En silencio miraba un punto fijo en la mesa. Alrededor de él otro hombre caminaba organizando unos vasos y que le miraba de vez en cuando con una actitud confusa, aunque en oportunidades el podría jurar que se estaba burlando, o que simplemente no comprendía nada.
- Sigo pensando que estas exagerando. Dice con una sonrisita mientras coloca los utensilios en su lugar.
Diego mira a su mejor amigo con mal humor, en realidad no estaba de él mejor ánimo para enfrentar los comentarios facilistas de su amigo, a quien todo últimamente la parecía fácil... hasta meterse en problemas. Tras un gesto negativo y algo desafiante, le comunica a su amigo de manera no verbal que no está dispuesto a hablar de eso.
- Hay paisita, definitivamente usted es un hombre muy bueno.
Dice por ultimo riéndose, notando que posiblemente tendría una reacción negativa de parte de su amigo, pero no le importaba, siempre le decía lo mismo. En realidad, aunque no le gustaba verlo mal, le divertía en ocasiones ver como se complicaba la vida con pequeñeces. Eran en algunas cosas tan diferentes, pero eso era básicamente por cuestiones de crianza. Diego nació en una familia católica tradicional antioqueña, educado en colegio de curas donde el sexo era calificado como algo pecaminoso, y sus principios, en extremos católicos, lo asociaban con la culpa. Sí bien era cierto que Diego no murió virgen, y tenía sus instintos masculinos bien desarrollados, también era claro, que él tendía hacía una visión muy moral de todo lo que hacía, es decir y en otras palabras, "para Diego no era difícil sentirse culpable".
Posiblemente era su forma de ver la vida, con la constante autoevaluación que hacía de sí mismo. Diego quería que su no vida fuera buena. Idealizaba lo que quería de sí mismo, y del mismo modo, como su vida no era perfecta, sufría. Dado que en el pasado se equivoco, juzgaba sus equivocaciones como un retroceso de sus avances. Manejaba niveles de ansiedad altos.
- Vos deja de decir esas maricadas. Contesta de mal modo, le molestaba su señalamiento, sentía que en parte le decía “mojigato”, tras hacer un gesto en su rostro serio, añade. No estoy de humor para tus chistes.
- Yo no estoy contando chistes. Dice de manera rápida. Sólo me parece que te complicas demasiado la existencia por un polvito ocasional. Dice hablando de la situación con Rebeca. Además, pos bacano que tenga una novia.
- ¿NOVIA?. Contesta ofendido, Pensé que vos eras mi amigo y no me deseabas ningún mal.
- Jajaja. Se ríe sin ocultarlo Miguel. Pos como que ambos se buscaron ¿no?. Se ríe. Buste no le cerró la jeta con un beso porque no le gustara. Dice con propiedad mientras lo mira a los ojos. Además, la vieja lo estaba buscando. Se ríe nuevamente. Seguro es de esas masoquista que les gusta tratar mal a los manes, pa luego abrirles las piernas..¿buste no ha pensado en eso?. Se ríe mas duro. Seguro la vieja le tenía el ojo puesto desde el principio y por eso se portaba mal con buste.
Diego le regala una mala mirada a Miguel, molesto por sus risas y burlas. Posiblemente se sentía tan disgustado, porque en parte tenía razón.
- Gracias parcero, vos siempre haciéndome sentir mejor. Dice con alto sarcasmo.
- De nada, se ríe mientras mira el reloj, entre otras ¿no se le hace tarde?
Diego no quería ir a la capilla, estaba haciendo tiempo, estaba lamentando no poder llamar a decir que estaba enfermo, cosa que sería creíble si fuera humano, en realidad, no quería ir a trabajar, y menos, verle la cara a ella, quien logro lo que quería.
- Ehhh Ave María, Con las ganas que tengo de ir a trabajar. Dice de manera irónica
- Pos sí debería tener ganas, posible hoy también hoy se lo de.
Diego hace mala cara y mira a Miguel de manera amenazante, Ahí estaba pintado con sus comentarios estúpidos, siempre comportándose como un adolescente hormonado. Su mirada se encuentra con la de él y en tono de regaño añade:
- ¿Vos porque no maduras?
- Ni que fuera un mango
****
Tras un día intranquilo en un hotel local, Terence estaba nervioso, y de mal humor No se sentía cómodo y más, después de que se enterara que este territorio era del Sabbat. La camarilla en este sector no tenía poder, por tanto el aquí no sólo era un don nadie, sino que también una victima fácil. Sí los del Sabbat ayudaron en dejar a su siré parapléjico, no se podía imaginar que podía pasarle a él. Sin embargo la idea de la muerte jugueteaba en su interior, no quería morir de manera horrible, aunque sí llegara el momento, simplemente permitiría que le mataran.
Se levantó y se miró en el espejo, de nada serviría que se bañara, igual estaba muerto. Se vistió de manera lenta con la misma ropa con la que llego, algo arrugada y sucia. En su mente no podía dejar de pensar en lo patético de la situación, sí el acepto a cuidar a su sire, aunque sonara estúpido, pero en parte lo acepto, y ahora había aceptado esto, y no sabía porque.
Vamos a ver al mimado ese, pensó. No sabía donde encontrarlo exactamente, sabia donde habia estudiado, y a su vez, sabia un poco donde vivía antes, pero era posible que el se hubiera mudado. Habia sido un tonto al no enterarse donde esta el niño de papá.
Habia comprado un mapa en el hotel, y se dio cuenta que la residencia del muchacho estaba a unas cinco calles de donde él se hospedaba. Así que decidió salir del hotel y caminar.
Lo primero que hizo fue mirar el cielo, era una noche sin luna y sin mucha iluminación. No sabía si eso era bueno o malo.
Caminó por las calles tranquilas de la ciudad, hay movimiento pero común, no percibe amenaza alguna. Poco tiempo luego de caminar se encontró con unos apartamentos de buena presencia, y se sorprendió al encontrar que estos edificios eran la supuesta vivienda del muchacho. Rowan seguramente se aseguraba que viviera bien.
Siguio al edificio y busco el sector, y una vez encontrado subió por el ascensor hacia el lugar. Toco la puerta, y escucho una mujer que reprendía a unos niños, al abrirse la misma no esperaba encontrar una mujer regordeta de apariencia recia, donde detrás de su enorme cuerpo se veian a unos niños que escuchaban todo. El pregunta tartamudeando por el muchacho y la mujer gorda le contestó manera textual, que no sabía donde estaba él, que él muchacho perdió ese apartamento en una apuesta, o por parte de pago de algo, no especifico el motivo, aunque Terence podía imaginarse muchas cosas. La mujer no sabía ni le interesaba donde estaba el muchacho.
Cuando bajo a la primera planta del edificio se sentía como un tonto, no sabía que más hacer. Sin embargo mientras hace una pausa, escucha una voz infantil detrás de él.
- ¿Busca al Canguro?
- ¿Canguro?
- Sí, Maurice, le dicen el canguro, el era nuestro vecino, pero luego que se fuera mi mamá tomó su apartamento. Dice el niño de unos diez años interesado. ¿Por qué lo busca?
- Necesito urgente hablar con él..
El niño evalúa la circunstancia y continua diciendo algo de manera rápida, mientras se escucha a su madre gritar llamándolo.
- El Canguro se la pasa por la calle Urman Streep, pueda que tenga suerte, a mi me caía bien, era un buen sujeto, lástima que tenga tantos problemas..
Terence se queda pensando sobre lo raro de la situación, es curioso que un niño trate de ayudarlo.
****
Diego llega a la capilla tensionado, pero al parecer nadie se ha enterado de su aventura, y lo más curioso, es que la mujer había mostrado un lado más amable hacia él, aunque solo fue en un saludo, y aunque él estaba en extremo prevenido, la tensión existente entre ellos parecía haber desaparecido, no por parte de él, sino de ella. De repente ella era “amable”... y Diego no sabía que pensar.
Continúo trabajando, preocupado por todo, y esperando que el regente no le pudiera otra de sus tantas obligaciones.
Tras abrir su maletín muestra un signo de furia. Al parecer su mejor amigo le había empacado sin su autorización unas cajas de preservativos. No sabía sí llamarlo e insultarlo. Estaba de muy mal humor. Duro sin hablarle un par de días.
Sin embargo las cosas transcurrieron así, en una aparente tranquilidad. Parecía que nada de lo ocurrido traería consecuencias.
****
Poco a poco las calles se llenan de música y de desorden, la gente joven se agolpa y hace filas para entrar en varios bares del lugar. Hace frio, así que todos los jóvenes visten ropa de invierno, pero a la vez son modernos y algunos de muy mal gusto. Una prostituta casual le ofrece sus servicios mientras camina, el sigue caminando, ignorándola, ¿Dónde iba a encontrar a ese muchacho?
Sin embargo, el destino estaba de su lado, a una cuadra y media de donde estaba, siente como abren la puerta de un bar y un sujeto sale golpeando a otro.
- No quiero que vuelvas por acá, maldita sabandija!
Dice el hombre luego de golpearlo. El joven rubio y con cara trastornada, sangra por la nariz, y sin decir palabra, se levanta de manera torpe y cruza la calle tambaleándose. Un carro pasa lentamente por la acera y de repente un golpe se escucha. El joven en su estado lamentable no se fijo que podía ser atropellado.
Terence corre hasta el lugar y lo reconoce inmediatamente, la foto que tenia, era de un joven saludable, el que tenia al frente, tirado en el piso, era un hombre joven, pero que se notaba enfermo. Su cara, estaba maltrecha y se veía agotado.
El rostro de la drogadicción... ese muchacho ha caído bajo..
Una mujer de unos 45 años sale angustiada del vehículo.
- No lo vi, lo juro... dice la mujer... se atravesó muy rápido
Terence se quedo pensando por dos largos segundos y añadió.
- Yo-yo le conozco.
Se acerca al muchacho, el carro iba muy lento para que le hiciera un gran daño, en realidad, el muchacho estaba tan intoxicado que se había caído por poca coordinación, comenzó a tratar de levantarse y Terence en ese momento hace algo que luego le sorprendería. Para el primer taxi que pasa cerca y monta al confundido chico al mismo, y sin dejar hablar a la mujer que le había atropellado, se aleja. El Taxista está dispuesto a llevarlo al hospital, pero Terence revisa rápidamente las cosas del muchacho y encuentra la llave del lugar donde vivía, con la dirección.
Inmediatamente se dirige hacia allá.
El lugar es un edificio en un lugar modesto, cuya presencia externa es mejor que la interna, dado que el edificio huele mal, y las esquinas están llenas de basura.
-¿Quién es usted?
-Un amigo. Dice de manera incomoda mientras trata de ayudarlo a subir las escaleras.
Abre el apartamento y el muchacho se suelta cayendo en su cama como un bulto, en ese momento se pueden observar pequeños puntos rojos en su codo interno, producto de lo que sea que se esté inyectando.
No puede evitar mirar alrededor. Un apartamento pequeño sumido en el desorden, y en una esquina una fotografía torcida del muchacho pequeño, con su madre y padre.
Sentía que los ojos de Rowan lo miraban a través del papel.

1 comentario:
xDDD pobre Diego, ese Miguel lo tortura... como si él solito no lo hiciera bastante.
Y quiero demandarlo por derecho de autor! aunque yo alego que no maduro xq no soy manzana xDDDD
o.o pobre terence, en quñe estadi encontró al hijo de rowan... ojalá pueda ayudarlo
besos!! te quiero!
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