La música sonaba a bajo volumen, pero nada más se escuchaba. Se podía sentir el nerviosismo en el ambiente. Habían pasado tres días de la situación que afecto a Miguel, y desde ese momento el había permanecido en silencio, ese mutismo demostraba su disgusto consigo mismo, y su tristeza.
La congoja se podía leer en sus ojos, aquellos que ocultaba detrás de sus lentes. No era un hombre estúpido, pero evidentemente aceptaba que estaba actuando como tal. A veces se cegaba por los ideales, a veces simplemente necesitaba un motivo para luchar, para seguir vivo, pues su vida era como un círculo donde se repetía la misma historia:
Siempre perdía a las personas que amaba.
Miguel había sido criado en un ambiente lleno de amor. Sus padres eran campesinos humildes, seres golpeados por la vida que siempre trabajaron. El mismo Miguel comenzó a laborar en el campo a los cinco años. Nunca tocó una escuela en su niñez, no por negligencia paternal, sino porque simplemente no existía una escuela. Los recursos que el estado le entregaba al pueblo, el alcalde se los gastaba a su acomodo. Los servicios básicos de salud, educación, agua y luz, nunca llegaron a donde él vivía.
La congoja se podía leer en sus ojos, aquellos que ocultaba detrás de sus lentes. No era un hombre estúpido, pero evidentemente aceptaba que estaba actuando como tal. A veces se cegaba por los ideales, a veces simplemente necesitaba un motivo para luchar, para seguir vivo, pues su vida era como un círculo donde se repetía la misma historia:
Siempre perdía a las personas que amaba.
Miguel había sido criado en un ambiente lleno de amor. Sus padres eran campesinos humildes, seres golpeados por la vida que siempre trabajaron. El mismo Miguel comenzó a laborar en el campo a los cinco años. Nunca tocó una escuela en su niñez, no por negligencia paternal, sino porque simplemente no existía una escuela. Los recursos que el estado le entregaba al pueblo, el alcalde se los gastaba a su acomodo. Los servicios básicos de salud, educación, agua y luz, nunca llegaron a donde él vivía.
La desigualdad es una forma de violencia que agrede a las personas pobres y les niega sus derechos. Don Pompilio Rivera, el padre de Miguel, a pesar de ser sumiso, dio a conocer su opinión en la plaza y “eso”, le costó la vida. Los policías por la noche le balearon y le dejaron herido de gravedad. Miguel sólo tenía doce años cuando vio morir a su padre en la vía para llevarlo al hospital a cinco horas de distancia.
Fue golpe muy duro para un niño de doce años, cuyo resentimiento creció. Trato de proteger a su familia lo más que pudo, sin embargo la violencia no los dejaría en paz, y dos años después, a sus catorce años vio morir a su madre a manos de los hombres del alcalde.
Con un dolor enorme en su corazón Miguel se aleja de sus hermanos, e ingresa a la guerrilla del ELN y luego del EPL. El sufrimiento y el odio frente a un sistema social injusto fue el que lo motivó a ser guerrillero.
Ese solamente fue el inicio de todas sus pérdidas, pero “pensar en eso”, sólo lo hacía más infeliz.
Ahora tenía un gran problema encima, causado por sus ideales radicales. Podía morir por sus creencias, pero, los sacrificios debían ser inteligentes. Morir sin dejar huella no era una opción.
Mientras escuchaba música meditaba en silencio. No había hablado gran cosa en los últimos días, y si bien, la situación se había conversado con Diego, él se sentía tan culpable que no hablaba. Era un hombre de sesenta y cinco años, y se había comportado como un adolescente. Diego tenía razón en reprenderlo, aunque a veces prefería un golpe, a un regaño de su amigo. El paisa (cómo lo llamaba), podía golpear con las palabras mejor que un karateca.
Diego por su parte leía tranquilo el periódico. Tenía a su lado unas carpetas con la información de los aprendices asiduos a la capilla. Había revisado todo con detenimiento, pero había suspendido su lectura al mirar la proximidad de la cita.
Miguel camina hacia el pasillo de manera sosegada, mira su reloj y hace una señal a Diego.
Vestidos de manera informal, salen del apartamento. Diego mira a su amigo preocupado, y con algo de culpa. Aunque habían tenido discusiones antes, siente que en esta última oportunidad “se le fue la mano”. Miguel es un hombre muy noble, había aceptado todo lo que él le había dicho. Sin embargo era consciente que sus palabras le hirieron. Miguel había mantenido un silencio melancólico del cual le era difícil salir.
Vestidos de manera informal, salen del apartamento. Diego mira a su amigo preocupado, y con algo de culpa. Aunque habían tenido discusiones antes, siente que en esta última oportunidad “se le fue la mano”. Miguel es un hombre muy noble, había aceptado todo lo que él le había dicho. Sin embargo era consciente que sus palabras le hirieron. Miguel había mantenido un silencio melancólico del cual le era difícil salir.
Diego lo alentó como usualmente lo hacía, pero e en esta oportunidad su amigo parecía no responder con mucho entusiasmo.
Justo después de salir del edificio se dirigen a un auto que espera. Un hombre gordo esta al volante. Después de saludar amistosamente comienza el recorrido hacia el lugar de reunión. Después de conducir por un camino poco conocido finalmente llegan al lugar. El barrio es humilde, pero su apariencia es limpia, mejor que Gonzaque Village. Paran en una esquina y entran a un edificio de apariencia descuidada.
- Patrón. Le dice el hombre gordo, ya sabe por dónde.
- Gracias Gordo, dice el hombre en su tono triste. Le debo un trago.
Ambos salen del vehículo. Diego esta algo confundido pues no sabe a dónde está. Observa como Miguel se ha sentado en una caja de madera, quitado los zapatos y puesto botas altas de caucho.
- Parce, esas son pa buste. Señala un par en una esquina. Es pa que no se le dañen los zapatos.
¿Dañarse los zapatos?, ¿a caso donde nos vamos a meter?, piensa Diego el tremere mientras se pone las botas.
- Por acá. Sé levanta y mira a lado y lado de manera paranoide y recorren unos pasadizos llenos de viejos equipos industriales estropeados. El lugar podría ser locación de una película de terror sin mucho esfuerzo. Esto era una fábrica de jabones, ó algo así, manejaban muchos químicos. Dice murmurando. La abandonaron después de un incendio, y mi gente se la tomó.
Diego sonríe, era curioso que Miguel hablara de “su gente”, él no era un sin clan, pero desde hace un tiempo su propio clan le había decepcionado.
Era evidente que esta fabrica era el hogar de muchos de estos hombres y mujeres, y no sólo el lugar, también el barrio.
La cantidad de sin clan aumento de manera drástica desde 1969 tras establecerse varios combates producidos por la discriminación. La huelga de estudiantes chicanos (termino asociado a latino-mexicano), y la moratoria chicana dieron lugar al surgimiento de muchos caitiff latinos, que en medio de la lucha fueron abrazados por distintos grupos para establecer confusión y generar desequilibrios en el poder.
Justo después de salir del edificio se dirigen a un auto que espera. Un hombre gordo esta al volante. Después de saludar amistosamente comienza el recorrido hacia el lugar de reunión. Después de conducir por un camino poco conocido finalmente llegan al lugar. El barrio es humilde, pero su apariencia es limpia, mejor que Gonzaque Village. Paran en una esquina y entran a un edificio de apariencia descuidada.
- Patrón. Le dice el hombre gordo, ya sabe por dónde.
- Gracias Gordo, dice el hombre en su tono triste. Le debo un trago.
Ambos salen del vehículo. Diego esta algo confundido pues no sabe a dónde está. Observa como Miguel se ha sentado en una caja de madera, quitado los zapatos y puesto botas altas de caucho.
- Parce, esas son pa buste. Señala un par en una esquina. Es pa que no se le dañen los zapatos.
¿Dañarse los zapatos?, ¿a caso donde nos vamos a meter?, piensa Diego el tremere mientras se pone las botas.
- Por acá. Sé levanta y mira a lado y lado de manera paranoide y recorren unos pasadizos llenos de viejos equipos industriales estropeados. El lugar podría ser locación de una película de terror sin mucho esfuerzo. Esto era una fábrica de jabones, ó algo así, manejaban muchos químicos. Dice murmurando. La abandonaron después de un incendio, y mi gente se la tomó.
Diego sonríe, era curioso que Miguel hablara de “su gente”, él no era un sin clan, pero desde hace un tiempo su propio clan le había decepcionado.
Era evidente que esta fabrica era el hogar de muchos de estos hombres y mujeres, y no sólo el lugar, también el barrio.
La cantidad de sin clan aumento de manera drástica desde 1969 tras establecerse varios combates producidos por la discriminación. La huelga de estudiantes chicanos (termino asociado a latino-mexicano), y la moratoria chicana dieron lugar al surgimiento de muchos caitiff latinos, que en medio de la lucha fueron abrazados por distintos grupos para establecer confusión y generar desequilibrios en el poder.
Los caitiff, o sin clan, son vampiros “hijos de nadie”, ningún clan los acoge o representa, y por tanto, sólo son títeres de distintos bandos, quienes los manipulan a su acomodo. Sus derechos son continuamente pisoteados y los demás vampiros no les prestan atención. Básicamente un caitiff sobrevive con las uñas en este contexto, muchos mueren cada año, pero así como desaparecen, otros nuevos van surgiendo.
La única defensa que tienen es la unión entre ellos, algunos se unen al Sabbat en busca de un trato igualitario, pero, así mismo firman su sentencia de muerte.
Caminan por los pasillos hasta llegar a una esquina donde hay unos contenedores antiguos. Uno de ellos tiene una puerta, parecida a las usadas en las cabinas de descompresión o aquellas de los submarinos. Miguel abre la puerta con facilidad, hace seguir a Diego y la cierra tras de sí.
Un olor químico invade el lugar que es muy estrecho. Diego reconoce la presencia de varios químicos dañinos, que seguramente le matarían si estuviera vivo, pero cómo no lo está, el olor es solamente molesto.
La única defensa que tienen es la unión entre ellos, algunos se unen al Sabbat en busca de un trato igualitario, pero, así mismo firman su sentencia de muerte.
Caminan por los pasillos hasta llegar a una esquina donde hay unos contenedores antiguos. Uno de ellos tiene una puerta, parecida a las usadas en las cabinas de descompresión o aquellas de los submarinos. Miguel abre la puerta con facilidad, hace seguir a Diego y la cierra tras de sí.
Un olor químico invade el lugar que es muy estrecho. Diego reconoce la presencia de varios químicos dañinos, que seguramente le matarían si estuviera vivo, pero cómo no lo está, el olor es solamente molesto.
- Por acá. Dice Miguel señalando una abertura en el suelo que tiene una escalera de peldaños metálicos. En esta joda, mezclaban los químicos pa luego pasarlos a otra parte, pero se nos ocurrió que podía ser un buen escondite. Dice bajando.
Una vez bajan las escalerillas, frente a ambos hay un largo tubo que es de un metro sesenta de diámetro. Deben agacharse un poco para caminar por él, hasta que llegan a una puerta que se abre inmediatamente.
- ¡Compadre Tres-se lo estábamos esperando!, Doctor, bienvenido.
Un hombre de unos 40 años les sonríe. De piel canela, pelo negro y bigote; Germán, era un sujeto bastante amigable.
- ¡Compadre Tres-se lo estábamos esperando!, Doctor, bienvenido.
Un hombre de unos 40 años les sonríe. De piel canela, pelo negro y bigote; Germán, era un sujeto bastante amigable.
- Hermano. Le da la mano. Gracias por todo. Mira a los demás, hay dos hombres más y una mujer. Hola a todos, me perdonaran el retraso.
- Buenas noches, Germán gusto en volverlo a ver.
Dice Diego con una sonrisa, mientras revisa todo el lugar, está seguro que se encuentra dentro de un contenedor. Las sillas están dispuestas de manera circular, y en una esquina esta uno de los hombres viendo en una televisión distintas imágenes del la fabrica abandonada. Al parecer hay más de una cámara de vigilancia en todo el edificio. La mujer, latina, regordeta y con cabello tinturado de rojo, parece estar muy molesta. Miguel baja la cabeza mientras se sienta.
- Paisa, le presento a Concepción, señala a la mujer, a Margarito y a Jonas. Los hombres hacen signo de asentimiento. Ellos son las personas más confiables que conozco.
- Diego. Dice él dándole la mano a los presentes.
- ¿y tú eres confiable Tres Sesenta?. Hace un gesto de desagrado mientras Miguel se sentía realmente incomodo.
- Por favor Conchita, dejemos que hable. Dice Margarito. él fue el que quiso hacer esta reunión, y creo que tiene muchas cosas que explicar.
Diego en ese momento siente la incomodidad de su amigo.
- Pos, no hay mucho que explicar, sólo que la cague. Dice Miguel arrepentido. Me tendieron una trampa, y si no es por Germán me hubieran jodido...
- ¿Y quieres que creamos que estabas con esa gente por equivocación?, Dice la mujer de manera tajante, yo pase al lado tuyo y vi que estabas muy amigo de ellos. Niega con la cabeza. Nos hiciste pensar que te importábamos y resulta que eres un maldito traidor...además ¿qué haces con este tremere?, señala a Diego de manera displicente. No entiendo porque le has invitado a una de nuestras reuniones, ¿acaso él no tiene su capilla para quedarse allá?
Miguel se quita los lentes, mira a la mujer ofendido, mientras Diego piensa sin contestar nada ¿Por qué siempre debe haber una bruja metida en todo?.
- Diego nos ha ayudado mucho, por muy tremere que sea, es mi amigo y está agradecido porque nosotros ayudamos a su regente, por eso es que estamos aquí. Y dice realmente triste a todos. Pero si creen que somos traidores pues nos vamos. Se levanta
- ¿traidor?, no Ave María, lo que faltaba, Dice Diego mirando desafiante a la mujer después de que casi lo matan por pelear por sus intereses... no, que injusto. Mira a Miguel y le dice: “Hermano no se valla que esto hay que aclararlo”. Diego sigue hablando de manera tranquila aunque sus ojos brillan de furia.
Además ustedes se quejan que nadie los representa ante las planas mayores, y yo en varias oportunidades he metido la mano para que no los jodan tanto... adivinen porque se ha demorado tanto la venta del terreno... Así que no soy ningún espía o traidor. Mira a la mujer con indignación. Sino alguien que trata de ayudar. Los de mi clan están agradecidos del apoyo que le brindaron al regente, y la Casa Tremere no olvida a quienes los ayudan.
- Pero antes yo sólo quiero explicarles que esa noche trataron de vincularme y me tenían jodida la cabeza, por eso estaba así..Mira a Diego, sí no me creen pos me abro de bustedes.
- ¡Pare Tres-se compadre!, dice un hombre de manera tranquilizadora, conchale, que sensible estas mi pana, nada de irse a quien sabe dónde. Dice Jonas señalando al 360. Además, yo te creo, y más porque me robe el registro de grabación del restaurante, y lo vi todo.
Germán se levanta, toca la espalda de Miguel amigablemente, y lo invita a sentarse de nuevo, mientras le pide disculpas a Diego.
En ese momento en otro TV pueden ver la imagen de lo sucedido, lo que confirma lo dicho por Miguel. Se observa cuando este pierde el control y golpea al que era su jefe, unos hombres con fuerza lo sostienen y la mujer le mete el contenido de un vaso pequeño a la boca.
- Un momento. Dice Diego. Puede congelar la imagen antes de él ataque.
Comienzan entre todos a analizar las escenas. En la primera se observa como sale el jefe del bar y entabla conversación con otras personas, y justo en un momento Miguel lo ataca. Miran inicialmente quien pudo manipular su mente. La persona debió estar en la fila para entrar al bar, y así tener contacto directo con él.
Tras repetir el video una y otra vez notan que justo cuando ataca por la espalda al dueño del bar, otro fulano retrocede en la fila cómo huyendo.
- Ese. Dice Diego. Ese fue. ¿alguien lo reconoce?
- Sí, dice Germán, ese es Ramón Pedraza. Hace un gesto como si no entendiera. Aunque no comprendo, pensé que estaba muerto.
- ¿muerto?
- Sí, estaba seguro de que lo habían matado. Todos se miran. El sujeto era uno de los nuestros, pero se metió en líos extraños. El rumor que escuche es que le habían matado.
- Pues no parece muy muerto. Añade otro.
Con gravedad analizan el resto de la escena, tomando acercamientos a la mujer y a los hombres que apoyaron el plan. Todos establecieron qué nunca los habían visto. Eran vampiros, pero no eran del sector.
- Lo más seguro es que hayan sido contratados por el ventrue para joderte compadre. Dice Germán. Porqué sería la única forma que dejaras de molestarlo.
- Eso lo pensé. Dice el hombre. Lo peor, es que casi le funciona. Miguel se quita los lentes y habla a todos con sinceridad. Quieren detenernos, quieren sacarnos pará qué el sujeto ese se haga más rico con lo qué tiene.
- Más razones para no dar papaya parcero. Dice Diego advirtiéndole de esa forma que es mejor no dar oportunidad a que lo maten. Porque sí te joden, los demás calan. Señala a los sin clan. Por eso deben ponerse más pilas, ya sabemos el rostro de los fulanos, ahora sí los ven deben avisar, y asegurar el sitio... mira a Miguel, por otra parte, el Tres-se se alejara un poco, para no dar oportunidad de que lo dañen, y de paso a ustedes. El 360 baja la cabeza, odiaba los sacrificios que tenía que hacer, pero los haría. Sin embargo seguirá con ustedes, y los ayudará.
- Sí. Dice Miguel con convicción, hay que seguir luchando y no perder las esperanzas.
Sin embargo hay una reacción de tristeza del grupo.
- No se sí debemos guardar las esperanzas, porque no parecen existir. Margarito baja la cabeza. No demorara en venir la gente del ventrue a sacarnos, y estoy seguro que será una masacre, al príncipe no le importa que muramos...
- Calla tonto. Dice la mujer. Sí vienen a matarnos, no lo haremos sin pelear.
Hay un silencio incomodo. Una sensación de derrota inunda al grupo. Luego de eso comenzaron hablar de cómo reforzar la seguridad y estrategias para evaluar posibles traidores.
En ese momento se escucha un ruido, en la cámara de seguridad se detecta un hombre enorme que llega a la reunión. Es el gordo, el mismo que los recogió en el carro.
Cuando abre la puerta se nota nervioso.
- ¡Oh por Dios! No se imaginan, se toca el rostro preocupado, acaba de suceder...
Todos preguntan con sus gestos y palabras qué sucedió. Pero el hombre debe sentarse y tranquilizarse para seguir hablando.
- La venta del terreno se concretó...
Esas palabras fueron como un golpe en la boca del estomago. Sí ya se había concretado la venta a favor del ventrue, vendrían a matarlos en cuestión de horas.
- Pero hay algo más...
- Habla Gordo, habla... dice Miguel con lagrimas en los ojos
- El primogénito ventrue no fue el que compró el terreno.
- ¡¿¿QUE???!
La mujer se pone la mano en la boca, nadie sabe que pensar.
- Así cómo lo oyen, la propiedad la compró una mujer, una tipa que nunca había escuchado en mi vida, una tal Roxana, Rosana, o algo así...
Miguel palidece...¿será la misma persona?.. ¿la misma que trató de vincularlo?
No sabían que postura tomar frente al nuevo dueño, sólo había un gran temor. El futuro parecía ser una manzana podrida.
Tras repetir el video una y otra vez notan que justo cuando ataca por la espalda al dueño del bar, otro fulano retrocede en la fila cómo huyendo.
- Ese. Dice Diego. Ese fue. ¿alguien lo reconoce?
- Sí, dice Germán, ese es Ramón Pedraza. Hace un gesto como si no entendiera. Aunque no comprendo, pensé que estaba muerto.
- ¿muerto?
- Sí, estaba seguro de que lo habían matado. Todos se miran. El sujeto era uno de los nuestros, pero se metió en líos extraños. El rumor que escuche es que le habían matado.
- Pues no parece muy muerto. Añade otro.
Con gravedad analizan el resto de la escena, tomando acercamientos a la mujer y a los hombres que apoyaron el plan. Todos establecieron qué nunca los habían visto. Eran vampiros, pero no eran del sector.
- Lo más seguro es que hayan sido contratados por el ventrue para joderte compadre. Dice Germán. Porqué sería la única forma que dejaras de molestarlo.
- Eso lo pensé. Dice el hombre. Lo peor, es que casi le funciona. Miguel se quita los lentes y habla a todos con sinceridad. Quieren detenernos, quieren sacarnos pará qué el sujeto ese se haga más rico con lo qué tiene.
- Más razones para no dar papaya parcero. Dice Diego advirtiéndole de esa forma que es mejor no dar oportunidad a que lo maten. Porque sí te joden, los demás calan. Señala a los sin clan. Por eso deben ponerse más pilas, ya sabemos el rostro de los fulanos, ahora sí los ven deben avisar, y asegurar el sitio... mira a Miguel, por otra parte, el Tres-se se alejara un poco, para no dar oportunidad de que lo dañen, y de paso a ustedes. El 360 baja la cabeza, odiaba los sacrificios que tenía que hacer, pero los haría. Sin embargo seguirá con ustedes, y los ayudará.
- Sí. Dice Miguel con convicción, hay que seguir luchando y no perder las esperanzas.
Sin embargo hay una reacción de tristeza del grupo.
- No se sí debemos guardar las esperanzas, porque no parecen existir. Margarito baja la cabeza. No demorara en venir la gente del ventrue a sacarnos, y estoy seguro que será una masacre, al príncipe no le importa que muramos...
- Calla tonto. Dice la mujer. Sí vienen a matarnos, no lo haremos sin pelear.
Hay un silencio incomodo. Una sensación de derrota inunda al grupo. Luego de eso comenzaron hablar de cómo reforzar la seguridad y estrategias para evaluar posibles traidores.
En ese momento se escucha un ruido, en la cámara de seguridad se detecta un hombre enorme que llega a la reunión. Es el gordo, el mismo que los recogió en el carro.
Cuando abre la puerta se nota nervioso.
- ¡Oh por Dios! No se imaginan, se toca el rostro preocupado, acaba de suceder...
Todos preguntan con sus gestos y palabras qué sucedió. Pero el hombre debe sentarse y tranquilizarse para seguir hablando.
- La venta del terreno se concretó...
Esas palabras fueron como un golpe en la boca del estomago. Sí ya se había concretado la venta a favor del ventrue, vendrían a matarlos en cuestión de horas.
- Pero hay algo más...
- Habla Gordo, habla... dice Miguel con lagrimas en los ojos
- El primogénito ventrue no fue el que compró el terreno.
- ¡¿¿QUE???!
La mujer se pone la mano en la boca, nadie sabe que pensar.
- Así cómo lo oyen, la propiedad la compró una mujer, una tipa que nunca había escuchado en mi vida, una tal Roxana, Rosana, o algo así...
Miguel palidece...¿será la misma persona?.. ¿la misma que trató de vincularlo?
No sabían que postura tomar frente al nuevo dueño, sólo había un gran temor. El futuro parecía ser una manzana podrida.

1 comentario:
O-o y quién es esa tipa que compró el terreno? *alucinando conque es la mina del cuervo xD*
chan, pobre Miguel... aunque era razonable la desconfianza de los caitiff, lo trataron muy mal u.u
Besos, syb de las mercedes!!
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