domingo, 29 de mayo de 2016

Una de miel y otra de hiel



Viajar tantas veces al mismo sitio y de la misma forma se hacía para Diego un asunto fastidioso del que no lograba  acostumbrarse, con este viaje ya llevaba  tres viajes incomodos a través de lo que creía era Centroamérica. Todas las veces tuvo que ir oculto en una caja de carga que se movía intermitentemente escuchando crujidos poco alentadores. Llevaba en su poder la carta de Viena, y también otros documentos que le entregó su regente.

Por una parte estaba feliz de sacar a Rowan de su desdicha, y por otra parte le dolía el corazón al pensar en su hermano. Sabía que en ese lugar se encontraba Terence (quien no se despidió cuando se fue) pero según supo viajó junto con Miguel cuando lo hospitalizaron, esperaba encontrarse con él.
Pensaba cómo sacar a Miguel de la capilla,  Cómo lograr que se encontrara con la japonesa y  así parar su sufrimiento; el hecho de no saber donde coños estaba esa capilla no ayudaba en nada. Pero debía buscar la forma de llevárselo para que recibiera su golpe de gracia.

Y para rematar eso no era lo único que le preocupaba. Se sentía terriblemente pensativo  por las consecuencias de su engaño al italiano y lo que eso supondría. El regente le dijo tajantemente que eso ya no era su problema, pero ciertamente aunque o hizo con toda la buena intensión era muy posible que su acción trajera muerte. Nunca podían existir circunstancias perfectas. 

Había asuntos que él no conocía. Asuntos que posiblemente tendrían que pasar para que el grupo de infectados lograra matar al tzimisce implicado, y situaciones que ya no tenían que ver con él… pero eso no tranquilizaba mucho a Diego.

La mente del colombiano podía estallar con tanta ansiedad, no sabía cómo no había hasta el momento tenido una crisis seria.

La llegada al lugar fue como muchas otras. Ser sacado de la caja y conducido hasta el área de hospitalización. Tenía órdenes de entregar los documentos a Morelli, avisar a Rowan la buena noticia y luego solo preocuparse por Miguel (El regente Dieter había sido muy complaciente con ello). Tenía muchas ganas de ver a Miguel,  así que trata de seguir rápidamente a los criados para ir directamente donde el regente local.

Morelli se saltó los formalismos para hablar con Diego, y recibir los papeles, no había mucho tiempo para rituales de bienvenida.  El superior estaba un poco lastimado, se notaba que se estaba recuperando de un golpe en la cara bastante feo.  Hablaba de forma “parca” con Diego como si estuviera de mal humor.  Leyó el documento mostrando un evidente alivio de la situación, llevar a Rowan por tanto tiempo se había convertido en un dolor de cabeza para él y su gente. Le comunicó a Diego que antes de desenterrar a Rowan debía asegurarse que estaba libre de cualquier maldición, asunto que debía esperar. Procedió a explicar que llamaría a sus sanadores para comenzar la exploración de magia perjudicial y que cuando estuvieran seguros que los ataques hubieran terminado él le llamaría para que estuviera presente cuando lo sacaran del entierro.

Luego de informar eso le dijo de manera seria que Miguel no era un paciente fácil, asunto que Diego ya sabía, pero tomó en tono de queja. Se despidió de él y sintió como se cerraba  la puerta tras su espalda. En ese momento y tras dar unos pocos pasos Diego se para en seco como si le hubieran puesto freno de mano. Había tenido una evidente revelación

Oh no… no, no…- piensa llevándose la mano a la frente- ah… no Miguel…¿qué hiciste?

Diego había tardado en comprender esa queja, pero su conexión con Miguel se lo habían anunciado.

No me jodas Tres-se….Eh Ave María,  le diste en la jeta al regente Morelli…. No -no -no, ¿y ahora como voy hacer para sacarte de aquí?

Miguel lo hacía quedar mal con sus superiores, aunque él no estuviera presente, era increíble, totalmente increíble… y ahora él estaba avergonzado con su superior, y seguramente tendría que pedirle perdón más adelante… 

El Pensamiento de  oh mierda, y ¿ahora que voy hacer?”, era recurrente  mientras caminaba por los pasillos en búsqueda de la habitación de Miguel. Cuando la encontró no se sorprendió al ver un letrero rojo que decía: “precaución paciente agitado”

Sentía que le temblaban las piernas y estaba débil.

Dio un paso hacia atrás y mentalmente dijo “ 5, 3, 2, 1, 0…. Todo estará bien”

Abre la puerta de la habitación y lo que vio le dejó bastante descompuesto, Miguel estaba acostado y maniatado con  grilletes   en el espaldar de la cama, los pies estaban también inmovilizados, y habían unas cadenas en un costado que  estaban sin usar, Diego  no se podía imaginar nada bueno al ver eso. Lateralmente a la cama había un indicador de estado de ánimo que media un poco el grado de agitación del paciente.

Diego hace un gesto de respirar. Trataba de tranquilizarse porque estaba a punto de putear a media humanidad por maltratar a Miguel, pero el sentimiento de rabia  disminuyó cuando vió el rostro feliz al verle,  era como el de un niño suplicante que pedía ayuda.  Una mirada de felicidad que nada tenía que ver con el desdén con el que lo miraba en el apartamento.

-PAPA!!!!- dice  con los ojos llorosos- Volviste!

La cara de Miguel estaba desfigurada por el dolor y las lágrimas de sangre. Diego se le partió el corazón y fue hacía él inmediatamente.

El enfermero que estaba a su lado se levantó al ver a Diego. Se le notaba algo asustado.

-Migue ya estoy acá papá, vos sabes que te dije que vendría…

Diego no lo pensó dos veces y  mirando de manera asesina al enfermero desató las manos de Miguel quien llorando lo abrazó, balbuceando, la había pasado muy mal. El enfermero parecía estar aterrado, y trataba de decir algo sin que el paisa le pusiera atención.

-¿Dónde está su ruana?

-¿qué?- contesto el enfermero asustado

-La ruana  que  empaque en sus cosas, tráigala ahora mismo.

El enfermero no sabía qué demonios era una ruana, el concepto era extraño, y busca en la maleta cualquier cosa, señalándola torpemente (estaba muy nervioso) y una vez saca la ruana, Diego le confirma.

-Eso,  esa es la ruana – dice Diego que no dejaba de  abrazar a su amigo que tampoco lo soltaba, y tomando la misma con una mano le dice -Ven- dice despegándose de  él- ven ponete tu ruana Migue, ven…  vos ya no llores…- en esa saca un pañuelo y le limpia la sangre de  sus ojos, y se la coloca- ¿ves como huele de  limpio?, es una lástima que no se la hayan puesto como pedí expresamente en varias oportunidades – le lanza un comentario aguja al enfermero- vamos papá, ya estoy aquí… ya esta aquí Diego para cuidarte… 

Miguel se toca adolorido las muñecas mientras llora y da quejas como si tuviera seis años. “El es malo conmigo- dice señalando al enfermero- se llevó a mis vacas y me pego, me pego muy fuerte… fue malo, fue malo conmigo, dijo cosas horribles de ti, y de todos”

El enfermero palideció y comenzó a mover de manera sorda  su quijada haciendo señal  negativa, sin responder nada.

-“Me pego y dijo cosas horribles, y me amarraron como a Pepe…. Fueron malos, muy malos”
Diego veía como el enfermero palidecia cada vez más.

-¿ah conque te pegó?- miró al enfermero muy serio

-Sí…- dice el señalándolo con un dedo-él me pego

El color pálido del enfermero cada vez se veía más cenizo y hasta pareciera que iba a vomitar.

-No te preocupes, le daré una lección a ese hombre, nadie se mete con Migue.. nadie.

En ese momento  el pobre hombre se tuvo que  apoyar en la pared para no caerse. En esas Diego viendo que su hermano estaba tranquilo busco el sombrero entre sus cosas y se lo puso.

Diego se levanta y mira al enfermero, y de manera seria le dice: “Necesito hablar con usted”

El hombre no podía ocultar su cara de terror, al mismo tiempo como Miguel de manera infantil le saca la lengua. Diego sale de la habitación seguido por el hombre quien una vez afuera le expresa casi llorando “Señor, yo le juro que yo no le he pegado, nunca he maltratado a un paciente, él estaba muy agitado, yo…”

-Eh Ave María cálmate vos- dice Diego con un poco de mal humor, aunque le parecía gracioso que el enfermero estuviera asustado- yo sé que vos no le pegaste, ¿vos no te das cuenta que ahora es como un niño?, debes seguirle la corriente.

El enfermero dijo:

-Señor ahora esta calmado, pero se ha agitado mucho, si hasta le pegó al…

-Al regente sí, ya sé… pero yo me encargo

-Señor tengo ordenes de…

-Ya dije que YO-ME- ENCARGO- recalca con disgusto-venga cuando tenga que asistir al regente en la otra diligencia, puede descansar…

Diego ve alejarse al enfermero y entra a la habitación disgustado. Había dado indicaciones personales y por email en relación a su ruana, y sus cosas para mantenerlo tranquilo y en esta capilla no le habían hecho caso. Diego no sabía cómo era que el regente Morelli había sido golpeado por Miguel pero presentía que en parte la causa se debió a la falta de tacto. No dudaba que el parásito lo volvía agresivo, pero aun así pudieron tomar unas medidas distintas que encadenarlo con metal encantado para que no se moviera. Eso había sido un maltrato casi al borde de la tortura.

Cuando ingreso al cuarto Miguel lo miraba asustado

-¿No te irás verdad?

-Eh Ave María pues, ¿vos piensas que me iré?, Noooo parce, no me voy  a ir….vos duerme un poco, yo estaré aquí…

El pobre Miguel cerraba los ojos y los abría rápidamente para ver que evidentemente no se había ido. Diego estaba a punto de un colapso nervioso de pensar que tuviera que irse pronto a recibir a Rowan pero las diligencias se demoraron más de lo esperado dándole tiempo a Miguel en quedar en letargo nuevamente y estar en otra disposición.

****
Un grupo de hombres  entraban a un edificio histórico y mientras uno de ellos, el de más jerarquía, de aspecto juvenil y poca expresión emocional llevaba un sobre. Las personas dentro del edificio se sorprendieron con su presencia, los nuevos visitantes revisaban con la mirada todo. La tensión de los presentes se podía sentir. El hombre del sobre camina hacia un señor de unos aproximados 56 años y le entrega un documento.

-Regente Oren,  este sobre es para usted, tengo ordenes de Viena de hacer un recorrido por su capilla con mi equipo, todo sitio de su capilla será revisado… espero no ponga oposición.

Los ojos saltones del hombre hacer una mueca de desagrado y rasga el sobre para leer el contenido. No le queda de otra que dejarles pasar.

****

Los efectos de las maldiciones no se quitaron tan pronto como se esperaba, realmente fue a la otra noche  que  el regente Morelli (quien no se había asomado a la habitación de Miguel) mando el recado a Diego para que se preparara para el ritual. Diego se sorprendió cuando los sanadores al prever que él no estaría al lado de su hermano, lo sedaron y le volvieron a colocar las cadenas. Era obvio que le tenían mucho miedo. Él no alcanzaba  a comprender la razón dado que no sabía qué era lo que había pasado, pero si lo ataban con temor y un ligero templor era por algo. Diego no le gustaba nada que le inmovilizaran, ¿pero que otra cosa podía hacer que aceptar esa condición?...por lo menos hasta que Rowan haya sido sacado del sepulcro.

Caminó por el pasillo  y subió al ascensor del lugar sin fijarse la dirección a donde iba, por tanto tuvo que aguantar que subiera unos pisos y volviera a bajar. Estaba centrado en sus pensamientos y en sus múltiples preocupaciones cuando en cierto piso entran al ascensor una camilla con un paciente y seis aprendices. Dado que el séptimo no podía entrar pues el indicador del peso así lo establecía, Diego de manera generosa prefirió bajar, darle su puesto al séptimo y esperar nuevamente el ascensor.

Estaba en ese asunto de esperar  y en un pensamiento rápido se dio cuenta que posible bajar las escaleras no era mala idea, así que se voltea con el fin de ubicarse y ver donde quedaban las mismas, y justo en ese momento vio algo que pensó nunca ver.

La escena ocurrió lentamente. Una vez voltea a la derecha ve un largo pasillo lleno de puertas, una de ellas se abre  y un hombre  sale siendo acariciado y besado por una rubia. La mujer pasa su mano por su cabeza,  y  desubica los lentes del hombre que sonríe y se acomoda los anteojos y sonríe cuando la puerta se cierra. Todo sería muy normal si ese hombre no fuera otro que Terence Fowles.
Diego abre los ojos sorprendido y   se encuentra de frente con el besado el cual pierde un punto de sangre para ponerse tan rojo como las baldosas del suelo.

Una sonrisa nerviosa de Diego no se pudo evitar, en realidad trataba de ahogar la risa por las sorpresa. Pero se llevó la mano  la boca y se rasco la garganta.

-Terry!- sonríe tratando de evitar el reflejo de burla de su rostro sin lograrlo- Buenas noches, la verdad- se limpia la garganta otra vez- pensé verte antes, pero al parecer hasta “ahora” nos encontramos jeje jeje- lo mira con una sonrisa –  vamos a desenterrar a Rowan… mmm ¿no es genial?- dice con su sonrisa nerviosa mientras entraba al ascensor nuevamente seguido del pobre hombre sorprendido que no podía musitar palabra de la angustia, y Diego se reía  haciéndolo sentir más incomodo hasta cuando se abre la puerta del sótano inferior y le dice, “entre otras, tienes una manchita roja por aquí”, Diego se señala la mejilla y sale del ascensor caminando dejándolo atrás a Fowles  mientras él de manera nerviosa  se toca el rostro mirándose en el espejo del ascensor. Para su incomoda sorpresa dicha manchita de labial no existía, solo había sido una broma de su tutor lo cual lo dejo bastante mal parado.

Diego no pudo evitar bromear,  y era algo que trataba de no hacer en la capilla, pero simplemente no pudo resistirse, tenía su parte burlona y una de sus facetas de hombre colombiano era sacar ese tipo de actitudes “montadoras” de las que Miguel también era víctima.

“Quien no corre vuela, eh Ave María, jeje esto le va a encantar a Miguel cuando lo sepa jeje”

Con una expresión graciosa siguió hacia el  lugar donde yacía Alexander. En silencio   se colocó la bata ritual y vio como Terence también lo hacía esta vez con una actitud más parca y preocupada.

-Deja esa cara de lado Terry, que no ha ocurrido nada grave, más bien alégrate, se ha terminado la pesadilla de tu siré– dice un poco más serio centrándose en lo que venía hacer- así que sonríe hombre, esto se dio fruto de nuestro trabajo.

Terence en ese momento se sentía un poco agobiado, aunque era consciente de la importancia de la situación.

Fue entonces que llega el regente Morelli y explica primero en voz alta  que el dirigirá el ritual y lo que quiere que hagan cada uno de los presentes. Fue entonces que comenzaron una serie de canticos y conexiones mentales por  un periodo indeterminado donde todos eran uno nuevamente. Y mientras hacían eso el regente Morelli quien dirigía el ritual comenzó a recitar una y otra vez unas palabras que hacían que poco a poco la tierra alrededor de Rowan se fuera aflojando y su cuerpo subiendo poco a poco asomándose hacia el aire, su piel mortecina comenzó a visualizarse  mientras la tierra se resbalaba por los lados.

****

Los demonios lo perseguían contantemente buscando su lámpara pero el había podido esconderse y hacerles frente, no se llevarían la luz que lo mantenía con vida, el poder que estaba dentro de él, la respuesta a sus preguntas, la luz se hacía entonces más y más grande hasta que teñida de colores ocres  se hacía visible, así como el de los sonidos místicos. La luz estaba penetrando nuevamente por sus ojos.

Débil y sin poder hablar Alexander  mira alrededor, hombres con batas de color café estaban muy cerca mientras un hombre conocido lo alzaba con ayuda de otro y lo ponía en una camilla.

-Tranquilo, no tienes por qué preocuparte, lo logramos- Dice Diego con una sonrisa mientras le quita algo de tierra de la cara- lo logramos.

Y tras sacarlo con éxito lo envuelven en una sábana limpia y se lo llevan.

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