domingo, 19 de junio de 2011

Confusiones (Parte 2)

Sus pasos eran como ecos vacios por las aceras. Estaba más pálido de lo normal y  evidentemente afectado. Sus ojos parecían más pequeños, y tenía un ligero temblor en sus dedos. Eran unas pocas calles hacia donde vivía pero parecían eternas. Se sentía mal consigo mismo, quería simplemente desaparecer.

Miro el lugar sin mucha emoción y abrió la puerta del edificio. Justo cuando entraba un hombre alto, de color de piel canela oscura, y de rasgos árabes definidos bajaba por las escaleras. Diego sintió que lo miraba de mal manera, pero de igual forma, sea cual sea el motivo, el no iba a dejar de ser amable.

-          Buenos días señor Tarek. Dijo al darse cuenta que era ya la madrugada.
-          Señor Garcia.  Dice el hombre de mala gana. Como administrador de este edificio tengo el deber  de decirle que si continúa ese nivel de ruido en su apartamento, podre pedir que los desalojen.

El hombre parecía furioso, un poco más de lo normal, le mira por un segundo y cuando Diego está a punto de contestar cualquier cosa,  sale por la puerta del edificio.

Ah carajo, se toca la frente, lo que faltaba..

Sin embargo mientras subía las escaleras sentía que algo de eso no tenía sentido. Miguel no era escandaloso.  Además el hombre parecía que venía molesto desde hace un tiempo. Posible tuvo un mal día.

No tengo tiempo para estas idioteces, pensó, mientras abría la puerta del apartamento. Lo encontró ordenado y silencioso. Busco a su amigo, y no estaba. Un dolor emocional se permitió salir en ese momento, se recostó en una silla de su cuarto y se todo la frente a punto de llorar. En ese momento escucha que alguien abre la puerta y la cierra. Miguel había llegado.

-          Pensé que habías dichos que no venias a dormir hoy. Dice sorprendido Miguel.
-          No podía quedarme hoy en la capilla. Murmura como un susurro mientras se toca la frente.
Inmediatamente Miguel  se le acerca intrigado.
-          ¿le pasa algo parce?
-          Sí. Dice triste. Qué soy un idiota. Mientras se quita la mano de su cara y se puede ver como detrás de sus lentes sus ojos muestran tristeza.
-          ¿qué pasó?
-          Lo que no debía pasar. Dice en tono culpable. Me acosté con la tipa detestable de la capilla.

Miguel abre los ojos como dos cucharas soperas, luego sonríe con picardía.

-          Pere,  pere... no siga. En ese momento Diego ve como  su amigo desaparece como un rayo, y vuelve a los dos segundos utilizando celeridad con una botella de licor, dos vasos y  una bolsa recién sacada con vitae de la cruz roja, rápidamente ha servido dos tragos. Horaaaaaa siiii. Dice contento. Le pasa un vaso a su amigo mientras abre la botella.  Bueno, cuente a ver. Dice con morbo. ¿cómo fue?, ¿taba buena?, quiero detalles.

Diego mira a Miguel de mal modo, ¿acaso no se daba cuenta que para él no era algo agradable?

-          Pare el tren tres-se, dice molesto, ¿vos no te das cuenta de cómo estoy?, ¿vos te parece que estoy en plan de hablar de eso como celebrándolo?
-          ¿y por qué no? Dice de manera inocente, ¿sí se llevo a la muela a la vieja esa debió ser algo bueno?, somos machos, ¿no?
-          Pa que te cuento si te vas a poner así.

Diego se pone la mano  tapando los ojos  y hace un silencio que es muy incomodo para Miguel quien se queda esperando los detalles.

-          Pero parce, ¿por qué esta así? Dice cambiando su pregunta en una actitud menos libidinosa. Sí sexo,  es sexo..
-          ¿vos por qué crees?. Lo mira a los ojos.

En ese momento Diego se siente terrible, de alguna forma se había acordado de Esperanza, y de lo que ella representaba para él. Esa mujer había sido lo que el más había deseado a nivel sentimental, y representaba todo lo contrario de lo que era esta bruja. No podía dejar de sentirse culpable por lo que pasó, cómo sí al acostarse con esa mujer se hubiera hecho daño a si mismo... ¿A dónde iba a parar sí no podía controlarse?

-          Perdón parce, dice arrepentido, continúe, hable, cuénteme lo que me quiera contar.

Diego entonces de manera lenta le comenta lo ocurrido en la reunión de trabajo y cómo quedo con los nervios destrozados después de la intervención de la mujer. Le cuenta como para controlarse tuvo que tomar su medicamento y adicionalmente como ella de repente había entrado a su laboratorio pidiendo explicaciones, y cómo él le cayó la boca con un beso, acción que no sabe como se le ocurrió, y como luego, las cosas perdieron el control.

Luego de terminar de hablar, Miguel lo mira tratándolo de entender. En realidad el brujah no entendía el porqué del problema. Para él el acostarse con una mujer no debía generar tal trauma.

-          ¿Vos sigues sin entenderlo verdad?
-          Trato de entenderlo parcero, a lo bien que sí, lo único que no entiendo bien es porque buste se siente como se siente, si la vieja se lo dio.. dice pensativo, pa mi que a buste le cambiaron esa pepa para los nervios por viagra. Hay un silencio de Diego quien en otro momento ese comentario le hubiera parecido jocoso.
-          Vos no lo entiendes, simplemente me desconecte, yo recuerdo bien que paso, pero no era consciente, es como si la vieja lo hubiera planeado, pero fue un total accidente, no debió haber pasado, además, me pongo a pensar que la mujer puede tener ahora una muestra de sangre mía... y eso es peligroso.
-          No me diga que usted... Miguel lo mira con los ojos haciéndole la pregunta sin completarla.
-          Sí..
-          Parce!...¡eso no se hace!... ¿no llevo cauchitos?. Se toca la  frente. Hay jueputa... ¿y buste que la tipa sea tan cochina como para...?
-          ¡Qué sé yo!, sea como sea, ahí me arriesgue de la forma más estúpida... se toca la frente... la cague,  Rebeca es el tipo de mujer que no me gusta, es todo lo contrario de lo que yo busco,  y puede ser peligrosa, y más ahora...¿qué hice?

Hay un silencio entre ambos y Miguel vuelve a llenarle el vaso con licor y vitae.

-          Sabe que lo que pasa parce, dice él un poco más calmado, es que buste está muy estresado, y buste siempre que esta así tiende a buscar una hembra, ¿buste se acuerda después del juicio en Viena?, pues le sucede lo mismo, pa la próxima yo le consigo una hembra, aunque sea de las pagas..., o mejor, llévese unos cauchitos de los que hay en el baño por si ese accidente vuelve a ocurrir.

Miguel le recordó que justo después del indulto en Viena, Diego, quien estaba en crisis, busco una mujer para desfogar sus presiones. La anterior frase hizo en cierta forma reflexionar a Diego y tranquilizarse un poco. Te toma de un tiro el licor, y se seca las lágrimas mientras Miguel trata de tranquilizarlo. Era cierto, los nervios le estaban jugando una mala pasada, no quería entrar nuevamente en crisis.

Se sirve un poco más de licor  y toma en silencio sintiéndome un poco mejor al hablar de lo ocurrido, sin embargo eso no dejaba de ponerlo nervioso. Tendría que buscar la forma de protegerse.
¿ y sí volvía a ocurrir el accidente?.... mejor no pensar en eso. Había tenido buen sexo con  Rebeca, pero por un momento corto de placer, podían haber consecuencias a largo plazo.

****
El taxi se apeo en una calle levemente iluminada. De él se baja un hombre de manera pausada. Cada paso es signo de no estar seguro que hace ahí. De repente siente algo dice incomodidad al ver la calle donde se encuentra parado. Mira nuevamente el papel arrugado donde tiene la dirección.  Suspira con desgano, y mira a su alrededor.

Unas escaleras ennegrecidas por el exceso de uso y la falta de jabón estaban cerca a él. Con desconfianza sube los peldaños y se dirige al cuarto piso. Mientras sube se puede escuchar un niño llorando y una pareja al parecer discutiendo. ¿Dónde se había metido?

Llego al cuarto piso y vio la puerta, 406. Los números 4 y 6 se conservaban en su aspecto metálico. Pero el 0, que al parecer se había caído, había sido escrito a mano.
Golpea la puerta, y tras esperar unos minutos abre la puerta un hombre acuerpado, que lo mira como evaluándolo.

Terence de repente mira al suelo, el sujeto lo intimida. Su postura no parece ser de nadie educado. Sus brazos están llenos de tatuajes, y tiene pinta de pandillero.

-          Señor Foreths?
-          Sí, responde Terence.
-          Siga.

La habitación  aunque humilde, esta ordenada y limpia. Hay un sofá en buen estado donde el hombre le pide  que se siente.

-          ¿quiere una cerveza?- dice sacando una lata del refrigerador
-          No, gracias, Yoo no tomo. Dice el de manera confusa

El hombre lo mira confundido. En realidad, siendo quien era se sentía mal al estar tomando. Pero era ya de noche... ¿qué tenía eso de malo?

-          Recibí su correo, exactamente qué es lo que necesita.

En ese momento Terence puede notar mejor la apariencia del sujeto. Ojos crisis, pelo escaso pero cortado de manera militar,  y apariencia no tan agresiva cuando ya ha hablado.

-          Yo su -supe que usted ayuda a jóvenes que van por mal camino, y-y dice tratando de no tartamudear, es lo que necesito. Y le muestra una foto. Maurice Rowan, es su nombre.
-          ¿Para quién trabaja?. Dice el hombre mirándolo a los ojos. No parece ser familiar suyo, ¿Quién es ese muchacho y porque tanto interés en él?

Terence se queda callado por un segundo y piensa en que responder.

-          Ha-hay una persona que me contrato, que tiene especial interés en el muchacho, pero desafortunadamente, ni siquiera yo-yo sé su nombre. Dice tratando de mentir, aunque la persona parece no creerle. La persona está interesada solamente que se le ayude, el muchacho al parecer tiene problemas de drogas.
-          ¿qué drogas?
-          No lo se
-          ¿no lo sabe?. Mira la foto. Esta imagen parece vieja, ¿no tiene una más actualizada?, ¿Dónde está el muchacho?

Terence hace un signo de frustración, el no estaba seguro de donde se encontraba. Sabía que este hombre era una especie de salvador de drogadictos, pero no sabía gran cosa, sólo unos pobres datos que averiguo.

-          Hagamos una cosa. Dice el hombre al darse cuenta que la persona que lo contrataría no sabe gran cosa. Busque al muchacho, y  mañana infórmeme donde  está. Lo buscaré e iniciare el proceso, averigüe todo lo que pueda.

¿pero de qué proceso estaba hablando?, ¿ cómo alguien así podía ayudar?. Todo era una gran duda.

****
-          Entre otras, cuando subía me encontré al administrador, el señor  Tarek, me amenazo con sacarme del edificio, dijo que hacíamos mucho escándalo,  ¿ Vos sabes que está pasando?

Miguel se quedo callado y palideció. Pero no respondió nada.

-          Tres-se. Lo mira en tono de regaño. ¿qué pasa?...
-          Eh... pos, eh.... vos  sabes,   ehh ... su esposa ... ehh... es la escandalosa
-          ¿qué??. Dice  en tono de regaño. ¿Te metiste con ella?
-          Sí, pero hace ya un tiempo, pa mi que el man se las huele... se justifica... ¿qué más hacia yo aquí encerrado?, además la tipa esta como necesitada, yo solo le di lo que quería, y de paso me dio algo de sangre caliente ... lo malo es que como que grita mucho, pero el man no pudo escucharnos, estaba trabajando..
-          Hay lo que faltaba....
-          El man no tiene pruebas parce, además a la hembra yo ya la deje, no ve que viene la japonesa.. y pos, la vaina no era seria... no se preocupe parce, que no nos van a echar.
-          Miguel, ¿vos con que cabeza piensas?...
-          Lo lamento parce. Dice con risas. Buste HOY no tiene autoridad moral de decirme nada. Ajjajaajjajajaja

Diego caya inmediatamente. Tenía razón.

****
Terence salió sintiéndose un idiota. Sabía tan poco y aún así se arriesgo a hacer este viaje. ¿Por qué estaba haciendo esto?. Después de tanto tiempo de pensar en suicidarse, parecía tener el momento oportuno para hacerlo, pero no, tenía que cumplir una misión por el moribundo de Rowan. Se sentía tan infeliz en oportunidades. A pesar de haber ganado ese contrato para ese programa de TV, se sentía vacio... muy vacio. Detestaba lo que era.

Ahora tenía que encontrar al niño mimado, hijo de su sire. Un idiota que está perdido en el mundo y que no sabe que es lo que quiere. Alexander Rowan, su sire,  no es tan inteligente como parece. 

Meterse con una humana y perder todos sus privilegios por eso, parecía estúpido, sin embargo también le sorprendía su sensibilidad, siempre pensó que se trataba de un ogro. Por lo menos se ha podido dar cuenta que no siempre es un villano... bueno, era muy amable con él en oportunidades... 
Estaba cansado de contradecirse a sí mismo, ¿Por qué nada puede ser completamente bueno, o completamente malo?. ¡Maldita mediocridad!

Mirando la foto del muchacho, toma otro taxi, esta vez hacia un hotel.

****

Diego estaba acostado en su cama aterrado. Sus ojos mostraban angustia. ¡Esto era ridículo!. Podía tener las peores pesadillas, y despertar aterrado, pero ¿Por qué carajos había tenido un sueño erótico justamente con ella?... esto era patético. Se estaba enloqueciendo, eso era seguro. Las pesadillas tienen muchos matices.