martes, 15 de septiembre de 2009

LA DESPEDIDA

La Condesa ha tenido una noche ocupada. Es viernes, y siempre a esa hora hay mucha gente con afán que quiere ser atendida a la mayor brevedad. Camina de un lugar a otro preocupada por los detalles y por la comodidad de los clientes. Como es usual, su salón de belleza se va desocupando de mortales a las 9 de la noche; después de esa hora llegan los clientes más exclusivos.



Su cara siempre maquillada, con el peinado perfecto se ilumina en el espejo del negocio mientras termina los últimos detalles de una modelo de pasarela. Su vertido color perla diseñado para su bien formado cuerpo acompaña los pasos rápidos de la estilista hasta que por fin ha terminado.



Un criado frances entra a la sala con cautela. Excusez-moi Madame, votre client est venu . La prudencia del hombre le hace saber a Catalina que la cliente debe ser especial, sin embargo no la conoce. Dile que la atenderé de inmediato, no la hagas esperar y pídele que suba. Unos minutos después una mujer joven pero poco agraciada entra a la sala. La condesa la observa, parece de unos 20 años, o tal vez menos, su piel esta extremadamente pálida, su pelo recogido y sus ojos negros apagados. Esta mujer esta triste. Piensa mientras la recibe con una sonrisa. Bienvenida señorita - lee rápidamente el papel de la cita – Michelle, en que le puedo ayudar?.



- Me veo horrible – responde la muchacha con tristeza – me hablaron de usted…yo..



Catalina sonríe orgullosa. En realidad era cierto, la muchacha se veía terrible. Pero ella podía hacer algo para solucionarlo. Tranquila querida, siéntate, siéntate…. Yo te ayudare



La muchacha se sienta y ella delicadamente voltea la silla hacia el espejo e inmediatamente abre la boca sorprendida.



“La imagen de la joven no se ve en el espejo!”, Piensa confundida mientras su cara muestra preocupación. En ese momento su cliente comienza llorar lagrimas de sangre repitiendo que se ve horrible. Oh perdóname querida, discúlpame. Pero no te preocupes, yo te aseguro que quedaras perfecta. No necesitas de un espejo para eso. Inmediatamente va y cierra la puerta.



Sintió lastima por la joven la sombra que si bien era del sabbat debía sentirse muy mal al no poderse ver en el espejo. Si bien ella pertenecía a la camarilla, no creía que existiera gran lió si peinara un sabbat… igual le iba a pagar.



- Bueno querida, vamos a comenzar por lo primero, te voy a lavar el pelo - en ese momento suelta aquel amarrado con una moña – luego te lo voy a cortar, no te preocupes hay un corte que beneficia mas la forma de tu cara, luego lo secare y daré forma. A lo ultimo te maquillare… poco, no te veras muy escandalosa, pero te aseguro que te veras bella.



Inmediatamente llama a un criado para que le lave el pelo. Y ella comienza su labor tal como había señalado. La mujer se transforma en cosa de una hora de una mujer descuidada a una mujer elegante y bella. Su sonrisa lo dice todo al salir del salón.



El criado ingresa inmediatamente un poco alterado. Excusez-moi Madame, hay un hombre buscándola, hace un gesto incomodo pero esta preguntado por Victor, no por… su nombre. Dice que es familiar suyo, trate de decirle que se fuera pero insiste en hablar con usted.



Victor??? Cuantos años sin oír ese nombre, pero ella no era él, era Catalina. ¿Quién será?. Un corrientaza de miedo recorre todo su cuerpo.



- Hazlo pasar, y cierra la puerta – dice con voz temblorosa.



Un hombre de 1.60 de estatura, moreno como ella, bajo y regordete se asoma a la salilla, abre la boca totalmente sorprendido e inmediatamente muestra una expresión de asco. Catalina lo observa y lo reconoce inmediatamente: Es su hermano mayor Germán.



- Victor??.. Que Mierda es esta?, Comienza a hablar con acento costeño. En que te haz convertido!.. Sabia que eras un volteado pero no pensé que lo fueras tanto...tas jodido. Dice molesto.



No había visto a Germán en 24 años, y reencontrarse con él y su rechazo era un golpe emocional.



- Que quieres Germán?- Dice Catalina con su voz ronca y suave – A que haz venido?



El hombre la mira y comienza a mirar el suelo como signo de no querer ver más. Mira, no vengo porque quiera venir, vengo porque mamá me lo ha pedido, ella quiere verte.



Se pone muy pálida mientras balbucea.. Mamá?



- Si tu madre!, aquella a la que no haz llamado desde que te escapaste…pero ya me doy cuenta porque te escapaste.. hace un signo de negación con la cabeza Mamá esta enferma, y los médicos dicen que le queda muy poco… y ella me pidió que te buscara.





La cara de Catalina demuestra que no puede creer lo que esta oyendo…



- Esta hospitalizada en la Samaritana, aunque no se si sobreviva a esta noche: tiene cáncer en el estomago y esta muy enferma… Siempre preguntaba por ti. Me pidió que buscara y acabo de cumplirle, pero ya me voy. Hace una cara de asco y repulsión. Adiós Victor.

- Me llamo Catalina!, Protesta Aunque no te guste a ti, ni a mi padre, ustedes dos son iguales y me alegro de haberme alejado de ustedes!

- Papa murió hace dos años – señala de manera fuerte, lo que hace que la Condesa pare todo aquello que quería decir – Siempre dijo que no eras su hijo… y yo si lo creo.



Y al decir eso último Germán abandona la sala dando un portazo. La Condesa entonces comienza a llorar con mucho dolor. Su llanto sale del alma. Esa visita revolvió muchas cosas que sentía pero que había dejado atrás. Lloraba y lloraba… no podía parar.



Pasa una hora y entra una mujer alta, morena y con una larga trenza quien procede ha abrazarla.



- Querida? Que ocurrio?... me llamaron!... Calmate querida, calmate..



- Mi mamá…mi mami.. solloza inconsolablemente



Pasa una hora tratando de calmarla, hasta que por fin y la Condesa le explica a su amiga la repentina y desagradable visita de su hermano.





- Bueno hoy tenia que trabajar, pero… te acompañare. La levanta y le da un pañuelo para que se limpie la cara. Deja hago unas llamadas de teléfono. Es tarde pero se como entrar a ese hospital.



- Estoy horrible dice Catalina al vez que sus lagrimas arruinaron su maquillaje… y que tal que se asuste al verme…



- No creo, ve maquíllate rápido… y vamos.



Sin embargo esa misma pregunta la carcomía todo el viaje. Y si su madre en su lecho de muerte se asusta al verla?, y si al igual que Germán la rechaza? …



Amaba a su madre, a pesar de haberse escapado por su naturaleza. Le había escrito en un par de oportunidades pero no había tenido el valor de enviarle la correspondencia. Le daba vergüenza dado que su familia, comenzando por su padre la había rechazado.



El camino al hospital de la Samaritana le pareció eterno, y al llegar no quería bajarse del carro.



- Por lo menos tu vas a poder despedirte de tu madre, hay muchos que no lo logran… vamos… murmura la amiga mientras la toma de la mano de manera comprensiva



Un hombre sale al encuentro de ambas y las acompaña hacia la puerta. El vigilante no hace ninguna pregunta. El hombre le entrega a Hanna una copia de la lista de pacientes y esta a su vez se la entrega a Catalina para que busque el nombre de su madre. Tras localizarla y saber el número de la habitación suben lentamente las escaleras hasta el segundo piso y se paran al frente de la habitación 218.



Su mirada se posa en el número de camas de la habitación múltiple mostrando una clara señal de miedo en el rostro mientras una mano amiga se posa en su hombro y la invita a pasar.



Con pasos temerosos y rígidos pasa por las camas leyendo los nombres de los pacientes hasta lograr ver a su madre acostada en la ultima cama de la hilera. La mujer de unos 70 años, con su cara arrugada pero calmada yace dormida. Su rostro presentaba los signos evidentes de la muerte próxima.



Catalina se sienta a su lado en silencio y le toca la frente acariciándole la mano mientras una lagrima de sangre furtiva se le resbala por el rostro.



Entonces los ojos de la anciana se abren y mira a la persona que la acaricia.



- Victor? – murmura muy bajo

- Si mamá. – responde con voz entrecortada



La mujer se le queda mirando con sus ojos apagados por unos minutos y le toca el rostro.



- Estas hermosa! … dice de repente mostrando una sonrisa.. Le rece a la virgen para pedirle volverte a ver antes de morir. Y acaricia su rostro. Siempre supe que eras diferente, siempre… pero yo… hace una pausa por su debilidad yo nunca me sentí avergonzada de ti, comprendí cuando te fuiste porque sabia que eras infeliz, y no quería que te suicidaras…



Entonces la Condesa recuerda su intento de suicidio antes de escaparse a la ciudad



- Recuerdo que dejaba mi …– se detiene al tratar de respirar – maquillaje olvidado en el baño, porque sabia que disfrutabas usándolo… Catalina se sorprende al oír lo anterior

- De Veras mami? … Yo … yo pensé que … tu no… tu no sabias.

- Siempre lo supe.. siempre



Ambas se abrazan en la oscuridad de manera tierna. Poco a poco Catalina nota como a su madre le cuesta respirar pero aun así su sonrisa evidenciaba como estaba disfrutando del momento. Permanecieron comentando cosillas sin mucha importancia por lo bajo mientras Catalina le limaba las uñas y se mimaban mutuamente con caricias.



El sonido de los pájaros interrumpe la situación. El amanecer se aproxima. La condesa mira hacia la puerta y ve a Hanna haciéndole señas para que salga.



Acaricia el rostro a su madre y la besa en la frente mientras murmura mensajes de amor a la anciana. La mujer moribunda le sonríe y toma su mano con fuerza. Al separarse ella puede ver como la mujer con su mano se despide de manera dulce.



A la mañana siguiente la familia pensó que la anciana estaba delirando cuando les contó que su hija perdida había regresado, estuvo toda la mañana feliz y conversadora hasta la 1 de la tarde, hora en que entro en coma para morir cuatro horas después con una sonrisa en su rostro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

*^* es triste, pero muy lindo... la imagen dulce del final borra la violencia del hermano... me gustó mucho!

Tana

Unknown dijo...

¡Qué triste!
Por cierto ¿Cuáles son los "signos evidentes de la muerte próxima"?