Es extraño, que justo cuando te das cuenta que hay “otros” además de ti que están alrededor es cuando comienzas a escucharlos. Antes el Cuervo no los escuchaba guardado en su habitación, pero desde que salió al exterior comenzó a darse cuenta de su existencia, y eso no era exactamente algo que lo hiciera sentir bien.
Tal vez era el hecho de ver la locura en el rostro de aquellos desconocidos, o el hecho que fueran espejos de su sufrimiento; y en realidad “él” no quería saber de otros, solo quería saber de si mismo, de sus problemas y de nada más.
Su nivel de humanidad le dificultaba darse cuenta de las necesidades de los demás, pero aquí eso era imposible, casi que este lugar lo estaba haciendo más sensible y... humano.
Podía escuchar los pasos de aquellos en el pasillo, sus murmullos, su llanto, sus gritos, sus palabras, mientras él trataba de centrarse en resolver sus propios problemas sin dejar de olvidar que estaba en un manicomio. Odiaba al Pelusas por haberlo llevado ahí, lo odioba mucho, pues sentía que le había hecho un daño y no un beneficio. En los últimos días había estado tan irritado con él que no había querido pasarle al teléfono.
Suspiró de manera abrupta y llorosa mientras miraba al techo y observaba nuevamente “la foto”. Sus ojos ya no miraban la imagen como antes, había cierta desesperanza engañosa que se confundía con deseos brumosos, y sin embargo él seguía amándola a pesar de que sentía que a ella poco le importaba lo que fuera de su no vida. Se la imaginaba lujuriosa besando a su nuevo amante en la cama mientras jugaba con él eróticamente; y eso, lo llenaba de ira, de celos, de dolor y de amargura. ¿En que habían terminado 20 años de relación? ¿Cómo de repente aquella que amaba se convirtió en su enemiga? Todo era una gran mierda, una gran mentira solemne dentro de un velo de presunto cariño incondicional...
Y sin embargo, a pesar de ese dolor y esa ira hacia ella, lo que más le dolía y mortificaba era esa culpa transparente de todo lo que él hizo mal, y de todo lo que él era. No fue lo suficientemente bueno, ni hizo las cosas lo suficientemente bien para que ella se quedara con él. No era nadie.
El juego de la autocritica era constante. Aquel que desde pequeño había sido descalificado y desvalorizado había encontrado en la depresión psicótica la excusa para reafirmar ese rótulo negativo que otros le habían puesto en su cabeza y que él se había comprado.
Estaba cansado de llorar, a veces sentía que sus lágrimas de sangre se habían secado, y sin embargo aquellas aún aparecían aunque tratará de hacerse el fuerte. Aún por breves períodos podía escuchar la voz de ella en su cabeza, pero la alucinación desaparecía rápido y con amargura.
A pesar de la insistencia del médico sus palabras seguían siendo contadas aunque sus pensamientos habían aumentado considerablemente. La medicación ya no era tan fuerte como al principio, pero seguía disgustándole.
- La terapia ocupacional comenzara en 10 minutos. Pasa una enfermera distinta a la que usualmente lo atiende a decir esto.
Él sólo hace un gesto de disgusto y manotea como un niño. Odiaba la terapia ocupacional, la odiaba. En realidad odiaba todo de ese lugar. ¡No quería ir, no quería!, sin embargo tampoco deseaba que lo obligaran. Se sentía como un adolescente sin libertad.
Desde que había tenido un poco más de conciencia le había tocado asistir a ciertas reuniones poco agradables, la terapia ocupacional era una especie de clase ridícula de manualidades, la terapia grupal era un momento realmente incomodo pues tenían que hablar y él se negaba hacerlo, y las largas terapias individuales con el psiquiatra quien de manera extraña, dado que no le hablaba, se habían convertido en sesiones de música en la que el terminaba llorando porque se habían convertido en una tortura al recordar ciertos aspectos que no quería comentar.
Se agarró la cabeza con las dos manos en forma de desespero, bajó las manos frustrado y se dirigió hacia un lavabo que había en la habitación y se mojo el rostro. El agua le ayudaba a veces a tranquilizarse. Tras secarse y ponerse las gafas oscuras salió de la habitación meditabundo dirigiéndose como quien no quiere la cosa al lugar donde se realizaban las actividades. De repente paró en seco en una esquina al escuchar dos voces conocidas.
- Pero doctor, le exijo que me dé de alta, llamaré a mis aprendices para que me saquen de aquí, esto es un secuestro, me tienen acá en contra de mi voluntad. El tono era quejoso.
- Señor Víctor. Dijo la voz calmada del psiquiatra. Quiero recordarle que usted y yo hicimos compromiso. Hace una pausa y prosigue. Cuando usted esté mejor volverá a su capilla, antes no. Esto lo dice con autoridad. Usted sabe que por su dificultad ha hecho cosas que han incomodado a muchos de los suyos, y si usted no mejora no sólo perderá su capilla sino posiblemente su vida. Lo último es cortante. Desde su ingreso lo único que he escuchado de usted son quejas, y si realmente quiere que le dé de alta debe demostrarme que está mejorando, ¿entendido?
- Usted está aliado con ellos... usted... dice de manera paranoide
- Nada de eso Víctor, controle sus pensamientos. Continúa con tono de autoridad. Mejore, ponga de su parte y se hará merecedor del alta, usted es un hombre brillante para entender lo que le estoy diciendo... ahora si me disculpa debo continuar con mi trabajo, nos vemos más tarde.
El Cuervo se asoma y ve la cara de desesperación del hombre quien no parece estar en su mejor momento, mientras el psiquiatra camina en dirección contraria. Ese doctor era todo un misterio, nunca había conocido ningún vampiro que se preocupara por otros, aunque él no confiaba, parecía tener más poder del que aparentaba y la vida en la oscuridad le había enseñado a no confiar en nadie, y aunque él intentaba presuntamente ayudarlo, él sentía que “nadie podía hacerlo”... igual se suicidaría apenas saliera de ahí.
No podía dejar de notar una cosa curiosa, él tipo este, quien evidentemente es un Tremere de alto nivel, poderoso, pues los regentes no eran ningunos dibujados en la pared, había sido puesto en su lugar por este doctor, quien en apariencia era insignificante. Eso le daba algo de placer interno, pues los brujos le causaban asco, y más desde que su ex se había largado con uno de ellos, los odiaba aún más. Esos infelices siempre sentían que eran mejores que los demás y andaban con sus secretos y con su prepotencia. No entendía como ella, quien era muy dominante y crítica de ese clan, había terminado enredada con un tipo así....
Al pensar en eso aprieta el puño y lentamente prosigue su camino hacia el salón de terapia ocupacional, donde sólo hay unas siete personas, y mientras se sienta en la silla puede ver como el hombre que acaba de hablar con el psiquiatra entra al salón.
Frente a él había una serie de palitos de paleta o helado, pegante y pinturas con los cuales cada uno según la instrucción tenía que crear algo. El Cuervo ni siquiera toca los palitos, los mira con desprecio como si se trataran de pedazos de mierda, y para empeorar las cosas ese maldito presumido le habían dado la instrucción de que se sentara al lado de él. Mira de reojo al fulano quien como él mira los palitos como insignificantes objetos, mucho más allá podían ver a Caín con entusiasmo infantil pegando los palitos tratando de hacer una especie de caja y a su lado hay un sujeto con pinta extraña haciendo una especie de “cosa”, mucho más al fondo hay un sujeto que no trabaja con los palitos sino que ha puesto en la mesa todos en orden de color, tamaño y forma de manera obsesiva mientras que el compañero de al lado lo mira disgustado pues ha tomado también su material.
Todos en silencio... todos haciendo algo o no haciendo.
El regente toma los palitos de mala gana, y murmura por lo bajo algo parecido a “yo haciendo tareas de chiquillo de 5 años, mientras los malditos homúnculos tratan de destruirme...”, cierra los ojos alterado y comienza a reunir algo de material mientras mira de reojo al Cuervo quien no hace nada, se cruza de brazos de manera rebelde y se niega a trabajar.
Señor. Una especie de instructora le mira. Ayer no hizo nada, y hoy espero que me muestre algo al finalizar. El cuervo la mira con una sonrisa antipática, y saca lentamente su mano derecha mueve sus dedos y dejando el del medio levantado y los otros contraídos haciendo un claro signo vulgar, mientras piensa “ni mierda”.
La instructora lo mira algo ofendida y se aleja mientras que su compañero de mesa lo mira pésimamente. Qué modales. Murmura. No se le puede pedir más a los ignorantes. El Cuervo no lo piensa, siente que su ser se llena de odio, de ira, de dolor. Levanta su puño derecho y le propina un golpe al vecino sintiendo como la bestia cabalga dentro de él y lo derrumba. Ha entrado en frenesí.
Rompe la mesa donde están trabajando y se lanza en embestida contra el Tremere al que llena de golpes mientras que este enciende su mano en llamas y trata de quemarlo sin poco efecto pues su agresor no se aleja.
En su mente ese hombre era aquel que le había quitado lo que más quería. Ese mago refinado más inteligente y culto, que su mujer había preferido.
Y en su mente, mientras lo golpeaba comenzó a escuchar nuevamente la voz...
“el problema es que usted es un hombre sin aspiraciones y sin cultura, ¡un bruto!... Usted parece tener una almendra en el cerebro y piensa que si tiene mucho dinero ya usted sale adelante; pues no, sabe hay hombres que tienen esto -, recuerda como señalaba la cabeza, - un poco más desarrollado, y yo la realidad no quiero estar más con usted”
Esas palabras reafirmaban su estado agitación y agresividad, y se repetían una y otra vez en su cabeza, mientras el rostro sangrante del Tremere se confundía y las llamas, aunque le hacían daño, no le quemaban.
Inmediatamente los enfermeros tratan de separarlos a ambos. Se escuchaban las palabras de alerta de alguien que hablaba por radio. “ El señor Martin entro en frenesí en terapia ocupacional y el señor Víctor esta descontrolado”. Tres enfermeros enormes toman de los brazos al Brujah mientras una enfermera le inyecta una sustancia en el brazo y en ese momento para el Cuervo todo se vuelve negro.
*****
Despierta en un lugar muy oscuro sintiendo un horrible dolor de cabeza y notando que su brazo izquierdo esta casi destrozado por las quemaduras. Le duele mucho. Un gemido de dolor se escucha en ese lugar como un eco. Trata de acomodarse en la cama y al tocar la pared nota que esta acolchada y en ese momento toma conciencia de lo ocurrido, sus ojos se inundan en lágrimas y comienza a llorar a gritos.
Ya cállate imbécil, por tu culpa nos metieron al hueco. Grita un hombre en la celda de al lado.
Las palabras del hombre lo hacen callar por un momento. La voz era la de su compañero de batalla, quien al parecer está en una celda cercana.
Lamentarás haberme golpeado, yo no te hice nada. Sin embargo no era cierto, él le había provocado, sólo que no pensó que llamarlo ignorante despertaría tal acto de agresividad. El Cuervo sigue llorando aunque esta vez no tan alto, sin embargo se escuchaba perfectamente sus gemidos, y de repente no eran solo los gemidos de él, sino también los del lado, que se percibían como un coro de tristezas.
*****
Pasan unas horas en las que sólo se escuchan sollozos y de repente una luz tenue se enciende y unos pasos se escuchan.
- Buenas noches caballeros. Dice el médico desde el pasillo, quien se asoma por la ventanilla a ver el estado de cada uno. Les advertí a ambos cuando ingresaron que las peleas no eran permitidas.
- El tuvo la culpa. Dice Víctor
- Ambos la tuvieron. Dice el médico con autoridad. Por eso ambos están en la USI.
El silencio embarga el lugar.
- Ahora bien podría sacarlos, pero no sé si puedo confiar en ustedes, su última pelea dejo dos mesas rotas y algunas partes quemadas en el salón de actividades. Su tono muestra calma pero autoridad. Lo curioso es que ambos son pacientes que no quieren mejorar, así que no se si sea mejor dejarlos aquí una temporada.
Nuevamente hay un silencio.
- Unas enfermeras van a venir atender sus heridas, y luego de eso hablaremos los tres y decidiremos si se quedan en la USI o son capaces de vivir en comunidad.
Los pasos del hombre se alejan, se apagan nuevamente las luces y se escucha una puerta cerrarse.
- Fue tu culpa. Volvió a decir con frustración Víctor quien golpea la pared acolchonada sin que el Cuervo le conteste.
No demoro mucho tiempo cuando varias enfermeras y enfermeros entran a la unidad mientras unos hacen guardia otros vendan las heridas y les proporcionan sangre. Luego de esto se van dejándolos a ambos nuevamente en silencio.
Pasa una hora y nuevamente se escuchan los pasos del psiquiatra acercarse y como si nada las puertas se abren al mismo tiempo.
- Salgan, y síganme... su voz es seria
Un muy lastimado hombre con las gafas estropeadas y con heridas en el rostro sale primero, el ego que siempre le caracterizo parece que se hubiera ido de paseo, pues su rostro refleja que está pasando por una verdadera crisis. Al rato sale el Cuervo, con su brazo izquierdo vendado, su paso es lento y meditabundo. El hombre los hace sentar en una oficina especial y se sienta al frente de ellos. Daría la impresión de que son dos niños regañados...
El psiquiatra quien estaba acostumbrado a estas contiendas, pues en parte en un psiquiátrico muchos se comportan como niños, los mira con aire paternal.
- Bueno alguien que me explique qué pasó.
Ambos hombres se miran, es evidente que el Brujah no hablaría, así que Víctor comienza a hablar de manera rápida.
- Estábamos en la terapia ocupacional y la enfermera le dijo simplemente que esperaba que hiciera algo, pues nunca hace nada. Dice de manera autosuficiente. Y él le hizo un gesto vulgar con la mano, y yo le dije que tenía malos modales y ahí me ataco.
El psiquiatra repasa el rostro de ambos, y al ver que el Cuervo hace un gesto le pregunta.
- ¿Estás de acuerdo con lo que él dijo?
El Cuervo no habla, simplemente niega con la cabeza. El psiquiatra al ver que él no quiere decir más le pregunta nuevamente al Tremere.
- ¿Qué fue exactamente lo que le respondiste Víctor?
El hombre mira al médico y se calla sabiendo que ha omitido parte de la historia.
- Le dije que no tenía modales y que era de esperar de un ignorante como él. Mira al Cuervo. Pero eso no justifica que me haya agredido. En eso el Cuervo lo mira con una expresión de dolor.
El psiquiatra entonces entiende todo.
- Aquí ambos hicieron mal. Víctor no puedes esperar que las personas no se sientan agredidas cuando constantemente les estas mandando mensajes de que son inferiores, eso puede que te lo tolere mucha gente pero hay personas como Martín que en su situación que no pueden hacerlo. Y mira al Brujah. Y tu Martín me decepciona pensar que no puedas controlarte, y creo que hay algo aquí que no entiendo, esa actitud grosera y agresiva hacia el personal no me gusta, y menos que agarres a puños a un compañero tuyo de la institución. Y mira a ambos. Ambos son hostiles con el personal que trata de ayudarlos y entre ustedes mismos, aquí ambos son responsables. Dice de manera firme. Ustedes saben, cada uno, porque está aquí; ya han pasado de ese estado de confusión inicial así que no tienen disculpa, y , se supone que vienen acá para mejorar, para cuando salgan de nuevo al mundo no caigan nuevamente en los mismos problemas y pareciera como si ambos se negaran a mejorar. Niega con la cabeza. Con esa actitud no me están haciendo ningún daño a mí, sino a ustedes mismos, ahora si van a continuar así se quedan en la USI porque es el lugar para los pacientes que son un peligro para ellos mismos y para los demás... ¿entienden?
- Sí señor. Dice Víctor en una actitud humilde, poco común en él.
El médico mira el Cuervo, quien mira el piso avergonzado y no dice nada, pero el psiquiatra siente que está a punto de explotar.
- Ya tendrán otro momento para disculparse por la pelea. Dice firme. Víctor. Mira al hombre. Ve a tu habitación y espero que sí en realidad quieres salir de aquí hagas esa tarea que te estoy pidiendo desde que llegaste. Hace un signo pensativo. Nos vemos en dos horas. El hombre se levanta en silencio, sale de la oficina y se aleja. El psiquiatra se levanta y cierra bien la puerta y se acerca al Cuervo de manera amable y le toca la espalda. ¿Qué ocurre Cuervo?... dímelo, déjame ayudarte.
Era la primera vez que lo llamaba por su apodo, y así mismo fue la primera vez que este hombre tembloroso comienza hablar de eso que le dolía...
Por fin esa olla podrida comenzaba a drenarse.

3 comentarios:
*^* hasta que tuvo que reaccionar! ._. y de qué forma ._. ese trémere sin querer le dijo lo peor que podía decirle... es horrible oírle a alguien decirte justo el insulto conque te has estado maltratando a ti mismo u.u
Cada vez está mejor esto, syb... no me tortures mucho esperando :P
"Su nivel de humanidad le dificultaba darse cuenta de las necesidades de los demás."
Esta frase es un tanto confusa: ¿te refieres a que tiene un nivel de humanidad muy alto o muy bajo?
¿Así funciona en la vida real la psiquiatría?
Es interesante =)
Lo del nivel de humanidad es propio del contexto de mundo oscuro, hay que entenderlo para saber de que estoy hablando, cuando pueda te explicare.
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