domingo, 18 de abril de 2010

Un tierno recuerdo


El tiempo es un concepto subjetivo. Un mes puede pasar rápidamente ante nuestros ojos, o ser simplemente eterno. Y eso último era lo que había ocurrido con el Pelusas y el Cuervo, habían pasado cuatro “eternos” meses desde su llegada a Italia. ¿Por qué Italia, y no otro país? Pues simple en realidad era el lugar donde tenían más contactos en el exterior. El Pelusas pudo elegir cualquier país de Latinoamérica, pero algo dentro de él sabía que si estaban en el mismo continente, sería más fácil para El Cuervo volver a Colombia, y él sabía que su amigo no podría volver hasta que estuviera totalmente recuperado. Así que quiso ponerle mar y tierra al asunto.
Pero Italia era un lugar distinto a todo lo que conocían. Europa en sí lo era. Había otros intereses, y se vivía de otra forma. Afortunadamente  descubrieron que así como ellos había muchos inmigrantes latinos.
En Génova había una comunidad latina ubicada en los barrios bajos de la ciudad. Gente más parecida a ellos. No tardaron en darse cuenta que no hay nada peor que un “gámin tercermundista” en un ambiente organizado como el europeo.
Los latinos se dividían, como en todo, acorde al estrato social que representaban. Se podían ver personas adineradas que venían a vacaciones, estudiantes que querían profundizar conocimientos en el exterior, y por ultimo aquellos de bajos recursos económicos, que por medios legales, o no legales habían viajado con la esperanza de mejorar sus ingresos.
 Dentro de ese pequeño grupo se encontraba una población de bandidos y delincuentes. Personas que habían aprendido a vivir en Italia, aprendido el idioma y que buscaron la residencia de una u otra forma.  Y dentro de esa pequeña población, lógicamente, había vampiros de todas las clases. Gangrels, Brujahs, Assamitas, Nosferatus, y Caitiff se reunían en dicho sector de la ciudad  para cazar, o para hacer lo que ellos gustaran.  
Los inmigrantes eran llamados en un término italiano similar a desperdicio, y esa discriminación hacia que los grupos latinos de cainitas se unieran en lo que al parecer era un enemigo común.
No importaba si eras ecuatoriano, colombiano, venezolano o puertorriqueño, eras parte de esa subcultura. El Pelusas y El Cuervo nunca pensaron,  tener tanto en común con personas de otros clanes. Si bien cada cual tenía sus intrigas y problemas, muchas veces se encontraban tomando vitae con gente con la cual nunca imaginaron relacionarse.
Esos cuatro meses fueron de mucha angustia. El Cuervo había contratado un par de criados italianos para que se hicieran cargo de la seguridad, y apoyaran a William con el idioma. Adicionalmente ambos habían contratado un  profesor particular de italiano. Era curioso, las clases cada vez eran más costosas. En realidad, el pobre hombre no sabía que más hacer para enseñarles a esos dos. Sabía que aprenderían, pero iban muy lento. El Pelusas parecía tener más facilidad, pero El Cuervo parecía tener un real problema de aprendizaje. Le toco poner pequeños papeles con los nombres de las cosas en italiano para que ambos aprendieran conceptos. Pequeñas frases como, saludos, disculpas, y preguntas básicas, por lo menos ya estaban más consolidados. Pero les faltaba mucho. El profesor de italiano se estaba ganando una fortuna con esos dos.
La barrera del idioma no era la única barrera existente.
El Cuervo había sido aceptado en el dominio de la princesa, pero eso no significaba que todo le fuera a ir de perlas. El hombre se tuvo que abrir espacio dentro del clan, y como es usual, muchas veces tuvo que imponerse. No permitió que le ordenaran, ni que hicieran con él lo que se les diera en gana. Al hombre le precedía su fama, todos lo del clan sabían que era un reconocido narcotraficante, y como tampoco era una perita en dulce, no fue difícil hacerse de enemigos.  Así que algunos de estos comenzaron a perjudicarlo en los negocios, lo cual lo enfurecía. Había muchos intereses encontrados,  pero  tantos años en el oficio no lo hacían tonto, y  aunque en ocasiones “se hacia el tonto” para evitar compromisos indeseados,  las serpientes y los codiciosos siempre estaban merodeando.
Los Brujahs europeos no eran siempre tan cultos como el primogénito. En realidad, se parecían a los latinos pero no tenían esa malicia indígena de aquellos nacidos en América. En realidad, la mayoría manejaba una línea idealista, y exigían respeto y seguimiento de órdenes, mientras que El Cuervo como buen “Individualista”, no se iba a dejar pisar el culo. Los iconoclastas en esta tierra tenían mala fama, como buenos anarquistas, pocas veces eran aceptados.
Pero así era el clan,  había cambiado mucho, ya pocos Brujahs manejaban la filosofía de Cartago, y pocos jóvenes se adherían a una visión erudita del honor. Eran tan raros aquellos, que se les podía contar sin llegar a los miles. La desorganización y la visión de libertad (al acomodo de cada cual) hacían al clan muy desorganizado. Los Brujah eran un conjunto de muchas verdades, y poca dirección.  Pero con todo el desorden que manejaban, su poder no podía ser negado, y mucho menos menospreciado. El Clan tiene una particularidad que otros clanes no tienen. Tú puedes tener a tu peor enemigo en el clan, pero si un día necesitas ayuda, todos los Brujah acudirán ayudarte, siempre y cuando hubiera razones de peso. Es por eso, que aunque internamente haya muchas enemistades, los Brujah siempre se cuidan la espalda.
Y es por ese motivo que nuestros protagonistas se encuentran con otro golpe del destino.
Piero Travolto, conocido por ser el azote de la ciudad, llama urgente a refuerzos de su clan para afrontar un ataque tremendo en la localidad occidente de la ciudad. El Cuervo  y el Pelusas salen armados  para afrontar lo que sea que este causando esa calamidad.
 Se encuentran en una calle angosta, la basura acumulada, hacían pensar que era un sitio inhóspito y marginal. Los sonidos de disparos se escuchaban a lo lejos, las ratas se escondían ante el ruido.
El Cuervo salió del carro. Su gabardina larga, ocultaba cuatro armas, y  rápidamente saca la de más calibre para defenderse. Le pidió al Pelusas que esperara en el carro, lo que menos quería es que su amigo, que para lucha era deficiente, se viera involucrado en alguna tragedia.
Una leve lluvia comenzaba a caer. Los disparos sonaban estruendosamente,  así como los quejidos.  El Cuervo iba caminando lentamente apuntando con su arma, poco a poco, va observando un panorama lleno de sangre. Los desgraciados no le han visto, y él tiene un ángulo perfecto para el disparo. No lo pensó mucho y dispara. Los enemigos heridos reaccionan, pero es tarde, el Brujah los había matado.
El olor a vitae inundaba el lugar, y el hombre hambriento aprovechó para alimentarse de  uno de los caídos, y en ese momento escuchó un sonido extraño.
Se levantó de un salto, y empuñó su arma. Malditos....
 Caminó hacia donde suena aquello. Lo primero que vio son dos cuerpos  de personas latinas muertas. Un hombre, con bigote, con un bolso infantil yace muerto con la mirada perdida, el segundo cuerpo  es de una mujer muy bonita,  piel canela, de unos 24 años que yacía encima de algo, y ese algo era lo que sonaba. El Cuervo entonces saca un puñal, y voltea a la mujer dispuesto a matar lo que fuera que escondiera. En ese momento, su mano  preparada para asesinar paró en seco.
Un hermoso bebé, piel canela y ojos miel le miraba debajo de su madre. La criatura debía tener por mucho unos 5 meses. No más.
Al Cuervo en ese momento le ocurría algo. Su cuerpo quedó paralizado y su rostro mostraba un alejamiento de la realidad, pareciera cómo,  si de repente su alma hubiera viajado a otro sitio.  En realidad el hombre ya no estaba ahí en ese callejón, estaba viviendo una alucinación. Y aquella parecía muy real.
Entraba al cuarto de un hospital y en una cama alta, una mujer piel canela, ojos miel y  larga cabellera lo espera con un pequeño en brazos. El niño tiene los mismos ojos de la madre.
El  hombre sonríe como un tonto, mientras estaba parado entre los cuerpos. “Es el hijo mío, y de la mona”. Creía en su delirio. “Nuestro bebé, nuestro chinito”.
 El Brujah no estaba totalmente recuperado mentalmente, las alucinaciones en oportunidades se presentaban, pero ninguna le había traído tanto placer.  Ese bebé tenía los mismos ojos de su ex mujer, y se parecía mucho a ella...
Confundido, guardó las armas, recogió a la criatura y se la llevó hacia el pecho con mucho amor. Levantó la bolsa infantil  que tenía el otro fallecido, la cual era evidentemente una pañalera. Un sonido como de un siseo salía de su boca. Papá te va a cuidar...todo va estar bien... vamos pa la casa”.
Casi en un estado de  obnubilación caminó lentamente con el bebé oculto en su abrigo largo. Dentro de sí, escucha la voz de Hanna, quien decía “¿Quién es el bebé de mamá?, ¿Quien?”, y el bebé se reía en su mente. Seguía caminando con una sonrisa, el vehículo con El Pelusas estaba a unos pocos metros.
Abre la puerta del vehículo abrazando el bulto dentro de su chaqueta. “William vámonos pa la casa”. Dice como siempre. El Pelusas lo observa con detenimiento, su amigo esta extraño, conocía ese semblante de alejamiento de la realidad.  El vehículo comienza andar e inmediatamente el gorgoteo del bebé se escucha.
-          Parce. Dijo El Pelusas con propiedad. ¿Le pasa algo?, ¿Qué guarda en la chaqueta? No se habrá traído un animal, ¿o sí? En ese momento notó la pañalera.
El Cuervo sonrió a su amigo como un bobo y procedió a mostrar lo que se  encontraba en su abrigo.
-          Mira bebé, ese es su padrino. Inmediatamente El Pelusas abrió  los ojos como dos cacerolas.
-          ¿Qué mierda es esta?  ¿Se robo un bebé? Se pone las dos manos en la cabeza, mientras gritaba. William pare el carro, ¡carajo!
El Cuervo parecía no entender y se aferraba al bebé, quien comienza a llorar asustado por el grito de El Pelusas. El carro frena sonoramente, y ambos hombres parecen que van a comenzar a pelear.
-          No llame “mierda” al chiquito, no sea atrevido. Dice el hombre acunándolo.
-          ¿Cuervo de dónde culos saco ese bebé? Grita el Pelusas, y el niño continuo llorando.
-          Es mi hijo, ¡la mona y yo lo tuvimos! ¿Qué no se acuerda? Si buste estaba por ahí. Dice convencido de sus palabras.
El Pelusas se seguía tocando con las dos manos la cabeza “no lo podía creer”. William desde el volante estaba tan sorprendido como su amo.
-          Ah Carajo, se le volvió a correr el champú a sumerced. Su cara demostraba una alta ansiedad. ¿Y horas que hago? Negó con la cabeza. William, vamos pa la casa, mañana me pongo a buscar los dueños de la criatura, Vamos.... ¡puta vida, lo que faltaba!
-          Pero señor...- replica el criado...
-          Nada Willy, ahora el man no sabe lo que habla, vamos...
-          ¡Que es mi hijo! Insistía El Cuervo ¿No ve que es idéntico a la mona? Acunaba al bebé, quien poco a poco se calmaba entre sus brazos. No grite que asusta al Steven. Al parecer el nombre imaginario del pequeño.
El Pelusas suspiraba asustado, y con un temblor en sus manos murmuraba en una esquina mientras observaba al pequeño. ¿Qué hago?.
Llegaron al apartamento. El Cuervo se dirigió a su habitación y acostó al bebé a su lado. En la pañalera había un tetero con leche. El Cuervo recordó que él le daba de comer a sus hermanos. Así que toma el biberón, se lo ofrece a la criatura, quien hambrienta bebé el contenido.
Mientras tanto El Pelusas hablaba con el psiquiatra por teléfono en otro cuarto. Quince minutos después, un poco más tranquilo entraba a la habitación, y le ofrecía a su amigo un vaso de vitae con una dosis superior a la que estaba tomando. El Cuervo se la bebió acunando a la criatura, sus ojos mostraron fascinación al mirarlo. Él siempre en su interior lamentaba no poder tener hijos, era un deseo interno al cual había renunciado dolorosamente tras su abrazo. El Pelusas llevándole la idea, le pide el niño y nota que el bebé necesita un cambio de pañal. Con  asco procedió a cambiarlo. Una vez hecho esto notó que su amigo se había dormido.
****
El Cuervo ese día sueña con algo que ya había vivido. Acababa de hacer el amor con Hanna y abrazados se encontraron esperando que cayera el amanecer.
-          ¿No sería bacano que pudiéramos tener chinos? Le decía el hombre a la mujer mientras acariciaba  su cara. Yo creo que si fuera así, buste ya tendría como cinco hijos míos.

Hanna sonrió mirándole a los ojos enamorada.

-          ¿Qué dices? ¿Me imaginas con cinco niños? ¿Uno detrás de otro? ¿Estás loco? Lo anterior lo dijo con cariño, no con su usual descalificación.
-          Solo imagínese un bebé con tus ojos mi reina. Sonríe. O una niña igualita de bonita a buste.
-          O un Cuervito... ríe
-          Jejeje sí, un Cuervito. Se le iluminan los ojos de la emoción. Nos darían muchas quejas en el colegio.
-          Jajajaja amor, que cosas dices. Suspiró la mujer un poco melancólica. Sabes que no podemos tener hijos. El Cuervo la mira a los ojos.
-          Lo sé mi reina. La acaricia. Lo sé.... aunque a veces, es bonito soñar.
****
Despertó con un dolor en la cabeza y mareo. Se sentía muy dopado. El sonido de un bebé llorando se escuchaba. El Cuervo se levantó casi tratando de no caerse, se sentía casi como los primeros días de la hospitalización. De repente recuerda lo  que ocurrió, pero ya con otros ojos, era consciente de la realidad. Abre la puerta y se dirige tambaleando hacia donde está el nene. Observa que William lo tiene en sus brazos y el  inmediatamente lo carga, y casi mágicamente el pequeñuelo se calma.
-          Cuervo tenemos que hablar. Dice el Pelusas a su espalda. Ese culicagado no me dejo dormir.
El Cuervo se voltea hacía su amigo, le hace un gesto con la cabeza. William salió de la habitación y los dejó solos. El hombre le reclamó sabiendo que en ese momento sí era dueño de sus actos. Después del usual “regaño”, donde El Cuervo no hizo más que bajar la cabeza, comenzó a interrogarle sobre los padres del niño.
-          Estaban muertos, los manes esos los mataron. Dijo el hombre. Lo encontré debajo de la mamá.
-          ¿Y porque carajos se le dio que era su hijo?
-          Parce discúlpeme, se me fueron las luces, el chiquito tiene los mismos ojos de la mona...
-          No solo se le fueron las luces hermano, ¡se le fue la central eléctrica! Repicó con sarcasmo.
-          Pero igual, los papás están muertos, ¡nos lo podemos quedar! Dijo en tono esperanzado
-          ¡¿Cómo?!... No señor, usted no está ni tibio, ¿Qué vamos hacer con un bebé buste y yo? Ni que fuéramos maricones pa andar criando niños, no señor.
-          Pero parce ¡el bebé necesita una familia!; y yo pos tengo platica, al chino nunca le faltara nadas. Insistía.
-          Cuervo. Habló el Pelusas muy serio. Póngase a pensar. Lo miró señalándole la criatura. Imagínese que una noche buste amanezca de mal genio, y se trague al chinito...¿cómo quedaría buste? Lo observó con sensatez. No hermano, los bebés humanos y los vampiros no se mezclan...
El Cuervo ante ese argumento no pudo hacer otra cosa que aceptar el riesgo. No se perdonaría si por accidente  fuera a matar a la criatura. Abrazó al chinito llorando, sabiendo que se había formado una ilusión falsa en su cabeza.
-          ¿Tons que hacemos? Y yo no quiero dejarlo en el bienestar, en ese sitio los niños sufren mucho. Añadió triste el hombre
-          Pos le buscamos papás, unos que sean buenos, una de esas parejas que no pueden tener hijos, y se los damos...
-          Pos será... pero escogemos unos que lo quieran mucho.
-          Tranquilo parcero, que vamos a escoger bien los paes del chino. Terminó de decir El Pelusas.
Y así ocurrió. El bebé duró solamente una semana con ellos y  tras mucho análisis encontraron una pareja de latinos en Florencia que deseaban adoptar, pero que por recursos económicos los habían sacado de la lista de aspirantes. Ambos padres eran personas de bien, y sin dificultades serias. El Cuervo, con lágrimas en sus ojos, le entregó el bebé a una mujer, quien sería la encargada de llevar el pequeño a donde su nueva familia, y con el angelito iba un maletín con  un millón de euros.
“Adiós mi chinito, me hubiera gustado ser su pae, pero los verdaderos lo están esperando, se le quiere”
La mujer tomó al bebé y se fue en un auto que poco a poco se fue alejando.
El Cuervo tuvo que aceptar que vivir la ilusión de tener un hijo había sido agradable, pero que había sido muy doloroso aceptar que él con todo el dinero que tenía, no podía darle un hogar.
Esa noche tuvo otro sueño. Recordó otra escena de su pasado.
Habían dos bebés encima de una cama humilde, sucia y descuidada. Él tendría unos 6 años, era muy pequeño, pero estaba encerrado con ellos. Mamá no estaba, regresaría tarde, pero él ese día tenía que cuidarlos, darles el tetero de panela con leche y cambiarles el pañal. Eran sus hermanos: su sangre. Mamá luego los abandonaría y ellos se irían lejos, serian adoptados por italianos.
El Cuervo despierta con la expresión de haber recordado algo.
 “Un momento, ¿Cómo no me di cuentas antes?.. Italia, mis hermanitos están acá...los bebés vinieron para acás.” Se sienta en la cama ansioso.
“Tengo que encontrar a los bebés”

2 comentarios:

Tana Abbott dijo...

O_O el cuervo tien hermanitos que fueron dados en adopción internacional? te voy a demandar por no entregar esa información! (xDDD)

Qué tierno estuvo el capítulo *^* se debe haber visto realmente lindo el cuervo con el bebé... pobre... ojalá encuentre a sus hermanos ^^

Besos, Syb!

Sybill dijo...

Tana, pero si eso lo conte en la historia 1 del Cuervo.