(nota de la autora. La historia
está escrita en lenguaje de calle colombiano, en primera persona de una persona
de baja educación. Algunos errores son intencionales)
La cedula de ciudadanía, que escasamente me
dieron a los 18, dice que me llamo Martin Rocha, pero ese no es mi nombre, todos
me conocen y me conocerán como el Cuervo. Las chapas son mejores que los
bautismos. Naci un 30 de Abril de 1965 en Ramiriqui, Boyaca, Un caserío lejano
al pueblo, de ese lugar no tengo memoria. Mi madre le decían la Chacha, poco
recuerdo de ella en mis primeros años, me dejo con los cuchos desde pequeño. El
viejo García –como le llamaban- decía que “yo no debí haber nacido”, dijo que
el desgraciado de mi padre, quien al parecer lo único que había hecho fue
registrarme antes de desaparecer en las montañas, embarazo a mi mamá a los 14
años, lo golpeo con un azadón y casi mata a balazos al cura del pueblo
cuando le dijo que tenía que casarse con
mi mae.
Desapareció sin más, dejándome un nombre que ni
siquiera uso. Mi abuela Tera estaba jodida de los oídos así que no oía ni
hablaba, solo tomaba un trozo de cuero curtido para pegarme.
Recuerdo
que a los 6 años regreso mi mamá de quien sabe dónde. Mis abuelos la recibieron,
pero la alegría no duro nada. Aún en mis
memorias esta el día que a machetes fue echada de la casa por mi abuelo, pues
estaba nuevamente embarazada.
La sorpresa fue que ella, a quien casi no
conocía, se le dio por recordar que tenía un hijo, y con resentimiento tomo mi
mano y me llevo. No volví a saber nada de los Cuchos.
Llegamos a Bogotá una noche fría, recuerdo que tenía
hambre, pero me la tragaba, solo había comido un pedazo de queso, y eso porque
le sobro a ella. Fuimos a parar a casa de la comadre Sonia, aun recuerdo a la
vieja esa, amiga de mi mamá, ahí comencé a estar en la calle, no me inscribió a
la escuela, y pasaba mis tardes jugando e intercambiando monedas.
Los bebes llegaron pronto y, a falta de uno, tuvo
dos chillones, que dormían y cagaban todo el día, uno varón y la otra hembra.
El Yairo Miguel, y la Cristina Alexandra. Mi madre gritaba todo el día, pues
decía que si yo no la mataba, “ese par de diablos” lo harían.
Por fin entre a la escuela, pero mi madre me saco
por las quejas de las Profes, aprendí las letras pero no a leer. Un día salimos
a la calle a pedir monedas, los “mellos” tenían ya dos años, pero mamá decía
que teníamos que ayudarla a trabajar, ella pedía y nosotros la acompañábamos.
Era de noche, y debajo de un puente nos dejo dormidos, y cuando desperté, vi a
mi lado a mis hermanitos y mamá ya no estaba.
La espere por un tiempo, pero no regreso. Nos
recogió una patrulla, de esas largas, ese fue mi primer contacto con la
policía, y nos llevaron a un sitio donde un poco de viejas me interrogaban,
querían saber donde estaba mi mamá, si había más familia, pero “nada”, yo no sabía.
Una mujer gorda llego y me dijeron que esa sería mi nueva mamá; les llamaban “madres
sustitutas”, ella se haría cargo de mi y de mis hermanos.
Para ese entonces yo ya tenía 8 años, y pronto
cumpliría 9, la señora esa me metió a la escuela, y nuevamente las profes
comenzaron a quejarse, decían que era muy inquieto, y les molestaba que a todos
los niños yo les diera en la jeta. A mi no me importaba, si me pegaban yo
pegaba, era justo. La madre sustituta comenzó a quejarse de mi comportamiento,
y aunque al principio me llevaron “dizque” a psicología, la cosa termino cuando
jugando con fósforos incendie la cama. Fue un accidente en realidad, no quería
que eso pasara, pero por eso, las “doctoras” se pusieron bravas y me llevaron
lejos de mis hermanos a un lugar interno con otros niños.
Supe que a mis hermanitos los dieron en adopción,
se que se fueron a Italia, y yo como era grande, nadie me quiso. Puede que
algún día sepa de sus vidas.
En la Institución estuve por artos años, me
pusieron a estudiar, allí por lo menos aprendí a leer y a escribir. No era
bonito estar ahí, los profes le pegaban a uno, lo humillaban y lo trataban mal,
así que cuando cumplí 13 años me salte un muro y corrí lo más que pude. Jure no
volver a ese sitio. Así fue como comencé a vivir en la calle, y conocí a mis
Parces.
Dormíamos en las cuevas de Usme, era como la
familia, allí los manes me comenzaron a enseñar a atracar. Mi primer chuzo fue
un tenedor derretido, con ese atracamos a unos cuantos y vivíamos de eso. Sí
dábamos con suerte esa noche comíamos pollo, si no, pailas, pasábamos derecho
sin comer.
Éramos pandilla, nos hacíamos llamar “los
polillas”, éramos El Ronchas, El Maracas, El Pelusas y yo, ellos me llamaban El
Cuervo porque cuando atracábamos a alguien, sí tenían ropa negra yo me la
cargaba. De todos, El pelusas es el mejor. Le dicen El Pelusas porque trabajaba
en un relleno de cochones usados y quedaba lleno de esa mierda. El es el parce
de los parces, con ese man puedo hablar toda una noche y no cansarme. Con los
Ñeros fue que salíamos y conocimos el mundo, aprendí a fumar vareta, a utilizar
un fiero y a conocer hembras, nunca me dio por el bazuco y esas cosas, la
verdad no quería andar en la calle como un desechable.
Fue exactamente con El Pelusas que nos metimos en
un lió y nos llevaron al Redentor. Dicen que eso no es una carcel pero lo es.
Ahí conocí a mas bacanes, y comencé a aprender más, me contacte con “el grillo”
que tenía un negocio de cueros, vareta de primera calidad.
Además de drogas que yo no había oído en mi vida,
me dio un teléfono y una dirección pues él iba a salir del hoyo. A los pocos
meses nos soltaron, ambos teníamos 18 años. Cuando fuimos a ver al resto del
combo, nos dijeron que El Ronchas lo habían quebrado en Usme, y que El Maracas
estaba en la cárcel.
Durante varios meses seguimos robando con El
Pelusas. Ese man nunca ha sido de vainas duras, el tipo atraca pero no le gusta
herir a nadie, a veces vendíamos diablos y maduros, que conseguía gracias al
grillo, y ese man fue al que di por primera vez de baja. Ese tipo quería
matarme con un chuzo, pero yo fui más rápido y le clave el mío en el corazón.
Recuerdo que soñé con el muñeco varios días, hasta que se me quito.
En el sector de Santa fe el “Duro” era “el
Perico”, con ese man se tenía que hablar para todo, pero fue extraño porque
justo me pillaron robando y me encanaron por 6 meses. Cuando salí me dijeron
que el Perico estaba tieso y que ahora un tal Nicolás era “el Duro” en las
calles. Hay que tener cuidado cada vez
que cambian de mando, no sea que lo pelen a uno.
Era mayo de 1984, yo había cumplido mis 19 años
en la cárcel. Me dieron el alta un mes después, esa noche después de salir del
hoyo atracamos dos viejas con el pelusas, mientras escapaba sentí ojos en mi
nuca, fue algo realmente extraño. El pelusas me presento al Nicolás, el man
vestía chaqueta de cuero y camiseta, se veía distinguido, era un tipo
respetable en su camioneta 4 x 4 con varios manes pinta custodiándolo. El tipo se dio cuenta que no me conocía, le tuve
que explicar que había estado en el hoyo.
Inmediatamente nos propuso al Pelusas y a mí
hacer de escoltas en una fiesta, nos dijo que si nos portábamos bien podíamos
cambiar de vida. Aceptamos sin pensar.
Al otro día me eche en un parque pensando que
hacer, me gaste alguna plata en comida y me quede hablando mierda con algunas
viejas. Nunca pensé que ese día sería el último.
Cuando cayó la noche comencé a pensar que hacer,
se me dio por ir a hablar con el Duro del Nicolás para ver si me daba permiso
de vender diablos en el sector. Qué sorpresa me lleve cuando apenas me vieron,
sin esperar que hablara, el Nicolás grito que “yo sería uno de los suyos”.
Lo primero
que pensé fue en una pandilla, pero no entendía ni mierda. Me subieron a la camioneta y me bajaron en
algún lugar del centro. Los manes me estaban esperando para cascarme, saque mi
navaja y pensé que “si me quería quebrar, yo me llevaría a varios con migo”
En un
circulo varios tenían tubos, cadenas y chuzos. Los tipos pesados entraban al círculo
para darme, pero yo no dejaba, a los 4 les di duro. A uno lo abrí por la mitad
y los demás quedaron muy mal heridos.
Una hembrita miraba muy interesada el
espectáculo, solamente cuando se me acerco me di cuenta que era realmente
bonita: flaca, piel canela, y ojos negros alargados y un peinado peculiar alto.
La chica
al estar frente mío sonrió burlona y se desenredo la moña que dejaba ver una
trenza como dos metros con un chuzo en la punta.
Casi no puse cerrar la boca de la sorpresa al ver
que la hembrita quería enfrentárseme con migo, la verdad no soy de los manes
que les pegan a las viejas!!... e inicialmente me negué a darle. Con tal
sorpresa que la vieja utilizando su trenza como látigo y haciendo círculos me
rayo y tuve que defenderme. Le propine
un golpe y cuando pensé que saldría triunfante ella fue más rápida que yo y me
dejo en el piso boca abajo.
Mi orgullo estaba en el piso, una hembra me había
vencido, y al oído melodiosamente me dijo “eres bueno, pero no lo suficiente”. En
ese momento pensé en salir corriendo de ahí, ocultando mi humillación y mi ira.
Pero no alcance si siquiera a hacerlo. La mujer fuertemente me abrazo, y sentí
como algo se me clavaba en el cuello, trate de zafarme, pero era en baño,
parecía como si me amarraran cadenas, comencé a sentir que se me iba la vida,
pensé en mis parces, en las personas que había conocido, vi la imagen de mis hermanos
aun pequeños, la cara de mis familiares, el sentimiento de rechazo y dolor se
me paso por mi frente, nadie me quiso desde el principio, y mi historia
terminaría ahí, el cuervo moriría así como nació, sin que nadie realmente le
importara.
Luego apareció de la nada el Nicolás, y termino
de morderme. Abrí mis ojos por última
vez, y vi como la mujer con el chuzo de su trenza le abría la piel en la muñeca
al man. Su sangre brotaba de él. Mi boca
busco esa sangre que resulto ser la cosa más deliciosa que había probado. Bebí de mi sire, mientras mis ojos se
encontraron con los ojos de ella, quien solo miraba. Mi boca temblaba mientras
sentía como mi cuerpo asustado se retorcía por dentro con gran dolor.
Todo se volvió negro.
II.
Mis ojos se abrieron. La luz me molestaba. A lo
bien que cuando abrí los ojos no sabía donde carajos me encontraba. Me sentía
extraño, estaba en una especie de choza de lata a cada lado. Había gente
haciendo bulla afuera, la música estaba fuerte, era como despertar después de
una borrachera.
Mire a mi lado y ahí estaba el jefe Nicolás, me
miraba con una sonrisa burlona. Me ayudo a pararme y me dijo “ Bienvenido, ahora eres uno de nosotros,
pertenecemos clan Brujah y para mi es un placer tenerte en nuestras filas,
espero que lleves nuestro nombre con honor”. Al principio les juro que
pensé que me estaban jugando una broma. Creo que el Nicolás se dio cuenta que
lo mire re perdido, y se rió, me puso su mano en mi espalda, y dijo “ahora eres un vampiro, pero tienes mucho
que aprender”, Camino con migo hasta la salida, el grupo se quedo en
silencio mientras me observaba… “Les
presento al Cuervo, denle la bienvenida”.
Me
sorprendí al ver parados “como si nada” a los manes que yo había intentado
quebrar. Cuando vi que se me aproximaban, pensé que me matarían, pero al revés,
los manes me saludaron como si me conocieran de siempre. Me senté con ellos en
unos troncos y alguno de ellos me paso una cerveza, bebí el primer sorbo pues
sentía mucha sed e inmediatamente el dolor de tripas más espantoso que había
sentido en mi existencia me invadía. Vomite sin más.
“Hey les dije que no le hicieran bromas, no
ven que es nuevo Huevon – Era la voz de Nicolás, quien se acerco un poco
desafiante hacia los otros manes, aunque creo que, desde antes, e sabia que me
iban a hacer. No me salió palabra, me
sentía re mal.
Vi como el Duro le hacía señas a alguien y
gritaba. La misma hembra que me había cascado, se me acerco, y me pedía fuera con ella. La
seguí recordando la humillación de la paliza que me dio.
“No haga esa cara, que igual ya está muerto”-
trataba de entender a la mujer – “Mire no coma o beba nada, usted es un
vampiro ahora hermano. Así que solo toma sangre, si quiere luego, volver a comer,
tendrá que entrenarse.... pero eso no es de la noche a la mañana, así que no se
haga el listo, aquí no es nadie, y debe aprender a serlo. Sí aprende le va
bien, y sí no, hay cosas peores que
estar muerto”.
Esta hembrita no era para nada delicada, aunque
hermosa y bien dotada, la chica no se iba con rodeos. Ahí me entere que a ella
le decían el escorpión, pero que también la conocían como Hanna, me dijo que
prefería que la llamaran por la chapa, pues por su nombre solo la llamaban en
su trabajo. Volvimos al grupo, y yo estuve achantado todo el tiempo. Pasaron luego
unos vasos con sangre, automáticamente
mire al Nicolás quien me dio su aprobación.
Tome por
primera vez “la vitae”, esa cosa es lo mejor que existe. De repente comencé a sentir que estaba menos
débil.
Esa Noche entre risas y chanzas los otros me explicaron
que el sol no me podía ver si no me quería fritar, así que a las 4 de la mañana
me montaron en un camión, y junto con otros nos fuimos a una casa que tenía en
el suelo de cemento, donde había unos huecos como ataúdes en el piso, dentro
había unos colchones que olían a demonios, me dijeron que me acostara allí, y
cerraron el lugar con una Tapa. Me dormí inmediatamente.
Desperté luego, me sacaron del hueco y me
mandaron a bañar. Esa fue la primera vez que conocí el agua caliente. Cuando
Salí había ropa para mí, una chaqueta de cuero, camiseta, y pantalón.
Unos manes me dijeron que el Nicolás me
estaba esperando en el carro, subí y me dijo de una como si estuviera
enrabonado lo siguiente.
“Mire Cuervo, usted va conocer a alguien hoy,
pero OJO, no la llegue a cagar porque si lo hace, le juro que hasta hoy llega,
usted al principe lo trata de señor, nada de andarse con irrespetos, toma lo
que le ofrezcan y habla cuando se lo pregunten, usted acá no es nadie, así que
no le da la mano, y no se ponga de cretino, y no se le ocurra ponerse a robar,
El príncipe es el manda acá, y él puede quebrarnos a usted y a mí. Por eso lo
mande a bañar, póngase algo de colonia, y ya sabe, no me quede mal, la gente
antigua tiene poderes que usted ni se imagina, así que ya sabe, solo lo
conocerá esta vez, y volverá a verlo solo si es merecedor”.
Tengo que aceptar que cuando entramos a esa
mansión, me quede callado con solo ver las cosas tan bonitas que había. Soñé
con tener una casa así algún día. Me mando a sentar en un cuarto muy pequeño
cerca de la entrada principal. El Nicolás estaba a mi lado, sentía que vigilaba
todos mis movimientos. Luego nos llaman a un gran salón. Un hombre alto, muy
elegante, pinta, bien vestido y con superioridad nos esperaba. No me atreví a
mirarlo a los ojos. El Nicolás me
presento. El príncipe no hablo directamente con migo, le pregunto al jefe que sabía
sobre mí, y me sorprendí al oír que el man ya me había estudiado. Sabia más
cosas sobre mí que yo mismo. El príncipe le ordeno que me enseñara las leyes de
la Camarilla, y que me vigilara.
La reunión duro menos de 5 minutos y salí de ahí
con muchas preguntas que poco a poco me fueron contestadas. La verdad aprender
de eso, te puede llevar toda la vida.
Comencé a
trabajar con el man Nicolás, quien me enseñaba, pero también me ponía en mi sitio.
Unos parceros me dijeron que el Nico no era como otros sires, que el cuidaba a
su gente. Que el otro que quebraron le
importaba cinco si sus pequeños les iba bien o no.
De sus chiquillos éramos 4. El Nico se encargo
que nos enseñaran a cazar, nos dijo que beber sangre de animales era cosa de
Maricas, así que todos iniciamos cazando a lo bien. Había semanas en las que
nos llevaban a una finca y nos enseñaban a disparar todo tipo de hierros. También nos ponían a darnos en la
jeta entre nosotros para aprender la movida.
Aprendimos del clan, la historia, la ideología, y
nos dijeron que los farsantes llenos poder, los gomelos y los ventrue eran los
peores.
Al mismo tiempo que me entrenaban, yo me propuse
aprender a comer y a fumar, y que cosa tan jodida!!!, era re teso!... la mayor
parte del tiempo vivía enfermo, hasta que un día por fin le agarre el tiro.
Poco a poco me di a respetar, le rompí la nariz a
varios en el proceso. Seguí encontrándome con El Pelusas y lo ayudaba a robar.
El man no comprendía porque ya no salíamos de día como antes, le dije que no
podía por el trabajo, él igual lo aceptaba. Yo, a lo bien, me aseguraba ir a donde ese man
bien alimentado... de solo pensar que puedo quebrar a mi
parce y hermano del hambre, me muero.
A unos pocos meses ocurrió algo que realmente me
marco. Pa decir verdad yo a la escorpiona le tuve ganas desde el primer
momento. Pero ella era intocable. Me decían que me llevaba unos 100 o más años
de convertida, y que los manes que se habían atrevido a levantarla les había
ido re mal, así que yo con ella a metros.
Pero ese
día estaba en un bar, habíamos descansado de un operativo, y la hembrita se me
sentó al lado. Comenzamos a hablar, y me di cuenta que yo le gustaba. No se
como, esa noche, terminamos manoseándonos en una esquina sin que nadie se diera
cuenta. Sabía que no podía decir nada. La hembrita estaba con el Matraco, ese
man era re cercano al Nicolás, me podía quebrar si se enteraba.
Ella sabía lo peligroso que era y, sin embargo eso no evito que a la otra noche nos viéramos.
Terminamos en una habitación de un motel en el centro, haciéndonos cosas como
si fuéramos un par de conejos.
Yo pensaba que eso del sexo no se podía cuando
uno es vampiro, pero la escorpiona me demostró que no. Puedo jurar que con ella
pase la mejor de las noches y, aunque después de que termináramos estaba muerto
del hambre y casi a punto de entrar en frenesí, ella, que nada tiene de tonta, fue
preparada, y en un termo grande tenía suficiente para los dos.
La mujer me recordó que “yo no era nadie”, y que
por lo tanto no se podía hacer público. Mi pedazo de corazón se ponía caliente
cada vez que la veía, y me moría de los celos cuando la veía con el Matraco,
muy agarrada de man... pero yo no podía
hacer nada. Yo sabía que la hembra no lo quería, me lo decía mi corazoncito.
Nos
veíamos una vez cada 3 o cuatro meses, momentos en que como tigre celosa, me
reprendía si se enteraba que le había coqueteado con otra vieja.
Un día pasaba por un bar con algunos parces, y me
dijeron que había unos manes que querían hablar con migo. No dude y fui a ver
como era el bailado. Me comentaron que eran del M19, que sabían que yo tenía
contactos con Nicolás, y que deseaban comprar armas, me dieron una lista
completa de hierros.
Quede en contactarme con ellos. Por primera vez
desde mi abrazo hable con el Nicolás, de hombre a hombre, y le dije lo que
querían estos manes. Recuerdo la cara de sorpresa del señor, quien me interrogo
casi una hora en relación a porque me habían contactado.
Respondí sinceramente, porque yo no tenía nada
torcido en eso. El man me dio indicaciones, y les vendimos las armas. Pagaron
muy bien, y por primera vez en mi vida vi en mis manos 100 millones de pesos,
esa era la comisión por la venta, el resto se lo quedo el jefe. A las dos
semanas los manes tomaron el palacio de Justicia, no les fue muy bien, pero por
lo menos pagaron los hierros antes de que los atraparan.
Con esa platica, me compre un carro y un apartamento
pequeño, donde vivía a lo bien. Desde ese negocio el Nicolás comenzó a tenerme más
confianza y me llamaba con frecuencia. Fue por ahí que comencé a conocer a los
distribuidores de droga y comenzamos a tener negocios. Al principio yo solo era
el que cuidaba, pero poco a poco me involucre mas.
Pasaron
unos 6 años largos.
La vida da muchas sorpresas y una de esas se dio
cuando un día me puse a fumar en un muro, y sin saberlo al otro lado estaba el Matraco
hablando con unos manes. Oi que iban a
quebrar al Nicolás, es mas hablaron que le estaban chuzando plata de los
negocios se quedaban casi con el 10%,
pero ellos iban por el 100.
Oí su plan con atención, no hablaron mucho pero
dijeron algo de una trampa en el pueblo
de Cajica. No lo dude ni cinco, esa era
la oportunidad que buscaba, sin el man, la hembrita sería mía.
Fui directo a donde el Nicolás, y buscando que
estuviéramos solos, le conté todo lo que había oído. El man no me quería creer,
pero yo le dije que me podía matar en ese momento si el se enteraba que yo
estaba diciendo algo falso. Fue algo extraño cuando esa misma noche llego el
Metraco diciéndole al Nicolás que lo invitaba de rumba al Norte.
El Nicolás fue prudente y me dio la misión de
defenderlo, yo encabezaría la operación y seria mi responsabilidad si algo le
pasaba. Llame algunos contactos, y conseguí rápido organizar 200 personas entre
aquellos que los seguían al jefe y aquellos que los esperaban en el lugar de la
rumba. Como no era de confianza, no pude
ir en el carro con el Nicolas.
Cuando llegaron a la supuesta fiesta comenzó la
balacera. Se veían hombre que utilizando disciplinas para defenderse, había
estallidos, fuego y gritos.... todo era un desorden. Creo que los manes no se
esperaban que hubiera un ejército esperándolos. El Metraco fue directo contra
el Nicolas que ya estaba más que preparado, y comenzaron una lucha que duro
casi dos horas. A lo ultimo Nicolás le casco tan duro que el Metraco quedo sin
dos piernas y tirado en el suelo.
A los demás traidores les clavamos una estaca en
el pecho y los dejamos ahí hasta que amaneciera.
El Nicolás nunca olvido que le salve la vida. Y
me invito a ser uno de sus hijos más cercanos, eso quiere decir que pase a ser
“El Cuervo, el segundo al mando”, gracias a esta jerarquía pude por fin “ser alguien”, conocer a los duros de
la distribución de droga y, comenzar negocios. Hicimos muy buenos tratos.
Llegue a conocer a Escobar y nos echamos unas polas con él.
En mercado de Armas y Drogas nos iba de Lujo, y
lo más importante fue que a partir de eso comencé a ser invitado a las
reuniones del Principe, era un honor que su alteza me encomendaba algunos
trabajitos. Comencé a ganar confianza, y eso me gustaba.
Comencé hacer muy buenos negocios y me convertí
en todo un traqueto. Con la mucha plata que gane me compre con el Nicolas, una casita:
pequeña. Solo tiene 7 habitaciones, dos yacusis, dos salas, una guarida para
armas, un campo de entrenamiento y bueno, una que otra maricada.
No me puedo quejar me ha ido bien. He podido ayudar al Pelusas quien sabe de mis
negocios y sacarlo adelante.
Al poco tiempo que murió el Metraca, la Hanna y
Yo nos cuadramos a lo público. Todos saben que ella es mi mujercita, ella no
vive con migo pero es mi chica y yo la amo con todo el corazón. En un tiempo casi terminamos por culpa de los
celos, pero volvimos.
La tonta me tiene embobado, puedo mirar otras
mujeres pero siempre regreso a ella, yo se que ella me quiere a pesar de ser una intensa de miedo. Vive
con celos, y bueno… yo también, pero es que “yo me porto bien” y ella no cree.

1 comentario:
JO!
No me gusta nada de nada...
¡Pero que bien que la cuentas!
Realmente diría que el tipo existe y que de verdad te está contando su vida.
Excelente.
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