a la ropa .  

Tras salir de su laboratorio, caminó lentamente por el pasillo. Trataba de tranquilizarse, y se dio cuenta que le dolía todo.

Vio la puerta de la oficina del regente, y se sintió incomodo. “¿Ahora qué?”. Pensó.
El secretario del regente le dijo que le estaban esperando, así que siguiera sin golpear. Diego de manera  no muy diestra abre la puerta con la mano izquierda y lo que ve hace que se llene de sorpresa y confusión.

-          ¿Miguel?

Evidentemente su mejor amigo y hermano estaba sentado al frente del escritorio de su superior en silencio. El regente Dieter  le hace un gesto para que siga y Diego se sienta al lado del tres-se mirándolo de manera desafiante.  Miguel está confundido, estar en una capilla tremere siempre es intimidante, sonríe de manera tímida cuando ve a Diego venir, aliviándose de verle su brazo, pero a su vez sintiendo como su amigo está furioso y está a punto de golpearlo con las palabras.  

El regente siente que la tensión en su oficina se puede cortar con un hacha.  Diego cierra los ojos, y tras mirar a Miguel simplemente no se puede controlar.

-          Vos serás mucho cretino, te dejaste convencer, eh Ave María lo que faltaba,  ahora nos van a matar a los dos por ponerte de héroe. Dice de manera agresiva. Siempre te tenés que meter en lo que no te importa, ahí sí que estamos jodidos...

El regaño de Diego es exagerado, y Miguel en ese momento palidece. Nota que Diego no está bien, y de manera inteligente hace algo poco común.

-          Pere Paisa, pare el bollo. Mira al regente. Señor, por favor, ¿podría dejarnos solos un momento?

El regente se levanta  “Claro, cómo no”. Dice  de manera tranquila, “regreso en quince minutos”, y sale de la oficina por una puerta lateral (aunque un término más apropiado es que huye por la puerta). Diego se queda callado al ver lo extraño de la situación. 

-          Pensé que eras más inteligente Miguel. Dice golpeando con la mano izquierda el brazo de la silla. Su rostro algo hinchado por las contusiones se ve muy feo mientras le regaña. Pensé que pensarías más la situación,  ¿vos no ves que yo estoy jodido?, vos quieres estar igual....

Diego comienza a sermonearlo de manera larga  y ansiosa  demostrando con más veras el temblor en sus manos y el miedo, hasta que Miguel se quita sus lentes oscuros, y lo mira directamente a los ojos.

-          ¡Ya está bueno Diego! Dice en tono de regaño. Ya no joda más. Añade con autoridad. ¡Se calma me hace el favor!. Los ojos castaños de Miguel miran a Diego directamente demostrándole su determinación. ¡Ya deje de portarse como un malcriado!... ¡se calma!.

Diego lo mira a los ojos, y desploma. Sus ojos se llenan de lágrimas y su cuerpo tiembla como una gelatina.  Miguel se acerca y lo abraza. 

-          Todo va esta estar bien parce, todo saldrá bien
-          No es cierto. Contesta el hombre tembloroso de manera entrecortada.

En eso momentos  Miguel toma una jarra que hay con vitae cerca, sirve un vaso y pone tres pastillas dentro de la vitae, dándole el contenido a su amigo.

-          ¿qué es eso?
-          Tú ya sabes qué. Dice Miguel con un hilo de voz. Se lo toma, ordena,  hable con ya sabe quien, me imagine que estaría así y eso fue una de las tantas cosas que recomendó. Dice de manera muy baja, cambiando a un tono más cariñoso. Parcero a lo bien, cálmese, no quiero que se enferme, no de nuevo, dice de manera paternal, yo estoy acá para ayudar a bustesito, no debe ponerse bravo, yo decidí venir, porque es  lo mejor... calmese, a lo bien.

Diego no responde nada, se toma el líquido con sabor agrio de manera pausada mientras su rostro muestra cansancio emocional. Acababa de hacer un papelón al frente del regente, se daba cuenta que sí no estuviera a puertas de una crisis eso no hubiera pasado.

Diego, el paisa, frente al regaño de su mejor amigo no tiene otra opción que callar, bajar la cabeza y  tocarse los ojos. Es en estos momentos en que los regaños de Miguel le surgen más efecto, el sabe como confrontarlo.

“Qué curioso”, piensa Miguel, “siempre que ha podido entrar en una capilla tremere, le ha tocado manejar alguna crisis nerviosa de su amigo”.  En la primera oportunidad se desplomó frente a una mesa de vampiros antiguos, donde estaba incluido el gran  Pontífice Xavier de Cincao y otros cretinos que parecian disfrutar su desgracia. Miguel se levantó esa vez y lo calmó.  

-          Hora me escucha, le dice el ex guerrillero, no la cague mas con su jefe, el tipo lo aprecia, y no tiene porque enterarse de sus problemas.
Se debe cuidar, hora sale de la reunión directo a descansar, por ahí me contaron que buste no se quiere quedar quieto. Niega con la cabeza. Definitivamente ahí está pintado, esta jodido, no hace caso y se pone de grosero, ni yo que supuestamente soy el rebelde y la mala influencia para buste.
-          ¿Pero vos no comprendes en el bollo que te ha involucrado? Dice molesto tratando de justificarse, vos piensas que esto es agua con azúcar, no señor. Añade preocupado. Esto es enorme!. Niega con la cabeza y se toca la cara con su única mano buena. No quería que te involucraras, porque esto es un suicidio, ¿vos porque crees que se me han aumentado las pesadillas en los últimos meses?. Mira su mano y nota el temblor. Y ahora con lo último, vos te darás cuenta que esto no es fácil, no señor. Dice frustrado. No quiero que a vos te quiebren, terminaría de enloquecer sí eso pasara.
-          Pos nada hace con preocuparse. Dice de manera muy seria. Los problemas llegan cuando deben llegar, y uno debe enfrentarse a ellos como un guerrero, no hay que preocuparse,  “hay que ocuparse”, bustesito lo ha hecho bien sólo pero necesita ayuda, y aquí estoy yo que en los últimos meses sólo he sido un estorbo, a mi eso no me duele.

Diego mira a Miguel por un momento. Es increíble como en oportunidades como estas, en las que la vida le exige cabeza fría, el actué con tanta madurez, una antítesis de lo que es en otros espacios. Ese fue el Miguel que conoció, cuando los problemas los bombardeaban en Bogotá, luego en la convivencia cotidiana se dio cuenta de sus conductas adolescentes, pero estas no eran las que gobernaban su vida.

-          Y entre otras, ¿buste sabe que me toca hacer?
-          No, responde Diego
-          ¿no sabe?.  Lo mira sorprendido, y luego con algo de desdén añade. Yo pensé que luego de este mierdero que formo busted sabía algo.

Diego se queda callado. Bueno el regente se lo iba a comentar, pero...  él estaba tan furioso, que básicamente no lo dejo continuar. La conversación terminó de manera rápida por la reacción de él, que en realidad, el no sabía para qué lo quería el regente, sólo asocio que era una tarea muy peligrosa y por eso respondió así. Miguel lo miraba extrañado.

-          Lo siento.

El tres-se suspira, mientras niega con  la cabeza, “Hay parce... ”. Se produce un silencio entre ellos, momento en el cual se abre la puerta y entra el regente. El hombre de aspecto aleman se mostraba algo preocupado, aunque se tranquilizó al ver que el ambiente ya se había pacificado. Diego se muestra arrepentido, con cara de perro regañado.

-          Bueno, cómo le decía. Dice  en inglés a Miguel de manera seria. Le doy la bienvenida a la capilla, es usted uno de los pocos que no pertenecen a este clan que ha entrado a este recinto, en realidad, le agradezco que haya aceptado ayudar. Mira de reojo a Diego. Hace meses, estaba pensando a quien encargarle esta gran tarea, y me quede sin candidatos, pero, hace una semana, cuando rescató a Diego, me di cuenta que usted era el único al cual se le podía asignar esta tarea.
La razón por la cual lo elegí señor Miguel, fue por la confianza.  Necesitaba alguien digno de ese valor, para darle a guardar el destino de muchos. Mira de reojo a Diego. Me sorprendió que entrara a esa bodega sólo, pasara más de 100 hombres armados y lograra entrar al recinto, matar a unos pocos, rescatar a García, y salir por el techo antes de que todos esos hombres se dieran cuenta de lo que había ocurrido.
Tenga por seguro, que no lo llame a usted por capricho, sino porque siento que se puede confiar en usted.... le habla a Diego.. ¿Estoy en lo cierto?
-          Sí señor. Responde de manera algo incomoda.
-          Además hay un informe que dice que usted ayudo a defender la capilla tremere en Bogotá, así que creo que no es la primera vez que entra a una capilla.
-           Es cierto, contesta Miguel pensando, “pero la de Bogotá era más bonita que esta”. Se hizo lo que se pudo, aunque no fue suficiente. Mira a Diego, recordando esa mala noche, una noche que él nunca olvidará, al igual que Diego, esa noche marco sus vidas.
-          Bueno, usted ha demostrado de muchas maneras que es confiable, incluyendo el favor que realizó a mi persona, de lo cual sigo agradecido. 

El regente Dieter mira a ambos y se da cuenta que ya la introducción es suficiente, y decide dar paso a lo segundo.

-          Bueno, ¿y supongo que se preguntará porque lo llame?
-          Desde el primer momento.

El superior  hace una leve pausa y dice sin más.

-          Ayer usted me preguntaba, el porqué, sí usted no era de los nuestros, lo había llamado, y dijo que usted no tenía nada de lo que nosotros apreciábamos. Hace una sonrisa triste. En realidad, sí tiene algo, y ese algo, es precisamente “lo que no tiene”. Mira a Diego.
Tu hermano no es tremere, y en su sangre no tiene nuestro linaje, lo cual, en esta situación es vital.  Garcia  hace un gesto de no entender. 

Verás Diego, la situación es tan complicada, que el enemigo puede detectarnos con la simple presencia mágica que nuestras auras o nuestra presencia psiquica, es como nuestro olor, y curiosamente, esa fortaleza mágica que nos distingue del resto,  es en estos momentos, nuestra peor pesadilla. Mira al suelo.  Es por eso que esta misión la debe hacer alguien externo, pero,  conociendo nuestras tradiciones, es  doblemente riesgoso. 

Diego se quedo callado frente a esa afirmación. Miguel no había notado el significado, pero él sí, uno de los tantos motivos por los cuales no estaba de acuerdo con esto. 

-          ¿Pero qué tengo que hacer?, dice Miguel un poco hastiado de tanto bla bla bla y tanto lenguaje complicado.
-          Es una tarea simple, pero riesgosa. El regente lo mira. Necesitamos que seas nuestro emisario, y lleves un mensaje a distintas capillas.
-          No entiendo señor. Dice Diego algo intrigado, aunque Miguel mira a ambos sin comprender nada, el regente hablaba en un inglés muy técnico y eso lo confundía.
-          Verás Diego,  dice de manera clara,  lo único que puede ayudarnos en este momento, es que él  lleve un documento a distintos aliados para que le firmen, y luego, poderlo entregar a Viena. Explica de manera clara. Cómo él no es tremere, no podrán necesariamente ubicarlo en los distintos lugares y podrá pasar desapercibido, a nosotros nos tienen vigilados. Mira a Diego.  Tendrá que visitar varias capillas, e interactuar con algunos regentes para que firmen el texto.
-          No entiendo. Dice Miguel cuyo ingles se perdió en algún lugar de la conversación
-          Qué quieres que seas  un mensajero. Dice Diego en español
-          ¿y me darán la moto?.  Responde confundido, Diego abre los ojos sorprendido por la asociación y le hace un gesto de “luego te explico”, mientras sigue hablando con el regente.
-          Señor lo que usted está pidiendo es un suicidio. Dice alarmado. “mataran a Miguel”. El tres-se abre los ojos alarmado, pues eso sí lo entendió. Nadie que no sea de la casa puede entrar a distintas capillas, recoger una firma y  pretender que luego de esto, salga vivo. Dice de manera clara. Lo mataran porque creerán que sabe nuestros secretos, y sí el llega a equivocarse, será su fin.

Diego mientras habla trata de ocultar el temblor de sus manos,  básicamente esta agarrando con fuerza el brazo de la silla.

-          No lo mataran, y no se equivocará porque tu lo entrenarás para que no se equivoque. Dice de manera clara. He desarrollado un protocolo muy estructurado para que ni nuestra gente se sienta agredida, ni él se sienta en peligro. Sí hace lo que debe, saldrá adelante.
 En realidad,  los mira a los ojos,  la entrada a las capillas es lo que menos debe preocuparnos, el peligro se presentará en la calle.

Diego se queda en silencio un momento y frente al regente en español le explica el plan a Miguel para que lo entienda. El tres- se en algún momento comenzó a sentirse como un estúpido, y hasta sintió miedo. 

-          Quiero que usted haga un trato con ambos. Dice Diego de manera muy seria. Usted debe garantizarme que luego de esta misión Miguel no será dañado de ningún modo.   Señala. No se le modificaran los recuerdos, ni se le perjudicará por medio de magia.
-          Te aseguro qué Miguel estará bien, lo mira, es más, luego de esto será recompensado, sólo debe prepararse bien para seguir la etiqueta de la situación. Tendrás que prepararlo. Tiene una gran responsabilidad, básicamente, el futuro del clan estará en sus manos.

Esa frase impacto a Diego, nunca pensó que esa misión fuera tan importante, mira a Miguel cuyo rostro expresa no entender nada.

sábado, 13 de agosto de 2011

Acciones, dolores y decisiones (parte 2)

Las rosas negras se dibujan en un cielo oscuro mientras los nacidos con el poder de dañar se preparan para quitarle la estructura, a una pirámide de piedra.

El tiempo se acerca, y quien no esté preparado, será arrasado con él.

****

En el cuarto enfermería, donde le regente se ha encerrado con Diego,  no se escucha nada, han pasado unos largos minutos encerrados, la magia impide que los demás se enteren de la conversación, sin embargo  el silencio se ve roto por un grito de furia. 

¡NO LO PERMITIRE, NI LO PIENSE, NO LO PERMITIRE!, ESTA USTED LOCO, NO LO PERMITIRE!

Ese grito, sonoro a la magia, no lo puede escuchar nadie más.  Está lleno de rabia, de angustia, de miedo. ¿qué le habrá dicho el regente para que reaccionara así?

Diego esta fuera de sí, angustiado, disgustado, e impotente.

****

El apartamento parecía una tumba. El silencio lo invadía, no había música, no se escuchaban pasos, ni siquiera la brisa que en ocasiones golpeaba con la ventana. Miguel se encontraba sentado en la sala en total silencio, miraba un punto fijo de la pared como si fuera interesante. Alrededor de él había muchas cajas de cartón repletas de algunas cosas, y más al fondo habían tres maletas a medio llenar.
Habían perdido el apartamento, o por lo menos así lo sentía. Con todo y  el préstamo que hizo el sire de Diego para comprarlo,  la única forma de pagar la deuda que recientemente había adquirido era vender ese apartamento y seguir pagándole las cuotas al sire de Diego, a pesar de que la vivienda ya no sea de la propiedad.

Los nosferatus saben  utilizar la necesidad a su favor, y básicamente por eso son ricos aunque vivan en las cloacas.

Pero no sólo empacaba por eso, sí no porque estaba seguro que debían marcharse. Haría cualquier cosa por llevarse a Diego de la ciudad a un lugar seguro. Lo convencería de que saliera de la capilla y ya allí lo obligaría a irse con él, a las buenas, o a las malas.  Bueno, por lo menos ese era el plan que construía en su cabeza.

Hace una semana él no se imaginó que tendría que tomar esa decisión.  En el pasado no siempre Diego tomó las mejores decisiones,  y era Miguel quien las tomaba por él, por mucha fama de irresponsable que tenga. Él a pesar de tender a la depresión, no sufre de los problemas nerviosos de Diego que los han metido en problemas a lo largo de la historia. Él como “su hermano en la no vida”  debe garantizar su bienestar, y esa garantía, aunque le costó algunas oportunidades, la cumplirá siempre.

Así que ahí estaba él, mirando como empacar, y planeando como secuestrar a Diego para llevárselo a un lugar seguro.

Hace una semana, su mejor amigo y hermano salió del apartamento a la lavandería. Miguel había acumulado  dos bolsas de ropa sucia por dos semanas. Diego  había tomado una bolsa y salido del apartamento, pero había olvidado la segunda, qué Miguel no supo colocar en un lugar  visible. Cuando se había ido, y pasado unos ocho minutos, el Tres-se nota la equivocación, y toma la segunda bolsa de ropa, con miras a alcanzar a  Diego.   Caminó de manera un poco lenta, pues sentía que no tenía afán, igual lo encontraría en el sector de lavadoras.  Cuando cruzo la esquina, sintió un dolor emocional intenso, lo supo sin siquiera haberlo visto. Corrió, y lo único que vio alejarse fue un vehículo negro, cuyas placas memorizó. Miguel  trato de alcanzarlos, pero el auto se perdió de vista muy rápido, y a pesar de su intención pensó rápido que hacer, sí no encontraba ese auto su amigo estaría muerto. De él sólo quedaba  la bolsa con ropa abandonada en la calle.  Sacó su celular, y de manera ansiosa se devolvió al apartamento mientras hablaba con un sin clan que conocía a un nosferatu qué controlaba las cámaras de la ciudad.

 Mientras corría al apartamento de manera angustiosa, hablaba con él, quien le dio el teléfono de este fulano. Llego al apartamento  y  preparo una maleta con armas, llevando su  espada consigo. Rápidamente se contacto con  Irgo, el nosferatu quien de manera descarada le pidió un millón de dólares para dar con el paradero de Diego. Miguel no regateo, simplemente aceptó la deuda, y el vampiro horrendo le  dio las indicaciones de donde iba el carro.

Miguel ya en ese nivel estaba en la calle corriendo, y cuando se dio cuenta que correr no lo llevaría a tiempo, vio un hombre que parqueaba su carro en una esquina para  recoger a una mujer. El sin pensarlo mucho, fue hacia la puerta del conductor,  saco al fulano de un solo tiro de su propio auto,  se subió al vehículo y comenzó a conducir de manera frenética por la ciudad. El precio del nosferatu incluía distracciones a la policía y control de los semáforos. Mientras conducía siguiendo el auto, le informa donde el vehículo se ha parqueado. En un sector de depósitos de la ciudad.  Miguel sentía la angustia de Diego en su interior y aceleraba el vehículo como loco.

Cuando llego pasó primero al frente del lugar y vio varias cámaras de seguridad apostadas en la calle, entonces decide rodear la calle, y dejar el carro en un callejón, dos edificios posteriores, al señalado.
Es así que subió ayudado por la escalera de incendios hasta el techo de uno de los edificios, y ahí, utilizando su potencia comenzó a saltar de edificio en edificio, hasta llegar por fin al techo  depósito. Encima del mismo, decidió andar despacio, y comenzó a ver por los tragaluces. Pudo ver una gran cantidad de hombres armados en una parte del depósito, pero Diego no estaba ahí, caminó lentamente, mirando cada sitio, hasta que por ultimo dio con el lugar donde estaba Diego, y es así como pudo rescatarlo.

Luego de entregar a su amigo a los de su clan, abandonó el auto a unas calles de ahí. Donde posteriormente supo que lo encontraron sus dueños.

Se sentía culpable por robar, pero le había pedido perdón en silencio a Dios por sus acciones. El problema no era sólo la culpa, sino el hecho de que tenía una deuda. Le habían dado tiempo para pagar, en realidad, sólo quince días.

Sí no pagaba, los nosferatus lo matarían, o le podían dañar  alguna estrategia que tuvieran con los sin clan. No era muy sabio hacerse de enemigos que con el saber podían joderte. Por lo menos Diego estaba vivo, pero lamentó no haber sido más rápido.

La deuda lo tenía angustiado, como todo lo demás. Había hablado con Diego hace unas pocas horas, ninguno de los dos estaba bien.

En ese momento el teléfono suena. El identificador de llamadas establece que es Irgo quien ha marcado.  Miguel tiene la intensión de no contestar, pero lo hace, a sabiendas que vendrá una amenaza.

-          Hola Tres-se,  dice con  inusual confianza en una voz áspera mientras Miguel hace un gesto extraño. Recibí su pago, muy oportuno por cierto, me gusta cuando prometen lo que cumplen, será un gusto volver hacer negocios con usted, tenga mi número, ya sabe, lo que necesite.
-          ¿qué?, responde sin entender, un sonido electrónico suena del otro lado del equipo, cómo una alarma.
-          Me despido, la noche es corta para tanto trabajo, un cliente viene y otro se va, la ciudad de los Ángeles es una locura.

Sin decir nada más cuelga. Miguel no sabe que pensar, esto debe ser una broma. Luego de la llamada suena el timbre. La persona que se identifica en el citófono es Salvador, el criado  quien siempre trae la vitae a la capilla. A Diego le descuentan de su salario la sangre segura que consumen mensualmente en el apartamento, y que viene directamente del banco de sangre del clan. Se la venden económica, lo cual ha sido muy bueno para ambos.

Miguel hace seguir a Salvador. Al poco tiempo timbran en el apartamento,  él alista su arma  y abre la puerta prevenido.

Cuando ve qué si se trata del criado, se alivia y le invita a pasar.  El muchacho de origen latino entra cargando  una caja que contiene el refrigerador de icopor con la vitae. El criado,  deja la caja en la cocina y le dice a Miguel de manera respetuosa mientras abre la nevera y comienza a poner las bolsas de vitae dentro.

-          Señor Miguel, el regente le manda un mensaje con migo, quiere hablar con usted, pero en persona.  Añade el criado de manera tranquila mientras hace su labor
-          Pues sí quiere hablar, que venga, no sé porque no pudo llamarme por teléfono. 

Dice Miguel algo molesto, le había tomado algo de antipatía al jefe capitalista de su mejor amigo, quien solamente lo explotaba laboralmente y lo hacía sufrir. En parte lo culpaba por el secuestro de Diego.
El criado termina de descargar las  cuatro bolsas, cierra la nevera y mira a Miguel y le dice.

-          Esperaba que dijera eso.

En ese momento  Salvador se transforma en el regente Dieter Schaeffer ante la sorpresa de aquel que lo escuchaba, quien hace un gesto de desagrado.

-          Perdone por entrar así al apartamento, pero tengo que hacer algunos movimientos por seguridad. Añade en español. En realidad necesitaba hablar con usted. Mira alrededor. Veo que se está trasteando. Dice con sorpresa.
-          Sí, Diego y yo nos vamos de acá.
-          ¿se van?. Dice denotando el plural de la pregunta.
-          . Dice enfrentándolo. Nos vamos, ya lo decidí. Dice refunfuñando mientras se sienta en la sala y con un ademan algo descortés le invita que se siente. Nos vamos a un lugar donde no corramos peligro, y usted no podrá impedirlo por muy regente que sea. Dice de manera desafiante mientras se sienta. Sí Diego estuviera viendo esa escena, posiblemente le daría un ataque al ver como Miguel le habla a su superior.

Dieter guarda calma pues comprende la situación. Acepta la invitación a sentarse  y esquivando cajas  se ubica en una de las sillas.

-          Entiendo, a mí también me preocupa la seguridad de Diego.
Al decir eso Miguel cambia el tono agresivo.
-          Pues parece que no, dice bajando la cabeza, mi hermano esta re jodido por sus ordenes ridículas y su explotación laboral capitalista. Dice de manera segura, sin miedo de lo que el regente piensa, no quiere hablar mucho para no ponerlo en evidencia.
-          Diego es muy valiente. Dice mientras lo mira. Ha arriesgado muchas cosas por una buena causa.  Continúa diciendo. Siempre he apreciado a las personas honestas, trabajadoras y entregadas, tiene suerte de que sea su hermano.
-          Es cierto. Responde de manera seca. Pero busted no vino hablarme de eso, ¿qué quiere?
-          Pedirle ayuda. Dice de manera simple.

Miguel nuevamente hace una pausa, y se levanta de la silla. No entendía nada.

-          No sé cómo podría hacerlo.
-          Sí acepta ayudar. Dice de manera seria. No sólo ayudaría a Diego, sino a  muchos.
-          Le repito, que no se cómo podría hacerlo. Lo mira. No soy mago, no se magia,  y no soy como ustedes. Dice Miguel con algo de resentimiento.
-          Precisamente por eso, es que usted es útil. Contesta Dieter de manera simple. Necesitamos alguien como usted, que sea fuerte, inteligente y que pueda hacer algo simple que nos de un gran beneficio.
-          No le entiendo.
-          Temo que lo que busco de usted, no se lo puedo aclarar ahora. Dice el regente. Le puedo decir que la situación es tan grave, que aunque se mude, y busquen huir de los problemas,  terminaran por encontrarlos y matarlos a los dos, esto que sucede, es tan fuerte, que inevitablemente  será un desastre, yo también moriré, y morirán muchos más, no sólo tremeres, sino muchos otros clanes.
Sólo quiero preguntarle si desea hacer algo por nosotros, algo por todos, algo por Diego.
-          Por él lo que sea, dice con claridad, y sí puedo hacer algo por otros también.

El regente se levanta.
-          Bien. muestra una sonrisa mientras saca un papel. Aquí están las indicaciones iniciales, aparecerán en cuanto me vaya. Confió en usted, le aseguro que será recompensado de manera enorme.

El hombre se transforma nuevamente en el criado.

-          Hasta luego. Toma la caja que contiene el refrigerador.
-          Un momento. Dice Miguel pensativo. ¿Buste pago la deuda con el nosferatu?
-          Sí.  Dice de manera breve.  El precio por un buen servicio no importa.

Y tras decir eso, sale del apartamento, dejando a Miguel mirando ese papel sin letras.

****

La noche siguiente este hombre latino, salió con sus maletas del apartamento. Llamo a todos los conocidos y les dijo que se marcharía. Llego al aeropuerto y tomó un vuelo a un lugar desconocido.

jueves, 11 de agosto de 2011

Acciones, dolores y decisiones (parte 1)


Todo parecía irreal, escuchaba sonidos confusos al alrededor, como murmullos apagados, que se iban y venían, un cosquilleo en la frente y a veces en los labios que se repetía, había una sensación suave en los dedos de los pies, había algo encima de ellos, un olor a detergente para ropa, y palabras sueltas que no tenían ningún sentido. En realidad lo que escuchaba era poco, se sentía cansado, sí era curioso, siendo un muerto se sentía físicamente cansado, sentía que debía abrir los ojos, pero estos estaban tan pesados que no podía. No era desagradable en sí, sentía en ocasiones que abrazaba a alguien amado, como cuando un hijo abraza a su madre para quedarse dormido. Dentro de la oscuridad tenía pequeñas imágenes mentales, cómo las que se usan en las películas, eran recuerdos y algo más.  Era confuso,  eran un carrusel de imágenes,  varias, todas sin orden lógico, todas, extrañas. Todo parecía muy real, en una estaba frente al cuerpo sangrante de Miguel que yacía boca abajo sobre el suelo, una niña sonriendo con una muñeca, un terreno amplio lleno de nieve donde tenía que esquivar una bola a toda velocidad, un cuarto oscuro donde un hombre le golpeaba y le quitaba un collar que tenía en el cuello, una noche de karaoke donde la risa lo dominaba, la imagen nocturna del Gran Cañon,   un par de niños corriendo uno detrás de otro, la imagen de Esperanza atendiendo a un enfermo, el mar sin luz visto desde un barco, Miguel en el techo de una azotea mirando el cielo,  un partido de futbol,  una calle inundada en fuego.. y su brazo desconectado de su cuerpo.

Sin embargo esas imágenes no tenían ninguna emoción, era como sí el no las hubiera vivido, sino como si alguien viera esa película.

Un sonido de pisadas se siente venir. Una leve caricia en su frente. Diego por fin puede sentir que puede dominar algo su cuerpo, su lengua pasa por encima de sus labios, y los dedos de los pies comienzan a juguetear con la sabana suave que los cubría.  Sus ojos poco a poco se abren y se encuentra en una pequeña habitación blanca. Le parece conocida, pero no logra identificar el lugar.
Una mujer rubia se le acerca.

-          Buenas noches.
-          ¿Dónde estoy?, murmura sorprendido y algo confundo.
-          En la capilla. Contesta la médica Mary Ann. Tuvo un gran trauma y entro en letargo, ha pasado una semana.

Diego se mira su lado derecho y ve que su brazo esta enyesado, desde  abajo del hombro. Aliviado ve como los dedos de su mano puede moverlos.

-          Tuviste que gastar toda la sangre que te quedaba para pegarlo de nuevo, aunque no completamente, tuve que trabajar mucho para que soldara, dice de manera clara, sin embargo necesitaras otro procedimiento.

Diego trata de entender lo que dice su colega mientras recuerda el trauma del secuestro y de cómo le quitaron el brazo. Cierra los ojos aterrado.

-          ¿Qué quiere decir?
-          Pues. La médica se acerca y trata de explicarle en términos médicos.  La amputación del brazo, se dio a once y medio centímetros del hombro. El humero se partió en dos, afectando  los músculos, y como bien sabe  la distribución de vitae a su cuerpo, la situación fue muy grave, pero afortunadamente su organismo colaboró. Dice de manera tranquila señalándole con un dedo la parte afectada. Su amigo en el afán  de curarle,  le hizo un torniquete muy fuerte,  y le puso el humero en una postura incorrecta, básicamente el brazo soldó mal, el hueso esta torcido, no se pudo reparar a tiempo por la naturaleza de la lesión, pues temía que sí le colocaba el brazo en la postura correcta perdiera el miembro definitivamente.  Dice de manera muy profesional.  Realice algunos procedimientos para poderle ayudar a que la curación fuera total. Así que permití que curara mal, pero, será necesario volverle a romper el hueso para colocarle bien el brazo, y esperar que los tejidos blandos re reorganicen.

Diego de repente recuerda la situación que lo trajo a donde está ahora. Cómo casi muere, y la amputación dramática de su brazo. En ese momento  mira a la médica nuevamente y se siente mareado,  la angustia se siente en todo su cuerpo, cierra los ojos nuevamente, y siente que se va a desmayar de nuevo, afortunadamente esta en cama. Se toca el rostro con la mano izquierda y trata de ocultar su deseo de desvanecerse.

-          Aún no se ha recuperado completamente, por hoy descanse, el regente querrá hablar con usted.

Y evidentemente así era,  había muchas cosas que hablar, algunas heridas que no habían curado, ni física, ni psicológicamente

La médica se retira y poco a poco recuerda donde está. Era el salón enfermería en el sótano. Uno de los lugares más seguros de la capilla. A unos pocos metros estaba el salón principal de rituales, era un sitio amplio y sagrado. Ya había estado aquí antes, es más, ahí había estado Rowan hace algunos años cuando lo ataco la maldición que le dejo sin sus piernas. Y después, allí había atendido el cuerpo degollado del chiquillo del regente, así como a algunos criados que habían enfermado a causa de la equivocación de Rebeca.

Y ahora, el estaba ahí con un yeso que le cubría parte del brazo, lo sorprendente era que podía mover sus dedos aunque, no muy cómodamente. Trato de sentarse, aunque aun estaba mareado miro bien el lado afectado. No le fue difícil ubicar la irregularidad. Tenía el brazo deformado. Se sonrió con tristeza, antes Miguel no le había puesto el brazo al revés, si hubiera sido así, podía bien trabajar  en un circo. Aunque no sabía que tan dramática era la desviación pues las curvas anormales estaban cubiertas por el yeso.

Un vampiro con un yeso... esto era ridículo. Aunque era preferible tenerlo deformarlo, que no tenerlo, un punto más para Miguel, y entre otras ¿cómo estará?. Se dejo caer sobre la cama, con un pensamiento catastrófico. Recordó esa imagen de su mejor amigo al parecer muerto sobre el suelo. Un escalofrío lo sintió en todo su ser. Cerró los ojos, y vio el rostro del gordo que le había golpeado el rostro, y hasta pudo oler su aliento. Cuando abrió los ojos pudo darse cuenta que estaba temblando.
¿no tenía acaso muchos problemas para tener otra crisis de estrés post trauma?... maldición, no salía de una y se metía en otra. Ahora estaba temblando lleno de miedo, y todo por los secretos que tiene que guardar.  Se toco el rostro con la mano izquierda y le dolió. Entonces recordó el golpe con la varilla de metal que le propinaron en el rostro y cabeza durante su tortura. No recuerda bien cuantas veces le golpearon pero si recuerda el dolor. Estaba seguro que le fracturaron el cráneo.
En ese momento se abre la puerta. Un criado entra con una bandeja, en ella hay un vaso grande de vitae con pitillo. El criado ubico la bandeja en la mesa, la cual era especial para camas de hospital. Le acercó el vaso y Diego bebió el contenido de manera ansiosa. Luego de finalizar, se notaba su hambre. El criado, quien estaba acostumbrado a eso, se sentó en la orilla de la cama dándole la espalda al enfermo le ofreció su cuello. Diego no lo pensó, y tras un movimiento algo doloroso se ubico detrás de él, y se aferro a su cuello. La sangre caliente le avivaba el cuerpo, su corazón comenzaba a latir al ritmo del criado, y tras sentirse mejor, lo soltó. No sin antes dar las gracias.
El criado se fue algo pálido del lugar, llevándose la bandeja, pero dejando un teléfono móvil en la mesa de noche.

Diego lo tomó de manera torpe con la mano izquierda y trato de manejarlo. Después de un rato logro marcar los números y enviar la llamada.

Sentía que su cuerpo le temblaba, estaba nervioso.

-          Aló
-          Parce..

Una expresión de angustia se escucha, algo parecido a un suspiro.

-          Diego, paisita , ¿es buste?
-          Si, contesto de manera breve tratando de controlar el temblor en su voz
-          ¿y el brazo?.. pregunta Miguel de manera nerviosa
-          Pego, pero. Le iba a decir que estaba torcido, pero se lo guardo, no quería hacerlo sentir culpable. Me tienen que hacer unos procedimientos, ¿vos cómo estás?
-          Pos. Se le quiebra la voz. Bien.

Evidentemente no estaba bien. Diego lo sabía.  Ninguno de los dos estaba bien. 

-          Posible toque vender el apartamento pa pagar una deuda, pos me cobraron harto por dar por su paradero. Dice nervioso. Pero no se preocupe, que yo, pago eso...
-          Vos no ... dice Diego tratando de expresarle que no se preocupara por eso, pero Miguel sigue hablando
-          Debemos irnos Parcero, en cuanto podamos nos abrimos parce, nos vamos bien lejos. Dice de manera ansiosa.
-          Parce.. no.. dice con tristeza, sin poder completar la frase, la angustia se podía cortar con un cuchillo y sentir a Miguel mal, lo hacía sentir peor.

La conversación termina de una manera algo confusa, no se habló mucho, pero se dijo lo suficiente para  expresar  que nada estaba bien. Diego no sabía que iba a pasar con Miguel, posible no podría volver a salir de la capilla en un largo tiempo. Posible no volvería a verlo.  Se recuesta en la cama desesperado, estaba muy débil, así que tapándose el rostro con la única mano que le servía, dejo escurrir unas cuantas lágrimas de sangre. Se tapa la cabeza con la sábana y trata de desahogarse. Luego simplemente el silencio invade todo, y cierra los ojos tratando de curarse.

Pasa alrededor de una hora, y él seguía con la sábana sobre la cabeza. Cuando de repente siente que halan rápidamente de la tela, y sin preverlo unos labios se encuentran con los suyos, y le besan profundamente. Los ojos de Diego se abren como dos platos soperos y trata de separarse de ella, sin mucho éxito, estaba en una situación vulnerable.

Ella se separa de él luego del beso robado. Diego la  mira sorprendido.

-          No vuelvas hacer eso. Murmura
-          Pensé que te habían matado. Dice acariciándole el rostro con ¿ternura?
Diego no puede creer que esa sea la misma Rebeca, su nombre y la palabra ternura, no van juntos. De repente recuerda esas sensaciones extrañas en sus labios y rostro cuando estaba en letargo, y ahí lo comprendió.
-          No me encuentro bien. Dice solamente
-          Lo sé. Dice en un tono totalmente distinto al usual. ¿necesitas algo? Diego la mira sorprendido
-          ¿qué hiciste con Rebeca y quien eres tú?
La mujer se ríe. La primera vez que la veía reír.
-          Nunca te diste la oportunidad de conocerme mejor. Dice sonriendo. Eres un hombre duro. Dice tocándole la mano.

En ese momento se  abre la puerta y es el regente quien se queda sorprendido al ver aquella escena. Diego cerró los ojos con ganas de morirse. ¿Porqué a él?
Rebeca ni siquiera palidece sino que sale tranquila de la habitación con una venia al regente.

-          Pensé que no la soportabas. Dice el regente mirando la puerta.
-          No la soporto. Concluyó Diego de manera  clara

El regente notó que había tocado un tema sensible, y trató de dejar de un lado sus apreciaciones. 

Posible haya visto mal, aunque... podría jurar que no lo hizo.

Comenzaron hablar, y Diego le contó todo lo sucedido. La presencia de los settitas, el hombre gordo, la máquina de tortura, la cabeza del criado degollada, los golpes, los insultos, las amenazas, y sobre todo las preguntas. El regente palideció cuando le contó este aspecto. Luego comentó la repentina llegada de Miguel, la acción  rápida del hombre gordo de cortarle el brazo, la batalla, y la conclusión de la misma.

-          ¿y tu amigo pudo sólo con todos esos sujetos?, pregunto fascinado.

No era algo inusual, el era un brujah. Pero curiosamente eran cinco settitas y un sujeto gordo bastante versados en combate. El regente estaba admirado. Posiblemente sabía algo que Diego no.
Al terminar la narración el regente le dice.

-          Creo que llego el momento de comenzar actuar Diego, nos queda muy poco tiempo. Tengo un plan,  y espero que funcione, sí no  funciona estaremos acabados.