martes, 20 de diciembre de 2011

La carta del lisiado

Con algo de amargura miraba aquél que postrado en cama no despertaba. Le dolía su corazón y no podía creer que aquel ser, fuera el mismo con el que compartiera jornadas laborales y buen whiskie. Estaba sorprendido por la falta de pelo de Rowan y su piel ceniza. Era cómo sí en cualquier momento aquél cuerpo fuera hacer combustión espontanea y desaparecer. 

Lo que el doctor Morelli le había comentado se había instaurado como una gran pregunta  en su mente: “¿porqué seguía vivo?. No comprendía cómo podía vivir después de tanto, y a pesar de las continuas torturas.

Apretó su mano por segunda vez, y le habló pausadamente. “Alexander soy Diego, he venido a visitarte”, sin embargo el hombre no se mueve.  Baja la cabeza  mientras escucha a la enfermera que lo cuida decir.

 “es una lástima, hace dos días despertó de improviso, escuchó el grito de un hombre vulgar y luego volvió a dormir”

Diego  trató de que no se le subieran los colores al rostro. Ese hombre que grito vulgaridades y que le despertó era él, eso sucede cuando te rompen un hueso sin anestesia.

Miró su brazo derecho, y ahora todo estaba en su sitio, y se sentía igual, como si nada hubiera pasado. Sólo tenía una especie de  “brazalete” en el punto de la amputación. Era un artilugio mágico  que podía compararse a una tuerca. 



Este instrumento estaba fijo  alrededor del brazo, arriba del hombro, justo en el sector donde el humero fue cortado en dos. Lo que hacía era simple, se ajustaba  a los tejidos sanos diferenciándolos de la deformidad, y una vez ahí, y gracias al sádico del enfermero, permitía que se rompiera el hueso  de manera limpia, es decir, siguiendo la circunferencia normal del hueso como sí el mismo fuera cortado con una sierra en una cirugía, haciendo que la fractura fuera perfecta. Una vez roto el hueso,  el instrumento ayudaba a cuadrar el resto del brazo, de manera anatómicamente correcta y de esa forma curaba de manera permanente la deformidad.

En otras palabras  esa tuerca colocaba el brazo de manera perfecta, como si se tratara de un tornillo. Un instrumento admirable hecho por médicos tremere.

¡Qué mala suerte!, pensó, ¡lo desperte  con un madrazó y luego se volvió a dormir... ni modo que me toque ponerme a putear para que abra los ojos.”

Diego salió de la pieza algo decaído, le deprimía ver a Rowan así, y desafortunadamente en estos dos días había tenido tiempo suficiente para pensar en todo aquello que su mente había querido evitar. Además, no quería irse sin hablar con él. ¿Cuánto tiempo podía estar ahí sin que el regente Dieter se enfadaral?, había recibido noticias de que deseaba que se quedara solo tres días, y ya habían pasado dos.

Todos los miedos se habían acumulado.  Desearía ser más optimista, pero había una línea delgada entre ser positivo y ser estúpido.

Pasó el resto de la noche así y cuando llego el día tuvo que tomar algo para evitar las pesadillas. Despertó   con algo de pesadez en su cabeza. Era una lástima, se iría sin hablar con Rowan, por lo menos se despediría posiblemente él podría escucharlo aunque no responderle.

****

“Alexander soy Diego, he venido a visitarte”

Lo escuchaba, pero no podía abrir los ojos, sabía lo que tenía que hacer,pero ¿y si era muy tarde?

Nuevamente estaba en un lugar intermedio, ni muerto, ni vivo, ni en el cielo, ni en el infierno, era como sí el corredor al mundo de los muertos estuviera taponado por el trafico. Fue entonces que apareció ella: su musa, su esposa, su mujer,  y le él hablo de sus miedos, “No sé qué hacer” le dijo. Ella ya conocía la historia, habían tenido mucho tiempo para ponerse al día. 

Le abrazo envolviéndolo con la luz que ella, como alma buena, tenía. El era simplemente una mancha oscura en ese lugar.

Fue entonces que sucedió algo  que rompió las brumas de “ningún lado”. Un demonio enorme con cuerpo de zorro, pelaje de púas, cabeza de cuervo con  pico bífido, había roto el velo y lo miraba amenazante con ojos aterradores.

  La criatura gritó de manera aguda y corrió detrás de ellos, y con el pico dividido trataba de atacarles. 

Rowan corrió de la mano de su amada compañera, mientras podía sentir el odio y la envidia de aquel ser que desde el otro mundo trataba de matarle. Los pasos acelerados se vieron frenados por una masa oscura que no daba lugar a seguir huyendo y fue en ese momento, que ella miro al monstruo  con convicción dijo, “Aléjate de él maldito engendro” .

Su esposa  extendió su brazo hacía él segándolo con la luz de su alma.  El monstruo desvaneciese como una nube de polvo. 

Un largo silencio siguió aquello, a Rowan se le iluminaron los ojos mientras la abrazaba. “gracias” y en ese momento una voz  masculina interrumpe el momento. “Rowy, vengo a despedirme, tengo que marcharme”. Rowan la mira a ella, la besa y la abraza fuertemente. “Pronto estaremos juntos mi amor”. La sonrisa de ella le dio paz, y esa luz se convirtió en una habitación.

Rowan abrió los ojos con una sonrisa, frente a la sorpresa de aquel que lo observaba acostado.

-          ¡DIEGO!!!

Dijo en extremo emocionado  mientras sentaba en la cama con mucha energía y extendía los brazos hacía aquél que no veía en un muy buen tiempo.

Diego no podía creerlo, ¡había despertado!, y no sólo había despertado, Rowan estaba de excelente humor y con mucha energía. Todo parecía muy irreal, hasta la enfermera estaba sorprendida.

-          Señor no creo que deba... Dice al ver que trata de salir de la cama.
-          Sí que debo. Dice Rowan en extremo Feliz mientras  mueve la  silla de ruedas con la mente hacia donde está la cama. ¡Oh Diego has venido!, me alegra tanto verte. Dice tras sentarse en la silla de ruedas. Te estaba esperando. Diego hace una cara de sorpresa, ¿Rowan había enloquecido?
-          ¿ me- me  esperabas?
-          Sí. Dice Rowan mientras rodaba su silla de ruedas hasta el escritorio. Dieter me dijo que te mandaría.
-          ¿qué?

La confusión del colombiano no podía medirse en ese momento, entonces, ¿sí había venido a una misión?.  

Rowan se notaba emocionado mientras ignoraba a la enfermera  que alarmada trataba de convencerlo que se mantuviera quieto. En el escritorio, abre un cajón y saca un papel de contextura extraña, luego con una gran sonrisa abre una cajita que tenía una pluma fuente de oro y plata.

Mira por un segundo el papel  y con un brillo en sus ojos comienza a escribir. Un leve olor a vitae y perfume masculino inunda el lugar. 

Diego mira a la enfermera con incertidumbre, la mujer alarmada estaba informando por teléfono que él comatoso había despertado. Luego la duda se convierte en maravilla cuando se da cuenta qué este hombre, en extremo enfermo, está   usando las pocas energías que le quedan para escribir. García mantiene silencio, comprende que es muy importante.

A pesar del informe angustiado de la mujer, nadie aparece en la puerta para apoyarla.  Se puede sentir como la punta de la pluma acaricia el papel como una dulce melodía. Rowan detiene su escritura, aunque para los que observan ha sido lento, sólo le ha llevado dos minutos, relee lo escrito con una sonrisilla, y tras mirar con gozo a Diego, fija su mirada en el papel y firma con su nombre.

-          Esto es lo que has venido a buscar. Termina diciendo.

Diego se acerca sorprendido sin entender nada. Posa sus ojos en aquello que le están mostrando. Abre la boca atónito, !no puede creerlo!.

Tras leer y comprender lo que esas letras escritas con sudor, sangre y perfume dicen, mira nuevamente a Rowan.

-          Debes estar bromeando. Dice emocionado. Esto es... peligroso. tartamudea un poco. ¿Es..es.. estas seguro?
-          Sí, es lo que deseo.
-          Pero. Lo mira. Alexander, esto es un suicidio.
-          Lo sé, pero no encuentro mejor forma de morir.... sonríe... los salvaré . Sus ojos se mostraban ilusionados.

Diego no puede aguantar la sorpresa y debe sentarse en el borde de la cama. Casí cae en el  intento.

-          oh Diego, vamos a celebrar. Dice  tras dejar la carta en el escritorio, y  rodando en su silla hasta un  baúl. Espero no se hayan bebido mi whisky.

Diego trataba de reponerse de la sorpresa. El licor ayudaría sin lugar a dudas, pero esa noche no terminaría ahí, el destino le tenía aguardado otro Pasmo.  Mientras su amigo busca el licor, el escucha como unos pasos se acercan, mira el pasillo a la recamara e inmediatamente su corazón late "una vez"  y un corrientazo se siente en todo su cuerpo. 

Lateral a él, y de manera muy elegante, estaba un hombre de su pasado,  un hombre que  nunca  esperó volver a ver:  el gran  pontífice  Xavier de Cincao.

Diego abre la boca y la cierra  al mismo tiempo que se levanta  como un resorte del borde de la cama.

-          Señor ...

El camina elegantemente y le mira.
-          Doctor Diego Garcia. Dice una vez que ubica al hombre en la silla de ruedas. Parece que siempre que nos encontramos usted está metido en algún problema.

Esa frase hizo que a Diego se le helara la poca vitae caliente que hubiera tomado.  No pudo contestarle nada, aunque por un microsegundo pensó en recordarle a De Cincao a su señora madre, pero supo controlarse.
-          Señor Pontífice. Saluda Rowan al superior acercándose a su superior y dándole la mano. El doctor  Garcia  ha venido a recoger el documento.
-          Lo sé. Responde con soberbia. ¿está listo?. Le hace una señal algo displicente a la enfermera para que salga del lugar lo que la criada obedece.
-          Sí señor. Dice el hombre con una sonrisa.
-          Perfecto. Mira a Rowan. Es lo que esperábamos.   

Y tras decir  eso, saca de su traje fino una pluma, se dirige hacía  el escritorio donde yase el documento,  firma   en la parte inferior  izquierda, le añade un sello, y un punto diminuto de vitae.

-          Ya está hecho. Mira a Diego Garcia. Este documento debe llevarlo  salvo a su capilla, es más importante el documento que su propia vida, ¿entiende?... debe llevarlo  a salvo.
-          Sí señor. Responde Diego.

De la nada aparece un maletín que  de alguna forma el líder había ocultado. Lo abre, y  coloca el documento de manera cuidadosa. 

-          Les deseo buena suerte. Le entrega el maletín a Diego y lo mira a los ojos. Recuerde mis palabras.

Da un paso hacia atrás y se despide.

-          Qué tengan una feliz noche. Hasta pronto.

Y tras despedirse de manera diplomática sale de la habitación. Diego  se desploma en la silla, y trata de controlarse. Temblaba como una hoja.  No podía creer lo que acababa de pasar.

****

En el interior del maletín había una carta escrita en papel del cuero de una bestia mitológica.

Gran señor Etrius.
Respetados  Miembros del Circulo Interno
Miembros del comité del certamen.
Capilla Viena (Austría)

Respetados señores,
Yo Alexander Rowan, Aprendiz del séptimo circulo, y  constante servidor del clan tremere quiero invocar ante ustedes, acogerme a los términos de las clausulas antiguas de Bretonia  bajo las normas I, XI, VXIIIV   y llamar a duelo por ofensa grave  número 456 a Michael Oren, regente y líder de la capilla Pensivania (Estados Unidos)
Me presentare a la contienda con honor, como bien dictan las normas.

Alexander Rowan.

Debajo de esta carta hay un trozo de papel que dice, apadrina la contienda, y esta la firma, sello y vitae del pontífice.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Y todos lo escucharon.

Sus labios se sellaron en  la penumbra mientras pensaba en aquello qué le angustiaba. Su brazo derecho le dolía mientras el torpemente trataba de sobarse por encima de ese incomodo yeso. No veía nada, estaba todo oscuro. Una pared de madera era lo que ayudaba a mantenerse sentado. En oportunidades el sitio vibraba,  había sonidos como golpes y  raspones que le desagradaban. Era como una pesadilla, sólo que esta era real. Sus pensamientos giraban una y otra vez sobre la misma idea, danzaban en torno de su rápido y no planeado viaje. Ni siquiera había tenido tiempo de despedirse de Miguel, la orden no dio espera. Estaba algo molesto con su amigo por la forma como se había comportando ante la transformación, estaba  insoportable, pero él, podía tener muchos defectos, pero una cualidad enorme, la paciencia. Sin ella seguramente lo hubiera dejado tirado en el lugar para que se las arreglara. Sin embargo, la orden del regente lo dejo sin piso, y ahí estaba él, viajando dentro de una caja quien sabe hacía donde, aunque suponía a donde iría. Sería toda una sorpresa para Miguel despertar y no encontrarle. Posible le haga bien aquello.

El piso de madera comienza a vibrar, y de repente un golpe seco  hace que la caja se ladee. Diego se muerde los labios, un dolor enorme sube por su brazo lastimado, mientras  un hilo de vitae sale de su boca. Cerró los ojos y arrugo la frente. ¡Qué dolor!, eso se había sentido peor que una patada en los testículos. Se mordió a el mismo muy fuerte... ah tontería.

Trato de agarrarse con fuerza para no lastimarse otra vez, y en ese entonces, escucha una pista de donde se encuentra, algo tan simple como el idioma. Un hombre en español le recrimina a otro su actuar. “No lees que  esa caja dice delicado!... debemos descargar rápido, sí algo se rompió de esa caja saldrá de tu paga!”. El acento era diferente, mexicano no era, parecía tener un tinte centro americano distinto.

Un sonido metálico se escucha y nuevamente se siente la vibración en el suelo, pero con movimiento.  Mientras ocurre esto él se da cuenta  que ha viajado más de lo que había pensado. De repente siente que la caja es levantada por un monta carga y debe sujetarse para no caerse, y nuevamente esperar.

 Diego se abraza a si mismo esperando que el “viaje” termine, y de repente un golpe seco, pero esta vez indoloro, abre la puerta de la caja. Luz eléctrica se refleja en los ojos de Diego quien inmediatamente cierra los ojos. No tiene buen semblante.

-          Bienvenido doctor Garcia. Dice alguien en inglés 

Diego abre bien los ojos y es entonces que reconoce al que le habla.

-          Regente Morellí .

Y es entonces cuando se da cuenta que su suposición no estaba errada, había viajado donde estaba  Alexander Rowan... pero, la razón, era un misterio.  

Salió de la incómoda caja con un dejo de dolor, lo cual llamó la atención al líder, quien inmediatamente concluyó  que el viaje había sido algo maltratado.

Tras unas palabras de cortesía, el regente regaña a un criado por permitir que la caja hubiera sido sacudida, sabiendo que dentro, estaba Diego. 

El regente no es sólo alguien con autoridad, también era médico. Así que tras darle  una bienvenida con sangre caliente, lo hizo seguir a una oficina sencilla, que  más que la oficina de un regente, parecía un consultorio médico.  Tenía una camilla a unos cuantos metros.

Diego, quien estaba en “ una misión”,  le entrega un sobre de manila con seriedad. Seguramente el sobre contenía  un mensaje importante del regente Dieter a su colega, pero lo que salió de aquél  lo dejo con la boca abierta.

Eran sus radiografías y su historia clínica.

El doctor y regente  Morellí  , coloca la radiografía a la luz, se quita los lentes,  y las revisa con detenimiento. La imagen del hueso amputado incorrectamente acomodado o pegado se veía claramente.
Con la boca abierta  se da cuenta que viajo para una consulta médica, y se sorprende. “¿esa era la misión importante?”. 
 
Detalla la placa de su brazo. Tuvo suerte que hubiera soldado mal.

-          ¿cómo ocurrió?. 

 Diego  le comentó lo sucedido. El regente  Morellí  hace un silencio repentino. Tanto él como Dieter estaban metidos en  un gran lío por este asunto, sólo que al parecer nadie aún le  había identificado como su colaborador.

-          ¿cómo está Rowie?. Pregunta Diego con curiosidad dejando su dolencia de lado.
-          Hace un mes nos despierta. Lo mira de reojo mientras analiza las radiografías. En los últimos meses los ataques han sido contundentes, la verdad,  hace una pausa, me sorprende que esté vivo, está muy débil.. lo mira poniéndose los lentes.. más tarde podrá ir a verlo. Lo mira directamente. Será necesario enderezarle el brazo, quítese la camisa por favor y siéntese en la camilla.

El médico se sienta y comienza a leer la historia clínica que la médica Mary Ann había elaborado, mientras  Diego  se desnuda de la cintura para arriba con algo de dificultad.

El especialista  se dirige hacia él y le pregunta sobre el dolor, las sensaciones y otras cuestiones, le hace hacer algunos ejercicios y  finalmente le pide que se ponga nuevamente la camisa.

-          Sígame por favor. Dice el hombre con una humildad única.

 Caminan por varios corredores que a Diego le eran familiares. Hace más de un año él había estado ahí visitando a Rowan, antes de que Terence decidiera acompañarle. Mientras caminan por el lugar, él médico tratante habla con una enfermera y le pide llame a “Tomás”, y que prepare una habitación para Diego. Una sensación extraña invadió al hombre, pues recordó un periodo en que estuvo en una clínica de reposo por su trastorno de stress post traumático. La sensación de estar hospitalizado no le gustaba.
Llegan a un consultorio con el titulo de ortopedia en la puerta, adentro  un par de camillas lo esperaban, una acolchada y otra metálica. El médico le pide que espere ahí que pronto lo atenderá, él se sienta mirando todo, y recordando su época de residente. Trabajar en un hospital era su vida, en un contexto como ese,  fue que aprendió de su profesión y se enamoró, pero bueno, esa, era otra historia.

Entró una enfermera y le pidió que se desnudara y se pusiera  un ropaje que ella había traído para él.  Era la bata  típica de hospital, sin mangas, de aquellas que hay que amarrar por la espalda y dejan al descubierto el trasero sí no se amarra bien.  Diego no estaba seguro de qué le iban hacer, y porque la necesidad de usar esa ridícula vestimenta.  Bien cierto era que estaba en una capilla de biotaumaturgia,  donde cualquier cosa podía pasar.  

Demoró un poco en desnudarse, pues  si bien era zurdo el proceso era  incomodo. Poner  primero la bata  en  la parte derecha para pasar delicadamente a la izquierda fue técnicamente complicado, y más amarrar la bata para asegurarse no mostrar más de lo deseado.

Espero entonces unos minutos sentado en esa capilla, incubando ansiedad, mientras se miraba en el espejo, asegurándose que no se viera su trasero.

Un hombre  bajo, pero acuerpado entra a la habitación con uniforme médico, tiene en su bata el nombre de “Tomás” escrito. Tras saludar de manera  seca, procede a sacar una sierra pequeña  usada para  quitar yeso, o debilitarlo, unas tijeras y otras herramientas.   Cuando  el encargado se acerca al brazo  con la sierra, y comienza el sonido eléctrico  del corte, entra el doctor y regente Morellí, quien  se sitúa cerca para ver el procedimiento. Lentamente pequeñas partículas de polvo de yeso van saliendo con precisión en el corte y cuando ha terminado, “Tomas” quita las gasas con tijeras, y abren como si fuera la cascara de un huevo el yeso, dejando ver por primera vez el brazo desde la tortura.

Diego abre los ojos horrorizado, e inmediatamente el mareo lo invade.  El espejo mostraba su brazo deformado,  y sí, aunque no debía sorprenderse el estado de “su brazo” lo impresionó. Es difícil estar acostumbrado a ver tu cuerpo de una forma y luego descubrir ese cambio tan traumático. Con el reflejo del espejo, recordó por un instante la tortura y tuvo que controlarse para no  llorar.

“Lo arreglaremos doctor Garcia”. Escucha la voz del regente. Ya para este nivel Diego había cerrado los ojos tratando de controlarse.  Los abre nuevamente  cuando percibe una nueva sensación en su brazo. El médico está  dibujando con un marcador encima de él y hace unas indicaciones de donde debería ir todo.  Era como un rompecabezas. Tenía una desviación de unos cuatro centímetros más o menos, que no se evidenciaba bien con el yeso puesto. El médico  entonces trae un elemento novedoso.  Una especie de  brazalete enorme, que coloca encima de las rayas marcadas por el médico, el cual se ajusta, como un tornillo a una mesa.

-          Bueno Doctor, le dice el médico de frente, ahora necesito que usted decida que desea. Hay dos procedimientos que le  puedo ofrecer, el primero es más lento,  duraría  unas cuatro semanas en desarrollarse y le quedaría el brazo como usted lo tenía, con un dolor controlado. El segundo procedimiento, es más rápido, y pasado mañana tendría su brazo tal como siempre lo ha tenido, pero, es un poco más doloroso. El tratamiento usted lo decide.

Diego piensa en las opciones, pero en ese momento, siente que no soportaría estar  otro mes enyesado y limitado. Era paciente pero no era pendejo, necesitaba su brazo aunque fuera zurdo, debía trabajar, y sí  sucedía un ataque, necesitaba sus dos miembros para defenderse. Estaba harto de estar enfermo, así que sea lo que sea que fueran hacer para ponerle bien el brazo, sería bienvenido.

-          El segundo, responde Diego  tras pensarlo.

Tomas mira a Diego con una sonrisa extraña, y le ofrece  un vaso con vitae. Diego lo acepta, y se lo bebe. Tiene sabor a medicina, él que no es tonto sabe que contiene. Mientras lo hace nota que el hombre acuerpado se pierde de su vista. Mira entonces al médico quien también  le mira y en menos de un segundo, un movimiento rápido y un “crack”, van seguidos de un grito.

-           HIJUEEEEEEEPUUUUUUUUUUUUUUUUUU....- el grito retumba en todo el lugar como un eco. 

Mientras tanto en  otro lugar de la capilla un hombre postrado en cama se  estremece mientras  aquello se escucha. Inmediatamente abre los ojos. Mira a la derecha y esta su enfermera, quien le pregunta sí todo está bien.

-          Juraría que escuche la voz de un amigo. Dice muy débil tras un instante pensativo. Pero, no puede ser, está muy lejos de aquí.

La enfermera le toca la mano, Rowan cierra los ojos   y nuevamente vuelve a dormir.

sábado, 22 de octubre de 2011

Entrenamiento (Parte 2)


¿Por qué será que le dolía tanto el brazo la noche de hoy?. Bueno,  que le doliera era bueno, porque significaba que aun tenía brazo, pero, no era normal que le doliera tanto, estaba muerto al fin y al cabo, el dolor era relativo. Había llamado a la médica para preguntar, cuando le operaría, pero, curiosamente,  no le respondió. ¿Por cuánto tiempo tendría que vivir con ese brazo torcido?. En una acción algo desesperada frente al dolor,  disolvió tres pastillas potentes analgésicas y se las tomo con vitae. Miguel lo miraba  desde su mesa, mientras le decía que “no se le fuera la mano en pastillas”. JA, qué ironía, la persona que menos puede aconsejarle sobre eso, era él, no por nada duro casi dos días dopado por su culpa, y anteriormente, este jovencito brujah,  tras una idiotez, se había tomado  medio tarro de antidepresivos, porque según él no le hacían efecto, la conclusión de eso fue que Miguel se pego la trabada del siglo.  Él tendía a tener problemas con las drogas, no por nada, el lio que tuvieron cuando lo pilló en malos pasos, y que provoco que durara por meses encerrado en el apartamento. La persona con menos autoridad para aconsejarle en ese punto era él.
Sin embargo no tenía ganas de discutir, a pesar de estar adolorido, estaba relativamente  tranquilo. Evitaba pensar en el futuro lo cual ayudaba a manejar su ansiedad, sin embargo, sus miedos siempre lo encontraban.

Nuevamente se encontraba caminando por el pasillo con Miguel hacía la oficina del Regente. Esta vez era el momento de que su líder evaluara el aprendizaje de su amable, pero atolondrado amigo. El regente evidentemente, hizo lo usual, y de una forma esperada puso a prueba a Miguel. Diego rogaba en su interior que lo hiciera bien, sin chistes flojos, ni tonterías, y  sí, así lo hizo, es más, lo hizo mejor que en los entrenamientos.  Ahí estaba pintado este Berraco... era capaz de hacer lo que quisiera cuando se lo proponía, pero cuando no...”

El regente sonrió de manera cauta y dijo.

-          Buen trabajo Garcia. Miro a Miguel. Ha hecho un buen trabajo, ahora, sólo hay que cuadrar los últimos detalles.
-          ¿qué tipo de detalles?
-          Bueno, Miguel no solo será un mensajero Tremere, sino que deberá tener la presencia de uno.

Miguel entonces hace mala cara, sintió que le ofendieron. Diego, quien le conoce, sabe que eso le dolió como sí le hubieran insultado. Le da dos golpecitos con la mano buena en la espalda, estaba comenzando a sentir que  Miguel estaba por  demostrar su defecto de clan.

-          Un cambio parcero no le hace daño a nadie. Sonríe. Vos no te preocupes

Miguel aprieta el puño mientras el regente  habla.

-          Alan Sergunsor se encargará. Sonríe. Tiene buen gusto, así que deseo que se presenten ante él en una hora.
-          Sí señor. Diego se levanta haciéndole una señal a Miguel para que salgan de la oficina lo cual  no es difícil que este haga, pues prácticamente casi atropella la puerta para salir. Diego Garcia se queda mirando como su amigo camina molesto por el pasillo, y se voltea aprovechando que esta solo con el regente. Señor. Se dirige e a él, con un tono humilde. Quería disculparme, yo... no debí gritarle hace un par de noches, ni tampoco ofenderle. Mi comportamiento fue totalmente inapropiado. Cierra los ojos. Espero que comprenda que no me encontraba en mi mejor momento.
-          Lo comprendo Garcia, espero que no vuelva a pasar. Dice el regente con una tranquilidad  única.

Tras decir esto se retira de la oficina. Este regente era un poco distinto a los que había conocido. Otros por su impertinencia le hubieran clavado una daga en el corazón y  le hubieran hecho esperar el amanecer con los ojos abiertos. 

Tras buscar a Miguel lo encontró con cara de puño.

-          Bustedes se creen mejor que los demás porque tan  bien vestidos. Dice con resentimiento. No es la primera vez que me humillan.
-          Parce, le dice claramente, a vos nadie te ha humillado,  le contesta de una forma paternal, lo que pasa es que vos  sientes eso como ofensa cuando no lo es, fijate. Palabra que pronuncia sin acentos.  que lo único que te han dicho es que te van a dar algo de ropa.. se ríe, ¿no es bacano?, así tenes pinta pa conquista...hay parce, vos no te ahogues en un vaso de agua.
  
Comenzó una larga retaila de ánimo y de convencimiento, Diego hablaba mucho, y trataba de convencer a su enfurecido amigo que se calmara, que no era malo aquello. Fue entonces que a la hora exacta fueron al encuentro del fulano en uno de los salones del subsuelo.  Un hombre rubio, con una cara  blanca delicada, ojos verdes,  y una presencia impecable los saluda a ambos. Miguel hace una mueca cuando lo ve. Tras el saludo inicial, y cuando este da la vuelta para buscar algo, el ex brujah le dice a su amigo en tono bajo.

-          Ese man es gay.
-          No, no lo es. Responde Diego de manera rápida, algo sorprendido por la apreciación.

 El hombre quien evidentemente no sabe español saca de repente un ropero movible, con varios trajes en sus forros.

-          Bueno comencemos. Señala los trajes. Aquí hay de todo, desde Oscar de la renta hasta Armani.. camina alrededor de Miguel  mirándolo detalladamente mientras el observado  frunce el seño. Creo que primero le tomare las medidas. Dice sacando un metro. Cualquiera que sea el traje escogido es posible que se deban hacer reformas.
-          No me voy a dejar tocar de ese marica. Murmura Miguel en español.
-          Qué no es marica hombre. Le dice nuevamente Diego. Siempre que se compra un traje a  uno le toman las medidas. Le dice sonriendo apenado dándose cuenta que el rubio no entendía nada por no saber español. 

A regañadientes Miguel acepta, sin embargo era gracioso ver al rubio  midiéndole la espalda, mientras el atendido hacia mala cara, la incomodidad que sentía era única. Diego estaba disfrutando un poco aquello, le parecía gracioso ver como cuando le pedían que alzara el brazo este lo hacía como si fuera un robot.  Miguel  sufría, y Diego se estaba divirtiendo por los gestos que Miguel hacía. “jeje Miguel hoy amaneció de malas pulgas”

Entonces  es el momento en que se midio el primer traje, le quedaba algo grande. Diego estaba algo sorprendido, era extraño  ver a su amigo, cuya ropa era la más informal, usar un traje de ese estilo.

-          Bueno este ya. Dice Miguel señalando que se queda con el primero.
-          No, señor. Dice el hombre de manera elegante, este, ehh no es su estilo,  mídase otro por favor, seguramente este le quede mejor.

Miguel mira al sujeto y luego  a Diego quien acepta la sugerencia. Haciendo mala cara,  hala el traje escogido y vuelve al probador.  Esa misma escena se repite una y otra vez, mientras Diego escucha maldecir y putear a Miguel mientras se cambia.  No podía negar que le parecía divertido.
Es entonces que Miguel sale del probador por octava vez.

-          Este le queda perfecto. Miguel suspira, mientras es rodeado por el rubio,  posible necesite un arreglo pequeño en el pantalón, pero este le queda bien.
-          Ya me puedo quitar esta porquería..
-          ¿porquería?,  sonríe el rubio, debe estar bromeando, este es un Armani colección clásica.
-          Eh. Sonríe Diego apenado. No le ponga atención,  le encanta hacer chistes. Mira a Miguel  con cara de “cuida tus palabras”

Miguel se puso su ropa informal de nuevo, salió del vestidor aliviado. Los disfraces elegantes no le gustaban. Estaba feliz de que por fin terminara aquello.

-          Bueno, sonríe el hombre, ahora el cabello.

Los ojos de Miguel se abren espantado. ¿QUEEE?. El hombre habla con Diego.

-           Ese corte de cabello es totalmente  inadecuado y poco elegante.
-          Ehh, parce  haga caso. Dice Diego dándole la razón, el pobre Miguel tenía un peinado estilo militar y algo trasquilado, que no  se veía  bien. Un cambio le hará bien.

Miguel mira a Diego suplicante, pero no encuentra en su amigo el apoyo que buscaba.

-          Pensé que eras mi amigo.
-          Lo soy, pero creo que es bueno que  vos cambies el corte hermano, dice con paciencia,  piense en esto parce, si se ve mejor, pues la japonesa le tendrá más ganas cuando venga.
-          Ella ya me tiene  ganas
-          Pues le tendrá más ganas.

De  repente  pasan a un cuarto anexo donde hay un espejo y sillas de barbero. El hombre invita a sentar a Miguel  en la silla, pero antes de que lo haga le murmura a Diego.

-          No me voy a dejar tocar de ese marica.
-          Parce, lo mira de frente,  entiende una vaina,  y lo digo en serio, ningún tremere es homosexual, simplemente no existen gays en nuestro clan. Miguel voltea los ojos. Así que tranquilízate.
-          Claaaro... las vainas que hago por ti. refunfuña

Miguel se sienta furioso,  se nota que está tratando de tranquilizarse. Diego teme que entre en frenesí. Así que le dice a Alan Sergunsor que  se tome su tiempo. Él le explica que debe hacer el ritual  del renacimiento de la vanidad mortal, el cual le permite  crecer el cabello, lo que permitirá qué le puedan hacer un corte adecuado. Comenta que ha encontrado la forma para que los efectos del rito sean más duraderos. 

Diego va hacia donde esta Miguel y le explica que deben hacer, y Miguel se opone,  justifica que “él no se dejará tocar por ese marica”. Diego entonces se para al frente de él y le dice, “mírame” le muestra su yeso. “si yo no estuviera así yo mismo lo haría, pero no puedo”. Diego en realidad no había aprendido hacer ese ritual, pero, Miguel eso no lo sabía.

-          Está bien, pero con una condición.
-          ¿Cuál?
-          Me dejo, pero a ti también te lo hacen. Igual, dice repitiendo lo que él le había dicho. Un cambio no le hace daño a nadie.

Diego suspira y acepta. Todo para que Miguel se dejara cortar el pelo.. Tras acordar con Alan el procedimiento, el hombre acepta sin ningún reparo.   Abre una especie de bolsa con mechones de cabello de niño. 

En alguna peluquería infantil deben preguntarse para que dicho hombre les compra los mechones a buen precio, pero eso poco importaba ahora, el par de amigos estaban  sentados frente al espejo esperando el procedimiento.

 El rubio llama a  William, el criado,  y le pide que traiga mas cabello, cuando el lacayo se da vuelta, pasa algo que deja sorprendido a Diego. Alan se le queda mirando  con morbo el trasero al criado.  
Miguel mira a Diego y le dice con alto sarcasmo. 

-          ¿qué no hay  maricones en el clan tremere?
-          Cállate.

Responde  de mal modo Diego  tratándose de reponer frente a lo que vio. De repente él también se sentía incomodo.

Frente al espejo y haciendo el ritual, ambos pueden ver cómo mientras miran el espejo les crece el mismo, en realidad  el cabello creció más de lo que esperaban, a ambos  les llego el cabello sobre los hombros. Por primera vez en su existencia tenían el pelo largo. Miguel estaba impactado, a tal nivel, que a Diego le dio la impresión que comenzaría a llorar como un crio en cualquier momento. Diego se miraba pensando en que sí su padre lo viera, estaría en serios problemas, se tocaba el cabello y definitivamente, ese no era él. Con una camiseta negra, unos jeans y  otro tipo de ropa, tendría el estilo roquero perfecto. Miguel  no podía reponerse frente al cambio, y cuando Alan sugirió cambiarle de color, este, sin  reservas le mando un Madrazo. Comenzarían el corte de cabello primero con él, y luego  sería el turno de Diego.

Poco a poco los mechones de pelo de Miguel van cayendo al piso mientras se realiza el corte, y poco a poco,  se puede ver que el  pelo está tomando  forma. Un corte corto, con algo de volumen,  masculino, pero no estilo militar vulgar.

Diego esperaba a que fuera su turno, cuando de repente,  se abre la puerta. Una mujer ya conocida entra  con algo de  afán.

-          Alan te estaba buscando, necesi.... En ese instante se da cuenta de la presencia de Diego y sonríe. Hola Diego. Lo mira encantada. Te vez MUY bien con el pelo largo. 

Diego se paraliza, los colores se le suben a la cara, su rostro lo dice todo; prácticamente  sintió que la mujer lo desnudo con la mirada. Rebeca se dirige a Alan y le dice, que pasaría más tarde  ya que no sabía que estaba ocupado, y así como entro, y sin dejar de mirar a Diego sale del recinto. Una carcajada se escucha clara desde la silla de corte, Miguel quien  se dio cuenta de todo, no  podía dejar de reír. La risita era tal, que  se le escurrían las lágrimas de sangre mientras se reía. Se tuvo que quitar los lentes para limpiarse los ojos mientras miraba a  su hermano sin poder controlarse, quien al mismo tiempo, lo miraba con desdén y con furia. 

En el momento que era su turno para el corte y al ver que Miguel no paraba de burlarse, le regalo un puño fuerte en el  brazo, hecho que a su hermano, le daba más risa. Se sentó entonces en la silla para cortarse el pelo y dice de modo serio y casi como una orden.

-          Lo quiero tal como estaba, igual de corto.
-          Yo de buste me lo dejaba largo. Le murmura Miguel de manera morbosa.
-          ¡Corto!. Reafirma.  ¡Bien corto!, y mira con disgusto a Miguel. ¡Y vos te callas si no quieres que te patee!

Qué Diego estuviera tan disgustado era estimulo para que El Tres-se se siguiera riendo. Pero esta vez de manera baja, parecía tratar de controlarse sin lograrlo. Por más de que no se reía, las lagrimas brotaban de sus ojos de forma incontrolable. 

Los mechones  comienzan a caer, mientras el peinado  toma forma.  Y minutos más tarde, Diego  tenía su habitual corte de cabello mientras Miguel, se notaba diferente, en realidad, se veía mucho mejor, aunque él no lo sentía así.

La noche terminó así. Diego se calmó, Miguel dejo de reír, pero  había quedado con una sonrisa misteriosa que se apagaba cada vez que se miraba al espejo. Tras dejar a Miguel en el cuarto asignado, Diego caminó hacia la oficina del regente, y le informó que el cambio de imagen se realizó con éxito.

-          Perfecto Diego, dice Dieter calmado, mañana irás a recoger el documento.
-          ¿yo?
-          Sí, a ese lugar, Miguel no puede ir.

La sorpresa se dibuja en el rostro de Diego Garcia.

sábado, 8 de octubre de 2011

Entrenamiento (Parte 1)

Miguel estaba  encima de la cama mirando al techo. Mientras en el laboratorio Diego estaba leyendo un poco de papeles, y con el yeso que había en su brazo derecho trataba de  evitar que algunos de estos cayeran al suelo.  Mira de reojo a su hermano, y  vuelve a su trabajo, cuando observa el reloj dice en tono de mando.

-          Venís ya.
-          Yaaaa voyy... Contesta Miguel como un niño pequeño, mientras Diego pensaba que no soportaría sus  niñerías. Miguel se sienta a su lado, y lo mira como “niño bueno”
-          Bueno, entonces, ya se aprendió lo que le dije.
-          Sí... aunque me parece estúpido

Diego lo mira, eso era “típico” de Miguel. Tenía que cuestionar todo, y no estar de acuerdo. Pero, bueno él era así. Sin embargo era curioso, podía cuestionar, pero  siempre hacía las cosas, como un “rebelde controlado”

-          Ya a vos te dije qué es el protocolo, que debés seguirlo, eso no  es porque sí.
-          Parce es estúpido. Lo mira. Porque no puedo ir, y entregarles el papel, que lo firmen, y ya.
-          Porque no es así como funciona esto.
-          Bustedes se complican por todo,  son peores que tartamudos cantando el himno nacional.

Diego alza una ceja al darse cuenta  de la “pintoresca” comparación. Miguel no comprendía qué la situación era compleja, además que él no se iba a dirigir a cualquiera, iba a tener contacto con personas de alto rango. Pero bueno... Miguel, no tenía rango, es decir, el no comprendía el concepto de la pirámide, o sí lo comprendía no podía entenderlo como él. Sólo un tremere sabía que era ser parte de ese ladrillo, sólo aquellos que han bebido de la sangre del círculo, saben, el honor que significa, ser y pertenecer a los tremere. Miguel no tenía eso, por el simple hecho que el no tenía apegos a su clan. Pudo tenerlos en un momento, pero ahora él se sentía sin  un vínculo. No era parte de nada, sólo era su amigo. Lo único por lo cual estaba comprometido.

-          Bueno,  vos y yo vamos a repasar.
-          Aburrriiiiido.
-          ¡Parce! , vamos a repasar y punto. Perdí  mas de un día por estar vagando contigo, ahora, debemos ponernos al día..

El regaño era oportuno. Miguel era vago. Diego esperaba que algún día pasara a cuarto, y sí algún día se graduaba de secundaria, el estaría muy feliz. ¿Qué le pasaba a Miguel?, se quejaba porque los demás lo veían como un ignorante, pero era muy lento para estudiar. El ponía de su parte... a veces. Ya llevaban dos días en eso.

Fue así que comenzaron a repasar una y otra vez. Diego entonces, saco varias cosas de una bolsa, un maletín, una llave y un papel, y se puso a actuar con Miguel repasando la situación. Lo curioso, eran las cosas que  Miguel decía para hacerlo rabiar.

-          Sí wenas vengo a buscar el marrano de esta capilla..
-          ¡PARCE!. Diego mira de lado y lado (aunque están encerrados en la oficina) y dice furioso. ¿Vos quieres pelear conmigo?. Miguel se ríe como un crio travieso. ¿vos quieres meterme en un problema?, callaté, y di las cosas bien, que pueden estar escuchando.  aprieta el puño. .. ahora, lo dices en ingles!
-          Ok... dice con una sonrisilla... Good evening sir, I have an appointment with the pig of this place.

Diego entonces le da un puño en el hombro y mira a Miguel como sí quisiera matarlo. Miguel hace un gesto de haber entendido.

****

Terence se había sentado en un café  y frente a él había una tortilla suculenta de jamón. Estaba deprimido, jugueteaba con el tenedor, y  se metió un pequeño trozo a la boca. Cerró los ojos como si añorara comer alimentos, inmediatamente sintió una arcada y coloco delicadamente el trozo de servilleta en su boca, para devolver lo que añoraba. Miro por la ventana del café y vio lo que estaba.  El joven con la mirada perdida acababa de llegar a ese punto, y estaba intercambiando algo con un desconocido. Desvía la mirada entonces a un hombre que está a tres mesas delante de él, y le hace la señal. Este se levanta, y sale del sitio. Miraba el muchacho esperando que no se fuera muy lejos. Terminó la transacción ilegal,  y Maurice, camina en dirección contraria. Momento en que un carro frena cerca a él, salen del vehículo dos hombres, y meten a la fuerza al muchacho al auto y conducen

Terence mira su tortilla, lamento no poderla comer, se levanta de la mesa, y sale del café de manera casual.

****

 Tras varias horas de entrenamiento, donde por fin Miguel había dejado la tontería, Diego siente que ha logrado que el comprenda el concepto, aunque debió ponerse bravo con Miguel para que dejara “la pendejada”, él no comprendía lo serio que era eso, o lo comprendía, sí, pero, parecía que tomara aquello como un juego.

Tras repasar, actuar, mirar las distintas posibilidades, establecer como saludar, cómo contestar, como mirar, cómo actuar, el entrenamiento estaba tomando forma. Por lo menos se sentía más tranquilo. Miguel podría hacerlo.

De repente nuevamente golpean a la puerta, Diego abre pensando que es el regente, pero no es así, es Phillippe, un tremere  de origen sueco que le saluda formalmente y le encarga que de vez en cuando, mire  lo que su chiquillo está haciendo. Pues es sabido, que chiquillos de círculos bajos, no pueden salir de la capilla sin previa autorización.  Tras irse este, Diego hace un gesto de suspiro. No era la primera vez que le hacían ese encargo, no era que “tenía que cuidar” a los aprendices, sólo supervisar de vez en cuando que no estuvieran haciendo nada inadecuado. Era una misión conjunta de los aprendices de círculos superiores cuidar a los inferiores. Al fin y al cabo era viernes y  muchos de los sires,  se iban, pues no vivían en la capilla.

-          ¿qué pasa?
-          Nada grave. Dice pensativo. Debo ver que está haciendo el chiquillo de mi colega en unos minutos.
-          Ahhh. Dice Miguel de manera entusiasta. ¿puedo ir?...
-          Más luego sí, primero, terminemos esta parte...

Y fue así como por un par de horas siguieron trabajando, hasta que Miguel ya recitaba de memoria lo que debía decir.

Salen  por el corredor de la capilla y bajan al segundo piso, un corredor extenso conectaba otros iguales. Las habitaciones estaban en ese piso.

Diego camina por el pasillo con Miguel de perro faldero. Ya llegando al sector escuchan que de la habitación del chiquillo se escuchan voces. Diego golpea la puerta, y esta se abre. Un hombre menudo, con gafas les abre la puerta. Lo que se ve al interior de la habitación es algo raro. Una mesa  donde están sentados cuatro sujetos, uno de ellos parece tener un sombrero extraño. En una esquina había un cartón  pequeño doblado, especie de panel con ciertos dibujos. Había pequeños objetos en la mesa de tamaño pequeño y de plástico,  figurillas diminutas de juguete, y  unos pequeños trozos de plástico con números.

-          Peter, eh... ¿cómo estás?, eh, ¿Cómo van chicos?.. Robin, Paul, Marc y Frank... no esperaba verlos a todos  reunidos... ¿qué hacen?
Peter mira a su superior  algo apenado.
-          Señor, jugamos rol.
-           ¿qué es eso?. Diego no tenía ni idea de que le estaban hablando, Miguel se asomaba también sin entender que hacían.
-          Pues... Todos los hombres se miran, como sí esa pregunta se las hubieran hecho mil veces, es más,  se miran como diciendo, “nadie lo comprende, y aunque lo expliquemos, no lo comprenderán”. Es  Dungeons and Dragons, y bueno, cada uno interpreta un papel, y pues siguen una aventura..
-          Interpreta un papel, ¿es decir que lo actúan? . Dice mientras piensa, estos muchachos están locos.
-          Máas o menos señor... por ejemplo, Paul es un enano guerrero, Frank es un humano paladín,  Robin es un ladrón, y Marc un mago.
-          Que original. Dice Miguel riéndose del Mago que hace de Mago

El que hacía del mago hace una cara de “qué culpa”.  Diego mira alrededor, al parecer no hacen nada malo, igual es viernes, y están pasando el rato.

-          Bueno, sólo no se metan en problemas, ni maten a nadie. Ríe de manera amable.
-          No señor, nada de problemas, sólo matamos elfos oscuros. Sonríe el muchacho, mientras Diego alza una ceja.
-          Mmm bueno,  me voy... que se diviertan muchachos y que gane el mejor.  Los muchachos sonríen, evidentemente el termino de “ganar” no aplicaba en este juego.

Tras salir del cuarto, y cerrar la puerta se puede escuchar la voz de Peter. “Están ahogándose en el túnel del castillo, lancen resistencia”. Se escuchan como si algunas piedritas golpearan  la mesa. Diego se aleja con Miguel, mientras él le dice. 

-          Esos sujetos sí que son raros...¿interpretar papeles?, ¿a qué loco se le ocurre eso?
-          Pues... no lo se, había escuchado algo de eso, pero no pensé que fuera así.
-          Es ridículo,  Miguel se rie, un mago que hace de mago, antes no se han inventado un juego de vampiro, donde se haga de vampiros.

Diego se ríe fuerte,

-          Hay parce, no digas pendejadas, nadie es tan estúpido para hacer algo así