Miguel se tocó la frente estresado y adolorido, mientras
dormía solo podía sentir el sabor de la sangre de la mujer, y algo dentro de él
sentía tremendas arcadas. Correr por el bosque con un tonto al lado esquivando
lupinos, vampiros o lo que fuera que deseara atacarlos era ya un asunto
esperado, las horas se hacían eternas
y escapar se había vuelto algo
común. Estaba de un mal humor
horrendo, mostrando quizás lo peor que
hay en él, mientras a su lado, muy cerca y de manera incomoda estaba Terence.
No le había contestado el teléfono a Diego, lo ignoraba. Solo conteataba al regente Dieter quien había arreglado que un camión le recogiera en la vía y los
llevara al aeropuerto. Las carreteras interestatales de los Estados Unidos eran
muy largas, y la situación de violencia desatada hacia una huida dificil.
¿Quién demonios le había mandado a aceptar esta mierda?
El sabor de la sangre de la mujer aún estaba en su sistema,
una sangre llena de odio, de vicio, de muerte. Miguel podía sentir mucho de esa
sangre que estaba en su sistema, era como visualizar el infierno desde una
ventana.
No la había diabolizado pero sentía la energía eterica de la
mujer en su sangre.
Miguel se preguntó cuan bajo podía caer, si la hipocresía de
una supuesta salvación era cierta, todo estos años convencido y convenciendo a
Diego que había esperanza cuando en realidad, ahora, sentía que la luz que
sentía se estaba apagando.
Había sido un mediocre y un pobre diablo, no era nadie,
aunque su sire tuviera buena generación, aunque
el fuera de una línea de brujah fuerte, él no se
sentía así. El dolor y el pesimismo lo carcomían, y el maldito papel que
llevaba lo estaba hundiendo.
Todo se trataba de los tremere, todo giraba en torno a eso,
a sus secretos, a sus rituales, a todo, él mismo aprendió algunas cosas básicas
de Diego, pero el no era mago, solo sabía
replicar algunos de sus simboles y hasta recitar algunas de esas
palabras, porque años y años las escuchaba de Diego, conocía cosas que si los demás supieran lo matarían, con tristeza pensaba que era muy seguro que cuando todo esto
terminara lo matarían, Dieter posiblemente no, pero el resto de los magos no le haría gracia saber que un pobre pendejo
conoce la mitad de las capillas de los Estados Unidos…
Sabía que posiblemente su fidelidad a los tremere sería
pagada con una daga en su corazón a la espera del amanecer.
Y sin embargo acepto
hacer este viaje suicida, yendo de lugar en lugar, recolectando firmas
como si fuera un politiquero colombiano de causas perdidas, vinculando a un ghoul cosa que se prometió no
volver hacer y llevando a cuestas el cuidado de un vampiro tarugo.
No hay esperanza.
Dijo en voz baja sin que Terence Fowles que
estaba al lado se inmutara aunque Miguel sabía que estaba escuchando.
El sabor de la sangre de esa mujer le hizo recordar el rostro de la mujer que amó en vida, esa
campesina que él quiso pero que posiblemente
él tendía a sobredimensionar su relación y su amor, y a olvidar que él
no fue exactamente lo mejor para
ella. Pensar en el amor una vez que se
es vampiro parece causar cierta ceguera de realidades pasadas, asuntos que
estaban ahí y que no se molestarían en salir porqué él ya no era humano. La
maldad que hay en el corazón oscuro de todos los vampiros, la zozobra, la
rabia, la ansia animal de sangre. Era solo dar un paso para entregarse a esa
locura y convertirse en monstruos. Pero
los recuerdos bonitos eran tan fuertes que hacían que él añorara su humanidad,
solo que había el riesgo de que en cualquier momento la realidad de lo que fue
le golpeara en el rostro.
¿Se engañaba a si mismo?, ahora que empuñaba su arma y
que la acariciaba como si fuera su amiga
se preguntaba si realmente debía entregarse a lo inevitable.
Su rostro estaba firme y sobrio lo hacía parecer otra
persona. El jugueton de Miguel había desaparecido.
Siente entonces que el vehículo para y la persona golpea la
cabina. “Señor, me acaban de anunciar
que hay un extraño control de carretera a unos 1000 metros, he decidido tomar
un desvío, ocultar la camioneta en los matorrales. Anochecerá en dos horas,
pero no puedo continuar porque es muy peligroso, he dejado suministros en la
cabaña y un mapa del sector, le deseo suerte, ojala pudiera hacer algo más por
usted”
Terence se despertó y escuchó el mensaje enviando un mensaje de auxilio con sus ojos. Lo que se escuchó luego fue como el vehículo era apeado
y cubierto por algo. Las ordenes de los
ghouls eran muy exactas y sus límites
también lo eran. No podían arriesgar a Miguel pero tampoco podían protegerle
más de sus recursos.
Miguel ignoró la mirada de susto de Terence. Una
vez sintió la presencia de de noche derrumbó la puerta del camión y se dirigió
a la cabaña. El torpe tremere lo seguía asustado. El teléfono comenzó a vibrar
de nuevo, pero él solo miró de quien era la llamada e ignoró contestar. Cuando entraron a la cabaña encontraron sangre de reserva, munición para
el arma y un mapa.
El brujah le lanzó de manera grosera los dos litros de
sangre a Terence para que se alimentara, mientras en silencio revisaba el mapa
que le habían dejado.
-¿Me vas a decir
qué está pasando?- dice por fin
Furioso Terence y esta vez sin tartamudear -
¿qué fue esa cosa que nos atacó?, ¿de qué estamos huyendo?, ¿Por qué están
poniendo retenes en la vía?
-Me sorprende que no
lo sepa. Responde de mala gana. Igual tengo órdenes de no hablar de eso.
-¿acaso debo
saberlo?- Dice en voz baja- Co-como
cree que me siento corriendo sin saber que pensar…. ¿Y- y… desde cuando usted
sigue órdenes?, ¿no era usted anarquista?
Cuestionar a un brujah sobre ser esclavo o seguir las normas
de otro era algo que el tremere sabía que le molestaría . Miguel (que
no estaba en sus mejores días) gruño deseando golpearlo y clavarle las gafas en
su cara pero prefirio mostrar su ira tomando a Terence por el cuello y levantandolo.
-“Mira pedazo de
pendejo”- dice eso en español pero terminando en inglés-deberías agradecer que no permití que te
mataran, y que te estoy salvando el
culo.
El celular comienza a vibrar nuevamente como evitando algo peor. De mala gana arroja al pobre mago al suelo.
El contesta: ¿señor?, exacto- mira el mapa- exacto…
si…
Terence en el suelo se limpia el polvo y se levanta, sus
sentidos pueden escuchar un poco el tono de la persona que habla con el
descortés brujah sorprendiéndose al
escuchar una voz conocida en el teléfono, ¿el regente Dieter?... no, no puede
ser. El regente no podía enterarse que él estaba ahí.. oh ahora sí que estaba
en problemas.
Miguel cuelga ignorando otra llamada entrante.
-Lo lamento- dice
de manera temerosa Terence- Yo… yo solo
Miguel baja la cabeza
y se muerde el labio
-Lo siento, no estoy
de humor, esto es importante. Entienda que no le puedo decir nada.
Por un momento parecía que Miguel volvía a ser la buena
persona que era.
-Es-está bien- dice
tartamudeando- yo- yo-
Miguel se voltea a tiempo para conversar y mira el mapa viendo una X que estaba marcada. Terence
se siente ignorado y ofendido, sin entender que hace el hombre con el mapa y
que realmente ocurre.
De manera automática
Miguel se voltea y le da un arma. “Tome, no
dude en usarla ”
-¿A dónde vamos?
Dice el hombre muy asustado, en parte porque no sabía si
confiar en Miguel luego de que lo había lanzado al suelo.
-La única vía que nos
puede sacar de aquí está bajo la tierra,
hay una vieja mina cerca, debemos salir de aquí, y cruzar el estado usando el suelo parece una buena idea, pero…
no sé que podamos encontrar debajo de la tierra, ni estoy seguro que haya un
grupo de Gangrels antitibu esperándonos, pero es la única vía de escape por el
momento, debemos buscar una ciudad, luego usted podrá seguir su camino.
El tremere acepto sin refunfuñar el asunto, aunque ir debajo
de la tierra sin luz no era algo que
realmente le gustara, en realidad era algo que le daba mucho miedo. Miguel le
entregó una especie de costal y le
ordenó continuar.
Miguel con su traje intacto, camina con el maletín por el
sendero, usando constantemente el arma, trata de
buscar el sector que estaba señalado, en
una zona boscosa encontrar un lugar era difícil, y más una entrada a una
mina cerrada por los años.
Mientras buscaba utilizando sus sentidos trataba de escuchar
pasos distintos a los de ellos o asuntos que sean de importancia. La entrada a
la mina era un asunto que preocupaba, pues no se sabía que se encontraría en
ella.
Afortunadamente la suerte les sonrio y llegaron a la misma.
-¿Sabe hacer fuego?, dice mostrándole unas linternas de gasolina que estaban en el saco
Pregunta el brujah al tremere
-Si-responde de
manera diligente Terence prendiendo las linternas, y ayudando a internarse en
la vieja mina mientras Miguel miraba el mapa y señalaba el camino.
La mina era estrecha y poco segura, el mapa mostraba la dirección de salida de la misma, pero no
como iban a llegar a ese lugar. Miguel no le gustaba estar ahí, era sucio,
lleno de polvo y había muchas ratas. Cuando se acercaban con la linterna se veían correr. El aire era escaso y la sensación de encierro
era evidente.
A medida que avanzaban el miedo de Terence era claro,
estaba muy nervioso y tal vez por eso era que estaba en extremo pendiente de la ruta, quería salir
de ahí lo más rápido posible, no se sentía cómodo. Su temor resultó muy útil
para concentrarse en las direcciones, tenía excelente sentido de la ubicación y cuando supo que debían salir al sur este,
se propuso a determinar cuáles vías eran
las indicadas y cuáles no.
“Por lo menos este
hombre servía para algo”- pensó de manera desagradable el
brujah mientras no se descuidaba sus pasos.
-Estamos cerca. –
Dice Terence- siento un poco más de
viento- dice metiendo levemente su dedo en la boca y fijándose en el viento y la humedad de la
saliva. Por este lado… creo que vamos
bien.
-Tu eres el
cerebrito, espero que no te estés equivocando
-No, confíe en mí. Fue
lo único que dijo sin tartamudear
Tomaron el sendero y poco a poco se dieron cuenta que las
indicaciones en relación al viento eran correctas pues a medida que se adentraban en el camino el viento estaba
presente pero también un olor espantoso.
Miguel comenzó a tocer, no podía creer que sintiera arcadas, no había
una persona tan quisquillosa con ese aspecto que él. Hubo un momento en que sintió
que vomitaría sus entrañas y todo el
vitae tomado, se agachó por un momento
tratando de controlarse.
-¿E-Es- está bien?
-Sí, huele horrible…
salgamos de aquí.
El olor era el de la muerte, el de la carne descompuesta
y la tierra. Era peor que un nosferatu
cerca, era algo que ninguno de los dos imaginaria. La tierra de la mina estaba un poco húmeda y parecía
que el moho se había tomado ciertos sectores,
si realmente no estuvieran muertos estos dos seguro estarían con crisis asmática.
-Pero porqué huele tan mal…- dice Miguel sintiendo que sus
obsesiones con la limpieza se hacían más
dicientes- por favor salgamos de aquí
Pareciera que el “valiente brujah” se estaba volviendo
papilla, y el “cobarde tremere “ lo halaba con el fin de salir de ahí. Su
constante “Vamos”, “sigamos”, “por acá”…
Lógicamente el escritor de Terence
estaba pasándola mal pero ante la adversidad era él quien se acercaba al final del camino, solo que
cuando escuchó unas palabras que le calaron con más frio sus huesos muertos fue
que realmente se cuestionó porque
demonios estaba ahí.
¿QUIEN ANDA EN MIS DOMINIOS!!!!!!?
Miguel y Terence se miraron con tanto miedo ambos que se
acercaron un poco más cuando sucedió eso como dos ratones asustados (algo
cómico si se piensa bien)
Miguel salto un gritillo cuando vio salir de la tierra
humeda esqueletos mal olientes y
putrefactos... eso explicaba el olor.
-Salgamos de acá-
dijo como un murmullo Miguel a un paralizado Terence
Con el cuchillo de combate en mano y los puños Miguel comenzó a destrozar los
esqueletos más próximos y sintió como
el fuerte crujir de los huesos cuando se
cortaban no era para nada débil esos seres estaban reforzados y realmente eran difíciles
de combatir.
-Mierda, debemos
salir de aquí, utiliza lo que puedas para
ayudarme… demonios.
Correr con celeridad llevando a muchacho a cuestas era difícil
cuando de repente una pared de bichos apestosos te cerraban el paso, Terence disparaba de manera
torpe y casi nunca dando en el blanco, mientras Miguel utilizando
celeridad descabezaba y desmembraba esqueletos que no dejaban de
salir.
Miguel estaba muy asustado y no sabía cuánto tiempo podía aguantar.
-La Luz, allá!... la
salida.- grito de manera casi agónica Terence.
Miguel tomó a Terence como un muñeco y salto utilizando potencia sobre los seres
apestosos, una y otra vez hasta salir por
al exterior. La luz de la que hablaba era la de la luna y la de unos
focos en la entrada… de un cementerio.
¡A mierda!... ya era
claro en los dominios de quienes se habían metido.
De las tumbas salían más cuerpos en putrefacción, y mientras Miguel saltaba de nuevo tratando de
liberarse, un esqueleto realmente
fuerte los pateo a los dos aplastándolos
contra un muro. Terence con el golpe quedo
confundido, y casi inconciente mientras veía como
Miguel agotado peleaba contra la horda de
seres mientras en su confusión podía escuchar la vibración de algo muy cerca de él. Miró
confundido y se encontró con el teléfono de Miguel , vibraba y vibraba. Terence
lo único que se le ocurrió fue contestar, estaban en tantos lios que seguro
alguien podía ayudarlos a salir del aprieto.
-Hola- responde
en inglés
-¿Maldita sea Tres-se
cómo demonios no contestas?
- Diego… eh- eh…
señor, Mi- Miguel está- suspira
adolorido- peleando contra unos
zombies.. ahhh yoo, estoy herido…
Al otro lado de la comunicación Diego abre los ojos
como cucharas soperas sintiendo un
corrientazo de temor en todo su cuerpo, ese no era Miguel, y la voz de quien
escuchaba era conocida, pero él no debía
estar ahí… ¡No- no – No!, ¿qué estaba
pasando?
-¿Terence?
-Si señor… no hay
mucho tiempo… son muchos
-Escúchame, recuerdas
que te enseñe a lanzar fuego…. Hazlo..
-Pero, no puedo
mucho, mi llama es muy- muy pequeña
-Hazlo!!!.... Ahora,
te lo ordeno.
Terence se concentró y vio de reojo la lámpara de gasolina
que llevaba, lanzo la misma hacia los
zombies y luego de gastar mucha voluntad lanzó una llamarada suficiente para
que la lámpara se convirtiera en una bomba.
El fuego realmente amedrentó a
los zombies, quienes se alejaban de él mientras Miguel también herido y
utilizando sus últimas reservas de sangre combatía la turba. Terence entonces levantándose
y cojeando repite la acción logrando alejar a los bichos, lo suficiente para
que en un último esfuerzo lograran salir del cementerio hacía la vía principal,
robar un auto y huir.
