Los surcos de cemento pintados de blanco, no son nada atractivos cuando los miras por horas. La pared del lugar no se movía y tampoco quien la miraba. El cuarto es un espacio de 4 x 5 metros cuadrados, una cama cómoda y una ventana con un hermoso cielo estrellado pero que él no podía ver, en realidad en cierta forma no quería, solo estaba centrado en su dolor y en su agonía. En su cabeza en oportunidades escuchaba esa voz femenina una y otra vez. La foto convenientemente puesta en una esquina lo miraba y él en oportunidades solo se movía para besar los labios protegidos por el cristal del portarretratos.
Había llegado no hace mucho a la isla, ya había pasado la primera noche en el lugar y aunque era un lugar muy hermoso él no había salido ni por un instante de su habitación asignada.
La realidad era esa pared, eran esas voces que se repetían una y otra vez en la cabeza, eran esas imágenes imaginarias de una vida perfecta e ilusoria. Por unos momentos en eso de la despedida con el Pelusas se conecto por unos minutos a esa realidad tan dolorosa, sin embargo cuando este se hubo ido no paso mucho tiempo para que volviera a encerrarse dentro de sí.
Tenía hace 5 minutos un vaso pequeño con sangre a su lado que no había querido tomar.
Una enfermera le hablaba, y decía algo, sin embargo él no entendía lo que decía aunque estaba en español. Acerco ella el recipiente a su boca tocándole la espalda como si fuera un niño.
- Vamos es hora de tu medicina... vamos..
El Cuervo mira a la mujer por un segundo angustiado, como si fuera un perro perdido y vuelve a ocultar la cara mirando la pared. Pero esta insiste, no de manera violenta sino casi con dulzura. Pone en sus labios el borde del vaso y él toma del líquido que está dentro. La cantidad es pequeña, pero es la vitae más amarga que haya probado. Hace un signo de asco mientras trata de apartar a la mujer con su brazo, pero antes de que pudiera alejarla ella se levanta y dice.
- Ya está, vio que no era tan difícil.
Se había tragado esa cosa y si bien era vitae parecía estar contaminada. No pasa mucho tiempo cuando sus ojos comienzan a cerrarse y al hacerlo una gota de vitae se escurre por sus ojos. La misma enfermera le seca la lágrima con un papel de tocador y lo hala delicadamente hacia la cama.
- Señor Martin, a la cama... no quiero que se caiga. Y diciéndole al oído agrega. Hágame caso y vera que pronto se va a sentir mejor.
El hombre como un niño de tres años solo se deja llevar. Estaba en un estado de total indefensión, cualquiera, hasta sus más poderosos enemigos hubieran aprovechado este estado para matarlo o vincularlo, hasta un humano con no mucha técnica podría volverlo cenizas rápidamente. Pero afortunadamente estaba seguro, nadie le haría nada estaba ahí para descansar. Durmió profundamente, y aunque era de noche su cuerpo parecía exigir ese sueño, la droga comenzaba a surtir efecto.
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Por primera vez desde hace poco más de un mes él Cuervo logra dormir como antes lo hacía. Su mente no quería descansar, pero la medicina lo obligaba hacerlo. Y de repente estaba nuevamente en su casa en su cuarto enorme con tapete beige, y paredes amarillo claro, con muebles de buena madera pintados de manera contrastante. Ella había escogido todo lo que estaba en la habitación. La pintura, los muebles, la decoración... todo. El Cuervo quería poner un cuadro luminoso- ordinario y ella no lo dejo. Solo él había escogido una parte de “su” cuarto que era un mueble donde guardaba sus armas de colección. El Cuervo había ganado algunas espadas y otras, como dagas y pistolas viejas las ponía en ese mueble y las limpiaba con frecuencia. Tenía la costumbre de limpiar las armas él mismo. No permitía que ningún criado las tocara, y en momentos de estrés le gustaba encerrarse a sacarle brillo a las dagas y espadas. Al fondo estaba un baño enorme con todos los lujos esperados para un traqueto.
Hay que anotar que el baño y el cuarto tenían una opulencia sin mucho estilo. No era armoniosa como aquellas familias ricas de cuna en donde la elegancia esta explicita. En este caso la riqueza y la opulencia estaban presentes de manera casi invasiva. Las lámparas con diamantes, Los inodoros de oro, los electrodomésticos enormes y uno que otro detalle que demostraba dinero.
El Cuervo en vida nunca pensó tener tanto y hoy, su fortuna era enorme, el negocio del narcotráfico le era tan rentable, que hasta en ciertos puntos no tenía que preocuparse de que la plata llegara. Si le decomisaban un cargamento entraban 10 a los Estados Unidos, y no solo a ese país. Siempre había un mortal que “creía” que dirigía el negocio, y al ser capturado el señuelo, llegaba otro en su remplazo. En el pasado nunca tuvo, ni soñó tener todo lo que tenia, y el fenómeno de “nuevo rico” nunca se le quito. Era un hombre de negocios que nunca fue a la universidad pero que si entendió desde muy joven que el mercado estaba en lo que la gente necesitaba; Sí las personas querían drogas, porque no vendérselas y a un buen precio.
Pero él en su sueño podía ver solo una cosa: la parte izquierda de la cama vacía. Esa cama que fue testigo de sendas manifestaciones de afecto y de encuentros sexuales, y que ahora yacía sola como abandonada por sus dueños.
A pesar de su naturaleza vampira, el Cuervo nunca dejo de tener relaciones sexuales. Era algo que en parte lo conectaba con su humanidad tan deteriorada por su oficio y por sus antecedentes. El a pesar de ser un delincuente, un asesino y un comerciante de drogas había conectado su humanidad al afecto. El no tenia sexo con su novia, él le hacía el amor a ella con una completa entrega. Amaba a aquellos que lo amaban y en oportunidades tendía ser muy generoso, aspecto que contrastaba con ese hombre frio de negocios y de cuidado a los que muchos temían. El Cuervo era un hombre que amaba, y que amaba demasiado. Solo por el Pelusas podía hacerse matar fácilmente, y por su mujer ... o la que había sido su mujer podía simplemente sacrificar su vida.
¿Valía la pena sacrificar su vida por una mujer que lo había abandonado por otro hombre?
“si lo valía”... Esa, una respuesta irracional sin duda alguna era la que le rondaba la cabeza. Tal vez abandonar ese ideal amoroso era también simbólicamente abandonar la poca humanidad que le quedaba.
En el sueño camino por el cuarto tras acariciar las sabanas de su cama y salió al pasillo que conectaba con las otras habitaciones en búsqueda de ella, pero a pesar de que la llamaba no la encontraba. Fue entonces que vio su sombra y la siguió corriendo, y justo cuando está a menos de nada para tocarla todo se pone oscuro y el siente como esas sombras lo alejan de ella.
Esos sueños se repetían una y otra vez...
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Abre los ojos y siente inmediatamente una pesadez en la cabeza, como quien solo quiere dormir. Miro la foto de aquella y la toco levemente sonriendo. En su cabeza solo él podía escuchar cómo le daba los buenos días. Cerró los ojos tratando de sentir su olor, pero el mismo se había ido. Trato de levantarse de la cama pero sus movimientos eran lentos, era como si su cuerpo estuviera en contravía de la celeridad, cada vez más lento. Miro entonces la pared, trataba de sentarse frente a ella, y justo en ese momento un hombre que para él ya es conocido entra por la puerta.
Buenas noches señor Martin, como esta?
El cuervo trato de hacer un gesto vocal en respuesta pero no logro articular ningún sonido. El psiquiatra sonríe levemente.
-Veo que ya está mucho mejor. Dice el hombre al notar que por lo menos trato de conectarse con él. La misma enfermera entra en ese momento. ¿se ha tomado el medicamento?. Dice el médico a la mujer
-Sí señor, como usted estableció, aunque es un poco necio, me ha tocado paladearlo varias veces como un niño, a veces esta más centrado que otras, hoy está más lucido..
-Ya me di cuenta. Dice el hombre con una sonrisa mirando a su paciente. Señor Martín. En ese momento el cuervo mira alrededor como confundido. Está en la clínica.. lo recuerda?
El Cuervo mira confundido al hombre y muestra signos de ansiedad. Parecía que en ese momento lo había olvidado. En realidad llevaba 4 noches desde su ingreso, pero él no era muy consciente del tiempo ni del espacio donde se encontraba. En realidad el psiquiatra todas las noches le hacia esa visita pero solo hoy era capaz de verlo más claramente.
-Sigue llorando cuando duerme?. Pregunta a la enfermera.
-Sí... aunque las lagrimas ya no son tantas como el primer día .
Señor Martín. Vuelve a mirarlo al rostro. Soy el doctor Marcus Linus, me recuerda?. En ese momento le toca la mano como tratando de conectarse con él. El Cuervo llora en esos momentos y toca el rostro de la foto. El psiquiatra aprieta el brazo del cuervo y le dice de manera baja pero muy intima. Yo se que estas sufriendo, pero es mejor sacar ese sufrimiento que te está haciendo daño para que pueda recuperarse y seguir viviendo. Y en ese momento el Cuervo por fin lo mira a los ojos llorando. Su amigo el Pelusas llama todos los días y el quiere al igual que todos que usted se recupere, y para recuperarse lo primero que debemos tratar de hacer es comenzar a hablar. Su voz es clara pero empática. Porque si usted habla y me cuenta todo lo que le está sucediendo me es más fácil a mí ayudarlo. El Cuervo lo mira a los ojos y mueve la quijada de manera afirmativa. Bien, eso es bueno que me entienda.... para la próxima espero que me hable.
El doctor Linus es consciente que en estos casos no comienzan hablar de corrido hasta un tiempo después. Espera que su paciente gesticule algunas palabras o pequeñas frases, si lo hace será signo que está tratando de sacar ese dolor.
Hasta luego Martín. dice el psiquiatra dando media vuelta para salir de la habitación.
"Adiós.". Dice por primera vez el Cuervo de manera confusa.
El médico se devuelve levemente con una sonrisa. Estamos mejorando... siga así. Y sale de la habitación con una gran sonrisa mientras el Cuervo vuelve a mirar a la pared.

1 comentario:
pobre cuervo... si dan ganas de abrazarlo (y no me refiero a la forma vampírica, que eso ya lo hicieron!) me encanta la firma que le estás dando a la historia.... me tienes atrapada! mala!
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