domingo, 29 de noviembre de 2015

Terror bajo tierra



Miguel se tocó la frente estresado y adolorido, mientras dormía solo podía sentir el sabor de la sangre de la mujer, y algo dentro de él sentía tremendas arcadas. Correr por el bosque con un tonto al lado esquivando lupinos, vampiros o lo que fuera que deseara atacarlos era ya un asunto esperado, las horas se hacían eternas  y  escapar se había vuelto algo común.  Estaba de un mal humor horrendo,  mostrando quizás lo peor que hay en él, mientras a su lado, muy cerca y de manera incomoda estaba Terence. No le había contestado el teléfono a Diego, lo ignoraba. Solo conteataba  al regente Dieter quien había arreglado que un camión le recogiera en la vía y los llevara al aeropuerto. Las carreteras interestatales de los Estados Unidos eran muy largas, y la situación de violencia desatada hacia  una huida dificil.
¿Quién demonios le había mandado a aceptar esta mierda?

El sabor de la sangre de la mujer aún estaba en su sistema, una sangre llena de odio, de vicio, de muerte. Miguel podía sentir mucho de esa sangre que estaba en su sistema, era como visualizar el infierno desde una ventana.

No la había diabolizado pero sentía la energía eterica de la mujer en su sangre.

Miguel se preguntó cuan bajo podía caer, si la hipocresía de una supuesta salvación era cierta, todo estos años convencido y convenciendo a Diego que había esperanza cuando en realidad, ahora, sentía que la luz que sentía se estaba apagando.

Había sido un mediocre y un pobre diablo, no era nadie, aunque su sire tuviera buena generación, aunque  el  fuera  de una línea de brujah fuerte, él no se sentía así. El dolor y el pesimismo lo carcomían, y el maldito papel que llevaba lo estaba hundiendo.

Todo se trataba de los tremere, todo giraba en torno a eso, a sus secretos, a sus rituales, a todo, él mismo aprendió algunas cosas básicas de Diego, pero el no era mago, solo sabía   replicar algunos de sus simboles y hasta recitar algunas de esas palabras, porque años y años las escuchaba de Diego,  conocía cosas que si los demás supieran  lo matarían,  con tristeza pensaba que era muy seguro que cuando todo esto terminara lo matarían, Dieter posiblemente no, pero el resto de los magos  no le haría gracia saber que un pobre pendejo conoce la mitad de las capillas de los Estados Unidos…

Sabía que posiblemente su fidelidad a los tremere sería pagada con una daga en su corazón a la espera del amanecer.

Y sin embargo acepto  hacer este viaje suicida, yendo de lugar en lugar, recolectando firmas como si fuera un politiquero colombiano de causas perdidas,  vinculando a un ghoul cosa que se prometió no volver hacer y llevando a cuestas el cuidado de un vampiro tarugo.

No hay esperanza. Dijo en voz baja sin que  Terence Fowles que estaba al lado se inmutara aunque Miguel sabía que estaba escuchando.

El sabor de la sangre de esa mujer  le hizo recordar  el rostro de la mujer que amó en vida, esa campesina que él quiso pero que posiblemente  él tendía a sobredimensionar su relación y su amor, y a olvidar que él no fue exactamente  lo mejor para ella.  Pensar en el amor una vez que se es vampiro parece causar cierta ceguera de realidades pasadas, asuntos que estaban ahí y que no se molestarían en salir porqué él ya no era humano. La maldad que hay en el corazón oscuro de todos los vampiros, la zozobra, la rabia, la ansia animal de sangre. Era solo dar un paso para entregarse a esa locura y  convertirse en monstruos. Pero los recuerdos bonitos eran tan fuertes que hacían que él añorara su humanidad, solo que había el riesgo de que en cualquier momento la realidad de lo que fue le golpeara en el rostro.

¿Se engañaba a si mismo?, ahora que empuñaba su arma y que  la acariciaba como si fuera su amiga se preguntaba si realmente debía entregarse a lo inevitable.

Su rostro estaba firme y sobrio lo hacía  parecer otra persona. El jugueton de Miguel había desaparecido.

Siente entonces que el vehículo para y la persona golpea la cabina. “Señor,  me acaban de anunciar que hay un extraño control de carretera a unos 1000 metros, he decidido tomar un desvío, ocultar la camioneta en los matorrales. Anochecerá en dos horas, pero no puedo continuar porque es muy peligroso, he dejado suministros en la cabaña y un mapa del sector, le deseo suerte, ojala pudiera hacer algo más por usted”

Terence se despertó y escuchó el mensaje enviando un mensaje de auxilio con sus ojos. Lo que se escuchó luego fue como el vehículo era apeado y  cubierto por algo. Las ordenes de los ghouls eran muy exactas y  sus límites también lo eran. No podían arriesgar a Miguel pero tampoco podían protegerle más de sus recursos.

Miguel ignoró la mirada de susto de Terence. Una vez sintió la presencia de de noche derrumbó  la puerta del camión y se dirigió a la cabaña. El torpe tremere lo seguía asustado. El teléfono comenzó a vibrar de nuevo, pero él solo miró de quien era la llamada e ignoró contestar. Cuando entraron a la cabaña encontraron sangre de reserva, munición para el arma y un mapa.

El brujah le lanzó de manera grosera los dos litros de sangre a Terence para que se alimentara, mientras en silencio revisaba el mapa que le habían dejado.

-¿Me vas a decir qué  está pasando?- dice por fin Furioso Terence y esta vez sin tartamudear - ¿qué fue esa cosa que nos atacó?, ¿de qué estamos huyendo?, ¿Por qué están poniendo retenes en la vía?
-Me sorprende que no lo sepa. Responde  de mala gana. Igual tengo órdenes de no hablar de eso.
-¿acaso debo saberlo?- Dice en voz baja- Co-como cree que me siento corriendo sin saber que pensar…. ¿Y- y… desde cuando usted sigue órdenes?, ¿no era usted anarquista?

Cuestionar a un brujah sobre ser esclavo o seguir las normas de otro era algo que el tremere sabía que le molestaría . Miguel (que no estaba en sus mejores días) gruño deseando golpearlo y clavarle las gafas en su cara pero  prefirio mostrar su ira tomando a Terence por el cuello y levantandolo.

-“Mira pedazo de pendejo”- dice eso en español pero terminando en inglés-deberías agradecer que no permití que te mataran, y que te  estoy salvando el culo. 

El celular comienza a vibrar nuevamente como evitando algo peor. De mala gana  arroja al pobre mago al suelo.

El contesta:  ¿señor?, exacto- mira el mapa-  exacto… si…

Terence en el suelo se limpia el polvo y se levanta, sus sentidos pueden escuchar un poco el tono de la persona que habla con el descortés brujah sorprendiéndose  al escuchar una voz conocida en el teléfono, ¿el regente Dieter?... no, no puede ser. El regente no podía enterarse que él estaba ahí.. oh ahora sí que estaba en problemas.

Miguel cuelga ignorando otra llamada entrante.

-Lo lamento- dice de manera temerosa Terence- Yo… yo solo
Miguel baja la cabeza  y se muerde el labio
-Lo siento, no estoy de humor, esto es importante. Entienda que no le puedo decir nada.
Por un momento parecía que Miguel volvía a ser la buena persona que era.
-Es-está bien- dice tartamudeando- yo- yo-

Miguel se voltea  a tiempo para conversar y mira el mapa viendo una X que estaba marcada. Terence se siente ignorado y ofendido, sin entender que hace el hombre con el mapa y que realmente ocurre.
De manera  automática Miguel se voltea  y le da un arma. “Tome, no dude en usarla ”

-¿A dónde vamos?

Dice el hombre muy asustado, en parte porque no sabía si confiar en Miguel luego de que lo había lanzado al suelo.

-La única vía que nos puede sacar de aquí  está bajo la tierra, hay una vieja mina cerca, debemos salir de aquí, y  cruzar el estado  usando el suelo parece una buena idea, pero… no sé que podamos encontrar debajo de la tierra, ni estoy seguro que haya un grupo de Gangrels antitibu esperándonos, pero es la única vía de escape por el momento, debemos buscar una ciudad, luego usted podrá seguir su camino.

El tremere acepto sin refunfuñar el asunto, aunque ir debajo de la tierra  sin luz no era algo que realmente le gustara, en realidad era algo que le daba mucho miedo. Miguel le entregó una especie de costal y  le ordenó continuar.

Miguel con su traje intacto, camina con el maletín por el sendero,  usando constantemente el arma, trata de buscar el sector que estaba señalado,  en una zona boscosa encontrar un lugar era difícil, y más una entrada a una mina  cerrada por los años.

Mientras buscaba utilizando sus sentidos trataba de escuchar pasos distintos a los de ellos o asuntos que sean de importancia. La entrada a la mina era un asunto que preocupaba, pues no se sabía que se encontraría en ella.

Afortunadamente la suerte les sonrio y llegaron a la misma.

-¿Sabe hacer fuego?,  dice mostrándole unas  linternas de gasolina que estaban en el saco
Pregunta el brujah al tremere
-Si-responde de manera diligente Terence prendiendo las linternas, y ayudando a internarse en la vieja mina mientras Miguel miraba el mapa y señalaba el camino.

La mina era estrecha y poco segura, el mapa mostraba  la dirección de salida de la misma, pero no como iban a llegar a ese lugar. Miguel no le gustaba estar ahí, era sucio, lleno de polvo y había muchas ratas. Cuando se acercaban con la linterna  se veían correr.  El aire era escaso y la sensación de encierro era evidente.

A medida que avanzaban el miedo de Terence era claro, estaba muy nervioso y tal vez por eso era que estaba  en extremo pendiente de la ruta, quería salir de ahí lo más rápido posible, no se sentía cómodo. Su temor resultó muy útil para concentrarse en  las direcciones, tenía excelente sentido de la ubicación  y cuando supo que debían salir al sur este, se propuso a  determinar cuáles vías eran las indicadas y cuáles no.

“Por lo menos este hombre servía para algo- pensó de manera desagradable el brujah mientras no se descuidaba sus pasos.

-Estamos cerca. – Dice Terence- siento un poco más de viento- dice metiendo levemente su dedo en la boca y  fijándose en el viento y la humedad de la saliva. Por este lado… creo que vamos bien.
-Tu eres el cerebrito, espero que no te estés equivocando
-No, confíe en mí. Fue lo único que dijo sin tartamudear

Tomaron el sendero y poco a poco se dieron cuenta que las indicaciones en relación al viento eran correctas pues a medida que se  adentraban en el camino el viento estaba presente pero también un olor espantoso.  Miguel comenzó a tocer, no podía creer que sintiera arcadas, no había una persona tan quisquillosa con ese aspecto que él. Hubo un momento en que sintió que  vomitaría sus entrañas y todo el vitae  tomado, se agachó por un momento tratando de controlarse.

-¿E-Es- está bien?
-Sí, huele horrible… salgamos de aquí.

El olor era el de la muerte, el de la carne descompuesta y  la tierra. Era peor que un nosferatu cerca, era algo que ninguno de los dos imaginaria.  La tierra de la mina estaba un poco húmeda y parecía que el moho se había tomado ciertos sectores,  si realmente no estuvieran muertos estos dos seguro estarían con crisis asmática.

-Pero porqué huele tan mal…- dice Miguel sintiendo que sus obsesiones con la limpieza se  hacían más dicientes- por favor salgamos de aquí

Pareciera que el “valiente brujah” se estaba volviendo papilla, y el “cobarde tremere “ lo halaba con el fin de salir de ahí. Su constante  “Vamos”, “sigamos”, “por acá”… Lógicamente el escritor de Terence  estaba pasándola mal pero ante la adversidad era él quien  se acercaba al final del camino, solo que cuando escuchó unas palabras que le calaron con más frio sus huesos muertos fue que realmente  se cuestionó porque demonios estaba ahí.

¿QUIEN ANDA EN MIS DOMINIOS!!!!!!?

Miguel y Terence se miraron con tanto miedo ambos que se acercaron un poco más cuando sucedió eso como dos ratones asustados (algo cómico si se piensa bien)

Miguel salto un gritillo cuando vio salir de la tierra humeda  esqueletos mal olientes y putrefactos... eso explicaba el olor.

-Salgamos de acá- dijo como un murmullo Miguel a un paralizado Terence

Con el cuchillo de combate  en mano y los puños Miguel comenzó a destrozar los esqueletos más próximos y  sintió como el  fuerte crujir de los huesos cuando se cortaban no era para nada débil esos seres estaban reforzados y realmente eran difíciles de combatir.

-Mierda, debemos salir de aquí, utiliza lo que puedas para  ayudarme… demonios.

Correr con celeridad llevando a muchacho a cuestas era difícil cuando de repente una pared de bichos apestosos te cerraban el paso,  Terence disparaba   de manera  torpe y casi nunca dando en el blanco, mientras Miguel utilizando celeridad  descabezaba  y desmembraba esqueletos que no dejaban de salir.

Miguel estaba muy asustado y  no sabía cuánto tiempo podía aguantar.

-La Luz, allá!... la salida.- grito de manera casi agónica Terence.

Miguel tomó a Terence como un muñeco y  salto utilizando potencia sobre los seres apestosos, una y otra vez hasta salir por  al exterior. La luz de la que hablaba era la de la luna y la de unos focos en la entrada… de  un cementerio.

¡A mierda!... ya era claro en los dominios de quienes se habían metido.

De las tumbas salían  más cuerpos en putrefacción, y  mientras Miguel saltaba de nuevo tratando de liberarse, un esqueleto  realmente fuerte   los pateo a los dos aplastándolos contra un muro. Terence con el golpe quedo  confundido, y casi inconciente   mientras veía como Miguel agotado peleaba contra la horda de  seres mientras en su confusión podía escuchar la vibración de algo muy cerca de él. Miró confundido y se encontró con el teléfono de Miguel , vibraba y vibraba. Terence lo único que se le ocurrió fue  contestar, estaban en tantos lios que seguro alguien podía ayudarlos a salir del aprieto.

-Hola- responde en inglés
-¿Maldita sea Tres-se cómo  demonios no contestas?
- Diego… eh- eh… señor,  Mi- Miguel está- suspira adolorido- peleando contra unos zombies.. ahhh yoo, estoy herido…

Al otro lado de la comunicación Diego abre los ojos como  cucharas soperas sintiendo un corrientazo de temor en todo su cuerpo, ese no era Miguel, y la voz de quien escuchaba era conocida, pero  él no debía estar ahí… ¡No- no – No!, ¿qué estaba pasando?

-¿Terence?
-Si señor… no hay mucho tiempo… son muchos
-Escúchame, recuerdas que te enseñe a lanzar fuego…. Hazlo..
-Pero, no puedo mucho,  mi llama es muy- muy pequeña
-Hazlo!!!.... Ahora, te lo ordeno.

Terence se concentró y vio de reojo la lámpara de gasolina que  llevaba, lanzo la misma hacia los zombies y luego de gastar mucha voluntad lanzó una llamarada suficiente para que la lámpara se convirtiera en una bomba.  El fuego  realmente amedrentó a los zombies, quienes se alejaban de él mientras Miguel también herido y utilizando sus últimas reservas de sangre combatía la turba. Terence entonces levantándose y cojeando repite la acción logrando alejar a los bichos, lo suficiente para que en un último esfuerzo lograran salir del cementerio hacía la vía principal, robar un auto y huir.