Era un sábado por la noche. El tiempo pasaba paralelamente al goteo de la transfusión de sangre: lentamente. Podría beber directamente de la sangre si no fuera porque sus dientes y en especial sus colmillos le dolían de manera espantosa, el tragar cualquier cosa le traía un gran dolor.
Trataba de no deprimirse, trataba de controlar sus emociones, pero había días, en que como hoy se sentía solo un despojo.
Tanto dolor lo había hecho reflexionar sobre sus acciones. Ahora comprendía que ninguna maldición era buena, ni siquiera la más pequeña e insignificante, todas causaban dolor, todas tenían el objetivo de dañar al otro. En el pasado había hecho pequeños de estos hechizos a personas que según él se lo merecían, pero ahora, con tanto tiempo para pensar se había dado cuenta que en verdad eran pequeñas venganzas personales.
Cualquier maldición era mala, un pequeño sufrimiento podía arruinarle la vida a alguien. Todo lo malo que la persona hace en vida de una u otra forma se le devuelve, pero...
¿Oren recibirá su merecido?
Rowan, se había dedicado a estudiar sobre las maldiciones de manera extensa motivado por su propio sufrimiento. Ya llevaba más de un año postrado en cama y notablemente deteriorado. Oren ya no le mandaba maldiciones con la frecuencia atlética de antes. Sin embargo los síntomas siempre llegaban cuando él menos se lo esperaba.
La biblioteca de la capilla donde se encontraba tenía cantidad de información sobre el tema. En parte debido a su orientación hacia las energías de la salud y la contrataumaturgia. Había consultado muchos libros y averiguado que, aquellos que se dedican a la senda de las maldiciones, desarrollaban un aura maligna y oscura en crecimiento. Todo aquel que se dedicaba al acto de “hacer daño” acumulaba una energía negativa que se extendía a todo aquellos que estaban a su alrededor. Estos sujetos eran como imanes de maldad que contaminaban todo el ambiente.
Las maldiciones, según los textos, estaban asociadas a pactos demoniacos indirectos. Es decir, el taumaturgo experto en maldiciones al hacer los ritos y oraciones creaba un vínculo con los demonios circundantes que se alimentaban de la perversidad, creando una necesidad del individuo por seguir haciendo daño y complacer sus fuerzas negativas.
Rowan sentía gran curiosidad sobre la defensa y el contraataque de estas maldiciones. Sin embargo sentía que no había algo claro al respecto. Varios libros se acumulaban en su escritorio, pero hoy no tenía ganas de nada.
Miraba sus dos miembros inmóviles con tristeza mientras las tocaba tratando de cambiarlas de postura. Sus piernas se sentían como seres independientes y ajenos a él. Era una sensación peculiar a la cual ya se había acostumbrado. No podía mover sus piernas, estaban dormidas. No era que no las sintiera, el evidentemente si las sentía, no como antes, era una sensación parecida a tocarse las uñas de las manos, en realidad él no sabría explicarlo bien.
Al ser un no vivo su cuerpo reaccionaba de manera distinta. Su columna estaba deformada de manera irreparable y eso era lo que no le permitiría volver a caminar. Para ser más claros, a nivel comparativo, un humano con su daño, no sentiría sus piernas, pero él como no vivo, sí las sentía con poca sensibilidad. Estaban dormidas, no podía controlarlas, es cosquilleo era constante, pero no era doloroso. A veces se sorprendía al ver cómo los dedos del pie se movían por reflejos, y sin embargo, eso no daba ninguna esperanza de recuperación.
La naturaleza de su lesión causaba muchas sospechas y controversias, dado que sólo un clan tiene el conocimiento de moldear hueso y carne. Aquellos conocedores de esa disciplina son los enemigos más poderosos que tenía el clan. Los tremere aunque emparentados con los tzimisce nunca aprendieron vicisitud. Y entonces ¿cómo Orén había desarrollado una maldición de esa naturaleza?. Eso dejaba un campo abierto a muchos cuestionamientos e hipótesis, pero en últimas, ¿a quien le importaba?
El era solamente un insignificante ladrillo de la pirámide del clan. Antes hubiera insultado a cualquiera que cuestionara su familia, y ahora... bueno ahora, solo sentía que era parte de algo de lo cual no podía escapar. Nadie podía entenderlo, y tampoco podía comentarlo. No podía confiar en nadie.
Se toco las orillas de los dos ojos cubriendo la nariz como si tratara de evitar un dolor de cabeza. No era bueno pensar tanto. A veces su mente rondaba en la capilla, pero igual, parece que la vida continúo sin su presencia. Se habían olvidado de él. ¿Qué habrá pasado con Terry, con el regente, con Diego, con los demás? , Seguramente no se acordaban de él.
Dos lágrimas salen por sus ojos sintiéndose poca cosa, mientras un enfermero le pasa un klenex.
- No llore señor Rowan, se acerca de manera amistosa, le alistare el baño. Dice un hombre joven muy amablemente. Verá que luego se sentirá con ánimos para estudiar.
- No sé ni siquiera si vale la pena hacerlo. Murmura el hombre con la voz entrecortada
- Claro que vale la pena señor. Dice el hombre de manera muy profesional. Todo lo que mantenga su mente activa, es bueno.
Rowan mira a su enfermero con ironía. A veces el excesivo entusiasmo de todos aquellos que lo atendían lo mareaba. Las voces de los sanadores y enfermeros se repetían en su cabeza: “no se preocupe señor es solo un poco de salpullido”, “no se altere, volverá hablar dentro de poco”, “el dolor pasará en un par de días”
¡¿Es qué acaso creían que era retardado mental?!, ¡el dolor no pasará!, ¡las cosas no mejoraran!, ¡el salpullido se irá pero volverá aparecer !.... ¡nada cambiará!
El enfermero notó que estaba pasando por una mala noche. Así que le acerco la silla de ruedas y fue a prepararle el baño. El agua caliente tranquiliza a los pacientes. Rowan se bajo de la cama a la silla. Se acercó a un mueble donde tenía su ropa, y se miró en un pequeño espejo que guardaba. Su cara desgastada no cambiaba mucho en realidad pero cada vez tenía menos pelo. Tomo el espejo y se dirigió lentamente al baño.
Su cuarto era un cuadrado perfecto. Aunque amplio las medidas del mismo eran exactas. El baño era parte de la esquina lateral izquierda, y sus paredes se podían extraer con facilidad en caso de que un ritual lo requiriera; además estaba diseñado para que él desde su silla pudiera trasladarse a la tina con facilidad.
Se acerco a la puerta y miro la salida con nostalgia. Sólo había un pasillo. Tomó el espejo y lo puso al borde de la salida de manera parecida a como lo ubicaban los reos en prisión para mirar si se acercaban los guardias.
No venía nadie. Sólo había observado por pura curiosidad. Su “no vida” era muy aburrida.
- Su baño está listo señor.
El enfermero sabe que a Rowan le disgusta que le ayuden mientras se baña. El necesita sentirse independiente. El hombre en silla de ruedas entra al baño, se quita el pantalón de piyama y hace una expresión de disgusto al ver “su nueva ropa interior”. Odiaba el maldito pañal, se sentía como un anciano decrepito con él.
De los síntomas más fastidiosos que tenía era esa desagradable diarrea, causada por no poder retener vitae en su organismo. Aunque esta penosa dolencia se había ido, por precaución tenía que usar los pantalones acolchados. Los síntomas tendían a volver aparecer para su desgracia.
Utilizando movimiento mental se traslada a la tina. El agua caliente lo relajaba, en realidad, la hora del baño era sagrada, podía pasar más de una hora en medio del agua. Era lo único que realmente le causaba placer. Tras terminar de bañarse, comenzó el largo ritual de secar su cuerpo y perfumarlo. Nunca en su vida había tenido tanto tiempo para cuidarse. Era maravilloso cuando podía vestirse solo, había temporadas en que era incapaz de hacerlo.
El enfermero tenía razón, se sentía un poco mejor de ánimo, la pregunta era ¿qué haría hoy?: todos los días eran iguales.
Prendió la televisión un momento y comenzó a pasar canales sin que nada le llamara la atención. En ese momento el Dr. Morelli, su sanador tratante entra a la habitación.
- Buenas noches señor Rowan. Sonríe de manera exagerada. Creo qué le tengo una sorpresa que le va a gustar.
Rowan hace una mueca mientras piensa que nada de los que los sanadores hicieran sería para él una gran sorpresa.
- Lo siento Doctor, no estoy para sorpresas.
- ¿seguro?, ¿quiere que le diga a mi sorpresa que se valla?
- Haga lo que quiera. Murmura amargado de mal modo.
- Mmm mal noche veo. Se ríe nuevamente con esa sonrisa exagerada mientras mira a la puerta. Puede entrar señor Fowles.
Cuando escuchó ese apellido Alexander se quedo paralizado. No podía creer que en el marco de la puerta estuviera su chiquillo, y así era. Abrió la boca sorprendido mientras veía cómo el hombre camina con una sonrisa a saludarlo. Apretó su mano al recibir su saludo y por primera vez en muchos meses su rostro mostraba una gran sonrisa.
- -¿Eres tu Terry? Niega con la cabeza casi sin poderlo creer. Pensé que se habían olvidado de mí. La afirmación lógicamente hizo que Terence se entristeciera y negara con su cabeza de manera ferviente.
- No señor, nadie se ha olvidado de usted. Rowan se pone una mano en la frente de la emoción mientras trata de evitar llorar.
- ¿Desea que le diga a Fowles que se valla señor Rowan?- dice el Médico divertido
- ¡No Maldición, no! Dice confundido por la broma del sanador mientras su reacción causa risas en los presentes. ¿Y Diego vino con tigo?
- No señor, solamente vine yo.
Lo anterior a Rowan le pareció muy extraño pues creyó que García como su tutor le acompañaría, sin embargo estaba tan feliz por su presencia que dejó el tema de lado. El sanador y el enfermero salieron de la habitación para que ambos hombres pudieran hablar. Terence se sentó a su lado en silencio, mientras por primera vez Rowan sintió que su chiquillo lo apreciaba. Quería preguntarle miles de cosas, quería saber que ocurrió en estos nueve meses, pero existía un real inconveniente. Terry hablaba muy poco.
- Te va tocar hacer un esfuerzo muchacho y hablar más de que usualmente lo haces.
- Sí señor. Y hubo un silencio y ambos se miraron. El rostro uno esperando que comenzara hablar y el otro sin saber que decir. En ese momento Rowan entendió, que tendría que sacarle las palabras con cuchara.
Terence entonces sonríe, y le pasa una pequeña caja de madera a su sire. Rowan mira a los ojos a su chiquillo y abre la pequeña caja. Una especie de medalla con un símbolo especial estaba frente a él. Rowan se le inyectaron los ojos en sangre.
- ¿quieres matarme verdad?, dice emocionado. Con qué segundo circulo de aprendizaje, ¿eh?. Sonrió haciendo un pequeño suspiro. Felicitaciones Terry, tu tutor debe estar muy orgulloso.
Se pone su puño derecho en la boca, sintiendo una combinación de emociones, en primera medida felicidad, y en segundo nivel, tristeza. Hubiera querido haber estado en la ceremonia. “Me lo perdí” piensa melancólico. Hubiera sido un sire muy orgulloso al estar presente, pero parte del éxito de su chiquillo no era por su labor, él solo dio las bases. García se merecía gran parte del crédito. Terence era su primer chiquillo y para él era especial.
- Me gusta que hayas subido al segundo círculo. Toca con cariño el símbolo y se lo entrega a su dueño. debes seguir estudiando, después del tercer círculo puedes escoger otra senda de estudio, ¿has pensado algo?
- Sí señor. En ese momento Rowan iba a preguntar ¿cuál? Pero su chiquillo casi nerviosamente busca algo en una mochila que lleva y le entrega otra caja. El regente y Diego le mandan esto.
- Oh que gran sorpresa... ¿estás seguro que no me voy a morir mañana?
Tantas sorpresas en una sola noche le parecen extrañas. Abre la caja, la cual tiene montones de cosas. Hay varias cartas selladas, una caja pequeña del licor local del país de García, y en fin, muchos pequeños detalles. Sonríe complacido.
- Gracias Terry.. te lo agradezco.
- El..el. dice tartamudeando. El regente, me pidió que le dijera que no perdiera la esperanza, qué el está tratando de ayudarlo.
Notaba que ese tema ponía a su chiquillo nervioso, posiblemente por la reacción que fuera a tener. Conocía a su muchacho cómo si fuera su propia mano. “Se parecía a veces tanto a... bueno, no importa”.
- No te preocupes Terry. Sonríe, no iba a molestarse por eso. Lo sé.
Todo el mundo decía que estaban ayudándolo, pero él la ayuda no la veía. Era un tema complicado... muy complicado, pero no lo iba a discutir ahora y menos con su chiquillo que solo venia a visitarlo.
Alexander Rowan se sintió muy agradecido por la visita de su chiquillo, era cómo un aliciente para seguir adelante; Terence permanecía a su lado durante los días siguientes, prácticamente estaba a su lado todo el tiempo, sin embargo ya pasados quince días Rowan comenzó a preocuparse, pues su chiquillo tendría que volver a Los Angeles, continuar con sus estudios y adicional a eso, retomar sus labores cómo guionista. Le había conseguido buenos contratos, él quería que triunfara.
- Terry. Trata de preguntarlo sin que el hombre se ofenda. No es que me fastidie tu presencia, pero, este..¿cuándo volverás a Los Angeles?
Terence se puso pálido y nervioso, y lógicamente comenzó a tartamudear.
- Señor, yo yo yo me voy a quedar con usted.
Rowan entonces mira a su chiquillo con furia. ¿Qué? Grita. ¡No!, tú no puedes quedarte al lado mío, tú debes estudiar y seguir trabajando en tus guiones, ¡no permitiere que tu vida se pudra al lado de un enfermo!.
Terence encoje su cuerpo con miedo y su rostro mostraba mucha confusión, sin embargo tartamudeando le responde.
- Pe-pe- pero se-se-señor, yo se seguiré estudiando al la-lado su-suyo.
La primera vez que él hombre le replicaba. Rowan entonces comienza a gritar “¡Que no! Que te vas!”, y en ese momento entra en frenesí golpeando con sus brazos el colchón y lanzando cosas con movimiento mental.
En realidad estaba furioso. No era justo, no lo era. Terry necesitaba una vida mejor, él lo tenia todo en los Angeles, le habían conseguido un contrato con un buen sueldo. No quería que él se quedara, lo quería y deseaba que triunfara, qué pudiera cumplir eso que le prometió una vez lo abrazo. ¡seguro le habían obligado!
El enfermero saca a Terence de la habitación y unos sanadores vienen inmediatamente para tranquilizarlo.
Terence camina meditabundo por el pasillo. Se encuentra triste, pero no sorprendido. Sólo espera que su sire se tranquilice. Sabía que se iba a molestar cuando “por fin” se lo dijera. Llevaba meses pensando sí era buena idea aceptar la oferta del regente Morelli de continuar sus estudios en su capilla, y así estar al lado de su sire. En realidad, la decisión la había tomado 5 meses atrás pero su traslado no podía ser rápido. Había pensado por mucho tiempo que era lo qué el realmente quería. El regente se había encargado de informarle qué no tenía obligación de aceptar la oferta, y en cierta forma le dieron a escoger. No sintió que Schaeffer lo obligara de cierta forma a tomar alguna decisión, lo que lo había puesto en una postura distinta a su usual aceptación incondicional y conformismo que lo caracterizaban.
La oferta incluía la oportunidad de aprender acerca de “contra magia taumatúrgica” y “biotaumaturgia”. Después de lo ocurrido con su sire y tras ver el sufrimiento que había vivido, le pareció interesante aprender sobre eso, aunque no estaba seguro si tuviera un perfil médico que risquería la segunda senda, pero, de igual forma había otras posibilidades que no se limitaban a esas dos... su sire igual podría seguir enseñándole, aunque estuviera enfermo.
Había leído un poco sobre ambas, y aunque le asusto un poco la conexión de la biotaumaturgia con la mano negra del Sabbat, luego se entero que esta senda nació por el descubrimiento de documentos de esa organización, y que posteriormente los tremere la profundizaron hasta algunos niveles que a él le daban miedo. En realidad le parecía interesante la habilidad de curar potencializar la curación de un cuerpo. Pero no creía que fuera interesante devolverle la vida a un perro muerto. Eso le daba asco. En realidad, no creía tener lo necesario para aprender eso, pero nada perdería con intentarlo. Podía mandar los guiones por correo, y seguiría su existencia.
En realidad, todo eso de ser vampiro le deprimía, poco a poco se había adaptado, pero había sido muy difícil. A veces sentía que cómo su ex jefe lo único que hacían otros vampiros era sermoniarlo pensando de manera estúpida que al hacerlo el iba a cambiar su forma de ser. No lo conocían, no sabían nada de él.
Antes de esta visita, se había impactado de ver su sire tan deprimido. Con Rowan las cosas no eran fáciles, sentía ciertos sentimientos encontrados por aquél. En los meses iniciales a su abrazo estaba seguro que era un hombre interesado en ganar prestigio y qué quería meterle por los ojos la dignidad tremere. Para él ese aspecto no existía, y muchas veces se resintió con sus regaños. Pero por otra parte, bueno, con él tiempo había aprendido apreciarlo, y tal vez un poco más después de ver como afrontaba todo ese aspecto desagradable de la maldición. Nunca espero que cuando éste pensó que moriría se despidiera de él con tanta emotividad.
El Dr. Morelli, sanador y regente de la capilla, un hombre canoso y con corte recto, se acerca al hombre sentado en la banca.
- ¿Cómo es que se lo dices hasta ahora?... él está seguro que te obligaron a quedarte con él. ¿es así?. Dijo el hombre en tono calmado
- No señor, yo-yo. Tartamudea. Yo lo decidí sólo.
- Pues tendrás que explicárselo muchacho, porque está furioso. Niega con la cabeza. Rowan tiende a deprimirse . Lo miró. Debo admitir de que el hecho de que su sire continúe con su entrenamiento es favorable para ambos, lo mantendrá ocupado, aunque los días en que se encuentre en estado crítico prefiero que guarde reposo. Habló como si estuviera pensando algo para sí. Ya yo le había dicho qué se enfrentaría a estas situaciones incomodas, ¿verdad?
- Si señor
- Deje que se calme, y luego hable con él. Sonrió levemente. Parece que lo aprecia demasiado, es doloroso para alguien que debe limitarse a un cuarto pensar que perjudica a las demás personas con su enfermedad. Murmuró. El tiene mucho dolor en su corazón, además del físico, y necesita alguien cómo usted que lo acompañe... además es curioso, sólo con usted Rowan permanece calmado.
Ese evento fue diciente desde la primera visita de Terence a la capilla, y fue ese el motivo por el cual el regente le hizo la invitación. Rowan se tranquilizaba con la presencia de Fowles, y si él podía hacer que su estadía en esta capilla fuera más agradable, ¿porqué no intentarlo?. Terence sabía que hubiera sido mejor para él quedarse en los Angeles pero algo muy dentro de él decidió que debía estar con su sire.
Luego de una hora, Terence se asoma a la habitación como un niño que quiere chismear, y encuentra a Rowan hecho un ovillo en su cama.
El ambiente de tristeza se podía cortar con un cuchillo.
Rowan lo ignoro mientras este se sentaba al lado derecho de la habitación. Así era su chiquillo, no hablaría estaba seguro. Ya había tenido una conversación con el sanador, donde le aseguraron que él había tomado esa decisión por su propia voluntad, pero ¿Por qué lo haría?... no, Terry no haría eso, él era cómo las cometas, iba donde el viento la mandara.
- Se-se-señor. Por fin habló el hombre. Yo... sin embargo su sire no lo dejo terminar
- Ya lo sé. Le dice serio y sin mirarlo. Sólo te advierto que espero que sigas escribiendo tus guiones, y sí en algún momento no puedes soportar estar acá, solo vete, ¡no necesito un enfermero ya tengo uno!. Lo anterior lo dice de una forma hosca y antipática. Tendrás que pasarme un informe por escrito de todo lo que aprendiste con García, y que “demonios” es lo que quieres aprender de ahora en adelante.
El hombre estaba realmente de mal humor, su chiquillo solo contesto un “sí señor” y guardó silencio esperando que su sire se calmara. Dos días después Rowan le pediría perdón por lo sucedido, pero la pregunta aún rondaba su cabeza ¿porqué se había quedado?

1 comentario:
Eso estuvo muy tierno *^* tanto la decisión de terry (por qué cuando digo ese nombre me acuerdo de Candy, el animé? xD) como por el enojo de Rowan porque cree que así lo detiene en su desarrollo... muy lindo, quiero ver qué pasa luego *^* Me encantó cómo lo desarrollaste!!!!
Besos!!!!!!!!!
Pd: una sola falla: dice "osco" en lugar de "hosco"... maldito ladrón de haches, como ya no hay alumnos en mhp.... xD
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