Abrí los ojos asustado por un golpe fuerte en mi puerta, y unas sombras entraron a mi habitación de manera fulminante. La idea de mi asesinato cruzo por mi cabeza, mientras indefenso y tullido esperaba mi ejecución. Escuche como mis verdugos con el rostro tapado murmuraban que debían actuar rápido. Me inmovilizaron los brazos, me tomaron entre dos y me envolvieron en una especie de tela. Mientras yo indefenso temblaba. No hice ningún sonido, sabía que gritar era inútil, nadie vendría a rescatarme. Sentí que me movieron de mi cama a una especie de camilla, y al llegar ahí unos de los dobleces de la tela cedió y pude ver un cumulo de aprendices que miraban impotentes la situación. Pude escuchar a García mientras gritaba y exigía que me dejaran en paz, mientras otra voz con autoridad recordaba que “no podían intervenir”. Me cubrieron bien con la tela y recuerdo que la camilla comenzó a moverse. Luego de un tiempo escuche la voz de un joven que decía: “Señor Rowan por favor no se preocupe, estará bien”. Lo próximo que recuerdo es el sonido de las turbinas de un avión.
No sé a dónde me llevaron, es algo que todavía ignoro.
Recuerdo que, envuelto en la tela comencé a escuchar una serie de canticos, que se hacían cada vez más fuertes. Sentí como me trasladaban de la camilla a una cama, y ahí una persona me desenvolvía de la tela, mientras otras siete tomadas de la mano, en una representación de la estrella de siete puntas, realizaban un cantico en una lengua muerta.
La persona que estaba en el centro recitaba otro tipo de poema, mientras con una especie de tinte natural me dibujaba símbolos en todo el cuerpo.
Estaba tan confundido que no sabía que pensar. Después de que termino el ritual, un hombre de pelo completamente blanco, se acerco hacia mí, y me comunico que estaba en un lugar protegido, que no debía temer.
Me encuentro en una capilla especializada en biotaumaturgia, que es una senda de estudio del manejo de las energías de la vida, es decir, la magia de la salud. Los médicos se hacen llamar a si mismo curadores, y tratan de utilizar sus conocimientos para aliviar las maldiciones. Según sé, mi habitación esta en el ala de enfermos crónicos, por la gravedad de mi situación. Debo permanecer encerrado en estas 4 paredes protegidas mediante rituales porque de lo contrario mi vida correría peligro.
La dificultad real que tienen los sanadores, es romper la maldición que me aqueja, dado que como ya me han explicado, antes de que aparecieran las maldiciones principales, mi verdugo “ya había“ generado un ligo mágico con mi persona que le daba poder frente a mí y que, potencializados con algunos rituales, de procedencia cuestionable, establece una clara ventaja frente a mi defensa. Eso explica porque los rituales de protección que se me brindaron a posteriori, no fueron tan efectivos. La “ventaja” (aunque no sé si llamarla así) es que aunque sigo siendo víctima de los síntomas de las maldiciones, los ritos y hechizos de salud que han hecho a mi favor me brindan mayor resistencia, mayor rapidez de curación y, sobretodo, evitan mi muerte.
Frente a mi situación personal parecen existir muchos intereses ocultos. Sé que el regente Schaeffer fue el responsable de mover sus contactos para que se me protegiera, y sé, que así como Oren tiene sus amigos, Schaeffer también los tiene, y al parecer estos quieren evitar mi muerte a toda costa; tal vez esperando encontrar una forma de romper la maldición, ó tratando de alguna manera de dar de baja a Oren, quien según me enterado está estudiando de manera juiciosa la senda de las maldiciones y enseñándosela a sus aprendices.
A veces me pregunto, ¿a quién más abra perjudicado?, Y , ¿porque el circulo interno no ha hecho nada en contra de esta amenaza?. Son preguntas que no tienen respuesta, por lo menos para mí.
Aunque no me lo han dicho, presumo que hay por lo menos dos pontífices interesados en mantenerme con vida, pero lógicamente nunca han pensado en la “calidad” de vida que tengo. Soy el conejillo de indias de Michael Oren, para toda maldición que se le ocurra. Me ha pasado casi de todo, y lo “curioso” es que según los sanadores, las consecuencias de las maldiciones son disminuidas significativamente por el poder de protección del lugar. Lo que me hace pensar que si actualmente es muy malo, sin los escudos mágicos, podría ser mucho peor... lo cual me asusta.
Afortunadamente, y también, gracias a los sanadores y sus rituales, los daños producidos por las maldiciones pueden ser curables y no me generan daños permanentes, como sí ocurrió con mi columna. Nunca volveré a caminar, no hay nada que cure eso, aunque en realidad mi preocupación ahora se centra en otras cosas.
Vivir noche a noche, sufriendo de manera casi interminable, me hace cuestionar qué estaré pagando para sufrir tantas dolencias. A veces pienso, que es una forma de pagar mis pecados y buscarle un sentido a mi deteriorada vida. Soy solo un títere, que vive porque otros lo desean, y que busca un motivo para seguir luchando, y no rendirme ante la muerte.
Aunque debo aceptar que acá no me hace falta nada material. Todos mis objetos personales fueron trasladados con migo desde los Angeles, y si deseo algo nunca se me niegan. La capilla en donde me encuentro tiene una excelente biblioteca, lo que me ha permitido consultar muchos libros y estudiar. Tengo acceso a cualquier tipo de entretención, aunque el internet por obvias razones es supervisado.
Mi silla de ruedas siempre está a mi lado, así como la foto de mi esposa y de mi hijo. Tengo tres vecinos, también victimas de maldiciones. De todos, yo soy el más limitado, pues no puedo salir de la habitación. A veces vienen y jugamos cartas. Todos tienen la esperanza de algún día salir de aquí sanos, aunque a veces como yo, pierden las esperanzas. Tenemos algunos juegos y bromas que nos permiten vivir la cotidianidad. Los pobres curadores son a veces víctimas de las bromas y desvaríos de nosotros. Hemos creado un titulo militar para cada uno, en parte debido a Russelt, quien presenta confusiones mentales, y que a veces ahuyenta a los sanadores lanzándoles fuego. Luego de que los ataca me llama y me dice “Coronel hemos vencido en la batalla”, y yo, siguiéndole la corriente respondo “Bien Capitán, mantenga al margen a esos desgraciados, ya llegaran los refuerzos”. Creo que a los sanadores de primer nivel, como novatada lo envían atender a Russelt. Me causa risa pensar que es lo único divertido que ocurre por aquí.
Supongo que no hay más que decir. Soy consciente que puede pasar mucho tiempo antes de que salga de estas cuatro paredes, y sin embargo debo prepararme, requiero estudiar mucho, porque una de las alternativas para salir de aquí está en mi poder, y solo yo puedo buscar dicha salida.
A veces sueño que al despertar, esta pesadilla se ha acabado. Ya sea porque el ángel de la muerte ha roto el hilo dorado que me mantiene amarrado a la tierra, o porque de alguna manera he logrado vencer la maldición. Tal vez alcanzar la iluminación, me ayude. Sea lo que sea, solo me queda esperar y tener fe que la pesadilla termine.
Con esto, finalizo mi ejercicio.
Creo que el sanador tenía razón, escribir esto me ha hecho sentir mejor. El limón desinfecta las heridas aunque arda al aplicarlo.
¿fin?

3 comentarios:
chan... qué te puedo decir, es apasionante!!! leí los últimos chaps de un tirón (y por eso no los comenté de a uno xD) supongo que no nos vas a dejar para siempre sin saber qué pasó con él y el idiota de Oren ò.ó queremos castigo para Oren!!!
Besos!!!
Leí toda la historia de un tirón.
¡Me encantó!!!
Además está muy bien escrita. Te felicito.
Los que queremos que eliminen a Oren pronto, levantar la mano XD
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