domingo, 27 de noviembre de 2011

Y todos lo escucharon.

Sus labios se sellaron en  la penumbra mientras pensaba en aquello qué le angustiaba. Su brazo derecho le dolía mientras el torpemente trataba de sobarse por encima de ese incomodo yeso. No veía nada, estaba todo oscuro. Una pared de madera era lo que ayudaba a mantenerse sentado. En oportunidades el sitio vibraba,  había sonidos como golpes y  raspones que le desagradaban. Era como una pesadilla, sólo que esta era real. Sus pensamientos giraban una y otra vez sobre la misma idea, danzaban en torno de su rápido y no planeado viaje. Ni siquiera había tenido tiempo de despedirse de Miguel, la orden no dio espera. Estaba algo molesto con su amigo por la forma como se había comportando ante la transformación, estaba  insoportable, pero él, podía tener muchos defectos, pero una cualidad enorme, la paciencia. Sin ella seguramente lo hubiera dejado tirado en el lugar para que se las arreglara. Sin embargo, la orden del regente lo dejo sin piso, y ahí estaba él, viajando dentro de una caja quien sabe hacía donde, aunque suponía a donde iría. Sería toda una sorpresa para Miguel despertar y no encontrarle. Posible le haga bien aquello.

El piso de madera comienza a vibrar, y de repente un golpe seco  hace que la caja se ladee. Diego se muerde los labios, un dolor enorme sube por su brazo lastimado, mientras  un hilo de vitae sale de su boca. Cerró los ojos y arrugo la frente. ¡Qué dolor!, eso se había sentido peor que una patada en los testículos. Se mordió a el mismo muy fuerte... ah tontería.

Trato de agarrarse con fuerza para no lastimarse otra vez, y en ese entonces, escucha una pista de donde se encuentra, algo tan simple como el idioma. Un hombre en español le recrimina a otro su actuar. “No lees que  esa caja dice delicado!... debemos descargar rápido, sí algo se rompió de esa caja saldrá de tu paga!”. El acento era diferente, mexicano no era, parecía tener un tinte centro americano distinto.

Un sonido metálico se escucha y nuevamente se siente la vibración en el suelo, pero con movimiento.  Mientras ocurre esto él se da cuenta  que ha viajado más de lo que había pensado. De repente siente que la caja es levantada por un monta carga y debe sujetarse para no caerse, y nuevamente esperar.

 Diego se abraza a si mismo esperando que el “viaje” termine, y de repente un golpe seco, pero esta vez indoloro, abre la puerta de la caja. Luz eléctrica se refleja en los ojos de Diego quien inmediatamente cierra los ojos. No tiene buen semblante.

-          Bienvenido doctor Garcia. Dice alguien en inglés 

Diego abre bien los ojos y es entonces que reconoce al que le habla.

-          Regente Morellí .

Y es entonces cuando se da cuenta que su suposición no estaba errada, había viajado donde estaba  Alexander Rowan... pero, la razón, era un misterio.  

Salió de la incómoda caja con un dejo de dolor, lo cual llamó la atención al líder, quien inmediatamente concluyó  que el viaje había sido algo maltratado.

Tras unas palabras de cortesía, el regente regaña a un criado por permitir que la caja hubiera sido sacudida, sabiendo que dentro, estaba Diego. 

El regente no es sólo alguien con autoridad, también era médico. Así que tras darle  una bienvenida con sangre caliente, lo hizo seguir a una oficina sencilla, que  más que la oficina de un regente, parecía un consultorio médico.  Tenía una camilla a unos cuantos metros.

Diego, quien estaba en “ una misión”,  le entrega un sobre de manila con seriedad. Seguramente el sobre contenía  un mensaje importante del regente Dieter a su colega, pero lo que salió de aquél  lo dejo con la boca abierta.

Eran sus radiografías y su historia clínica.

El doctor y regente  Morellí  , coloca la radiografía a la luz, se quita los lentes,  y las revisa con detenimiento. La imagen del hueso amputado incorrectamente acomodado o pegado se veía claramente.
Con la boca abierta  se da cuenta que viajo para una consulta médica, y se sorprende. “¿esa era la misión importante?”. 
 
Detalla la placa de su brazo. Tuvo suerte que hubiera soldado mal.

-          ¿cómo ocurrió?. 

 Diego  le comentó lo sucedido. El regente  Morellí  hace un silencio repentino. Tanto él como Dieter estaban metidos en  un gran lío por este asunto, sólo que al parecer nadie aún le  había identificado como su colaborador.

-          ¿cómo está Rowie?. Pregunta Diego con curiosidad dejando su dolencia de lado.
-          Hace un mes nos despierta. Lo mira de reojo mientras analiza las radiografías. En los últimos meses los ataques han sido contundentes, la verdad,  hace una pausa, me sorprende que esté vivo, está muy débil.. lo mira poniéndose los lentes.. más tarde podrá ir a verlo. Lo mira directamente. Será necesario enderezarle el brazo, quítese la camisa por favor y siéntese en la camilla.

El médico se sienta y comienza a leer la historia clínica que la médica Mary Ann había elaborado, mientras  Diego  se desnuda de la cintura para arriba con algo de dificultad.

El especialista  se dirige hacia él y le pregunta sobre el dolor, las sensaciones y otras cuestiones, le hace hacer algunos ejercicios y  finalmente le pide que se ponga nuevamente la camisa.

-          Sígame por favor. Dice el hombre con una humildad única.

 Caminan por varios corredores que a Diego le eran familiares. Hace más de un año él había estado ahí visitando a Rowan, antes de que Terence decidiera acompañarle. Mientras caminan por el lugar, él médico tratante habla con una enfermera y le pide llame a “Tomás”, y que prepare una habitación para Diego. Una sensación extraña invadió al hombre, pues recordó un periodo en que estuvo en una clínica de reposo por su trastorno de stress post traumático. La sensación de estar hospitalizado no le gustaba.
Llegan a un consultorio con el titulo de ortopedia en la puerta, adentro  un par de camillas lo esperaban, una acolchada y otra metálica. El médico le pide que espere ahí que pronto lo atenderá, él se sienta mirando todo, y recordando su época de residente. Trabajar en un hospital era su vida, en un contexto como ese,  fue que aprendió de su profesión y se enamoró, pero bueno, esa, era otra historia.

Entró una enfermera y le pidió que se desnudara y se pusiera  un ropaje que ella había traído para él.  Era la bata  típica de hospital, sin mangas, de aquellas que hay que amarrar por la espalda y dejan al descubierto el trasero sí no se amarra bien.  Diego no estaba seguro de qué le iban hacer, y porque la necesidad de usar esa ridícula vestimenta.  Bien cierto era que estaba en una capilla de biotaumaturgia,  donde cualquier cosa podía pasar.  

Demoró un poco en desnudarse, pues  si bien era zurdo el proceso era  incomodo. Poner  primero la bata  en  la parte derecha para pasar delicadamente a la izquierda fue técnicamente complicado, y más amarrar la bata para asegurarse no mostrar más de lo deseado.

Espero entonces unos minutos sentado en esa capilla, incubando ansiedad, mientras se miraba en el espejo, asegurándose que no se viera su trasero.

Un hombre  bajo, pero acuerpado entra a la habitación con uniforme médico, tiene en su bata el nombre de “Tomás” escrito. Tras saludar de manera  seca, procede a sacar una sierra pequeña  usada para  quitar yeso, o debilitarlo, unas tijeras y otras herramientas.   Cuando  el encargado se acerca al brazo  con la sierra, y comienza el sonido eléctrico  del corte, entra el doctor y regente Morellí, quien  se sitúa cerca para ver el procedimiento. Lentamente pequeñas partículas de polvo de yeso van saliendo con precisión en el corte y cuando ha terminado, “Tomas” quita las gasas con tijeras, y abren como si fuera la cascara de un huevo el yeso, dejando ver por primera vez el brazo desde la tortura.

Diego abre los ojos horrorizado, e inmediatamente el mareo lo invade.  El espejo mostraba su brazo deformado,  y sí, aunque no debía sorprenderse el estado de “su brazo” lo impresionó. Es difícil estar acostumbrado a ver tu cuerpo de una forma y luego descubrir ese cambio tan traumático. Con el reflejo del espejo, recordó por un instante la tortura y tuvo que controlarse para no  llorar.

“Lo arreglaremos doctor Garcia”. Escucha la voz del regente. Ya para este nivel Diego había cerrado los ojos tratando de controlarse.  Los abre nuevamente  cuando percibe una nueva sensación en su brazo. El médico está  dibujando con un marcador encima de él y hace unas indicaciones de donde debería ir todo.  Era como un rompecabezas. Tenía una desviación de unos cuatro centímetros más o menos, que no se evidenciaba bien con el yeso puesto. El médico  entonces trae un elemento novedoso.  Una especie de  brazalete enorme, que coloca encima de las rayas marcadas por el médico, el cual se ajusta, como un tornillo a una mesa.

-          Bueno Doctor, le dice el médico de frente, ahora necesito que usted decida que desea. Hay dos procedimientos que le  puedo ofrecer, el primero es más lento,  duraría  unas cuatro semanas en desarrollarse y le quedaría el brazo como usted lo tenía, con un dolor controlado. El segundo procedimiento, es más rápido, y pasado mañana tendría su brazo tal como siempre lo ha tenido, pero, es un poco más doloroso. El tratamiento usted lo decide.

Diego piensa en las opciones, pero en ese momento, siente que no soportaría estar  otro mes enyesado y limitado. Era paciente pero no era pendejo, necesitaba su brazo aunque fuera zurdo, debía trabajar, y sí  sucedía un ataque, necesitaba sus dos miembros para defenderse. Estaba harto de estar enfermo, así que sea lo que sea que fueran hacer para ponerle bien el brazo, sería bienvenido.

-          El segundo, responde Diego  tras pensarlo.

Tomas mira a Diego con una sonrisa extraña, y le ofrece  un vaso con vitae. Diego lo acepta, y se lo bebe. Tiene sabor a medicina, él que no es tonto sabe que contiene. Mientras lo hace nota que el hombre acuerpado se pierde de su vista. Mira entonces al médico quien también  le mira y en menos de un segundo, un movimiento rápido y un “crack”, van seguidos de un grito.

-           HIJUEEEEEEEPUUUUUUUUUUUUUUUUUU....- el grito retumba en todo el lugar como un eco. 

Mientras tanto en  otro lugar de la capilla un hombre postrado en cama se  estremece mientras  aquello se escucha. Inmediatamente abre los ojos. Mira a la derecha y esta su enfermera, quien le pregunta sí todo está bien.

-          Juraría que escuche la voz de un amigo. Dice muy débil tras un instante pensativo. Pero, no puede ser, está muy lejos de aquí.

La enfermera le toca la mano, Rowan cierra los ojos   y nuevamente vuelve a dormir.