lunes, 2 de agosto de 2010

La puerta de San Pedro


Había un silencio aterrador. Todos aquellos que entraban a la habitación salían con rostros cargados de gravedad.  Los sanadores no sabían qué hacer, muchos de ellos internamente deseaban que Rowan por fin descansara, pero no era así, su cuerpo pálido y rígido  estaba encima de esa cama como un moribundo... sí se puede decir eso de alguien que ya está muerto. 
Los hechizos no fueron tan fuertes para soportar el último ataque, y los biotaumaturgos dudaban que soportara otro de esa magnitud.
Habían pasado varios meses desde el atentado al regente, había pasado mucho tiempo lejos de los Ángeles, la muerte posiblemente fuera una consecuencia justa después de todo lo que había sufrido, pero curiosamente, después de tolerar esta última agresión había entrado en un estado casi  comatoso, en un letargo poco común pero justificado por sus lesiones.  A pesar de la gravedad de la situación, Rowan parecía estar tranquilo sobre su cama, como si su alma hubiera partido de su cuerpo, sin embargo sólo se estaba yendo lentamente.
Por lo menos parecía no sufrir...
 Reforzarían los rituales y esperarían. Era lo único que podían hacer. Terence había permanecido en silencio desde que lo recogió del piso y tuvo que contenerlo. Estaba moralmente destruido.
Las malas noticias son las primeras en saberse,  y el regente Dieter Schaeffer no tardo en recibir una carta. Se paseo entristecido por la capilla sin hablar con nadie, y entró al laboratorio desierto de aquel que fuera su colaborador por años. Se sentó ahí, sintiéndose culpable e impotente.
Oren había logrado su objetivo...
No sólo era la inminente muerte de Alexander lo que le atormentaba, le preocupaba  también todo lo que desencadenaría de manera indirecta tras su muerte. Sin  su existencia, Oren, McArthur, y todos aquellos asociados a esta conspiración, podrían ocultarse y "tapar" la única evidencia clara de este cáncer.
Dieter estaba disgustado consigo mismo, pero una golondrina no hace primavera, por eso seguía contactándose con otros con mucha prudencia.
 Había logrado un aliado importante desde el inicio, y poco a poco estaba  formando una red de  simpatizantes. Temía terriblemente que esto se convirtiera en una cacería de brujas.
Prende una vela pequeña en la habitación, otra en el laboratorio, y se queda ahí pensando mentalmente en Alexander. Trató de  concentrarse para mandarle un mensaje telepático. Básicamente le  manifestó su agradecimiento por su labor, lealtad y constancia, y le dijo qué si estaba cansado, podía marcharse, y sí en cambio deseaba luchar por su vida, el lo apoyaría. Estaría de acuerdo con la decisión que tomase.  No podía pedirle más.   Se despidió adolorido, y espero un momento para calmar sus emociones.
Sale del laboratorio, cierra la puerta y mientras camina por el corredor se cruza con varios aprendices, a todos los saluda de manera cordial y tratando de actuar con naturalidad se encierra en su oficina.
Sólo rogaba por un milagro.
En el lugar donde reposaba Rowan, llego la orden externa de un superior importante  de reforzar su seguridad y los rituales para mantenerlo con vida. El regente Morelli   y sus aprendices obedecieron a pesar de que sentían que era mejor dejarlo ir.
 Hicieron lo debido para que su cuerpo resistiera, a pesar de que su alma amenazaba con fugarse.  Un ritual principal, y refuerzos dos veces al día.
Sí moría sería,  porque su destino era ese, y ni siquiera la más potente magia  serviría para mantenerlo en esta tierra.
Rowan estaba golpeando la puerta de San Pedro.

3 comentarios:

Tana Abbott dijo...

Noooooooooooo!!! no, no, no, no >-< no puede, no debe morirse! no así, necesitamos a rowan para entender qué está pasando, y para denunciar al idiota, y.... y... noooo >:<

mala syb :(

cuándo el siguiente?

Laura Alfaro dijo...

Seee, yo estoy de acuerdo, para cuando el siguiente?
Tana, debemos montar un sindicato que exija que haya historias mas seguido XD

Sybill dijo...

Un sindicato necesita mímimo 10 lectores , así que busquen más. XD