sábado, 25 de febrero de 2012

Camino de sangre y muerte (parte 1)

Bajo del bus mientras  llovía y caminó hacia un taxi más cercano. En ese momento suena su teléfono móvil lo contesta y simplemente responde con un “sí señor”, mira alrededor y sube al vehículo, pide que lo lleven a un punto de la ciudad de Phoenix.

****

Mira el techo con culpa. Sabía que se sentiría así, pero tampoco quería quedar como un cobarde por dejarse llevar. La ansiedad le invitaba hacer cosas que luego se arrepentía. El problema estaba en que esta vez el lo había propiciado. Lo había buscado, y sí, en cierta forma lo necesitaba. Era triste saber que era tan débil, sin embargo cuando miraba a su izquierda no podía evitar sentir placer. Había sido un muy buen sexo, tan bueno que ya comprendía el porqué la había buscado de nuevo. La tipa podía ser una desgraciada pero sabía cómo darle lo que el necesitaba. Parecía tener mucha experiencia con los hombres, hecho curioso teniendo en cuenta que aparentemente los odia. Su mano le acariciaba el pecho de manera dulce, jugueteando con sus uñas y el estaba en silencio sin pronunciar la mas mínima palabra, hace mucho tiempo no lo mimaban de esa manera. Esta vez había decidido rendirse, no iba a levantarse y huir, ya era suficiente con sentirse derrotado por sus propios instintos.

-          ¿qué te pasa?- pregunta ella
-          Nada
-          ¿no te gusto?
-          No es eso, simplemente que no quiero. Hace una pausa. no creo que esté preparado para, es decir, yo..
-          No quieres comprometerte, ¿Por qué no me extraña?,  dice ella de manera muy tranquila, eso sería  un problema sí deseara una relación. Dice de manera divertida. Sí no supiera que eres un vampiro creería que eres casado.

A Diego esa frase le cayó como un balde de agua fría, se le reflejo en su mente el rostro de Esperanza, y en ese momento se sentó en el borde de la cama, odiaba recordarla después de... bueno, estar con otra mujer... sentirlo era algo pecaminoso, y  más siendo que Esperanza era la mujer más pura que había conocido.

-          ¿eres casado? Pregunta la mujer sorprendida por su reacción
-          No.... por desgracia.  Responde Diego poniéndose los pantalones. Eso último le salió del corazón. Lo lamento, la mira, fue muy bueno, yo lo disfrute mucho... eh... me voy
-           ¿ a esta hora?. Responde ella como una niña traviesa.

Diego mira el reloj de pared, había amanecido hace más de una hora, y el ni sueño le había dado. Miro a la mujer confundido, ¿tanto habían durado...?

Derrotado se sentó en la cama en silencio, mientras ella lo halaba nuevamente a su lado.

****

Los planes habian cambiado. Ahora debía ir a otra dirección, el regente Dieter parecía muy preocupado por teléfono. No era segura la capilla de Phoenix. Algo no estaba bien, pero para Miguel era difícil enterarse de los pormenores, no era tremere y en otras palabras "no debía interesarle". El taxi lo dejo en una estación de gasolina al lado de un puente que atravesaba un canal de desagüe.  Caminó hacia un hotel económico, a una calle de ahí,  dirigiéndose al segundo piso. Toco tres veces y la puerta se abrió. Un hombre calvo, de rasgos latinos lo esperaba.

-          Tenemos poco tiempo. Dice el hombre en una actitud extraña. Rápido dice sin saludar mostrando la llave.

Miguel hizo lo que le correspondía con el documento, abrió el maletín, y espero que el hombre firmara con su sangre.

-          Esta listo. Dice el hombre en un tono tembloroso. ¿puedo pedirle un favor?,  preguntas mientras Miguel cierra el maletín, no sin antes notar el apellido de la reciente firma. Regente Aurelio de Gongora.
-          Diga señor.

Le entrega un sobre simple con su sello postal.

-          Cuando pueda, puede dejar este sobre en cualquier buzón del correo. Dice muy afanado tomando su abrigo. Debo irme, nadie sospecha por el momento espere un par de minutos y aléjese de aquí, dice de manera rápida,  mis respetos a Dieter... sólo espero que tenga tiempo suficiente. Adios.

Miguel no tuvo tiempo de negarse, el hombre salió de la habitación de manera apresurada. Se fijó en el sobre, era una carta para la ciudad de washington, miro su reloj, pronto amanecería pero quedarse ahí no sería buena idea, así que salió de manera casual. 

Tras cruzar el puente sobre el canal, pudo notar desde esa altura que el regente “de Gongora” caminaba en dirección contraria con afán, era como  sí temiera a algo. La noche era tranquila, y Miguel decidió apresurarse, debía salir de ahí, e ir a la próxima ciudad. No tenía tiempo que perder.

Se dirigió a una renta de carros y pagó por un vehiculo, y con mapa en mano, tomó nuevamente una carretera interestatal. Pasó el día en un hotel rural deseando salir pronto del estado.

****

El tiempo se acababa, miró el reloj y se dirigió a un café cruzando la calle desierta de Phoenix. Paso desprevenidamente encima de una alcantarilla, se detuvo un momento tras  sentir que había pisado algo viscoso. Miró  por un segundo su pie mientras una burbuja salida del subsuelo lo absorbería para siempre.

****

Diego sale de la habitación de la mujer con mucha sed (por motivos evidentes), llama a un criado para que le lleve vitae a su habitación mientras en silencio se recrimina su debilidad.  Se baña rápidamente y cuando se encuentra en ropa interior llega el criado con su alimento. Se cubre con una bata y atiende la puerta. El criado entra con el pedido.

-          ¿Necesita algo más señor?
-          No, gracias.
-          Señor el regente lo estuvo buscando..
-          ¿cómo?
-          Me pidió que le dijera que lo necesita en su oficina.
-          Gracias John.

Diego se pone nervioso. Faltaba más  que lo hubiera buscado mientras él hacia cochinadas con Rebeca.  Se puso la mano en la frente, ¿y ahora que haría?, ¿y sí le pegunta donde estaba?...¿qué iba a decir?
Luego de que saliera el criado se puso la mano en la frente.

¡Ahora sí la hiciste!...

 Se vistió de manera ansiosa y  se dirigió a la oficina del regente.

-          Diego te estaba buscando, ¿Dónde estab..?

Pregunta el regente, pero en ese momento entra una llamada a su teléfono móvil. 

Diego se siente aliviado, salvado por la campana. Dieter contesta y escucha  lo que le tiene  que decir. Por primera vez  puede ver como su superior palidece más de lo normal, sus ojos se llenan de lagrimas sin poder llorar. ¿está seguro que está muerto?, finaliza diciendo.

La alarma se dibuja en el rostro del colombiano, ¿Miguel estará bien?... no será qué él...

 La pregunta mental es de lo que ocurre es contestada por el superior.

-          Mataron al regente de Phoenix....  se toca el rostro. lo mataron, termina diciendo con mucho dolor.

Diego suponía que eso algo tenía que ver con la misión que estaba cumpliendo Miguel, pero lo que él no sabía, es que el regente Aurelio de Gongora, había sido no solamente compañero de trabajo de Dieter, sino también el mejor amigo que jamás encontró en vida.

domingo, 5 de febrero de 2012

Ansiedades y explosiones

Era como sí una vibración sonara en sus oídos, miraba la pared donde había partido Miguel con un aire tenebroso. Dió media vuelta y se marchó de ahí mientras recordaba algo que él le había dicho llorando  la noche anterior. Diego se sentó  en su laboratorio como un zombie mientras un miedo interno lo invadía, su amigo se había ido a esa misión deprimido, ¿sería capaz de superarlo?, ¿podría hacer ese viaje sin salir lastimado?, pero peor aún, ¿no será un plan estúpido pretender que no sea sospechoso que alguien que no es tremere fuera de capilla en capilla?... no sabía que pensar, no sabía sí confiar en Dieter...

 Tener un vínculo tan cercano a nivel psíquico  era sinónimo de sufrimiento. Aunque ahora que lo pensaba, a Miguel nunca le tocó fácil, y menos con él que era un desastre emocional. Tenía la sensación de querer sentarse a olvidar todo. Se toco la frente y cuando separo sus dedos de su rostro un tinte rojo los cubría. Estaba llorando.  No era cualquier llanto, era uno de esos que nacen del corazón.

Tenía miedo, estaba aterrorizado. Miguel siempre le había dicho que moriría primero, pero la simple idea de pensar en tan retorcido evento le daba nauseas. ¿Porqué siempre le decía lo mismo?, bueno él se lo había explicado, los brujah no suelen vivir mucho, son carne de cañon y sí los manipulan, se matan entre ellos.   

Era una situación bastante irónica, ahora en parte había sido manipulado para  recoger esas firmas... y él se sentía TAN culpable. Aunque él no lo había escogido para esa misión,  lo había entrenado, y sí algo le pasaba  estaría seguro que dejaría el clan y se perdería en su miseria.

Aunque Miguel  tenía miles de defectos tenía muchas virtudes, y a pesar que muchas veces lo exasperaba, no podía molestarse con él por mucho tiempo. Lo quería. 

Tenía una reunión programada con el regente en unas tres horas, tenía mucho trabajo y,  a pesar de ser responsable, no quería hacer nada... sólo pensaba en lo que estaba por venir.

****
Miguel caminaba por una calle llena de gente.  Era de noche, pero los Angeles era una de esas ciudades que nunca dormía. Caminó con seguridad  y  revisó su bolsillo, un trozo de papel  le indicaba su primera parada: La ciudad de Phoenix, Arizona.

Pero no viajaría en auto, lo haría de una forma más discreta. Debía salir de Los Angeles sin llamar mucho la atención.  Así que espero el bus que lo sacaría del estado e iniciaría su recorrido. Con su elegante traje subió al autobús y  se sentó el último asiento. Se coloco los lentes oscuros de marca que adquirió gracias a su cambio de imagen y se relajo cuando el vehiculo comenzó a rodar.

Estaba confiado, sabía que su plan era brillante. No llamaría la atención saliendo de la metrópoli en un medio económico. Nadie lo seguía y nadie sospechaba de él.

Aún estaba triste, aunque le había dicho a Diego que estaba bien, no lo estaba. Miguel se hacía el fuerte. En secreto sufría una enorme ansiedad, producto en parte del secuestro de Diego y el sentimiento de pérdida. Su mal humor estaba justificado,  sentía que había perdido el control, y que de repente estaban viviendo un infierno similar al que vivieron por años en otros sitios.

Diego no lo sabía, pero en su ausencia tuvo una larga charla con el regente.  Se hablaron de temas  muy serios, temas que el mismo Diego desconocía sobre la misión, y era mejor así, el mismo regente no quiso comentarle a  su aprendiz de confianza algunos asuntos, pues suponía que  de hacerlo se alteraría. Y Miguel sabía que lo hubiera hecho con razón, su vida estaba más en peligro de lo que se suponía.
Pero este ex brujah había aprendido a callar. Había aprendido a proteger a Diego con su silencio, y aunque sonara ridículo, había desarrollado una forma para que Diego sintiera que el necesitaba  de su protección, (lo cual no estaba muy lejos de la verdad) para que su día a día tuviera una razón de ser.
Sólo esperaba que su mejor amigo y hermano pudiera salir adelante sí el se ausentaba, sin embargo, para su pesar sabía que eso no era así. Tenía que sobrevivir, porque esto no lo estaba haciendo por Rowan, sino por Diego, para joder a los que lo querían matar. Diego estaba en un lio y el no tenía problema en echarle una mano... además, el parcero estaba marcado, lo iban a perseguir hasta que el no recolectara todas esas firmas.

El camino pronto se hizo menos urbano y entró a una de las grandes autopistas y vías interestatales de los Estados Unidos, en tres horas llegaría Phoenix, y de ahí haría a otro lugar. No todas las cosas eran como en el entrenamiento, Miguel debía ser astuto, mucho dependía de eso.

****

Diego no podía aguantar las ganas de llamar a Miguel, pero  estaba  conteniéndose para hacerlo, no quería hacer  algo que pudiera perjudicarle.

Estaba en extremo ansioso.   Cruzaba por un estado ya conocido bordeando con sus instintos y su bestia.

Salió de su laboratorio  sin un lugar claro a donde ir. Estaba encerrado en el edificio, era una sensación  irritante que le recordaban sus primeros años como aprendiz.

Sus pasos estaban cargados de tensión. Fue entonces que bajó las escaleras y pasó por la biblioteca, se frenó al ver una figura femenina ya conocida. Se puso a la defensiva, pensó en darse media vuelta pero tras un segundo notó algo distinto. Rebeca, le miró y lo ignoró totalmente.

Diego quedó confundido y caminó al fondo de la biblioteca a la otra sala, escogió un libro al azar  y se sentó en una mesa a leer. Sin embargo los párrafos del texto no eran procesados por su cerebro ansioso. Miro al frente y  se perdió en la visión confusa de los libros acumulados en los aparadores.  Su mirada entonces se posa en la pasadizo que conecta las dos salas, y en un punto  especifico.

Quedo quieto mirando sin mucha conciencia de su acción y de repente lo nota. Lleva mirándole las piernas a Rebeca unos quince minutos.

¡Demonios!, estaba excitado. Se dice a sí mismo. ¿qué carajos le pasaba?,  se sentía ansioso y comenzaba a pensar “con la otra cabeza”.

 Inclinó la cabeza y trató de concentrarse en el libro,  pero  sus ojitos juguetones repararon en el trasero de la susodicha. “Rebeca estaba muy buena”

 Se tocó la cabeza con una mano  y se recriminó a si mismo.  Agradeció que  ella estuviera dándole la espalda y que no notara su desfachatez.

De repente su cabeza recordó aquel accidente ocurrido en su habitación, y la voz interna de su cerebro comenzó a pelear en su interior.

“!Ehhhh Ave María Diego Andres Garcia Vargas  deja de pensar en eso...sí, estuvo rico, y  esas “te”... síi.... NO! ...CONCENTRATE ,  vos eres la cagada,  salí de esta biblioteca ahora mismo, ve y date un baño de agua fría...!
No la mires... vos no la mires...   TE DIJE QUE NO LA MIRES....  ves, se dio vuelta... ¡pa mi que se las pillo  pendejo!... mira el $#%&/  libro y  tranquilízate...
 Cuenta hasta diez,  1, 2, 3,  4..... Carajo... ¡baja la mirada!... ¡contigo no se puede! y salite de ahí”

Diego se levantó y salió de la biblioteca mirando sus pies.

Rebeca lo ignoró totalmente, y siguió en su lectura. La actitud de la mujer lo llenaba de preguntas, pasa de acosarlo a ignorarlo, de ser una mala persona, ha ser amable... ¡¿quién carajos era en realidad esa $%&?!

Llegó a su habitación y se encerró por un tiempo. Trataba de concentrarse, luego sintió la necesidad de salir de nuevo, así que bajo las escaleras  y fue hacia el banco de sangre. Pidió a un criado una buena cantidad de vitae y se la bebió en silencio.

De repente entran un grupo de aprendices al salón  y entre el grupo estaba ella. Diego se concentró para no comenzar a sudar. Sin embargo la susodicha estaba con un grupo de aprendices de menor nivel y se sentó en una mesa a conversar con ellos. Otra vez lo había ignorado.

Diego terminó de beber y se fue a buscar al regente. Al fin y al cabo tenían una reunión, pero ha sorpresa cuando llega a donde su criado, el regente no estaba.

“¿y ahora?... Diego tienes trabajo, y mucho, ve a trabajar ...
Sí, eso hare... debo...¿donde estará Miguel?, debo llamarle...
Eh.... sí a la oficina, mejor voy a la oficina....”

Sus pensamientos eran muy confusos, paso un par de horas en esa posición, tratando de hacer y no haciendo nada...

Salió un par de veces para ver sí el regente ya estaba disponible, pero nó, no lo estaba... fue entonces que pasó al frente al laboratorio de la mujer, y ahí se frenó justo en el momento que ella salía.

-          ¿se puede saber porque me estas siguiendo?. Pregunta ella en un tono algo seco
-          No te sigo, responde  Diego algo sorprendido por la apreciación de la mujer, tú eras la que me seguía...
-          Pues ya no lo haré más. Lo mira de frente. Me di cuenta que eres un hombre con un corazón tan cerrado que no has podido perdonar los inconvenientes que tuvimos al inicio, que ya no me interesa ni siquiera ser tu amiga.  Le dice en tono seco. Además no me gusta sentirme como una tonta ante un hombre que le tiene miedo a las mujeres.

En ese momento de la conversación ya habían entrado a la oficina de la doña, dado que discutir esos temas en el pasillo no era muy bien visto.

-          No le tengo miedo a las mujeres. Responde Diego
-          ¿ah sí?  Dice con alta ironía. Demuéstralo. 

Una cascada de sensaciones  animales salieron del interior de Diego, quien ante el reto  responde  con fervor y excitación. Como la espuma de el champan que se libera del recipiente luego de que la botella ha sido agitada le cierra los labios con un beso profundo, mientras toda la ansiedad contenida por los sucesos de la misión se libera, explotando en un mar de lujuria.