lunes, 24 de septiembre de 2012

Camino de sangre y muerte (parte 7)



Miguel un poco más calmado se ha había propuesto controlarse ante lo que le esperaba. Su última crisis había manifestado más consecuencias negativas en Diego que en él mismo, y Miguel tenía en cuenta que la primera prioridad seria el bienestar emocional de su hermano. El había asumido una actitud más infantil con su propia vida luego de que  el paisa sufriera un gran trastorno nervioso que lo llevó al borde del suicidio. En parte,  y si se analizaba desde el inconsciente, las acciones irresponsables de Miguel se orientaban a la necesidad de sentirse merecedor de cuidado, y por tanto, si Diego tenía a alguien a quien cuidar, tendría menos opciones de perderse en sí mismo.

Desde Canada y tras un largo viaje en camión Miguel pasó por Toronto (Canada)  entró por esa misma vía a  Estados Unidos a la ciudad fronteriza de Detroit (Michigan).

La coordinación fue tal que  el regente de esa zona lo esperaba estratégicamente adentro del avión privado que abordó con rumbo al sur. Tras firmar rápidamente, y como si no hubiera pasado nada  Miguel viajo  al  extremo sur este  del país, más específicamente a Miami (Florida) y se sintió encantado con la gran población latina del sector, es más estuvo tentado a entrar a un restaurante colombiano que encontró en el camino. Llego a la capilla de Miami, y por primera vez se sintió cómodo cuando lo recibió un regente de acento cubano.

Miguel amaba Cuba, le encantaba, estuvo a punto de quedarse ahí cuando pensó que se separaría de Diego definitivamente, pero su viaje lo llevaría a cruzar la frontera.

De todas las capillas que Miguel visitó, aquella de Miami era la que en su concepto era la  más bonita, posible la razón era sentimental, o porque sentía que en su decoración había un poco de ese ambiente latino tan carente en el resto de lugares. Lo que más le impacto fue escuchar música tropical  y en lenguaje español en el recinto. Pensó proponerle a su hermano que pidiera traslado a Miami. 

Pero su estadía en dicha capilla  duró poco y  tras la nueva firma tomó un auto que lo llevo nuevamente hacia el aeropuerto donde el avión lo llevaría hacia el otro extremo de los Estados Unidos:  Montana.
Tras terminar su labor ahí  se dirigió al estado de Washington al noroeste del país, específicamente a la ciudad de Kent, muy cerca a Seatlle.

( Cabe anotar que el estado de Washington es diferente a la ciudad capital localizada al este del país)

En dicha ciudad Miguel se sorprendió por las grandes superficies de bosques que bordean las montañas rocallosas y los muchos parques naturales. Tras su visita a la capilla se le advirtió  que no saliera de la ciudad por las grandes poblaciones lupinas que hay en esas superficies. Tomó luego un helicóptero hacia la ciudad de Salt Lake City (Utah) donde nuevamente y de manera muy profesional recolecto la firma pertinente.

Curiosamente su plan parecía haber dado en el clavo. Al saltar de extremo a extremo del país nadie lo había atacado y a pesar de que llevó mucho más tiempo, la tranquilidad lo acompañaba, y los corruptos no lo habían localizado. Ahora en el mapa había señalado otra ciudad en color rojo: Reno (Nevada)

Al parecer no era una ciudad segura.

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Mientras tanto en LA, Diego estaba más tranquilo, y posiblemente ayudaba el hecho de que había tenido otro “encuentro” con la bruja de Rebeca. El sexo era un catalizador de ansiedad aunque el precio había sido la burla de la mujer quien le dijo que él “era el hombre más raro que había conocido”. Diego la miró a los ojos y le dijo “serías la mujer perfecta si fueras muda”, lo que la ofendió y generó que saliera furiosa del lugar.

Pensativo en relación a los recientes descubrimientos se quedo revisando las fotografías de su pasado en su mente. Todos estos años se culpó por las cosas que había hecho, y ahora, luego de tanto tiempo resulta que no tenía otra opción que equivocarse, estaba destinado a eso.

Años de depresión y stress post trauma pensando en la vida que pudo tener y que no pudo y ahora había  encontrando que había nacido para ser lo que era. Lo peor, y en parte lo mejor era saber que el hizo lo mejor que pido. ¿Pero a qué precio?

Curiosamente había dormido bien en las últimas dos noches, a pesar de la preocupación por todo eso. No se habían presentado pesadillas, y eso era... raro.

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Miguel había llegado a la ciudad de Reno. El regente Dieter le había dicho que en dicho lugar no había capillas tremere pero que había un hombre que quería aportar su firma y que al parecer estaba haciendo una misión  (que él  Tres-se supone  que se trata de  una misión inteligencia pero no preguntó más). 

Reno (Nevada) tiene una apariencia muy parecida a las Vegas, tiene el título de la ciudad pequeña más grande del mundo.



Miguel ya habia estado en las Vegas, y curiosamente el estado de Nevada estaba muy cerca a  California, y L.A estaba en ese estado. Sin embargo esta pequeña ciudad era caótica, llena de gente, agencias matrimoniales y delincuencia, se podía notar que no había mucho orden en este lugar sin Dios.

Caminó por las calles llenas de gente. La cita era en un sector público concurrido, en realidad, la gran cantidad de gente daba a Miguel un poco de seguridad.

Entró a uno de los casinos de la zona, y miró alrededor, sabía que había cámaras, pero él sabía que estaba protegido. Sin embargo la cita era en un sector del casino al cual el poco acudía, y que sin duda causaba un poco de controversia.

Ubicó el sector y entró al baño de caballeros el cual estaba desocupado. Al frente de él habia una fila de orinales masculinos y al fondo, separados por barreras de metal, como es usual los inodoros usuales. Miguel se sintió incomodo, pero la razón de estar ahí era por la privacidad.

Entró entonces al último cubículo y cerró la puerta. Miró el inodoro y agradeció que estuviera mínimamente limpio, aunque no totalmente. Lo peor del asunto es que Miguel tenía un problema con eso, se asqueaba con mucha facilidad, por eso, y por otras cosas Diego se burlaba de él. Decía que era muy delicado, y en oportunidades lo comparaba con los toreador. 

Las órdenes eran tan exactas, y no podía hacer otra cosa. De repente alguien entra en el baño de al lado, y por la separación de los baños, en el espacio lateral se muestra una mano con la ya conocida llave. Miguel entonces, se agacha y pasa el maletín  por dicho espacio y espera. 

Se sentía como un estúpido: “Esto es lo más ridículo que he hecho”, piensa molesto. Sin embargo  la situación incómoda pasa a ser muy rápida. Miguel huele la vitae del sujeto cuando firma, y  rápidamente le devuelve el maletín. Miguel lo cierra tras revisar que hubiera firmado, el hombre a quien nunca vio el rostro salió del baño tan rápido como entró.

Miguel espera un minuto, toma su cuchillo y oprime el desagüe del inodoro (no iba  a tocarlo) y tras hacer su actuación sale del baño directo a las calles de Reno.

Camina orientándose hacia  el sector donde tomaría su próximo transporte haciendo cara de repulsión por la reunión en el baño. Esas cosas le eran difíciles de olvidar, su parte “de Lord inglés" como le decía Diego.

Mientras andaba pasaba por algunas calles algo más oscuras, no era su intensión quedarse mucho en  Reno hasta que...

Un tiroteo se escuchó en la penumbra pero esta vez él no era la víctima. Un hombre corría pálido, tapándose con su chaqueta en dirección a donde estaba Miguel tropezándose con el en la esquina. Miguel abre los ojos sorprendido y el hombre los abre aún más.

-          ¿Terence qué demonios haces aquí?

Pero no había tiempo para respuestas, la cara del tremere  era de total pánico, y  para el Tres-se era natural lo que debía hacer. Cubre al hombre con su  cuerpo y comienza a disparar a sus atacantes quien evidentemente no se esperaban esa respuesta.

-          A a  a  a – Terence estaba en una crisis de pánico
-          Deja de balbucear...- dice Miguel disparando e impactando al enemigo – sígueme, debemos salir de aquí..

Nunca se imaginó que se encontraría con el hijo adoptivo de Diego en este sitio y  menos que tendría que defenderlo de quien sabe quien...