No sé si este ejercicio me está haciendo más mal que bien. El dolor físico se combina con el emocional y eso evidentemente me pone peor. Soy un reo sin libertad en estas cuatro paredes y lo único que puedo permitirme es esto. Escuche que los sanadores están preocupados porque estoy muy deprimido, y sin embargo no hay nada que me tranquilice. No se me permiten visitas, y la información la tengo restringida. Todos dicen que es por mi bien... pero si pensaran realmente en mi bienestar dejarían que muriera. Les escribí al regente y al pontífice pidiéndoles que por piedad me dejaran morir... aunque dudo que mis cartas les hayan llegado.
Recordar a mi hermano me hizo mucho daño, lo recuerdo en cada aniversario de su muerte, y me lastima saber que murió odiándome. He llorado muchas veces pidiéndole perdón, rogándole que desde el cielo me ayude. Ese hombre era el corazón de la familia, y cuando murió, mi familia desapareció. Lo amaba y nunca se lo dije...
Después de la perdida, vendí la hacienda, los muebles y todo lo que medianamente tenía valor. Me fui a Jefferson City a vivir en una casa muy pequeña en el centro. Solo conserve algunas cosas de mis padres, la máquina de escribir de mi hermano y algunos libros. Gran parte solo eran recuerdos. Me hundí en el alcoholismo por dos meses, y luego llego la carta de aceptación a la universidad, lo cual me motivo a levantarme y seguir mi vida. La academia en esos años exigía mucho estudio y dedicación, y en parte, por las situaciones pasadas me dedique de lleno al estudio. No tuve relaciones sentimentales serias, y mi vida se había centrado en estudiar. No por nada gane el premio al mejor estudiante de la facultad de economía una vez graduado. Fue fácil encontrar después de eso un buen empleo. Sin embargo mi vida no dejaba de ser un espacio vacío.
6 meses después de haber cumplido 37 años, conocí al hombre que sería mi sire, y tras una cena que se convirtió en la última ingrese a la fila de los Tremere. Fue realmente difícil convertirme en vampiro, pues mi grado de humanidad era alto, y tomar sangre no me convencía. Solo después logre adaptarme a la idea. Comencé mi aprendizaje desde lo más bajo de la escala, y fui ascendiendo poco a poco. Mi sire, Adriel Stankevicius es el regente de la capilla de Jefferson City, y si bien le agradezco gran parte de mis conocimientos, no puedo negar que con él la pase muy mal. Es un hombre demasiado rígido y exigente. Más que mi padre. Vivir en la capilla de Jefferson, fue para mí una experiencia tan amarga que en cuanto mi nivel de aprendizaje me lo permitió, lo primero que hice fue independizarme de la capilla, vender la vieja casa en la ciudad e irme a vivir en el poblado de Claysville a una hora y media de allí. Tenía que asistir a la capilla con cierta regularidad, pero ya no como residente.
Pasaron unos años, y .... bueno, ya no tiene importancia ocultarlo, en realidad es algo que los míos lo saben, y que está escrito en mis archivos personales como una falta grave... sin embargo, yo lo viví de manera diferente.
Yo supongo que por mi nivel de humanidad alto me ocurrió esto. La mayoría de mis hermanos de clan no lo comprenden, pero yo sí, y supongo que me canse de justificarme, pero escribiré en pocas frases lo que para mí fue el mejor periodo de mi existencia.
Yo Alexander Rowan contaje matrimonio con una humana, adopte a su hijo como si fuera propio, y logre ocultarlo al clan por 10 años.
Ahora que leo lo anterior no puedo dejar de sonreír. Suena algo que hace un niño travieso de lo cual no se arrepiente. Ahora mismo el enfermero al lado mío me está mirando sorprendido al ver la expresión de mi rostro, supongo, no se atreve a preguntar.
En realidad sí me arrepiento, pero de eso hablare luego.
Era una noche de invierno, y había una exposición de arte no muy buena en el centro comunitario. Estaba algo aburrido y decidí ir a ver la muestra artística como un vecino cualquiera. Me pare cerca de una obra espantosa (nunca he entendido el arte moderno) y al lado mío una mujer comento la misma impresión que yo tenía. Mire de reojo, y le sonreí. Lo primero que vi fue una mujer de pelo rubio rizado, de contextura gruesa pero no gorda, que tenía los ojos grises más hermosos que hubiera visto. Debo aceptar que físicamente no era una reina de belleza pero algo en su personalidad me atrajo inmediatamente. Así fue que conocí a Maltilda. Comenzamos hablar, primero de arte y luego de otras cosas en la sala del centro comunitario. Luego de eso, curiosamente, y como si fuera casualidad, nos seguíamos encontrando en ese mismo lugar, hasta que por fin me atreví a pedirle una cita. Yo era de la vieja escuela, me sentía algo torpe seduciendo a una dama. Comenzamos una relación sentimental meses después, momento en que conocí a Maurisce, su hijo de 1 año. El padre del niño básicamente había desaparecido después de que ella le anuncio su embarazo, así que como madre soltera había afrontado el reto de la crianza. Cuando vi a esa criatura algo dentro de mí se movió, como el instinto animal de las bestias a cuidar a los mas pequeños.
Debo aceptar que yo inicie la relación casi como si fuera un juego, pero los sentimientos me tendieron una trampa, y me enamore a tal nivel que en unas locas vacaciones en las Vegas nos casamos en una de esas pequeñas capillas. Aunque el momento fue hermoso, debo aceptar que fue producto de un acto impulsivo no muy racional que me dejo luego con un gran dolor de cabeza. La mascarada tendría que conservarse, y yo, ni a ella, ni a su hijo quería perjudicarlos.
Cuando regresamos a Claysville, compre una casa para ellos, y comencé a jugar una doble vida.
Matilda era una mujer que creía en mí casi ciegamente, en oportunidades hasta el punto de rayar en la estupidez. Entendía que yo trabajaba durante el día en un periodo infrahumano y que llegaba a la casa tarde, y me iba rápido. Nunca me recrimino por llegar en las madrugadas, y tampoco se mostro celosa. Era fácil de engañar.
Me convertí en un mentiroso y un deshonesto. Nunca le revele mi naturaleza, y sin embargo tampoco comente en la capilla mi extraña relación. Creo que mi sire no se dio cuenta por estar totalmente centrado en las necesidades de los nuestros y en los múltiples proyectos que manejaba. Me presente ante el juzgado y tras mover algo de dinero, logre reconocer a Maurisce como mi hijo. Compre un seguro de vida por una buena cantidad de dinero en nombre de mi esposa y de él. El plan era seguir aparentando que era humano, buscar alguna forma de envejecer mi rostro y así ocultar mi naturaleza.
Era el marido perfecto, y el perfecto farsante. Dormía la mayoría de las veces en mi apartamento, y pocas veces en casa, donde gracias a los rituales lograba que el sol no entrara a donde estaba durmiendo. Mi hijo entraba de 5 o 6 años al cuarto después de llegar de la escuela, y aunque yo estaba dormido, trataba de despertarme, y a veces el tontuelo lo lograba. Luego cuando se hacía de noche le ayudaba hacer tareas. Sin embargo perdí gran parte de su crecimiento, los niños son seres de día, no de noche.
Amaba a mi esposa y a mi hijo, y sí, yo sabía que las cosas terminarían mal. Lo sabía. Pero internamente me negaba a parar toda esta farsa, me negaba a ver la realidad, y me negaba a darme cuenta del mal que estaba haciendo. Me engañe a mi mismo pensando que todo saldría bien. Sin embargo las evidencias legales, y los papeles de matrimonio y paternidad eran de escrutinio público.
Cuando mi sire se entero casi me golpea de la ira que sentía. Era mi vida personal, pero él lo entendió como un acto de deslealtad al clan y a la capilla. Me llamo mentiroso y traidor. Amenazo con matarme, y maldecir a mi esposa y a mi hijo, y yo le rogué que no los tocara. Le asegure que ellos eran totalmente ignorantes de mi condición. No demoro en mandar personal para que rectificaran. Afortunadamente los resultados fueron favorables. No sé porque mi sire y regente no me mato, pero si se que con lo que hizo, logro matar parte de mi.
Me informo que sería juzgado por este hecho y me dio media noche para despedirme de mi familia. Llegue a la casa abrace a mi esposa y a mi hijo, le supervise las tareas a Maurice, lo lleve a la cama, le leí un cuento y una vez se hubo dormido le hice el amor a mi esposa de manera triste e intensa. La abrace en la cama tratando de memorizarme su olor, y manifestándole de múltiples maneras que la amaba. A las tres de la mañana sonó mi teléfono, le dije a mi esposa que me necesitaban urgente en el trabajo y salí del lugar.
Las noticias establecieron el choque de un auto con un tanque transportador de gasolina que produjo una gran explosión. El cuerpo calcinado del esposo de Matilda Rowan fue encontrado en la escena tras varias horas de trabajo infructuoso de los bomberos por salvarle la vida.
Mi mujer desde ese momento le llevó flores a la tumba de un desconocido.
Sé que mi esposa y mi hijo nunca pudieron sobrellevar mi perdida. El niño perdió el único padre que había conocido y mi mujer el hombre que la había amado. Y yo perdí por segunda vez mi familia y parte de mi humanidad.
He llorado mares escribiendo esto. He demorado dos noches en elaborar los últimos tres párrafos...

2 comentarios:
Que historia más triste...Esta muy buena Syb.
Rako
No creo que vaya a encontrar en ningún otro sitio una historia de vampiros tan singular y a la vez tan "humana". ¡Bravo, Syb! ¡No pares!
Un abrazo.
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