(Haga dos veces clik hasta que el dial se ponga verde)
Alexander Rowan estaba sentado en su silla de ruedas frente al escritorio, su chiquillo Terence, se encontraba sentado en la parte lateral derecha del mueble. Había muchos libros alrededor. Rowan leía un tomo, mientras el otro hombre también estudiaba algo. No se sentía incomodidad en el ambiente, sólo había un silencio de paz. Rowan miraba de reojo a su chiquillo cada cierto tiempo.
Unos pasos se escuchan entran a la habitación.
Terence levantó levemente la cabeza y observó al recién llegado. Rowan por el contrario no se movió, como si no le interesara quien entrara. Estaba tan acostumbrado a que cualquiera podía acceder a su espacio, que se limitaba a no mirar para no molestarse.
- Señor Rowan
- Doctor. Dijo el hombre todavía dándole la espalda.
- ¿cómo se ha sentido hoy?. Añadió el médico.
- Bien. Respondió de manera seca. me sentiría mejor sí me contaran que le pasó al regente Schaeffer
Terence palideció e hizo un gesto de estar de repente “muy interesado en la lectura”. El Doctor Morellí se quedó en silencio. Rowan sabía que algo le ocultaban, lo sintió, pero nadie en ese lugar quería contarle.
- Ya le dije señor Rowan que él está bien.
- Mentira. Afirmó sin miedo. Algo le pasó.
En ese momento volteó la silla de ruedas y miró al médico a los ojos.
- Doctor, estoy enfermo, pero “no” soy estúpido. Le dijo molesto. No se porque me ocultan esto cómo si fuera un niño. En ese momento su tono era de exigencia. Dígame, ¿el regente esta muerto?
- No, no lo está. Contestó el médico.
- Entonces, ¿qué le pasó?
El médico calló mientras que su chiquillo tenía una postura nerviosa.
- Quería evitar que se pusiera nervioso señor Rowan, pero dado que insiste le contaré.
- Me pone más nervioso que no me cuenten. (dijo una vulgaridad por lo bajo)
- Atentaron contra la vida del Regente Schaeffer, afortunadamente está vivo.
La cara de Rowan era de total impacto. Cerró los ojos y se puso la mano en la frente, mientras el médico le comentaba algunos detalles de lo poco que sabía. Una vez terminó de hablar mira al hombre evaluando su reacción. Alexander parecía perturbado, pero no al extremo que pensó podría afectar su salud.
Rowan mira a Terence con malestar al finalizar el relato. Su chiquillo lo sabía, y como era lógico no le informó.
El médico después de la revisión salió de la habitación. Alexander se alejó del escritorio y se encerró en el baño. Miles de ideas se cruzaron por su cabeza, unas muy generales y otras algo egoístas. Sí el regente moría, nunca saldría de esas cuatro paredes. Su vida ahora era mala, pero podía convertirse en una eternidad mala. Cerró los ojos tratando de tranquilizarse.
Tras estar ahí más de veinte minutos, alguien golpeó la puerta del baño. La voz del enfermero se escuchó con claridad. “¿Está usted bien señor Rowan?”
Rowan entonces abrió la puerta de un tirón con movimiento mental y recorrió el cuarto en su silla murmurando que “si” estaba bien.
Se ubicó nuevamente frente al escritorio y mientras lo hace, casi como un signo automático de angustia se tocó su cabeza, y en esos momentos sintió algo.
Los ojos de Rowan mostraron un signo de alarma.
Lentamente se miró su mano derecha la cual estaba llena de su propio cabello. Terence observo a su sire alarmado.
- Terry, ¿se termino de caer verdad?
El hombre se acercó al espaldar de la silla de ruedas pero no dijo nada. Su actitud confirmó los miedos de su sire.
- Un espejo, tráeme el espejo. Hecho que es obedecido inmediatamente. ¡Oh no!.
Rowan veía como su cabeza, era un desastre. Había tratado de cuidar el poco cabello que le quedaba pero... ahora solo era un conjunto de huecos y mechones.
El baja la cabeza triste, mientras que Terence trata de tranquilizarlo con unas pocas palabras.
- Bueno supongo que. Dice triste. Ya no se puede evitar ¿ verdad?. Mira a su chiquillo. Lo único que queda es el orgullo. Suspira. Hijo. Mira a Terry. ¿podrías hacerme un favor?
Una hora después un frasco de espuma de afeitar y una vasija con agua espumosa estaban en la mesa. Terence se limpiaba sus dedos con una toalla, mientras con otra mano tenía una cuchilla de afeitar.
Rowan se miró entonces al espejo. Era legalmente calvo. Hizo un gesto de resignación mientras alzaba una ceja.
- Maravilloso. Se expresó sarcásticamente. Ahora soy el profesor X
****
A muchos kilómetros de distancia, un hombre latino se encontraba en su laboratorio. A la derecha había una serie de papeles acomodados. La capilla estaba casi vacía, no se escuchaba la usual algarabía de otros momentos.
Era lógico, hace dos semanas habían atentado contra la vida del regente. La capilla cerró para la mayoría, casi nadie se salvaba de las restricciones. Ni siquiera los mismos tremere.
La ciudad era un caos político, y en esos momentos de incertidumbre habían existido ataques aislados en la urbe. Los Ángeles ya no parecía un sitio seguro.
Unos pasos se escucharon acercarse, mientras alguien golpeaba a la puerta.
- Señor García. Dice un joven. El regente quiere verlo.
- Ya voy.
En ese momento el hombre se levanta, mira la luna que se refleja en la ventana, y sale del laboratorio.

2 comentarios:
y cómo supo que algo le había pasado? lo sintió? escuchó algo? o.o
bueno... me gustó *^* una reacción muy apropiada... aunque pobre, mira que perder el cabello
y qué hace diego? o.o
besos! espero el otro!
Es por el vinculo tremere. Algunos individuos estan tan asociados a su clan que sienten psicamente cuando pasa algo. Algunos regentes hacen que sus aprendices tomen sangre de ellos para garantizar lealtad.
Publicar un comentario