Abrí los ojos asustado por un golpe fuerte en mi puerta, y unas sombras entraron a mi habitación de manera fulminante. La idea de mi asesinato cruzo por mi cabeza, mientras indefenso y tullido esperaba mi ejecución. Escuche como mis verdugos con el rostro tapado murmuraban que debían actuar rápido. Me inmovilizaron los brazos, me tomaron entre dos y me envolvieron en una especie de tela. Mientras yo indefenso temblaba. No hice ningún sonido, sabía que gritar era inútil, nadie vendría a rescatarme. Sentí que me movieron de mi cama a una especie de camilla, y al llegar ahí unos de los dobleces de la tela cedió y pude ver un cumulo de aprendices que miraban impotentes la situación. Pude escuchar a García mientras gritaba y exigía que me dejaran en paz, mientras otra voz con autoridad recordaba que “no podían intervenir”. Me cubrieron bien con la tela y recuerdo que la camilla comenzó a moverse. Luego de un tiempo escuche la voz de un joven que decía: “Señor Rowan por favor no se preocupe, estará bien”. Lo próximo que recuerdo es el sonido de las turbinas de un avión.
No sé a dónde me llevaron, es algo que todavía ignoro.
Recuerdo que, envuelto en la tela comencé a escuchar una serie de canticos, que se hacían cada vez más fuertes. Sentí como me trasladaban de la camilla a una cama, y ahí una persona me desenvolvía de la tela, mientras otras siete tomadas de la mano, en una representación de la estrella de siete puntas, realizaban un cantico en una lengua muerta.
La persona que estaba en el centro recitaba otro tipo de poema, mientras con una especie de tinte natural me dibujaba símbolos en todo el cuerpo.
Estaba tan confundido que no sabía que pensar. Después de que termino el ritual, un hombre de pelo completamente blanco, se acerco hacia mí, y me comunico que estaba en un lugar protegido, que no debía temer.
Me encuentro en una capilla especializada en biotaumaturgia, que es una senda de estudio del manejo de las energías de la vida, es decir, la magia de la salud. Los médicos se hacen llamar a si mismo curadores, y tratan de utilizar sus conocimientos para aliviar las maldiciones. Según sé, mi habitación esta en el ala de enfermos crónicos, por la gravedad de mi situación. Debo permanecer encerrado en estas 4 paredes protegidas mediante rituales porque de lo contrario mi vida correría peligro.
La dificultad real que tienen los sanadores, es romper la maldición que me aqueja, dado que como ya me han explicado, antes de que aparecieran las maldiciones principales, mi verdugo “ya había“ generado un ligo mágico con mi persona que le daba poder frente a mí y que, potencializados con algunos rituales, de procedencia cuestionable, establece una clara ventaja frente a mi defensa. Eso explica porque los rituales de protección que se me brindaron a posteriori, no fueron tan efectivos. La “ventaja” (aunque no sé si llamarla así) es que aunque sigo siendo víctima de los síntomas de las maldiciones, los ritos y hechizos de salud que han hecho a mi favor me brindan mayor resistencia, mayor rapidez de curación y, sobretodo, evitan mi muerte.
Frente a mi situación personal parecen existir muchos intereses ocultos. Sé que el regente Schaeffer fue el responsable de mover sus contactos para que se me protegiera, y sé, que así como Oren tiene sus amigos, Schaeffer también los tiene, y al parecer estos quieren evitar mi muerte a toda costa; tal vez esperando encontrar una forma de romper la maldición, ó tratando de alguna manera de dar de baja a Oren, quien según me enterado está estudiando de manera juiciosa la senda de las maldiciones y enseñándosela a sus aprendices.
A veces me pregunto, ¿a quién más abra perjudicado?, Y , ¿porque el circulo interno no ha hecho nada en contra de esta amenaza?. Son preguntas que no tienen respuesta, por lo menos para mí.
Aunque no me lo han dicho, presumo que hay por lo menos dos pontífices interesados en mantenerme con vida, pero lógicamente nunca han pensado en la “calidad” de vida que tengo. Soy el conejillo de indias de Michael Oren, para toda maldición que se le ocurra. Me ha pasado casi de todo, y lo “curioso” es que según los sanadores, las consecuencias de las maldiciones son disminuidas significativamente por el poder de protección del lugar. Lo que me hace pensar que si actualmente es muy malo, sin los escudos mágicos, podría ser mucho peor... lo cual me asusta.
Afortunadamente, y también, gracias a los sanadores y sus rituales, los daños producidos por las maldiciones pueden ser curables y no me generan daños permanentes, como sí ocurrió con mi columna. Nunca volveré a caminar, no hay nada que cure eso, aunque en realidad mi preocupación ahora se centra en otras cosas.
Vivir noche a noche, sufriendo de manera casi interminable, me hace cuestionar qué estaré pagando para sufrir tantas dolencias. A veces pienso, que es una forma de pagar mis pecados y buscarle un sentido a mi deteriorada vida. Soy solo un títere, que vive porque otros lo desean, y que busca un motivo para seguir luchando, y no rendirme ante la muerte.
Aunque debo aceptar que acá no me hace falta nada material. Todos mis objetos personales fueron trasladados con migo desde los Angeles, y si deseo algo nunca se me niegan. La capilla en donde me encuentro tiene una excelente biblioteca, lo que me ha permitido consultar muchos libros y estudiar. Tengo acceso a cualquier tipo de entretención, aunque el internet por obvias razones es supervisado.
Mi silla de ruedas siempre está a mi lado, así como la foto de mi esposa y de mi hijo. Tengo tres vecinos, también victimas de maldiciones. De todos, yo soy el más limitado, pues no puedo salir de la habitación. A veces vienen y jugamos cartas. Todos tienen la esperanza de algún día salir de aquí sanos, aunque a veces como yo, pierden las esperanzas. Tenemos algunos juegos y bromas que nos permiten vivir la cotidianidad. Los pobres curadores son a veces víctimas de las bromas y desvaríos de nosotros. Hemos creado un titulo militar para cada uno, en parte debido a Russelt, quien presenta confusiones mentales, y que a veces ahuyenta a los sanadores lanzándoles fuego. Luego de que los ataca me llama y me dice “Coronel hemos vencido en la batalla”, y yo, siguiéndole la corriente respondo “Bien Capitán, mantenga al margen a esos desgraciados, ya llegaran los refuerzos”. Creo que a los sanadores de primer nivel, como novatada lo envían atender a Russelt. Me causa risa pensar que es lo único divertido que ocurre por aquí.
Supongo que no hay más que decir. Soy consciente que puede pasar mucho tiempo antes de que salga de estas cuatro paredes, y sin embargo debo prepararme, requiero estudiar mucho, porque una de las alternativas para salir de aquí está en mi poder, y solo yo puedo buscar dicha salida.
A veces sueño que al despertar, esta pesadilla se ha acabado. Ya sea porque el ángel de la muerte ha roto el hilo dorado que me mantiene amarrado a la tierra, o porque de alguna manera he logrado vencer la maldición. Tal vez alcanzar la iluminación, me ayude. Sea lo que sea, solo me queda esperar y tener fe que la pesadilla termine.
Con esto, finalizo mi ejercicio.
Creo que el sanador tenía razón, escribir esto me ha hecho sentir mejor. El limón desinfecta las heridas aunque arda al aplicarlo.
¿fin?
lunes, 29 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
DIARIO DE UN CONDENADO (5ta Parte)
Aunque estoy muy adolorido, he decidido seguir escribiendo. Ya estoy cansado de llorar y de sentir este peso tan enorme en mi alma. He estado a punto de morir, pero los rituales para mantenerme vivo son definitivamente más eficientes. A veces siento que estoy en un limbo lleno de oscuridad, y que el hilo dorado se ha fortalecido para mantenerme atado en la tierra. Sé que esto puede sonar como una alucinación, pero cuando he estado ahí, en ese espacio lleno de sombras, Matilda ha ido a visitarme.
Mi mujer murió de un cáncer progresivo el año pasado, y como es lógico no pude ir a su entierro. Llorar la muerte de alguien amado sin poder decirlo y adicionalmente desde la distancia es sumamente cruento. Estar enterado de la enfermedad de tu conyugue y no poder estar ahí para apoyarle en los momentos de dolor es realmente frustrante. Hice una promesa en el altar que no pude cumplir.
Sabía de su enfermedad desde que comenzó, es más, desde que me aparte de ellos, busque la forma de enterarme de sus necesidades sin tener que moverme de Los Angeles, y lógico, sin tener que romper la mascarada. El regente me permitió este aspecto con ciertas normas rígidas a través de un contacto Nosferatu, quien me tiene bien informado por un monto mensual que debo consignarle. Gracias a eso durante todo ese tiempo he tenido información de ellos, hasta las minucias más insignificantes como el cambio del detergente para la ropa me lo informaban. Supe gracias a eso de sus necesidades, y curiosamente siempre que requerían algo, yo estaba ahí para solucionarlo desde la distancia. Me enteraba hasta de la vida sentimental de ellos. Recuerdo la noche que me informaron que mi esposa había comenzado una relación sentimental con otro hombre, hecho que me produjo un ataque de ira sin precedentes. Por poco entro en frenesí. Tuve que pedirle al Nosferatu, que por mi salud emocional no me comentara detalles. Estuve tentado a lastimar a ese hombre, hasta que un poco más calmado recordé que mi esposa tenía derecho a rehacer su vida. En realidad ella era viuda, y podía casarse nuevamente si lo deseaba. La relación entre el hombre y ella no prospero como yo había pensado. En cierta forma es una lástima, teniendo en cuenta que no hubiera estado sola.
Mi mujer cuando me la he encontrado en el limbo se nota molesta. Me reclama que la haya engañado. Yo no puedo hablarle, trató de explicarle, pero parece no escucharme. Ojalá algún día pueda contarle todo. Su reacción no es que mejore mi ánimo, pero la comprendo. ¿Quién después de vivir una horrenda enfermedad, y pensar que al morir se encontraría con su esposo, no se molestaría al descubrir que él en realidad aún no ha muerto, o no del todo?...
Mi hijo fue aceptado en la Universidad de Nevada, y está estudiando agronomía. La universidad se la he pagado yo desde un comienzo, creo que él nunca se explicó cómo le daban una beca completa a él, siendo un estudiante tan mediocre. Mi hijo, para lastima mía, prefiere andar en fiestas que estudiar. Si yo estuviera a cargo, hace mucho lo hubiera sentado y le hubiera dado un sermón sobre la responsabilidad. Cada vez que me llegan sus notas me provoca suicidarme, sin embargo, me encargo de que un tercero le obligue a forzarlo a trabajar. Puede que lo haya abandonado cuando tenía once años, pero nunca lo he dejado desamparado. He hecho ritos de protección para garantizar que tendrá una buena vida. Aunque no es mi sangre, es mi hijo. Ojalá sepa construir una vida mejor de lo que yo hice.
Todavía recuerdo como en una charla agradable en la cual estábamos Diego, Terry y yo salió el tema (bueno en realidad hablaba con Diego, mi chiquillo solo escuchaba). Diego me preguntó si había sido casado y yo le comente la realidad. Ambos estaban sorprendidos, pero la expresión de Terry era de total confusión, como si no diera crédito a mis palabras. Tal vez tenía un concepto distinto de mí. En realidad uno nunca se imagina a los propios padres en situaciones incorrectas. Les pedí a ambos que aunque no era un secreto, tampoco era un tema del cual se pudiera hablar en los pasillos.
Esa fue de las últimas cosas que recuerdo antes de que la pesadilla comenzara.
Bajaba las escaleras de la capilla, ahora que lo recuerdo fue la última vez que estuve parado sobre mis piernas, y de repente un dolor en la espalda intenso hizo que perdiera el equilibrio. Rodé por los peldaños hasta llegar al primer piso y justo en ese momento sentí un sabor amargo por la boca. Los criados y demás aprendices vinieron inmediatamente, el estruendo fue enorme, y según comentan algo negruzco salía por mi boca y espalda. El regente ordenó que me llevaran a un lugar consagrado en el sótano. Era evidente que se trataba de una maldición. Mis fuerzas se habían ido rápidamente. Me acostaron en una cama ubicada en dicho lugar, y varios aprendices trataron de atenderme. El regente, utilizando su sabiduría, hizo algunos rituales de sanación, y sin embargo note en su cara de preocupación cuando no dieron resultado. Diego por su parte trataba de tranquilizarme, y buscaba alguna explicación de lo que estaba ocurriendo.
Me dolía la espalda como si algo me quemara, era un dolor tan intenso que me retorcía en la cama mientras daba alaridos. En ese momento escuche una voz femenina, que con voz de mando comenzó atenderme. Se presentó como la Dr. Mary Jean, y me dijo que trataría de curarme. Inmediatamente me acomodó el cuerpo de medio lado, mirando al este, y me puso la mano en el cuello. El sólo acto sirvió para que me tranquilizara. Me explicó que debía estar quieto en esa postura, y que necesitaba de mi apoyo para un ritual especial que iba hacer, cuya finalidad era que yo drenara la sustancia que me estaba haciendo daño. De repente señaló a Terence, quien estaba en una esquina, casi viendo con impotencia lo que ocurría, lo ubico en una silla al lado de la cama y le dijo que su función era tranquilizarme y evitar que yo moviera la cabeza. La mujer tomó la mano de Terry y la puso delicadamente en mi cuello, y le dijo: Tienes el don de la tranquilidad, úsalo.
Debo aceptar que cuando él colocó su mano en mi cuello, mi nivel de tensión bajo un poco. Quedarme quieto era difícil, pues era muy doloroso. Mire a Terence, y como signo de desesperación y búsqueda de apoyo, mientras él ponía su mano sobre mi cuello, yo con mi mano izquierda tocaba su brazo. Comenzó un ritual que desconocía, y donde el dolor, que poco a poco se localizaba en la parte baja de mi espalda, fue en aumento; y sentí que se había colocado algo en esa zona. Me di cuenta a su vez que mis piernas se sentían diferente.
Estaba agotado, me sentía por primera vez desde mi abrazo literalmente enfermo. Vi el rostro de mi chiquillo, por un momento creí que Marcus estaba a mi lado, sonreí, le tome la mano, cerré los ojos y entré en letargo.
Desperté 24 horas después. Estaba acostado de medio lado, tal como había estado cuando perdí la conciencia. Mire alrededor. Mi brazo estaba conectado a una bolsa de sangre: me di cuenta que me estaban pasando vitae por goteo; una transfusión sin lugar a dudas. El dolor en la parte baja de mi espalda persistía, y olor de algo descompuesto invadía todo el lugar. Trate de moverme, pero una mano me lo impidió. Vi la figura de Diego aparecer de repente “No te muevas” me dijo. En la cara de mi colega se observaba con una sonrisa, pero yo sentí inmediatamente que estaba preocupado.
Se sentó a mi lado, y de manera muy profesional me dijo que por el momento estaba estable. Que había sido víctima de una maldición. Me comentó que una especialista me estaba tratando, y que ella esperaba que en un tiempo se drenara todo el líquido malsano que acumuló mi cuerpo. El origen de la sustancia era un misterio, y estaban investigando la misma. Me dijo que la peste venía de ese líquido que salía de mi espalda, pero que por recomendación de la especialista no era conveniente que lo viera. Le pregunté en ese momento si iba a morir; me miro a los ojos y de manera triste pero sincera, y me manifestó que no lo sabía.
En ese momento me di cuenta que la situación era grave. Me enteré que la capilla había sido reforzada con hechizos de protección, que mi ropa, y otros elementos que fueron tocados por la sustancia tuvieron que ser quemados. La misma sustancia tenía que ser destruida por la energía negativa que expelía. No podía cambiar de postura, y tampoco moverme bruscamente, pues el drenaje estaba en mi espalda.
¡Oh, recuerdo como permanecí de medio lado por casi mes y medio! Una o dos meses en la noche la doctora Mary Jean realizaba un pequeño ritual que ayudaba a drenar el líquido, mientras que siempre era mi chiquillo, el encargado de tocar mi cuello y evitar que me moviera. Murmuraba que mi chiquillo parecía tener el don de tranquilizarme. La mujer era muy amable y conocía bien el manejo en las maldiciones. Prácticamente se instalo en la capilla para atenderme, sin embargo yo sentía que algo me ocultaba.
Desafortunadamente, la verdad me la manifestó cuando ya no había peligro de muerte. La maldición había sido hecha por un experto. Según me comentó parecía que fue desarrollada por un Tzimisce o alguien con conocimientos en vicisitud, pues el líquido al encontrar drenaje por ese sitio había deformado y dañado de manera irreparable mi columna a nivel sacro-lumbar, por tanto, a pesar de que sentía una sensación de cosquilleo en mis piernas, no volvería a caminar.
Sentí un dolor emocional intenso. La mayoría de las personas en la capilla sabían que había quedado lisiado, pero nadie se atrevió a decirme. Cuando por fin pude salir del lugar donde se me habían tratado, lo hice en una silla de ruedas.
Lo que nadie sabía era quién había sido el responsable de mi desgracia, aunque el regente estableció que estaban investigando.
Aunque sentí el total apoyo de todos los aprendices, y en especial del regente, yo me había convertido en un hombre incompleto. Todo es más difícil cuando necesitas estar en una silla para movilizarte, las mesas son muy altas, los pasillos muy estrechos, las puertas muy pequeñas. Depender de otros es horrible. No me gustaba sentir la lástima en los ojos de quienes me miraban. Al desdichado de Terry le tocó soportar toda mi frustración: cuando no estaba malhumorado, estaba muy deprimido y me dedicaba a tomar vitae con alcohol. Una noche amanecí tan alcoholizado que me caí de la silla, y él al verme borracho, me recogió y me llevó a la cama. Fue la primera vez en que sentí que estaba realmente molesto conmigo. A las pocas horas, y después de que Diego hizo un ritual para desintoxicarme, evitaba mirarme.
Esa misma noche el regente me llamó y me reprendió. Me habló con palabras duras, me ordenó ingresar a un programa de rehabilitación y comenzar a valorarme de nuevo. Me dijo que estaba seguro que, con todo y silla de ruedas, podía llevar acabo muchos trabajos. Terence me acompañó a un centro de rehabilitación física, donde me enseñaron a recobrar mi independencia. Creo que eso fue lo mejor que me ocurrió en esa época. Conocí a algunos humanos en esa situación y me di cuenta que vivir así no significaba el fin del mundo. Reconocer que la discapacidad está en la mente fue fundamental.
Es curioso, a los pocos meses con todo y silla ya me sentía mejor, continuaba con mis lecciones, (Terence avanzó mucho durante ese tiempo), investigaba y realizaba mis labores como antes. Recibí elogios de varios, cuando en un ataque Sabbat a una mansión donde se realizaba un evento, salí airoso con todo y silla, y me encargue de unos sujetos.
La Dr. Mary Jean llevaba un control de mi evolución, buscaba signos de recaídas y me atendía bien, en realidad, muy bien. Tuvimos un pequeño romance, que aunque no evolucionó, me ayudó a darme cuenta que a pesar de no poder caminar seguía siendo un hombre.
Fue después de eso que la capilla recibió la visita de un viejo residente. Era una reunión programada, y yo entre al salón principal manejando mi silla eléctrica. Mi condición siempre llama la atención, porque, ¿cuántos Tremere en sillas de ruedas existen? Los cainitas discapacitados somos tan extraños en algunos círculos que es casi inevitable que no te miren. Cruzaba el salón manejando mi vehículo cuando veo al maldito de Michael Oren, recién nombrado regente de Allentown (Estado de Pensilvania), sentado en una mesa de vástagos de alta jerarquía. Cuando sus ojos se fijaron en mí, mi espalda me comenzó arder, disimule mi malestar y le mire también con dignidad. El maldito parecía complacido de verme en una silla de ruedas. Me dirigí cerca de Diego García y me ubique en un sitio donde pudiera verlo. En ese momento me di cuenta que el Oren que yo conocía ahora era mucho más poderoso, tal vez por el malestar no pude notar más. El ardor se hacía un poco más intenso. Con total disimulo, le comunique telepáticamente a Diego que me dolía la espalda. Salimos del salón directo a su laboratorio, donde me examino, y encontró una pequeña mancha de la sustancia que me dejo lisiado en el espaldar de la camisa. Se quedó pensativo mientras yo le comente como había comenzado el dolor. La cosa ya era demasiado evidente para mí: Oren era el responsable de que yo no volviera a caminar.
El regente Schaeffer, una vez terminada la reunión, me confirmó mis sospechas. Me comentó que él había hecho un hechizo con el fin de encontrar al responsable de mi situación, y que este se activo cuando Michael Oren entró a la capilla. Adicionalmente, me comentó sus temores de que se tratara de un diabolista.
El regente mandó un informe con sus sospechas a su superior, pero sus inquietudes nunca fueron respondidas. Era extraño, no comprendía que sucedía, pero cuatro meses después lo entendí.
Estaba en plena sesión de enseñanza; Terry trataba de hacer el ejercicio mientras yo supervisaba sus avances. Había tenido una muy buena noche. Me sentía de buen humor y planeaba salir un espectáculo cultural. De repente golpean en el laboratorio, abro la puerta y era la famosa Mary Jean. Le sonreí de manera coqueta (es sorprendente la química que hay entre nosotros) y le pregunté el motivo de su visita. Me contestó que debía examinarme. Sorprendido, le pedí que esperara, que estaba en medio de un ejercicio. Ella se negó; debía hacerlo ahora. Una fantasía erótica cruzó por mi mente, pero parecía muy seria para ser un acto de seducción. Le pedí a Terry parara el ejercicio, y que saliera por un momento del laboratorio. Comenzó a examinarme, hablando de algunas cosas, y en algún momento se quedó muda. Yo pregunté: ¿Qué pasa? Pero no respondió. Después de revisarme y esperar que me pusiera mi camisa y me dijo: “Lo lamento Rowie, comenzó el ataque de nuevo, y creo, que esta vez no puedo hacer mucho por ti”. Me tocó el rostro como si se estuviera despidiendo y me besó la frente. Salió del laboratorio dejándome perturbado.
Media hora después me informaron que el regente quería verme. Confundido, fui manejando mi silla hacia la oficina, y pude ver el rostro del superior. Inmediatamente me di cuenta que no tenía buenas noticias. Comenzó diciendo que él lo lamentaba mucho. No entendía por qué comenzaba la frase disculpándose, pero luego lo entendí.
Me comentó que él había mandado su informe con las sospechas en relación a Oren al Pontífice, sin respuesta positiva o negativa. Estableció su preocupación al ser este un ataque interno y al representar un peligro en potencia para el clan. Sin embargo, me dijo, notaba cierto silencio en sus superiores que le preocupaba.
Añadió, que sentía el deber moral de comunicarme esto, a pesar de que no tenía obligación de hacerlo. Recientemente había recibido una orden por escrito, que luego de leerla se había convertido en ceniza. El Pontífice McArthur, pidiendo obediencia absoluta, ordenó al regente Schaeffer no prestar atención a mis dolencias y confinarme a mi habitación. Mi presencia dentro de la capilla era vista como una amenaza, dado que era considerado un traidor al clan. Me comentó que había amenazado entre líneas que, de seguir prestándome apoyo, tomaría acciones disciplinarias en contra de la capilla, quitándole privilegios territoriales, administrativos y económicos. En otras palabras, Oren tenía amigos poderosos.
Recuerdo que mientras me hablaba yo trataba de entender todo esto. Quedé dos minutos en silencio, y murmuré totalmente sorprendido, “¿Quiere decir que el clan me ha dado la espalda?” El regente bajó la cabeza. Mis ojos se inyectaron en sangre, pero me contuve apretando el brazo de la silla de ruedas. Le dije al hombre que yo había trabajado de manera fiel hacia el clan, y que agradecía la confianza que él me había otorgado durante todos estos años, que le pedía que asignara a mi chiquillo un tutor paciente, y que mis cenizas fueran colocadas en la misma tumba de mi esposa. Le di la mano al hombre y salí de la oficina manejando la silla despacio.
No había nadie en los pasillos y al entrar al laboratorio encontré a Terence estudiando. Cerré la puerta y me acerque a él con un nudo en la garganta. Le dije que pusiera atención por un momento, pues le tenía que informar algo. El hombre me miro preocupado por mi semblante. Le comunique con la voz entrecortada que había sido un honor haberle conocido, que siempre lo considere un buen sujeto, que me perdonará por todo el dolor que pude ocasionarle, y por los momentos en que le reprendí; que como muestra de mi afecto, quería regalarle la antigua máquina de escribir que perteneció a mi hermano.
En ese momento no pude ocultar más mis lágrimas.
Le dije que esperaba que se adaptara a su nuevo tutor, y le deseaba la mayor de las suertes en su vida. Tras pedirle que tomara la máquina, le ordene que saliera del laboratorio y no volviera a entrar.
Mire mi laboratorio por última vez, abrí la puerta de mi habitación anexa al mismo, y cerré la puerta.
Recuerdo que cuando entré a mi cuarto sentí un dolor muscular leve, que iba aumentando. Me di cuenta que estaría muerto muy rápido, y que Oren había logrado lo que quería. Me quité la ropa, y me puse una piyama mientras lloraba en silencio. Me sentía tan desilusionado. Ningún Tremere se puede imaginar que su clan le dé la espalda cuando lo necesita. Trabaje tantos años, sacrifique hasta mi familia por el clan, viví en una capilla de manera permanente como un acto de obediencia, ¿para qué? Hice tanto para que mi miserable vida no valiera nada.
Esa noche, antes de caer el amanecer, hice mi testamento a mano. Le deje el setenta por cierto de mi dinero a mi hijo, quinientos mil dólares a Terence, mi antiguo reloj de bolsillo a Diego García, y el resto de mis pertenencias a la capilla de Los Angeles.
Recuerdo que me dormí con los músculos entumecidos y con la foto de Matilda y Maurice en la mesa de noche.
lunes, 22 de marzo de 2010
DIARIO DE UN CONDENADO (4ta Parte)
Han pasado dos meses desde la última vez que escribí. Se me han caído mechones completos de cabello y mi piel ha adquirido un color grisáceo que no se ve bien. Me veo tan mal que creo que asustaría a cualquiera... y creo que ya lo hice. Estoy feliz porque por primera vez en mucho tiempo recibí visitas. Vinieron Diego y Terry a visitarme. Ayer mismo se fueron, duraron acá solamente tres noches.
Debo aceptar que fue una buena estrategia para levantarme el ánimo. Me comentaron que no sabían que venían a visitarme, el único que sabía de esto era el regente. Los mando a una ubicación con la excusa de otra diligencia y ahí, encerrados en una especie de caja, los llevaron vía aérea a donde yo estoy. Es curioso todas las molestias que se toman para ocultarme.
Cuando entraron por la puerta pude observar que no se esperaban encontrarme así, y aunque Diego García, como buen médico, supo ocultar su estupor. Terry se puso pálido como las paredes del lugar. Fue agradable verlos.
Tal vez eso me motivo a continuar con el ejercicio. Como establecí antes, me juzgaron ante el clan por traición. Siento que si hubiera sido por mi sire me hubieran condenado a muerte, pero dado que el comité estaba conformado por siete jurados imparciales, que revisaron la situación esto, afortunadamente no se dio.
Establecieron que si bien, yo tenía derecho a una vida privada, el hecho de no informar y ocultar información era una falta grave de desobediencia, y que mis acciones habían puesto en riesgo la mascarada y también al clan. Pusieron en tela de juicio la confianza que se me podía otorgar, dado que si por 10 años no comunique esta situación, podía ocultar otras situaciones. Sin embargo determinaron que las consecuencias por mi malograr no podrían compararse a las de traición y por tanto no sería necesario que me llamaran a Viena.
La condena estableció varias penas a cumplir, en primer lugar perdí la libertad de independizarme de la capilla a pesar del nivel de aprendizaje que reportaba. La segunda fue Negarme de por vida mi regreso parcial ó definitivo al estado de Missouri. Lo cual lógicamente implicaba que debía trasladarme a otro estado. Lógicamente el contacto con mi esposa y mi hijo estaba rotundamente prohibido. La tercera condena me exigía mantener trabajos de alta exigencia por 3 años, y presentarme cada 7 meses por 10 años al pontífice de la región para hacer actos de obediencia. Lógicamente eso implicaba que el regente, tendría una especial atención a mis acciones. Estaría en seguimiento constante.
Aunque las sanciones pudieron ser peores, el quedarme en la capilla y no gozar de mi independencia, fue el peor de los castigos. Acepte todas penas a cumplir, y aunque inicialmente me dijeron que me mandarían al estado de Ohio, en una vuelta del destino, y por intervención de mi sire (que me odia), termine en los Angeles, dado que, uno de sus amigos era el regente. A decir verdad él quería asegurarse de hacerme la vida imposible, y Alan Domenici, hizo exactamente eso.
Durante el primer año que estuve ahí sufrí un trato casi esclavizante. Lo curioso es que no manifesté en ningún momento mi inconformidad, y los “trabajos de alta exigencia” los hacía de manera tan simple, que le hacían pensar al hombre si realmente me estaba exigiendo. Todo cambio cuando al año de estar yo ahí, por una situación que todavía no comprendo del todo, cambiaron al regente. Dieter Schaeffer llego a remplazar a Domeneci, y demostró desde el primer momento ser todo un sabio. Años después me comento que el ex regente lo primero que hizo al entregarle el cargo fue hablarle mal de mí y agradar la gravedad de mis antecedentes.
El regente Schaeffer, me hizo darme cuenta que no todos aquellos que están en su cargo son iguales. Desde un comienzo tuvo la filosofía de evaluar y acomodarse con los aprendices de su capilla tratando de formarse una opinión personal de cada uno, antes de juzgarlo. Soy consciente que los primeros años a su servicio fueron de constante evaluación, pero poco a poco, el hombre se dio cuenta de cómo era realmente yo, y los trabajos de alta exigencia se convirtieron en responsabilidades gratas acorde a mi nivel. No lo hacía ver como un castigo, sino como un reto. Lo curioso es que esos 3 años de trabajos de alta exigencia se mantuvieron con el tiempo.
Lo que lamento en realidad en todo ese tiempo, fue haber conocido a Michael Oren. El causante de todas mis desgracias. Oren es el sujeto más arrogante y detestable que he conocido. Le gana a mi sire por mucho, y eso ya es decir mucho de él.
Oren era la mano derecha de Domeneci, pero no era un sujeto que me inspirara confianza. Desde el primer momento que lo vi, sentí que el tenia algo oscuro y turbio. Muchos vampiros lo tienen, pero él a pesar de su sonrisa constante y de sus frases inteligentes tenía algo más. A mala hora me lo hice de enemigo, la competencia entre los dos era evidente, y el odio era mutuo, sin embargo yo consciente de que algo no me cuadraba busque alguna forma de desacreditarlo pues me parecía que algo había extraño en su actuar. Desde que llego Schaeffer el sintió que le quitaron su poder, y trataba de ganarse al nuevo regente por todas las formas posibles. En realidad fue también el destino que me llevo a darme cuenta de eso.
Pasaron más de 10 años, y yo siempre fui la piedra en el zapato de este hombre. Se puso sumamente celoso cuando el regente accedió a darme un laboratorio particular dentro de la capilla, lo cual en cierta forma me daba un estatus, y me permitía mayor comodidad. La bolsa se rompió cuando descubrí una posible intención de desfalco en un proyecto que le habían adjudicado a él. Le comunique como economista al regente mi preocupación, por algunos proyectos sin decir nombres, pero el regente que no es ningún tonto lo entendió de inmediato, y realizo ciertos estudios. Una semana después me adjudico el proyecto a mí.
Recuerdo que esa noche venia del parqueadero y me lo encontré. Iracundo se lanzo a golpearme. Yo me defendí como pude y le di un buen golpe. Me dijo que ,“ante Dios o el demonio me arrepentiría de esto”. Molesto dejo la capilla de los Angeles y se puso al servicio de un regente en un estado del norte.
Si yo hubiera sabido...
Unos pocos meses después llego a la capilla un nuevo aprendiz de alto nivel. Vino con un sobre debajo del brazo, tal como yo había llegado años atrás. Yo sabía que significaba, venia con indicaciones especiales de algún pontífice ya fuera por disciplina o por otras condiciones especiales. Me dio dolor de cabeza el pensar que se trataría de otro farsante como Oren, pero al parecer el hombre no tenía intención de resaltar de manera negativa. En el ritual de bienvenida a la capilla me pude enterar psíquicamente que su nombre era Diego García, de profesión medico procedente de Colombia, y de algunos países de Europa y oriente. Parecía haber viajado mucho. Su buen inglés con acento latino fue lo que me llamo más la atención cuando lo conocí. Me dio la impresión que llegaba algo nervioso o predispuesto a la reacción del regente, sensación que creo disminuyo notablemente a medida que fue pasando el tiempo. Al igual de lo ocurrido conmigo, el regente le puso a prueba por un tiempo, y luego le dio funciones especificas asociadas las comunidades latinas de los Ángeles. Le adjudico un laboratorio y le encomendó investigaciones.
El Doctor García resulto ser un buen apoyo en la capilla, y creo que por eso y por su actitud de soporte fue que comencé a conversar con él. Poco a poco desarrolle una especie de amistad profesional con él. No soy un hombre de muchos amigos, en realidad por las experiencias pasadas suelo desconfiar mucho de la gente, pero una buena relación de colegas es necesaria. Aun recuerdo cuando me invito a su apartamento a tomar una especie de licor local de su país. Hizo una llamada y caminamos a su apartamento a unas pocas calles de la capilla. Mientras lo hacíamos me comento que él vivía en su apartamento con su mejor amigo, quien hasta ahora estaba aprendiendo el idioma y me pidió un poco de comprensión al respecto, pues el mismo estaba un poco nervioso dado que no me conocía.
Nunca se me olvidara la cara de Diego cuando al abrir la puerta encontró un letrero escrito en inglés que decía: “En esta casa no somos capitalistas, vivimos felices con lo poco que tenemos. ¡Abajo el dominio Yanqui!”. Casi puedo recordar la expresión de vergüenza del hombre ,quien al hacerme pasar a la sala le hizo una expresión de reclamo a otro hombre que estaba al fondo. Debo aceptar que casi se me escapa una carcajada por la situación, pero me contuve. El mejor amigo de Diego es también Colombiano pero al parecer no tiene su mismo nivel cultural, aunque comento, que a futuro quiere estudiar derecho. Diego me informo que el regente sabia de su existencia y que ambos habían llegado al país después de una serie de dificultades que no especifico, y que hasta el momento desconozco. El amigo quien se llama Miguel resulto ser también un buen sujeto, aunque no le entendí gran cosa de lo que decía pues hablaba la mayor parte en español. El licor local con sangre resulto ser muy agradable, y el apartamento parecía ser un pequeño escondite que les recordaba el país de origen. Me di cuenta inmediatamente que García era un tremere poco común, casi podía sentir que en algo nos parecíamos. Creo que desde ese momento la conversaciones no solo se basaron en situaciones profesionales sino también personales.
Fue por ese entonces que el regente comenzó a pedir a los aprendices de círculos superiores que investigáramos posibles nuevos prospectos de vampiros. Investigue, y encontré el prospecto perfecto, era un hombre brillante que trabajaba para una compañía cinematográfica, tenía un buen cargo y era un guionista de alto nivel. Aun recuerdo cuando, moviendo algunos contactos llegaron a mi varios folios de los guiones que había escrito. Comencé a leer cada uno de ellos, y de repente noto que se había colado un guion que no pertenecía a dicho personaje. Era el guion de otro sujeto llamado Terence Fowles. Un poco intrigado por la equivocación leí el guion que estaba frente a mí.
Recuerdo como al leer esas páginas me sentí maravillado. La historia de una familia que vivía en una granja, y donde los hermanos tenían que aprender a convivir juntos. Tenía un aspecto moral muy interesante, pero lo más me impacto fueron los detalles de la historia. Sentía como si lo hubiera vivido, y justo después que termine de leer mi corazón latió dos veces. Me toque el pecho extrañado. Eso era realmente anormal. Sin embargo decidí desde ese momento averiguar sobre ese hombre. Terence no era el prospecto perfecto, era un guionista de poco éxito que escribía para series mediocres de la TV y que había sido empleado por más de 10 años. Un hombre solitario, con estudios universitarios en literatura, con casi nulos amigos, y sin familia. Eso era un aspecto positivo sin lugar a dudas, pues no tenía casi contacto con el resto de la humanidad. Tenía que conocerlo.
Recuerdo esa noche cuando entre a dicha oficina y vi a ese hombre siendo insultado por su jefe, no pude más que llegar a la conclusión de que era un tonto. El hombre estaba de espaldas pero cuando se volteo, y vi su rostro sentí un corrientazo por todo mi cuerpo. Era idéntico a Marcus, el parecido era sorprendente. Salí del lugar alterado, y lo primero que hice fue ir a una tienda a comprar una botella de whisky. Me encerré en mi laboratorio con tres litros de sangre y la botella. Cuando García tiempo después golpeo en mi laboratorio para hacerme una pregunta me encontró tan ebrio que tuvo que ayudarme a entrar a mi habitación. No le comente el porqué estaba tan perturbado. En ese momento y con los sentidos alterados tome otra decisión de la que luego me arrepentiría. Abrazaría a ese hombre y seria mi chiquillo.
Espero que esto nunca lo lea Terry, en realidad es algo que me reservo con cierta culpa pues nuevamente me deje llevar por el corazón y no por la razón. El no estaba preparado para entrar en nuestro mundo, acepto mi propuesta por su deseo de sobresalir profesionalmente. Recuerdo que cuando lo abrace, por un momento me sentía tan satisfecho, era como volver a tener a mi hermano nuevamente conmigo.
Que equivocado estaba...
Terence, o como le decimos de cariño Terry es un ser muy singular. En cuanto estuvo una semana en la capilla alguien me murmuro al oído que “se había dado cuenta que me gustaban los retos, porque ese nuevo chiquillo mío lo era”. En realidad no puedo negarlo, él es un hombre brillante, pero es como una lámpara escondida debajo de una cama. Habla tan poco y es tan pasivo que el primer mes los aprendices de segundo circulo lograron que el hiciera todas sus tareas. Casi me vuelvo loco cuando me entere de ese particular, y posteriormente después de una serie de eventos el regente lo puso a prueba, mandándole a una misión, afortunadamente salió airoso de esa, pero les juro que pensé que lo matarían.
Tengo que aceptar que mi chiquillo se parece a mi hermano, pero no lo es. Se parecen, pero no son la misma persona. Al principio cuando observaba que no se adaptaba bien al clan y al modo de alimentación me sentía culpable. He hecho cosas para que se sienta más cómodo pero no responde como yo esperaba. Tristemente pienso en ocasiones, que él no me aprecia. Siempre que hablo con él responde lo que yo quiero escuchar, pero mentalmente siento un cuestionamiento rebelde y una ironía que sale a relucir. Si hablara más sería un hombre de carácter fuerte, eso es seguro. A veces la mente me tiende trampas y termino diciéndole cosas que le diría a mi hermano. El lógicamente debe pensar que estoy loco.
Me lastima saber que con él no me llevo muy bien y aunque le exijo, realmente no espero grandes cosas de sus acciones. Con Garcia parece haber desarrollado una mejor relación, tal vez por el hecho que él le ve más potencial. Sea lo que sea, siento el deber moral de proteger a mi chiquillo y sin embargo en mi circunstancia actual no puedo hacerlo.
Con Diego hemos hablado largamente sobre Terry, el considera que exagero, que él si me aprecia, es más, ayer , antes de que se fuera me comento que lo había observado un poco melancólico tras mi partida. Por lo menos sentí que le agrado verme, y bueno debo aceptar que durante toda esta pesadilla siempre estuvo a mi lado. Aunque no sé si lo estaba porque le tocaba ó porque en realidad quería estarlo.
Por lo menos me tranquiliza saber que Diego acepto el rol de tutor de Terry en mi ausencia.
Debo dejar de escribir, ya vienen esa mole de idiotas a examinarme.
Debo aceptar que fue una buena estrategia para levantarme el ánimo. Me comentaron que no sabían que venían a visitarme, el único que sabía de esto era el regente. Los mando a una ubicación con la excusa de otra diligencia y ahí, encerrados en una especie de caja, los llevaron vía aérea a donde yo estoy. Es curioso todas las molestias que se toman para ocultarme.
Cuando entraron por la puerta pude observar que no se esperaban encontrarme así, y aunque Diego García, como buen médico, supo ocultar su estupor. Terry se puso pálido como las paredes del lugar. Fue agradable verlos.
Tal vez eso me motivo a continuar con el ejercicio. Como establecí antes, me juzgaron ante el clan por traición. Siento que si hubiera sido por mi sire me hubieran condenado a muerte, pero dado que el comité estaba conformado por siete jurados imparciales, que revisaron la situación esto, afortunadamente no se dio.
Establecieron que si bien, yo tenía derecho a una vida privada, el hecho de no informar y ocultar información era una falta grave de desobediencia, y que mis acciones habían puesto en riesgo la mascarada y también al clan. Pusieron en tela de juicio la confianza que se me podía otorgar, dado que si por 10 años no comunique esta situación, podía ocultar otras situaciones. Sin embargo determinaron que las consecuencias por mi malograr no podrían compararse a las de traición y por tanto no sería necesario que me llamaran a Viena.
La condena estableció varias penas a cumplir, en primer lugar perdí la libertad de independizarme de la capilla a pesar del nivel de aprendizaje que reportaba. La segunda fue Negarme de por vida mi regreso parcial ó definitivo al estado de Missouri. Lo cual lógicamente implicaba que debía trasladarme a otro estado. Lógicamente el contacto con mi esposa y mi hijo estaba rotundamente prohibido. La tercera condena me exigía mantener trabajos de alta exigencia por 3 años, y presentarme cada 7 meses por 10 años al pontífice de la región para hacer actos de obediencia. Lógicamente eso implicaba que el regente, tendría una especial atención a mis acciones. Estaría en seguimiento constante.
Aunque las sanciones pudieron ser peores, el quedarme en la capilla y no gozar de mi independencia, fue el peor de los castigos. Acepte todas penas a cumplir, y aunque inicialmente me dijeron que me mandarían al estado de Ohio, en una vuelta del destino, y por intervención de mi sire (que me odia), termine en los Angeles, dado que, uno de sus amigos era el regente. A decir verdad él quería asegurarse de hacerme la vida imposible, y Alan Domenici, hizo exactamente eso.
Durante el primer año que estuve ahí sufrí un trato casi esclavizante. Lo curioso es que no manifesté en ningún momento mi inconformidad, y los “trabajos de alta exigencia” los hacía de manera tan simple, que le hacían pensar al hombre si realmente me estaba exigiendo. Todo cambio cuando al año de estar yo ahí, por una situación que todavía no comprendo del todo, cambiaron al regente. Dieter Schaeffer llego a remplazar a Domeneci, y demostró desde el primer momento ser todo un sabio. Años después me comento que el ex regente lo primero que hizo al entregarle el cargo fue hablarle mal de mí y agradar la gravedad de mis antecedentes.
El regente Schaeffer, me hizo darme cuenta que no todos aquellos que están en su cargo son iguales. Desde un comienzo tuvo la filosofía de evaluar y acomodarse con los aprendices de su capilla tratando de formarse una opinión personal de cada uno, antes de juzgarlo. Soy consciente que los primeros años a su servicio fueron de constante evaluación, pero poco a poco, el hombre se dio cuenta de cómo era realmente yo, y los trabajos de alta exigencia se convirtieron en responsabilidades gratas acorde a mi nivel. No lo hacía ver como un castigo, sino como un reto. Lo curioso es que esos 3 años de trabajos de alta exigencia se mantuvieron con el tiempo.
Lo que lamento en realidad en todo ese tiempo, fue haber conocido a Michael Oren. El causante de todas mis desgracias. Oren es el sujeto más arrogante y detestable que he conocido. Le gana a mi sire por mucho, y eso ya es decir mucho de él.
Oren era la mano derecha de Domeneci, pero no era un sujeto que me inspirara confianza. Desde el primer momento que lo vi, sentí que el tenia algo oscuro y turbio. Muchos vampiros lo tienen, pero él a pesar de su sonrisa constante y de sus frases inteligentes tenía algo más. A mala hora me lo hice de enemigo, la competencia entre los dos era evidente, y el odio era mutuo, sin embargo yo consciente de que algo no me cuadraba busque alguna forma de desacreditarlo pues me parecía que algo había extraño en su actuar. Desde que llego Schaeffer el sintió que le quitaron su poder, y trataba de ganarse al nuevo regente por todas las formas posibles. En realidad fue también el destino que me llevo a darme cuenta de eso.
Pasaron más de 10 años, y yo siempre fui la piedra en el zapato de este hombre. Se puso sumamente celoso cuando el regente accedió a darme un laboratorio particular dentro de la capilla, lo cual en cierta forma me daba un estatus, y me permitía mayor comodidad. La bolsa se rompió cuando descubrí una posible intención de desfalco en un proyecto que le habían adjudicado a él. Le comunique como economista al regente mi preocupación, por algunos proyectos sin decir nombres, pero el regente que no es ningún tonto lo entendió de inmediato, y realizo ciertos estudios. Una semana después me adjudico el proyecto a mí.
Recuerdo que esa noche venia del parqueadero y me lo encontré. Iracundo se lanzo a golpearme. Yo me defendí como pude y le di un buen golpe. Me dijo que ,“ante Dios o el demonio me arrepentiría de esto”. Molesto dejo la capilla de los Angeles y se puso al servicio de un regente en un estado del norte.
Si yo hubiera sabido...
Unos pocos meses después llego a la capilla un nuevo aprendiz de alto nivel. Vino con un sobre debajo del brazo, tal como yo había llegado años atrás. Yo sabía que significaba, venia con indicaciones especiales de algún pontífice ya fuera por disciplina o por otras condiciones especiales. Me dio dolor de cabeza el pensar que se trataría de otro farsante como Oren, pero al parecer el hombre no tenía intención de resaltar de manera negativa. En el ritual de bienvenida a la capilla me pude enterar psíquicamente que su nombre era Diego García, de profesión medico procedente de Colombia, y de algunos países de Europa y oriente. Parecía haber viajado mucho. Su buen inglés con acento latino fue lo que me llamo más la atención cuando lo conocí. Me dio la impresión que llegaba algo nervioso o predispuesto a la reacción del regente, sensación que creo disminuyo notablemente a medida que fue pasando el tiempo. Al igual de lo ocurrido conmigo, el regente le puso a prueba por un tiempo, y luego le dio funciones especificas asociadas las comunidades latinas de los Ángeles. Le adjudico un laboratorio y le encomendó investigaciones.
El Doctor García resulto ser un buen apoyo en la capilla, y creo que por eso y por su actitud de soporte fue que comencé a conversar con él. Poco a poco desarrolle una especie de amistad profesional con él. No soy un hombre de muchos amigos, en realidad por las experiencias pasadas suelo desconfiar mucho de la gente, pero una buena relación de colegas es necesaria. Aun recuerdo cuando me invito a su apartamento a tomar una especie de licor local de su país. Hizo una llamada y caminamos a su apartamento a unas pocas calles de la capilla. Mientras lo hacíamos me comento que él vivía en su apartamento con su mejor amigo, quien hasta ahora estaba aprendiendo el idioma y me pidió un poco de comprensión al respecto, pues el mismo estaba un poco nervioso dado que no me conocía.
Nunca se me olvidara la cara de Diego cuando al abrir la puerta encontró un letrero escrito en inglés que decía: “En esta casa no somos capitalistas, vivimos felices con lo poco que tenemos. ¡Abajo el dominio Yanqui!”. Casi puedo recordar la expresión de vergüenza del hombre ,quien al hacerme pasar a la sala le hizo una expresión de reclamo a otro hombre que estaba al fondo. Debo aceptar que casi se me escapa una carcajada por la situación, pero me contuve. El mejor amigo de Diego es también Colombiano pero al parecer no tiene su mismo nivel cultural, aunque comento, que a futuro quiere estudiar derecho. Diego me informo que el regente sabia de su existencia y que ambos habían llegado al país después de una serie de dificultades que no especifico, y que hasta el momento desconozco. El amigo quien se llama Miguel resulto ser también un buen sujeto, aunque no le entendí gran cosa de lo que decía pues hablaba la mayor parte en español. El licor local con sangre resulto ser muy agradable, y el apartamento parecía ser un pequeño escondite que les recordaba el país de origen. Me di cuenta inmediatamente que García era un tremere poco común, casi podía sentir que en algo nos parecíamos. Creo que desde ese momento la conversaciones no solo se basaron en situaciones profesionales sino también personales.
Fue por ese entonces que el regente comenzó a pedir a los aprendices de círculos superiores que investigáramos posibles nuevos prospectos de vampiros. Investigue, y encontré el prospecto perfecto, era un hombre brillante que trabajaba para una compañía cinematográfica, tenía un buen cargo y era un guionista de alto nivel. Aun recuerdo cuando, moviendo algunos contactos llegaron a mi varios folios de los guiones que había escrito. Comencé a leer cada uno de ellos, y de repente noto que se había colado un guion que no pertenecía a dicho personaje. Era el guion de otro sujeto llamado Terence Fowles. Un poco intrigado por la equivocación leí el guion que estaba frente a mí.
Recuerdo como al leer esas páginas me sentí maravillado. La historia de una familia que vivía en una granja, y donde los hermanos tenían que aprender a convivir juntos. Tenía un aspecto moral muy interesante, pero lo más me impacto fueron los detalles de la historia. Sentía como si lo hubiera vivido, y justo después que termine de leer mi corazón latió dos veces. Me toque el pecho extrañado. Eso era realmente anormal. Sin embargo decidí desde ese momento averiguar sobre ese hombre. Terence no era el prospecto perfecto, era un guionista de poco éxito que escribía para series mediocres de la TV y que había sido empleado por más de 10 años. Un hombre solitario, con estudios universitarios en literatura, con casi nulos amigos, y sin familia. Eso era un aspecto positivo sin lugar a dudas, pues no tenía casi contacto con el resto de la humanidad. Tenía que conocerlo.
Recuerdo esa noche cuando entre a dicha oficina y vi a ese hombre siendo insultado por su jefe, no pude más que llegar a la conclusión de que era un tonto. El hombre estaba de espaldas pero cuando se volteo, y vi su rostro sentí un corrientazo por todo mi cuerpo. Era idéntico a Marcus, el parecido era sorprendente. Salí del lugar alterado, y lo primero que hice fue ir a una tienda a comprar una botella de whisky. Me encerré en mi laboratorio con tres litros de sangre y la botella. Cuando García tiempo después golpeo en mi laboratorio para hacerme una pregunta me encontró tan ebrio que tuvo que ayudarme a entrar a mi habitación. No le comente el porqué estaba tan perturbado. En ese momento y con los sentidos alterados tome otra decisión de la que luego me arrepentiría. Abrazaría a ese hombre y seria mi chiquillo.
Espero que esto nunca lo lea Terry, en realidad es algo que me reservo con cierta culpa pues nuevamente me deje llevar por el corazón y no por la razón. El no estaba preparado para entrar en nuestro mundo, acepto mi propuesta por su deseo de sobresalir profesionalmente. Recuerdo que cuando lo abrace, por un momento me sentía tan satisfecho, era como volver a tener a mi hermano nuevamente conmigo.
Que equivocado estaba...
Terence, o como le decimos de cariño Terry es un ser muy singular. En cuanto estuvo una semana en la capilla alguien me murmuro al oído que “se había dado cuenta que me gustaban los retos, porque ese nuevo chiquillo mío lo era”. En realidad no puedo negarlo, él es un hombre brillante, pero es como una lámpara escondida debajo de una cama. Habla tan poco y es tan pasivo que el primer mes los aprendices de segundo circulo lograron que el hiciera todas sus tareas. Casi me vuelvo loco cuando me entere de ese particular, y posteriormente después de una serie de eventos el regente lo puso a prueba, mandándole a una misión, afortunadamente salió airoso de esa, pero les juro que pensé que lo matarían.
Tengo que aceptar que mi chiquillo se parece a mi hermano, pero no lo es. Se parecen, pero no son la misma persona. Al principio cuando observaba que no se adaptaba bien al clan y al modo de alimentación me sentía culpable. He hecho cosas para que se sienta más cómodo pero no responde como yo esperaba. Tristemente pienso en ocasiones, que él no me aprecia. Siempre que hablo con él responde lo que yo quiero escuchar, pero mentalmente siento un cuestionamiento rebelde y una ironía que sale a relucir. Si hablara más sería un hombre de carácter fuerte, eso es seguro. A veces la mente me tiende trampas y termino diciéndole cosas que le diría a mi hermano. El lógicamente debe pensar que estoy loco.
Me lastima saber que con él no me llevo muy bien y aunque le exijo, realmente no espero grandes cosas de sus acciones. Con Garcia parece haber desarrollado una mejor relación, tal vez por el hecho que él le ve más potencial. Sea lo que sea, siento el deber moral de proteger a mi chiquillo y sin embargo en mi circunstancia actual no puedo hacerlo.
Con Diego hemos hablado largamente sobre Terry, el considera que exagero, que él si me aprecia, es más, ayer , antes de que se fuera me comento que lo había observado un poco melancólico tras mi partida. Por lo menos sentí que le agrado verme, y bueno debo aceptar que durante toda esta pesadilla siempre estuvo a mi lado. Aunque no sé si lo estaba porque le tocaba ó porque en realidad quería estarlo.
Por lo menos me tranquiliza saber que Diego acepto el rol de tutor de Terry en mi ausencia.
Debo dejar de escribir, ya vienen esa mole de idiotas a examinarme.
sábado, 20 de marzo de 2010
DIARIO DE UN CONDENADO (3ra Parte)
No sé si este ejercicio me está haciendo más mal que bien. El dolor físico se combina con el emocional y eso evidentemente me pone peor. Soy un reo sin libertad en estas cuatro paredes y lo único que puedo permitirme es esto. Escuche que los sanadores están preocupados porque estoy muy deprimido, y sin embargo no hay nada que me tranquilice. No se me permiten visitas, y la información la tengo restringida. Todos dicen que es por mi bien... pero si pensaran realmente en mi bienestar dejarían que muriera. Les escribí al regente y al pontífice pidiéndoles que por piedad me dejaran morir... aunque dudo que mis cartas les hayan llegado.
Recordar a mi hermano me hizo mucho daño, lo recuerdo en cada aniversario de su muerte, y me lastima saber que murió odiándome. He llorado muchas veces pidiéndole perdón, rogándole que desde el cielo me ayude. Ese hombre era el corazón de la familia, y cuando murió, mi familia desapareció. Lo amaba y nunca se lo dije...
Después de la perdida, vendí la hacienda, los muebles y todo lo que medianamente tenía valor. Me fui a Jefferson City a vivir en una casa muy pequeña en el centro. Solo conserve algunas cosas de mis padres, la máquina de escribir de mi hermano y algunos libros. Gran parte solo eran recuerdos. Me hundí en el alcoholismo por dos meses, y luego llego la carta de aceptación a la universidad, lo cual me motivo a levantarme y seguir mi vida. La academia en esos años exigía mucho estudio y dedicación, y en parte, por las situaciones pasadas me dedique de lleno al estudio. No tuve relaciones sentimentales serias, y mi vida se había centrado en estudiar. No por nada gane el premio al mejor estudiante de la facultad de economía una vez graduado. Fue fácil encontrar después de eso un buen empleo. Sin embargo mi vida no dejaba de ser un espacio vacío.
6 meses después de haber cumplido 37 años, conocí al hombre que sería mi sire, y tras una cena que se convirtió en la última ingrese a la fila de los Tremere. Fue realmente difícil convertirme en vampiro, pues mi grado de humanidad era alto, y tomar sangre no me convencía. Solo después logre adaptarme a la idea. Comencé mi aprendizaje desde lo más bajo de la escala, y fui ascendiendo poco a poco. Mi sire, Adriel Stankevicius es el regente de la capilla de Jefferson City, y si bien le agradezco gran parte de mis conocimientos, no puedo negar que con él la pase muy mal. Es un hombre demasiado rígido y exigente. Más que mi padre. Vivir en la capilla de Jefferson, fue para mí una experiencia tan amarga que en cuanto mi nivel de aprendizaje me lo permitió, lo primero que hice fue independizarme de la capilla, vender la vieja casa en la ciudad e irme a vivir en el poblado de Claysville a una hora y media de allí. Tenía que asistir a la capilla con cierta regularidad, pero ya no como residente.
Pasaron unos años, y .... bueno, ya no tiene importancia ocultarlo, en realidad es algo que los míos lo saben, y que está escrito en mis archivos personales como una falta grave... sin embargo, yo lo viví de manera diferente.
Yo supongo que por mi nivel de humanidad alto me ocurrió esto. La mayoría de mis hermanos de clan no lo comprenden, pero yo sí, y supongo que me canse de justificarme, pero escribiré en pocas frases lo que para mí fue el mejor periodo de mi existencia.
Yo Alexander Rowan contaje matrimonio con una humana, adopte a su hijo como si fuera propio, y logre ocultarlo al clan por 10 años.
Ahora que leo lo anterior no puedo dejar de sonreír. Suena algo que hace un niño travieso de lo cual no se arrepiente. Ahora mismo el enfermero al lado mío me está mirando sorprendido al ver la expresión de mi rostro, supongo, no se atreve a preguntar.
En realidad sí me arrepiento, pero de eso hablare luego.
Era una noche de invierno, y había una exposición de arte no muy buena en el centro comunitario. Estaba algo aburrido y decidí ir a ver la muestra artística como un vecino cualquiera. Me pare cerca de una obra espantosa (nunca he entendido el arte moderno) y al lado mío una mujer comento la misma impresión que yo tenía. Mire de reojo, y le sonreí. Lo primero que vi fue una mujer de pelo rubio rizado, de contextura gruesa pero no gorda, que tenía los ojos grises más hermosos que hubiera visto. Debo aceptar que físicamente no era una reina de belleza pero algo en su personalidad me atrajo inmediatamente. Así fue que conocí a Maltilda. Comenzamos hablar, primero de arte y luego de otras cosas en la sala del centro comunitario. Luego de eso, curiosamente, y como si fuera casualidad, nos seguíamos encontrando en ese mismo lugar, hasta que por fin me atreví a pedirle una cita. Yo era de la vieja escuela, me sentía algo torpe seduciendo a una dama. Comenzamos una relación sentimental meses después, momento en que conocí a Maurisce, su hijo de 1 año. El padre del niño básicamente había desaparecido después de que ella le anuncio su embarazo, así que como madre soltera había afrontado el reto de la crianza. Cuando vi a esa criatura algo dentro de mí se movió, como el instinto animal de las bestias a cuidar a los mas pequeños.
Debo aceptar que yo inicie la relación casi como si fuera un juego, pero los sentimientos me tendieron una trampa, y me enamore a tal nivel que en unas locas vacaciones en las Vegas nos casamos en una de esas pequeñas capillas. Aunque el momento fue hermoso, debo aceptar que fue producto de un acto impulsivo no muy racional que me dejo luego con un gran dolor de cabeza. La mascarada tendría que conservarse, y yo, ni a ella, ni a su hijo quería perjudicarlos.
Cuando regresamos a Claysville, compre una casa para ellos, y comencé a jugar una doble vida.
Matilda era una mujer que creía en mí casi ciegamente, en oportunidades hasta el punto de rayar en la estupidez. Entendía que yo trabajaba durante el día en un periodo infrahumano y que llegaba a la casa tarde, y me iba rápido. Nunca me recrimino por llegar en las madrugadas, y tampoco se mostro celosa. Era fácil de engañar.
Me convertí en un mentiroso y un deshonesto. Nunca le revele mi naturaleza, y sin embargo tampoco comente en la capilla mi extraña relación. Creo que mi sire no se dio cuenta por estar totalmente centrado en las necesidades de los nuestros y en los múltiples proyectos que manejaba. Me presente ante el juzgado y tras mover algo de dinero, logre reconocer a Maurisce como mi hijo. Compre un seguro de vida por una buena cantidad de dinero en nombre de mi esposa y de él. El plan era seguir aparentando que era humano, buscar alguna forma de envejecer mi rostro y así ocultar mi naturaleza.
Era el marido perfecto, y el perfecto farsante. Dormía la mayoría de las veces en mi apartamento, y pocas veces en casa, donde gracias a los rituales lograba que el sol no entrara a donde estaba durmiendo. Mi hijo entraba de 5 o 6 años al cuarto después de llegar de la escuela, y aunque yo estaba dormido, trataba de despertarme, y a veces el tontuelo lo lograba. Luego cuando se hacía de noche le ayudaba hacer tareas. Sin embargo perdí gran parte de su crecimiento, los niños son seres de día, no de noche.
Amaba a mi esposa y a mi hijo, y sí, yo sabía que las cosas terminarían mal. Lo sabía. Pero internamente me negaba a parar toda esta farsa, me negaba a ver la realidad, y me negaba a darme cuenta del mal que estaba haciendo. Me engañe a mi mismo pensando que todo saldría bien. Sin embargo las evidencias legales, y los papeles de matrimonio y paternidad eran de escrutinio público.
Cuando mi sire se entero casi me golpea de la ira que sentía. Era mi vida personal, pero él lo entendió como un acto de deslealtad al clan y a la capilla. Me llamo mentiroso y traidor. Amenazo con matarme, y maldecir a mi esposa y a mi hijo, y yo le rogué que no los tocara. Le asegure que ellos eran totalmente ignorantes de mi condición. No demoro en mandar personal para que rectificaran. Afortunadamente los resultados fueron favorables. No sé porque mi sire y regente no me mato, pero si se que con lo que hizo, logro matar parte de mi.
Me informo que sería juzgado por este hecho y me dio media noche para despedirme de mi familia. Llegue a la casa abrace a mi esposa y a mi hijo, le supervise las tareas a Maurice, lo lleve a la cama, le leí un cuento y una vez se hubo dormido le hice el amor a mi esposa de manera triste e intensa. La abrace en la cama tratando de memorizarme su olor, y manifestándole de múltiples maneras que la amaba. A las tres de la mañana sonó mi teléfono, le dije a mi esposa que me necesitaban urgente en el trabajo y salí del lugar.
Las noticias establecieron el choque de un auto con un tanque transportador de gasolina que produjo una gran explosión. El cuerpo calcinado del esposo de Matilda Rowan fue encontrado en la escena tras varias horas de trabajo infructuoso de los bomberos por salvarle la vida.
Mi mujer desde ese momento le llevó flores a la tumba de un desconocido.
Sé que mi esposa y mi hijo nunca pudieron sobrellevar mi perdida. El niño perdió el único padre que había conocido y mi mujer el hombre que la había amado. Y yo perdí por segunda vez mi familia y parte de mi humanidad.
He llorado mares escribiendo esto. He demorado dos noches en elaborar los últimos tres párrafos...
Recordar a mi hermano me hizo mucho daño, lo recuerdo en cada aniversario de su muerte, y me lastima saber que murió odiándome. He llorado muchas veces pidiéndole perdón, rogándole que desde el cielo me ayude. Ese hombre era el corazón de la familia, y cuando murió, mi familia desapareció. Lo amaba y nunca se lo dije...
Después de la perdida, vendí la hacienda, los muebles y todo lo que medianamente tenía valor. Me fui a Jefferson City a vivir en una casa muy pequeña en el centro. Solo conserve algunas cosas de mis padres, la máquina de escribir de mi hermano y algunos libros. Gran parte solo eran recuerdos. Me hundí en el alcoholismo por dos meses, y luego llego la carta de aceptación a la universidad, lo cual me motivo a levantarme y seguir mi vida. La academia en esos años exigía mucho estudio y dedicación, y en parte, por las situaciones pasadas me dedique de lleno al estudio. No tuve relaciones sentimentales serias, y mi vida se había centrado en estudiar. No por nada gane el premio al mejor estudiante de la facultad de economía una vez graduado. Fue fácil encontrar después de eso un buen empleo. Sin embargo mi vida no dejaba de ser un espacio vacío.
6 meses después de haber cumplido 37 años, conocí al hombre que sería mi sire, y tras una cena que se convirtió en la última ingrese a la fila de los Tremere. Fue realmente difícil convertirme en vampiro, pues mi grado de humanidad era alto, y tomar sangre no me convencía. Solo después logre adaptarme a la idea. Comencé mi aprendizaje desde lo más bajo de la escala, y fui ascendiendo poco a poco. Mi sire, Adriel Stankevicius es el regente de la capilla de Jefferson City, y si bien le agradezco gran parte de mis conocimientos, no puedo negar que con él la pase muy mal. Es un hombre demasiado rígido y exigente. Más que mi padre. Vivir en la capilla de Jefferson, fue para mí una experiencia tan amarga que en cuanto mi nivel de aprendizaje me lo permitió, lo primero que hice fue independizarme de la capilla, vender la vieja casa en la ciudad e irme a vivir en el poblado de Claysville a una hora y media de allí. Tenía que asistir a la capilla con cierta regularidad, pero ya no como residente.
Pasaron unos años, y .... bueno, ya no tiene importancia ocultarlo, en realidad es algo que los míos lo saben, y que está escrito en mis archivos personales como una falta grave... sin embargo, yo lo viví de manera diferente.
Yo supongo que por mi nivel de humanidad alto me ocurrió esto. La mayoría de mis hermanos de clan no lo comprenden, pero yo sí, y supongo que me canse de justificarme, pero escribiré en pocas frases lo que para mí fue el mejor periodo de mi existencia.
Yo Alexander Rowan contaje matrimonio con una humana, adopte a su hijo como si fuera propio, y logre ocultarlo al clan por 10 años.
Ahora que leo lo anterior no puedo dejar de sonreír. Suena algo que hace un niño travieso de lo cual no se arrepiente. Ahora mismo el enfermero al lado mío me está mirando sorprendido al ver la expresión de mi rostro, supongo, no se atreve a preguntar.
En realidad sí me arrepiento, pero de eso hablare luego.
Era una noche de invierno, y había una exposición de arte no muy buena en el centro comunitario. Estaba algo aburrido y decidí ir a ver la muestra artística como un vecino cualquiera. Me pare cerca de una obra espantosa (nunca he entendido el arte moderno) y al lado mío una mujer comento la misma impresión que yo tenía. Mire de reojo, y le sonreí. Lo primero que vi fue una mujer de pelo rubio rizado, de contextura gruesa pero no gorda, que tenía los ojos grises más hermosos que hubiera visto. Debo aceptar que físicamente no era una reina de belleza pero algo en su personalidad me atrajo inmediatamente. Así fue que conocí a Maltilda. Comenzamos hablar, primero de arte y luego de otras cosas en la sala del centro comunitario. Luego de eso, curiosamente, y como si fuera casualidad, nos seguíamos encontrando en ese mismo lugar, hasta que por fin me atreví a pedirle una cita. Yo era de la vieja escuela, me sentía algo torpe seduciendo a una dama. Comenzamos una relación sentimental meses después, momento en que conocí a Maurisce, su hijo de 1 año. El padre del niño básicamente había desaparecido después de que ella le anuncio su embarazo, así que como madre soltera había afrontado el reto de la crianza. Cuando vi a esa criatura algo dentro de mí se movió, como el instinto animal de las bestias a cuidar a los mas pequeños.
Debo aceptar que yo inicie la relación casi como si fuera un juego, pero los sentimientos me tendieron una trampa, y me enamore a tal nivel que en unas locas vacaciones en las Vegas nos casamos en una de esas pequeñas capillas. Aunque el momento fue hermoso, debo aceptar que fue producto de un acto impulsivo no muy racional que me dejo luego con un gran dolor de cabeza. La mascarada tendría que conservarse, y yo, ni a ella, ni a su hijo quería perjudicarlos.
Cuando regresamos a Claysville, compre una casa para ellos, y comencé a jugar una doble vida.
Matilda era una mujer que creía en mí casi ciegamente, en oportunidades hasta el punto de rayar en la estupidez. Entendía que yo trabajaba durante el día en un periodo infrahumano y que llegaba a la casa tarde, y me iba rápido. Nunca me recrimino por llegar en las madrugadas, y tampoco se mostro celosa. Era fácil de engañar.
Me convertí en un mentiroso y un deshonesto. Nunca le revele mi naturaleza, y sin embargo tampoco comente en la capilla mi extraña relación. Creo que mi sire no se dio cuenta por estar totalmente centrado en las necesidades de los nuestros y en los múltiples proyectos que manejaba. Me presente ante el juzgado y tras mover algo de dinero, logre reconocer a Maurisce como mi hijo. Compre un seguro de vida por una buena cantidad de dinero en nombre de mi esposa y de él. El plan era seguir aparentando que era humano, buscar alguna forma de envejecer mi rostro y así ocultar mi naturaleza.
Era el marido perfecto, y el perfecto farsante. Dormía la mayoría de las veces en mi apartamento, y pocas veces en casa, donde gracias a los rituales lograba que el sol no entrara a donde estaba durmiendo. Mi hijo entraba de 5 o 6 años al cuarto después de llegar de la escuela, y aunque yo estaba dormido, trataba de despertarme, y a veces el tontuelo lo lograba. Luego cuando se hacía de noche le ayudaba hacer tareas. Sin embargo perdí gran parte de su crecimiento, los niños son seres de día, no de noche.
Amaba a mi esposa y a mi hijo, y sí, yo sabía que las cosas terminarían mal. Lo sabía. Pero internamente me negaba a parar toda esta farsa, me negaba a ver la realidad, y me negaba a darme cuenta del mal que estaba haciendo. Me engañe a mi mismo pensando que todo saldría bien. Sin embargo las evidencias legales, y los papeles de matrimonio y paternidad eran de escrutinio público.
Cuando mi sire se entero casi me golpea de la ira que sentía. Era mi vida personal, pero él lo entendió como un acto de deslealtad al clan y a la capilla. Me llamo mentiroso y traidor. Amenazo con matarme, y maldecir a mi esposa y a mi hijo, y yo le rogué que no los tocara. Le asegure que ellos eran totalmente ignorantes de mi condición. No demoro en mandar personal para que rectificaran. Afortunadamente los resultados fueron favorables. No sé porque mi sire y regente no me mato, pero si se que con lo que hizo, logro matar parte de mi.
Me informo que sería juzgado por este hecho y me dio media noche para despedirme de mi familia. Llegue a la casa abrace a mi esposa y a mi hijo, le supervise las tareas a Maurice, lo lleve a la cama, le leí un cuento y una vez se hubo dormido le hice el amor a mi esposa de manera triste e intensa. La abrace en la cama tratando de memorizarme su olor, y manifestándole de múltiples maneras que la amaba. A las tres de la mañana sonó mi teléfono, le dije a mi esposa que me necesitaban urgente en el trabajo y salí del lugar.
Las noticias establecieron el choque de un auto con un tanque transportador de gasolina que produjo una gran explosión. El cuerpo calcinado del esposo de Matilda Rowan fue encontrado en la escena tras varias horas de trabajo infructuoso de los bomberos por salvarle la vida.
Mi mujer desde ese momento le llevó flores a la tumba de un desconocido.
Sé que mi esposa y mi hijo nunca pudieron sobrellevar mi perdida. El niño perdió el único padre que había conocido y mi mujer el hombre que la había amado. Y yo perdí por segunda vez mi familia y parte de mi humanidad.
He llorado mares escribiendo esto. He demorado dos noches en elaborar los últimos tres párrafos...
lunes, 15 de marzo de 2010
DIARIO DE UN CONDENADO (2da Parte)
Hoy por fin pude escribir después de 15 días en crisis. Los sanadores no paran de entrar por la maldita puerta y se quejan de mi mal humor. ¡Al demonio ellos!. ¿Es que acaso no me pueden dejar en paz?. Cada vez que entran a mi habitación me provoca agarrarlos a patadas... qué ironía, ya ni siquiera puedo hacer eso.
(Se observa un rayón sin sentido en el papel, signo de la frustración en ese momento, espacio después siguen las letras)
Nací en Missouri en 1895 en el poblado de Pulasky donde mi familia tenía una propiedad enorme que mi padre usaba para cultivo de cereales. Fui el mayor de los hermanos de manera accidentada, dado que los bebes que nacieron primero murieron en el vientre. Fui un bebe casi milagroso que llego a llenar el vacío que mis padres tenían como pareja. Nunca se llevaron bien, y aunque me llenaron de mimos en mis primeros años siempre existía ese sin sabor familiar que se sentía en el ambiente al entrar por la puerta.
Después de mi nacimiento, mi madre tuvo 4 abortos naturales, hecho que la destrozaba emocionalmente, hasta que por fin, tres años y medio después, tuvo un embarazo viable del cual nació mi hermano menor: Marcus.
Mis primeros recuerdos de infancia comienzan desde esa época. Aunque era muy pequeño recuerdo a mi madre con mi hermano en brazos, el cual pálido y famélico se aferraba a la vida. Mi hermano por poco y también nace muerto, y mis padres vivieron épocas difíciles al pensar que perderían otro hijo. Sin embargo Marcus sobrevivió, débilmente, pero lo hizo a pesar de que los médicos no le daban futuro.
Desde ese momento mi hermano comenzó a ser el corazón de la familia, y yo quien era el hijo fuerte y sano, él que debía cargar con las riendas del apellido.
Con el nacimiento de mi hermano comenzó a escribirse mi destino. El trato de mis padres hacia mi cambió con su llegada, y aunque yo contaba con muy poca edad, la exigencia hacia mí aumento. Debo confesar que, desde ese instante comencé a odiar a mi hermano y sin embargo también lo amaba.
Marcus creció como un niño sobreprotegido y enfermizo. Un medico llego a decirles a mis padres que no llegaría a los 10 años, y mis padres simplemente desbordaron su amor hacia él. Y yo, quien era el más fuerte a falta de mimos tenia responsabilidades, y una de ellas era mi hermano. La frase de “eres el hermano mayor y debes protegerlo” me la imprimieron en la frente con fuego.
Marcus creció como un niño tímido, inseguro y callado. A diferencia de lo que se creería, no era un niño malcriado y exigente, simplemente era un ser diferente. Estoy seguro que no era retardado mental, simplemente una persona con muchas dificultades para expresarse y con mucho miedo a equivocarse.
Fue tarde que comprendí que mi hermano sufría de otras exigencias. Mientras yo debía ser excelente en mis estudios y en mi desempeño general, mi hermano tenía sobre sus hombros la responsabilidad emocional de la familia, y sobre todo la de mis padres quienes siempre lo involucraron de manera directa en sus problemas. El se había convertido en esa criatura que tranquilizaba sus conflictos. Nuestros padres a cada uno nos dieron responsabilidades demasiado pesadas para nuestra edad.
Recuerdo que desde niño sentía esa antipatía por mi hermano, y él curiosamente me buscaba de manera insistente para jugar. Yo siempre lo lastimaba de una u otra forma; y mis padres constantemente me recriminaban este aspecto. A veces simplemente ocurrían accidentes, o situaciones que yo no deseaba, y como era el hermano mayor, él responsable era yo. Mi padre descargaba en mí su ira, y el cinturón marco mi espalda varias veces.
Si no hubiera sido tan inmaduro, seguramente no hubiera lastimado tanto a mi hermano. Aun recuerdo muy dolorosamente cuando a sus 16 años me grito que me odiaba. El casi no hablaba, en realidad, que lo hubiera gritado era un signo de que en realidad lo sentía así. Me odio a mi mismo por eso.
Al crecer y convertirnos en adolescentes simplemente nos alejamos más, y sin embargo había momentos en que nos buscábamos para simplemente estar en silencio uno al lado del otro. Mi padre comenzó a moldearme para que fuera un hombre de negocios, el hombre de la casa, y a Marcus, bueno, también comenzó a exigirle.
En cierta forma sé que mis padres, al considerarlo especial no esperaban grandes cosas de él, y dado que poco hablaba y que prefería estar solo escribiendo, mi padre se alarmo, y comenzó a llamarle marica y a exigir que se orientara por los negocios. Mi madre quien apoyaba a Marcus, le alentó a seguir su vida de lectura, escritura y arte, y le dio una biblioteca completa que perteneció a mi abuela. Era “su” biblioteca, de nadie más, eso era claro. Debo confesar que muchos de los libros que tenía mi hermano me los devoraba a escondidas, y él, curiosamente, parecía sentir cierto placer al ver que los tomaba sin su permiso, y hasta sospecho que muchas veces dejo la puerta abierta para que lo hiciera.
Era lo único que nos conectaba porque lastimosamente solo discutíamos en silencio. Teníamos una relación realmente extraña. Lamento haber desperdiciado los sagrados momentos en que aun podíamos hablar.
Recuerdo que fui un joven con muchas responsabilidades pero sumamente irresponsable cuando se me daba la oportunidad. Desarrolle una especie de alcoholismo, que en la época era escandaloso, y mi hermano “odiaba” verme ebrio. Casi puedo ver su rostro de disgusto cada vez que me pasaba de copas.
Mis padres además de las represalias verbales no parecían darle mucha importancia al asunto, pero siempre, después de una borrachera, cuando estaba pasando la resaca, la actitud de mi hermano era tan clara que sin decir palabras sentía que me golpeaba emocionalmente. Nunca me dijo porque le disgustaba tanto... ojala lo hubiera hecho.
Pasaron algunos años, yo tendría 25 años en esa época y mi hermano 21, y de repente mi padre fallece de un ataque al corazón. Todo fue realmente rápido, y como siempre se me dijo, como hermano mayor y nueva cabeza de la familia me toco asumir las finanzas de la hacienda y posponer mis estudios en economía. Fue una época llena de tenciones, y lo peor no había llegado. Al morir mi padre se corrió el rumor en el condado de que una viuda con sus hijos varones estaban disfrutando de la herencia del empresario, y eso invito a los amigos de lo ajeno...
(se observa una mancha pequeña de sangre en el papel)
Yo había prometido llegar temprano ese día, pero a cambio de eso me entretuve en el bar y Salí 25 minutos tarde a mi casa. Cuando llegue hace 5 minutos los bandidos se habían marchado y mi hermano estaba en un charco de sangre con un disparo profundo en su estomago. Lo encontré aun con vida y lo abrace en el piso pidiendo ayuda. El me miro por un largo minuto, me agarro la mano fuerte, y luego se fue.
Mi hermano valientemente enfrento a los ladrones y estos lo mataron. Y yo de haber llegado temprano ese día pude haber evitado su muerte. Fue mi culpa.
Mi madre me lo recrimino en su sepelio, y en un ataque de dolor me dijo que hubiera preferido mi muerte a la de Marcus. Ella murió seis meses después, sin hablarme.
(otras dos pequeña gotas de sangre se ven en el papel)
(Se observa un rayón sin sentido en el papel, signo de la frustración en ese momento, espacio después siguen las letras)
Nací en Missouri en 1895 en el poblado de Pulasky donde mi familia tenía una propiedad enorme que mi padre usaba para cultivo de cereales. Fui el mayor de los hermanos de manera accidentada, dado que los bebes que nacieron primero murieron en el vientre. Fui un bebe casi milagroso que llego a llenar el vacío que mis padres tenían como pareja. Nunca se llevaron bien, y aunque me llenaron de mimos en mis primeros años siempre existía ese sin sabor familiar que se sentía en el ambiente al entrar por la puerta.
Después de mi nacimiento, mi madre tuvo 4 abortos naturales, hecho que la destrozaba emocionalmente, hasta que por fin, tres años y medio después, tuvo un embarazo viable del cual nació mi hermano menor: Marcus.
Mis primeros recuerdos de infancia comienzan desde esa época. Aunque era muy pequeño recuerdo a mi madre con mi hermano en brazos, el cual pálido y famélico se aferraba a la vida. Mi hermano por poco y también nace muerto, y mis padres vivieron épocas difíciles al pensar que perderían otro hijo. Sin embargo Marcus sobrevivió, débilmente, pero lo hizo a pesar de que los médicos no le daban futuro.
Desde ese momento mi hermano comenzó a ser el corazón de la familia, y yo quien era el hijo fuerte y sano, él que debía cargar con las riendas del apellido.
Con el nacimiento de mi hermano comenzó a escribirse mi destino. El trato de mis padres hacia mi cambió con su llegada, y aunque yo contaba con muy poca edad, la exigencia hacia mí aumento. Debo confesar que, desde ese instante comencé a odiar a mi hermano y sin embargo también lo amaba.
Marcus creció como un niño sobreprotegido y enfermizo. Un medico llego a decirles a mis padres que no llegaría a los 10 años, y mis padres simplemente desbordaron su amor hacia él. Y yo, quien era el más fuerte a falta de mimos tenia responsabilidades, y una de ellas era mi hermano. La frase de “eres el hermano mayor y debes protegerlo” me la imprimieron en la frente con fuego.
Marcus creció como un niño tímido, inseguro y callado. A diferencia de lo que se creería, no era un niño malcriado y exigente, simplemente era un ser diferente. Estoy seguro que no era retardado mental, simplemente una persona con muchas dificultades para expresarse y con mucho miedo a equivocarse.
Fue tarde que comprendí que mi hermano sufría de otras exigencias. Mientras yo debía ser excelente en mis estudios y en mi desempeño general, mi hermano tenía sobre sus hombros la responsabilidad emocional de la familia, y sobre todo la de mis padres quienes siempre lo involucraron de manera directa en sus problemas. El se había convertido en esa criatura que tranquilizaba sus conflictos. Nuestros padres a cada uno nos dieron responsabilidades demasiado pesadas para nuestra edad.
Recuerdo que desde niño sentía esa antipatía por mi hermano, y él curiosamente me buscaba de manera insistente para jugar. Yo siempre lo lastimaba de una u otra forma; y mis padres constantemente me recriminaban este aspecto. A veces simplemente ocurrían accidentes, o situaciones que yo no deseaba, y como era el hermano mayor, él responsable era yo. Mi padre descargaba en mí su ira, y el cinturón marco mi espalda varias veces.
Si no hubiera sido tan inmaduro, seguramente no hubiera lastimado tanto a mi hermano. Aun recuerdo muy dolorosamente cuando a sus 16 años me grito que me odiaba. El casi no hablaba, en realidad, que lo hubiera gritado era un signo de que en realidad lo sentía así. Me odio a mi mismo por eso.
Al crecer y convertirnos en adolescentes simplemente nos alejamos más, y sin embargo había momentos en que nos buscábamos para simplemente estar en silencio uno al lado del otro. Mi padre comenzó a moldearme para que fuera un hombre de negocios, el hombre de la casa, y a Marcus, bueno, también comenzó a exigirle.
En cierta forma sé que mis padres, al considerarlo especial no esperaban grandes cosas de él, y dado que poco hablaba y que prefería estar solo escribiendo, mi padre se alarmo, y comenzó a llamarle marica y a exigir que se orientara por los negocios. Mi madre quien apoyaba a Marcus, le alentó a seguir su vida de lectura, escritura y arte, y le dio una biblioteca completa que perteneció a mi abuela. Era “su” biblioteca, de nadie más, eso era claro. Debo confesar que muchos de los libros que tenía mi hermano me los devoraba a escondidas, y él, curiosamente, parecía sentir cierto placer al ver que los tomaba sin su permiso, y hasta sospecho que muchas veces dejo la puerta abierta para que lo hiciera.
Era lo único que nos conectaba porque lastimosamente solo discutíamos en silencio. Teníamos una relación realmente extraña. Lamento haber desperdiciado los sagrados momentos en que aun podíamos hablar.
Recuerdo que fui un joven con muchas responsabilidades pero sumamente irresponsable cuando se me daba la oportunidad. Desarrolle una especie de alcoholismo, que en la época era escandaloso, y mi hermano “odiaba” verme ebrio. Casi puedo ver su rostro de disgusto cada vez que me pasaba de copas.
Mis padres además de las represalias verbales no parecían darle mucha importancia al asunto, pero siempre, después de una borrachera, cuando estaba pasando la resaca, la actitud de mi hermano era tan clara que sin decir palabras sentía que me golpeaba emocionalmente. Nunca me dijo porque le disgustaba tanto... ojala lo hubiera hecho.
Pasaron algunos años, yo tendría 25 años en esa época y mi hermano 21, y de repente mi padre fallece de un ataque al corazón. Todo fue realmente rápido, y como siempre se me dijo, como hermano mayor y nueva cabeza de la familia me toco asumir las finanzas de la hacienda y posponer mis estudios en economía. Fue una época llena de tenciones, y lo peor no había llegado. Al morir mi padre se corrió el rumor en el condado de que una viuda con sus hijos varones estaban disfrutando de la herencia del empresario, y eso invito a los amigos de lo ajeno...
(se observa una mancha pequeña de sangre en el papel)
Yo había prometido llegar temprano ese día, pero a cambio de eso me entretuve en el bar y Salí 25 minutos tarde a mi casa. Cuando llegue hace 5 minutos los bandidos se habían marchado y mi hermano estaba en un charco de sangre con un disparo profundo en su estomago. Lo encontré aun con vida y lo abrace en el piso pidiendo ayuda. El me miro por un largo minuto, me agarro la mano fuerte, y luego se fue.
Mi hermano valientemente enfrento a los ladrones y estos lo mataron. Y yo de haber llegado temprano ese día pude haber evitado su muerte. Fue mi culpa.
Mi madre me lo recrimino en su sepelio, y en un ataque de dolor me dijo que hubiera preferido mi muerte a la de Marcus. Ella murió seis meses después, sin hablarme.
(otras dos pequeña gotas de sangre se ven en el papel)
sábado, 13 de marzo de 2010
DIARIO DE UN CONDENADO
He hecho cosas en la vida de las cuales me arrepiento. En realidad si he de ser honesto con ustedes, gran parte de mi vida ha sido un consecutivo de errores. Ahora que hablo de “ser honesto” noto como el serlo ha sido todo un camino. No soy un ladrón, tampoco un estafador, ni un delincuente, soy un hombre en búsqueda de sabiduría. En un tiempo fui economista, pero luego me convertí en lo que ahora soy: un vampiro.
Mis pecados han sido exactamente el callar y ocultar información, ser deshonesto con migo mismo, y tratar de subsanar mi pasado de manera egoísta. En realidad si soy consciente, soy un hombre solitario que teme quedarse solo; y sin embargo, esa es exactamente mi circunstancia.
Es difícil para alguien como yo, enseñado y obligado a ser el mejor desde muy pequeño darse cuenta de cómo, todas mis acciones negativas, la vida me las ha cobrado de manera tan cruenta. Aun recuerdo todas esas piedras en el camino, y como las patee, y no puedo dejar de sentir lástima por mí mismo.
Escribo todo esto como un ejercicio que me ha sugerido uno de los sanadores quien es un firme convencido de que mi alma encontrara consuelo en mi enfermedad, y me ha hablado de un posible tutor que me puede ayudar a encontrar al golconda en el futuro.
Yo simplemente tengo tanto tiempo libre, que en los pocos ratos que la maldición no me aqueja los dedico a escribir, leer o estudiar. Esto es como un continuo sin fin, a veces pienso que esta pesadilla nunca terminara, y que me mantendrán vivo y encerrado por siglos en estas cuatro paredes con símbolos arcanos dibujados en las mismas.
He perdido la fé en los míos. Me siento como un experimento viviente, alguien atrapado dentro de los tecnicismos de las líneas del poder y la obediencia. Soy la evidencia tangible de cómo una visión idealizada de una estructura jerárquica, y de presunto respeto ha fallado. Soy el reflejo de una escalera rota.
Sé que me han dicho que no debo deprimirme, sin embargo las personas no saben que es estar en esta situación. Desde que comenzó de esta pesadilla he perdido la integridad y la libertad. Ahora simplemente soy un recuerdo de lo que era.
Solamente espero que al escribir este diario pueda liberar algunos demonios de mi pasado y de mi presente, y tal vez esto me ayude a continuar con mi existencia, porque a este nivel no se le puede llamar vida.
Alexander Rowan.
30 de Junio de 2012
Mis pecados han sido exactamente el callar y ocultar información, ser deshonesto con migo mismo, y tratar de subsanar mi pasado de manera egoísta. En realidad si soy consciente, soy un hombre solitario que teme quedarse solo; y sin embargo, esa es exactamente mi circunstancia.
Es difícil para alguien como yo, enseñado y obligado a ser el mejor desde muy pequeño darse cuenta de cómo, todas mis acciones negativas, la vida me las ha cobrado de manera tan cruenta. Aun recuerdo todas esas piedras en el camino, y como las patee, y no puedo dejar de sentir lástima por mí mismo.
Escribo todo esto como un ejercicio que me ha sugerido uno de los sanadores quien es un firme convencido de que mi alma encontrara consuelo en mi enfermedad, y me ha hablado de un posible tutor que me puede ayudar a encontrar al golconda en el futuro.
Yo simplemente tengo tanto tiempo libre, que en los pocos ratos que la maldición no me aqueja los dedico a escribir, leer o estudiar. Esto es como un continuo sin fin, a veces pienso que esta pesadilla nunca terminara, y que me mantendrán vivo y encerrado por siglos en estas cuatro paredes con símbolos arcanos dibujados en las mismas.
He perdido la fé en los míos. Me siento como un experimento viviente, alguien atrapado dentro de los tecnicismos de las líneas del poder y la obediencia. Soy la evidencia tangible de cómo una visión idealizada de una estructura jerárquica, y de presunto respeto ha fallado. Soy el reflejo de una escalera rota.
Sé que me han dicho que no debo deprimirme, sin embargo las personas no saben que es estar en esta situación. Desde que comenzó de esta pesadilla he perdido la integridad y la libertad. Ahora simplemente soy un recuerdo de lo que era.
Solamente espero que al escribir este diario pueda liberar algunos demonios de mi pasado y de mi presente, y tal vez esto me ayude a continuar con mi existencia, porque a este nivel no se le puede llamar vida.
Alexander Rowan.
30 de Junio de 2012
jueves, 4 de marzo de 2010
Nuevo espacio para enlaces directos a las historias.
Teniendo en cuenta que, cada día hay personas interesadas en leer mis escritos he abierto el nuevo apartado de “HISTORIAS” donde los lectores podrán acceder directamente al enlace de los escritos que aquí se presentan, sin tener que buscar en el complicado archivo del blog.
Las historias están organizadas de manera cronológica para que los nuevos y viejos lectores se ubiquen en la situación actual.
También invito para que lean, la versión mejorada de la historia del Cuervo. Luego de muchos años de haberla escrito, sorprendentemente después de leerla me he dado cuenta que tenía muchos errores, por tanto he procedido a mejorarla.
Es posible que comience a escribir, así como lo hice con la condesa, de otros personajes en este mi mundo oscuro.
El rincón del Cuervo siempre mejorando.
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