sábado, 25 de septiembre de 2010

La historia de Dieter

Por primera vez en mucho tiempo había llorado en silencio. Los malditos sabían donde golpear para afectarlo, y  en vez de atacarlo directamente a él, habían matado a Edward Jackson, su chiquillo.

No podía soportar la idea de saber que él fue una víctima inocente de una pelea interna que seguramente también terminaría con su vida. Era injusto, él no se lo merecía. Le había pedido un permiso para ir a su apartamento, y él se lo había concedido, nunca pensó que fuera la última vez que lo viera.

Ellos habían ganado esta vez, y le habían golpeado en el peor momento.

Había visto algo especial en ese muchacho, posiblemente noto cierto parecido con él en su juventud.  Dieter no había sido siempre centrado y racional. La vida se encargo de enseñarse a tragarse su orgullo.

Tras meditarlo largamente había tomado su teléfono móvil y había hecho una llamada. Se hizo pasar por  policía e informó a la madre de Jackson que su hijo estaba muerto. Un grito de dolor se escuchó por la bocina, y aún podía sentirlo.

Le aliviaba saber que, por lo menos su familia podrá enterrarlo,  un honor que pocos vampiros tienen.

Había planeado todo para que Jackson tuviera un funeral digno. Era lo único que podía hacer después de que le habían matado para dañarle. García y algunos conocían el plan y lo ejecutaron paso a paso.

La Madre con las hermanas de Edwart  habían llegado a la capilla hace muy poco, y así mismo cómo llegaron, después de ver el cuerpo, se marcharon.

Se les presentó el cuerpo del difunto arreglado de tal forma que el horror de la decapitación no fuera tan evidente. García como medico se encargó de ese particular. El “accidente” no permitiría que el ataúd estuviera abierto (algo muy conveniente sí se  tiene en cuenta lo inestable del cadáver)

El llanto de las mujeres mortificaba a Dieter, el mismo Diego había quedado impactado del cariño que le tenían al fallecido. Comentaron eventos que no sabían de él, como que era el único hijo varón en la familia, y había sido criado por el padre para “grandes cosas”. Cosas que nunca demostraría para su infortunio.  Añadieron anécdotas curiosas sobre sacrificios que hizo por sus padres y hermanas. Parecía ser que Jackson era otra persona en el aspecto familiar.

Dieter se había encargado de dominar la mente de la madre, y sugestionarlas condiciones del sepelio. La ceremonia fúnebre duraría sólo un día. Luego el cuerpo sería entregado a los tanatólogos para la cremación.

En realidad, luego del rito, el cuerpo seria  expuesto al sol, se recogerían las cenizas y se pondrían en un cofre para que la familia las guardara.

El regente acababa de despedir a las mujeres y mentalmente sentía como sí el techo de la capilla se estuviera cayendo encima de él. Cerraba los ojos mientras permanecía  sentado en su habitación al frente de una mesa donde había un menorah, y un Torá.

Evidentemente Dieter Schaeffer, era judío, o por lo menos lo fue en un tiempo. Había cosas que conservaba de su pasado,  y a veces se abrazaba a ellas cuando creía que no había otra solución.

No era raro que una persona con ascendencia Alemana  fuera judía. Las familias Judías emigraron al territorio alemán desde la época germánica.

Históricamente, En el  1400, los antepasados de Schaeffer se establecieron en el territorio. Su madre Eva, nació y vivió ahí, y contrajo nupcias con el padre de Dieter, un hombre germano de creencias cristianas con el cual  tuvo 4 hijos. Dieter era el menor.  Su padre Rudolf Schaeffer murió joven por la peste negra, y su madre, como viuda “liberada”, educó a sus hijos bajo los preceptos del  judaísmo.

Dieter recordaba como en un tiempo fue un hombre muy creyente, pero eso cambio con el tiempo. Ahora oraba en su desesperación y pensaba sí valía la pena sacrificar la vida de los demás por  esto.

Ni siquiera las quemaduras le habían dolido tanto.

Dudaba de todos. Alguien se había encargado de avisar  que Jackson saldría a su apartamento. La capilla había sido re abierta hace un tiempo, pero  Dieter había tenido mucha prudencia con los recién llegados, sabía que el peligro existía, pero ahora era claro que estaba en cualquier lugar.

Quería quedarse encerrado en su habitación y no salir en varios días, pero tenía un trabajo y esa labor no daba esperas. No podía demostrar que le habían vencido.

Se levantó con los ojos apagados,  y tomó de la mesa un relicario antiguo. Lo abrió y en el había un mechón de cabello rubio protegido por un cristal.

 Era común en su época guardar mechones, a falta de fotografías. El cabello  lo había extraído del cuerpo inerte de su hija de cinco años.

Se volvió a sentar meditativo acariciando el cristal que protegía el mechón.

La pequeña Henrietta: el único error que nunca lamentó haber cometido.

La familia de su chiquillo le había recordado  a su familia. El había crecido con comodidades, su padre al morir los había dejado con lo suficiente para subsistir, pero los familiares maternos, comerciantes judíos  habían logrado buenos lucros a pesar de la crisis. Lo libros no eran algo común en esa época,  eran escasos y caros, pero él había podido leer algunos, gracias a contactos familiares. Poco a poco fue clara su orientación intelectual.

Su familia le había arreglado un matrimonio con una mujer que nunca habia visto:  Gretchen Heller. De cabellos oscuros y de aspecto serio, esta mujer no sonrió durante la boda.
Después del  matrimonio era evidente que Dieter se había casado con una tirana. Esa mujer era todo lo que él detestaba. Era increíblemente dominante,  exigente, se quejaba por todo y  deseaba más de lo que tenía. Dieter, orgulloso y competitivo de repente se vio aplastado por esa avalancha femenina.

Todo contacto con ella le era desagradable, y claro,  “tenían que consumar el matrimonio” aspecto que, resultó ser frustrante para ambos. Ella era fría, y no sólo en el sentido espiritual, sino también corporal. El contacto sexual resulto para ella una tragedia dolorosa, que ciertamente no quería repetir.  Dieter desvalorado en su hombría había decidido alejarse de ella, pues ni siquiera sexualmente se entendían.

En esa época, la vida sexual entre los conyugues, no era tan importante.  El matrimonio era una institución sagrada para tener hijos, pero estos en su matrimonio no llegaron. La mujer se quejaba de ser estéril dado que no había quedado embarazada, pero Dieter sabía, que ella no era estéril,  simplemente no podría embarazarse si no existía el contacto sexual necesario, en realidad, Dieter  prefería acostarse con cualquier otra que con ella... y así lo hizo.

En  dichas épocas, los negocios le exigían viajar. Los recorridos a caballo, dependiendo del sitio, podrían durar días, semanas o meses. Dieter había solucionado sus problemas maritales, alejándose kilómetros de su esposa.

El vivía tranquilo, en otra ciudad. La veía cada mes o dos meses, y se aseguraba de quedarse poco.

La casa donde vivía él solo, era grande, y  albergaba también un par de criados, entre ellos, Adalia. Era una criada de aspecto débil y enfermizo que prestaba sus servicios domésticos en la casa, amable, pasiva, constante y trabajadora, era el tipo de Mujer que a Dieter le atraía. El comenzar una relación con ella no fue difícil, ella era joven  y no supo manejar la atracción hacia el dueño de casa, quien en pocos meses supo llevarla a la cama, y complacer aquellos  deseos que su esposa no podía satisfacerle.

Dieter estaba llevando una relación prohibida en una época donde la infidelidad era un crimen que podía llevarlo a la cárcel. No fué sorpresa cuando Adelia quedo embarazada.

La joven quien imaginaba que su amante y padre de su hijo no nato, la abandonaría a su suerte, o la obligaría a dar el bebé en adopción sufrió mucho pensando en un futuro incierto. Dieter, a pesar de sus miedos, no hizo eso. Conciente del problema social, le prometió a la mujer cuidarla pero para ello tendría que comenzar desde cero.

La llevo a un pueblo alejado, y le proveyó de vivienda. Adelia podría vivir ahí como una viuda con su hijo. Fue así como la mujer vivió un embarazó tranquilo en el campo.

El nacimiento de Henrietta. Fue un  acontecimiento hermoso, pero a la vez triste. Dieter viajo por 9 horas a caballo para encontrarse con ellas, pero se halló con la triste sorpresa  que Adelia había muerto producto de una hemorragia. Sufrió un golpe al enterarse y sin dudarlo, ideo un plan. Encomendó la niña a una cuidadora y viajo  a donde se encontraba su esposa.
Esa noche estaba furioso, y sin ningún recato le comunico a su mujer el nacimiento de su hija, y  tajante le dio dos opciones, o hacían creer que la bebé era fruto del matrimonio, ó él la abandonaría y no le daría ayuda económica.  El escándalo social podía llevarlos a ambos a la ruina.

 Gretchen Heller, acepto entre dientes, y viajo con su esposo a tierras cercanas a donde estaba la criatura. Dieter recogió a su pedacito de carne y la llevo a vivir con su esposa, y por meses pretendieron tener otra vida. Cuando volvieron a su casa,  volvieron con la criatura, la cual presuntamente había nacido de las entrañas de Gretchen.

Socialmente la niña era ahora una hija legítima, pero en el interior de la familia, era sólo la hija  bastarda que trataban de ocultar.

Gretchen odiaba a la criatura, y Dieter no confiaba en ella para cuidarla. Así que, aprovechando que la niña era enfermiza,  se la llevo consigo a su antigua casa, donde Gretchen no tendría contacto con ella. Meses después, su esposa quedaría embarazada de alguien más, y tendría un hijo varón que llevaría el apellido Schaeffer, y la farsa continuaría.

Llevaba una vida como padre soltero, lejos de la bruja de su esposa. Crió a Henrietta con ayuda de una niñera y de su madre, y primera vez en su vida sintió que realmente tenía una familia. La niña era muy apegada a él y creció a su lado. Pero ella fue un regalo prestado por poco tiempo.

Meses antes de que cumpliera seis años, el clima empeoro y ella adquirió pulmonía. Murió muy joven en los brazos de su padre. Dieter cambiaria para siempre.

Luego de la perdida de la niña, y tras la burla de su esposa, él la abandonó. No le importaba sí se moría de hambre, igual, Gretchen se merecía el sufrimiento. Vengativo, y sin miedo a los señalamientos sociales viajo a otro país, donde encontraría la muerte y una nueva vida dentro  del clan tremere.

1 comentario:

Tana Abbott dijo...

:S qué triste... pobre tipo, esa niñita pudo hacerlo feliz... pobre regente u.u