sábado, 30 de julio de 2011

Confusiones (Parte 5)

La mirada fija en el hombre que le habla mientras en su interior sabe que prefiere morir a hablar de lo que sabe. Por lo menos sería una muerte rápida, o eso parece.

-          Habla bazofia. Dice el hombre de manera agria.
-          ¿quién es usted?,  dice haciéndose el ignorante, no sé de qué demonios me está hablando.
-          ¡Ah no sabe?, se ríe  de manera cruel mientras se acerca a Diego, y de manera rápida le patea la cara. Diego siente como se le rompe la nariz y un chorro de vitae sale de su nariz. Eso fue doloroso. La chuchilla encima de su cabeza se tambalea pero no se suelta. Tal vez eso te haga recordar algo. ¿qué planea el regente Schaeffer?

Diego se queda pensando sobre la pregunta, ¿ será posible que...?

-          ¡CONTESTA!, MALDITO PERRO.  Le dice en un  lenguaje vulgar  callejero mientras vuelve a golpearle esta vez con sus puños.
-          NO SE DE QUE CARAJOS ME ESTA HABLANDO.  Grita en perfecto inglés, consciente que no podía hablar, era su fin, pero no moriría como un traidor.

El hombre regordete se separa después de ese último  golpe y dice con placer. ¿Quieres jugar?, bien. Sonríe. Vamos a jugar, tendrás una muerte lenta, y a lo último me dirás lo que quiero saber, y me rogaras que te mate... pero antes hablarás.

 Nota que camina de manera  sonriente mientras varias risas se escuchan detrás de él, parece como si el público, o  los secuestradores estuvieran esperando eso.

-Vamos hacer una cosa, yo le voy hacer una pregunta, y cada vez que no responda. En ese momento escucha otro movimiento metálico detrás de él, la cuchilla ira bajando cada vez más hasta cortarle algún miembro.
- Hijo de puta. Le dice Diego sin miedo frente a su agresor.
- sí,  lo soy.... Mi mamá era digna de la profesión. Dice de manera sobria. Pero no estamos acá para hablar de mi familia, sino de lo que sabe.. Mira a los demás.  ¿Pero por donde comenzaremos?... ¿los pies?  ¿O las manos?. Se ríe. ¿qué dicen ustedes  muchachos?

Una carcajada se escucha detrás. Diego trata de mirar quienes son, pero poco puede utilizar el cuello. Unos dicen que los pies, otros  las manos,  y otro grita muy fuerte que el pene.

Una risa común se escucha, como si celebraran el evento, y en cierta forma como si aprobaran que fuera castrado.

Diego comienza a sentir su corazón muerto temblar. Cierra los ojos por un segundo aterrado. Muchas veces había pensado en su muerte, pero nunca se imagino que fuera así. Lo que tanto temió desde lo ocurrido con Rowan, ahora se volvía realidad. No iba a llorar, tampoco a rogar, no lo haría, moriría como un hombre valiente, que a pesar de que lo torturaran y desmembraran.

-          No. Dice el hombre riendo. Dejaremos su pequeño miembro en paz, igual. Se carcajea. Algo tendrán que comer los perros.
-          Maldito hijo de puta. Dice en inglés Diego tratándose de soltar de las cadenas mientras agrega en español.  Pequeño lo tendrás vos piró.  En otro momento se hubiera sorprendido de la expresión ñera, pero después de tantos años conviviendo con el Tres-se, algo se le debía de pegar.  Sus torturas no servirán de nada. Dice de manera desafiante. Los perseguirán como perros después de esto.

El hombre se carcajea, pero más rápido de lo que Diego piensa reacciona, y le nada un golpe directo al cráneo.  Ese último golpe  fue muy doloroso, Diego no se dio cuenta en qué momento el hombre sacó una varilla. 

-          ¿El maguito no sabe nada verdad? Se  acerca al oído de manera confidencial mientras le murmura al oído. Estas sólo, los otros maguitos nunca te buscaran porque ellos te quieren  muerto, eres... ¿Cómo decirlo?, un pedazo de ladrillo defectuoso de la pirámide, un pedazo de excremento que se quieren limpiar. Se aparta y mira  a los demás. LOS  BRAZOS.  Grita. Primero los brazos... 

Un grito de júbilo se escucha en la audiencia, mientras de una forma que él no se explica, pero que luego se da cuenta que es una clara técnica de tortura. Una cadena que unía el tronco con los brazos es retirada. Pero Diego no queda con el tronco libre, no... ni siquiera los brazos. En ese tiempo en que lo encadenaron, mostraron un tipo de amarre propio de alguien que piensa que su víctima no puede escapar.

Las manos aunque independientes del tronco estaban también encadenadas a una estructura movediza de esta extraña guillotina, la cual fue adaptada para torturar hasta la muerte.
Las manos son ubicadas en dos grilletes.

-          Te explicare Diego, posiblemente no lo puedas ver en donde estas, pero arriba de tu hombro, hemos colocado otras cuchillas, muy filosas, que irán bajando cada vez que no digas algo que nos guste.
-          Vete al diablo. Dice furioso Diego, quien en ese momento estaba dispuesto a morir dando batalla.
-          Mala decisión.... eso no queríamos oir.

Un sonido metálico se escucha. Evidentemente era la de la cuchilla bajando.

-          Ahora bien. Dice el hombre con perverso placer. ¿Dónde está Alexander Rowan?

Diego abre los ojos, y comienza  a pensar a mil  “ ¿Rowan?... el circulo de tremeres corrompidos es más amplio de lo que creía...él ni siquiera sabía dónde estaba...”

-          Conteste.
-          No lo sé. Dice Diego con asco.
-          Mala respuesta. El sonido oxidado de la cuchilla bajando. A la próxima se queda sin brazo. Se acerca. Yo se que usted sabe, su cara lo revelo...¿sabe?, cuando termine con usted, iré a donde su amigo, ¿cómo se llama?, ah sí Miguel... y no solo lo matare, sino puede que  le quite todos sus dedos y me haga un collar con ellos... ¿desea eso?... copere, y no tendré que matarlo.... 

Diego siente terror, por primera vez le han tocado un tema sensible. Cierra los ojos nervioso, ¿qué hacer?, independientemente de que hable o no, duda que este cretino cumpla su palabra,  matará a Miguel,  y si llega a hablar, será el responsable de miles de vidas. 

Es una trampa, se repite. No, el tres-se lo comprenderá, una cosa es que traten de matarlo, y otra que él se deje...

Además...

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el hombre... 

-          Qué buen amigo eres, ¿dejarás que lo matemos?  JA... idiota.. dice con total sarcasmo, ya quisiera tenerlo de frente para darle su merecido.

La sonrisa sarcástica del obeso se transforma en sorpresa cuando se escucha que el techo se derrumba, y casi encima de él  Miguel cae armado hasta los dientes, quien sólo dice, “deberías tener cuidado con lo que deseas, hijo de puta” (eso ultimo lo dice en español) 

Dispara hacia el hombre, quien  de manera vengativa, hace algo que marcaría la vida de Diego. Hala el último peldaño de la cuchilla mediante el mecanismo de control remoto.  La cuchilla cae y corta la carne y el hueso. Un grito enorme inunda el lugar, mientras el brazo cae a un costado.  Diego comienza a sangrar de manera rápida, perdiendo grandes cantidades de vitae. Mientras grita. El dolor es intenso, y la idea de perder un brazo lo atormenta.

 Una balacera se forma en el lugar, y un combate se  instaura, de un hombre versus seis.  Miguel, alias el tres- sesenta se enfrentar a  ese grupo de vampiros sin honor. Como si fuera un ejercito, y demostrando el poder, que poco le gusta demostrar batalla con el único fin de matarlos.
 El olor a polvora inunda el sitio, las lenguas serpenteantes de los settitas, tratan de dañarle, pero él es muy ágil, acaba con cuatro de ellos rápidamente.

 Cuando se  han terminado las balas, saca su espada, y remata al quinto, y va en búsqueda del gordo a quien degolla, al igual que él hizo con sus víctimas.

La justicia poética que llaman...

Luego de manera rápida va hacia Diego quien pálido  y con los ojos humedos, esta a punto de  desmayarse del dolor. “Mi brazo, parce, perdí mi brazo”. Miguel  sin hablar, lo primero que hace es romper las cadenas que amarran a su mejor amigo, sacarlo de la máquina de tortura, y de manera rápida, buscar el brazo y llevarlo hacia él. “Mi brazo”... musita, sintiendo que se desmayará..

-          Parce, se calma, deje a ver. Miguel se apresura  con su celeridad a tomar dos barras de metal paralelas. Rompe la camiseta que lleva puesta, y une las partes, en especie de torniquete, de metal y tela de camiseta. Con su pecho desnudo mira a Diego y le dice de manera calma, Hora parce, buste va concentrar su sangrecita en unir su brazo.
-          Es tarde.
-          Que NO  CARAJO,   que no!
-          He perdido mucha sangre, Tres-se ya no hay nada que hacer.
-          Siga diciendo  huevonadas y le doy. Dice Miguel  desesperado mientras lo carga. Buste se concentra o se concentra....

Miguel mira alrededor, sabe que pueden venir refuerzos, y es mejor salir rápido. Con Diego en brazos, salta hacia el techo y sale de ahí.

Concéntrate Diego, Concéntrate,  se repite mentalmente el mismo mientras sin mucha fe trata de curarse, está débil, pero lo intenta. Ver la perspectiva de alguien que está siendo cargado es raro, y más cuando  todo se siente pesado, y las figuras se ven  nubladas, los  colores se vuelven grises y  todo se transforma en sombras,  hasta que la luz se apaga cuando cierra los ojos.

Mientras tanto Miguel corre por  el techo de ese edificio y  salta con Diego en brazos sobre el pavimento. Un carro (qué no es de él) lo espera;  lo  abre y deposita a Diego inconsciente en el mismo,  usa las llaves  para encender el vehículo y de manera rápida comienza a conducir por la ciudad mirando  sí lo están siguiendo.

Por primera vez en su vida, había robado un auto, y peor aún estaba conduciendo a máxima velocidad por las calles. Eso podía terminar muy mal.

Pero no le importaba, tuvo que hacer  ciertas cosas para  localizar a Diego, cosas, que luego él le comentaría.

La preocupación se denota en sus ojos, mientras trata de evitar las lagrimas que están  pujando por salir.

Entonces nota que está a punto de llegar, frena en seco, y  se da el ruido característico en la calle. Baja a Diego tratando de  ser delicado con él. Tiene miedo.

Un auto se parquea cerca, pero no es de enemigos. El regente  Dieter Schaeffer se baja del vehículo.
-          Súbalo al auto. Se lo pide a Miguel. En la capilla estará más seguro.

Miguel duda y contesta,  “Ningún lugar es seguro”.

-          Confié en mí. Dice el regente. La capilla de los Angeles es el único lugar seguro en estos momentos para él.
Miguel lo mira a los ojos y agrega.
-          No se sí confiar en  usted. Añade. Pero sea como sea, hagan lo que sea por salvarle el brazo. 

Y tras decir eso, deja a Diego en el vehículo quien se dirige directamente a la capilla.

Miguel siente como si su corazón se partiera. Siente que le falló, llego muy tarde.

jueves, 21 de julio de 2011

Confusiones (Parte 4)

Nunca se sabe quien está al otro lado de la calle, y nunca se sabe quien lo mira desde las esquinas desiertas. Todo parecía estar bien, pero no había tal, las ilusiones de seguridad son como firmes telas de dura lana pero sostenidas con alfileres flojos. 

Tal vez hubiera podido preverlo, posiblemente hubiera podido establecer un plan B, pero a veces, la desgracia no da tantas oportunidades.

 Caminaba por las calles de los Ángeles en un usual paseo nocturno hacia los locales comerciales cercanos. Llevaba consigo una bolsa de tela llena de ropa sucia.  Era usual que hiciera ese recorrido, una vez, cada 8 o 15 días. Aunque los vampiros no sudan, la ropa se ensucia por el contacto con el ambiente, “no hay nada peor que oler a muerto, y a mugre”

Caminaba un poco pensativo en tantas cosas. Sí, la capilla,  y sus problemas, la insistencia del regente en el secreto, en tantos secretos, la luz prendida en la oficina de esa mujer, las sonrisas que le regalaba de manera indirecta, los sarcasmos confusos y los movimientos de seducción que buscaban que pasara “otra vez”. Casi podía recordar como la noche anterior casi cae de nuevo, solamente que esta vez estaba mas consciente y pudo controlarse, no sabía exactamente que quería esa mujer espantosa, ¿se había enamorado de él acaso?, era poco probable, sea como sea, no era un sentimiento mutuo, el  sólamente se sentía atraído por ese punto debajo de su cuello, que a veces trataba de evitar, pero era eso, malditos instintos... ¿acaso se estaba volviendo más humano?... ¿o más animal?

Sus pensamientos vuelven al regente, y sus misiones extrañas, y no en todas estaba el metido, pero últimamente estaba más paranoico, más preocupado y evidentemente más exigente. A veces Diego no sabía sí lo trataba como un amigo o como un empleado, parecía ser los dos... 

La vitrinas comerciales apagadas, solo notaban el reflejo del vidrio que parecía un espejo en la oscuridad,  el podía ver su rostro aparecer entre el cristal, y leves brillos procedentes de las linternas de la calle, reflejan lo que ocurría alrededor. Posiblemente sí hubiera puesto atención al cristal, se hubiera dado cuenta, aunque... posiblemente no... “el tal vez” es siempre una respuesta mediocre.
Sus pasos golpeaban el cemento de la acera sin hacer mucho ruido, y adelante a unas dos tiendas estaban el auto lavado.

Frente al mismo un carro parqueado sin nadie dentro, y Diego siguió caminando hacia la puerta del establecimiento sin notar que una figura zigzagueante se formaba a su espalda, y de repente, sin que él pueda evitarlo siente como algo rosáceo lo aferra en el cuello y la cara,  rodeando sus brazos  y tapándole la boca evitándole un grito, sus manos ocupadas por la bolsa sueltan su contenido y trata de concentrarse para formar fuego, pero es inútil, esa lengua settita  lo había amarrado totalmente y literalmente absorbido dentro del presunto carro abandonado, como si un hueco negro hubiera absorbido un meteorito.

Fue tan rápido que sólo se vio cerrar la puerta del vehículo, que de repente conducido quien sabe por quién, comienza a moverse hacia lo desconocido.

***

Terence después de llegar al apartamento, saco una libreta, necesitaba unas muestras para lo que necesitaba hacer. Los brazos agujereados del muchacho eran evidencia de que su adicción lo estaba matando. Tomó unas tijeras  y le corto un fragmento de su cabello, procedió a buscar muestras de la droga que consumía, sin embargo, por desconocimiento de las mismas no encontró nada. Guardo el cabello mientras miraba la fotografía de Rowan, y sí, parecía que lo miraba desde el papel como evaluando sus conocimientos. Terence mantuvo la calma. Busco la  libreta, y vio la palabra sangre escrita. Hace un gesto de asco, pero se  acerca al muchacho, y con un pequeño cuchillo, corta parte de su brazo,  en un frasco toma  la muestra, el olor a vitae invade todo, y recuerda que no se ha alimentado, pero le da asco todo ese proceso, así que lo evita.
Guarda el frasco en su maleta, y cuando voltea se pone más pálido de lo que es. Al parecer había sido tan estúpido que le había cortado una vena al muchacho, la sangre que salía era mucha, y lo podía desangrar. 

¿qué hacer?

Piensa rápido y recordó algo que le habían dicho. La saliva del vampiro cierra heridas. Con asco, y haciendo cara como si  oliera a excremento, acerca su rostro al brazo sangrante del hijo de Rowan, y por primera vez en su vida, bebe directamente de un recipiente, bebe poco, y al lamer la herida se cierra.

Pero algo ocurre. Terence comienza a sentirse extraño. Se tambalea hacia una silla. Veía borroso y de repente se sentía relajado.  Cierra los ojos tratando de despertarse, pero sus reflejos son torpes, estaba intoxicado... la primera vez que había consumido drogas y sin quererlo lo invadía una sensación de placer y confusión.

Estaba en problemas.

***

Una serie de golpes consecutivos a su rostro dentro del vehículo. No se puede mover. El aliento agrio de una de esas sabandijas le lamia literalmente el rostro. Recordaba insultos  claros, y golpes en el estomago. Le hizo recordar aquella vez que fue torturado. No podía moverse, y sentía no tener fuerzas. Siente que lo mueven de un lugar a otro  y un sonido metálico lo invade. Trata de luchar, pero es en vano.

Siente que lo  acuestan boca abajo  sobre algo. Siente que algo duro,  metálico, posiblemente cadenas lo aferran. Trata de moverse. No puede.

Una angustia lo invade, ¿será acaso el fin?

 Pero sus temores se acrecientan. Le quitan algo que pusieron en su rostro. La asquerosa lengua se desenrosca de su cuello, y lo que ve, lo hace sentirse en una de sus peores pesadillas.

Su cabeza está  en un soporte de madera, en donde el cuello esta finamente puesto. Y encima de él, una cuchilla  enorme lo espera. No podía creerlo, estaba encadenado, y su cabeza estaba a merced de una guillotina de madera, que aunque parecía antigua, era capaz de cortarle la cabeza en pocos segundos.

Un hombre gordo con cicatrices en el rostro sonríe de manera macabra. “Habla, o tu cabeza será parte de nuestra colección”

Mira al lado, y en una mesa, hay una serie de cabezas degolladas como en un mostrador de acumulan como trofeos, y como una pesadilla la cabeza, del que fuera uno de los criados de la capilla estaba en el centro de aquella macabra escena.

sábado, 9 de julio de 2011

Confusiones (Parte 3)

En silencio miraba un punto fijo en la mesa. Alrededor de él otro hombre caminaba  organizando unos vasos y que le miraba de vez en cuando con una actitud confusa, aunque en oportunidades el podría jurar que se estaba burlando, o que simplemente no comprendía nada.

-          Sigo pensando que estas exagerando. Dice con una sonrisita mientras  coloca los utensilios en  su lugar.

Diego mira a su mejor amigo con mal humor, en realidad no estaba de él mejor ánimo para enfrentar los comentarios facilistas de su amigo, a quien todo últimamente la parecía fácil... hasta meterse en problemas. Tras un gesto negativo y algo desafiante, le comunica a su amigo de manera no verbal que no está dispuesto a hablar de eso.

-          Hay paisita, definitivamente usted es un hombre muy bueno.

Dice por ultimo riéndose, notando que  posiblemente tendría una  reacción negativa de parte de su amigo, pero no le importaba, siempre le decía lo mismo. En realidad, aunque no le gustaba verlo mal, le divertía en ocasiones ver como se complicaba la vida con pequeñeces. Eran en algunas cosas tan diferentes, pero eso era básicamente  por cuestiones de crianza. Diego nació en una  familia católica tradicional antioqueña, educado en colegio de curas donde el sexo era  calificado como algo  pecaminoso, y sus principios, en extremos católicos, lo asociaban con la culpa.  Sí bien era cierto que Diego no murió virgen,  y  tenía sus instintos masculinos bien desarrollados,  también era claro, que él tendía hacía una visión muy moral de todo lo que hacía, es decir y en otras palabras, "para Diego no era difícil sentirse culpable".  

Posiblemente era su  forma de ver la vida, con la constante autoevaluación que hacía de sí mismo. Diego quería que su no vida fuera buena. Idealizaba lo que quería de sí mismo, y del mismo modo, como su vida no era perfecta, sufría.  Dado que en el pasado se equivoco, juzgaba sus equivocaciones como un retroceso de sus avances. Manejaba niveles de ansiedad altos.

-          Vos deja de decir esas maricadas. Contesta de mal modo, le molestaba su señalamiento, sentía que en parte le decía “mojigato”, tras hacer un gesto en su rostro serio, añade. No estoy de humor para tus chistes.
-          Yo no estoy contando chistes. Dice de manera rápida. Sólo me parece que  te complicas demasiado la existencia  por un polvito ocasional. Dice hablando de la situación con Rebeca. Además, pos bacano que tenga una novia.
-          ¿NOVIA?. Contesta ofendido, Pensé que vos eras mi amigo y no me deseabas ningún mal.
-          Jajaja. Se ríe sin ocultarlo Miguel.  Pos como que ambos se buscaron ¿no?. Se ríe. Buste no le cerró la jeta con un beso porque no le gustara. Dice con propiedad mientras lo mira a los ojos. Además, la vieja lo estaba buscando. Se ríe nuevamente. Seguro es de esas masoquista que les gusta tratar mal a los manes, pa luego abrirles las piernas..¿buste no ha pensado en eso?. Se ríe mas duro. Seguro la vieja le tenía el ojo puesto desde el principio y por eso se portaba mal con buste.

Diego le regala una mala mirada a Miguel, molesto por sus risas y burlas. Posiblemente se sentía tan disgustado, porque en parte tenía razón.

-          Gracias parcero, vos siempre haciéndome sentir mejor. Dice con alto sarcasmo. 
-          De nada, se ríe mientras mira el reloj,  entre otras ¿no se le hace tarde?

Diego no quería ir a la capilla, estaba haciendo tiempo, estaba lamentando no poder llamar a decir que estaba enfermo, cosa que sería creíble si fuera humano, en realidad, no quería ir a trabajar, y menos, verle la cara a ella, quien logro lo que quería.

-          Ehhh  Ave María, Con las ganas que tengo de ir a trabajar. Dice de manera irónica 
-          Pos sí debería tener ganas, posible hoy también hoy  se lo de.

Diego  hace mala cara y mira a Miguel de manera amenazante,  Ahí estaba pintado con sus comentarios estúpidos,  siempre comportándose como un adolescente hormonado. Su mirada se encuentra con la de él y  en tono de regaño añade:

-          ¿Vos porque no maduras?
-          Ni que fuera  un mango

****

Tras un día intranquilo en un hotel local, Terence estaba nervioso, y de mal humor No se sentía cómodo y más, después de que se enterara que este territorio era del Sabbat. La camarilla en este sector no tenía poder, por tanto  el aquí no sólo era un don nadie, sino que también una victima fácil. Sí los del Sabbat ayudaron en dejar a su siré parapléjico, no se podía imaginar que podía pasarle a él. Sin embargo la idea de la muerte jugueteaba en su interior,  no quería morir de manera horrible, aunque sí llegara el momento, simplemente permitiría que le mataran.
Se levantó y se miró en el espejo, de nada serviría que se bañara, igual estaba muerto. Se vistió de manera lenta con la misma ropa con la que llego, algo arrugada y  sucia. En su mente no podía dejar de pensar en lo patético de la situación, sí el acepto a cuidar a su sire, aunque sonara estúpido, pero en parte lo acepto, y ahora había aceptado esto, y no sabía porque.

Vamos a ver al mimado ese, pensó. No sabía donde encontrarlo exactamente, sabia donde habia estudiado, y a su vez, sabia un poco donde vivía antes, pero era posible que el se hubiera  mudado. Habia sido un tonto al no enterarse donde esta el niño de papá.

Habia comprado un mapa en el hotel, y se dio cuenta que la residencia del muchacho estaba a unas cinco calles de donde él se hospedaba. Así que decidió salir del hotel y caminar.

Lo primero que hizo fue mirar el cielo, era una noche sin luna y sin mucha iluminación. No sabía si eso era bueno o malo.

Caminó por las calles tranquilas de la ciudad, hay movimiento pero común, no percibe amenaza alguna. Poco tiempo luego de caminar se encontró con unos apartamentos de buena presencia, y  se sorprendió al encontrar que estos edificios eran la supuesta vivienda del muchacho. Rowan seguramente se aseguraba que viviera bien.

Siguio al edificio y busco el sector, y una vez encontrado subió por el ascensor hacia el lugar. Toco la puerta, y escucho una mujer que reprendía a unos niños,  al abrirse la misma no esperaba encontrar una mujer regordeta de apariencia recia, donde detrás de  su enorme cuerpo se veian a unos niños que escuchaban todo. El pregunta tartamudeando por el muchacho y la mujer gorda le contestó manera textual, que no sabía donde estaba él, que él muchacho  perdió ese apartamento en una apuesta, o por parte de pago de algo, no especifico el motivo, aunque Terence podía  imaginarse muchas cosas. La mujer no sabía ni le interesaba donde estaba el muchacho.

 Cuando bajo a la primera planta del edificio se sentía como un tonto, no sabía que más hacer. Sin embargo mientras hace una pausa, escucha una voz infantil detrás de él.

-          ¿Busca al Canguro?
-          ¿Canguro?
-          Sí, Maurice, le dicen el canguro, el era nuestro vecino, pero luego que se fuera mi mamá tomó su apartamento. Dice el niño de unos diez años interesado. ¿Por qué lo busca?
-          Necesito urgente hablar con él..

El niño evalúa la circunstancia y continua diciendo algo de manera rápida, mientras se escucha a su madre gritar llamándolo.

-          El Canguro se la pasa por la calle Urman Streep, pueda que tenga suerte, a mi me caía bien, era un buen sujeto, lástima que tenga tantos problemas..

Terence se queda pensando sobre lo raro de la situación, es curioso que un niño trate de ayudarlo.

****
Diego llega a la capilla tensionado, pero al parecer nadie se ha enterado de su aventura, y lo más curioso, es que la mujer había mostrado un lado más amable hacia él, aunque solo fue en un saludo, y aunque él estaba en extremo prevenido, la tensión existente entre ellos parecía haber desaparecido, no por parte de él, sino de ella. De repente ella era  “amable”... y Diego no sabía que pensar.

Continúo trabajando, preocupado por todo, y esperando que el regente no le pudiera otra de sus tantas obligaciones.

Tras abrir su maletín  muestra un signo de furia. Al parecer su mejor amigo le había empacado sin su autorización unas cajas de preservativos. No sabía sí llamarlo e insultarlo. Estaba de muy mal humor. Duro sin hablarle un par de días.

Sin embargo las cosas transcurrieron así, en una aparente tranquilidad. Parecía que nada de lo ocurrido traería consecuencias.

****
Poco a poco las calles se llenan de música y de desorden, la gente joven se agolpa y hace filas para entrar en varios bares del lugar. Hace frio, así que todos los jóvenes visten ropa de invierno, pero a la vez son modernos y algunos de muy mal gusto.  Una prostituta casual le ofrece sus servicios mientras camina, el sigue  caminando, ignorándola, ¿Dónde iba a encontrar a ese muchacho?

Sin embargo, el destino estaba de su lado, a una cuadra y media de donde estaba, siente como abren la puerta de un bar  y un sujeto sale golpeando a otro.

- No quiero que vuelvas por acá, maldita sabandija!

Dice el hombre luego de golpearlo. El joven rubio y con cara trastornada, sangra por la nariz, y sin decir palabra, se levanta de manera torpe y cruza la calle tambaleándose. Un carro pasa lentamente por la acera y de repente un golpe se escucha. El joven en su estado lamentable no se fijo que podía ser atropellado. 

Terence corre hasta el lugar y lo reconoce inmediatamente, la foto que tenia, era de un joven saludable, el que tenia al frente, tirado en el piso, era un hombre joven, pero que se notaba enfermo. Su cara, estaba maltrecha y se veía agotado.

El rostro de la drogadicción... ese muchacho ha caído bajo..

Una mujer de unos 45 años sale angustiada del vehículo.

- No lo vi, lo juro... dice la mujer... se atravesó muy rápido

Terence se quedo pensando por dos largos segundos y añadió.

- Yo-yo le conozco.

Se acerca al muchacho, el carro iba muy lento para que le hiciera un gran daño,  en realidad, el muchacho estaba tan intoxicado que se había caído por poca coordinación,  comenzó a tratar de levantarse y Terence en ese momento hace algo que luego le sorprendería. Para el primer taxi que pasa cerca y  monta al confundido chico al mismo, y  sin dejar hablar a la mujer que le había atropellado, se aleja. El Taxista está dispuesto a llevarlo al hospital, pero Terence  revisa rápidamente las cosas del muchacho y encuentra la llave del lugar donde vivía, con la dirección.

Inmediatamente se dirige hacia allá. 

El lugar es un edificio en un lugar modesto, cuya presencia externa es mejor que la interna, dado que el edificio huele mal, y las esquinas están llenas de basura.

-¿Quién es usted?
-Un amigo. Dice de manera incomoda mientras trata de ayudarlo a subir las escaleras.

Abre el apartamento y el muchacho se suelta cayendo en su cama como un bulto, en ese momento se pueden observar pequeños puntos rojos en su codo interno, producto de lo que sea que se esté inyectando.

No puede evitar mirar alrededor. Un apartamento pequeño sumido en el desorden, y en una esquina una fotografía torcida del muchacho pequeño, con su madre y padre.
Sentía que los ojos de Rowan lo miraban a través del papel.