Alexander miraba la pared. Esa noche había amanecido muy débil, sus ojos estaban cristalinos y sin luz, apariencia que adquieren aquellos que están próximos a morir, sin embargo, por razones que ya se conocen, él no podía descansar.
La protección mágica también era una maldición. Mantenerlo vivo era lo importante a pesar del sufrimiento que experimentaba.
Tenía tremendos dolores estomacales que le produjeron un vomito sanguinolento que tenía alertados a los curadores. Las transfunsiones eran constantes y él se sentía físicamente destrozado.
Se tocaba la zona estomacal mientras podía sentir las laceraciones internas en crecimiento. El dolor no era nada nuevo para él.
Un malestar punzante lo atormentaba. Apretó los labios para no gritar, mientras sus puños se cerraban.
Interiormente sólo pedía una cosa: “Señor, dame todo el dolor que quieras, todo lo sacrificare sí salvas a Maurice”.
Un desagradable vomito de vitae se precipita mientras la enfermera tiene a su lado un recipiente adecuado para recibir el contenido.
El gesto de malestar se dibujaba en su cara como un mapa. Estaba pasando por una crisis. Una de tantas que su agresor disfrutaba a la distancia.
Recostó su cabeza en la almohada cansado, y tocó levemente la mano de la enfermera en señal de apoyo. Cerró los ojos y dijo en un hilo de voz.
- ¿Sabías que Terence escribe maravillosamente? Le habla como si tratara de mantener la cordura . Deberías leer algún día algo de lo que ha escrito.
- Eh, sí. Sonríe ella. Algo escuche de lo que le leía mientras dormía señor Rowan.
- Es un buen hombre ¿sabes? Señala una de las cómodas. En una carpeta verde, tengo uno de sus mejores trabajos, debería ahhh. Dice conteniendo su dolor. Le.. leerlo.
La enfermera le iba a contestar algo, pero justo en ese momento Terence entra por la puerta.
La imagen que observa es desgarradora pero tenía un halo de misterio, su sire sosteniéndose de Arlene se miraban de manera cómplice.
- ¿pasó algo? Dice Terence sin saber porque lo preguntaba, le parecía que algo ocurria
- No. Agrega Alexander con una sonrisa. Aún no me he muerto.
Arlene y Terence hacen un gesto de desaprobación, el cual es seguido de un porte serio.
No había sido gracioso, él estaba muy mal. El regente y médico de Rowan les había dicho que ese síntoma era realmente alarmante y que no garantizaba que él pudiera soportarlo. Todas las noches en la capilla- hospital tenían que evitar entrar con cara de estupefacción o dolor.Rowan físicamente impactaba, estaba realmente demacrado.
Fowles se acerca con un sobre a su sire. “Acabo de recibir esto para usted”. Rowan lo recibe adolorido, y sin abrirlo le pide a la enfermera que los deje solos.
Rowan abre el sobre, de manera lenta y rascándose su cabeza calva, comienza a leer.
Su mirada se queda fija en el papel de manera pensativa y mira a su chiquillo. “Necesito fuego, esto hay que destruirlo”. Terence iba preparado y le pasa un encendedor a su sire.
Rowan se concentra en los dos objetos. De repente de manera mágica, tanto papel como encendedor comienzan a flotar en el aire.
Mágicamente del Zippo sale una llama, y la carta flota al encuentro del fuego, quemándose mientras flota.
El papel quemado cae encima de rowan quien aprisiona las cenizas y las hace polvo.
Mira a su chiquillo y le dice “ El regente Dieter, te manda saludos”. Cierra los ojos y se pone una mano cubriendo la nariz como si le doliera la cabeza. Dura así varios minutos como si tratara de descansar, y luego mira de reojo a su chiquillo. Lo que había leído lo llenaba de nerviosismo.
“Tal vez no debí utilizar taumaturgia para quemar la carta, he quedado muy débil, sólamente espero que pueda hablar con tigo antes de que te vayas”
Lo mira con una sonrisa mientras un punzante dolor le ataca el estomago. “No sabes lo que te agradezco que hagas esto” Hace una pausa mientras espera que el dolor pase “En la cajita” señala la misma en la mesa de noche. “esta el reloj de mi padre, a tu tutor Diego le encantaba ese reloj, y se lo iba a dejar, pero cambie de opinión al darme cuenta que se lo podía dejar a Maurice, sin embargo tengo un gran temor”. Lo mira con los ojos aguados. “temo que lo venda y lo intercambie por drogas”. Hace un gesto de amargura. “Es un reloj valioso, no sólo económicamente sino también a nivel personal”
Sin embargo Alexander a veces sentía que ese reloj no le pertenecía, debió ser de Marcus, su padre siempre dijo que sería de él. En realidad, ahora que sabe, “lo que sabe”, se da cuenta que Marcus al ser el legitimo se lo merecía. Él sólo era el adoptado.
Alexander hace un gesto de dolor y continua.
“Cuando lo veas, evalúa como está, hacerle seguimiento, y dárselo más adelante... aunque, sí no crees que le dé un uso adecuado, bien podrías quedártelo”, Lo mira, “ eres al fin y al cabo parte de mi familia, desde ahora”
Se pone la mano entre los dos ojos y trata de contenerse. Vivía despidiéndose de su chiquillo pues no sabía cuándo sería el fin de todo, pero no quería repetir lo mismo como ebrio atolondrado. Ese dolor en el estomago se repitió y las arcadas volvieron. El vómito era el signo claro de la desgracia de su enfermedad.
“Sí falto, ya sabes con quien quiero que hables... por favor hazme caso”. Era claro que quería que hablara con su consejero espiritual.
Mientras decía eso no podía dejar de pensar en la paradoja de todo esto.
¡Qué afortunado era Terence!, iba a ver a su hijo, hablar con él y posiblemente ayudarle. Rowan no sabía sí el podría rehabilitarse pero sí deseaba que estuviera bien. No podía evitar pensar que era su culpa.
Maurice era su hijo adoptivo. Alexander fue adoptado y vivió una experiencia distinta. Quería ser un padre adecuado para su hijo, pero no podía dejar de pensar que no fue perfecto. Matilda le decía que era muy duro con el pequeño, y tenía razón, él esperaba mucho de él.
Pidió que llamara a la enfermera dado que sentía que requería asistencia. Trago sangre, se estaba degradando cada vez más. Le dio la mano en señal de despedida a su chiquillo y cerró los ojos.
****
Tiempo. Necesitaba más tiempo. Pero eso era lo que no tenía. Alexander podría morir en cualquier momento. Había leído el informe completo de la inteligencia que contrató, y lo que leía cada vez tomaba forma de un queso apestoso. ¿Cuánto tiempo tendría que pasar para que algo saliera mal?, sabía que lo matarían, pero no sabía cuándo. Todas las noches se despertaba pensando que sería la última vez que caminaría por la capilla. Se había convertido en un paranoico, revisaba la vitae que tomaba, evaluaba a los criados, a los aprendices, a sus aliados... a todos. Sentía que estaba a punto de enloquecer.
Había decidido no salir de la capilla, y sólo lo haría sí era absolutamente necesario.
Lo pensó una y otra vez, necesitaba algo, o mejor “alguien” que tomara un gran riesgo. Pero la pregunta era ¿quién?.
****
Cómo era de esperar Alexander entró en letargo esa noche. Curiosamente, y en teoría, este estado podía durar unas horas o una semana, pero en su condición crítica, su condición era variable; podría despertar en semanas, meses, o simplemente no hacerlo.
Fowles se levantó de su lado, busco su valija, y por primera vez en muchos meses, salió de la capilla donde se ocultaba su sire para ir en búsqueda de su hijo.

1 comentario:
Vamos, Terry, ayuda a Marice! vamos, Rowan, tú puedes! ídem para Dieter xD
Besossss!
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