martes, 12 de octubre de 2010

!Vida Mal Parida!

Dos largas y extrañas noches habían pasado desde el sepelio de Jackson. En la capilla todos los aprendices habían tomado la postura de no hacer nada que molestara al regente. Esto era lógico dado que últimamente el líder del clan en los Ángeles estaba irascible, hasta había un rumor  de que el regente había entrado en frenesí.... pero esos eran solo   chismes sin fundamento, ó por lo menos eso se quería creer.
Dieter estaba en su oficina, tenía muchos papeles a su alrededor, y su rostro usualmente calmo mostraba una expresión  rígida en el mentón.
Su silencio  se podía comparar al estado  del clima antes de una tormenta,  sus ojos azules habían adquirido un color cobrizo apagado que sólo los conocedores podían distinguir. No era un estado de tristeza, no, era una emoción más fuerte.
¿pero a quien le importaba cómo se sentía? A sus enemigos, evidentemente.  ¡Tenía que controlarse!, la mesa despedazada en un rincón y que pidió a los criados que ocultaran era signo de eso.
Mira su reloj  de pulso, y  sale de la oficina con paso firme hacia un salón pequeño donde tendría una reunión. Era  martes, día de la reunión semanal del clan, pero antes de eso tenía que hacer otras diligencias.
El regente llega al lugar primero que cualquiera. Este es un salón pequeño, para reuniones de pocas personas. Algo sobrio, no muy elegante, pero practico.
Poco a poco van llegando los citados, Fran Breuning uno de los ancianos de la capilla llega primero, seguido por García quien aparece elegantemente vestido. Los martes, era casi obligatorio tener una presentación perfecta ante todo el clan.
-          Buenas noches señores. Dice el regente de manera automática, si bien es sólo el saludo se siente la tensión en su voz.
-          Buenas noches señor. Responden de manera casi instantánea  los dos hombres, mientras observan que el regente mira su reloj nuevamente.
-          Esperemos cinco minutos, tenemos a alguien retrasado. Hace una mueca, muy poco común en él, pues suele ser muy paciente.

Los dos hombres se miran entre ellos preguntándose de quien se tratará, y en ese momento se abre la puerta. La pregunta se contesta por sí sola.
Una mujer hermosa, de pelo negro, ojos azules y de buen cuerpo entra al recinto con un aire de solemnidad. Diego, quien no se esperaba esa desagradable sorpresa aprieta  el puño debajo de la mesa.

-          Señorita Chamberlain, bienvenida.  La mira el regente de manera automática. Siéntese, por favor, y podremos comenzar.
La mujer  responde un agradecimiento y se sienta al frente de García con una sonrisa.
-          Invite a la doctora Chamberlain para que nos acompañara por unos meses. Mira a todos de manera directa.  Viene hacer una investigación bajo orden de su regente  en Boston y yo he accedido a prestarle un laboratorio para dicho fin.

Diego mientras escucha al regente se queda callado,  aunque mentalmente esa noticia le caía como balde de agua fría. Esa mujer era una mal educada, además de ser una posible espía. Sólo esperaba que no le hubieran dado el laboratorio de Rowan, porque ahí sí establecería una protesta formal frente al regente.

-          Supongo que no conoce a los señores Breuning y García. Dice de manera automática antes de continuar.
-          Sí, conozco al señor Garcia. Lo mira directamente. Ya habíamos hablado sobre reptiles.

Le clava una mirada dominante, mientras Diego la observa directamente a los ojos con la actitud firme mientras piensa: “yo de esta no me dejo, mmm y que recuerde nunca hablamos en plural de los reptiles, su familia no me la nombro para nada... aunque si quiere le puedo recordar a su mamá”

El regente ignora el comentario extraño (qué para él no tiene ningún sentido) y continúa la reunión. Básicamente informa sobre cambios en el segundo piso, división de recursos y cuestiones administrativas de la capilla, todas cuestiones normales y rutinarias. Nada importante, y nada relacionado a la seguridad.
Al terminar la reunión, Dieter mira a los presentes y comenta que espera cooperación entre ellos para lograr los objetivos, a lo que ella interrumpe.

-          Disculpe señor, en relación a los ingredientes, ¿Quién me podría orientar al respecto?
-          El Doctor Diego García tiene esa información señorita Chamberlain, así que confió pueda trabajar en equipo con él para lo que requiera. Responde el regente, sin ganas de dar muchos detalles.

Diego se queda paralizado mientras mentalmente maldice su mala suerte, ¡sólo le faltaba eso!, ¿pretendía acaso el regente que saltara por la ventana del edificio?, ¿no podía ponerle esa fastidiosa tarea a alguien más?...Breuning parecía  mejor para dicha tarea.
La mujer se levanta, y tratando de ocultar su disgusto, se despide y sale de la oficina.
Dieter mira a Diego  un segundo, y comenta que debe prepararse para la reunión principal, pero Diego de un salto le alcanza. 

-          Señor debo hablar con usted..
-          Ahora no Diego. Dice Dieter  de manera  amable pero cortante...
-          Pero señor, ¿Por qué yo?, ¿ no puede ayudarle Breuning?, con esa mujer no tengo la mejor relación, es una grosera, y la forma cómo habla es..
El regente para en seco, y de manera algo directa y tajante añade.
-          Le colaborarás porque así YO lo he decidido. Lo mira a los ojos con furia, evidentemente no estaba en su mejor momento. Ahora sí me disculpa debo preparar la reunión semanal, luego hablaremos al respecto.

Diego se queda paralizado mientras ve como el regente se aleja por el pasillo. Era consciente que no había sido la mejor estrategia de  comunicación, pero ¿Por qué él?... ¿es que acaso no tenía mucha responsabilidad para tener que aguantarse a esa mujer?
¡Puta Vida!, Pensaba  mientras caminaba hacia el salón principal donde espero la reunión del clan donde se realizaron varios rituales de presentación y donde  se comentaron varios aspectos de seguridad. Después del evento Diego fue a su laboratorio y se alegro, al ver que el laboratorio de Rowan no había sido utilizado para guardar a la víbora... sin embargo, el laboratorio que le habían prestado, era de una colega que se ausentaría por un viaje, y este estaba a sólo tres  laboratorios de distancia.
Entró a su laboratorio, cerró la puerta y luego siguió al la habitación personal al lado del mismo.  Un cuarto  sencillo con tintes modernos lo esperaba. Diego podría vivir en la capilla pero prefería no hacerlo, sólo se quedaba a  dormir ahí cuando tenía tanto trabajo, que requería dormir en el edificio.
Se  sienta en su cama y golpea el colchón furioso, e igual hace con una almohada. Debía tranquilizarse, no podía entrar en frenesí, pero ¡Eran TAN injusto!
Por un periodo de una hora, se recuesta en la cama y trata de meditar para tranquilizarse, y justo cuando el malestar se estaba yendo, escucha un golpe en la puerta del laboratorio.
Se levanta meditativo y abre la puerta. La presencia de la mujer esperándolo con cará de tedio es lo que primero ve.

-          ¿qué desea?. Pregunta de manera ruda.
-          Buenas noches señor Garcia. Sonríe con sarcasmo,  Me gusta cuando las personas saludan de manera educada.
-          Seguro, es algo que usted suele poner mucho en práctica, ¿verdad?. Le responde sin mucha emoción. ¿qué quiere?
-          Quería hablarle sobre los materiales que requiero. Dice la mujer  de manera simple.
-          Escriba un informe de lo que  necesita y luego hablamos. Dice de manera automática. Hasta luego.

Justo cuando iba a cerrar la puerta, ella  pone el pie para impedirlo. Saca una carpeta, y se la entrega.

-          éste. Sonríe. Es el informe.

Diego, maldice interiormente. El creía que le iba a poner trabajo a la mujer, pero parece que ella se había adelantado a los requerimientos.  Toma  los papeles y le dice que leerá el informe primero y luego concretarán una reunión.
Se sienta en la mesa del escritorio y se da cuenta que sí no sale de la capilla estallará.
Es así como de manera muy autónoma  toma un maletín, pone en él algunos papeles y  sale de la capilla caminando lento hasta la casa.
Estaba furioso, deseaba caminar sin rumbo fijo por algún tiempo, pero cuando lo consideró también se acordó que podían estar siguiéndolo a él también.
Así que se dirigió al apartamento, esperando de qué Miguel no estuviera en uno de sus malos días. Últimamente estaba de mal humor y  adicionalmente, deprimido.
Entra a la vivienda murmurando entre dientes maldiciones en español, cruza por la sala donde esta Miguel y abre un mueble en la cocina donde saca una botella de aguardiente regional colombiano.

-          ¿Hora que le pasó?. Responde Miguel con su acento campesino 

 Diego no responde, va a la cocina, saca una  coctelera y un litro de vitae de la cruz roja del refrigerador. En el pasado trabajó en un bar, así que sabía cómo hacer un buen trago. Une de manera profesional el alcohol con la vitae, y sin decir nada, se sirve un vaso grande del liquito y se lo toma sin parar.
 Luego acerca el recipiente a la mesa de la sala cerca de  Miguel y  le ofrece una copa aguardientera  (de las pequeñas) para que tome.

-          ¡Tacaño si no, Parce!. Dice Miguel con una sonrisa mientras se toma la copa  de manera rápida. Sí vamos a hartar, lo hacemos  bien! Diego lo mira de reojo, mientras se sirve una copa pequeña para él. Y  bueno, ¿por quién estamos brindando?
-          ¡Por la mal parida vida!. Contesta molesto  mientras se toma el segundo trago.
-          ¿por esa?. Miguel se ríe. Bueno... mira hacia el piso, ¿qué le pasó?
Diego le comenta la situación con la mujer, y su incomodidad en relación al tema.
-          ¿Y cómo dijo que se llamaba la fulana?
-          Rebeca, dice Diego mientras se toma su cuarto trago.
-          Jajaja tiene nombre de vaca...

García  se carcajea, mientras escucha la explicación de Miguel donde comenta que sus padres tenían una vaca con dicho nombre. Ya luego de hablar, él se siente mejor.

-          Paisa,  ¿buste no ha pensado en renunciar?. Lo mira de frente. Fíjese que por ese trabajo buste se esta enfermando, además su jefe se la tiene montada.  Lo mira. Vea, nos vamos de la ciudad, y bueno,  por ahí buscamos cómo vivir en otro sitio.

Añade a Miguel de manera relajada, evidentemente le preocupaba eso.  Su amigo lo observa y mirando la copa de vitae con aguardiente responde.

-          Vos sabes que no se puede... no puedo romper el compromiso que hice en Viena.

Y tras decir eso se toma nuevamente todo el contenido de la copa, mientras Miguel observa cómo su amigo ahoga las penas en el alcohol.
Había cosas que le costó  re construir de nuevo, y no podía, ni debía, echar todo por la borda.

1 comentario:

Tana Abbott dijo...

xDDDD pobre diego, mira que te gusta torturarlo! qué harás luego? enamorarlos?


besos!