Estaba sentado frente a la ventana. Había un libro al lado sobre “cualquier cosa”. En el centro repartían libros para que se distrajeran, pero él... bueno, como decirlo, sabía leer pero, no sabía hacerlo a la perfección, la comprensión de lectura le costaba millones, todo aprendizaje intelectual académico le era muy difícil porque en parte no había tenido ni la enseñanza, ni las habilidades. Durante el poco tiempo que estudio de niño, repitió dos veces segundo de primaria, y así otros años, solo llego hasta 5, y en esas tenía ya 13 años y se voló de la institución de protección a la infancia donde vivía y no volvió a estudiar. Para lo único que le sirvió al colegio fue para contar, porque luego, para contar dinero eso si resulto ser muy útil. Miró el libro de reojo y leyó de nuevo el titulo concentrándose: L a O di ce a
“Que joda... seguro era la historia de una hembra que se llamaba así de feo... de prontos era una mujercita bien odiosa ella”; igual no le interesaba; ese libro que ni siquiera tenía dibujos.
Tras hablar con el psiquiatra por tres días se sentía un poco mejor, no mucho, pero algo era avance, y con el habla recordó algo... “¿Donde carajos estaban sus cigarrillos?”
Busco en su maleta y encontró dos cajetillas. Dos “sagradas” cajetillas, como carajos el pelusas iba a imaginar que sobreviviría con eso. El anuncio en el pasillo de prohibido fumar y las constantes miradas de evaluación de los enfermeros le hacían entender que no se podía hacer lo que el deseaba hacer, pero al Cuervo poco le importaba saltarse la norma, bueno en realizad “si le importaba”, si no fuera así no estaría tratando de hacerlo a escondidas.
Abrió la ventana de la habitación. Ya había cerrado la puerta y apagado la luz, y miraba medio paranoide la puerta. Prende el encendedor rápidamente, acerca el cigarrillo a las llamas y siente al inhalar un placer enorme...
En ese momento comprende que debió estar muy mal para olvidar que fumaba, y eso que lo hacía con mucha frecuencia. Mientras fuma hace un gesto de dolor. Su brazo izquierdo aún sigue lastimado y tiembla. El tener así el brazo lo deprime; sabe que curara lento, pues el fuego hace mucho daño.
Mira el cielo lleno de estrellas e inmediatamente mira la foto de aquella. No era una mujer muy delicada pero seguro le hubiera gustado ver aquello. Como dolía pensar en eso, piensa, mientras el humo del cigarrillo se escapa por la ventana. ¿Dónde estaría ahora?, y el Pelú …¿Dónde estará? Parecía como si su no vida se hubiera detenido.
Miro con ansiedad el cigarro, se estaba acabando y él quería otro. Tal vez alcanzaría el tiempo para fumar un segundo. Pero justo en ese momento siente pasos que se acerca, inhala fuertemente el filtro y al sentir que abren la puerta bota aquel por la ventana y cierra la ventana con celeridad.
Buenas noches señor Martin. Es la enfermera. Le traje su medicina.
El Cuervo por primera vez desde que llego toma el medicamento de un sorbo sin renegar. La enfermera lo mira extrañada por tres segundos donde el Cuervo mentalmente esperaba no ser descubierto. Luego de ese tiempo ella se retira recordándole que pronto seria la terapia grupal.
Tras observar que ésta sólo sonríe como un niño travieso... “je, no se la pilló”. Guarda el paquete de cigarrillos en el bolsillo interno la chaqueta y tras esperar un tiempo, sale de la habitación donde se encuentra con los otros que van a la dichosa terapia. El único que no parecía haber evolucionado mucho era Caín, quien seguía igual de perdido, el resto tenían ciertas mejorías aunque fueran muy pequeñas.
Tras la pelea, Víctor y él no habían tenido mayor contacto. Parecía estar pasando por un momento difícil, pues lo vio asustado corriendo por el pasillo. El vecino de al lado gritaba menos, la mujer de la esquina ya no lloraba, Roger el obsesivo compulsivo parecía haber tenido un ataque de nervios.
“Eso” tenía ese lugar, obligaba a los vampiros a mirar el sufrimiento a la cara de otros. Definitivamente hacia más humanos a los individuos que estaban ahí.
Había llegado hace poco dos pacientes nuevos, entre ellos un Nosferatu, llamado “Rafael” que vagaba en silencio por la institución como si fuera un espanto, el segundo un hombre atractivo, varonil lleno de tatuajes y de procedencia argentina (aspecto obvio por el acento) llamado Romano; el cual curiosamente era una celebridad frustrada que cantaba tristes y extrañas tonadas a la luna.
La terapia grupal no convocaba muchas personas, usualmente cinco, máximo siete. El manejo era el de tocar un tema al azar y hablar al respecto, orientados claro, por el psiquiatra o por otras personas.
Se sentaron todos en un círculo, el Nosferatu se hizo al lado del Cuervo, Víctor lateral, seguido por Caín, Romano, el obsesivo compulsivo de Roger, Carolina y por último el terapeuta. El tema de la terapia era el futuro, pero por varias cosas terminaron hablando de los demás vástagos, y de esa realidad afuera del centro.
- Todo es una gran mentira. Dice Romano con su acento argentino. Ustedes lo saben che, todo es una farsa, vivo la mitad del tiempo pensando quien me va a matar, a veces despierto en el día pensando como lo harán esta vez; saben, a veces simplemente quisiera desaparecer y matar a todos esos hijos de puta en el camino.
Víctor lo mira y asiente como si le pasara lo mismo.
- Es cierto, yo sentía antes que estaba seguro con los míos, pero desde hace un tiempo solo siento que envían homúnculos a matarme. Dice de una manera realista y más tranquila. No tengo seguridad de nadie, es una sensación detestable. Lo ultimo le sale muy natural pareciera como si estuviera comprendiendo más su situación.
- ¿Qué es un homúnculo? Pregunta la mujer perdida, mientras el Tremere la mira disgustado.
- No sé, pero debe ser un enano con mucho culo. Dice el Cuervo y los demás reaccionan riendo
El Tremere lo mira directamente a los ojos, sorprendido.
- ¡Habla!, no lo puedo creer, es un milagro pensé hasta el día de hoy que eras mudo. El Cuervo lo mira con un gesto de disgusto y calla nuevamente. Se ve que el Tremere piensa si explica sobre aquellos que lo persiguen, pero luego calla.
- Yo enviare al infierno a todos los que se atrevan a violar mi morada. Dice Caín saliéndose del tema, pero para colmo de males alguien le complementa.
- Vi hoy como el humo del infierno me llamaba. Dice con entusiasmo. Salía de una de las habitaciones como cantando. El Cuervo mira al Nosferatu y se queda frio.
Carajo, cállate feo que me vas a joder. Piensa mientras mira a otro sitio.
- ¿Humo?... por los dioses, deben ser señales a los homúnculos. Dice Romano en burla a Víctor.
- Son homúnculos idiota, no indios norteamericanos, no se comunican con humo. Aclara el Tremere casi ofendido.
- A quien le importa Víctor, no te das cuenta que nos divierten tus amigos imaginarios. Dice muy divertido el hombre con tatuajes, mientras el Tremere lo mira pésimo y el Cuervo palidece. Sea como sea nuestra maldita maldición nos convierte en enemigos, nunca podremos ser felices. Niega con la cabeza Romano.
- Es posible ser feliz Romano. Habla por fin el psiquiatra. Solo es cosa de disfrutar los pequeños detalles ....
El psiquiatra continúa hablando y concluye la terapia de grupo. Todos salen a un receso antes de ir a la famosa terapia ocupacional.
El Cuervo sale a tomar sangre, pero se nota muy nervioso. Por algún motivo en la sesión de terapia de hoy recordó su situación en Bogotá y se puso a pensar cómo sería su regreso...
El centro parecía un universo aparte, pero, tendría que salir y enfrentarse a todo eso que le dolía, y no sabía si sería capaz. Procede a sentarse en una mesa, lejos de los demás, y mientras piensa siente un desespero por salir a fumar. Mira el reloj, en cinco minutos seria la maldita clase esa y él no quería estar ahí, quería tener ese cigarrillo en su boca. Rápidamente lo piensa bien y recuerda esa escalerilla que da hacia el techo. ¡Eso es!.... debe subir al techo y ahí nadie lo molestara.
Así que se levanta levemente y camina por el pasillo, se concentra y utiliza celeridad para subir las escaleras, abrir la puertita e ir al techo. Lo logra sin ningún problema y ya arriba mira el cielo estrellado en su máxima expresión, camina despacio hacia un sector apartado y cómodo y se sienta en el piso. Inmediatamente saca su cigarrillo se lo pone en la boca y trata de encenderlo.
- ¿Qué haces? Dice una voz que hace que el Cuervo salte de donde está. Ha sido seguido por el Nosferatu, quien utilizando sus poderes logró que no lo hubiese visto.
- Pues... yo. Dice el cuervo con el cigarrillo en la boca.
- Con que de allí salía el humo. Dice Romano caminando hacia ellos. Viste Víctor, que los boludos de los homúnculos no se estaban comunicando entre ellos. Señala en tono de burlón.
- Cállate Romano. Dice Víctor cortante
- Caín protege a los suyos. Dice “Caín” detrás de ellos
El Cuervo mira a todos sorprendido con una postura graciosa mientras sostiene su cigarrillo con la mano derecha y la cajetilla con mano la izquierda vendada. ¿Co… cómo llegaron aquí?
- Vimos que te ibas, y luego vimos que Rafael salía detrás de ti, y bueno Víctor y yo solo los seguimos, y supongo que Caín habrá hecho lo mismo. Miran a Caín, quien se había acostado literalmente sobre el techo viendo el cielo. No es genial, creo que nadie viene detrás de él. Añade Romano divertido.
- Martin. Dice Víctor. ¿Vienes aquí a Fumar?... Nunca he fumado en mi vida.
- Pues creo que es hora de empezar. Dice Romano, tomando cuatro cigarrillos sin que el Brujah le haya dado autorización y repartiéndolos entre los presentes. El Cuervo mira lastimero como sus cigarrillos se están esfumando.
- Están locos?... yo nunca he fumado, yo…
- Cállate Víctor, todos estamos locos. Dice sentándose en el techo. Por eso estamos internos aquí… no te quejes y disfruta el momento estamos escapados de la maldita clase de terapia ocupacional.
Víctor mira a Romano y calla como dándole la razón y toma el cigarrillo en silencio, sentándose a su lado.
- Debe ser bonito vivir en el exterior. Dice el Nosferatu en un tono de añoranza mirando las estrellas.
- Debe ser bonito que a Caín le dieran un abrazo. Dice el mismo Cain mientras mira el cielo y sostiene su cigarrillo como si fuera un puntero
Hay un silencio en ese momento. Como si algo pasara, algo que ni ellos mismos pueden explicar.
- Y bien, ¿vamos a prender los cigarrillos? El que pregunta mira al Cuervo, quien saca su encendedor y trata de encenderlo sin ningún éxito.
- Demonios. Murmura
- No se preocupen, yo tengo encendedor automático. Dice Víctor de manera amable, estirando su mano y del dedo índice sale una llama.
El Cuervo lo mira con miedo, pues ya lo quemo una vez, pero aún así se acerca y prende el cigarrillo haciendo un gesto de placer. Lo mismo hacen los demás, el único que no prende su cigarrillo es Caín, quien juega con él entre los dedos. Por último Víctor prende el de él y lo fuma tosiendo inmediatamente.
- Cof… cof esto cof… es horrible. Dice casi ahogado pero sin parar de fumar.
- Na... no tanto. Complementa Romano quien también tose, pero a la vez se ríe.
- Yo fumaba en vida. Dice el Nosferatu. Quien fuma despacio con un poco mas de técnica mientras Caín solo mira el cielo, en esas calla y dice un poco relajado. ¿Se han preguntado qué pasaría si nos volviéramos a encontrar después de salir de aquí?
Romano se ríe, y dice.- Pues nada pelotudo, si alguna vez nos llegamos a encontrar por ahí, todos haremos como si no nos conociéramos, nos miraríamos y nos saludaríamos como si nunca nos hubiéramos visto.
En ese momento hay un silencio general de los cinco hombres que miran las estrellas como si el destino los hubiera puesto ahí para compartir ese instante, ese pequeño momento que solo vivirían esa vez.

1 comentario:
O-o eso sí fue terapia de grupo!! y no me refiero a la guiada, sino a la del techo :P.. cada día está mejor la historia, syb!! me encanta!
Publicar un comentario