La noche terminó muy rápido aquella vez, hecho curioso dado que la reunión con el regente había sido en las primeras horas de la noche, y había durado relativamente poco. Cómo conclusión era necesario que Diego comenzara con el entrenamiento del “mensajero” para que no existieran errores. Miguel estaba seguro en la capilla, y gracias a la magia pasaría desapercibido. El regente antes de entrar al edificio le dio un amuleto qué servía para que pasara por “otro más”. Era curioso, mientras caminaban por el pasillo los demás tremere y criados simplemente lo ignoraban, como si fuera normal que alguien tan informalmente vestido se paseara por el lugar.
Diego caminaba nervioso llevando debajo del brazo enyesado el documento secreto que contenía el protocolo para el entrenamiento de su amigo, miraba a todos de manera paranoide, pues no estaba seguro de que el amuleto sirviera. Trataba de ocultar su nerviosismo, pero no era fácil, le preocupaba el futuro de ex brujah y además de eso le dolía todo.
Detrás de él, asustado, caminaba Miguel mirando confundido su alrededor. Se sentía como un judío, dentro de una mezquita en la franja de gaza. Todo era intimidante, hasta las paredes.
Caminaba detrás de su hermano como perro faldero. Miraba todo con curiosidad, aunque en parte nada le sorprendía, lo cual lo decepcionaba. Fue entonces que Diego le murmura que irían a su laboratorio. Por un momento se emocionó, hasta que Diego abrió la puerta.
Miguel pasa por el umbral de la puerta y hace una expresión de desconcierto, y posteriormente de decepción. “¿eso es todo?”. Diego lo mira sin comprender. Miguel no se esperaba que el laboratorio fuera así, en su interior, esperaba algo más fantástico, posiblemente estantes llenos de recipientes extraños que inundaban todo con humo de colores y chispas, alguna criatura con dos cabezas y otras cosas fantásticas.
En realidad, estaba desilusionado, había estado antes en las habitaciones de una capilla pero nunca en un laboratorio. Al caminar por el pasillo había guardado la esperanza de encontrar algún hombre con barba larga, sombrero cónico y túnica, pero todos vestían de manera normal, pensó que en los laboratorios la cosa cambiaria. A veces, le divertía burlarse en silencio de Diego, pensando qué el estaba vestido con esos atuendos, sin embargo se dio cuenta que eso era mera fantasía. Hizo un silencio mientras pensaba “tanto secreto, pa ocultar esto!” .
Frente a él había un cuarto con decoración moderna, con transcripciones en las paredes que bien conocía, con un mesón enorme, algunos recipientes comunes, una pequeña nevera, y otros elementos que no eran interesantes para él.
“¿y donde están los sobres que vuelan por encima de las cabezas?, pregunta en realidad interesado. Diego lo mira sorprendido, “Parce, ¡Esto no es Harry Potter! ”, señala lamentando haber invitado a Miguel a ver esa película en cine, pero comprendiendo su desilusión.
Camina hacia su habitación personal al lado del laboratorio y Miguel lo sigue. Frente a ambos la habitación ordenada de Diego, lo cual para Miguel tampoco fue sorpresa.
“hora a la cama”, ordena Miguel señalándole el lecho a su amigo. García se rehúsa, “pero vos sabes que debo entrenarte”, responde. “nada, a dormir”, vuelve a ordenar. Diego trata de convencerlo, se sienta en la cama, y recuesta la cabeza en la almohada con cuidado de no lastimar más su brazo, cierra los ojos sintiendo como la medicación estaba haciendo efecto, y comienza hablar algo hasta que el silencio lo invade sin haber terminado la idea. Miguel le quita los zapatos y le sube las piernas a la cama, se sienta en un borde del mueble mientras prende la televisión.
Diego de repente se siente muy cansado. La medicina estaba haciendo un efecto radical en su organismo muerto. Escuchaba la televisión prendida, mientras los pensamientos y las imágenes pasaban de manera desordenada, a veces mientras estaba en ese estado recordaba que debía leer el protocolo y entrenar a Miguel, pero esa idea pasaba detrás de otra. De repente, nada se escuchaba. Sentía que no podía moverse, y simplemente se rindió.
Sintió un dolor en su brazo lastimado, abrió los ojos y la habitación estaba oscura. Asustado, busco la luz y al prender la lámpara se sorprendió al ver a Miguel dormido en el suelo de la habitación sin siquiera una almohada. ¿qué hora era?, miro el reloj y se sorprendió al ver que eran las cuatro de la tarde. ¿Cuánto tiempo había dormido?. Apaga la luz aun con sueño, se acomoda mejor para no lastimar su brazo derecho y sin hacer más, vuelve a los brazos de Morfeo. Miguel le había dado una dosis de tranquilizantes superior a la que estaba acostumbrado.
Cuando abrió nuevamente los ojos observo a Miguel acostado en el suelo con los ojos abiertos mirando el techo. Pregunta la hora, pero el reloj responde la pregunta sin que Miguel la conteste.
- -“!Diez de la noche!, trata de ponerse de pie rápidamente, eh ave Maria ya no es hora de estar en la cama, perdimos todo una noche durmiendo!... vos debiste dormir en la habitación que te asigno el regente, no en el suelo”.
- Parce yo estoy muerto, da igual donde duerma, y ni crea que en ese estado buste duerme solo, no me gustan las sorpresas.
Diego calla, su amigo tenía razón, eso ya se había convertido en costumbre. Cada vez que estaba en crisis, Miguel pasaba un cochón al lado de su cama, y dormía en el suelo, no sólo por las pesadillas, sino también, para prevenir los peligros que el mismo podía ocasionarse.
- “ vos me diste medicación para dormir una docena de caballos”
- Mentira, sólo pa dormir un paisa terco y caprichoso. Responde de manera tranquila. Entre otras vino una mujer a buscarlo.
Diego quien estaba a un salto del baño paró en seco mientras sin que Miguel se diera cuenta hacía un gesto de sorpresa.
- ¿Una mujer?.. trato de hacerse el estúpido
- ¿Esa fue la que le hizo el favor?... ta buena. Dice de manera pícara, cómo que le quedo gustando, porque quería entrar y la deje, se quedo unas horas con buste y salió luego con una sonrisa.
Diego se voltea pálido y aterrado.
- ¡!!¿QUE HICISTE QUE?!!
Una carcajada sonó desde el piso. Miguel lo estaba poniendo a prueba, y como siempre lo molestaba.
- Le dije que era tu enfermero, y que por órdenes médicas necesitabas tranquilidad. Voltea los ojos con una sonrisa. Se molesto y se fue furiosa... jajaja... Diego tiene una novia intensa jajajajaja.
Diego mira a Miguel de manera amenazante, ese chistecito no le había gustado “ni cinco”. Tras ir al baño y asearse el rostro se sentó en un escritorio a leer el documento sin dirigirle la palabra, evidenciando su molestia, fuera que estaba nervioso, Miguel lo ponía más.
Su mejor amigo sintió la tensión y trato de disculparse, pero Diego prefirió ignorarlo, a pesar de sus excusas. Comenzó a leer lo que tocaba hacer y el temblor de su mano izquierda se incrementó, lo que dificultaba pasar las páginas. Miguel lo miraba como un hermano menor que quiere llamar la atención, Diego sabía que estaba aburrido, pero estaba furioso, así que lo dejaría en ascuas por un tiempo.
Justo en ese momento tocan a la puerta y Miguel corre abrir la puerta, lo que preocupa nuevamente al tremere quien no pudo evitar la diligencia de su hermano. Afortunadamente, esta vez, era sólo un criado que les traía vitae y como era usual le brindo a Diego su cuello para tener liquido caliente que le ayudara a curar rápidamente sus heridas.
“A Diego como qué lo consienten mucho en este lugar” sonrió pensativo Miguel, “lástima que este con los nervios destrozados, y no se de cuenta de tantas consideraciones... sí sólo pudiera relajarse un momento... las pepas esas funcionaron por un tiempo, pero... ”
La alimentación de Diego terminó en breve y tras salir el criado se sentó derrotado en el mesón agarrándose la cabeza. Sentía una combinación de angustia e ira.
- ¿hora que fue?. Pregunta Miguel preocupado
- Tenemos muy poco tiempo, y pasé toda una noche dormido, y debí entrenarte. Dice de manera amarga.
- No joda, ahí si está pintado buste, preocupándose por pendejadas, no debe ser tan difícil ir de un lugar a otro con un papel pa que lo firmen, además, esta primero su salud que un pinche papel de porquería qué ni buste sabe de qué trata, más bien, comencemos ya que, en tres horas hay un partido de futbol. Añade mirando el reloj como esperando que eso llegara.
La situación era compleja. Aunque a Miguel la labor no le parecía difícil, a Diego sí, y más después de leer por encima algunas condiciones del protocolo, miró a Miguel, y tuvo una idea catastrófica, no quería pelear con su amigo, no se lo perdonaría sí algo le ocurriera.
Diego demostró de repente su humildad, y pidió disculpas dejando de lado su mal humor. Decidió tomarse el asunto con calma pero con seriedad. Así que después de ducharse, (utilizando una bolsa en el brazo para que no se le mojara el yeso), comenzó a comentarle a Miguel lo que debía hacer, al parecer, tendría que enseñarle normas de educación y diplomacia, pasando por Careño, hasta normas simples de negociación y educación. Para alguien que poco sabía de ese asunto, sería todo un reto.
****
Terence por primera vez en su vida se había drogado sin quererlo. Había quedado sentando en esa silla por una hora mirando al infinito. Luego había despertado de golpe, el muchacho seguía dormido, y sentía un olor espantoso en todo el lugar. Se levanta y camina hacia la cocina, la peste aumenta y una rata sale corriendo cuando siente el movimiento. El se toca la cabeza, le costaba concentrase. La cocina era un desastre, no cumplía con las mínimas normas de sanidad, y en una de los botes de basura, se podía oler comida en descomposición, y sobre eso, y de manera desagradable unas jeringas.
Este muchacho se está suicidando, pensó para sí, sintiendo una gran compasión por él. Su vida era un infierno. Entonces sube la mirada hacia el reloj de la pared y se asusta. Media hora para el amanecer.
Toma un trapo, y recoge una de las jeringas, lo hecha en una bolsa, y sale apresuradamente del lugar, mirando el cielo. Debía llegar al hotel.
Caminó, pero no le pasaba ningún taxi, así que se apresuro, pero estaba drogado, así que no podía ser muy rápido. Corría, y de repente los reflejos le fallan y cae de bruces en el suelo, le pareció sentir que alguien lo observaba. Entonces la suerte llega y un taxi para y lo recoge. Entra al hotel de manera apresurada y dos minutos después, había comenzado a aclarar. La habitación no estaba protegida, no tuvo tiempo para hacer el ritual, así que tras cerrar la puerta, se encerró literalmente en un armario, hasta la próxima noche.
****
- GOOLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLLL
Un grito compartido de Miguel y Diego inunda medio piso de la capilla. ¡Diego estaba animado, que golazo el de Nacional! Y de repente se da cuenta que están gritando mucho, suena un golpe en la puerta. Diego camina asustado hacia el umbral, y ha sorpresa, frente a él estaba el regente Dieter quien estaba algo serio.
Diego palidece. No había adelantado nada de trabajo. ¿y ahora que le iba a decir?, bueno, trataría de mentir... un poco.
- Buenas noches, ¿Cómo sigue?. Le pregunta de manera amable, ¿cómo va el entrenamiento?
- Eh. Responde rápido. Avanzando señor...lento. Responde apenado.
Dieter lo mira como si disfrutara ese momento.
- Bueno, eh, supongo que después del partido seguirán trabajando.
- Sí señor. Muestra una sonrisa.
El regente se aleja y Diego se siente terrible. Miguel le grita que se apure que acaban de expulsar a un jugador. Diego se sienta a su lado como una tabla.
- Miguel, debemos trabajar. Lo mira. Vos debes ajuiciarte, me acabo de meter en un lio con el regente, tú me tenías que convencer para ver el partido.
- Jeje pobre de Dieguito, como lo torture para convencerlo. Dice Miguel con sarcasmo, señalando la pantalla y recordando que Diego acepto sin problema. Luego estudiamos, eso le sirve pa que se tranquil... no termina la frase y dice ..hay juemadre penal..
- Vos estás mal, eso no fue penal, ehhh ave maría, si estaba fuera del área. Dice Diego metiéndose de nuevo en el partido.
- Sí fue... espere a ver que dice el de negro.
Mientras en su oficina el regente se sonríe. Parecía que tenía dos niños en la capilla, era interesante conocer esa parte de su aprendiz, aunque esperaba que trabajase un poco.
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Un dolor en el cuerpo y en la cabeza lo invaden. Tiene un temblor. Había dormido muy incómodamente y sentía que la espalda se le había torcido. Abre la puerta del armario y le duele todo, se acomoda sus lentes, sus ropas están arrugadas, su pelo despeinado, y adicionalmente, apestaba al apartamento del chico.
Se levanta. “Ohhh mi cabeza”, era la primera vez que se sentía realmente enfermo. Se recostó en la cama y cerró los ojos haciendo presión con sus dedos en el tabique.
De repente un sonido hace que salte de la cama asustado. Su teléfono móvil tenía un timbre muy estridente. Ese sonido lo estaba matando. Rápidamente se abalanza de manera torpe hacia él y lo toma evitando que se caiga. Contesta de manera lastimera.
- Buenas noches, ¿ya tiene el dato que le pedí?
Terence cierra los ojos, sí, lo tenía, pero no sabía donde lo tenía, miro confundido todo...

1 comentario:
o.o me encanta cómo trabajan Diego y Miguel... es más *se instala a ver el partido también* *^* por eso los amo! xDDDD
o.o me tiene preocupada Terence... algo me dice que en el día pasó algo... es peligroso que no pudiera hacer el ritual o.o
(xDDD las ideas de miguel sobre la magia tremere me encantaron xDDD dieter con túnica! *^*)
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