Bajo del bus mientras llovía y caminó hacia un taxi más cercano. En ese momento suena su teléfono móvil lo contesta y simplemente responde con un “sí señor”, mira alrededor y sube al vehículo, pide que lo lleven a un punto de la ciudad de Phoenix.
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Mira el techo con culpa. Sabía que se sentiría así, pero tampoco quería quedar como un cobarde por dejarse llevar. La ansiedad le invitaba hacer cosas que luego se arrepentía. El problema estaba en que esta vez el lo había propiciado. Lo había buscado, y sí, en cierta forma lo necesitaba. Era triste saber que era tan débil, sin embargo cuando miraba a su izquierda no podía evitar sentir placer. Había sido un muy buen sexo, tan bueno que ya comprendía el porqué la había buscado de nuevo. La tipa podía ser una desgraciada pero sabía cómo darle lo que el necesitaba. Parecía tener mucha experiencia con los hombres, hecho curioso teniendo en cuenta que aparentemente los odia. Su mano le acariciaba el pecho de manera dulce, jugueteando con sus uñas y el estaba en silencio sin pronunciar la mas mínima palabra, hace mucho tiempo no lo mimaban de esa manera. Esta vez había decidido rendirse, no iba a levantarse y huir, ya era suficiente con sentirse derrotado por sus propios instintos.
- ¿qué te pasa?- pregunta ella
- Nada
- ¿no te gusto?
- No es eso, simplemente que no quiero. Hace una pausa. no creo que esté preparado para, es decir, yo..
- No quieres comprometerte, ¿Por qué no me extraña?, dice ella de manera muy tranquila, eso sería un problema sí deseara una relación. Dice de manera divertida. Sí no supiera que eres un vampiro creería que eres casado.
A Diego esa frase le cayó como un balde de agua fría, se le reflejo en su mente el rostro de Esperanza, y en ese momento se sentó en el borde de la cama, odiaba recordarla después de... bueno, estar con otra mujer... sentirlo era algo pecaminoso, y más siendo que Esperanza era la mujer más pura que había conocido.
- ¿eres casado? Pregunta la mujer sorprendida por su reacción
- No.... por desgracia. Responde Diego poniéndose los pantalones. Eso último le salió del corazón. Lo lamento, la mira, fue muy bueno, yo lo disfrute mucho... eh... me voy
- ¿ a esta hora?. Responde ella como una niña traviesa.
Diego mira el reloj de pared, había amanecido hace más de una hora, y el ni sueño le había dado. Miro a la mujer confundido, ¿tanto habían durado...?
Derrotado se sentó en la cama en silencio, mientras ella lo halaba nuevamente a su lado.
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Los planes habian cambiado. Ahora debía ir a otra dirección, el regente Dieter parecía muy preocupado por teléfono. No era segura la capilla de Phoenix. Algo no estaba bien, pero para Miguel era difícil enterarse de los pormenores, no era tremere y en otras palabras "no debía interesarle". El taxi lo dejo en una estación de gasolina al lado de un puente que atravesaba un canal de desagüe. Caminó hacia un hotel económico, a una calle de ahí, dirigiéndose al segundo piso. Toco tres veces y la puerta se abrió. Un hombre calvo, de rasgos latinos lo esperaba.
- Tenemos poco tiempo. Dice el hombre en una actitud extraña. Rápido dice sin saludar mostrando la llave.
Miguel hizo lo que le correspondía con el documento, abrió el maletín, y espero que el hombre firmara con su sangre.
- Esta listo. Dice el hombre en un tono tembloroso. ¿puedo pedirle un favor?, preguntas mientras Miguel cierra el maletín, no sin antes notar el apellido de la reciente firma. Regente Aurelio de Gongora.
- Diga señor.
Le entrega un sobre simple con su sello postal.
- Cuando pueda, puede dejar este sobre en cualquier buzón del correo. Dice muy afanado tomando su abrigo. Debo irme, nadie sospecha por el momento espere un par de minutos y aléjese de aquí, dice de manera rápida, mis respetos a Dieter... sólo espero que tenga tiempo suficiente. Adios.
Miguel no tuvo tiempo de negarse, el hombre salió de la habitación de manera apresurada. Se fijó en el sobre, era una carta para la ciudad de washington, miro su reloj, pronto amanecería pero quedarse ahí no sería buena idea, así que salió de manera casual.
Tras cruzar el puente sobre el canal, pudo notar desde esa altura que el regente “de Gongora” caminaba en dirección contraria con afán, era como sí temiera a algo. La noche era tranquila, y Miguel decidió apresurarse, debía salir de ahí, e ir a la próxima ciudad. No tenía tiempo que perder.
Se dirigió a una renta de carros y pagó por un vehiculo, y con mapa en mano, tomó nuevamente una carretera interestatal. Pasó el día en un hotel rural deseando salir pronto del estado.
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El tiempo se acababa, miró el reloj y se dirigió a un café cruzando la calle desierta de Phoenix. Paso desprevenidamente encima de una alcantarilla, se detuvo un momento tras sentir que había pisado algo viscoso. Miró por un segundo su pie mientras una burbuja salida del subsuelo lo absorbería para siempre.
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Diego sale de la habitación de la mujer con mucha sed (por motivos evidentes), llama a un criado para que le lleve vitae a su habitación mientras en silencio se recrimina su debilidad. Se baña rápidamente y cuando se encuentra en ropa interior llega el criado con su alimento. Se cubre con una bata y atiende la puerta. El criado entra con el pedido.
- ¿Necesita algo más señor?
- No, gracias.
- Señor el regente lo estuvo buscando..
- ¿cómo?
- Me pidió que le dijera que lo necesita en su oficina.
- Gracias John.
Diego se pone nervioso. Faltaba más que lo hubiera buscado mientras él hacia cochinadas con Rebeca. Se puso la mano en la frente, ¿y ahora que haría?, ¿y sí le pegunta donde estaba?...¿qué iba a decir?
Luego de que saliera el criado se puso la mano en la frente.
¡Ahora sí la hiciste!...
Se vistió de manera ansiosa y se dirigió a la oficina del regente.
- Diego te estaba buscando, ¿Dónde estab..?
Pregunta el regente, pero en ese momento entra una llamada a su teléfono móvil.
Diego se siente aliviado, salvado por la campana. Dieter contesta y escucha lo que le tiene que decir. Por primera vez puede ver como su superior palidece más de lo normal, sus ojos se llenan de lagrimas sin poder llorar. ¿está seguro que está muerto?, finaliza diciendo.
La alarma se dibuja en el rostro del colombiano, ¿Miguel estará bien?... no será qué él...
La pregunta mental es de lo que ocurre es contestada por el superior.
- Mataron al regente de Phoenix.... se toca el rostro. lo mataron, termina diciendo con mucho dolor.
Diego suponía que eso algo tenía que ver con la misión que estaba cumpliendo Miguel, pero lo que él no sabía, es que el regente Aurelio de Gongora, había sido no solamente compañero de trabajo de Dieter, sino también el mejor amigo que jamás encontró en vida.
