Alexander rueda la silla de ruedas a donde esta Diego, y le ofrece un vaso. Diego estaba más pálido de lo normal, y acepto el recipiente con un dejo de inseguridad. Alexander le da un golpecito en el hombro.
- Me pasaba exactamente lo mismo con mi sire... dice mientras llena el recipiente con licor y vitae. Así que créeme que te comprendo, bebe, es un buen licor, es lo mejor que tengo.
Diego mira el vaso un segundo y bebe. Ese sí que era un buen licor, ese whisky podía tener más de 60 años fácilmente, lo saborea por un minuto y contesta.
- Gracias, aunque no creo que comprendas mi reacción... lo mira, no sabía que tenias relación con De Cincao
- Oh ese hijo de perra. Dice Rowan de manera tranquila mientras bebe al mismo tiempo que Diego se asombra por el calificativo utilizado y más porque el pontífice podía estar cerca. Le rogué en una oportunidad que me dejara morir, y el sujeto con hielo en las venas se negó, no le importaba que estuviera sufriendo... lo mira, discúlpame, he perdido un poco la lealtad y la obediencia mientras estaba postrado en cama.
- No te preocupes, responde pensativo, ¿así que fue a él al que le rogaste?
- Si... es como una Hiena que espera atacar en el mejor momento. Responde de manera sarcástica. Así que sí, es una peste de la cual ni tú ni yo nos hemos librado, ni siquiera tu a tu llegada a los Angeles.
- Sí tú supieras. Dice Diego tratando de no hablar de más.
- Se algunas cosas. Sonríe Rowan. Antes había jurado no decir nada, pero no tendré ahora problema en contarte.
Diego lo mira, no entendía de que iba el comentario de su amigo.
- Cuando llegaste Diego a los Angeles, yo tuve algo de información de tu carpeta.
- ¿cómo? Abre los ojos asombrado, ¿es decir, que tu sabes lo que yo hice?
- No, no lo sé. Se rie Alexander, no sé y no me importa para ser honesto, el documento que yo vi, no hablaba de eso, hablaba de las condiciones, bla bla bla... la misma mierda de siempre, pero, en el manuscrito había una carta del pontífice Cincao. Diego se muestra interesado. El documento decía al tribunal que recomendaba tu traslado a los Ángeles, y no a la permanencia continua en Viena.
- ¿QUE?
- Lo sé, sonríe mientras bebe, yo también lo encontré curioso.
Diego se queda silencio mientras recuerda lo difícil que fue esa época, se había entregado a los tremere, lo habían torturado, había tenido una crisis mental enorme, tuvo que tener atención psiquiátrica y al salir del lugar donde se encontraba, le habían informado que trabajaría de manera interna en Viena. Todo parecía ir mal, Miguel se había despedido de él, pues en ese lugar no lo podría acompañar, y de repente un miembro del tribunal lo llama y le ofrece dos opciones a escoger, Surafrica, o los Angeles. Diego no lo pensó mucho, los Angeles era mucho mejor, le tenía aversión al territorio africano. Fue así que terminó viviendo en los Angeles, su sire le prestó el dinero para el apartamento en el cual vive, y de ahí tuvieron que comenzar de cero.
- Esto no tiene mucho sentido. Dice Diego. No soy el santo de devoción de Cincao.
- Posible no, pero él sabe mover los hilos.
- No sé que pensar...
- No lo hagas... ¿y cómo va todo en casa?, ¡Miguel?
- Además de comportarse como un crio... bien. Dice con algo de resentimiento.
Pasaron unas cinco horas hablando, Diego le comentó con detalles lo ocurrido en los Angeles, y Rowan, evitando el tema de la hospitalización y de las torturas, comenzó hablar del pasado, y profundizo un poco del porque el reaccionaba con miedo frente a su sire.
- Era un desgraciado amigo, me hubiera matado de haber podido, y lo peor es que es aliado del desgraciado ese.
- De Oren.
- Sí... es una de esas manzanas podridas.
- Mierda... dice Diego
- Tranquilo, no me sorprende.
- Alex. Dice Diego mirándolo al rostro. No comprendo porque es tan importante esa carta, no entiendo por qué tanta seriedad...
- Oh Diego, la cosa es más simple de lo que piensas, sonríe. La carta es lo que me liberara de esta prisión y los ayudará ustedes.
- No entiendo.
- Verás, hay una norma antigua en los torneos, una regla de estricto cumplimiento. Se sonríe. Una vez el tribunal decrete que se acepta la justa, ninguno de los dos combatientes puede atacar al otro ni mágica ni físicamente antes de la contienda. Por tanto, Oren tendrá que deshacer las maldiciones, lo que me dará un tiempo de paz donde podre poner mis asuntos en regla.
- Aja... pero, no estás bien para enfrentarte a él, estas muy débil..
- Diego, lo mira amigablemente, no importa quién gane o pierda, ya con el sólo hecho de que se celebre el duelo, o mejor, con el sólo hecho de que llegue esta carta a Viena, la situación de ustedes mejorará mucho. Dice de manera tranquila. No me importa morir sí antes de hacerlo puedo causarle dolor a Oren, ya no le temo a la muerte.
- Péro ...
Sin embargo Diego no pudo completar la pregunta, la puerta se abre y entra el regente Morelli.
- ¡Dos de mis pacientes preferidos!
Rowan hace una mueca de disgusto, lo que parece divertirle mucho al regente y médico.
- ¿nunca voy a poderme librar de usted?. Dice con antipatía Rowan. Lo mejor de estar en coma es no verle la cara.
Mientras Diego se sorprende por el comentario, también se asombra al ver que Morelli suelta una carcajada.
- Extrañaba verle despierto señor Rowan, sus comentarios ácidos divierten a mis aprendices.
- Puedo dejarle un video con varios de ellos sí quiere.
Da una vuelta alrededor de ellos y se sorprende al ver “la botella de whisky”. Alza una ceja, momento en el cual Diego se siente algo incomodo. Se sentía como un adolescente en la casa de un amigo, cuyo padre acaba de darse cuenta que estaban bebiendo. Emborracharse en un hospital, no es algo muy responsable.
- Bueee. Dice él, mientras Alexander hace cara de “no me importa”, y se hace una tiempo de silencio incomodo. ¿Dónde está el documento? . Rowan sin hablar señala la valija, el médico tratante camina hacia ella negando con la cabeza. Tu no cambias Alexander, aunque esta vez es especial, sacaste tu mejor botella.
Mientras conversaba sucede algo que sorprende en alguna medida a Diego. El regente Morelli saca una llave especial, la pasa encima del maletín, y esta mágicamente se abre. El regente toma el documento, lo lee, y debajo de la firma de Xincao, pone la de él, con un sello y una gota minúscula de su vitae.
Las palabras de Rowan justificando el porqué saco su mejor botella no fueron de mucha relevancia para Diego quien estaba sorprendido por el gesto del líder. Luego de que hubo terminado, colocó el documento en su sitio, cerró el maletín, y mágicamente, la llave se quebró como una hoja seca.
Las palabras de Alexander continuaban diciendo alguna cosa sin importancia, cuando de repente aprieta su puño y no puede continuar la frase.
- Creo que te excediste Alex. Dice tranquilamente el médico acercándose hacia él y atendiéndolo. A la cama, Diego deberá partir pronto.
La descompensación era de tal nivel que Rowan no le replico, y accedió a que le ayudaran acostarse de nuevo. El regente Morelli le dijo a Diego que le daba cinco minutos más con Rowan, y que luego debía irse.
- Sí la carta no llega a destino Diego, me permitirán morir. Dice con un tono débil mientras los ojos del enfermo están emocionados. Pero, yo quiero morir bajo mis condiciones, y no, las de Oren.
- Te prometo Rowie que esa carta llegará a Viena, yo mismo vendré avisarte que llego sana y salva.
- Gracias. Dice emocionado mientras le da la mano y se la aprieta fuerte. Adiós Diego.
García caminó hacia el maletín, lo tomó y miró por última vez al enfermo, toda la energía que había demostrado en las últimas horas lo había abandonado. Salió de la habitación llevando consigo la única cosa qué podía darle paz a Rowan y a todo el clan tremere.
Morelli se encontró con él en otro sector de la capilla.
- Llegará bien a los Ángeles, entréguele el maletín inmediatamente a Dieter, y cuiden ese documento, espero que las cosas salgan bien.
- Sí señor. Dice Diego.
Da media vuelta dispuesto a partir, pero la voz del regente lo detiene.
- Un momento. Camina el médico hacía él con una sonrisa. Olvide quitarle esto.
Con un rápido movimiento el instrumento mágico que le curó el brazo fue removido, No había ninguna cicatriz de la amputación. Diego se coloca bien la camisa, agradece al especialista y se propone volver a los Angeles.
El viaje para encontrar justicia para Rowan había comenzado.

1 comentario:
vamos, Diego, que ni Mercurio será mejor mensajero que tú *^*
Ingenioso lo del duelo... de paso se asegura de sentirse mejor por un tiempo... y encima siempre exixste la posibilidad de ganarlo *^*
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