lunes, 22 de marzo de 2010

DIARIO DE UN CONDENADO (4ta Parte)

Han pasado dos meses desde la última vez que escribí. Se me han caído mechones completos de cabello y mi piel ha adquirido un color grisáceo que no se ve bien. Me veo tan mal que creo que asustaría a cualquiera... y creo que ya lo hice. Estoy feliz porque por primera vez en mucho tiempo recibí visitas. Vinieron Diego y Terry a visitarme. Ayer mismo se fueron, duraron acá  solamente tres noches.

Debo aceptar que fue una buena estrategia para levantarme el ánimo. Me comentaron que no sabían que venían a visitarme, el único que sabía de esto era el regente. Los mando a una ubicación con la excusa de otra diligencia y ahí, encerrados en una especie de caja, los llevaron vía aérea a donde yo estoy. Es curioso todas las molestias que se toman para ocultarme.

Cuando entraron por la puerta pude observar que no se esperaban encontrarme así, y aunque Diego García, como buen médico, supo ocultar su estupor. Terry se puso pálido como las paredes del lugar. Fue agradable verlos.

Tal vez eso me motivo a continuar con el ejercicio. Como establecí antes, me juzgaron ante el clan por traición.  Siento que si hubiera sido por mi sire me hubieran condenado a muerte, pero dado que el comité estaba conformado por  siete jurados imparciales, que revisaron la situación esto, afortunadamente no se dio.

Establecieron que si bien, yo tenía derecho a una vida privada, el hecho de no informar y ocultar información era una falta grave de  desobediencia, y que mis acciones habían puesto en riesgo la mascarada  y también al clan. Pusieron en tela de juicio la confianza que se me podía otorgar, dado que si por 10 años no comunique esta situación, podía ocultar otras situaciones. Sin embargo determinaron que las consecuencias por mi malograr no podrían compararse a las de traición y por tanto no sería necesario que me llamaran a Viena.

La condena estableció varias penas a cumplir, en primer lugar perdí la libertad de independizarme de la capilla a pesar del nivel de aprendizaje que reportaba. La segunda fue Negarme de por vida mi regreso parcial ó definitivo al estado de Missouri. Lo cual lógicamente implicaba que debía trasladarme a otro estado. Lógicamente el contacto con mi esposa y mi hijo estaba rotundamente prohibido. La tercera condena me exigía mantener trabajos  de alta exigencia por 3 años, y  presentarme cada 7 meses por 10 años al pontífice de la región para hacer actos de obediencia. Lógicamente eso implicaba que el regente, tendría una especial atención a mis acciones. Estaría en seguimiento constante.

Aunque las sanciones pudieron ser peores, el quedarme en la capilla y no gozar de mi independencia, fue el peor de los castigos. Acepte todas penas a cumplir, y aunque inicialmente me dijeron que me mandarían al estado de Ohio, en una vuelta del destino, y por intervención de mi sire (que me odia), termine en los Angeles, dado que, uno de sus amigos era el regente. A decir verdad él quería asegurarse de hacerme la vida imposible, y Alan Domenici, hizo exactamente eso.

 Durante el primer año que estuve ahí sufrí un trato casi esclavizante. Lo curioso es que no manifesté en ningún momento mi inconformidad, y los “trabajos de alta exigencia” los hacía de manera tan simple, que le hacían pensar al hombre si realmente me estaba exigiendo. Todo cambio cuando al año de estar yo ahí, por una situación que todavía no comprendo del todo, cambiaron al regente. Dieter Schaeffer llego a remplazar a Domeneci, y demostró desde el primer momento ser todo un sabio. Años después me comento que el ex regente lo primero que hizo al entregarle el cargo fue hablarle mal de mí y agradar la gravedad de mis antecedentes.

El regente Schaeffer, me hizo darme cuenta que no todos aquellos que están en su cargo son iguales. Desde un comienzo tuvo la filosofía de evaluar y acomodarse con los aprendices de su capilla tratando de formarse una opinión personal de cada uno, antes de juzgarlo. Soy consciente que los primeros años a su servicio fueron de constante evaluación, pero poco a poco, el hombre se dio cuenta de cómo era realmente yo, y los trabajos de alta exigencia se convirtieron en  responsabilidades gratas acorde a mi nivel. No lo hacía ver como un castigo, sino como un reto. Lo curioso es que esos 3 años de trabajos de alta exigencia se mantuvieron con el tiempo.

Lo que lamento en realidad en todo ese tiempo, fue haber conocido a Michael Oren.  El causante de todas mis  desgracias. Oren es el sujeto más arrogante y detestable que he conocido. Le gana a mi sire por mucho, y eso ya es decir mucho de él.

Oren era la mano derecha de Domeneci, pero no era un sujeto que me inspirara confianza. Desde el primer momento que lo vi, sentí que el tenia algo oscuro y turbio. Muchos vampiros lo tienen, pero él a pesar de su sonrisa constante y de sus frases inteligentes tenía algo más. A mala hora me lo hice de enemigo, la competencia entre los dos era evidente, y el odio era mutuo, sin embargo yo consciente de que algo no me cuadraba busque alguna forma de desacreditarlo pues me parecía que algo había extraño en su actuar.  Desde que llego Schaeffer  el sintió que le quitaron su poder, y  trataba de  ganarse al nuevo regente por todas las formas posibles. En realidad fue también el destino que me llevo a darme cuenta de  eso.

Pasaron  más de 10  años, y yo siempre fui la piedra en el zapato de este hombre. Se puso sumamente celoso cuando el regente accedió a darme un laboratorio particular dentro de la capilla, lo cual en cierta forma me daba un estatus, y me permitía mayor comodidad. La bolsa se rompió cuando descubrí una posible intención de desfalco en un proyecto que le habían adjudicado a él. Le comunique  como economista al regente mi preocupación, por algunos proyectos sin decir nombres, pero el regente que no es ningún tonto lo entendió de inmediato, y realizo ciertos estudios. Una semana después me adjudico el proyecto a mí.

Recuerdo que esa noche venia del parqueadero y me lo encontré.  Iracundo se lanzo a golpearme. Yo me defendí como pude y le di un buen golpe.  Me dijo que ,“ante Dios o el demonio me arrepentiría de esto”.  Molesto dejo la capilla de los Angeles y se puso al servicio de un regente en un estado del norte.

Si yo hubiera sabido...

Unos pocos meses después llego a la capilla un nuevo aprendiz de alto nivel. Vino con un sobre debajo del brazo, tal como yo había llegado años atrás.  Yo sabía que significaba, venia con indicaciones especiales de  algún pontífice ya fuera por disciplina o por  otras condiciones especiales. Me dio dolor de cabeza el pensar que se trataría de otro farsante como Oren, pero al parecer el hombre no tenía intención de resaltar de manera negativa. En el ritual de bienvenida a la capilla me pude enterar psíquicamente que su nombre era Diego García, de profesión medico procedente de Colombia, y de algunos países de Europa y oriente. Parecía haber viajado mucho. Su buen inglés con acento latino fue lo que me llamo más la atención cuando lo conocí. Me dio la impresión que llegaba algo nervioso o predispuesto a la reacción del regente, sensación que creo disminuyo notablemente a medida que fue pasando el tiempo. Al igual de lo ocurrido conmigo, el regente le puso a prueba por un tiempo, y luego  le dio funciones especificas  asociadas  las comunidades latinas de los Ángeles. Le adjudico un laboratorio y le encomendó investigaciones.

El Doctor García resulto ser un buen apoyo en la capilla, y creo que por eso y por su actitud de soporte fue que comencé a conversar con él. Poco a poco desarrolle una especie de amistad profesional con él. No soy un hombre de muchos amigos, en realidad por las experiencias pasadas suelo desconfiar mucho de la gente, pero una buena relación de colegas es necesaria. Aun recuerdo cuando me invito a su apartamento a tomar una especie de licor local de su país. Hizo una llamada y  caminamos a su apartamento a unas pocas calles de la capilla. Mientras lo hacíamos me comento que  él vivía en su apartamento con su mejor amigo, quien hasta ahora estaba aprendiendo el idioma y me pidió un poco de comprensión al respecto, pues el mismo estaba un poco nervioso dado que no me conocía.

Nunca se me olvidara la cara de Diego cuando al abrir la puerta  encontró un letrero escrito en inglés que decía: “En esta casa no somos capitalistas, vivimos felices con lo poco que tenemos. ¡Abajo el dominio Yanqui!”. Casi puedo recordar la expresión de vergüenza del hombre ,quien al hacerme pasar a la sala le hizo una expresión de reclamo a otro hombre que estaba al fondo. Debo aceptar que casi  se me escapa una carcajada por la situación, pero me contuve.  El mejor amigo de Diego es también Colombiano pero al parecer no tiene su mismo nivel cultural, aunque comento, que a futuro quiere estudiar derecho. Diego me informo que el regente sabia de su existencia y que ambos habían llegado al país después de una serie de dificultades que no especifico, y que hasta el momento desconozco.  El amigo quien se llama Miguel resulto ser también un buen sujeto, aunque no le entendí gran cosa de lo que decía pues hablaba la mayor parte en español.  El licor local con sangre resulto ser muy agradable, y el apartamento parecía ser un pequeño escondite que les recordaba el país de origen.  Me di cuenta inmediatamente que García era un tremere poco común, casi podía sentir que en algo nos parecíamos. Creo que desde ese momento la conversaciones no solo se basaron en situaciones profesionales sino también personales.

Fue por ese entonces que el regente comenzó a pedir a los aprendices de círculos superiores que investigáramos posibles nuevos prospectos de vampiros. Investigue, y encontré el prospecto perfecto, era un hombre brillante que trabajaba para una compañía cinematográfica, tenía un buen cargo y era un guionista de alto nivel.  Aun recuerdo cuando, moviendo algunos contactos llegaron a mi varios folios de los guiones que había escrito. Comencé a leer cada uno de ellos, y de repente noto que se había colado un guion que no pertenecía a dicho personaje. Era el guion de otro sujeto llamado Terence Fowles. Un poco intrigado por la equivocación leí el guion  que estaba frente a mí.

 Recuerdo como al leer esas páginas me sentí maravillado. La historia de una familia que vivía en una granja, y donde los hermanos tenían que aprender a convivir juntos. Tenía un aspecto moral muy interesante, pero lo más me impacto fueron los detalles de la historia. Sentía como si lo hubiera vivido, y justo después que termine de leer mi corazón latió dos veces. Me toque el pecho extrañado. Eso era realmente anormal. Sin embargo decidí desde ese momento averiguar sobre ese hombre. Terence no era el prospecto perfecto, era un guionista de poco éxito que escribía para series mediocres de la TV y que había sido empleado por más de 10 años. Un hombre solitario, con estudios universitarios en literatura, con casi nulos  amigos, y sin familia. Eso era un aspecto positivo sin lugar a dudas, pues no tenía casi contacto con el resto de la humanidad. Tenía que conocerlo.

Recuerdo esa noche cuando entre a dicha oficina y vi a ese hombre siendo insultado por su jefe, no pude más que llegar a la conclusión de que era un tonto. El hombre estaba de espaldas pero cuando se volteo, y vi su rostro sentí un corrientazo por todo mi cuerpo. Era idéntico a Marcus, el parecido era sorprendente. Salí del lugar alterado, y lo primero que hice fue ir a una tienda a comprar una botella de whisky. Me encerré en mi laboratorio con tres litros de sangre y la botella. Cuando García tiempo después golpeo en mi laboratorio para hacerme una pregunta me encontró tan ebrio que tuvo que ayudarme a entrar a mi habitación. No le comente el porqué estaba tan perturbado. En ese momento y con los sentidos alterados tome otra decisión  de la que luego me arrepentiría. Abrazaría a ese hombre y seria mi chiquillo.

Espero que esto nunca lo lea Terry, en realidad es algo que me reservo con cierta culpa pues nuevamente me deje llevar por el corazón y no por la razón. El no estaba preparado para entrar en nuestro mundo, acepto mi propuesta por su deseo de sobresalir profesionalmente. Recuerdo que cuando lo abrace, por un momento me sentía tan satisfecho, era como volver a tener a mi hermano nuevamente conmigo.

Que equivocado estaba...

Terence, o como le decimos de cariño Terry es un ser muy singular. En cuanto estuvo una semana en la capilla alguien me murmuro al oído que “se había dado cuenta que me gustaban los retos, porque ese nuevo chiquillo mío lo era”. En realidad no puedo negarlo, él es un hombre brillante, pero es como una lámpara escondida debajo de una cama. Habla tan poco y es tan pasivo que el primer mes los aprendices de segundo circulo lograron que el hiciera todas sus tareas. Casi me vuelvo loco cuando me entere de ese particular, y posteriormente después de una serie de eventos el regente lo puso a prueba, mandándole a una misión,  afortunadamente salió airoso de esa, pero les juro que pensé que lo matarían.

Tengo que aceptar que mi chiquillo se parece a mi hermano, pero no lo es.  Se parecen, pero no son la misma persona. Al principio cuando observaba que no se adaptaba bien al clan y al modo de alimentación me sentía culpable. He hecho cosas para que se sienta más cómodo pero no responde como yo esperaba. Tristemente pienso en ocasiones,  que él no me aprecia. Siempre que hablo con él responde lo que yo quiero escuchar, pero mentalmente siento un cuestionamiento rebelde y  una ironía que sale a relucir.  Si hablara más sería un hombre de carácter fuerte, eso es seguro. A veces la mente me tiende trampas y termino diciéndole cosas que le diría a mi hermano. El lógicamente debe pensar que estoy loco.

Me lastima saber que con él no me llevo muy bien y aunque le exijo, realmente no espero grandes cosas de sus acciones. Con Garcia parece haber desarrollado una mejor relación, tal vez por el hecho que él le ve más potencial.  Sea lo que sea, siento el deber moral de proteger a mi chiquillo y sin embargo en mi circunstancia actual no puedo hacerlo.

Con Diego hemos hablado largamente sobre Terry, el considera que exagero, que él si me aprecia, es más, ayer , antes de que se fuera me comento que lo había observado un poco melancólico tras mi partida. Por lo menos sentí que le agrado verme, y bueno debo aceptar que durante  toda esta pesadilla siempre estuvo a mi lado. Aunque no sé si lo estaba porque le tocaba ó porque en realidad quería estarlo.

Por lo menos me tranquiliza saber que Diego acepto el rol de tutor de Terry en mi ausencia.

Debo dejar de escribir, ya vienen esa mole de idiotas a examinarme.

1 comentario:

Techmaster dijo...

Weeeeee!!! ¡Y cada vez mejor! ¡Go Syb go!!