La ventana estaba cerrada y debajo de él se podían observar una especie de jardín con agua. Se acomodó los lentes mientras percibía que unos pasos se acercaban hacia él. Mira de manera tranquila y observa aquel hombre joven que le parecía extraño.
Estaba molesto, mal humorado e incomodo. Pensaba que posiblemente se había equivocado al venir a cuidar a su sire. A veces el tampoco se explicaba, la pregunta que él, una y otra vez le hacía
¿Por qué me estimas?
Al principio de todo sentía repulsión por ese hombre que le invito a “una nueva vida”, y le prometió el triunfo, pero el solo sintió que era una nueva forma de humillarlo y estar en lo más bajo de la escalera.
Se odiaba a sí mismo por eso, y varias veces pensó en suicidarse. Nada de lo que hiciera importaría. Era así, era la historia de su existencia.
Sin embargo, a pesar de que al comienzo le aborrecía y le obedecía porque le tocaba, comenzó a darse cuenta poco a poco qué él lo apoyaba y le protegía. Hecho curioso.
Poco a poco comenzó a respetarle de otra forma. No era el respeto impuesto por ser su sire sino que existía algo más.
Nunca fue un hombre muy expresivo, pero él parecía tratar de entenderlo.
Su enfermedad le había convertido en un hombre distinto. Nunca pensó ver el rostro de la miseria reflejados en los ojos de Alexander. Era un espejo de sí mismo en muchos sentidos.
No recuerda exactamente cuando fue que comenzó a sentir real aprecio. Recordó que cuando el lo defendía sentía que no lo hacía por sus intereses sino por quedar bien con el regente, pero a veces sus reacciones lo confundían, y más cuando después de una primera misión mando al demonio a un tremere importante, al frente del mismo.
Los tremeres suelen tener mentores, y suelen tener relaciones cercanas con los mismos, y el de repente comenzó a construir una relación próxima con él. Posiblemente su enfermedad ayudara a acercarlos.
El hombre que conocía como Fran, y quien pesaba era homosexual se había parado a su lado. Desconocía la relación que tenia con Alexander, pero debía ser importante, porque sentía que en la capilla el regente le respetaba. Era raro, hasta sentía que ni siquiera era del clan.
- Eres un hombre de pocas palabras y muchos pensamientos. Dice Fran a su lado. Bueno por lo menos es lo que dice Alexander.
Terence le mira y no responde. Mentalmente cuestionaba a este aparecido y su forma de hablar. No estaba del mejor humor, pero usualmente no decía lo que pensaba.
- Señor Fowles, ¿qué opina de lo que le está pasando a su sire?
- Es penoso. Responde sin tartamudear
- ¿le interesa su sire?
Terence mira el piso preguntándose porque este sujeto hacia preguntas tan estúpidas. Era lógico que así era.
En ese momento el hombre se ríe como sí le hubieran contado un gran chiste.
- Oh discúlpame, es que creo que puedo escuchar como cuestionas todo sin hablar. El hombre era realmente observador. No importa, en realidad siento que me insultarías si pudieras.
- Yo no hago eso.
- Lo sé. Contesta de manera simple, mientras lo mira sobre el hombro. ¿lo ayudarías?. El hombre lo mira sin entender, ¿ayudarías a Maurice el hijo de Alexander?
Terence lo mira con la boca abierta. No podía creer lo que le estaba pidiendo.
- No...no sabría cómo hacerlo. Responde tartamudeando
Fran lo mira a los ojos.
- Ya encontraras una forma.
La imagen de los dos hombres al lado de la ventana se refleja en el vidrio más cercano.
****
Un grito se escucha a las cinco de la tarde. Un hombre abre sus ojos castaños mientras escucha otro segundo grito. Como si estuviera programado, se levanta como un zombie, abre la puerta, y camina a la habitación más cercana. La visión de ese hombre sin lentes que con los ojos cerrados se aferra a la almohada y grita.
Miguel mira la situación con los ojos entre cerrados. Su pensamiento no era muy coherente a esas horas, pero sabía qué hacer.
Camina lentamente mientras pisa algo, y suena algo crujir, siente algo de dolor en la planta del pie. ¿qué demonios había pisado?
Mira adormecido y se da cuenta que se ha cortado. Maldita sea, había pisado un vaso que estaba en el piso. El paisa era muy ordenado, pero parece que le olvido.
Otro grito hace que el recuerde el motivo por el cual estaba ahí. Su pie sanaría, no era importante eso ahora. Sangrando se acerca a la cama y pone una mano en su hombro.
- Parce, todo está bien. Dice repitiendo. Usted está dormido, es un mal sueño, no es real.
- Los alastores van a cortarme las manos y los pies. Agrega con ansiedad.
- El pie me lo corte yo... eso le pasa por dejar vidrios en el piso
- ¿Eh?
Posiblemente la mente de Diego no esperaba esa respuesta. Abre los ojos confundido, y pasa de estar en una prisión a estar en su cuarto con Miguel mirándolo.
El olor a vitae era muy fuerte. Diego estaba tratando de calmarse.
- Suavena paisita, no entre en frenesí que se desayuna a su mejor amigo.
Diego busca sus gafas con nerviosismo en la mesa.
- ¿qué pasó?
- Si me deja minado el camino, pos no lo vuelvo a despertar. Dice medio dormido. Pise un vidrio y me corte.
- Que car... se termina de despertar. ¿qué hora es?.
- Hora de dormir sin pesadillas.
El tremere no pudo evitar sentirse mal por eso último.
- Perdón, tratare de dormir de nuevo.
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Frente a la pc Fowles leía algo, hacia un gesto de frustración, y tecleaba algo rápidamente. De repente sus ojos brillan, parecía haber encontrado algo.
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Había llegado la noche y con ella la hora de seguir con la no vida. Diego le había sacado un pedazo de vidrio del pie a su amigo y ahora después de que este se curara rápidamente se sentía mal. Sentirse culpable para Diego era una ciencia que había perfeccionado con los años.
Limpiar la vitae de su amigo del piso lo hacia sentirse peor, muchos vampiros aprovecharían para usar la sangre de Miguel para descubrir sus secretos, y en realidad, Diego ya los conocía. El análisis de su sangre lo había hecho tiempo atrás. Miguel era más poderoso de lo que creía, pero eso no parecía importarle.
- ¿Y ese vaso?
- Vos sabes que a veces tomo algo para dormir mejor. Dice Diego apenado, en realidad tomaba ansiolíticos.
- Pero como que no le funcionan. Dice Miguel. Pa la próxima use un vaso de plástico. Sonríe mientras se acomoda de manera perezosa en la cama, y comenta de manera relajada. ¿yo le puedo ayudar en algo hermano?
Diego suspira y murmura.
- No creo
- Avíseme sí.. agrega mirando el piso. Igual parce, se ríe, buste sabe que cuando yo falte buste tendrá que seguir solito.
- ¿vos de que mierda estás hablando?. Responde molesto mirando a Miguel. ¿vos estas pensando en matarte?. agrega muy malhumorado. Eh ave María lo que faltaba.
- Parce pare el bollo. Se rie Miguel. No sé de qué jodas está hablando.
- Si serás idiota. Se levanta molesto. No me jodas Miguel. Le habla fuerte. Qué sí lo dice porque piensa que lo van a matar pronto, yo creo que yo le puedo dar una sorpresa. Aprieta el puño. Así que deje de hablar pendejadas, y madure!... eh ave María, vos tienes más de sesenta años y te comportas como un cagón.
Miguel se acomoda en la cama, le molestaba esa discusión, pero quería dejar que se calmara.
- Y Vos (dice imitándolo) tienes más de ochenta años y te comportas como un neurótico, alza los brazos, y qué importa!... si tienes ganas de pelear pierdes el tiempo, ya me...
Se levanta y en ese momento, cuando posiblemente comenzaría una discusión algo ocurre. Un sonido exterior de llantas resbalando por el asfalto y un golpe sonoro que hace que ambos fijen la atención en la ventana principal. Evidentemente había sido un accidente de tráfico al frente del edificio, ambos iban a bajar a prestar ayuda cuando en menos de nada, escuchan las sirenas de la policia. Observan como la policía baja a un hombre ebrio del carro destrozado y lo arrestan.
- Bueno, ejem...¿en qué íbamos?
- Ya se me olvido jjajaja, sonríe Diego, sabe que, vamos a ver el partido de futbol, hoy no me aparezco en la capilla para nada. Se sienta en el sillón. Ave María, Más le vale al nacional ganar hoy.
- Con esa “excelente selección” parce, seguro ganan. Dice con sarcasmo e ironía.
Diego lo mira con expresión de antipatía.
- Tres- se. Lo mira a los ojos. Vos Cállate.
Miguel se ríe mientras se sienta a ver la T.V
