lunes, 26 de abril de 2010

Vínculos invisibles


Era un sábado por la noche. El tiempo pasaba paralelamente al goteo de la transfusión de sangre: lentamente. Podría beber directamente  de la sangre si no fuera porque sus dientes y en especial sus colmillos le dolían de manera espantosa, el tragar cualquier cosa le traía un gran dolor.
Trataba de no deprimirse, trataba de controlar sus emociones, pero había días, en que como hoy  se sentía solo un despojo.
  Tanto dolor lo había hecho reflexionar sobre sus acciones. Ahora comprendía que ninguna maldición era buena, ni siquiera la más pequeña e insignificante, todas causaban dolor, todas tenían el objetivo de dañar al otro. En el pasado había hecho pequeños de estos hechizos a personas que según él se lo merecían, pero ahora, con tanto tiempo para pensar se había dado cuenta que en verdad eran pequeñas venganzas personales.
Cualquier maldición era mala, un pequeño sufrimiento podía arruinarle la vida a alguien. Todo lo malo que la persona hace en vida de una u otra forma se le devuelve, pero...
¿Oren recibirá su merecido?
Rowan, se había dedicado a estudiar  sobre las maldiciones de manera extensa motivado por su propio sufrimiento. Ya llevaba más de un año postrado en cama y notablemente deteriorado. Oren ya no le mandaba maldiciones con la frecuencia atlética de antes. Sin embargo los síntomas siempre llegaban cuando él menos se lo esperaba.
La biblioteca de la capilla donde se encontraba tenía cantidad de información sobre el tema. En parte debido a su orientación hacia las energías de la salud y la contrataumaturgia. Había consultado muchos libros y averiguado que, aquellos que se dedican a la senda de las maldiciones, desarrollaban  un aura maligna y oscura en crecimiento. Todo aquel que se dedicaba al acto de “hacer daño”  acumulaba una energía negativa que se extendía a todo aquellos que estaban a su alrededor.  Estos sujetos eran como imanes de maldad que contaminaban todo el ambiente.
Las maldiciones, según los textos, estaban asociadas a pactos demoniacos indirectos. Es decir, el taumaturgo experto en maldiciones al hacer los ritos y oraciones  creaba un vínculo con los demonios circundantes que se alimentaban de la perversidad, creando una necesidad del individuo por seguir haciendo daño y complacer sus fuerzas negativas.
Rowan sentía gran curiosidad  sobre la defensa y el contraataque de estas maldiciones. Sin embargo sentía que no había algo claro al respecto. Varios libros se acumulaban en su escritorio, pero hoy no tenía ganas de nada.
Miraba sus dos miembros inmóviles con tristeza mientras las tocaba tratando de cambiarlas de postura. Sus piernas se sentían como seres independientes y ajenos a él. Era una sensación peculiar a la cual ya se había acostumbrado. No podía mover sus piernas, estaban dormidas. No era que no las sintiera, el evidentemente si las sentía, no como antes, era una sensación parecida a tocarse las uñas de las manos, en realidad él no sabría explicarlo bien.
Al ser un no vivo su cuerpo reaccionaba de manera distinta. Su columna estaba deformada de manera irreparable y eso era lo que no le permitiría volver a caminar. Para ser más claros, a nivel comparativo, un humano con su daño, no sentiría sus piernas, pero él como no vivo, sí las sentía con poca sensibilidad. Estaban dormidas, no podía controlarlas, es cosquilleo era constante, pero no era doloroso. A veces se sorprendía al ver cómo los dedos del pie se movían por reflejos, y sin embargo, eso no daba ninguna esperanza de recuperación.
La naturaleza de su lesión causaba muchas sospechas y controversias, dado que sólo un clan tiene el conocimiento de moldear hueso y carne. Aquellos conocedores de esa disciplina son los enemigos más poderosos que tenía el clan. Los tremere aunque emparentados con los tzimisce nunca aprendieron vicisitud. Y entonces ¿cómo Orén había desarrollado una maldición de esa naturaleza?.  Eso dejaba un campo abierto a muchos cuestionamientos e hipótesis, pero en últimas, ¿a quien le importaba?
El era solamente un insignificante ladrillo de la pirámide del clan. Antes hubiera insultado a cualquiera que cuestionara su familia, y ahora... bueno ahora, solo sentía que era parte de algo de lo cual no podía escapar. Nadie podía entenderlo, y tampoco podía comentarlo.  No podía confiar en nadie.
Se toco las orillas de los dos ojos cubriendo la nariz como si tratara de evitar un dolor de cabeza. No era bueno pensar tanto.  A veces su mente rondaba en la capilla, pero igual, parece que la vida continúo sin su presencia. Se habían olvidado de él. ¿Qué habrá pasado con Terry, con el regente, con Diego, con los demás? , Seguramente no se acordaban de él.
Dos lágrimas salen por sus ojos sintiéndose poca cosa, mientras un enfermero le pasa un klenex.
-          No llore señor Rowan, se acerca de manera amistosa, le alistare el baño. Dice un hombre joven muy amablemente. Verá que luego se sentirá  con ánimos para estudiar.
-          No sé ni siquiera si vale la pena hacerlo. Murmura el hombre con la voz entrecortada
-          Claro que vale la pena señor. Dice el hombre de manera muy profesional. Todo lo que mantenga su mente activa, es bueno.
Rowan mira a su enfermero con ironía. A veces el excesivo entusiasmo de todos aquellos que lo atendían lo mareaba. Las voces de los sanadores y enfermeros se repetían en su cabeza:  “no se preocupe señor es solo un poco de salpullido”, “no se altere, volverá hablar dentro de poco”, “el dolor pasará en un par de días”
¡¿Es qué acaso creían que era retardado mental?!, ¡el dolor no pasará!, ¡las cosas no mejoraran!, ¡el salpullido se irá pero volverá aparecer !.... ¡nada cambiará!
El enfermero notó que estaba pasando por una mala noche. Así que le acerco la silla de ruedas y  fue a prepararle el baño. El agua caliente tranquiliza a los pacientes. Rowan  se bajo de la cama a la silla. Se acercó  a un mueble donde tenía su ropa, y se miró en un pequeño  espejo que guardaba. Su cara desgastada no cambiaba mucho en realidad pero cada vez tenía menos pelo.  Tomo el espejo y se dirigió lentamente al baño.
Su cuarto era un cuadrado perfecto. Aunque amplio las medidas del mismo eran exactas. El baño era parte de la esquina lateral izquierda, y sus paredes se podían extraer con facilidad  en caso de que un ritual lo requiriera; además estaba diseñado para que él desde su silla pudiera trasladarse a la tina con facilidad.
Se acerco a la puerta y miro la salida con nostalgia. Sólo había un pasillo. Tomó el espejo y  lo puso al borde de la salida  de manera parecida a como lo ubicaban los reos en prisión para mirar si  se acercaban  los guardias.
 No venía nadie.  Sólo  había observado por pura curiosidad. Su “no vida” era muy aburrida.
-          Su baño está listo señor.
El enfermero  sabe que a Rowan le disgusta que le ayuden mientras se baña. El necesita sentirse independiente. El hombre en silla de ruedas entra al baño, se quita el pantalón de piyama y hace una expresión de disgusto al ver “su nueva ropa interior”. Odiaba el maldito pañal, se sentía como un anciano decrepito con él.
De los síntomas más fastidiosos que tenía era  esa desagradable diarrea, causada por no poder retener  vitae en su organismo. Aunque esta penosa dolencia se había ido, por precaución tenía que usar los pantalones acolchados. Los síntomas tendían a volver aparecer para su desgracia.
Utilizando movimiento mental se traslada a la tina. El agua caliente lo relajaba, en realidad, la hora del baño era sagrada, podía pasar más de una hora en medio del agua. Era lo único que realmente le causaba placer. Tras terminar de bañarse,  comenzó  el largo ritual de secar su cuerpo y perfumarlo. Nunca en su vida había tenido tanto tiempo para cuidarse. Era maravilloso cuando podía vestirse solo, había temporadas en que era incapaz de hacerlo.
El enfermero tenía razón, se sentía un poco mejor de ánimo, la pregunta era ¿qué haría hoy?: todos los días eran iguales.
Prendió la televisión un momento y comenzó a pasar canales sin que nada le llamara la atención. En ese momento el Dr. Morelli, su sanador tratante entra a la habitación.
-          Buenas noches señor Rowan. Sonríe de manera exagerada. Creo qué le tengo una sorpresa que le va a gustar.
Rowan hace una mueca mientras piensa que nada de los que los sanadores hicieran sería para él una gran sorpresa.
-          Lo siento Doctor, no estoy para sorpresas.
-          ¿seguro?, ¿quiere que le diga a mi sorpresa que se valla?
-          Haga lo que quiera. Murmura amargado de mal modo.
-          Mmm mal noche veo. Se ríe nuevamente con esa sonrisa exagerada mientras mira a la puerta. Puede entrar señor Fowles.
Cuando escuchó ese apellido Alexander se quedo paralizado. No podía creer que en el marco de la puerta estuviera su chiquillo, y así era. Abrió la boca sorprendido mientras veía cómo el hombre camina con  una sonrisa a saludarlo. Apretó su mano al recibir su saludo y por primera vez en muchos meses su rostro mostraba  una gran sonrisa.
-          -¿Eres tu Terry? Niega con la cabeza casi sin poderlo creer. Pensé que se habían olvidado de mí. La afirmación lógicamente hizo que Terence  se entristeciera y negara con su cabeza de manera ferviente.
-          No señor, nadie se ha olvidado de usted. Rowan se pone una mano en la frente  de la emoción mientras trata de evitar llorar. 
-          ¿Desea que le diga a Fowles que se valla señor Rowan?- dice el Médico divertido
-          ¡No Maldición, no! Dice confundido por la broma del sanador mientras su reacción causa risas en los presentes.  ¿Y Diego vino con tigo?
-          No señor, solamente vine yo.
Lo anterior a Rowan le pareció muy extraño pues creyó que García como su tutor le acompañaría, sin embargo estaba tan feliz por su  presencia que dejó el tema de lado. El sanador y el enfermero salieron de la habitación para que ambos hombres pudieran hablar. Terence se sentó a su lado en silencio, mientras por primera vez Rowan sintió que su chiquillo lo apreciaba. Quería preguntarle miles de cosas, quería saber que ocurrió en estos nueve meses, pero existía un real inconveniente. Terry hablaba muy poco.
-          Te va tocar hacer un esfuerzo muchacho y hablar más de que usualmente lo haces.
-          Sí señor. Y hubo un silencio y ambos se miraron. El rostro uno esperando que comenzara hablar y el otro sin saber que decir. En ese momento Rowan entendió, que tendría que sacarle las palabras con cuchara.
Terence entonces sonríe, y le pasa una pequeña caja de madera a su sire. Rowan mira a los ojos a su chiquillo y abre la pequeña caja. Una especie de medalla con un símbolo especial estaba frente a él. Rowan se le inyectaron  los ojos en sangre.
-          ¿quieres matarme verdad?, dice emocionado. Con qué segundo circulo de aprendizaje, ¿eh?. Sonrió haciendo un pequeño suspiro. Felicitaciones Terry, tu tutor debe estar muy orgulloso.
Se pone  su puño derecho en la boca, sintiendo una combinación de emociones, en primera medida felicidad, y en segundo nivel, tristeza. Hubiera querido haber estado en la ceremonia.  “Me lo perdí” piensa melancólico. Hubiera sido un sire muy orgulloso al estar presente, pero parte del éxito de su chiquillo no era por su  labor, él solo dio las bases. García se merecía gran parte del crédito. Terence era su primer chiquillo y para él era especial.
-          Me gusta que hayas subido al segundo círculo. Toca con cariño el símbolo y se lo entrega a su dueño. debes seguir estudiando, después del tercer círculo puedes escoger otra senda de estudio, ¿has pensado algo?
-          Sí señor. En ese momento Rowan iba a preguntar ¿cuál? Pero su chiquillo casi nerviosamente busca algo en una mochila que lleva y  le entrega otra caja. El regente y Diego le mandan esto.
-          Oh que gran sorpresa... ¿estás seguro que no me voy a morir mañana?
Tantas sorpresas en una sola noche le parecen extrañas. Abre la caja, la cual tiene montones de cosas. Hay varias cartas selladas, una  caja pequeña del licor local del país de García, y en fin, muchos pequeños detalles. Sonríe complacido.
-          Gracias Terry.. te lo agradezco.
-          El..el. dice tartamudeando. El regente, me pidió que le dijera que no perdiera la esperanza, qué el está tratando de ayudarlo.
Notaba que ese tema ponía a su chiquillo nervioso, posiblemente por la reacción que fuera a tener. Conocía a su muchacho cómo si fuera su propia mano. “Se parecía a veces tanto a... bueno, no importa”.
-          No te preocupes Terry. Sonríe, no iba a molestarse por eso. Lo sé.
Todo el mundo decía que estaban ayudándolo, pero él la ayuda no la veía. Era un tema complicado... muy complicado, pero no lo iba a discutir ahora y menos con su chiquillo que solo venia a visitarlo.
Alexander Rowan se sintió muy agradecido por la visita de su chiquillo, era cómo un aliciente para seguir adelante; Terence permanecía a su lado durante los días siguientes,  prácticamente estaba a su lado todo el tiempo, sin embargo ya pasados quince días Rowan comenzó a preocuparse, pues su chiquillo tendría que volver a Los Angeles, continuar con sus estudios y adicional a eso, retomar sus labores cómo guionista. Le había conseguido buenos contratos, él quería que triunfara.
-          Terry. Trata de preguntarlo sin que el hombre se ofenda. No es que me fastidie tu presencia, pero, este..¿cuándo volverás a Los Angeles?
Terence se puso pálido y nervioso, y lógicamente comenzó a tartamudear.
-          Señor, yo yo yo me voy a quedar con usted.
Rowan entonces mira a su chiquillo con furia. ¿Qué? Grita. ¡No!, tú no puedes quedarte al lado mío, tú debes estudiar y seguir trabajando en tus guiones, ¡no permitiere que tu vida se pudra al lado de un enfermo!.
Terence  encoje su cuerpo con miedo y su rostro mostraba mucha confusión, sin embargo tartamudeando le responde.
-          Pe-pe- pero se-se-señor, yo se seguiré estudiando al la-lado  su-suyo.
La primera vez que  él hombre le replicaba. Rowan  entonces comienza a gritar “¡Que no! Que te vas!”, y en ese momento entra en frenesí golpeando con sus brazos el colchón y lanzando cosas con movimiento mental.
En realidad estaba furioso. No era justo, no lo era. Terry necesitaba una vida mejor, él lo tenia todo en los Angeles,  le habían conseguido un contrato con un buen sueldo. No quería que él se quedara, lo quería y deseaba que triunfara, qué pudiera cumplir eso que le prometió una vez lo abrazo. ¡seguro le habían obligado!
El enfermero saca a Terence de la habitación y unos sanadores vienen inmediatamente para tranquilizarlo.
Terence camina meditabundo por el pasillo. Se encuentra triste, pero no sorprendido. Sólo espera que su sire se tranquilice. Sabía que se iba a molestar cuando “por fin”  se lo dijera. Llevaba meses pensando sí era buena idea aceptar la oferta del regente Morelli de continuar sus estudios en su capilla, y así estar al lado de su sire.  En realidad, la decisión la había tomado 5 meses atrás pero su traslado no podía ser rápido. Había pensado por mucho tiempo que era lo qué el realmente quería. El regente se había encargado de informarle qué no tenía obligación de aceptar la oferta, y en cierta forma le dieron a escoger. No sintió que  Schaeffer lo obligara de cierta forma a tomar alguna decisión, lo que lo había puesto en una postura distinta a su usual aceptación incondicional y conformismo que lo caracterizaban.
La oferta incluía la oportunidad de aprender acerca de “contra magia taumatúrgica” y “biotaumaturgia”. Después de lo ocurrido con su sire y tras ver el sufrimiento que había vivido, le pareció interesante aprender sobre eso, aunque no estaba seguro si tuviera un perfil médico que risquería la segunda senda, pero, de igual forma había otras posibilidades que no se limitaban a esas dos... su sire igual podría seguir enseñándole, aunque estuviera enfermo.
Había leído un poco sobre ambas, y aunque le asusto un poco la conexión de la biotaumaturgia con la mano negra del Sabbat, luego se entero que esta senda nació por el descubrimiento de documentos de esa organización, y que posteriormente los tremere la profundizaron hasta algunos niveles que a él le daban miedo. En realidad le parecía interesante la habilidad de curar potencializar la curación de un cuerpo. Pero no creía que fuera interesante devolverle la vida a un perro muerto. Eso le daba asco. En realidad, no creía tener lo necesario para aprender eso, pero nada perdería con intentarlo. Podía mandar los guiones por correo, y seguiría su existencia.
En realidad, todo eso de ser vampiro le deprimía, poco a poco se había adaptado, pero había sido muy difícil. A veces sentía que cómo su ex jefe lo único que hacían otros vampiros era sermoniarlo pensando de manera estúpida que al hacerlo el iba a cambiar su forma de ser. No lo conocían, no sabían nada de él.
Antes de esta visita, se había impactado de ver su sire tan deprimido. Con Rowan las cosas no eran fáciles,  sentía ciertos sentimientos encontrados por aquél. En los meses iniciales a su abrazo estaba seguro que era un  hombre interesado en ganar prestigio y qué quería meterle por los ojos la dignidad tremere. Para él ese aspecto no existía, y muchas veces se resintió con sus regaños. Pero por otra parte, bueno, con él tiempo había aprendido apreciarlo, y tal vez un poco más después de ver como afrontaba todo ese aspecto desagradable de la maldición. Nunca espero que cuando éste pensó que moriría se despidiera de él con tanta emotividad.  
El Dr. Morelli, sanador y regente de la capilla, un hombre canoso y con corte recto, se acerca al hombre sentado en la banca.
-          ¿Cómo es que se lo dices hasta ahora?... él está seguro que te obligaron a quedarte con él. ¿es así?. Dijo el hombre en tono calmado
-          No señor, yo-yo. Tartamudea. Yo lo decidí sólo.
-          Pues tendrás que explicárselo muchacho, porque está furioso. Niega con la cabeza. Rowan tiende a deprimirse . Lo miró. Debo admitir  de que el hecho de que su sire continúe con su entrenamiento es favorable para ambos, lo mantendrá ocupado, aunque los días en que se encuentre en estado crítico prefiero que guarde reposo. Habló como si estuviera pensando algo para sí. Ya  yo le había dicho qué se enfrentaría a estas situaciones  incomodas,  ¿verdad?
-          Si señor
-          Deje que se calme, y luego hable con él. Sonrió levemente. Parece que lo aprecia demasiado, es doloroso para alguien que debe limitarse a un cuarto pensar que perjudica a las demás personas con su enfermedad. Murmuró. El tiene mucho dolor en su corazón, además del físico, y necesita alguien cómo usted que lo acompañe... además es curioso, sólo con usted Rowan permanece calmado.
 Ese evento fue diciente desde la primera visita de Terence a la capilla, y fue ese el motivo por el cual el regente le hizo la invitación. Rowan se tranquilizaba con la presencia de Fowles, y si él podía hacer que su estadía en esta capilla fuera más agradable, ¿porqué no intentarlo?. Terence sabía que hubiera sido mejor para él quedarse en los Angeles pero algo muy dentro de él decidió que debía estar con su sire.
Luego de una hora, Terence se asoma a la habitación como un niño que quiere chismear, y encuentra a Rowan hecho un ovillo en su cama.
El ambiente de tristeza se podía cortar con un cuchillo.
Rowan lo ignoro mientras este se sentaba al lado derecho de la habitación. Así era su chiquillo, no hablaría estaba seguro. Ya había tenido una conversación con el sanador, donde le aseguraron que él había tomado esa decisión por su propia voluntad, pero ¿Por qué lo haría?... no, Terry no haría eso, él era cómo las cometas, iba donde el viento la mandara.
-          Se-se-señor. Por fin habló el hombre. Yo... sin embargo su sire no lo dejo terminar
-          Ya lo sé. Le dice serio y sin mirarlo. Sólo te advierto que espero  que sigas escribiendo tus guiones, y sí en algún momento no puedes soportar  estar acá, solo vete, ¡no necesito  un enfermero ya tengo uno!. Lo anterior lo dice de una forma hosca y antipática. Tendrás que pasarme un informe por escrito de todo lo que aprendiste con García, y que “demonios” es lo que quieres aprender de ahora en adelante.
El hombre estaba realmente de mal humor, su chiquillo solo contesto  un “sí señor” y guardó silencio esperando que su sire se calmara. Dos días después Rowan le pediría perdón por lo sucedido, pero la pregunta aún rondaba su cabeza ¿porqué se había quedado?

domingo, 18 de abril de 2010

Un tierno recuerdo


El tiempo es un concepto subjetivo. Un mes puede pasar rápidamente ante nuestros ojos, o ser simplemente eterno. Y eso último era lo que había ocurrido con el Pelusas y el Cuervo, habían pasado cuatro “eternos” meses desde su llegada a Italia. ¿Por qué Italia, y no otro país? Pues simple en realidad era el lugar donde tenían más contactos en el exterior. El Pelusas pudo elegir cualquier país de Latinoamérica, pero algo dentro de él sabía que si estaban en el mismo continente, sería más fácil para El Cuervo volver a Colombia, y él sabía que su amigo no podría volver hasta que estuviera totalmente recuperado. Así que quiso ponerle mar y tierra al asunto.
Pero Italia era un lugar distinto a todo lo que conocían. Europa en sí lo era. Había otros intereses, y se vivía de otra forma. Afortunadamente  descubrieron que así como ellos había muchos inmigrantes latinos.
En Génova había una comunidad latina ubicada en los barrios bajos de la ciudad. Gente más parecida a ellos. No tardaron en darse cuenta que no hay nada peor que un “gámin tercermundista” en un ambiente organizado como el europeo.
Los latinos se dividían, como en todo, acorde al estrato social que representaban. Se podían ver personas adineradas que venían a vacaciones, estudiantes que querían profundizar conocimientos en el exterior, y por ultimo aquellos de bajos recursos económicos, que por medios legales, o no legales habían viajado con la esperanza de mejorar sus ingresos.
 Dentro de ese pequeño grupo se encontraba una población de bandidos y delincuentes. Personas que habían aprendido a vivir en Italia, aprendido el idioma y que buscaron la residencia de una u otra forma.  Y dentro de esa pequeña población, lógicamente, había vampiros de todas las clases. Gangrels, Brujahs, Assamitas, Nosferatus, y Caitiff se reunían en dicho sector de la ciudad  para cazar, o para hacer lo que ellos gustaran.  
Los inmigrantes eran llamados en un término italiano similar a desperdicio, y esa discriminación hacia que los grupos latinos de cainitas se unieran en lo que al parecer era un enemigo común.
No importaba si eras ecuatoriano, colombiano, venezolano o puertorriqueño, eras parte de esa subcultura. El Pelusas y El Cuervo nunca pensaron,  tener tanto en común con personas de otros clanes. Si bien cada cual tenía sus intrigas y problemas, muchas veces se encontraban tomando vitae con gente con la cual nunca imaginaron relacionarse.
Esos cuatro meses fueron de mucha angustia. El Cuervo había contratado un par de criados italianos para que se hicieran cargo de la seguridad, y apoyaran a William con el idioma. Adicionalmente ambos habían contratado un  profesor particular de italiano. Era curioso, las clases cada vez eran más costosas. En realidad, el pobre hombre no sabía que más hacer para enseñarles a esos dos. Sabía que aprenderían, pero iban muy lento. El Pelusas parecía tener más facilidad, pero El Cuervo parecía tener un real problema de aprendizaje. Le toco poner pequeños papeles con los nombres de las cosas en italiano para que ambos aprendieran conceptos. Pequeñas frases como, saludos, disculpas, y preguntas básicas, por lo menos ya estaban más consolidados. Pero les faltaba mucho. El profesor de italiano se estaba ganando una fortuna con esos dos.
La barrera del idioma no era la única barrera existente.
El Cuervo había sido aceptado en el dominio de la princesa, pero eso no significaba que todo le fuera a ir de perlas. El hombre se tuvo que abrir espacio dentro del clan, y como es usual, muchas veces tuvo que imponerse. No permitió que le ordenaran, ni que hicieran con él lo que se les diera en gana. Al hombre le precedía su fama, todos lo del clan sabían que era un reconocido narcotraficante, y como tampoco era una perita en dulce, no fue difícil hacerse de enemigos.  Así que algunos de estos comenzaron a perjudicarlo en los negocios, lo cual lo enfurecía. Había muchos intereses encontrados,  pero  tantos años en el oficio no lo hacían tonto, y  aunque en ocasiones “se hacia el tonto” para evitar compromisos indeseados,  las serpientes y los codiciosos siempre estaban merodeando.
Los Brujahs europeos no eran siempre tan cultos como el primogénito. En realidad, se parecían a los latinos pero no tenían esa malicia indígena de aquellos nacidos en América. En realidad, la mayoría manejaba una línea idealista, y exigían respeto y seguimiento de órdenes, mientras que El Cuervo como buen “Individualista”, no se iba a dejar pisar el culo. Los iconoclastas en esta tierra tenían mala fama, como buenos anarquistas, pocas veces eran aceptados.
Pero así era el clan,  había cambiado mucho, ya pocos Brujahs manejaban la filosofía de Cartago, y pocos jóvenes se adherían a una visión erudita del honor. Eran tan raros aquellos, que se les podía contar sin llegar a los miles. La desorganización y la visión de libertad (al acomodo de cada cual) hacían al clan muy desorganizado. Los Brujah eran un conjunto de muchas verdades, y poca dirección.  Pero con todo el desorden que manejaban, su poder no podía ser negado, y mucho menos menospreciado. El Clan tiene una particularidad que otros clanes no tienen. Tú puedes tener a tu peor enemigo en el clan, pero si un día necesitas ayuda, todos los Brujah acudirán ayudarte, siempre y cuando hubiera razones de peso. Es por eso, que aunque internamente haya muchas enemistades, los Brujah siempre se cuidan la espalda.
Y es por ese motivo que nuestros protagonistas se encuentran con otro golpe del destino.
Piero Travolto, conocido por ser el azote de la ciudad, llama urgente a refuerzos de su clan para afrontar un ataque tremendo en la localidad occidente de la ciudad. El Cuervo  y el Pelusas salen armados  para afrontar lo que sea que este causando esa calamidad.
 Se encuentran en una calle angosta, la basura acumulada, hacían pensar que era un sitio inhóspito y marginal. Los sonidos de disparos se escuchaban a lo lejos, las ratas se escondían ante el ruido.
El Cuervo salió del carro. Su gabardina larga, ocultaba cuatro armas, y  rápidamente saca la de más calibre para defenderse. Le pidió al Pelusas que esperara en el carro, lo que menos quería es que su amigo, que para lucha era deficiente, se viera involucrado en alguna tragedia.
Una leve lluvia comenzaba a caer. Los disparos sonaban estruendosamente,  así como los quejidos.  El Cuervo iba caminando lentamente apuntando con su arma, poco a poco, va observando un panorama lleno de sangre. Los desgraciados no le han visto, y él tiene un ángulo perfecto para el disparo. No lo pensó mucho y dispara. Los enemigos heridos reaccionan, pero es tarde, el Brujah los había matado.
El olor a vitae inundaba el lugar, y el hombre hambriento aprovechó para alimentarse de  uno de los caídos, y en ese momento escuchó un sonido extraño.
Se levantó de un salto, y empuñó su arma. Malditos....
 Caminó hacia donde suena aquello. Lo primero que vio son dos cuerpos  de personas latinas muertas. Un hombre, con bigote, con un bolso infantil yace muerto con la mirada perdida, el segundo cuerpo  es de una mujer muy bonita,  piel canela, de unos 24 años que yacía encima de algo, y ese algo era lo que sonaba. El Cuervo entonces saca un puñal, y voltea a la mujer dispuesto a matar lo que fuera que escondiera. En ese momento, su mano  preparada para asesinar paró en seco.
Un hermoso bebé, piel canela y ojos miel le miraba debajo de su madre. La criatura debía tener por mucho unos 5 meses. No más.
Al Cuervo en ese momento le ocurría algo. Su cuerpo quedó paralizado y su rostro mostraba un alejamiento de la realidad, pareciera cómo,  si de repente su alma hubiera viajado a otro sitio.  En realidad el hombre ya no estaba ahí en ese callejón, estaba viviendo una alucinación. Y aquella parecía muy real.
Entraba al cuarto de un hospital y en una cama alta, una mujer piel canela, ojos miel y  larga cabellera lo espera con un pequeño en brazos. El niño tiene los mismos ojos de la madre.
El  hombre sonríe como un tonto, mientras estaba parado entre los cuerpos. “Es el hijo mío, y de la mona”. Creía en su delirio. “Nuestro bebé, nuestro chinito”.
 El Brujah no estaba totalmente recuperado mentalmente, las alucinaciones en oportunidades se presentaban, pero ninguna le había traído tanto placer.  Ese bebé tenía los mismos ojos de su ex mujer, y se parecía mucho a ella...
Confundido, guardó las armas, recogió a la criatura y se la llevó hacia el pecho con mucho amor. Levantó la bolsa infantil  que tenía el otro fallecido, la cual era evidentemente una pañalera. Un sonido como de un siseo salía de su boca. Papá te va a cuidar...todo va estar bien... vamos pa la casa”.
Casi en un estado de  obnubilación caminó lentamente con el bebé oculto en su abrigo largo. Dentro de sí, escucha la voz de Hanna, quien decía “¿Quién es el bebé de mamá?, ¿Quien?”, y el bebé se reía en su mente. Seguía caminando con una sonrisa, el vehículo con El Pelusas estaba a unos pocos metros.
Abre la puerta del vehículo abrazando el bulto dentro de su chaqueta. “William vámonos pa la casa”. Dice como siempre. El Pelusas lo observa con detenimiento, su amigo esta extraño, conocía ese semblante de alejamiento de la realidad.  El vehículo comienza andar e inmediatamente el gorgoteo del bebé se escucha.
-          Parce. Dijo El Pelusas con propiedad. ¿Le pasa algo?, ¿Qué guarda en la chaqueta? No se habrá traído un animal, ¿o sí? En ese momento notó la pañalera.
El Cuervo sonrió a su amigo como un bobo y procedió a mostrar lo que se  encontraba en su abrigo.
-          Mira bebé, ese es su padrino. Inmediatamente El Pelusas abrió  los ojos como dos cacerolas.
-          ¿Qué mierda es esta?  ¿Se robo un bebé? Se pone las dos manos en la cabeza, mientras gritaba. William pare el carro, ¡carajo!
El Cuervo parecía no entender y se aferraba al bebé, quien comienza a llorar asustado por el grito de El Pelusas. El carro frena sonoramente, y ambos hombres parecen que van a comenzar a pelear.
-          No llame “mierda” al chiquito, no sea atrevido. Dice el hombre acunándolo.
-          ¿Cuervo de dónde culos saco ese bebé? Grita el Pelusas, y el niño continuo llorando.
-          Es mi hijo, ¡la mona y yo lo tuvimos! ¿Qué no se acuerda? Si buste estaba por ahí. Dice convencido de sus palabras.
El Pelusas se seguía tocando con las dos manos la cabeza “no lo podía creer”. William desde el volante estaba tan sorprendido como su amo.
-          Ah Carajo, se le volvió a correr el champú a sumerced. Su cara demostraba una alta ansiedad. ¿Y horas que hago? Negó con la cabeza. William, vamos pa la casa, mañana me pongo a buscar los dueños de la criatura, Vamos.... ¡puta vida, lo que faltaba!
-          Pero señor...- replica el criado...
-          Nada Willy, ahora el man no sabe lo que habla, vamos...
-          ¡Que es mi hijo! Insistía El Cuervo ¿No ve que es idéntico a la mona? Acunaba al bebé, quien poco a poco se calmaba entre sus brazos. No grite que asusta al Steven. Al parecer el nombre imaginario del pequeño.
El Pelusas suspiraba asustado, y con un temblor en sus manos murmuraba en una esquina mientras observaba al pequeño. ¿Qué hago?.
Llegaron al apartamento. El Cuervo se dirigió a su habitación y acostó al bebé a su lado. En la pañalera había un tetero con leche. El Cuervo recordó que él le daba de comer a sus hermanos. Así que toma el biberón, se lo ofrece a la criatura, quien hambrienta bebé el contenido.
Mientras tanto El Pelusas hablaba con el psiquiatra por teléfono en otro cuarto. Quince minutos después, un poco más tranquilo entraba a la habitación, y le ofrecía a su amigo un vaso de vitae con una dosis superior a la que estaba tomando. El Cuervo se la bebió acunando a la criatura, sus ojos mostraron fascinación al mirarlo. Él siempre en su interior lamentaba no poder tener hijos, era un deseo interno al cual había renunciado dolorosamente tras su abrazo. El Pelusas llevándole la idea, le pide el niño y nota que el bebé necesita un cambio de pañal. Con  asco procedió a cambiarlo. Una vez hecho esto notó que su amigo se había dormido.
****
El Cuervo ese día sueña con algo que ya había vivido. Acababa de hacer el amor con Hanna y abrazados se encontraron esperando que cayera el amanecer.
-          ¿No sería bacano que pudiéramos tener chinos? Le decía el hombre a la mujer mientras acariciaba  su cara. Yo creo que si fuera así, buste ya tendría como cinco hijos míos.

Hanna sonrió mirándole a los ojos enamorada.

-          ¿Qué dices? ¿Me imaginas con cinco niños? ¿Uno detrás de otro? ¿Estás loco? Lo anterior lo dijo con cariño, no con su usual descalificación.
-          Solo imagínese un bebé con tus ojos mi reina. Sonríe. O una niña igualita de bonita a buste.
-          O un Cuervito... ríe
-          Jejeje sí, un Cuervito. Se le iluminan los ojos de la emoción. Nos darían muchas quejas en el colegio.
-          Jajajaja amor, que cosas dices. Suspiró la mujer un poco melancólica. Sabes que no podemos tener hijos. El Cuervo la mira a los ojos.
-          Lo sé mi reina. La acaricia. Lo sé.... aunque a veces, es bonito soñar.
****
Despertó con un dolor en la cabeza y mareo. Se sentía muy dopado. El sonido de un bebé llorando se escuchaba. El Cuervo se levantó casi tratando de no caerse, se sentía casi como los primeros días de la hospitalización. De repente recuerda lo  que ocurrió, pero ya con otros ojos, era consciente de la realidad. Abre la puerta y se dirige tambaleando hacia donde está el nene. Observa que William lo tiene en sus brazos y el  inmediatamente lo carga, y casi mágicamente el pequeñuelo se calma.
-          Cuervo tenemos que hablar. Dice el Pelusas a su espalda. Ese culicagado no me dejo dormir.
El Cuervo se voltea hacía su amigo, le hace un gesto con la cabeza. William salió de la habitación y los dejó solos. El hombre le reclamó sabiendo que en ese momento sí era dueño de sus actos. Después del usual “regaño”, donde El Cuervo no hizo más que bajar la cabeza, comenzó a interrogarle sobre los padres del niño.
-          Estaban muertos, los manes esos los mataron. Dijo el hombre. Lo encontré debajo de la mamá.
-          ¿Y porque carajos se le dio que era su hijo?
-          Parce discúlpeme, se me fueron las luces, el chiquito tiene los mismos ojos de la mona...
-          No solo se le fueron las luces hermano, ¡se le fue la central eléctrica! Repicó con sarcasmo.
-          Pero igual, los papás están muertos, ¡nos lo podemos quedar! Dijo en tono esperanzado
-          ¡¿Cómo?!... No señor, usted no está ni tibio, ¿Qué vamos hacer con un bebé buste y yo? Ni que fuéramos maricones pa andar criando niños, no señor.
-          Pero parce ¡el bebé necesita una familia!; y yo pos tengo platica, al chino nunca le faltara nadas. Insistía.
-          Cuervo. Habló el Pelusas muy serio. Póngase a pensar. Lo miró señalándole la criatura. Imagínese que una noche buste amanezca de mal genio, y se trague al chinito...¿cómo quedaría buste? Lo observó con sensatez. No hermano, los bebés humanos y los vampiros no se mezclan...
El Cuervo ante ese argumento no pudo hacer otra cosa que aceptar el riesgo. No se perdonaría si por accidente  fuera a matar a la criatura. Abrazó al chinito llorando, sabiendo que se había formado una ilusión falsa en su cabeza.
-          ¿Tons que hacemos? Y yo no quiero dejarlo en el bienestar, en ese sitio los niños sufren mucho. Añadió triste el hombre
-          Pos le buscamos papás, unos que sean buenos, una de esas parejas que no pueden tener hijos, y se los damos...
-          Pos será... pero escogemos unos que lo quieran mucho.
-          Tranquilo parcero, que vamos a escoger bien los paes del chino. Terminó de decir El Pelusas.
Y así ocurrió. El bebé duró solamente una semana con ellos y  tras mucho análisis encontraron una pareja de latinos en Florencia que deseaban adoptar, pero que por recursos económicos los habían sacado de la lista de aspirantes. Ambos padres eran personas de bien, y sin dificultades serias. El Cuervo, con lágrimas en sus ojos, le entregó el bebé a una mujer, quien sería la encargada de llevar el pequeño a donde su nueva familia, y con el angelito iba un maletín con  un millón de euros.
“Adiós mi chinito, me hubiera gustado ser su pae, pero los verdaderos lo están esperando, se le quiere”
La mujer tomó al bebé y se fue en un auto que poco a poco se fue alejando.
El Cuervo tuvo que aceptar que vivir la ilusión de tener un hijo había sido agradable, pero que había sido muy doloroso aceptar que él con todo el dinero que tenía, no podía darle un hogar.
Esa noche tuvo otro sueño. Recordó otra escena de su pasado.
Habían dos bebés encima de una cama humilde, sucia y descuidada. Él tendría unos 6 años, era muy pequeño, pero estaba encerrado con ellos. Mamá no estaba, regresaría tarde, pero él ese día tenía que cuidarlos, darles el tetero de panela con leche y cambiarles el pañal. Eran sus hermanos: su sangre. Mamá luego los abandonaría y ellos se irían lejos, serian adoptados por italianos.
El Cuervo despierta con la expresión de haber recordado algo.
 “Un momento, ¿Cómo no me di cuentas antes?.. Italia, mis hermanitos están acá...los bebés vinieron para acás.” Se sienta en la cama ansioso.
“Tengo que encontrar a los bebés”

jueves, 8 de abril de 2010

Secreto riesgoso


Dieter Schaeffer, un hombre de clara ascendencia alemana, está sentado en su oficina, su rostro refleja una gran preocupación. Desde hace mucho tiempo estaba manejando un alto nivel de exigencia. El cargo de regente de Los Angeles, en los Estados Unidos era un cargo codiciado por muchos. No por nada, es el líder de su clan en una de las ciudades más famosas de Norteamérica y con mayor población; una ciudad con extremas riquezas pero a su vez con dificultades enormes. El Sabbat siempre había hecho incursiones en la ciudad, y algunos aseguraban que cierto Arzobispo Lasombra quería retomar el poder.  Adicionalmente, tenía como responsabilidad apoyar al principado en las necesidades,  que fueran prioritarias para la protección de La Mascarada  y del gobierno. La ciudad manejaba un nivel de interculturalidad importante, al ser uno de los lugares con mayor número de inmigrantes, y lógicamente, esa complejidad cultural hacía que los conflictos  fueran pan de cada día. La inmigración, de manera consecuente, no implicaba el traslado sólo de humanos, sino también de vástagos de todos los clanes. Era una ciudad difícil y peligrosa, y él había sido escogido por el círculo interno para liderarla.
Sin embargo, todos esos factores problemáticos no eran lo que le preocupaba. Hace varios meses se encontraba en una encrucijada bastante molesta, que implicaba a su propio clan.
Era consciente que había desobedecido una orden directa de su superior inmediato. Había sido difícil tomar la decisión de cumplir las órdenes de “manera incompleta”. La capilla, y su permanencia en ella como líder, estaban en riesgo, él era el sostén del clan en la ciudad. Sentía que se había ganado de manera legítima el respeto de los suyos, y su única intención era continuar el crecimiento y fortalecimiento del clan, desde las bases del conocimiento.
Sin embargo, lo que había ocurrido con uno de sus aprendices de niveles superiores no le gustaba; y lo peor, es que todo aquello era un síntoma de “pasos de animal grande que se acercaban”. Algo estaba mal, “muy mal”, algo podrido se estaba cocinando, y él lo sabía. No sabía qué estaba por ocurrir, pero podía darse cuenta que cuando políticamente se unen varios factores, como piezas  aisladas, el rompecabezas puede dar un panorama muy negativo.
Tenía frente a él un papel que ya había leído y que iba a proceder a destruir.
Era una pena que Alexander Rowan estuviera pasando por esto. En realidad, lo lamentaba a nivel personal. El sujeto había sido un gran apoyo para su gestión. Un hombre profesionalmente excelente, con una gran habilidad para realizar proyectos, y que para la capilla era valioso en razón de sus buenos resultados. A pesar de que, al comienzo de su administración, le habían dado las peores referencias, pudo darse cuenta de sus reales capacidades y por tanto las aprovechó a favor de la capilla.
No podía negar que personalmente lo apreciaba, en parte porque él le apoyó de manera constante cuando llegó a Los Ángeles, trasladado de una pequeña capilla rural.  Notó inmediatamente sus buenas intenciones, cosa que no fue así con otros aprendices. La rotación de vástagos del clan en una capilla siempre es constante, muchos vienen y van, pero Rowan, por cierta restricción disciplinaria, permaneció siempre constante en el edificio. Fue toda una sorpresa cuando cayó enfermo, y una lástima cuando se enteró que su aprendiz de confianza quedaría limitado a una silla de ruedas por el resto de su existencia. La maldición que se le había impuesto era un fiel reflejo de una mente retorcida e inhumana.
El regente Michael Oren nunca le cayó en gracia ni siquiera cuando, era un aprendiz  de séptimo círculo,  unos años atrás cuando llegó a Los Ángeles.  Era evidente su obsesión y su insana necesidad de resaltar. Muchas veces sintió que al hablar con él estaba al frente de un político mentiroso. Fue después cuando tras estudiar su gestión, y tras una advertencia de Rowan, que decidió delimitarle funciones.   Era consciente que eso era lo que había desatado la ira de Oren, en contra de aquel que estaba tratando de ocultar.
Se tocó la barbilla, miró la nota por última vez y la quemó.
Los pasos de su chiquillo los podía reconocer desde la distancia. Golpea la puerta y entra haciendo un signo de respeto.
Edward Jackson, era un hombre joven, moreno, de complexión atlética, que tenía una licenciatura  en física de la universidad de Oxford, un muchacho muy inteligente, pero a la vez muy torpe. Schaeffer se había prometido enseñarle no solo taumaturgia, sino también  humildad, después de darse cuenta que el joven estaba desviando el camino. En algún momento sintió que se había equivocado al abrazarlo, dado que  comportándose como “el chiquillo mimado del regente”, había desarrollado una pandillita de iguales, que se había dedicado en un tiempo a atormentar a algunos aprendices de círculos inferiores. Sin embargo, tras un hecho algo lamentable, decidió poner en regla a su chiquillo. Estuvo castigado por siete meses, y después de eso, todo beneficio que deseara tendría que ganárselo. El muchacho le había pedido de todas las maneras posibles que le perdonara; estaba realmente arrepentido por su comportamiento, pero aún así Schaeffer no iba a dejarle las cosas fáciles. Tenía técnicas pedagógicas más efectivas que no incluían el maltrato.
-          Con permiso señor. Dice el joven  con aire algo nervioso,  desde que había sido castigado, buscaba constantemente la aprobación de su sire.
-          Sigue Edward, ¿lo conseguiste? Dice el Regente de manera amable
-          Sí señor. Le muestra un libro antiguo. Mathews descubrió que se había caído por detrás de la repisa. Sonríe. Por eso no lo encontrábamos. El regente suspira al escuchar lo anterior, no podía soportar la existencia de libros en desorden.
-          Debo hablar seriamente con Mathews. Gracias Edward, puedes ir al laboratorio, espero que estés leyendo los tomos que te asigne, en treinta minutos voy para allá.
-          Sí señor.
 Dice el joven disponiéndose a salir de la oficina, y en ese momento, se escucha que golpean nuevamente. Edward abre la puerta, y se hace un lado, dejando entrar a los recién llegados: Dos hombres del clan entran a la oficina.
 Primero ingresa un caballero de  cabello negro, ojos castaños y lentes, vestido con  traje,  que como  un signo de respeto, se quita el sombrero al ingresar.  El segundo, de apariencia menos elegante, gafas, ropa sencilla, andar inseguro y algo encorvado, se asoma al umbral de la puerta.

La mirada de este último se posa por un segundo en Edward, y éste simplemente dice. Buenas noches. Baja la cabeza y sale de la oficina.
El regente observa por un momento lo anterior y sonríe complacido. Una de las víctimas de su chiquillo acababa de entrar por la puerta. “Creo que Jackson se ha ganado una recompensa, esta vez no lo miró con odio”, piensa mientras  observa a los recién llegados. Eran Diego García, aprendiz  de séptimo circulo procedente de Latinoamérica y Terence Fowles, el chiquillo de Rowan, quien había sido “adoptado” por García tras la enfermedad de su Sire. El primero había desarrollado una relación cercana con Rowan, desde que llegó a Los Ángeles, hace más o menos dos años. Era un hombre proactivo que se había encargado de representar al clan con las comunidades latinas, trabajo realmente arduo, teniendo en cuenta el contexto de Los Ángeles. Se había caracterizado por un papel bastante positivo hacia la capilla, y su forma de decir las cosas de manera abierta. La honestidad le gustaba a Schaeffer, aunque este latino a veces podía ser algo impulsivo. Fowles por su parte, era un misterio para el regente. En realidad, más de una vez se preguntó  bajo qué concepto había escogido Rowan a ese hombre. Era un individuo evidentemente inteligente, tenía una habilidad de expresión escrita mayor que la verbal, pero era muy pasivo, demasiado para su concepto. Esa característica de personalidad era lo que lo había hecho propenso a las bromas y desajustes de Jackson, quien al verlo débil, había aprovechado para hacerlo  victima de sus bromas de mal gusto. Rowan tendía a sobreproteger a Terence, y en oportunidades le reprendía con fuerza por su pasividad, pero el hombre no parecía cambiar de actitud. El muchacho estuvo a su lado todo el tiempo durante la enfermedad, y apoyó en lo que pudo, lo que le había dado un buen concepto al regente. Sin embargo, las funciones que él podía hacer en la capilla eran muy limitadas, posiblemente en la biblioteca fuera útil.
Ambos hombres acababan de llegar de viaje. Estaban visitando a Rowan. El Regente arregló todo, para que, sin  estar enterados, fueran llevados a donde estaba el enfermo, bajo total secreto. Una vez ahí, se le entregó a García una carta con indicaciones.
El regente los mira con una sonrisa e indica que cierren la puerta. Su oficina está protegida para que la información no se filtre, así que no se debe preocupar por el tono en el que habla.
-          ¡Garcia, Fowles!, sigan y tomen asiento.  Ambos hombres lo hacen, y bien, ¿cómo esta él?
García, que mantiene su sombrero en las piernas, con su característico acento latino dice:
-          Señor, está estable. Hace un gesto de preocupación. Aunque , si debo ser honesto, se ve muy demacrado.  Terence Fowles  permanece en silencio y  mira a García por un momento, compartiendo el juicio de su tutor. Le  manda saludos a usted, y manifestó extrañar la capilla.  Esta frase va acompañada con un leve suspiro, como quien trata de controlar sus palabras y emociones. El “parcero” (palabra dicha en español, que significa amigo)  se animó bastante al vernos, sonríe levemente, le agradece que nos haya enviado
El regente escucha el corto informe entendiendo, que la situación es complicada. Ya había recibido una carta de Rowan, donde  le suplicaba le dejara morir.
-          Entiendo. Dice serio. Acabo de leer el informe que me entregan los sanadores, espero que por lo menos eso ayude a mejorar la depresión que presenta. Los mira a ambos. Quiero recordarles que lo que vieron, escucharon o hablaron es secreto, no pueden comentar esto con nadie, mira a Terence, recuerde que usted no sabe dónde está su Sire, sólo sabe que salió de la capilla y no lo ha vuelto a ver. Dice con gravedad. No se puede filtrar información ¡de ninguna manera! La seguridad  y estabilidad de la capilla depende de eso, y no solamente eso, de la vida de Rowan dependen muchas cosas, hace una pausa y suspira. Lamento que esté sufriendo tanto...
Mira al chiquillo de Rowan nuevamente.
-          Me entregaron esta carta para usted Fowles, me dijeron que usted ya tiene conocimiento sobre este particular. Léala en su habitación, tome los datos que necesite y luego destrúyala. Lo mira serio. Tómese el tiempo que necesite para pensarlo. Lo observa a los ojos. No es obligación que acepte., y puede sentirse con total libertad de decidir lo que le convenga, en siete meses puede darme su respuesta, o antes. ¿Entendido?
-          Sí señor. Responde brevemente el hombre, mientras García lo mira con curiosidad.
-          Bien, puede retirarse.
El hombre, con la carta en mano, sale de la habitación con su usual caminar lento. Diego García espera un tiempo prudencial y habla bajo.
-          ¿Señor no se puede hacer algo más?, es que....

-          Diego. Dice el regente de manera más personal. Estoy maniatado, añade de manera confidencial, el pontífice cree que Rowan, a voluntad,  huyó de la capilla, y me ha amonestado por ese aspecto. Lo mira fijamente. Si McArthur se entera que yo fui el que arregló su salida, me destituye. Continúa diciendo en voz baja. lo cual empeoraría la situación. No puedo ayudar a Rowan si no soy regente,  comprenda que estoy arriesgando mi vida, la seguridad de la capilla y  la de todos los aprendices.  Se explica.

-          Entiendo señor, pero debemos hacer algo contra Oren. García se acomoda las gafas. Yo hablé con el curador tratante como usted me lo pidió y él me explicó que Rowan sufre una nueva maldición en intervalos de dos a cinco días, niega con la cabeza, “El maldito” (palabra que dice en español) de Oren se encarga de mantenerlo en cama, y señor, él  está “muy” enfermo. Hace una pausa, y se toca levemente la frente. Ave María, comprendo por qué pidió que lo dejaran morir.  El hombre con acento latino, en tono apasionado prosigue.  Puede que los rituales lo mantengan vivo, pero en parte lo están torturando. Dice entonces con convicción. Debe existir alguna forma de parar a ese malnacido.

El regente hace silencio. Sabe que lo que dice el aprendiz es cierto, pero cree que él no comprende toda la complejidad del asunto.
-          Desafortunadamente,  no puedo hacer más. Mira a Diego a los ojos. Estoy moviendo mis contactos, pero no puedo ser muy obvio. Estoy seguro que están vigilando mis movimientos. Lo que sé, es que Michael Oren está muy protegido, y McArthur no es el único que  está cuidándole la espalda, hay que andar con pies de plomo.
Por el momento Diego, te voy a pedir que continúes con tus actividades normalmente, en algún momento te necesitaré, pero  por ahora no... Hace una pausa pensativo y lo mira como entregándole un mensaje importante, y Diego, si me llegan a llamar a Viena, sólo di que yo estaba comenzando a actuar extraño y que daba órdenes sin sentido...

-          Ave María ¿Otra vez?.. (dice en español) digo, titubea, y al hacerlo el regente se sonríe...  Pero señor,  eh... no creo que sea prudente, en realidad yo. El regente lo interrumpe.

-          Lo sé. Dice el antiguo, Sería muy extraño, pensarían  que tienes la maldición de enloquecer regentes. Sonríe, sin embargo al hombre ese comentario no le ha hecho ninguna gracia. Lo que intento decirte es que, si caigo yo, no quiero que ninguno de los aprendices de la capilla sean implicados en esto. Lo mira nuevamente a los ojos.
García, hay cosas que te enterarás en su momento,  y sólo te pido que confíes en mi. Dice casi melodiosamente. No por nada tengo 478 años en las filas del clan, sin embargo, esta situación no tendrá una solución rápida, por favor. Recalca eso. Comprende que Rowan va estar hospitalizado un tiempo largo, y  aunque lamento su sufrimiento, estoy haciendo lo que puedo de manera estratégica para beneficiarlo. Y añade con un tono algo misterioso. A él y al clan.
García hace un gesto de frustración, seguramente no esperaba esa respuesta. Internamente quería buscar la forma de acabar  rápido con Oren y sus maldiciones. La idea de esperar le parecía ridícula, cuando su amigo y colega se estaba pudriendo en una cama. Se notaba que trataba de controlarse para hablar.
-          Está bien señor. Se levanta tomando su sombrero, su rostro es muestra de la decepción y disgusto. Sólo espero que  sus acciones tengan buenos resultados. El timbre de su inglés con acento hispano es serio y tajante. Un hombre que le sirvió a usted y a la capilla está esperando ayuda, ha sido muy valiente  al soportar quedar discapacitado, y adicional a eso, tener que vivir con un dolor constante sólo porque un cretino se levantó un día “de puro desparche”  (Frase que dice en español)  con ganas de joderle la vida. Mira al regente a los ojos. Y sabe señor, eso ya lo he vivido y también la impotencia de no poder hacer nada. Niega con la cabeza. Perdí mucho, y me costó recuperarlo, así que sé cómo se está sintiendo Rowan en este momento. Hace un gesto en su rostro de tristeza. Yo le ayudaré en todo lo que esté a mi alcance, pero no se olvide que hay un hombre sufriendo.

-          Nunca lo he olvidado. Dice tranquilamente, consciente de que está arriesgando su pellejo.
Respetuosamente  García se despide y sale de la oficina. El regente puede escuchar una expresión de desagrado en español mientras él camina por el pasillo. No le sorprendía, en parte, esperaba esa reacción.  Diego García era un hombre apasionado,  desde que llegó a la capilla demostró ser un vástago con convicciones, era claro que la convivencia con cierto Brujah lo había influenciado.
Se quedó pensativo un momento, y posó su mirada en el libro antiguo que su chiquillo había traído. Lo abrió tranquilamente y tras varios minutos de lectura, encontró lo que buscaba. Era arriesgado, pero, no se podía descartar. Podía ser el último de los recursos, si todo lo demás fallaba.
Inmediatamente sacó un papel, y comenzó a escribir una carta.
Tiempo después, a muchos  kilómetros de distancia, un hombre con horribles ronchas en sus manos recibe un paquete. Su cara pálida y desgastada sonríe al leer la nota que va anexa al  mismo. Con mucho esfuerzo, pasa de la cama a su silla de ruedas, y se dirige, con el paquete, a un escritorio cercano. Lo abre y se da cuenta que es un libro. Sin dudarlo, comienza a leer.

domingo, 4 de abril de 2010

Las Italias


El viaje en avión había tenido mucha turbulencia, no solamente en el aire, sino también en los corazones. El Pelusas observaba a su amigo de lejos y se preguntaba si realmente había hecho lo correcto.  El Cuervo estaba en una silla cómoda con los ojos cerrados frente a él. Desde que  comenzaron los problemas sentía que la relación se había deteriorado. Antes casi no peleaban y ahora se la pasaban agarrados.  Casi podía sentir los pensamientos de su amigo, esa habilidad la adquirió casi mágicamente meses después de su abrazo. No le leía los pensamientos pero tenía la seguridad de cómo se sentía en ese momento. Su tristeza le calaba hondamente en sus sentimientos. Amaba al cretino como un hermano, y su dolor se había convertido también en el propio.
Básicamente si no fuera por su “parcero” el no sería nada, y sin embargo no puede negar que a veces sentía algo de rabia por aquello que lo había convertido.
Como siempre le había ocurrido en su vida, por errores de terceros, él era pagano.  El Cuervo lo abrazo, sabiendo que él no se adaptaría a dicha forma de vida, la primera alimentación fue realmente traumática, y aún El Pelusas la recuerda con culpa. Desde entonces solo se alimenta de sangre refrigerada.
El sabía que era un brujah atípico, dado que, sus habilidades para la lucha eran escasas, y de ideologías pues “tampoco”. Le gustaba vivir tranquilamente, y no era que le gustara trabajar. Era consciente que el Cuervo le había dado muchas comodidades, en parte para borrar la culpa que tenia él por su abrazo. Sin embargo, dentro de su poca equivocación se daba cuenta que su amigo no hubiera sobrevivido a esta crisis si no fuera por él.
Con toda esta situación había descubierto un lado de él que no conocía: La responsabilidad.
Ni siquiera con su ex mujer y sus hijos había cumplido sus obligaciones. La mujer lo abandono por su poca voluntad para  trabajar y aportar a la familia, pero ahora, curiosamente, a partir de la crisis de su amigo, se dio cuenta que si no hacia algo, todo se volvería mierda.
Es curioso, El Cuervo era visto como el fuerte,  como el hombre de negocios ñero que no se le pasaba ni media, y El Pelusas era el débil, su secretario.  Ahora los papeles se han cambiado, su amigo había demostrado una gran fragilidad, y él una gran fortaleza. El padre ahora era el hijo, y el hijo era el padre.
Llegarían a Génova en 20 minutos y ya allí  comenzarían de nuevo, no podía negar que estaba nervioso, no sabía que les esperaba.  Sus contactos estarían ahí, todo estaba listo. Se presentarían a la princesa una vez se hayan instalado.
En ese momento se inclina  un poco y  toca levemente al Cuervo.
-          ¿Parce está bien?
El hombre abre los ojos , sonríe sin ganas y murmura casi como si estuviera contando un secreto.
-          Estoy cagado del susto
-          Ehh...Yo también. Baja la cabeza y lo abraza a su amigo de medio lado. Va a ver que cuando lleguemos a las Italias nos adaptamos, contratamos un profe que nos enseñe los italianos, y seguimos nuestra vida. Sonríe. A lo bien, que yo nuncas pensé irme por acas, al otro lado del charco parcero, eso de las Europas, esa joda  es como algo que yo nuncas pensé conocer. Se ríe. Y sabes que quiero, me voy a poner a estudiar computadores parce, y buste de paso, así aprendemos esa joda de la tecnología porque pal negocio eso del internet es como importante. Se carcajea. Y, a lo bien, luego nos conseguimos dos hembritas de esas italianas y  les hacemos el favor.
El Cuervo por primera vez en toda la noche sonríe, y en ese momento el piloto anuncia que están a punto de aterrizar.
-          ¿Me explica otra vez a donde vamos?
-          A las Génovas
-          Ahhh, ese lugar tan raro, tiene nombre de comida...¿Ahí venden esas jodas de carne?. Dice pensando en una comida  popular base de carne que le llaman así en Colombia.
-          Pos claro. Contesta el Pelusas. Uno pa que va a las Génovas, si no venden esa joda, es como ir a Francia y no comer papas a la francesa...
-          Uy parce, buste si que es entendido, por algo buste estudio más que yo...lástima que ya no pueda comer, le mandaría génovas a la mona..
El Pelusas lo mira como si lo hubiera insultado
-          ¿Buste cree que la mona me extrañe? Dice el hombre melancólico.
-          Pos no se, lo mira de reojo tratando de ocultar su enojo, puede que sí, puede que no. se acerca un poco y le dice. Lo que sé es que independiente de esa joda, la hembra se porto mal con buste, y aquí el su merced presente no se da cuenta de eso. El Cuervo baja la mirada. Es que a lo bien, que se porto con buste como si lo odiara... y parce, buste no se merecía eso.
-          Tal vez si me lo merecía. Dice el otro melancólico pensando un poco en todas esas veces que coqueteo con otras mujeres.
-          ¿Es que usted es Huevón o qué?. Se molesta el Pelusas por la respuesta del otro.
-          Eso mismo decía ella. Responde el Cuervo casi automáticamente
-          No lo dudo..... ¿a buste que le pasa carajo?. Se levanta disgustado.  No pues, siga en el papel masoquista, seguro así la hembra lo va a valorar.
El Cuervo baja la cabeza entristecido y en ese momento anuncian que en están sobrevolando el aeropuerto. En cinco minutos aterrizarían. Habían llegado a su destino.
***
Italia, un lugar nuevo y desconocido para este par de hombres. Atrás dejaron su patria, esa que los vio nacer , morir y seguir viviendo. La ciudad portuaria de Génova, es tan diferente a Colombia que inmediatamente este par de hombres mal educados se dan cuenta, que ya no están en casa. Ambos internamente, comenzaron a sentir como habían perdido algo. Eran demasiados duelos para El Cuervo. Todo es diferente. La arquitectura es distinta, el mar está cerca, la gente viste con una moda extraña y,  el idioma, que el Cuervo confunde con inglés, es en realidad: italiano.
 Son recibidos por un hombre que conocen, no confían mucho en él, pero lo conocen, es uno de los distribuidores de droga local, socio del Cuervo, alguien que no comprende porque están ahí, pero que los recibe.
Inmediatamente los lleva a un gran apartamento a las afueras de Génova, un lugar lujoso que ocupa un piso completo de un edificio, pequeño en relación a lo que era su casa y cómodo a la vez. El  lujoso apartamento amoblado ya había sido comprado desde antes, lógicamente no se escatimaron costos, y sin embargo, a pesar de su belleza, no era el hogar que el Cuervo y el Pelusas esperaban.
Una patada invisible en el estomago al llegar fue lo que sintieron. Sin embargo, lo quieran o no,  este apartamento tendrían que volverlo su hogar. Solo eran ellos dos, y claro,William, su fiel criado. El único que viajo con ellos, y el único que sabía la verdad del porque se iban.  El Cuervo estaba pensando en abrazarlo, pero por ahora sus planes habían cambiado. No podía entrenar un nuevo chiquillo cuando mentalmente se encontraba débil. No estaba seguro de nada.
La diferencia horaria  de un país al otro era  bastante, no contaron que al llegar amanecería tan rápido. Prontamente cayeron totalmente dormidos en sus camas, mientras varias cajas se amontonaban en el pasillo.  Las mudanzas son fastidiosas.
Ese día, mientras ambos dormían soñaron con su país, con las personas que habían dejado, con aquellos que apreciaban y con aquellos que odiaban, era una confusa situación de añoranza que no entendían. Cuando despertaron la noche siguiente, se sorprendieron al no estar en Colombia.
El Cuervo se levanto atontado, la maldita medicación le hacía dormir más de la cuenta. Mientras estaba sentado con su pecho desnudo en el margen de la cama,  sintió que no sobreviviría o saldría adelante de su desdicha. Miro nuevamente el lado de la cama vacio, se acordó de ella y de su fría despedida. Era claro: No lo amaba. Nuevamente comenzaron los interrogantes y las culpas, se acordó de todas aquellas veces que de manera inmadura coqueteo con otras mujeres, y debía aceptarlo, él no había sido el santo en esa relación. También se equivoco y mucho.
Luego las imágenes mentales pasaron curiosamente aquellos que habían compartido con él en el manicomio. ¿Víctor habrá sido dado de alta?, ¿y cómo estarán Rafeo y Romano?, esos tres para él eran un misterio, pero en el tiempo que estuvo ahí comprendió mas de ellos que ningún otro vampiro; y el “dotor”, ¿cómo estará?.... y ¿Cómo estará ella?
Antes de que pudiera hundirse en su depresión, la puerta se abre, y William hace aparición con la medicina. El Cuervo murmura una vulgaridad al verla, pero se la toma, sin quererlo se había acostumbrado a esa porquería. Poco después, se siente más relajado y procede ha arreglarse. La caja que le dio el príncipe estaba cerca, así como la carta de recomendación. Trato de leerla en el avión pero estaba en inglés, perdón, italiano.
El Pelusas por su parte también había amanecido deprimido, las imágenes de su ex mujer y sus hijos lo atormentaron toda la noche, no podía culpar a su naturaleza por la pérdida de aquellos, él actuó  en plena conciencia cuando aún era humano. La niña mayor cumpliría quince años en  septiembre, el menor entraría a los doce. Igual, ellos están mejor lejos de él. Nunca fue un buen ejemplo.
El Cuervo extrañado por la nula presencia del Pelusas va a buscarlo. Sabe que esta triste, tienen un vinculo especial reciproco. Golpea 3 veces a la habitación, y abre la puerta. “Pelu,¿Ya podemos volver a la casita?”. Su amigo lo mira seriamente y luego sonríe. “ Tan bromista buste, severo detalle, vinimos hacer lo del bobo, bajarnos del avión y volvernos a subir, pos no... aquí nos quedamos... El Moreno no debe demorar, nos llevara al Eliseo”. El Cuervo levanta una ceja y luego hace un signo de desanimo.
Y si, El Moreno llego. Este hombre tenía varios alias, pero ellos lo llamaban el Moreno por el apellido. Sería una noche complicada, irían a presentarse a la princesa y luego, conocerían al primogénito brujah. Era atemorizante, era entrar en el dominio de otro. Aquí ambos no eran nadie. Pero se harían su espacio...
El viajar por Génova para llegar al Eliseo fue una especie de recorrido turístico. Las casas de arquitectura  antigua, poco común a las usuales en Colombia, los monumentos y los lugares extraños, eran novedades para estos hombres que miraban todos como dos campesinos que llegan por primera vez a la ciudad.
La ignorancia es atrevida, y más cuando es vista por los ojos de dos ñeros.
El Eliseo, está cerca a la Catedral de San Lorenzo. Es más, desde él se ve claramente la gran iglesia antigua que data del año 1100.  El edificio que alberga el Eliseo, es todo un palacio, un sitio con cierta armonía antigua y tradicional propia de una gobernante Ventrue. La señora  Franchesca Viveto, los recibió en un usual tono digno y desconfiado, el cual se mostro mas complaciente después de que le entregaran la carta de recomendación del príncipe, y el recado en esa pequeña caja. Inicialmente dejaba que el traductor explicara las intenciones de los recién llegados, y luego, sorpresivamente comenzó hablarles en español. La mujer nunca necesito del traductor, pero estaba evaluando la veracidad de lo que se decía. Les dio a ambos el permiso de vivir en su dominio, finalmente con una sonrisa.
Al salir del Eliseo, ambos vástagos mostraban una cara de incertidumbre. Se habían llevado un gran susto. El Cuervo no soportaba a los ventrue, en Bogotá tenía una relación de competencia con Lestrade, el primogénito de dicho clan quien lo consideraba basura. Pero ahora que estaban en un dominio sangre azul, tendría que medir sus palabras, o la muerte podría encontrarlo en cualquier esquina.
El posterior encuentro con el primogénito brujah los dejo confundidos. Ese hombre no hablaba nada de español, y en realidad, lo que el traductor decía, tampoco tenía mucho sentido para ellos. Su sire ya le había dicho que los antiguos brujah, eran extraños; pero este antiguo se parecía a un ventrue, muy culto, muy amable, pero  con nociones de justicia y honor exagerados.
Tantos conocimientos y cultura a ambos hombres los ponían nerviosos, ¿Qué había pasado con los brujah?...”En las Europas eran todos unos ñoños gomelos parce”. Concluyeron.
Al finalizar la noche ambos estaban asustados. Por primera vez en todo este tiempo no pelearon, se sentaron uno al lado del otro como dos cachorros perdidos en medio de la nada y de ambos rostros brotaron lagrimas. No sabían si llegarían a Colombia vivos.  Italia, les daba miedo, pero por mucho temor que tuvieran no iban a irse tan rápido.
Debían adaptarse, tenían que hacerlo.
Sin embargo todo no sería malo, y pronto lo descubrirían, solo tendrían que pasar unos meses.