viernes, 6 de agosto de 2010

Fragmentos


La oscuridad y las brumas eran lo único que veía, aunque a veces había pequeños brillos de luz que pasaban al lado de él, lo único realmente significativo era un hilo de luz tenue que  se conectaba a su espalda y que desaparecía. Sus ojos bien abiertos y su boca cerrada solo esperaban que pasara algo más... pero nada parecía ocurrir.
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Habían pasado dos largas semanas. El ambiente era el mismo, cuando se cruzaba el sector donde estaba su habitación, sólo había silencio. La tensión se podía sentir, pero también la tristeza. Los vampiros al fin y al cabo tenían sentimientos, no era agradable ver a alguien así.
No tenia aparatos que lo ayudaran a respirar,  no había sistemas médicos alrededor de él,  como usualmente un humano, enfermo y en coma tendría. Sólo estaba recibiendo  transfusiones de vitae ocasionales.
Su cuerpo parecía cómodo, aunque inmóvil. Arlene Hartsfield, la enfermera,  le  cambiaba la postura constantemente. Si bien su cuerpo no respondía como el de un humano vivo,  se debían tomar precauciones para no establecer posibles daños que en su situación podían ser fatales.
Un hombre con gafas, y con el andar pausado entra a la habitación, lleva un documento en sus manos. Su mirada se posa en aquel que está en cama y baja la cabeza.
¡Es bueno lo que está haciendo,  estoy segura que escucha”. La voz de la joven Arlene suena como un susurro.
 El se acerca, le toca  el brazo y le dice casi en susurros, “señor, soy Terence , estoy a su lado”, mira  a la derecha  después de hacer una pausa,  y   abre el documento que había traído ese día. “ayer nos quedamos en el guion dos, ¿ lo recuerda?, Raquel se había mudado a su nueva casa tras su reciente separación”. Mira el rostro de su sire tratando de buscar una correspondencia, y aunque no encuentra ninguna, comienza a leer  casi asegurándose que sólo él pudiera escucharlo.  
“Guión, capítulo 3, serie 3-1.
Escena 1:
Es una noche lluviosa, la  tormenta eléctrica ha durado  más de una hora, y Raquel se encuentra en cama con  sus dos niños aterrados.
Un trueno  estremece la casa y los niños se aferran a ella mientras la pequeña Rose  comienza a llorar.
El teléfono suena  tan fuerte que asusta por segunda vez a la madre y a sus hijos. Contesta aterrada mientras su rostro se vuelve más lúgubre, y solo le escucha decir “Llama a Marc, yo iré en cuanto pueda”.
El rostro de la mujer se llena de lágrimas mientras sus hijos la miran confundidos.
Observa  a su sire y continúa leyendo
“Escena 2:
El auto está en una calle oscura mientras la lluvia arrecia, en ese momento aparece ...”
La enfermera mira la escena y sonríe, evidentemente estaba poniendo atención a pesar de que la voz de Terence sonaba como un murmullo, llevaba varios días leyéndole sus guiones.
Era interesante observar que no tartamudeaba mientras leía.
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“No te vayas por favor, déjame explicarte.. se que estas molesta, sé que tienes toda la razón, pero sólo déjame hablar, escúchame un momento”
La voz sonaba como un ruego.
“Sí lo sé, soy un mentiroso, lo acepto, pero no te vayas... por favor.  Baja la voz y la sube de repente.  ¡Matilda!, te lo ruego, mi amor escúchame”
La luz al lado de él se quedaba quieta al fin.
“Lo sé... ¿eh?, no, no te tocaré si no quieres. Niega con su cabeza. No, no, eso no es cierto, yo- yo sí te amo. Bajo la voz mientras llora. Te amo mucho”
Lo que atendía lo destruía
“Escúchame, siempre cuide de ti y del niño, aunque no estaba, siempre cuide de ustedes... no, no entiendes corazón, no, es la maldición, no podía estar con ustedes, los hubieran matado...”
Y en ese momento comienza a llorar profundamente arrepentido
“Los hubieran matado”...
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Dos hombres estaban sentados en una oficina en silencio.
-          Señor, déjeme ir a verlo. Dice García con la mano en su rostro, cuando por fin la retira para mirar al regente se puede ver cómo está más pálido de lo normal. Parece enfermo. Se que ya han pasado dos semanas, pero..
-          Diego. Dice el regente con humildad. Daría cualquier cosa por poder verlo yo mismo.  Dice con total sinceridad. Pero tú sabes, que no se puede.
García no replica, en realidad sabía que tenía razón.

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Arlene se levanta, mira a su paciente y se sorprende. Toma un algodón y le seca una lágrima de sangre que le escurre por la mejilla. De manera muy amorosa acaricia su frente y le arropa.
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Entiende por favor, tuve que hacerlo... fue el peor de los castigos...
Yo lo sé,  mira al frente, sí ...estoy de acuerdo con tigo, pe-pero... !Mati, por favor!. Se toca el rostro aterrado. No, ella no fue nada para mí, te- te lo juro, ¡no cómo tu!... sí ya sé lo que piensas, pero no fue premeditado, habían pasado  cuatro meses de tu muerte..
Hace un gesto como si  se tapara los oídos, como si hubiera escuchado un gran grito y se da cuenta que esa frase empeoro las cosas. Baja la cabeza y comienza a escuchar lo que  sólo el percibía con resignación.
Sí lo sé... no es así, yo si lamente que faltaras... y no, no te fui infiel mientras vivíamos juntos. Llora.  Siempre estuve ahí, ¿recuerdas que los médicos no te cobraron nada?, yo pague todo eso, también he pagado la universidad de Maurice,  y pague tu sepelio, todo bajo la fachada de ese seguro...
Por favor dame algo de crédito, yo en realidad trate de darles comodidad... ¿crees que si no los amara hubiera hecho eso?... yo los adoro, son mi familia.

Mira directamente a la luz. Lo sé,  dice casi sin esperanza. ¿no puedo hacer nada para que me perdones verdad?
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“Capitulo 6, Escena 5”.
La voz de Terence se escucha como un murmullo.  Está  vestido con otros ropajes, signo que  ha pasado algún tiempo.
Comienza a decir sosteniendo el papel. “Marc  está sentado en la vitrina de su negocio, cuando nota por la vidriera que la policía se está estacionando al frente del local. Rápidamente se arrodilla debajo del mostrador y le hace un signo a la empleada. Puede  ver los zapatos de los policías por debajo del mueble mientras se acercan, sabe que comenzara un interrogatorio, pero él sólo necesita tiempo....”
La enfermera sonríe, se levanta, mira de reojo al hombre que lee, y le acomoda la almohada a Rowan, para darse cuenta que tiene una sonrisa misteriosa.
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También te amo...sí, también extrañaba abrazarte. La aferra mientras sonríe. Te adoro... no, nada me haría más feliz  que poder quedarme con tigo para siempre.
Mira con tristeza el hilo plateado qué lo sostiene en ese limbo.

1 comentario:

Tana Abbott dijo...

o.o Estoy confundida.... el guión de Terence parece inspirado en la vida de Alexander!! puede ser eso? no recuerdo si le contó todo....

Besos! no mates a Alexander

(voy pòr el sindicato xD)