miércoles, 14 de septiembre de 2011

La mia fortuna

El Cuervo estaba  sentado en su habitación mirando una foto. Toco la imagen y sintió una sensación leve de dolor en el pecho. ¿Por qué las relaciones deben terminar?, ¿cómo es que se puede pasar de amar a alguien a odiarlo?, aún así, aunque su corazón había sanado, el experimentaba extrañas crisis de ansiedad justo antes de dormir, buscaba a la que fue su compañera a su lado, y se sentía excitado. Su cuerpo muerto ansiaba a su mujer, era raro, no debería tener reacción por abstinencia sexual al estar muerto, pero él la sentía, la añoraba... y lo peor, y lo más extraño de la situación es que no podía estar con otra mujer.  

Sí, lo había intentado. Hace un par de meses conocieron a unas mujeres europeas que no perdieron el tiempo en seducirlos. En otras palabras “sabían dónde poner las manos”.  El Cuervo se apresuro a comenzar su juego de seducción, pero, cuando llego el momento de poner a prueba sus habilidades masculinas, estas no se levantaron.

La humillación interior que sintió en ese momento no tenía comparación, ¿cómo era posible que siendo un proceso simple de gastar sangre a voluntad, no haya podido tener una relación sexual?. El pelusas que sí le había ido bien en ese aspecto, no sabía que decirle, el Cuervo sentía que ni con viagra ayudaría a levantar su ego masculino, deteriorado..

En realidad, El Cuervo no podía negar que estaba pensando en su ex, justo en ese instante. Tenía el temor irracional de engañar a su ex pareja, lo cual en todos los sentidos no tenía una justificación lógica.

“esa vieja seguro le hizo brujería”, había manifestado El Pelusas en su momento. En Colombia, en estratos populares, suele existir esa creencia, sin embargo el Cuervo no sabía  que pensar. 

Simplemente en su interior, el sentía que la necesitaba, a pesar de que en su corazón la detestaba por su maldad... posiblemente el tenía razón y la vieja le había hecho algún hechizo.

-          No se achicopale hermano”, dice el pelusas al entrar a la habitación y verlo pensativo.
-          No estoy achicopalado, dice de manera agresiva, qué estoy esperando una llamada, espero que ese cargamento llegue a puerto, ese dinero se agranda y si la policía lo coge nos jodemos.... y si es así voy a matar a ese hijueputa del Romano
-          Parce, pero no se ponga salsa...

Las conversaciones se habían presentado así por meses, comenzaban y terminaban en peleas. El Cuervo estaba fijo en una sola cosa, su trabajo, parecía ser lo único que le ayudaba a olvidar, y a sentirse bien. Lo único malo era que con la mejora “aparente”, en el estado de ánimo se había vuelto  más cerrado y existente. La ambición que siempre le caracterizo, ahora era más visible, y siempre que los deseos más bajos intervienen, la bestia salía a relucir. Era predecible pensar que mataría a quien fuera por lograr que el cargamento llegara a destino. No era un narco por tener buenas costumbres. Los errores en el tráfico de drogas se pagaban con la muerte.  El alma del Cuervo no era exactamente blanca, y no sentía compasión ante los que le hacían perder dinero.

Tenía una gran competencia  de parte de los comerciantes del medio oriente que cultivaban la amapola y  establecían la heroína más pura y más económica qué la que él ofrecía. Pero la cocaína, bueno, esa, él la sabía distribuir mejor que los otros.

El Pelusas era demasiado pasivo para intervenir, y en esos momentos es que el pasaba a ser, el asistente tonto del Cuervo. Sin embargo una cosa eran los negocios y otra lo que se escondía al cerrarse la puerta. 

Detrás del narco con experiencia también existía un niño asustado, y malhumorado. El cambio que tuvo el Cuervo fue radical, William y el Pelusas se sorprendían al ver que ya no quería salir como antes, parecía  no disfrutar los intercambios sociales ni las fiestas;  Prefería quedarse en casa, viendo el mapa con banderines que indicaban por donde iban los cargamentos y donde debían llegar.
Lo que el Pelusas pensó que sería un cambio temporal se volvió algo más estable en él, y a pesar de eso, la locura psicótica parecía haber desaparecido.

El Cuervo no podía negar que su reciente impotencia había contribuido a sus ganas de no salir, le atormentaba la idea de estar con otra mujer y quedar en ridículo. Además, aunque eso ya no se lo comentaba al Pelusas, seguía pensando en su ex mujer de manera constante, aunque ahora no pensaba en ella de manera romántica, era una serie de pensamientos confusos frente a la misma. Pero tenía otras cosas en las cuales pensar... cómo en el trabajo y los negocios.

Había tratado de aprender italiano y lo logro de manera básica. El profesor que les enseñaba sentía que repetían los temas una y otra vez, pero los avances en él eran pocos, hasta consideró que el Cuervo tuviera su retardo mental. Igual todas las semanas,  por tres horas le daba clases, la paga era buena, así que no se quejaba de la incapacidad de aprender.

Estar en Italia al parecer,  después de unos meses, ya no era una buena idea. Estaban pensando en irse a vivir a España, para no sufrir a causa del idioma, y también para cambiar de ambiente. Sin embargo, un evento del pasado, volvió hacía él.

El sonido del timbre en el apartamento hizo cuestionar la seguridad, pues los de vigilancia no habían anunciado ningún visitante. William fue abrir la puerta de manera algo defensiva,  El Cuervo quien también había notado el detalle se levantó dispuesto a disparar sí era necesario. Cuando abrió la puerta, William palideció, se encontró frente al mismo hombre que había sacado a su amo a patadas del carro, hace más de cuatro meses, evento en el que él salió herido.

-          Buenas noches, dice de manera respetuosa ante el criado,  por favor anúnciele al señor Cuervo que los señores  Giudici quieren hablar con él.
-          Sí señor. Contesta en Italiano William quien sí había aprendido rápidamente el idioma. Avisare al Cu.. digo, al señor Cuervo.

El Cuervo sin que él no anunciara ya estaba enterado, así que le hace una señal a William para que les permita pasar, miro angustiado su sala, la cual estaba limpia, pero no esperaba visitas. El Pelusas no puede evitar el terror que se reflejaba en su mirada.

Al poco tiempo, suben de gancho  el hombre elegante, a quien identifico como Gianfranco Giudici,  y a su lado, hermosamente vestida, peinada y maquillada, estaba Cristiné, quien al ver al Cuervo se desprendió de su esposo y le beso ambas mejillas mirándole los ojos y saludándolo.

El Cuervo miraba al señor Gianfranco recordando su amenaza de muerte esperando alguna reacción negativa, pero este sólo se limito a darle la mano, y el los invito a pasar a la sala.

Había tensión en el ambiente, pues claro era que esta reunión no podía comenzar, con un “¿cómo estan?, ¿cómo les ha ido?, ¿se les ofrece un tintico?”, en realidad El Cuervo se sentó en la sala confundido, esperando que ellos comenzaran a hablar, y es así como de repente siente que su hermana le toma la mano y le dice de manera sincera que quería verlo.

Nuevamente los ojos de él se posan en los de el esposo de su hermana, sin saber que decir.

-          Te trajimos un regalo. Dice la mujer con una gran sonrisa tratando de  superar sus nervios

De la puerta entran  dos hombres cargando una caja enorme, El Cuervo abre los ojos confundido, pues no sabía qué esperar. 

-          Vamos, ábrela. Lo toma de la mano y lo lleva a la caja. Pensé que te gustaría.

El Cuervo abre la caja y encuentra una escultura hermosísima de tres niños con ropas algo desgastadas y descalzos. Uno más grande que tiene a su lado a dos bebes. La escultura era perfecta, los niños parecían que tuvieran vida, y expresaban amor  y unión. 

-          che sei tu. Le dice en italiano, señalando el niño mas grande “ese eres tu” 

El Cuervo cierra los ojos estaba tratando evitar llorar, o mostrar sus emociones.

-          Esta bonito. Dice de manera nerviosa tocando la escultura del más fino material, si ni quiera la “venus de nilo” con ojos de esmeraldas, que tenía en su casa era tan hermosa. Gracias

Luego se sienta en la sala, sin dejar de mirar la escultura.

-          Mi esposa y yo. Dice por fin Gianfranco, hemos discutido en relación a usted señor Cuervo,  y a raíz que usted ha cumplido su palabra y no ha buscado a mi esposa, y. La mira, también basados en el deseo de ella a la cual adoro,  la mira con amor y algo de obsesión, le he dado permiso para que tenga contacto con usted. Cuando dice eso ella se muestra ilusionada. Y queremos invitarlo a nuestra villa, a pasar una temporada como nuestro huésped, podrá venir si quiere con su chiquillo, y su criado,  será un honor tenerlos en nuestra casa.

El Cuervo se queda paralizado, no esperaba nada de eso, y lo peor no sabía que contestar. Solo pensaba en los cargamentos de droga que supervisaba que lleguen a puerto.

-          Eh, eh.. este. Dice confundido. Gracias, yo... no sé,  tengo que trabajar.

Ella mira a su esposo divertida y le dice. “te dije que era adicto al trabajo”

-          ¿qué le preocupa exactamente señore Cuervo?
-          Estoy esperando unos cargamentos de alto valor,  deben llegar a puerto sin complicaciones.

Una gran risa se escucha en la sala

-          ¿ y ese es el problema?, ohh mi señore Cuervo, dice alzando la voz en su acento italiano, usted no sabe que son los problemas, mio primo Augusto maneja el  puerto, y el estará encantado de facilitarle la llegada  de sus barcos... mira a su esposa... todo por complacer al hermano de la mía esposa.

El Cuervo abre la boca sorprendido. Justo cuando consideraba irse del país, el mismo, le abre las puertas.