Las rosas negras se dibujan en un cielo oscuro mientras los nacidos con el poder de dañar se preparan para quitarle la estructura, a una pirámide de piedra.
El tiempo se acerca, y quien no esté preparado, será arrasado con él.
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En el cuarto enfermería, donde le regente se ha encerrado con Diego, no se escucha nada, han pasado unos largos minutos encerrados, la magia impide que los demás se enteren de la conversación, sin embargo el silencio se ve roto por un grito de furia.
¡NO LO PERMITIRE, NI LO PIENSE, NO LO PERMITIRE!, ESTA USTED LOCO, NO LO PERMITIRE!
Ese grito, sonoro a la magia, no lo puede escuchar nadie más. Está lleno de rabia, de angustia, de miedo. ¿qué le habrá dicho el regente para que reaccionara así?
Diego esta fuera de sí, angustiado, disgustado, e impotente.
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El apartamento parecía una tumba. El silencio lo invadía, no había música, no se escuchaban pasos, ni siquiera la brisa que en ocasiones golpeaba con la ventana. Miguel se encontraba sentado en la sala en total silencio, miraba un punto fijo de la pared como si fuera interesante. Alrededor de él había muchas cajas de cartón repletas de algunas cosas, y más al fondo habían tres maletas a medio llenar.
Habían perdido el apartamento, o por lo menos así lo sentía. Con todo y el préstamo que hizo el sire de Diego para comprarlo, la única forma de pagar la deuda que recientemente había adquirido era vender ese apartamento y seguir pagándole las cuotas al sire de Diego, a pesar de que la vivienda ya no sea de la propiedad.
Los nosferatus saben utilizar la necesidad a su favor, y básicamente por eso son ricos aunque vivan en las cloacas.
Pero no sólo empacaba por eso, sí no porque estaba seguro que debían marcharse. Haría cualquier cosa por llevarse a Diego de la ciudad a un lugar seguro. Lo convencería de que saliera de la capilla y ya allí lo obligaría a irse con él, a las buenas, o a las malas. Bueno, por lo menos ese era el plan que construía en su cabeza.
Hace una semana él no se imaginó que tendría que tomar esa decisión. En el pasado no siempre Diego tomó las mejores decisiones, y era Miguel quien las tomaba por él, por mucha fama de irresponsable que tenga. Él a pesar de tender a la depresión, no sufre de los problemas nerviosos de Diego que los han metido en problemas a lo largo de la historia. Él como “su hermano en la no vida” debe garantizar su bienestar, y esa garantía, aunque le costó algunas oportunidades, la cumplirá siempre.
Así que ahí estaba él, mirando como empacar, y planeando como secuestrar a Diego para llevárselo a un lugar seguro.
Hace una semana, su mejor amigo y hermano salió del apartamento a la lavandería. Miguel había acumulado dos bolsas de ropa sucia por dos semanas. Diego había tomado una bolsa y salido del apartamento, pero había olvidado la segunda, qué Miguel no supo colocar en un lugar visible. Cuando se había ido, y pasado unos ocho minutos, el Tres-se nota la equivocación, y toma la segunda bolsa de ropa, con miras a alcanzar a Diego. Caminó de manera un poco lenta, pues sentía que no tenía afán, igual lo encontraría en el sector de lavadoras. Cuando cruzo la esquina, sintió un dolor emocional intenso, lo supo sin siquiera haberlo visto. Corrió, y lo único que vio alejarse fue un vehículo negro, cuyas placas memorizó. Miguel trato de alcanzarlos, pero el auto se perdió de vista muy rápido, y a pesar de su intención pensó rápido que hacer, sí no encontraba ese auto su amigo estaría muerto. De él sólo quedaba la bolsa con ropa abandonada en la calle. Sacó su celular, y de manera ansiosa se devolvió al apartamento mientras hablaba con un sin clan que conocía a un nosferatu qué controlaba las cámaras de la ciudad.
Mientras corría al apartamento de manera angustiosa, hablaba con él, quien le dio el teléfono de este fulano. Llego al apartamento y preparo una maleta con armas, llevando su espada consigo. Rápidamente se contacto con Irgo, el nosferatu quien de manera descarada le pidió un millón de dólares para dar con el paradero de Diego. Miguel no regateo, simplemente aceptó la deuda, y el vampiro horrendo le dio las indicaciones de donde iba el carro.
Miguel ya en ese nivel estaba en la calle corriendo, y cuando se dio cuenta que correr no lo llevaría a tiempo, vio un hombre que parqueaba su carro en una esquina para recoger a una mujer. El sin pensarlo mucho, fue hacia la puerta del conductor, saco al fulano de un solo tiro de su propio auto, se subió al vehículo y comenzó a conducir de manera frenética por la ciudad. El precio del nosferatu incluía distracciones a la policía y control de los semáforos. Mientras conducía siguiendo el auto, le informa donde el vehículo se ha parqueado. En un sector de depósitos de la ciudad. Miguel sentía la angustia de Diego en su interior y aceleraba el vehículo como loco.
Cuando llego pasó primero al frente del lugar y vio varias cámaras de seguridad apostadas en la calle, entonces decide rodear la calle, y dejar el carro en un callejón, dos edificios posteriores, al señalado.
Es así que subió ayudado por la escalera de incendios hasta el techo de uno de los edificios, y ahí, utilizando su potencia comenzó a saltar de edificio en edificio, hasta llegar por fin al techo depósito. Encima del mismo, decidió andar despacio, y comenzó a ver por los tragaluces. Pudo ver una gran cantidad de hombres armados en una parte del depósito, pero Diego no estaba ahí, caminó lentamente, mirando cada sitio, hasta que por ultimo dio con el lugar donde estaba Diego, y es así como pudo rescatarlo.
Luego de entregar a su amigo a los de su clan, abandonó el auto a unas calles de ahí. Donde posteriormente supo que lo encontraron sus dueños.
Se sentía culpable por robar, pero le había pedido perdón en silencio a Dios por sus acciones. El problema no era sólo la culpa, sino el hecho de que tenía una deuda. Le habían dado tiempo para pagar, en realidad, sólo quince días.
Sí no pagaba, los nosferatus lo matarían, o le podían dañar alguna estrategia que tuvieran con los sin clan. No era muy sabio hacerse de enemigos que con el saber podían joderte. Por lo menos Diego estaba vivo, pero lamentó no haber sido más rápido.
La deuda lo tenía angustiado, como todo lo demás. Había hablado con Diego hace unas pocas horas, ninguno de los dos estaba bien.
En ese momento el teléfono suena. El identificador de llamadas establece que es Irgo quien ha marcado. Miguel tiene la intensión de no contestar, pero lo hace, a sabiendas que vendrá una amenaza.
- Hola Tres-se, dice con inusual confianza en una voz áspera mientras Miguel hace un gesto extraño. Recibí su pago, muy oportuno por cierto, me gusta cuando prometen lo que cumplen, será un gusto volver hacer negocios con usted, tenga mi número, ya sabe, lo que necesite.
- ¿qué?, responde sin entender, un sonido electrónico suena del otro lado del equipo, cómo una alarma.
- Me despido, la noche es corta para tanto trabajo, un cliente viene y otro se va, la ciudad de los Ángeles es una locura.
Sin decir nada más cuelga. Miguel no sabe que pensar, esto debe ser una broma. Luego de la llamada suena el timbre. La persona que se identifica en el citófono es Salvador, el criado quien siempre trae la vitae a la capilla. A Diego le descuentan de su salario la sangre segura que consumen mensualmente en el apartamento, y que viene directamente del banco de sangre del clan. Se la venden económica, lo cual ha sido muy bueno para ambos.
Miguel hace seguir a Salvador. Al poco tiempo timbran en el apartamento, él alista su arma y abre la puerta prevenido.
Cuando ve qué si se trata del criado, se alivia y le invita a pasar. El muchacho de origen latino entra cargando una caja que contiene el refrigerador de icopor con la vitae. El criado, deja la caja en la cocina y le dice a Miguel de manera respetuosa mientras abre la nevera y comienza a poner las bolsas de vitae dentro.
- Señor Miguel, el regente le manda un mensaje con migo, quiere hablar con usted, pero en persona. Añade el criado de manera tranquila mientras hace su labor
- Pues sí quiere hablar, que venga, no sé porque no pudo llamarme por teléfono.
Dice Miguel algo molesto, le había tomado algo de antipatía al jefe capitalista de su mejor amigo, quien solamente lo explotaba laboralmente y lo hacía sufrir. En parte lo culpaba por el secuestro de Diego.
El criado termina de descargar las cuatro bolsas, cierra la nevera y mira a Miguel y le dice.
- Esperaba que dijera eso.
En ese momento Salvador se transforma en el regente Dieter Schaeffer ante la sorpresa de aquel que lo escuchaba, quien hace un gesto de desagrado.
- Perdone por entrar así al apartamento, pero tengo que hacer algunos movimientos por seguridad. Añade en español. En realidad necesitaba hablar con usted. Mira alrededor. Veo que se está trasteando. Dice con sorpresa.
- Sí, Diego y yo nos vamos de acá.
- ¿se van?. Dice denotando el plural de la pregunta.
- Sí. Dice enfrentándolo. Nos vamos, ya lo decidí. Dice refunfuñando mientras se sienta en la sala y con un ademan algo descortés le invita que se siente. Nos vamos a un lugar donde no corramos peligro, y usted no podrá impedirlo por muy regente que sea. Dice de manera desafiante mientras se sienta. Sí Diego estuviera viendo esa escena, posiblemente le daría un ataque al ver como Miguel le habla a su superior.
Dieter guarda calma pues comprende la situación. Acepta la invitación a sentarse y esquivando cajas se ubica en una de las sillas.
- Entiendo, a mí también me preocupa la seguridad de Diego.
Al decir eso Miguel cambia el tono agresivo.
- Pues parece que no, dice bajando la cabeza, mi hermano esta re jodido por sus ordenes ridículas y su explotación laboral capitalista. Dice de manera segura, sin miedo de lo que el regente piensa, no quiere hablar mucho para no ponerlo en evidencia.
- Diego es muy valiente. Dice mientras lo mira. Ha arriesgado muchas cosas por una buena causa. Continúa diciendo. Siempre he apreciado a las personas honestas, trabajadoras y entregadas, tiene suerte de que sea su hermano.
- Es cierto. Responde de manera seca. Pero busted no vino hablarme de eso, ¿qué quiere?
- Pedirle ayuda. Dice de manera simple.
Miguel nuevamente hace una pausa, y se levanta de la silla. No entendía nada.
- No sé cómo podría hacerlo.
- Sí acepta ayudar. Dice de manera seria. No sólo ayudaría a Diego, sino a muchos.
- Le repito, que no se cómo podría hacerlo. Lo mira. No soy mago, no se magia, y no soy como ustedes. Dice Miguel con algo de resentimiento.
- Precisamente por eso, es que usted es útil. Contesta Dieter de manera simple. Necesitamos alguien como usted, que sea fuerte, inteligente y que pueda hacer algo simple que nos de un gran beneficio.
- No le entiendo.
- Temo que lo que busco de usted, no se lo puedo aclarar ahora. Dice el regente. Le puedo decir que la situación es tan grave, que aunque se mude, y busquen huir de los problemas, terminaran por encontrarlos y matarlos a los dos, esto que sucede, es tan fuerte, que inevitablemente será un desastre, yo también moriré, y morirán muchos más, no sólo tremeres, sino muchos otros clanes.
Sólo quiero preguntarle si desea hacer algo por nosotros, algo por todos, algo por Diego.
- Por él lo que sea, dice con claridad, y sí puedo hacer algo por otros también.
El regente se levanta.
- Bien. muestra una sonrisa mientras saca un papel. Aquí están las indicaciones iniciales, aparecerán en cuanto me vaya. Confió en usted, le aseguro que será recompensado de manera enorme.
El hombre se transforma nuevamente en el criado.
- Hasta luego. Toma la caja que contiene el refrigerador.
- Un momento. Dice Miguel pensativo. ¿Buste pago la deuda con el nosferatu?
- Sí. Dice de manera breve. El precio por un buen servicio no importa.
Y tras decir eso, sale del apartamento, dejando a Miguel mirando ese papel sin letras.
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La noche siguiente este hombre latino, salió con sus maletas del apartamento. Llamo a todos los conocidos y les dijo que se marcharía. Llego al aeropuerto y tomó un vuelo a un lugar desconocido.

1 comentario:
O_O dieters que se vuelven criados? claro, todo por ver a su ídolo, Miguel *^* lástima que no le di a tiempo su chapita u.u xDDD
ok, ahora en serio... a dónde mandó ese tipo a Miguel, eh? ¬¬ si Diego reaccionó así, claramente no fue a un paseo con spa incluido... ¬¬* no lo vayas a matar!!
Besos, te quiero!
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