Los pasos
acelerados se cruzaron por las calles de
esa ciudad, mientras huían. Al llegar a una esquina y tras perder a los hombres
que los seguían, Miguel asumió una postura que asustó a Terence, su rostro era
de furia, tomándolo por la camisa y con un torpe ingles le dijo.
- ¿qué está
haciendo aquí?
- Ehh ehh
-
Responde
rápido, que no tengo toda la noche
- Yo no-no
– responde tartamudeando- no puedo
decirlo.
- Malditos
secretos de mierda- dijo realmente molesto, pues no estaba para chistes- ¿fuiste tu el que recogió la firma?
-
¿Cuál
firma?- Terence se mostraba asustado, no entendía de que estaba hablando.
Ciertamente para Miguel la asociación de eventos ubicaba a Terence en la escena y no sabía sí había sido él quien le había citado en ese desagradable baño.
-
Llamare
al regente- dijo sacando su teléfono...
-
Noo por
favor, no lo llame
-
¿qué
demonios haces aquí Terence?, ¡si me entero que andas torcido te juro que te
arrepentirás!, quien ve tu cara cree que no rompes un plato, y rompes toda la
vajilla. Me dices que está pasando ahora o ya sabes quién se va a enterar que
estas aquí.
Miguel muestra su teléfono mientras el hombre con Gafas abre
los ojos asustado.
*****
Rowan estaba en cama. Había estado durante varios días pensativo y de ánimo depresivo. No estaba muy optimista. Había tenido una serie de pesadillas recurrentes de tipo oscuro que le hacían prever que la magia en contra de él no se había terminado, es más ahora atacaría con más fuerza. Los sanadores, sabían también esto y le cuidaban de manera recurrente, pero eso no evito que tras un día realmente malo quedara paralizado como si algo se le hubiera clavado en el corazón.
La rubia le tomó la mano mientras le hablaba.
-
Seguro
Terence está cuidando bien de su hijo señor, todo estará bien
Era extraño. Era como si la rubia supiera lo que realmente estuviera pensando Alexander.
Totalmente inmóvil, sediento por morir al fin y sin poder
hacerlo, lo único que realmente quería era que su hijo estuviera bien. Que
error tan humano había sido todo ello. Estaba seguro que era su culpa que su
hijo estuviera perdido en las drogas.
Su lengua se secó y
recordó como había alguien que estaba
luchando por enviar su carta a Viena...
Y pensando en eso cerró los ojos.
*****
Miguel estaba adentro de una casa vieja, mientras un hombre
pálido y con gafas le miraba fijamente, estaba temblando.
-
¿Entonces
aquí está el hijo de Alexander?- lo mira furioso- ¿me crees idiota Terence?, ¿cómo puede tener un hijo?
-
Lo adoptó
de un matrimonio que tuvo
-
Que
novela!... -dice furioso- ahora si no me mientas y dime ¿qué hacemos
aquí?
-
Ya se lo
dije, el muchacho esta perdido en la drogadicción, Alexander me envió a que le
cuidara- nota la mirada de Miguel- le
estoy diciendo la verdad. Hay un hombre que dice que puede desintoxicarlo, es
una especie de secuestro por salud, por eso vine aquí.
-
Y
entonces- dice con desconfianza- ¿quiénes
te estaban persiguiendo?
-
No lo sé-
Miguel lo amenaza con la mirada y dice con ojos de ruego- se lo juro, no lo sé.
En su interior Terence maldijo su mala suerte. Odiaba ser vampiro más que nada en el mundo, y ahora por hacer un acto de caridad estaba metido en un lio, el hombre que le preguntaba podía matarlo por pensar que era un traidor.
-
¿Dónde está
el mocoso?.
Dice Miguel bajando al sótano de la casa sin preguntar y
abriendo la puerta de par en par, encontrándose al sujeto en cuestión que le
preguntaba.
-
¿Usted quién
es?, no puede ....
Pero Miguel no se
amedrenta por el sujeto que se cruza en el camino y va directamente hacia el hombre pálido y
desnutrido que esta encadenado a una
cama. El sujeto corpulento se abstiene de golpear al brujah cuando ve que Terence le hace una señal. El
que lo contrata parece ser que viene con él.
¿secuestro de salud?,
que concepto tan patético. Piensa Miguel
Cuando se acerca puede ver como ese muchacho está realmente
enfermo. El olor a drogas (aspecto que Miguel conoce de una u otra forma) era
evidente.
-
¿cómo te
llamas?
-
¿Quién
putas pregunta?- dice el joven de
manera hostil
-
El que te
puede sacar de aquí cretino- Dice Miguel agresivo (un tono que pocas veces
utilizaba)
-
Maurice!
-Dice desesperado- dígale a ellos
–señala a Terence y al otro hombre- que
me saquen de aquí, No me interesa la herencia, dígale al abogado que se marche.
Al parecer “el abogado”
era Terence
Miguel mira al que fuera aprendiz de su mejor amigo, y este
responde.
-
Le le dije al joven Rowan- Miguel hace una
mueca cuando escucha eso, mientras el hombre tatamudea mientras habla- que su-su padre dejo una clausula legal afirmando que el dinero
que se le consigna mensualmente se su-suspendería en caso de que su
comportamiento demostrara irresponsabilidad. Según el tes-testamento, la
totalidad de la herencia se le entregaría a la edad de 25 años, sin embargo eso
estaría dado por su comportamiento, en cuyo caso, dicha ca-cantidad se le
entregaría a una fundación de caridad. Su papadre encomendó su cuidado y
supervisión. Dado que el joven fue expulsado de la universidad, y se encuentra
enfermo por el coconsumo de drogas se le suspendió la mesada, pero, siguiendo
con el deseo de su padre, determinando
que en caso de que usted tuviera un problema de comportamiento se debería hacer
totodo lo posible para recuperarlo.
-
Váyase al
diablo maldito tartamudo!... usted no sabe nada de mi padre, NADA
-
Sé lo que
la clausula dice- responde Terence
molesto.
-
No te
iras de aquí chico hasta que aceptes entrar en rehabilitación- dice el
hombre acuerpado
-
Vete al
demonio
-
No
estudias, te drogas todos los días, vendes cocaina y fuera de eso robas.
Dice el hombre acercándose al que esta encadenado. Vas a terminar muerto
-
Es mi
vida.
-
Pu-pues
no habrá dinero de su padre- responde Terence (era evidente que el muchacho
necesitaba el dinero aunque dijera que no)
-
Vayase al
demonio, esto es un delito...
-
A nadie
le harás falta cangurito..- dice el hombre de mal agrado
En todo ese proceso Miguel escuchaba. Terence decía la
verdad. Por situaciones que él no comprendía, ese muchacho era el hijo de
Rowan, el hombre al que él trataba de salvarle la vida llevando su carta.
Se aleja de la habitación mientras el hombre (quien
supuestamente pertenecía a un centro de rehabilitación radical) seguía hablando
de él.
-
¿Qué tan
grave esta?- pregunta Miguel, su voz ya no estaba tan agresiva
-
Muy
grave, ni siquiera come por inyectarse, o inhalar cocaína- dice Terry – es un caso perdido..
La conversación se centró en el muchacho.
Terence aunque se moría de ganas de saber no le preguntó a
Miguel qué hacía aquí.
El mensajero parecía pensativo, necesitaba ayudar y muy
rápido. Debía sacar a Terence y procurar que ese muchacho fuera a
rehabilitación. Pensó rápido, era brujah, tenia ciertas habilidades, pero haría
algo que pensó nunca hacer. Necesitaba ser rápido, tenía una misión que
cumplir.
Subió al primer piso de la casa y comenzó a buscar en la
cocina y halló lo que necesitaba: una botella de licor, y dos vasos.
Tomó aquello y se lo
llevó al sótano. Ordenándole al hombre
que saliera. Cerró la puerta y le sonrió al muchacho.
-
Vamos
hablar como los hombres- dice mostrándole una botella
-
Usted si
sabe cómo hablar- dice el joven intrigado por la botella pues si querían que
se rehabilitara ¿no sería contradictorio que lo emborracharan? – ¿habla en serio?
-
Yo soy un
hombre muy serio señor- dice de
forma plana.
Cualquiera que conociera a Miguel y le escuchara decir esa frase se reiría en su cara, pero como el joven no lo conocía, y ciertamente estaba molesto, su dialogo parecía creíble.
-
¿y de que
vamos hablar?
-
De la
vida, beba.
Sirve una copa de licor y se la da. Y se sirve otra para él, que en apariencia bebe (aunque en realidad no lo hace). El joven de un movimiento se bebe todo el contenido.
-
Así es...-
dice sonriendo- veo que le gustan las fiestas.
-
Sí, dice
el joven
El hombre entonces comienza hablar con él, sobre sus gustos, sobre la vida, la mitad de las cosas que Maurice contestaban no tenían un real sentido de responsabilidad, básicamente era una visión suicida de la vida.
Lo que el joven no había
notado en su discurso, era que Miguel se había cortado un dedo y había puesto sangre
en la bebida del joven.
-
Bien,
entonces, eso merece otro trago.
La frialdad de Miguel frente a la situación sorprendería a
más de uno. El joven bebe de lo que Miguel le ofrece, y de repente comienza a
sentirse especialmente interesado en Miguel, de una forma que no podría
explicar, era como si de repente le fuera atractivo.
-
Y
entonces, ¿por qué dejó la Universidad?
-
Nunca iba
a clase- dijo el joven de manera derrotera.
-
¿Y sus
padres que opinan de ello?
-
Ambos están
muertos. Dice el joven como si hablara con su “nuevo mejor amigo”. Mi mamá murió de cáncer hace cinco años, y
mi padre murió cuando era un niño, mamá nunca pudo recuperarse de su muerte. Comenta
entre dientes. Siempre hablaba de él, y
hasta ahora siempre me persigue, si muero iré con ambos. Dice de manera
sincera.
En ese nivel y tras hablar un poco más Miguel ya le había
dado una segunda copa con licor y sangre, y tras una media hora de conversar de
todo un poco, termina dándole una tercera dosis del vínculo que quería formar.
Había conocido bien al hijo de Rowan en esa hora y media de conversación. Sabía
que vincular al muchacho era riesgoso, pero “dentro de los peores males, había
que escoger el menor” y ese chico estaba al borde de una muerte auto inducida. Su vida era un suicidio andante, y nadie, ni
siquiera ese experto en rehabilitaciones extremas lograría concientizarlo de
manera tan radical.
-
Escúcheme-
le dice para terminar Miguel, las palabras
de él en este momento eran
ordenes para sus oídos- usted ha
desperdiciado su vida, y hoy tiene la oportunidad de ir a rehabilitación,
y va a ir. El tono era de orden. Ira a rehabilitación y dejara de consumir
droga por más que su cuerpo se enferme. No solo eso Maurice, usted deberá pensar y reflexionar bien lo que
le digan en la rehabilitación, porque debe cambiar su vida para bien. No más cocaína,
No más heroína, no más marihuana, ni alcohol, ni pastillas. La expresión
del joven era de angustia. Va a comenzar
a vivir sobrio, va a trabajar, va a estudiar lo que desee, y lo hará con gusto. Si no lo hace vendré y
le pateare el trasero.
Miguel mira al joven tranquilo.
-
Entiende
-
Si señor
-
¿Qué
hará?
-
Ire ha
rehabilitación y dejare de consumir.
-
No olvide
mis palabras ni mis deseos.
-
¿Lo volveré
a ver?- dice el joven desesperado quien había entrado en angustia sin saber
porqué.
-
Eso
dependerá de usted.
Lo extraño de todo esto, es que Maurice aceptaba todo y ni
siquiera sabía el nombre de aquél a quien obedecía.
Tras salir de la habitación Maurice estaba cambiado. Acepto
la oferta de viajar a otro estado y comenzar de nuevo.
-
¿qué ha
hecho?- pregunta Terence a Miguel
-
Lo mejor.
Lo mira. Ahora debemos salir de aquí, ya
cumplió con el deseo de su siré.
