Se miró al espejo y lo que vió no le gusto. Estaba pálido y ojeroso. No sólo parecía muerto, parecía un cadáver enfermo. No era bueno mostrarse débil frente a nadie, y no quería que su presencia diera esa impresión y menos ahora que estaba en una misión importante. Trató de concentrar su sangre para verse mejor, aunque no se sintiera así.
Lo malo de ser un trabajador excelente es que tus superiores te dan más trabajo y más responsabilidad, y esta nueva responsabilidad lo estaba destrozando.
Miguel opinaba que debía tomarlo con más calma y asumir la situación de manera más tranquila. Le había contado todo lo de la conspiración. No era la primera vez que él se enteraba de ese tipo de cosas por su boca. Sí alguien se enteraba que Miguel sabía más cosas de las que debía seguro estarían en problemas.
Sin embargo él sólo sabía lo que Diego le contaba, y eso era lo que usualmente tenía que ver con sus problemas personales. Y muchos de sus problemas personales tenían que ver con el clan.
A quien engañamos, todo tenía que ver con el clan...
Su mejor amigo le había regañado. “Guardarse tantas cosas, no era bueno, no para él”. Al no comentar nada, había explotado... y de qué forma.
No era la primera vez que tenía pesadillas, es más, vivía, desde hace muchos años teniéndolas. Sin embargo aquella que lo hizo despertar a pleno día fue horrenda. El Diego autónomo, de carácter fuerte y proactivo se convirtió por un par de días en un ser lleno de miedo. Poco a poco fue superándolo, sin embargo, la hora del sueño se había convertido en un problema. Dormía poco, y había tenido un par de pesadillas asociadas que no ayudaban a su situación, y a veces sentía que estaba a punto de entrar en frenesí.
Miguel había asumido el papel de guardián de sueños, qué aunque agradecía, a veces le fastidiaba. No era fácil sentir que perdía el control. No le gustaba depender de nadie.
Curiosamente Miguel, a pesar de que aparentaba lo contrario, era el que le brindaba seguridad. Se hubiera suicidado hace mucho si no hubiera tenido este hombre al lado. Era como un ángel. Después de todas sus tragedias, constantemente lo levantaba del suelo, él insistía que por algo seguía vivo y que Dios perdonaría sus errores. Ambos eran católicos, lo cual los unía. Por lo menos les daba algo de esperanza.
Pero eso no importaba ahora, sólo tenía que vigilar a esos nuevos tremere que habían llegado a la ciudad y revisar que no pasarán ciertos límites.
“Cuidarle el culo al regente” no era para nada divertido.
Tenía que tener naturalidad, esa era la clave. Rápidamente supo quien era uno de los enviados de McArthur. Sin embargo donde hay uno, usualmente podrían existir dos o más.
Todo iba bien, el regente había actuado de manera coherente. Y si salía, nadie se enteraba. Era lo bueno de ser el que mandaba en la capilla, los lugares mágicos pueden tener puertas invisibles que sólo unos pocos ven.
Estaba pensando en eso, cuando una voz femenina interrumpe sus divagaciones.
- ¡Exijo una entrevista con el Regente!- alcanzó a escuchar mientras estaba en su laboratorio.
Se asomó a la ventana y ve a una mujer joven que habla con el vigilante. Nunca la había visto, pero desde donde estaba, no se podía ver muy bien.
Diego baja las escaleras, y de manera casual sale a la puerta de la capilla.
Una mujer de aparentes 27 años, esta discutiendo con el vigilante. De piel blanca, ojos azules, delgada, pelo castaño oscuro largo, rasgos faciales delicados y cuerpo bien proporcionado, se encuentra con expresión de disgusto.
- ¿Pasa algo?- Dice Diego en perfecto inglés
La mujer lo mira y simplemente dice.
- Buenas noches, soy Rebeca Chamberlain. Suspira tremendamente disgustada. Vengo de Bostón, necesito presentarme al regente, pero por alguna razón que no comprendo, no me dejan pasar.
La mujer se muestra imponente, mientras Diego hace una expresión de no comprender. ¿esta es la única que no se ha enterado?. No se iba a poner a explicar la situación, no quería hacer el tonto.
- Señorita. Dice Diego “tratando” de ser cortes. El vigilante no tiene culpa, tiene orden de no dejar pasar a nadie, a menos claro, que el regente le haya dado cita.... ¿tiene usted cita?
- No, pero ¿debo tenerla?, se supone que tenemos derecho a entrar a la capilla de nuestro clan... es lo normal.
Dice de manera pedante, en ese momento Diego se da cuenta que debe usar su paciencia para tratarla
- En esta no. Dice de manera cortante. Pero puede pedir una cita con migo. Saca una agenda. El regente querrá tener una entrevista con usted, y luego, si acepta su permanencia hará el ritual correspondiente.
- ¿Y usted es?.
Dice mirándolo con disgusto. Con la típica actitud, de “¿y quien osa hablarme así?”
- Diego García, Magus de la capilla.
Dice de manera imponente mientras piensa “Ave María lo que pensaba, aquí y en todas partes se respetan las jerarquías. Así que si la tirana quiere hacerse la brava, yo son el doble. No me voy a dejar de tipas como esta”.
Después de eso, la mujer bajo un poco su imponencia, dejo una tarjeta y se marchó.
“Que tal la malcriada, puede ser muy bonita, pero tiene una actitud espantosa. Ave Maria, ya ni las mujeres...”.
Piensa, mientras mira la tarjeta y anota los datos, “otra más para investigar”.
Los tremere no eran personas fáciles de tratar, ni entre ellos mismos lo eran. Las relaciones podían ser muy competitivas y tirantes.
En eso extrañaba a Rowan, con él nunca tuvo dificultades, y ahora llegaba esta niña mimada hacerse la reina. Pero ¿Quién era esa mujer?, podía ser atractiva pero su forma de ser le quitaba el encanto.
Revisó los archivos. Efectivamente era una aprendiz de Boston, qué salió de vacaciones, y que llegó por alguna razón a los Ángeles. Era sospechoso, pero común.
Le informó de la presencia de la mujer al regente y tras horas de extensas actividades, que incluían aspectos que ya había trabajado e investigaciones. Necesitaba vacaciones...
****
Miguel estaba frente de la pc. Parecía paralizado, su rostro no expresaba felicidad, en realidad expresaba descontento. Se sentía infeliz, muy infeliz. Estar solo y deprimido sólo le hacían recordar todas las cosas negativas de su existencia. Su pasado, su presente y su futuro eran un hueco negro. Odiaba a los Estados Unidos, pero sentía solidaridad por aquellos que eran víctimas del sistema. Era lo único que lo mantenía en ese país. Había llegado en parte, porque allí su mejor amigo tendría más suerte, y a veces las familias se constituían en ese mundo por redes de apoyo. Por lo menos Diego había tenido más suerte que él.
Odiaba estar enclaustrado y tener que quedarse en casa mientras Diego trabajaba. Detestaba la idea del encierro, depender económicamente de él y no poder trabajar. Pero adicionalmente se sentía muy mal por tener que suspender sus estudios. En realidad, por una “supuesta y repentina enfermedad”, mandaba trabajos una vez por semana. Invento de Diego para que no fuera a la escuela. Luego posiblemente no podría continuar estudiando.
Miguel no era un estudiante muy brillante, en realidad los nuevos aprendizajes le constaban mucho. Era un hombre inteligente, más de lo que él pensaba. Pero su problema era sentirse intelectualmente inferior. Ese era el foco de su baja autoestima. No hace mucho tiempo, después de llegar al país, rompió en lágrimas después de escuchar las burlas de algunos tremere, quienes establecieron no saber cómo Diego se asociaba “con ese burro”.
Diego, ofendido con sus colegas, y seguro de la inteligencia de su mejor amigo, le motivo a estudiar con la esperanza de que pudiera llegar a ser universitario.
Era poco probable que retomara sus estudios mientras la situación no mejorara. Pero lo más curioso es que no había pasado nada, no había mejorado o empeorado.
Una vez se enteraron de la compra del terreno, duraron pendientes de una batalla por días. Y nada ocurrió. Nadie vino a sacarlos del sector, ni existieron disputas de ningún tipo. Es más, hasta el primogénito ventrue había cesado su ataque.
Lo único, que sí preocupaba, y la razón por la cual Miguel no salía de su apartamento era que unos hombres, que no eran del sector estaban preguntando por él. A los que le preguntaban contestaban que no lo habían vuelto a ver, y algunos hasta inventaron que había salido del país.
Y aunque, aquellos, no se volvieron a ver por el sector, Miguel sabía que podían seguir rondando.
Estar alejado de sus amigos, era un cruel castigo, pero era mejor para todos... o por lo menos eso esperaba. Se sentía tan mal.
Por su estupidez su vida estaba paralizada.
En ese momento se escucha la puerta cerrarse. Los pasos son conocidos.
Diego, entra a la habitación y observa a este hombre que tiene cara de estar en un velorio. Sabe lo que le pasa, pero... no podía hacer más por él.
- Hola Parce. Sonríe Diego en la puerta de la habitación. Ehh Ave Maria, ni que hubiera desayunado escorpiones, quite esa cara... Dice en son de burla.
- No, sólo que no estoy de humor para nada parcerito. Sonríe pero con ganas de llorar. ¿Y cómo le fue a buste?
- Hermano, hay cosas peores, así que anímese que no quiero que haga puntos como yo, pa malkavian honorario... se ríe de sí mismo, sólo aliéntese. Sonríe y se le sienta al lado. ¿Que qué le cuento? Y se ríe fuerte. Pues Tres-se, yo creo que tengo un karma con las mujeres mala clase, hoy me toco enfrentarme con una...
- No diga... lo mira con una sonrisa...¿y estaba buena?
- Bueno, sí se hubiera quedado callada.... tal vez. Una gran carcajada de ambos se escucha en el apartamento. ¿ y vos que andas haciendo?
- Mirando las cámaras de seguridad, y revisando un mail, sobre la tipa que adquirió el terreno.
En ese momento toda la atención se centra en el mail.
- Se llama Roxana Michelle McKee, y vive en nuevo México, y hay una dirección. Mira a Diego. Parce, ya lo decidí, yo voy a ir a ver a esa vieja, y le voy a cantar cinco verdades, y se pone de coscorrea, le casco.
- ¿Vos estás loco?, Diego contesta sorprendido, pues no esperaba esa respuesta. No señor, ir a buscar lo que no se te ha perdido.
- ¡Parce, el futuro de mi gente depende de eso! Dice convencido.
- Tres-se, poneme atención, a vos la tipa te volvió la mente un columpio con solo mirarte, ¿querés que te joda de nuevo pues? Trata de convencerlo. Además, son sabbats, detrás de uno, hay veinte.
- Parce, mire una cosa. Lo mira a los ojos. Yo he estado aquí encerrado, y me siento terrible, déjeme ir a investigar, yo no doy papaya, se lo juro... además ya lo decidí, debo ir, para saber quién es esa hembra y que carajos quiere, y si veo que la cosa esta peluda me devuelvo.... además tengo un presentimiento de que debo ir.
Diego trata de convencer a Miguel de múltiples formas, y encuentra una barrera. Está empeñado en ir, a pesar de los múltiples problemas que existen.
Tiene dos opciones, o molestarse o apoyarlo. No se sentía anímicamente preparado para molestarse, además Miguel no necesitaba eso, lo que necesitaba era ayuda. ¿pero cómo podía ayudarlo?.
En el pasado habían salido de peores problemas.
Diego se queda pensativo y dice.
- Ahí está, vamos los dos, yo alisto todos los juguetes por si la vieja se pasa de lista....pero, tratamos en lo posible de investigar de manera inteligente, no como en el tunal, ¿entendes?... Diego hacia referencia a una experiencia pasada, en un sector llamado el tunal, donde hicieron las cosas, a lo bruto.
Era un acto arriesgado, pero Diego sabía que había muchas formas de hacerlo. Además, presentía que en esa dirección no iban a encontrar nada, sólo un vampiro idiota, dejaría su dirección para que lo fueran atacar.
¿O eran idiotas ellos por ir a buscarlo?
Eso sólo lo podrían averiguar si iban, y aunque Diego esto le sonaba a trampa, no era tonto como para no ir preparado.

1 comentario:
Y esa pesada de dónde salió? o.o mira que tratar así a diego ¬¬
o.o ok... misiones semi-suicidas... este Miguel u.u espero que todo salga bien para esos dos >.<
queremos new chap! xD
Besos!
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