lunes, 22 de febrero de 2010

NI ROSAS, NI JUGUETES


Era una noche ventosa. El frío  de las madrugadas bogotanas se podía sentir de manera implacable, pero para aquellos que no respiraban, solo era otra noche fría. El cambio de clima de cálido a frio era un recordatorio de que habían llegado al lugar al que llamaban hogar. El Cuervo sentía los ojos de su amigo de manera evaluativa en su frente, tratando de interpretar cada gesto, cada movimiento de su cuerpo, sentía que lo miraba como un padre a un hijo, como un policía a un reo.... No se sentía cómodo.
 Las palabras eran pocas, y ambos dentro de su ignorancia no sabían que decir, eso sí, en el avión había sido concertadas “las repentinas vacaciones” que se dio el Brujah, para darse un “respiro” de su reciente separación. Eso todos lo entenderían, y nunca sabrían “la verdad”.
Sin embargo, la verdad entre ambos nunca se borraría. El Cuervo se sentía apenado e impotente hacia aquel que llamaba su amigo. Ahora comprendía un poco, como al perder la razón, también había perdido la confianza de quienes amaba,  la autoridad, y el manejo que tenía frente a su propia vida. Había sido incapaz de sobrellevar una crisis personal como lo harían la mayoría de las personas, y aunque enloquecer era entendible, no lo era para la sociedad. No era un Malkavian, y la locura no era una forma de vida para él. Siempre se burlo de los locos, pero nunca pensó que terminaría en sus filas.
Antes de bajar del avión El Cuervo se asea,  se pone gel en el cabello, se peina hacia arriba, se pone  la ropa negra que siempre ha usado, las botas con metal en las puntas, los pantalones de cuero, la camiseta y la chaqueta larga, donde guarda las armas.  Sale caminado de manera erguida, con cara de pocos amigos, como siempre lo ha hecho, como siempre ha querido ser visto, como un hombre al que se le debe tener miedo. Al salir del aeropuerto lo espera su camioneta 4x4 con ventanas  polarizadas, y dos hombres armados, son sus escoltas, no los necesita, pero está en Colombia y suele tenerlos para protección. Al volante del carro esta William, su fiel criado, y el único, a demás de El Pelusas que sabe “la verdad”.
Se montan al carro en silencio,  él prende un cigarrillo, y dice “A Casa Willy”. El criado solo sonríe complacido y conduce hasta el lugar.
La casa de El Cuervo queda en el sector de las bodegas de Puente Aranda. Es un lugar  de estratos uno y dos, cuyos vecinos, residentes pobres, nunca se imaginarían que tras la fachada de una horrenda bodega del sector se encuentra la sede central Brujah y la casa de El Cuervo.  No era la casa oficial del clan, pero contenía objetos importantes y representativos del linaje.
El había sido la mano derecha del primogénito de la ciudad, quien había sido su Sire.  Al morir éste,  El Cuervo fue postulado por terceros para ser su reemplazo, pero el elegido para el cargo  fue otro más antiguo, el sheriff: Gustavo Morales, más conocido como “El Comandante”.   En realidad, por derecho, su ex mujer debería ser la primogénita, pero el príncipe prefiere que ella sea la guardiana del Eliseo, y no le da el titulo que por su antigüedad ella se merece.   Es una injusticia.
Al Cuervo, el titulo poco le importaba, aunque muchos lo creían un líder, él se pensaba más como un hombre de negocios.
El carro no entra directamente al depósito, sino que lejano a él, en un barrio estrato medio hay un edificio con el aviso de una empresa de seguridad. Entrando por el parqueadero del edificio, y gracias a  la malicia indígena de los constructores se pasa por un corredor vehicular subterráneo de unos 200 metros que desemboca a  la casa.
Las paredes altas de la bodega, ocultan un interior cómodo. Un parqueadero de piso asfalto, es solo el comienzo del sector,  pues, un  edificio de ladrillo  de  tres pisos  se alza imponente.
Lo primero que se ve al bajar del vehículo es un jardín   con básico pasto, sin mucha gracia pero  que al acercarse a la puerta iluminada, algo extraña,  posa  la estatua de una Venus de Nilo con ojos de esmeraldas originales. A la vista de los expertos en arte, esta estatua sería una  clara ofensa a los artistas griegos, pero a los ojos de Cuervo era la cosa más bonita que pudo haber comprado.
Pasan por la entrada sin mirar mucho el monumento. Los escoltas se quedan afuera mientras ellos entran al edificio. Un corredor principal  deja ver un lugar amplio, suntuoso y sin un tema definido. Una sala de estar a  la derecha, y otra más grande a la izquierda con distintos juegos comunitarios. En realidad algunos miembros del clan  asistían a la casa, para reuniones y entrenamientos, pero eso, desafortunadamente con la separación, y todos los problemas quedó temporalmente suspendido.
Mientras se escuchan saludos de bienvenida a El Cuervo, éste se dirige rápidamente al fondo, donde hay unas escaleras que llevan al segundo piso, tras unos breves saludos sube ágilmente mientras El Pelusas parece estar algo angustiado y trata de alcanzarlo sin mucho éxito.
-          Parce... parce... espere... espere... hermano.
Sigue caminando y va directo a su habitación, y justo cuando abre la puerta, El Pelusas dice:
-          Es que se me olvido decirle que…
Pero era demasiado tarde, él ya había entrado. Un dolor punzante en el pecho le estremeció mientras un hormigueo se apoderaba de su cuerpo. Su cuarto estaba semi vacio. El gran tocador que había en su habitación, y que pertenecía a ella, no estaba, así como sus cosas. El  Cuervo paralizado se queda mirando el suelo con unos ojos a punto de llorar.
-          Perdone hermano, se me olvido decirle, la hembra llego una noche y se llevo las vainas, los muebles los puso en el antiguo cuarto del Nicolás, y las otras cosas, las metió en una maleta y se las llevo. El Pelusas se nota muy afanado por la reacción de su amigo. Y bueno, le dejo una maleta con sus  cosas que estaban en su casa.
El hombre se sienta en la cama, tratando de controlarse, mira la habitación sintiendo de repente cómo  todo ese espacio era muy grande para el solo y  tratando de no llorar, sólo medita adolorido. “Mi  escorpina, ¿porque se llevo todos los chécheres de esa manera?, se comporta como una patana”
-          ¿Pero porqué la hembra se llevo todo así?,  sin decirme nadas. Simplemente murmura
-          Simple mi perro, porque  esa vieja es una gran... Dice una vulgaridad.  Pero no se preocupe parce que yo evite que se llevara algunas otras cosas, porque esas vainas eran suyas, que tal, la vieja entro a la habitación como si todo fuera de ella, y no parce, buste tiene también sus cositas, así que no deje que tocara nada de lo suyo. Igual bueno. Aclara. Parte de sus cosas ya las empaque... por lo del viaje.
El Cuervo mira al Pelusas tratando de evitar llorar al ver su cuarto así. Tiene razón parcero, aquí ya no hay nadas para este pecho Yo, Baja la cabeza, quiero alistarme a dormir parce, déjeme solo.
El Pelusas lo mira inquisitivo. Seguro que no se va a cortar la cabeza si salgo, mire que si...El Cuervo mira con tedio a su amigo y le dice:
-          Que NO Pelu, que no me voy autoquebrar, no me joda. Manotea. Debo seguir como dijo el doctor. Dice de manera amarga. Soy una tapa sola, sin frasco...
-          Hay juemadres, ahora si buste terminó de corrérsele el champú, ahora se cree tapa.
El Hombre mira pesimamente a su amigo, casi como si quisiera pegarle. Sabe que, lárguese de mi cuarto, déjeme solo... y saca a El Pelusas del recinto casi a empujones  y cierra la puerta de un portazo. No me joda Pelusas, si no quiere que el quebrado sea otro. Le amenaza al otro lado de la puerta. Tras cerrar la puerta y gritar, El Cuervo se siente derrotado. Va al baño y se sienta en la tasa meditando por unos minutos,  mientras una lágrima de sangre se escapa por su mejilla. Se levanta lentamente, se desnuda y entra a la ducha a bañarse.
Cuando sale de la ducha, se da cuenta que su criado ya ha puesto un pantalón de pijama bien doblado listo para usar en uno de los muebles. Se lo pone en silencio y sale del baño con su pecho desnudo. Como usualmente acostumbra a dormir. Toma una copa pequeña de una de las mesas y se saca sangre para William, quien  en ese instante entra a la habitación. El Cuervo se alimenta de él y tras terminar le da de su preciada vitae. Todo lo hace tratando de aparentar calma.
Mientras el criado baja el caparazón metálico que evita que la luz entre a la morada, él ya se ha acostado en silencio, y justo en ese instante entra El Pelusas con la medicina. Su mirada denotaba disgusto, por tal motivo le da el preparado a su hermano sin hablar, pero si con un gesto de “darle en la jeta” si no se la toma.  Tras beber la porquería esa, y “hacerse el bravo” el hombre cierra los ojos, espera que todos hayan salido de la habitación  y  acaricia dulcemente la parte izquierda de su cama.
****
Dos copas de cristal sucias del peculiar líquido rojizo reposa en una mesa mientras la sala esta peculiarmente desordenada.  Música romántica de una emisora local se escuchaba de fondo. Su amante y nuevo compañero ya se había ido y ella estaba sola en el sofá, algo ebria. Mientras trataba de acomodar su trenza al mismo tiempo trataba de ordenar sus pensamientos: no sabía porque de repente se había acordado de él.
Inicialmente la llamaba diario rogándole, pero luego las llamadas pararon, y el se fue de viaje. “Seguro acompañado de una de sus nuevas amiguitas”, y ahora el nuevo rumor es que había regresado hace 3 días y que planea viajar a Europa.
Era extraño, el nunca tuvo una iniciativa como esa antes...
Sentía rabia hacía él. Luego de que terminaran y que él desapareciera, se había enterado por boca de la misma consorte del príncipe de los coqueteos de su ex con unas mujeres en Cartagena, y no solo eso, se entero de muchas ocasiones en las que le mintió por estar con amigos y otras actividades... El muy perro, siempre aprovecho la oportunidad para coquetear con otras.
Y ahora como novedad, tenía de vuelta esa caja que le había enviado con el anillo que algún día él le regalo, con la nota con letra de sus criados que decía que “era grosería devolver las cosas que se regalan, y que podía hacer con el anillo lo que se le diera la gana”. Estaba molesto, no había que ser genio para darse cuenta, igual, a ella no le importaba, había sido una tontería haber intercambiado anillos hace unos años.
El día que se entero de las mentiras y de las otras viejas fue  furiosa,  recogió todas sus pertenencias de la casa y le devolvió todo lo que él había dejado en la de ella, incluyendo ese anillo que había vuelto nuevamente a ella.
Ya lo lanzaría en algún lado.
Era mejor cortar de raíz con él, igual tenía una relación que iba viento en popa, nada comparado con lo anterior.
¿Qué demonios estaba pensando cuando se metió con ese fulano? Ese cretino. Fue que terminara con él para que todas las verdades salieran al sol. Pero eso sí, cuando le termino  no la dejaba en paz con sus llamados. Lo extraño es que no había vuelto a llamar.
Idiota... ¿quién te crees?  Dijo dentro de su borrachera hablando para sí. Se acabo, acéptalo.
Y entonces en ese momento suena una canción en la radio que la pone eufórica. 


(Pulsar con doble click el botón play hasta que el dial cambie a verde)





Yujuu... esa es Paulina. Dice borracha. Esa es la canción para él, puede irse a la china si se le da la gana,  ¡¡a mi no me importa!!... Parece como si la hubiera escrito pensando en ese man, jajaja se ríe descontrolada... ve y búscate una tonnnta que te haga el favorrrrrrr ...jajajaja... ¡yo soy mucha mujer para ti chulo desgraciado!
 Y en ese momento le marca al teléfono, y al contestar le dice. Sabes, te la dedico, y pone el teléfono cerca al radio, solo escucha al minuto la frase “No sea tan hijueputa, parcera” e inmediatamente la llamada se corta.
La reacción del hombre la frena, y de repente no puede  evitar sentirse culpable, el tipo no se estaba metiendo con ella para nada, y ella de manera infantil estaba buscando llamar su atención, pero nunca pensó que la insultara por teléfono. No iba a llamarlo a pedirle disculpas, eso sonaría como que lo está extrañando, y eso en ultimas era falso...
Bueno por lo menos era lo que ella pensaba en el momento.
****
El hombre había tenido unas noches bastantes pesadas, estaba arreglando todo para irse, la casa estaba llena de cierta melancolía mientras el trataba de ocultar su depresión. Había tenido cierta fortaleza al no llamarla ni buscarla nuevamente, y sin embargo, ¡ah, sorpresa!, ella lo llama y le dedica una dolorosa canción.  ¿Por qué le hacía esto?, es que acaso no se daba cuenta que en todo esto el que más sufría era él. Cuando tuvo la oportunidad escucho completa la canción y no pudo más que desanimarse, más. Se sentía culpable, sabía que muchas veces hizo cosas que no lo hacían el mejor de los  novios, se había equivocado. Los sentimientos de minusvalía y culpa  aumentaban y reforzaban la profecía de El Pelusas. “Si él no se aleja de esa vieja, él se hospitalizaría de nuevo”
Los hermanos hicieron las paces tras las últimas peleas. Era difícil para ambos. El Pelusas tenía miedo de que El Cuervo enfermara, y él tenía miedo de perder su autonomía, y  volver a perder la razón. Era todo un dilema, ambos actuaban en un juego relacional curioso, y sin embargo a pesar de las discusiones en las noches se ponían a ver televisión juntos, y hablaban. El Cuervo estaba en una situación vulnerable y El Pelusas lo sabía.
Todas las separaciones dejan secuelas para ambas personas, y más después de tanto tiempo. Se construyen sueños comunes, se comparten miedos e ilusiones, y adicionalmente, las uniones tienen consigo aspectos legales y de bienes que siempre hay que revisar. La casa, aunque es de El Cuervo, también es la cede  para la línea de sangre Brujah de Augustus, Sire principal de toda la línea de chiquillos posteriores, nacida hace aproximadamente dos siglos.
Cuando el Cuervo construyo la casa, lo hizo en comunión con Nicolás, bajo el precepto de que la misma seria un lugar  sagrado para el clan y para su línea de sangre. Por tanto Hanna (quien es “hermana” de su Sire)  tiene total acceso a la casa, así como algunos otros. En cierta forma, en su ausencia, quien se encargaría de la casa, y de los criados sería ella.
Por otra parte, El Cuervo decidió  (por sugerencia de El Pelusas) cortar todo apoyo económico a su ex mujer. Cancelo la tarjeta de crédito subsidiada que le tenía, y aunque le sugirieron pasarle la deuda a ella por medio del banco, él decidió cancelar la totalidad de la deuda (que no era poca) y así cortar de raíz ese aspecto. Igual aunque la tarjeta la pagaba ella, él, como buen ex marido quiso dejar todo en regla.
El irse del país lo ponía nervioso, no sabía cómo podría sobrevivir en otro lugar donde ni siquiera se hablaba el idioma. Seguiría con sus oficios desde allá, pero le sería más difícil, estaba arreglando todo eso antes de irse, era un paso riesgoso hasta para los negocios.
Las noches pasaron rápido, y de repente, ya era  el momento de partir. La casa parecía sentir la ausencia de los que aún no se habían ido. Era un volver  a comenzar. Era un vivir lejos de sus raíces.
Las maletas estaban empacadas, los contactos estaban hechos, la cita con el príncipe estaba establecida, todo estaba listo para partir. Los ojos negros de El Cuervo habían adquirido un color pardusco antes de su salida. El miedo y la tristeza se apoderaban de él. El Pelusas le decía frases de ánimo mientras salían. Despedirse con una mirada de ese lugar al que consideraba su hogar era realmente difícil.
Condujeron directamente hacia el Eliseo. Había que despedirse del príncipe, era un signo de respeto hacia el gobernante, sin embargo aunque era algo protocolario, no dejaba de ser incomodo. Hanna estaría ahí, ella era la guardiana, y era su trabajo.
El Cuervo por un momento fantaseó en una posible reconciliación, un abrazo, un beso, y una frase de “no te vayas”. Una reacción dolorosa cruzo por su rostro, y El Pelusas supo inmediatamente lo que ocurría. No por nada tenía un vínculo especial con su hermano.
Cuervo, dice de manera calmada con su usual lenguaje vulgar. Escúcheme, todo va a estar bien parce, entraremos, hablara con el príncipe y saldremos en quince minutos, no se me nerviose, ni se me ponga como buste sabe. El Cuervo lo mira a través de sus lentes oscuros que ocultan sus ojos inyectados en sangre. Si ve a la hembra, solo arrecuérdese de todas las cagadas que le ha hecho, simplemente le pide al de arriba que le de fuerza, y chaulines, te vi , nos fuimonos. Hace un gesto de afecto fraternal  a su hermano y finaliza diciendo. Buste sabe que es mejor parce, acuérdese lo que le dijo el doctor.
El vehículo para al frente del Eliseo. Los hombres dudan un poco en salir, pero finalmente lo hacen. El Cuervo trataba de parecer tranquilo, aunque por dentro estaba muy estresado, en algún momento creyó que volverían las alucinaciones. Pero la entrada está libre de ella, y pasan directamente al salón real donde el príncipe los recibe. Se observa curioso acerca de los motivos de la partida, y aunque sabe, en parte, que el motivo están relacionado con una de sus empleadas se conforma con la razón que le dicen los hombres. Da una carta de recomendación personal para el príncipe de la región y pide entregar un cofre –con contenido desconocido- al mismo. El Cuervo acepta el papel de emisario y sale del salón junto con El Pelusas después de la respectiva despedida.
Todo parecía perfecto, pero nada realmente lo es. Al salir, y justo en la salida esta mujer morena  parada. El Cuervo siente un temblor en sus piernas al verla y El Pelusas no puede evitar una mueca.
 El hombre nota como esta de hermosa la mujer, cómo si se hubiera arreglado para esa ocasión. Por un segundo al observarla piensa un alago, pero  luego siente  la presión del brazo de su amigo en la espalda y continua caminando hacia la salida, en silencio, mientras  la mirada de la morena se posa en su ex compañero e ignora al segundo.
-          ¿Se va?- dice la mujer en tono frio.
-          Sí.
-          Que le vaya bien – dice de manera formal.
-          Lo mismo – contesta de igual forma.
El Cuervo camina hacia el auto un poco atontado mientras se da cuenta como su fantasía de reconciliación se ha ido al traste. Cuando se sienta en la camioneta se queda mirando a la mujer y por un segundo hace contacto visual con ella. Adiós nena, siempre estarás en el corazoncito de este man. Piensa mentalmente, mientras el vidrio polarizado sube (gracias a El Pelusas) y la imagen de ella se va perdiendo  a medida que el carro comienza andar.
Nuevamente, todo lo que ve se tiñe de rojo, mientras los sollozos del hombre inundan el auto rumbo al aeropuerto.
Los finales tristes son el comienzo de historias nuevas.

domingo, 14 de febrero de 2010

EN BUSQUEDA DE LA RAZON: 7 y ULTIMO CAPITULO


Esa noche había comenzado muy rápido, había despertado antes de caer la noche con un temor claro y repetitivo sobre el futuro. Su corazón que no latía, seguramente por no haberse alimentado directamente de humanos en este mes y medio, parecía presentir una gran tragedia. La paradoja de todo ello, era, que aunque muchas veces deseo salir de ese manicomio para vampiros, hoy, que era el momento de partir, sentía un terror inmenso.
Tomó su maleta, y de manera delicada, y en realidad, muy organizada comienza a doblar su ropa y a ponerla dentro.  Curiosamente, a pesar de su poca educación y  de sus orígenes humildes, El Cuervo podría decirse era un hombre ordenado,  no en un extremo obsesivo, sino en un modo práctico.  En parte este aspecto era, en últimas, lo que había influenciado en su éxito en los negocios.
Cuando la ropa, y otros objetos estaban empacados, mira entonces a su lado  izquierdo y vio la foto de ella. El rostro  de aquella mujer que había amado tanto, y el motivo por el cual  él había enloquecido.
Tomó la imagen, cuyo marco y vidrio estaban estropeados  y los detallo por unos segundos, sin llorar, pero internamente entristecido.
“Te perdí para siempre, y ahora sólo me queda seguir adelante como tapa sola”
Pensó bajando la mirada y poniendo la foto en la maleta, en medio de su ropa interior, símbolo de lo  íntimo que ella era para él.
Cerró la maleta  en silencio, y miro alrededor ensimismado, caminando hacia el pasillo ruidoso por los gritos de los internos, y cruzando hasta el salón. Había caras nuevas en el lugar, y otras ya conocidas por él. De repente una voz lo asusta justo encima de su hombro.
-¿Ya te vas?- voltea y ve al Nosferatu que está casi encima de él
-Jueputa Rafeo, que me susto- lo mira mal y manotea- deje de hacer eso, que pude haberlo jodido.
-Jeje...ríe como un niño mientras camina alrededor de él. Nunca le des la espalda a un Nosferatu y menos si está loco.
-Lo recordare. Lo mira mal. Cabrón.
- Buuu que miedo, Martin se molesto. Hace un gesto horrible que se puede ver como una sonrisa. Sígueme, cabeza hueca jajaja
Entonces el horrendo vampiro comienza a  caminar rápido entre los pasillos y entra a una de las habitaciones.  El Cuervo sin entender mucho lo sigue y al cruzar el umbral de la puerta esta se cierra de golpe.
-          Rápido, rápido, ciérrenla. Dice la voz argentina de Romano.
-          ¿Se puede saber por qué invaden mi habitación?- dice un hombre molesto, quien evidentemente es Víctor; quién más tendría ese tono quejoso.
-          Por el solo merito pelotudo de decir que invadimos con éxito un dominio Tremere. Añade Romano
Todos menos Víctor rompen en risas.
-          Pero che, si que serás tonto, se ríe acercándose, déjame de mirarme  así pelotudo. Dice Romano en forma muy amigable a Víctor, poniéndole amigablemente el brazo por encima del hombro. Martin se va, y hoy es la despedida, además, “vite”, que cuando tú te vayas, haremos lo mismo. Víctor lo mira de reojo, y aunque trata de ocultar una sonrisa, no puede evitar mostrarla.
-          Si hubieran entrado así a mi capilla, ya estarían muertos. Dice sonriendo. Pero, no estoy de humor para matar a nadie.
Y en ese momento saca una cajetilla grande de cigarrillos de un cajón y El Cuervo se le abren los ojos de par en par mientras mira al Nosferatu.
-          ¿Dónde la conseguiste?... ¿La robaste?
-          No, de robar nada. Niega Víctor. Le dije al enfermero que veía menos homúnculos cuando fumaba, y él me los trajo.
 Todos se miran por un momento.
-          ¿Es decir que si se puede fumar? Pregunta el Cuervo como un niño.
-          Pues al parecer, sí.... se ríe... no tuve que rogarle mucho, jeje hasta me trajeron un cenicero. Lo muestra.
En ese momento El Cuervo se siente como un estúpido, y hace un gesto como quien se muerde internamente la lengua.
-          ¿Y funcionó?- replica el Nosferatu al Tremere.
-          ¿Qué cosa? - replica el otro
-          ¿Ves menos homúnculos?
-          Mmm...sí...responde dudoso
-          ¿Seguro que es cigarrillo y no hierva? Pregunta Romano de manera alegre
Todos se ríen mientras en silencio cada uno toma un cigarrillo. El Cuervo de manera rápida toma dos y  los prende al mismo tiempo, y todos lo miran como bicho raro. Romano comienza a toser casi inmediatamente.
-          ¿Y a que hora vienen por ti?
-          No lo se. Responde  haciendo cara de preocupación. No dijeron
-          Por lo menos saldrás de este lugar. Dice Víctor calmado. Aunque uno se acostumbra a estas cuatro paredes. Niega con la cabeza.
-          Che, pensé que lo odiabas. Lo mira. En realidad, el lugar es detestable, la vitae es mala, las mujeres feas y las terapias ocupacionales aburridas, pero, por lo menos se conoce gente para pasar el rato.  Hace un signo de suspiro. Yo me demoro en salir, eso es seguro.
-          Yo también. Añade el Nosferatu mientras Víctor hace cara de desconsuelo.
-          Anímate hombre, que seguro sales primero que Caín. Todos se ríen nuevamente. Oí por ahí que Caín está interno de manera permanente. Dice el Nosferatu de manera chismosa. Y, además tiene una habitación de lo más bonita, parece como si llevara muchos años en el centro.
Todos hacen  silencio mientras el humo se acumula en el cuarto. No se sabe si ese pobre hombre es afortunado o desafortunado al quedarse.
-          Pos a lo bien, yo no quiero volver. Dice El Cuervo fumando los dos cigarrillos  ambos en una sola mano
-          Nadie quiere hacerlo. Dice Víctor con tono reflexivo. Entiendo porque me internaron, pero es realmente humillante. Suena entristecido mientras mira una hoja con el título  escrito a mano que dice “A que le tengo miedo”. En fin, debo seguir haciendo mi tarea... Le da la mano al Cuervo. Debo pedirle una disculpa por quemarle, no suelo meterme en líos de puños, nunca espere que me golpeara, y si que lo hace fuerte... suerte. Víctor con eso último suena más humilde y humano.
-          No sé, pero yo creo que le darán de alta pronto. El Cuervo Sonríe. Jajaja, nunca le había dado en la jeta a un brujo... a lo bien que no, aunque si lo pensé. Se ríe mientras piensa que si le gustaría darle unos cuantos golpes a cierto personaje que le quito su novia. Disculpe lo de los puños, en ese momento estaba mal.
-          ¿Viste Rafael?...Que ternura. Se burla Romano. Ahora falta que se den un beso. Al decir esto ambos hombres lo miran mal, pero él con su usual personalidad dice. Ya saben, que si nos encontramos luego, nunca nos hemos visto, pero eso sí, luego nos invitamos a un cigarrillo. Le da la mano a El Cuervo y se despide con una sonrisa.
-          Que mal que te vayas .Dice Rafael con burla. Me gustaba seguirte...Suerte con la de la foto.
Martin sonríe pensativo. El Nosferatu posiblemente entró a su habitación sin que él se diera cuenta y no se equivocaba... necesitaba mucha suerte.  Le dio la mano a todos y salió por la puerta.
****
El Pelusas esperaba en el consultorio del médico nervioso. No había visto a su amigo en un mes y medio. No sabía que iba encontrar, había sido un tiempo de mucho dolor para él, el vínculo especial que tenía con su hermano, hacía que su enfermedad mental la viviera él de manera distinta.  No dejo de llamarlo ni un día, y a pesar de su preocupación hubo momentos en que El Cuervo no quiso pasarle al teléfono, y hasta escucho un insulto de él mientras la enfermera le decía que tenía una llamada. Había recibido informe telefónico de los avances de su amigo por boca del doctor. Sabía lo de la pelea, lo del robo, lo de sus escapadas para fumar, todo...

Era curioso, pero no había nada que ese hombre no se enterara dentro de su clínica. La situación en Bogotá se había tranquilizado un poco, pero él sabía que si El Cuervo  no se tomaba distancia de la mujer,  iba a terminar nuevamente hospitalizado, dado que se sabía de memoria la forma como se relacionaban esos dos.  Casi no creyó cuando el médico le informo que podía venir por él.
 Estaba sólo en la oficina, esperando al médico y al paciente mientras miraba todo el sitio con ansiedad. De repente se abre la puerta y la figura de su amigo se asoma.  Las miradas se cruzan al igual que las sonrisas, y posteriormente  vienen los abrazos y las lágrimas. Las palabras de afecto no se dejaron esperar, y ambos hombres estaban felices de verse.
El médico quien presencio todo  desde la puerta no puede más que alegrarse.
-Parcero, ¿está bien parce?
-Si, Pelu, ya estoy bien.
-Ya por lo menos habla parcero, ¿sigue bravo con mi persona?
-No parce, ya no. Dice el hombre con los ojos llorosos. Mi perro es mi hermano, no puedo estar rabón con buste por mucho tiempo.  En realidad ambos eran familia, no tenían los mismos padres pero eran espiritualmente hermanos.
El médico se sienta, los mira y dice sin más. Evidentemente hoy sales Cuervo. Al decir eso ambos ponen atención.  Estoy muy contento que el señor Pelusas haya venido a recogerlo, ambos como familia que son deben estar unidos para afrontar los problemas; deberán trabajar juntos. Mira a El Cuervo y dice. Pero que salgas de la hospitalización no quiere decir que concluya tu tratamiento. Mira su libreta. Te mandare esta fórmula que deberás tomar  mezclada con vitae apenas despiertes, y  antes de amanecer. El cuervo hace una cara de fastidio y asco. He escrito todas las indicaciones, aunque si tienen preguntas pueden llamarme. Mira al acompañante.  Le pido a usted señor Pelusas  que esté pendiente que El Cuervo tome el medicamento.
-Pero yo puedo tomármelo solo. Protesta el Cuervo
-No lo dudo señor, dice el médico serio, pero necesito que el Pelusas supervise que se lo toma, porque usted puede recaer si no lo hace.
-Si parce, dice el Pelusas, quien toma la formula que le da el médico y comienza a leerla, casi como si se tratara de un padre que lee las notas de su hijo. Yo le daré la medicina, y usted más le vale que se la tome sin protestar. El Cuervo hace mala cara.
- Señor Cuervo, entienda una cosa, que es algo que ya le he dicho. Lo mira. Le di el alta porque ya tiene contacto con su realidad, pero sus problemas no se han solucionado totalmente, va necesitar que siga terapia en su lugar de residencia. Le da unas tarjetas al Pelusas, estos son mis recomendaciones para continuar su tratamiento tanto en Bogotá como en Italia.
En ese momento el Cuervo mira al médico con una sonrisa: ¿Italia?... no doctor, yo vivo en Colombia.
El Pelusas y el médico intercambian miradas. No parce, buste y yo nos vamos pa las Italias, lo decidí yo.
-¿Cómo así?... Yo no me voy pa’ las Italias, ni loco que estuviera... No señor, yo en Bogotá me quedo.  
El Pelusas mira al Cuervo a los ojos y le dice en un tono alto  poco usual en el. Pues no, no Cuervo... Y en ese momento el Pelusas muestra mucha autoridad y seriedad. Buste no sabe como está la situación en Bogotá, y “yo” no voy a permitir que lo vuelvan mierda. Lo mira  molesto con autoridad. Busted puede ser mi Sire y todo lo que se le puede dar la gana, pero de ahora en adelante buste es mi responsabilidad, ¿entiende? Así como dijo el doctor, yo debo cuidarlo... otra maricada suya como la que ya paso, no la quiero volver a vivir. El Cuervo se queda  paralizado, sintiendo que había perdido el control de su vida. Yo tome esta decisión por su bien parce. Dice el Pelusas con los ojos llorosos.  O acaso cree que yo la pase de fiesta mientras buste sufría... No. Cada vez lo mira más serio. Y le juro Cuervo que si buste no se va conmigo, yo me le abro. Dice esta vez amenazando y furioso. En otros términos le comunicaba que de no irse con él se iría lejos de él.
El Cuervo lo mira inseguro y bajando la cabeza se le lloran los ojos. Esta bien parce, pero no se enrabone.... Niega con la cabeza golpeando un poco el sillón, tanto como pa’ abrirse de mí, pos no. Sentir que su amigo tal vez lo abandone le dolió mucho.
El médico quien había escuchado todo en silencio dice al fin. En realidad, creo que un cambio de ambiente le ayudara a superar su perdida. Sonríe. Esto no debe ser un motivo de peleas entre ambos, sino algo que ayude y mejore la situación actual. Dice calmadamente. Por eso, en el lugar donde se encuentre debe buscar ayuda, vale la pena seguir con su vida, seguir creciendo, y buscar la forma Cuervo de que usted se sienta más cómodo consigo mismo.
El Cuervo no puede evitar llorar mientras el médico habla.  Salir del centro a la realidad no era nada fácil, y más cuando no se esperaba que le cambiaran la película.
Parce, le dice el Pelusas de manera amable, perdóneme por gritarlo, pero a lo bien, que yo no quiero que la hembra esa lo siga jodiendo... Lo abraza de medio lado y le dice. Hermano, hermanito, no me chille, que mire que… y en ese momento comienza a llorar. Yo lo que quiero es que buste sea feliz, ya la hembra lo pateo, pero la vida sigue parce, y  ambos somos como dijo el doctor, familia, y ahora yo debo ayudarlo a buste, ya es hora de devolverle todo lo que ha hecho por mí, por eso nos vamos pa las Italias, y ahí seguirá trabajando, ya veremos que hacemos...
El Cuervo sólo señala con la cabeza de manera afirmativa, y procede a escuchar las indicaciones del psiquiatra, donde principalmente,  compromete al Pelusas a hospitalizar nuevamente a El Cuervo si vuelve a entrar en crisis. Salen del sanatorio en silencio, y toman un avión privado hacia Bogotá. Había una mezcla de emociones confusas  en el avión. Todo indicaba que sería el comienzo de una nueva vida.