Todo parecía irreal, escuchaba sonidos confusos al alrededor, como murmullos apagados, que se iban y venían, un cosquilleo en la frente y a veces en los labios que se repetía, había una sensación suave en los dedos de los pies, había algo encima de ellos, un olor a detergente para ropa, y palabras sueltas que no tenían ningún sentido. En realidad lo que escuchaba era poco, se sentía cansado, sí era curioso, siendo un muerto se sentía físicamente cansado, sentía que debía abrir los ojos, pero estos estaban tan pesados que no podía. No era desagradable en sí, sentía en ocasiones que abrazaba a alguien amado, como cuando un hijo abraza a su madre para quedarse dormido. Dentro de la oscuridad tenía pequeñas imágenes mentales, cómo las que se usan en las películas, eran recuerdos y algo más. Era confuso, eran un carrusel de imágenes, varias, todas sin orden lógico, todas, extrañas. Todo parecía muy real, en una estaba frente al cuerpo sangrante de Miguel que yacía boca abajo sobre el suelo, una niña sonriendo con una muñeca, un terreno amplio lleno de nieve donde tenía que esquivar una bola a toda velocidad, un cuarto oscuro donde un hombre le golpeaba y le quitaba un collar que tenía en el cuello, una noche de karaoke donde la risa lo dominaba, la imagen nocturna del Gran Cañon, un par de niños corriendo uno detrás de otro, la imagen de Esperanza atendiendo a un enfermo, el mar sin luz visto desde un barco, Miguel en el techo de una azotea mirando el cielo, un partido de futbol, una calle inundada en fuego.. y su brazo desconectado de su cuerpo.
Sin embargo esas imágenes no tenían ninguna emoción, era como sí el no las hubiera vivido, sino como si alguien viera esa película.
Un sonido de pisadas se siente venir. Una leve caricia en su frente. Diego por fin puede sentir que puede dominar algo su cuerpo, su lengua pasa por encima de sus labios, y los dedos de los pies comienzan a juguetear con la sabana suave que los cubría. Sus ojos poco a poco se abren y se encuentra en una pequeña habitación blanca. Le parece conocida, pero no logra identificar el lugar.
Una mujer rubia se le acerca.
- Buenas noches.
- ¿Dónde estoy?, murmura sorprendido y algo confundo.
- En la capilla. Contesta la médica Mary Ann. Tuvo un gran trauma y entro en letargo, ha pasado una semana.
Diego se mira su lado derecho y ve que su brazo esta enyesado, desde abajo del hombro. Aliviado ve como los dedos de su mano puede moverlos.
- Tuviste que gastar toda la sangre que te quedaba para pegarlo de nuevo, aunque no completamente, tuve que trabajar mucho para que soldara, dice de manera clara, sin embargo necesitaras otro procedimiento.
Diego trata de entender lo que dice su colega mientras recuerda el trauma del secuestro y de cómo le quitaron el brazo. Cierra los ojos aterrado.
- ¿Qué quiere decir?
- Pues. La médica se acerca y trata de explicarle en términos médicos. La amputación del brazo, se dio a once y medio centímetros del hombro. El humero se partió en dos, afectando los músculos, y como bien sabe la distribución de vitae a su cuerpo, la situación fue muy grave, pero afortunadamente su organismo colaboró. Dice de manera tranquila señalándole con un dedo la parte afectada. Su amigo en el afán de curarle, le hizo un torniquete muy fuerte, y le puso el humero en una postura incorrecta, básicamente el brazo soldó mal, el hueso esta torcido, no se pudo reparar a tiempo por la naturaleza de la lesión, pues temía que sí le colocaba el brazo en la postura correcta perdiera el miembro definitivamente. Dice de manera muy profesional. Realice algunos procedimientos para poderle ayudar a que la curación fuera total. Así que permití que curara mal, pero, será necesario volverle a romper el hueso para colocarle bien el brazo, y esperar que los tejidos blandos re reorganicen.
Diego de repente recuerda la situación que lo trajo a donde está ahora. Cómo casi muere, y la amputación dramática de su brazo. En ese momento mira a la médica nuevamente y se siente mareado, la angustia se siente en todo su cuerpo, cierra los ojos nuevamente, y siente que se va a desmayar de nuevo, afortunadamente esta en cama. Se toca el rostro con la mano izquierda y trata de ocultar su deseo de desvanecerse.
- Aún no se ha recuperado completamente, por hoy descanse, el regente querrá hablar con usted.
Y evidentemente así era, había muchas cosas que hablar, algunas heridas que no habían curado, ni física, ni psicológicamente
La médica se retira y poco a poco recuerda donde está. Era el salón enfermería en el sótano. Uno de los lugares más seguros de la capilla. A unos pocos metros estaba el salón principal de rituales, era un sitio amplio y sagrado. Ya había estado aquí antes, es más, ahí había estado Rowan hace algunos años cuando lo ataco la maldición que le dejo sin sus piernas. Y después, allí había atendido el cuerpo degollado del chiquillo del regente, así como a algunos criados que habían enfermado a causa de la equivocación de Rebeca.
Y ahora, el estaba ahí con un yeso que le cubría parte del brazo, lo sorprendente era que podía mover sus dedos aunque, no muy cómodamente. Trato de sentarse, aunque aun estaba mareado miro bien el lado afectado. No le fue difícil ubicar la irregularidad. Tenía el brazo deformado. Se sonrió con tristeza, antes Miguel no le había puesto el brazo al revés, si hubiera sido así, podía bien trabajar en un circo. Aunque no sabía que tan dramática era la desviación pues las curvas anormales estaban cubiertas por el yeso.
Un vampiro con un yeso... esto era ridículo. Aunque era preferible tenerlo deformarlo, que no tenerlo, un punto más para Miguel, y entre otras ¿cómo estará?. Se dejo caer sobre la cama, con un pensamiento catastrófico. Recordó esa imagen de su mejor amigo al parecer muerto sobre el suelo. Un escalofrío lo sintió en todo su ser. Cerró los ojos, y vio el rostro del gordo que le había golpeado el rostro, y hasta pudo oler su aliento. Cuando abrió los ojos pudo darse cuenta que estaba temblando.
¿no tenía acaso muchos problemas para tener otra crisis de estrés post trauma?... maldición, no salía de una y se metía en otra. Ahora estaba temblando lleno de miedo, y todo por los secretos que tiene que guardar. Se toco el rostro con la mano izquierda y le dolió. Entonces recordó el golpe con la varilla de metal que le propinaron en el rostro y cabeza durante su tortura. No recuerda bien cuantas veces le golpearon pero si recuerda el dolor. Estaba seguro que le fracturaron el cráneo.
En ese momento se abre la puerta. Un criado entra con una bandeja, en ella hay un vaso grande de vitae con pitillo. El criado ubico la bandeja en la mesa, la cual era especial para camas de hospital. Le acercó el vaso y Diego bebió el contenido de manera ansiosa. Luego de finalizar, se notaba su hambre. El criado, quien estaba acostumbrado a eso, se sentó en la orilla de la cama dándole la espalda al enfermo le ofreció su cuello. Diego no lo pensó, y tras un movimiento algo doloroso se ubico detrás de él, y se aferro a su cuello. La sangre caliente le avivaba el cuerpo, su corazón comenzaba a latir al ritmo del criado, y tras sentirse mejor, lo soltó. No sin antes dar las gracias.
El criado se fue algo pálido del lugar, llevándose la bandeja, pero dejando un teléfono móvil en la mesa de noche.
Diego lo tomó de manera torpe con la mano izquierda y trato de manejarlo. Después de un rato logro marcar los números y enviar la llamada.
Sentía que su cuerpo le temblaba, estaba nervioso.
- Aló
- Parce..
Una expresión de angustia se escucha, algo parecido a un suspiro.
- Diego, paisita , ¿es buste?
- Si, contesto de manera breve tratando de controlar el temblor en su voz
- ¿y el brazo?.. pregunta Miguel de manera nerviosa
- Pego, pero. Le iba a decir que estaba torcido, pero se lo guardo, no quería hacerlo sentir culpable. Me tienen que hacer unos procedimientos, ¿vos cómo estás?
- Pos. Se le quiebra la voz. Bien.
Evidentemente no estaba bien. Diego lo sabía. Ninguno de los dos estaba bien.
- Posible toque vender el apartamento pa pagar una deuda, pos me cobraron harto por dar por su paradero. Dice nervioso. Pero no se preocupe, que yo, pago eso...
- Vos no ... dice Diego tratando de expresarle que no se preocupara por eso, pero Miguel sigue hablando
- Debemos irnos Parcero, en cuanto podamos nos abrimos parce, nos vamos bien lejos. Dice de manera ansiosa.
- Parce.. no.. dice con tristeza, sin poder completar la frase, la angustia se podía cortar con un cuchillo y sentir a Miguel mal, lo hacía sentir peor.
La conversación termina de una manera algo confusa, no se habló mucho, pero se dijo lo suficiente para expresar que nada estaba bien. Diego no sabía que iba a pasar con Miguel, posible no podría volver a salir de la capilla en un largo tiempo. Posible no volvería a verlo. Se recuesta en la cama desesperado, estaba muy débil, así que tapándose el rostro con la única mano que le servía, dejo escurrir unas cuantas lágrimas de sangre. Se tapa la cabeza con la sábana y trata de desahogarse. Luego simplemente el silencio invade todo, y cierra los ojos tratando de curarse.
Pasa alrededor de una hora, y él seguía con la sábana sobre la cabeza. Cuando de repente siente que halan rápidamente de la tela, y sin preverlo unos labios se encuentran con los suyos, y le besan profundamente. Los ojos de Diego se abren como dos platos soperos y trata de separarse de ella, sin mucho éxito, estaba en una situación vulnerable.
Ella se separa de él luego del beso robado. Diego la mira sorprendido.
- No vuelvas hacer eso. Murmura
- Pensé que te habían matado. Dice acariciándole el rostro con ¿ternura?
Diego no puede creer que esa sea la misma Rebeca, su nombre y la palabra ternura, no van juntos. De repente recuerda esas sensaciones extrañas en sus labios y rostro cuando estaba en letargo, y ahí lo comprendió.
- No me encuentro bien. Dice solamente
- Lo sé. Dice en un tono totalmente distinto al usual. ¿necesitas algo? Diego la mira sorprendido
- ¿qué hiciste con Rebeca y quien eres tú?
La mujer se ríe. La primera vez que la veía reír.
- Nunca te diste la oportunidad de conocerme mejor. Dice sonriendo. Eres un hombre duro. Dice tocándole la mano.
En ese momento se abre la puerta y es el regente quien se queda sorprendido al ver aquella escena. Diego cerró los ojos con ganas de morirse. ¿Porqué a él?
Rebeca ni siquiera palidece sino que sale tranquila de la habitación con una venia al regente.
- Pensé que no la soportabas. Dice el regente mirando la puerta.
- No la soporto. Concluyó Diego de manera clara
El regente notó que había tocado un tema sensible, y trató de dejar de un lado sus apreciaciones.
Posible haya visto mal, aunque... podría jurar que no lo hizo.
Comenzaron hablar, y Diego le contó todo lo sucedido. La presencia de los settitas, el hombre gordo, la máquina de tortura, la cabeza del criado degollada, los golpes, los insultos, las amenazas, y sobre todo las preguntas. El regente palideció cuando le contó este aspecto. Luego comentó la repentina llegada de Miguel, la acción rápida del hombre gordo de cortarle el brazo, la batalla, y la conclusión de la misma.
- ¿y tu amigo pudo sólo con todos esos sujetos?, pregunto fascinado.
No era algo inusual, el era un brujah. Pero curiosamente eran cinco settitas y un sujeto gordo bastante versados en combate. El regente estaba admirado. Posiblemente sabía algo que Diego no.
Al terminar la narración el regente le dice.
- Creo que llego el momento de comenzar actuar Diego, nos queda muy poco tiempo. Tengo un plan, y espero que funcione, sí no funciona estaremos acabados.

1 comentario:
*Le da al regente una chapita del "club de fans de Miguel* bienvenido *^* xDDDDD
wiii! se salvó Diego! y ahora tiene un brazo original! *^* obra del gran artista Miguel... xD y una tipa con complejo de novia... xDDDD
me encanta!! posteo de a uno xq no estoy segura de poderlos leer todos ahora :P
Publicar un comentario