martes, 27 de julio de 2010

Un futuro incierto


La música sonaba a bajo volumen,  pero nada más se escuchaba. Se podía sentir el nerviosismo en el ambiente. Habían pasado tres días de la situación que afecto a Miguel, y desde ese momento el había permanecido en silencio, ese mutismo  demostraba su disgusto consigo mismo, y  su tristeza.

La congoja se podía leer en sus ojos, aquellos que ocultaba detrás de sus lentes.  No era un hombre estúpido, pero evidentemente aceptaba que estaba actuando como tal. A veces se cegaba por los ideales, a veces simplemente necesitaba un motivo para luchar, para seguir vivo, pues su vida era como un círculo donde se repetía la misma historia:

Siempre perdía a las personas que amaba.

Miguel había sido criado en un ambiente lleno de amor. Sus padres eran campesinos humildes, seres  golpeados por la vida que siempre trabajaron. El mismo Miguel comenzó a laborar en el campo a  los cinco años. Nunca tocó una escuela en su niñez, no por negligencia paternal, sino porque simplemente no existía una escuela. Los recursos que el estado le entregaba al pueblo, el alcalde se los gastaba a su acomodo. Los servicios básicos de salud, educación, agua y luz, nunca llegaron a donde él vivía.

La desigualdad es una forma de violencia que agrede a las personas pobres y les niega sus derechos. Don Pompilio Rivera, el padre de Miguel, a pesar de ser sumiso, dio a conocer su opinión en la plaza y “eso”,  le costó la vida. Los policías por la noche le balearon y  le dejaron herido de gravedad. Miguel sólo tenía doce años cuando vio morir a su padre en la vía para llevarlo al hospital a cinco horas de distancia.

Fue golpe muy duro para un niño de doce años, cuyo resentimiento creció. Trato de proteger a su familia lo más que pudo, sin embargo la violencia no los  dejaría en paz, y dos años después, a sus  catorce años vio morir a su madre a manos de los hombres del alcalde.

Con un dolor enorme en su corazón Miguel se aleja de sus hermanos, e ingresa a la guerrilla del ELN y luego del EPL. El sufrimiento y el odio frente a un sistema social injusto fue el que lo motivó a ser guerrillero.

Ese solamente fue el inicio de todas sus pérdidas, pero “pensar en eso”,  sólo lo hacía más infeliz.
Ahora tenía un gran problema encima, causado por sus ideales radicales. Podía morir por sus creencias, pero, los sacrificios debían ser inteligentes. Morir sin dejar huella no era una opción.
Mientras escuchaba música  meditaba en silencio. No había hablado gran cosa en los últimos días, y si bien, la situación se había conversado con Diego, él se sentía tan culpable que no hablaba. Era un hombre de sesenta y cinco años, y se había comportado como un adolescente. Diego tenía razón en reprenderlo, aunque a veces prefería un golpe,  a un regaño de su amigo. El paisa  (cómo lo llamaba), podía golpear con las palabras mejor que un karateca.

Diego por su parte leía tranquilo el periódico. Tenía a su lado unas carpetas con la información de los aprendices asiduos a la capilla. Había revisado todo con detenimiento, pero había suspendido su lectura al mirar la proximidad de la cita. 

Miguel camina hacia el pasillo de manera sosegada, mira su reloj y hace una señal a Diego.
Vestidos de manera informal,  salen del apartamento. Diego mira a su amigo preocupado, y con algo de culpa. Aunque habían tenido discusiones antes, siente que en esta última oportunidad “se le fue la mano”. Miguel es un hombre muy noble, había aceptado todo lo que él le había dicho. Sin embargo era consciente que  sus palabras le hirieron. Miguel había mantenido un silencio melancólico del cual le era difícil salir. 
Diego lo alentó como usualmente lo hacía, pero e en esta oportunidad  su amigo parecía no responder con mucho entusiasmo.

Justo después de salir del edificio se dirigen a un auto que espera. Un hombre gordo esta al volante. Después de saludar amistosamente comienza el recorrido hacia el lugar de reunión. Después de conducir  por un camino poco conocido finalmente llegan al lugar.  El barrio es humilde, pero su apariencia es limpia, mejor que Gonzaque Village.  Paran en una esquina y entran a un edificio de apariencia descuidada.

-    Patrón. Le dice el hombre gordo, ya sabe por dónde.
-    Gracias Gordo, dice el hombre en su tono triste. Le debo un trago.

Ambos salen del vehículo. Diego esta algo confundido pues no sabe a dónde está.  Observa como Miguel se ha sentado en una caja de madera, quitado los zapatos y puesto botas altas de caucho.


-    Parce, esas son pa buste. Señala un par en una esquina. Es pa que no se le dañen los zapatos.

¿Dañarse los zapatos?, ¿a caso donde nos vamos a meter?, piensa Diego el tremere mientras se pone las botas.

-    Por acá. Sé levanta y mira a lado y lado de manera paranoide y recorren unos pasadizos llenos de viejos equipos industriales estropeados. El lugar podría ser locación de una película de terror sin mucho esfuerzo. Esto era una fábrica de jabones, ó algo así, manejaban muchos químicos. Dice murmurando. La abandonaron después de un incendio, y mi gente se la tomó.

Diego sonríe, era curioso que Miguel hablara de “su gente”, él no era un sin clan, pero desde hace un tiempo su propio clan le había decepcionado. 

Era evidente que esta fabrica era el hogar de muchos de estos hombres y mujeres,  y no sólo el lugar, también el barrio.

La cantidad de sin clan aumento de manera drástica desde 1969 tras establecerse  varios combates producidos por la discriminación. La huelga de estudiantes chicanos (termino asociado a latino-mexicano), y la moratoria chicana dieron lugar al surgimiento de muchos caitiff latinos, que en medio de la lucha fueron abrazados por distintos grupos para establecer confusión y generar desequilibrios en el poder.

Los caitiff, o sin clan, son vampiros “hijos de nadie”, ningún clan los acoge o representa, y por tanto, sólo son títeres de distintos bandos, quienes los manipulan a su acomodo. Sus derechos son continuamente pisoteados y los demás vampiros no les prestan atención. Básicamente un caitiff sobrevive con las uñas en este contexto, muchos mueren cada año, pero así como desaparecen, otros nuevos van surgiendo.

La única defensa que tienen es la unión entre ellos, algunos se unen al Sabbat en busca de un trato igualitario, pero, así mismo firman su sentencia de muerte.

Caminan por los pasillos  hasta llegar a una esquina donde hay unos contenedores antiguos. Uno de ellos tiene una puerta, parecida a las usadas en las cabinas de descompresión o aquellas de  los submarinos. Miguel abre la puerta con facilidad, hace seguir a Diego y la cierra tras de sí.


Un olor químico invade el lugar que es muy estrecho. Diego reconoce la presencia de varios químicos dañinos, que seguramente le matarían si estuviera vivo, pero cómo no lo está, el olor es solamente molesto.

-    Por acá. Dice Miguel   señalando una abertura en el suelo que tiene una escalera de peldaños metálicos. En esta joda, mezclaban los químicos pa luego pasarlos a otra parte, pero se nos ocurrió que podía ser un buen escondite. Dice bajando.

Una vez bajan las escalerillas, frente a ambos hay un  largo tubo que es  de un metro sesenta de diámetro. Deben agacharse un poco para caminar por él, hasta que llegan a una puerta que se abre inmediatamente.

-    ¡Compadre Tres-se lo estábamos esperando!,  Doctor, bienvenido.

Un hombre de unos 40 años les sonríe. De piel canela, pelo negro  y bigote; Germán, era un sujeto bastante amigable.

-    Hermano. Le da la mano. Gracias por todo. Mira a los demás, hay dos hombres más y una mujer. Hola a todos, me perdonaran el retraso.
-    Buenas noches, Germán gusto en volverlo a ver.

Dice Diego con una sonrisa, mientras revisa todo el lugar, está seguro que se encuentra dentro de un contenedor. Las sillas están dispuestas de manera circular, y en una esquina esta uno de los hombres viendo  en una televisión distintas imágenes del  la fabrica abandonada. Al parecer hay más de una cámara de vigilancia en todo el edificio.  La  mujer, latina, regordeta y con cabello tinturado de rojo, parece estar muy molesta. Miguel baja la cabeza mientras se sienta.

-    Paisa, le presento a Concepción, señala a la mujer, a Margarito y a Jonas. Los hombres hacen signo de asentimiento. Ellos son las personas más confiables que conozco.
-    Diego. Dice él dándole la mano a los presentes.
-    ¿y tú eres confiable Tres Sesenta?.  Hace un gesto de  desagrado mientras Miguel se sentía realmente incomodo.
-    Por favor Conchita, dejemos que hable. Dice Margarito. él fue el que quiso hacer esta reunión, y creo que tiene muchas cosas que explicar.

Diego en ese momento siente la incomodidad de su amigo.

-    Pos, no hay mucho que explicar, sólo que la cague. Dice Miguel arrepentido. Me tendieron una trampa, y si no es por Germán me hubieran jodido...
-    ¿Y quieres que creamos que estabas con esa gente por equivocación?,  Dice la mujer de manera tajante,  yo pase al lado tuyo y  vi  que estabas muy amigo de ellos.  Niega con la cabeza. Nos hiciste pensar que te importábamos y resulta que eres un maldito traidor...además ¿qué haces con este tremere?,  señala a Diego de manera displicente. No entiendo porque le has invitado a una de nuestras reuniones, ¿acaso él no tiene su capilla para quedarse allá?


Miguel se quita los lentes, mira a la mujer  ofendido, mientras Diego piensa sin contestar nada ¿Por qué siempre debe haber una bruja metida en todo?. 


-    Diego nos ha ayudado mucho, por muy tremere que sea, es mi amigo y  está agradecido porque nosotros ayudamos a su regente, por eso es que estamos aquí. Y dice realmente triste a todos. Pero  si creen que somos  traidores  pues nos vamos. Se levanta
-    ¿traidor?, no Ave María, lo que faltaba, Dice Diego mirando desafiante a la mujer después de que casi lo matan por pelear por sus intereses... no, que injusto. Mira a Miguel y le dice: “Hermano no se valla que esto hay que aclararlo”. Diego sigue hablando de manera tranquila aunque sus ojos brillan de furia.
Además ustedes se quejan que nadie los representa ante las planas mayores,  y yo en varias oportunidades he metido la mano para que no los jodan tanto... adivinen porque se ha demorado tanto la venta del terreno... Así que no soy ningún espía o traidor. Mira a la mujer con indignación. Sino alguien que trata de ayudar. Los de mi clan están agradecidos del apoyo que le brindaron al regente, y la Casa Tremere no olvida a quienes los ayudan.
-    Pero antes yo sólo quiero explicarles que esa noche trataron de vincularme y me tenían jodida la cabeza, por eso estaba así..Mira a Diego, sí no me creen pos me abro de bustedes. 
-    ¡Pare Tres-se compadre!, dice un hombre de manera tranquilizadora,  conchale, que sensible estas mi pana,  nada de irse a quien sabe dónde. Dice Jonas señalando al 360.  Además, yo  te creo, y más porque me robe el registro de grabación del restaurante, y lo vi todo.

Germán se levanta, toca la espalda de Miguel amigablemente, y lo invita a sentarse de nuevo, mientras le pide disculpas a  Diego.


En ese momento  en otro TV pueden ver la imagen de lo sucedido, lo que confirma lo dicho por  Miguel. Se observa cuando este pierde el control y golpea al que era su jefe, unos hombres con fuerza lo sostienen y la mujer le mete  el contenido  de un vaso pequeño a la  boca.

-    Un momento. Dice Diego. Puede congelar la imagen antes de él ataque.

Comienzan entre todos a analizar las escenas. En la primera se observa como sale el jefe del bar y entabla conversación con otras personas, y justo en un momento Miguel lo ataca.  Miran inicialmente quien pudo manipular su mente. La persona debió estar en la fila para entrar al bar, y así tener contacto directo con él.


Tras repetir el video una y otra vez notan que justo  cuando ataca por la espalda al dueño del bar, otro  fulano retrocede en la fila cómo huyendo.


-    Ese. Dice Diego. Ese fue. ¿alguien lo reconoce?
-    , dice Germán, ese es Ramón Pedraza. Hace un gesto como si no entendiera.  Aunque no  comprendo, pensé que estaba muerto.
-    ¿muerto?
-    Sí,  estaba seguro de que lo habían matado.
Todos se miran. El sujeto era uno de los nuestros, pero se metió en líos extraños. El rumor que escuche es que le habían matado.
-    Pues no parece muy muerto. Añade otro.


Con gravedad analizan el resto de la escena, tomando acercamientos a la mujer y a los hombres que apoyaron el plan. Todos establecieron qué nunca los habían visto. Eran vampiros, pero no eran del sector.


-    Lo más seguro es que hayan sido contratados por el ventrue para joderte compadre. Dice Germán. Porqué sería la única forma que dejaras de molestarlo.
-    Eso lo pensé. Dice el hombre. Lo peor, es que casi le funciona. Miguel se quita los lentes y habla a todos con sinceridad. Quieren detenernos, quieren sacarnos pará qué el sujeto ese se haga más rico con lo qué tiene.
-    Más razones para no dar papaya parcero. Dice Diego advirtiéndole de esa forma que es mejor no dar oportunidad a que lo maten. Porque sí te joden, los  demás calan.  Señala a los sin clan. Por eso deben ponerse más pilas, ya sabemos el rostro de los fulanos, ahora sí los ven deben avisar, y asegurar el sitio... mira a Miguel, por otra parte, el Tres-se  se alejara un poco, para no dar oportunidad de que lo dañen, y de paso a ustedes. El 360 baja la cabeza, odiaba los sacrificios que tenía que hacer, pero los haría. Sin embargo seguirá con ustedes, y los ayudará.
-    Sí. Dice Miguel con convicción, hay que seguir luchando y no perder las esperanzas.

Sin embargo hay una reacción de tristeza del grupo.   

-    No se sí debemos guardar las esperanzas, porque no parecen existir. Margarito baja la cabeza. No demorara en venir la gente del ventrue a sacarnos, y estoy seguro que será una masacre, al príncipe no le importa que muramos...
-    Calla tonto. Dice la mujer. Sí vienen a matarnos, no lo haremos sin pelear.
 

Hay un silencio incomodo. Una sensación de derrota inunda al grupo. Luego de eso comenzaron hablar de cómo reforzar la seguridad y estrategias para evaluar posibles traidores.
En ese momento se escucha un ruido, en la cámara de seguridad se detecta  un hombre enorme que  llega a la reunión. Es el gordo, el mismo que los recogió en el carro.


Cuando abre la puerta se nota nervioso.


-    ¡Oh por Dios! No se imaginan,   se toca el rostro preocupado,  acaba de suceder...


Todos preguntan con sus gestos y palabras qué sucedió. Pero el hombre debe sentarse y tranquilizarse para seguir hablando.


   La venta del terreno se concretó...


Esas palabras fueron como un golpe en la boca del estomago. Sí ya se había concretado la venta a favor del ventrue, vendrían a matarlos en cuestión de horas.


-    Pero hay algo más...
-    Habla Gordo, habla.
.. dice Miguel con lagrimas en los ojos
-    El primogénito ventrue no fue el que compró el terreno.
-    ¡¿¿QUE???!



 La mujer se pone la mano en la boca,  nadie sabe que pensar.


-    Así cómo lo oyen, la propiedad la compró una mujer,  una tipa que nunca había escuchado en mi vida, una tal Roxana, Rosana, o algo así...


Miguel palidece...¿será la misma persona?.. ¿la misma que trató  de vincularlo?


No sabían que postura tomar frente al nuevo dueño, sólo había un gran temor. El futuro parecía ser una manzana podrida.

jueves, 8 de julio de 2010

Cenizas de un espejo


La noche inicio tranquila a comparación de la anterior; eso era una bendición teniendo en cuenta que ayer  Diego tuvo que desplazarse a uno de los barrios más peligrosos de la ciudad y sacar a Miguel de un basurero. 
Toda la situación le martillaba  en la cabeza. El tres-se no era así, había sido  algo borrachín, pero no drogo. Nunca  había observado a su amigo en tal inestabilidad.
Sin embargo,  aunque quería explicaciones la ira que lo embargaba era enorme. Estaba furioso. Se sentía realmente decepcionado.
Tenía ganas de golpear a Miguel, tenía ganas de insultarlo hasta cansarse. Le dolía la situación. Ver a su amigo en  un lugar tan deplorable y en una situación tan penosa era como para sentarse a llorar.
En su existencia nunca pensó, que tendría que hacer eso por él, igual, no se arrepentía de haberlo sacado. Ese estilo de vida era como un monstruo que se tragaba  todo, hasta las buenas personas como él.
Se levanto incomodo, necesitaba bañarse.  El olor de la pocilga esa se le había impregnado en todo su ser.  La sensación olfativa le reforzaba el enfado que sentía. Con sólo acordarse del lugar que visito ayer, se enfadaba más.
Salió a ducharse y vio la puerta del cuarto de Miguel abierta, se asomó y lo vió  con la mirada pérdida frente a la ventana.
¿qué estará pensando?. Sí hoy planea irse de juerga,  soy capaz de pegarle.
Aprieta el puño y entra al baño. Se ducho con tranquilidad asegurándose de retirar todo recuerdo de aquel chiquero.
Cuando sale, se asoma nuevamente al cuarto de su amigo y lo ve rascándose la cabeza frente a un cuaderno. Diego piensa irritado.
Ve hoy te jodiste, Vos no entiendes esa tarea y yo no te la voy a explicar.
Siguió con su rutina nocturna, tomó su “desayuno”, y se sentó en la sala a leer el periódico, mientras escuchaba que su compañero de apartamento se duchaba. Un tiempo corto después, ve como el hombre con semblante enfermizo,   sin ser capaz de mirarlo  sale del apartamento con su maleta estudiantil.
La institución educativa para adultos queda cerca, así que no tendría porque demorarse. Diego se levanta y observa  por la ventana del apartamento como aquel se aleja. Comienza  entonces a  llenarse de dudas.  ¿irá  realmente al colegio?, ¿será que hace un tiempo consume cocaína y yo no me había dado cuenta?
En ese momento la furia se había ido, sólo quedaba preocupación y tristeza. Comenzó a dudar de su amigo.   Espero unos quince minutos y llamo a la escuela  para saber si él estaba ahí, cuando  le confirmaron su asistencia, se levantó inmediatamente  y decidió hacer algo que nunca creyó que haría: revisarle el cuarto a Miguel.
Entró al mismo y activó sus sentidos esperando percibir el olor de alguna droga. Sabía que tipo de olor debía buscar, no por nada era médico.  
Se concentró ,  pero no encontró nada de lo que pensaba, el olor que resaltaba era  de las prendas sucias utilizadas por Miguel el día de ayer, las cuales tenían una peste peor de la que había sentido en sí mismo. Diego arruga la nariz y desactiva sus sentidos agudizados.
 El olor del mugrero ese,  era algo que no quería recordar. Reviso los bolsillos de las prendas y no había drogas.
Recordando algo que había escuchado sobre los adictos, fue directo hacia la cama de  Miguel, y pasó la mano debajo del colchón. Se sorprendió al encontrar algo: un sobre.
Se sentó en la cama con curiosidad, abrió y leyó el contenido, que no estaba  muy bien escrito:
"Olga,  mi amor:
Te cuento que estoi  estudiando en una escuela para adultos, i en la clase de lenguaje nos están enseñando a escribir cartas, y me pusieron de tarea escribir una. No sabía a quién escribirle, pero como hoi  es nuestro aniversario, y como estoi  triste porque no estás, decidí mandarte una carta al sielo donde seguramente estas con mi pae y mi mae.
No sabes cuánto te extraño. Estoi  muy lejos del Huila i  de Boyaca, y por esta tierra toda la gente es rara, i  los gringos te miran feo.  A beces quisiera morirme de completo pa ir a donde estas, pero luego pos me aliento i me pongo hacer otras cosas. No me gusta el trabajo que tengo porque me pagan poquito  i porque el man se justifica por los papeles, i  dice que sí me quejo me deporta. Yo todo me lo como pa no amargarme, pero extraño la tierrita, i pa peor no puedo volver.
Toditas las noches le reso a Diosito pa que me la cuide, y la tenga bien por donde este, yo e conocido muchas mujeres pero por la virgensita le juro que cuado yo estoi  con ellas lo único que hago es pensar en buste  i  en ese futuro que no tendremos.
La quero mucho, espero que desde el sielo me cuide, y able con los angeles pa que también cuiden a mi amigo el paisa que está saliendo de la mala.
Te amo corason.
Miguel”.
El pobre Miguel con su letra torpe, pésima ortografía  y nula gramática,  había escrito una carta de amor a aquella mujer que fue su compañera en vida, y que según le había contado había desaparecido. El nunca se repuso completamente de su perdida, y aunque públicamente coqueteaba y se acostara con otras mujeres, sus relaciones afectivas con las mismas duraban muy poco.
Diego se sintió cómo un miserable al fisgonear algo tan intimo, recordó cómo para esa tarea Miguel,  le hizo una carta amenazando a George Buch, qué le hizo repetir “para no tener problemas”.  No pensó que él  había hecho “otra tarea” que nunca le había presentado.  Para él no era ningún secreto qué él sufría mucho.
Dobló  la carta con cuidado y la pusó en donde estaba. Miró de reojo el armario y  se dió cuenta que, a pesar de las dudas que tenía, Miguel nunca le había ocultado nada. Justo ayer había sacado de su cómoda una  americana  sin ningún problema. Las cosas en dicha  habitación siempre fueron públicas  dada la filosofía comunista del  Tres-se.
Sintiéndose mal por su acto de espionaje, sale de la habitación llevando consigo la ropa sucia. Tomo la que ya estaba acumulada con anterioridad y  salió  del apartamento directo a la lavandería. Sí bien  aquella era del estilo norteamericano tipo:  “deposite una moneda y lávela usted mismo”, Diego siempre pagaba un poco más para que se la lavaran, plancharan y organizaran. No tenía mucha paciencia para esas labores.
Después de entregar la ropa y acordar con la encargada cuando la recogería sale directo a la capilla con un caminar lento y meditativo.  Si bien tenía algunas cosas planeadas para hacer, dadas las preocupaciones se dedico arreglar su laboratorio y pensar. 
Todo parecía un recordatorio de los problemas. Para llegar a su laboratorio tenía que pasar al frente del que perteneció a Rowan, ese que ahora permanecía vacio. El regente no se lo había asignado a ningún otro a pesar de  que  había unas  quince solicitudes formales. Algunos de su clan no esperaron mucho para solicitarlo, la ambición cegaba a cualquiera. El nombre de su colega ya no estaba en la puerta, simplemente era un espacio vacío, pero lleno de fantasmas. A veces pensaba que al pasar encontraría a Alexander. 
Era extraño, a pesar de que no estaba muerto, todos los demás parecían haberlo olvidado.
Organizó de manera lenta  sus cosas y cuando se dió cuenta ya habían pasado varias horas y se le había hecho tarde. Deseaba ver  sí Miguel había llegado a casa, ¿en qué momento se había convertido en su vigilante?.  Se dirigió al lugar pensando en su incomodidad. Miguel no había asumido responsablemente sus errores, y aunque ayer estaba intoxicado, hoy simplemente le evito.
Al entrar por la puerta del apartamento se encontró con  que  Miguel había hecho aseo.  La cocina, la sala, el comedor y el pasillo tenían un agradable olor.  Había aspirado los muebles y la alfombra,  quitado el polvo y organizado la cocina; el baño también estaba impecable, y también  había aspirado la alfombra de su habitación....
Diego  se dio cuenta que Miguel  estaba tratando de aliviar las cosas, sin embargo  parecía que aún no había tenido el valor de enfrentar el problema. Estaba encerrado en su cuarto, y sólo se escuchaban leves sonidos.
Diego  entra a su habitación, prende la computadora y comienza a trabajar en algo,  necesitaba distraer su mente.
Pasan un par de horas, se levanta para servirse algo de vitae y cuando pasa por el corredor escucha un leve sonido. Se acerca a la puerta de su compañero de apartamento y escucha con claridad un llanto.
Diego golpea dos veces la puerta e ingresa sin esperar.
Con la mano derecha tapándose los ojos y llorando en silencio se encuentra el tres-se  quien mira al recién llegado sin decir nada.  Sus ojos están inyectados en sangre y su rostro hinchado como quien ha llorado por un largo rato.
García a pesar de que siente pena por él no puede olvidar su disgusto, tenía un carácter fuerte, así que por más que le doliera también la situación, no se iba a mostrar blando.
-          ¿Qué pasó Miguel?, Diga pues que fue lo que pasó. Llorar  la leche derramada no te va a ayudar  en nada, diga a ver.
El que llora baja la mirada y murmura bajo
-          Te estabas demorando en entrar a regañarme.
-          ¿y vos que esperabas Miguel?, ¿quieres que te aplauda y te haga fiesta?.  Se acerca a la cama y se sienta en una esquina mientras sigue hablando.  No señor, o es que acaso no es consciente de error tan grande que cometió ayer, Mueve la cabeza, “Ja” añade con ironía, más bien “los errores” cómo pa hablar en plural.  Aprieta el puño, suspira con furia y mueve la cabeza tratando de controlarse. No me daría tanta rabia, sí yo hubiera sabido que vos tenias ya esas mañas, en cuyo caso hermano, vos no serias mi amigo... Eh Ave Maria. Le mira el rostro a Miguel con tono contundente. ¿vos sabías que están tratando de matarte?, ¿sabías que por ahí dicen que vos eres peligroso y que te tienen que bajar?, ¿sabías eso?
En ese momento Miguel lo mira directamente a los ojos y asiente con la cabeza.
-          Ah ¿vos lo sabías entonces?,   entonces vos sos un suicida pues, a verlo sabido antes. Dice con indignación, te hubiera dejado con tus nuevos amigos para que te mataran.
-          Pere Paisa. Habla el hombre por primera vez, ya un poco más calmado, buste esta mal interpretando esa joda,  yo... pero Diego lo interrumpe
-          ¿Vos me vas a decir entonces que no estabas drogado y que esa pocilga  era un jardín de rosas?. Dice adelantándose a la respuesta de Miguel.  No joda hermano
-          ¡Espere carajo!, déjeme hablar. Dice Miguel bajando la cabeza de manera humilde, mientras se seca las lagrimas con  su propia manga. Yo si estaba drogado ayer, no fue exactamente a conciencia, por lo menos al principio. Baja la cabeza. Yo se que la cague, Se le escurre una lagrima mientras Diego  piensa  algo como “ si quiera lo reconoce”. Yo nunca había probado esa joda, aunque en todas las fiestas de por acá la ofrecen... yo no sabía que ese vaso tenia de eso.
Diego baja un poco el tono de disgusto y pregunta ¿Qué vaso?
-          Estaba en el camello. Termino también utilizado para trabajo. Y el jefe estaba todo rabón parce, eso al inicio del trabajo nos  pego una vaseada (término utilizado también para regaño) a todos y nos dijo que éramos unos rateros, que se había desaparecido una plata, Luego del regaño  y las amenazas nos mando a trabajar.  Yo hermano estaba en la entrada como siempre, ahí revisando que no entraran armas a la disco y tales, tons hermano, a lo bien pasó algo. Baja la cabeza.
Levanta la cabeza, mira a Diego y hace un gesto como quien hace memoria.
-          Yo estaba ahí en la puerta, y de repente salió el jefe, ¿si me entiende?, tons se puso hablar con unos manes en la salida hermano, yo estaba sano en mi trabajo, cuando de repente parce,  yo me enrabone cerdo. Me acorde del regaño y de todas las cagadas que ha hecho el man, pero fue re raro porque  fue de un momento a otro. Baja nuevamente la cabeza. Parce, pos yo me descontrole, y lo primero que pensé fue en matar a ese man y salte hacia él parce. En ese momento  Miguel se cubre las manos llorando, pero sigue hablando entre sollosos. 
Le pegue un empujon y le mande un puñetazo  y le saque los colmillos parce,  justo cuando lo iba a morder, sentí que unos manes me apartaron del tipo, conteniéndome y  mientras eso una vieja  me metió el contenido de ese vaso a la boca.  Me dijeron que era para que me calmara.
 Yo comencé a sentirme  mariadisimo y  me di cuenta  que toda la fila de personas que iban a entrar nos estaban mirando,  y que el jefe tenia  severa rayada en el brazo; tons ahí uno de los manes dijo que  me iban a matar por romper la mascarada, y yo me asuste, pero  la tipa le dijo al otro qué yo parecía una buena persona, y que me iban ayudar.
Yo estaba re confundido, me toco sostenerme en el muro, y los manes hablaron con el jefe, y el luego se me acerco, me dijo que quedaba despedido y que me iba a demandar...
El relato de Miguel continúa diciendo que salió del lugar y se dirigió con ellos a un parque cercano donde  había otras personas.  Se entero que aquellos eran líderes de la ULPD  y le mostraron el volante de la reunión que se celebraría dicho día.  Comento que Rosana, la mujer que supuestamente  le había ayudado estaba en extremo seductora y coqueta.
Comenzaron hablar de política y según él, pasaron un buen rato. En esas German pasaba por el parque acompañado con otros del grupo, y  Miguel le entrego el volante  para que se les unieran.
Salió eufórico con esos desconocidos a la reunión,  sin saber exactamente a donde lo llevarían  pero seducido completamente por esa mujer, acepto sin reparo.  Cuando llegaron, entraron a un cuarto especial, donde según Miguel había unos hombres consumiendo cocaína, que al parecer eran criados de aquellos que lo invitaron. Mordió  a los sujetos dos veces, mientras hablaban de política y contaban chistes.  El se sentía muy bien, y muy relajado. Los sujetos lo hacían sentir muy cómodo.
En esas le propusieron a él se subiera a la tarima del griterío a hablar de sus creencias, y la mujer, se acerco y le prometió un encuentro sexual después del discurso.
Excitado y entusiasmado,  Miguel hizo exactamente lo que le propusieron, y cuando entro nuevamente al salón, Rosana le tomo de la mano, dispuesta a ofrecerle otro baso de vitae, sin embargo Miguel no se alcanzo acomodar en el asiento cuando le informaron que German le estaba buscando, y como él lo había invitado al evento, salió a su encuentro pero contrariamente a lo que pensaba, se encontró con Diego disfrazado.
Diego miro en silencio a su amigo con total gravedad, sí bien seguía molesto, la preocupación le invadía.
-          Ave María, te tendieron una trampa y caíste redondito, Se toca la frente mientras piensa “este es mucho guevon” . Tres-se necesito hermano que me conteste lo que le voy a preguntar, porque esta vaina esta re rara. ¿Había visto a esa gente antes?
-          No parce, ni siquiera en las otras reuniones de la ULPD, nunca
-          Y si es así, ¿ vos cómo es que de repente terminas de muy amigo de estos fulanos?
-          Pos, hermano, yo.. mira el cielo, yo no estaba bien, yo estaba como embobado, yo me sentía  extraño, y adicional le tenía unas ganas a esa hembra cosa cerda, lo que la vieja decía, yo lo hacía. Llora. Y no me tiene que explicar lo que ocurrió porque ya me di cuenta.   Se toca la cabeza con las dos manos. esto que pasó solo es culpa mía... soy un estúpido. En lo único que pensaba era en acostarme con la tipa, y  por eso cuando usted apareció le mentí, y le dije lo de la fiesta.
-          Sí,  seguro dice con sarcasmo Fiesta pa joderte dirás, añade con ironía,  tu estabas pensando con la “otra”  cabeza. Se toca la frente realmente preocupado  esperando que no fuera tarde  ¿Vos cuantas veces tomaste de lo que ella te dio?,
-          Pos solo el primer trago, en la disco cuando  iba a matar a mi jefe. Dice haciendo memoria. Luego me ofreció un trago, pero en esas buste llego parce, y no bebí.
-          ¡Oh gracias al cielo  llegue a tiempo!. Se levanta preocupado de la cama alzando los brazos . Sabía que estabas en problemas, lo sabía.  Da vueltas por el cuarto de Miguel.  Carajo, Carajo, Carajo.
-          ¿me perdona ?, pregunta Miguel con tono suplicante mientras se limpia las lagrimas
Diego mira a su amigo por un segundo  mientras pensaba en lo que estaba ocurriendo.  Miguel fue víctima de un ataque inteligente, algún fulano, posiblemente malkavian,  manipuló sus emociones haciendo que entrara en frenesí. Luego ya drogado, adquirieron control sobre él utilizando presencia o algún nivel de dominación mental. Le siguieron drogando  seguramente con planes más macabros. 
-          Tres-se, se sienta  nuevamente en la cama ignorando la petición de su amigo, los que hicieron esto, sabían mucho, lo que te hicieron fue muy bien planeado. Ellos sabían todo de vos,  ¡y que supieran mucho sólo es culpa tuya,  por dar  papaya!.  
Diego continúa con un tono de regaño. 
-          Recordas. Dice en su usual acento. Que desde que llegamos a este país, a vos te pedí prudencia, te dije  que siguieras ayudando a los demás pero que no fueras muy evidente con tus opiniones. Lo mira directamente a los ojos. Ayer cuando entre y te escuche. Miguel palidece cuando se entera que Diego fue testigo del discurso. Me di cuenta que sin necesidad de estar drogado, vos te pones hacer discursos que la gente escucha, cuenta y divulga. Hace un gesto negativo. Y todo el mundo se entera, en especial, tus enemigos.
Todos  saben que vos odias al primogenito ventrue y demás. y por eso,  en una investigación que hice, te han señalado como un peligro.... y vos sabes que ocurre sí eres un peligro.  Hace un gesto irónico como  señalando la situación actual y su propio cuello.
Esa vieja  miserable  estaba buscando vincularte para luego tenerte  a sus pies. Lo mira serio. Hubieras perdido la libertad y todo por lo que tanto luchas, ¿ vos te das cuenta de eso? . No lo logró, pero por poco. Diego mantiene la mirada firme. Así que si vos quieres que te perdone, tendrás que cambiar de actitud, ¿me entiendes?
Diego le dijo que tendría que asumir  varias acciones por su seguridad personal, desde tener cuidado con la vitae que consume, hasta realizar una reunión con los sin clan para comentarles lo sucedido.  Era claro que Miguel no podría estar sólo. Era sensible a ser víctima nuevamente de estas acciones de dominación, y ahora tenía un factor que lo hacía más vulnerable.
Tendrían que planear la seguridad   de ambos y  evitar riesgos. Eso incluía revisar sí podía seguir estudiando.  Miguel se entristeció, posiblemente tendría que suspender  el colegio, a menos que se buscara alguna estrategia, y sobre el trabajo...tendrían que pensarlo bien.
A Miguel no le gustaba la idea de bajar el perfil.  Necesitaba ser parte de algo. Apoyar  a los sin clan siempre lo motivo,  por eso era necesario hacer una reunión con los mismos, reunión a la cual Diego planeaba asistir.
Con las cosas un poco más claras termina esa noche, que anota al papel, otro ítem a la lista de problemas.

lunes, 5 de julio de 2010

El borde del precipicio


La puerta se cerró tras de él después de una despedida formal. La confesión del regente lo había dejado en una  zozobra emocional. En realidad lo que le dijo  era algo que golpeaba “nuevamente” sus principios.  Recordó  su pasado.
 No hace muchos años él había sido un tremere  estudioso, dedicado y fiel al clan, había sido abrazado tras una revuelta histórica en Bogotá y luego había viajado a Viena, hogar de la cabeza del clan Etrius. Aprendió todo lo que pudo durante  diez años y luego regreso a su país a continuar con su existencia , era médico, profesor y adicionalmente entusiasta de conocimientos. Pero una noche todo cambió, se acostó en la cama de su casa, y despertó en un lugar apartado junto a varios desconocidos. Ese día les informaron que eran  esclavos, escogidos para una misión por sus antiguos, la misión no era clara, sólo eran un conjunto de órdenes extrañas y sin coherencia. Sólo eran títeres. Les habían dicho que les habían extraído el corazón y qué de no cumplir las órdenes morirían. Era una pesadilla, y Diego recordó su desesperación interior, nada lo había preparado para perder su libertad. Fue en ese momento que conoció a Miguel, conocido como El tres sesenta (360),  un sujeto sin educación que había sido guerrillero en los tiempos en que el serlo obedecía a una ideología marxista y no en un negocio.  Inicialmente recuerda que tuvo sus reservas frente aquel hombre, pues  los tremere tenían un enfrentamiento “político” con los brujah, y era claro que “no se podía confiar en ellos”. Sin embargo en ese lugar rural donde los tenían, no tardo en darse una amistad, y de repente esos dos hombres de mundos y procedencias distintas parecían tener más cosas en común de lo que pensaban. Sin embargo no confiaban mucho el uno en el otro, hasta que comenzaron el hilo de misiones ridículas, y situaciones incomodas ocasionadas  por la bruja de la princesa a la cual ambos odiaban con pasión.
Esas noches de tristeza  e ira en búsqueda de la libertad los unió, a tal nivel que,  cuando la situación se puso critica,  guardaron lealtad entre ellos, a pesar de que los clanes estaban en Conflicto.
Diego para un momento en el pasillo y cierra los ojos recordando aquello que le dolía.
En su desesperación por encontrar su libertad tomo una decisión que le costó la vida a muchos, incluyendo la vida de la princesa maldita. El dolor frente a este aspecto lo atormentó por mucho tiempo, pero más sufrimiento le dio enterarse que “su propio clan” le había escogido para sufrir semejante tortura.
Todo lo que pensaba de su clan se había hecho trizas, y por mucho tiempo sintió una contradicción amor-odio frente aquellos que consideraba su familia, y también culpa por no poder salvar a su regente de una muerte espantosa a manos del Sabbat.
Huyó de todo, salió del país, y viajo por el mundo acompañado de su amigo quien como un mástil, siempre estaba ahí para sujetarlo cuando caía.
Miguel, era un hombre capaz de guardar la calma. Muchas veces cuando Diego estaba furioso, era este el que le ayudaba a calmarse.
Pasó el tiempo, y  después de muchos sufrimientos y desdichas, y gracias a ciertos eventos beneficiosos Diego recibió el perdón del circulo interno, y le pusieron a escoger entre varias ciudades para “comenzar de nuevo”, y es así como terminaron en los Ángeles .
Sin embargo  estar en los Estados Unidos era un reto para Miguel quien desconocía en ese entonces el idioma, y que establecía un claro rechazo hacia la estructura política norteamericana.  Miguel sufrió mucho el primer año y al parecer sólo se había adaptado al país hace poco, aunque no en su totalidad. Encontrarlo murmurando ofensas frente a los norteamericanos era pan de cada día.
Diego se toca la frente y continua con su camino, sentía como si todo fuera un sueño.  Deja los documentos en su espacio, cierra con llave el laboratorio y sale a su apartamento.
Mentalmente estaba a mil por hora, pensaba en todo y solo esperaba llegar a su casa,  recostarse en su cama y relajarse, luego tal vez tomarse unos tragos con Miguel.
Llego al apartamento el cual estaba vacío, era Viernes, y Miguel trabajaba los fines de semana, llegaría a las 3 a.m con suerte. Diego se dirigió a su habitación, se quitó los zapatos y se  recostó en su cama. Cerró los ojos por unos momentos y luego tomo  su teléfono móvil. Marcó el número de Miguel, y el timbre sonó en el cuarto del mismo.
Diego se levanta y se dirije al cuarto de Miguel, evidentemente el teléfono esta al lado de su maleta, aquella que lleva en sus clases nocturnas.
No lo llevo, se le olvido seguro.
El hombre entonces marca al Bar donde trabaja Miguel de vigilante. Un sónido sonoro de música latina se escucha como un estruendo. Diego escucha al jefe de  Miguel contestar la línea, y él muy respetuosamente pregunta por su amigo, para su sorpresa la respuesta del hombre fue.
“ Ese Bazofia, desde hoy no trabaja aquí, no llame más”
Cuelga de la forma más agresiva posible, y en ese momento Diego palidece.
¿lo despidieron?... ¡ah carajo!
Diego entonces se sienta en la sala pensativo, ¿qué hacer?, no tenía una buena sensación de esto, de repente sentía que algo estaba mal. ¿Dónde se habrá metido?
Entonces con el teléfono de Miguel en mano y sosteniendo el propio llama a uno de los sin clan de confianza. El timbre suena y una voz ronca saluda.
-          ¿Germán?, mire habla con Diego el amigo de Miguel, es que debo contactarme con él, pero dejo el teléfono en casa, ¿sabe dónde esta?
-          Buenas noches Doctor.  Le saluda el hombre. ¿Miguel no le contó?, hoy es la reunión de  La ULPD en Gonzaque Village, lo invito un tipo, no me acuerdo, un man con un nombre raro, tengo acá la dirección por si la quiere.
Diego  saca rápidamente un bolígrafo y anota la dirección, mientras mentalmente piensa
Vida hijueputa, ¿qué carajos está ocurriendo?
Diego estaba preocupado y con razón, Gonzaque Villaje era uno de los  cuatro sectores más peligrosos de los Angeles. Cuando él llego a la ciudad le advirtieron que evitara esos sectores al máximo, el nivel de delincuencia, pandillas y crimen era alto. Es más, según entendía era un sector gobernado por settitas y  sabbats.
No entendía que hacía Miguel ahí. Aunque bien sabia que la ULPD  (Unión  latina por los Derechos) hacía reuniones con cierta regularidad. Algo estaba raro y no le gustaba. Pero ¿qué hacer?
En ese momento recordó el señalamiento que había sobre su amigo. Se levanto dispuesto a ir a su encuentro, algo no le gustaba.
 Entró a su cuarto se cambió de ropa, se pusó unos jeans, unos tenis y una camiseta informal no muy elegante. Fue hacia el cuarto de Miguel, tomó una  de sus chaquetas y unos lentes oscuros de color azul que tenia por ahí y que casi no usaba. No podía ir al lugar vestido como usualmente lo hacía, seguro lo atracarían.  Entro al baño, se coloco algo de gel en el pelo y se lo peino de manera desordenada, por último se miro al espejo.
Sí  su  santa madre viviera seguro le daría un ataque.
La imagen que se reflejaba en el espejo no era él, era un Diego disfrazado de rebelde. Pero era mejor ir disfrazado, no se sabía con que enemigos  se podría encontrar.
 En el bolsillo  colocó elementos para rituales y mini capsulas de su propia vitae. Tomó una pistola automática y salió del apartamento con la dirección en mano directo hacia el subterráneo. Se sentía extraño andar por la calle así, los lentes oscuros de color azul no le dejaban ver muy bien, afortunadamente había llevado los que tenían su fórmula, por si los necesitaba.
Mientras estaba en el vagón del subterráneo que lo llegaría a la localidad, podía darse cuenta del tipo de personas que iban en el vehículo: Personas apestosas, jóvenes llenos de tatuajes, mujeres con pinta de prostitutas, hombres ebrios y una que otra anciana trabajadora...  
Vivir en los Ángeles era peligroso y más si vivías en uno de los sectores deprimidos.
El subterráneo llega a la estación de  Gonzaque y Diego comienza a caminar rápidamente. Simulando naturalidad, sube las escaleras  que dan al exterior, y ve un sector  con casas bajas y edificios pequeños. En las esquinas observa prostitutas y hombres de color reunidos hablando.
Camina hacia la calle  de la dirección que tiene  y lo primero que ve es un anuncio enorme que dice: “Chris Whitley´stripper club”
El local es enorme, ocupa casi toda una esquina.
Justo cuando iba a entrar un sonido de vidrios lo distrae, una sombra pasa justo al frente de él a punto de atropellarlo. Para en seco y mira a su izquierda. Un hombre había atravesado un ventanal producto de una pelea. Diego evita a los combatientes y se dirige directo al lugar donde esperaba encontrar a Miguel. Aunque el evento lo asusto, trato de guardar tranquilidad. Este lugar era más salvaje de lo que creía.
Camina directamente hacia la puerta y  al  encargado le dice que va a la renión de la  ULPD. El vigilante simplemente le señala un salón al fondo. Al entrar el olor a sudor y bebidas es evidente, no es un lugar muy higiénico. En la tarima central estaba  una rubia completamente desnuda bailando mientras   hombres le daban dinero.
 Diego ignora las distracciones y va hacia el salón señalado, encontrando que otro hombre le dice que baje unas escaleras que llevan a una especie de sótano. Diego no espero que al abrir una puerta pequeña se diera paso un gran salón lleno de hombres y mujeres que se agolpan ante una tarima escuchando un discurso.
Diego no lo puede creer, encontrar a Miguel no es difícil pues está en la tarima haciendo un discurso en español y a grito entero.
Es la hora de no ser peones del sistema, quieren todo para ellos, pero a los pobres y desvalidos los dejan de lado!
Diego observa que mientras unos vitorean a su amigo con palabras de acuerdo otros le insultan, y le dicen traidor.  El ambiente es altamente agresivo. El hombre disfrazado de repente se da cuenta que estaba metido en un griterío, había escuchado sobre esa tradición brujah, pero nunca pensó estar dentro de ella.
Algunos de ustedes han vivido la discriminación de los gringos y de los lideres, otros son unos vendidos a este sistema capitalista descompuesto.
Abajo los janquis, abajo el maldito primogenito ventrue, abajo la corrupción
Miguel está  muy eufórico cuando dice esto y salta emocionado.
Los gritos de su amigo hacen que  Diego se altere. ¿acaso el tre-se se ha vuelto loco?.  ¡Con razón lo quieren matar!
Observa bien la gente a su alrededor y de repente observa personas con símbolos que no le gustan, se da cuenta que está en un campo minado, hay Sabbat hasta en la sopa. ¿En qué carajos está pensando este man?.  Mentalmente ruega salir de ahí con vida. Debe esperar a que Miguel baje de la tarima para acercarse, y sea como sea, sacarlo de ahí.
Pasan diez minutos  de discurso  utilizados por Diego para acercarse a la  tarima. Miguel es un hombre apasionado y Diego debe aceptar que capta la atención. Es un líder natural.
De repente se termina el discurso. Un grupo del salón aplaude, otro lanza botellas a la tarima. Todo es muy desorganizado. Miguel baja de la tarima esquivando botellas y se pierde de la vista del tremere quien   entre la gente trata de acercarse  maldiciendo por lo bajo. Después de varios empujones llega al sector por donde bajo su amigo encontrando una pequeña puerta custodiada.
Puta vida, ¿ y ahora qué?
Dado que no ve muy bien activa sus sentidos agudizados para ubicarse. Un  negro enorme custodia la puerta y detrás de ella está seguro que escucha la voz de  Miguel.
Se acerca al negro y le dice tratando de imitar un vocablo ingles callejero. “Busco al tres- sesenta, urgente, de parte de Germán”.  Era evidente que no iba a decir su nombre, no se iba a poner  en evidencia, pero necesitaba hablar con Miguel.
El sujeto  inicialmente no quiere colaborar, pero  por alguna razón luego de algunas palabras de convencimiento abre la puerta en búsqueda del hombre.
Fueron sólo cinco segundos de visión que tuvo  Diego de dicho cuarto antes de que se cerrara la puerta. Muy poco tiempo, pero suficiente para que él se diera cuenta de lo que ocurría, había  una mesa con algunos personajes de pinta extraña sentados en ella, encima de la misma, había líneas de cocaína listas para consumir, y podía sentir el olor de vitae en alguno de los vasos.
De todas las personas que estaban sentadas había una mujer, evidentemente vampira que,  con muy poca ropa resaltaba del resto. No sabía quien era.
Diego rogaba internamente que saliera pronto mientras observaba  por encima de su hombro su espalda esperando no ser atacado.
La puerta se abre y sale Miguel con una postura algo  extraña, vestido de manera informal y con sus lentes oscuros deportivos.
-          ¿Y buste quien es?, Diego se quita medianamente los lentes y deja ver sus ojos y  el hombre cae en cuenta. ¿Parce?. Dice muy sorprendido. ¿ Y buste qué hace aquí?
-          Curioso. Responde Diego no muy feliz. A vos te iba  a preguntar exactamente lo mismo.  Sin dejar que su amigo responda  añade. Ve salgamos  de aquí, no es seguro, luego te cuento.
-          Pe-pero..  mira la puerta, es qué yo.. titubea y explica. Me invitaron de rumba hermano, y sabe qué va a estar buena.  Dice de manera erráticamente sospechosa.
-          Tre-se.  Responde tratando de controlarse. Yo no voy a salir de aquí sin ti, ¿entiendes?,  toca amablemente la espalda y le habla “por las buenas”. Vamos parcero... vamos.
Miguel se queda por un momento paralizado sin saber qué hacer, pero luego comienza a caminar hacia la salida esquivando la montonera. Diego mentalmente desea que ninguno de los que le lanzaron botellas le siga. Sale del local mirando por sobre su hombro de manera paranoide y totalmente preocupado mientras Miguel parece tranquilo, en realidad en exceso.
Caminan hacia una avenida, y Diego agradece al cielo que un taxi libre les parara.  Ingresan al vehículo que comienza andar. El tremere revisa  que ningún auto los este siguiendo, y  mientras lo hace evalúa a  su amigo con suspicacia. 
Se quita los lentes azules, y se ponen los que usualmente usa. Evalúa la situación y   haciendo un movimiento ágil  le quita los anteojos oscuros a  Miguel quien lo mira sorprendido mientras murmura “¿qué pasó parce?”
Diego baja la mirada triste. Los ojos de su mejor amigo están en extremo dilatados. El sabe lo que significa, Miguel esta drogado, seguramente tomó de la cocaína que estaba en la mesa, y quien sabe qué más. Ahora la sensación de malestar que le invadió en el apartamento estaba justificada, algo definitivamente estaba mal... o muy mal, eso no lo sabía. Con razón estaba tan eufórico.
Miguel  baja la cabeza apenado, mientras se vuelve a colocar sus lentes oscuros.
Al llegar a destino, pagar el recorrido al taxista y entrar al apartamento Diego simplemente no se puede controlar más.
-          ¿A vos que hijueputas te está pasando Miguel?.  Le dijo con real ira, ahh lo que faltaba, comportándose como un cagón
-          Pero Parce.. Contesta Miguel pálido alzando los brazos como justificándose
-          ¡Pero Nada!, Ave Maria hombre, ¡los que nos faltaba!, ¿ desde cuándo se le dio por consumir porquerías?, ¿por andar con esa gente por Dios?, ¿por hacerse el pendejo y dar tanta papaya?. Dice furioso mientras se sienta en la sala y sigue sermoneándolo, y para peor también lo echaron del trabajo,  ¿Tre-se como hijueputas  terminó en esto?, ahí sí lo inteligente se le fue al suelo.
-          Paisa, ya deje de regañarme carajo. Dice Miguel furioso y frustrado mientras alza las manos y camina hacia su habitación.
-          Ahh con que esas tenemos,  dice levantándose  cómo dicen por ahí, tras de ladrón bufón. Añade totalmente perturbado. Así sí es que no vamos pa ningún lado.
En ese momento Miguel entra a su habitación y  se escucha un sonoro portazo en el apartamento.
-          ¡Y no me azotes la puerta que esa no tiene la culpa de sus cagadas!. Dice Diego  furico mientras entra a su habitación. Vida hijueputa, ¡cómo si no tuviera ya problemas!.  Murmura. Ahora quien sabe este en qué está metido.
La noche termino así, en disgusto. Diego no podía creerlo, era un problema grave, sólo esperaba que fuera una mala noche y  no un problema a largo plazo.
Llego el amanecer y con ella el sueño, y  al comenzar la noche del otro día las cosas se habían calmado, pero no por eso la situación se había olvidado.
 La amistad sobrevive a pesar de las tormentas y se convierte en soga fuerte cuando alguno está a punto de caer en el vacío.