Viajar tantas veces
al mismo sitio y de la misma forma se hacía para Diego un asunto fastidioso del
que no lograba acostumbrarse, con este
viaje ya llevaba tres viajes incomodos a
través de lo que creía era Centroamérica. Todas las veces tuvo que ir oculto en
una caja de carga que se movía intermitentemente escuchando crujidos poco
alentadores. Llevaba en su poder la carta de Viena, y también otros documentos
que le entregó su regente.
Por una parte estaba
feliz de sacar a Rowan de su desdicha, y por otra parte le dolía el corazón al
pensar en su hermano. Sabía que en ese lugar se encontraba Terence (quien no se
despidió cuando se fue) pero según supo viajó junto con Miguel cuando lo
hospitalizaron, esperaba encontrarse con él.
Pensaba cómo sacar a
Miguel de la capilla, Cómo lograr que se
encontrara con la japonesa y así parar
su sufrimiento; el hecho de no saber donde coños estaba esa capilla no ayudaba
en nada. Pero debía buscar la forma de llevárselo para que recibiera su golpe
de gracia.
Y para rematar eso
no era lo único que le preocupaba. Se sentía terriblemente pensativo por las consecuencias de su engaño al italiano
y lo que eso supondría. El regente le dijo tajantemente que eso ya no era su
problema, pero ciertamente aunque o hizo con toda la buena intensión era muy
posible que su acción trajera muerte. Nunca podían existir circunstancias
perfectas.
Había asuntos que él
no conocía. Asuntos que posiblemente tendrían que pasar para que el grupo de
infectados lograra matar al tzimisce implicado, y situaciones que ya no tenían
que ver con él… pero eso no tranquilizaba mucho a Diego.
La mente del
colombiano podía estallar con tanta ansiedad, no sabía cómo no había hasta el
momento tenido una crisis seria.
La llegada al lugar
fue como muchas otras. Ser sacado de la caja y conducido hasta el área de
hospitalización. Tenía órdenes de entregar los documentos a Morelli, avisar a
Rowan la buena noticia y luego solo preocuparse por Miguel (El regente Dieter
había sido muy complaciente con ello). Tenía muchas ganas de ver a Miguel, así que trata de seguir rápidamente a los
criados para ir directamente donde el regente local.
Morelli se saltó los
formalismos para hablar con Diego, y recibir los papeles, no había mucho tiempo
para rituales de bienvenida. El superior
estaba un poco lastimado, se notaba que se estaba recuperando de un golpe en la
cara bastante feo. Hablaba de forma
“parca” con Diego como si estuviera de mal humor. Leyó el documento mostrando un evidente alivio
de la situación, llevar a Rowan por tanto tiempo se había convertido en un
dolor de cabeza para él y su gente. Le comunicó a Diego que antes de
desenterrar a Rowan debía asegurarse que estaba libre de cualquier maldición,
asunto que debía esperar. Procedió a explicar que llamaría a sus sanadores para
comenzar la exploración de magia perjudicial y que cuando estuvieran seguros
que los ataques hubieran terminado él le llamaría para que estuviera presente
cuando lo sacaran del entierro.
Luego de informar
eso le dijo de manera seria que Miguel no era un paciente fácil, asunto que
Diego ya sabía, pero tomó en tono de queja. Se despidió de él y sintió como se
cerraba la puerta tras su espalda. En
ese momento y tras dar unos pocos pasos Diego se para en seco como si le
hubieran puesto freno de mano. Había tenido una evidente revelación
Oh no… no, no…- piensa llevándose la mano a la frente- ah… no Miguel…¿qué hiciste?
Diego había tardado
en comprender esa queja, pero su conexión con Miguel se lo habían anunciado.
No me jodas Tres-se….Eh Ave María, le diste en la jeta al regente Morelli…. No
-no -no, ¿y ahora como voy hacer para sacarte de aquí?
Miguel lo hacía
quedar mal con sus superiores, aunque él no estuviera presente, era increíble, totalmente
increíble… y ahora él estaba avergonzado con su superior, y seguramente tendría
que pedirle perdón más adelante…
El Pensamiento de “oh
mierda, y ¿ahora que voy hacer?”, era recurrente mientras caminaba por los pasillos en búsqueda
de la habitación de Miguel. Cuando la encontró no se sorprendió al ver un
letrero rojo que decía: “precaución paciente agitado”
Sentía que le
temblaban las piernas y estaba débil.
Dio un paso hacia atrás
y mentalmente dijo “ 5, 3, 2, 1, 0…. Todo
estará bien”
Abre la puerta de la
habitación y lo que vio le dejó bastante descompuesto, Miguel estaba acostado y
maniatado con grilletes en el espaldar de la cama, los pies estaban
también inmovilizados, y habían unas cadenas en un costado que estaban sin usar, Diego no se podía imaginar nada bueno al ver eso.
Lateralmente a la cama había un indicador de estado de ánimo que media un poco
el grado de agitación del paciente.
Diego hace un gesto
de respirar. Trataba de tranquilizarse porque estaba a punto de putear a media
humanidad por maltratar a Miguel, pero el sentimiento de rabia disminuyó cuando vió el rostro feliz al
verle, era como el de un niño suplicante
que pedía ayuda. Una mirada de felicidad
que nada tenía que ver con el desdén con el que lo miraba en el apartamento.
-PAPA!!!!-
dice con los ojos llorosos- Volviste!
La cara de Miguel
estaba desfigurada por el dolor y las lágrimas de sangre. Diego se le partió el
corazón y fue hacía él inmediatamente.
El enfermero que
estaba a su lado se levantó al ver a Diego. Se le notaba algo asustado.
-Migue ya estoy acá papá, vos sabes que te dije que
vendría…
Diego no lo pensó
dos veces y mirando de manera asesina al
enfermero desató las manos de Miguel quien llorando lo abrazó, balbuceando, la
había pasado muy mal. El enfermero parecía estar aterrado, y trataba de decir algo
sin que el paisa le pusiera atención.
-¿Dónde está su ruana?
-¿qué?-
contesto el enfermero asustado
-La ruana que
empaque en sus cosas, tráigala ahora mismo.
El enfermero no
sabía qué demonios era una ruana, el concepto era extraño, y busca en la maleta
cualquier cosa, señalándola torpemente (estaba muy nervioso) y una vez saca la
ruana, Diego le confirma.
-Eso, esa es la
ruana – dice Diego que no dejaba
de abrazar a su amigo que tampoco lo
soltaba, y tomando la misma con una mano le dice -Ven- dice despegándose
de él- ven ponete tu ruana Migue,
ven… vos ya no llores…- en esa saca
un pañuelo y le limpia la sangre de sus
ojos, y se la coloca- ¿ves como huele de
limpio?, es una lástima que no se la hayan puesto como pedí expresamente
en varias oportunidades – le lanza un comentario aguja al enfermero- vamos
papá, ya estoy aquí… ya esta aquí Diego para cuidarte…
Miguel se toca adolorido
las muñecas mientras llora y da quejas como si tuviera seis años. “El es
malo conmigo- dice señalando al enfermero- se llevó a mis vacas y me
pego, me pego muy fuerte… fue malo, fue malo conmigo, dijo cosas horribles de
ti, y de todos”
El enfermero
palideció y comenzó a mover de manera sorda
su quijada haciendo señal negativa, sin responder nada.
-“Me pego y dijo cosas horribles, y me amarraron como a
Pepe…. Fueron malos, muy malos”
Diego veía como el
enfermero palidecia cada vez más.
-¿ah conque te pegó?- miró al enfermero muy serio
-Sí…- dice el
señalándolo con un dedo-él me pego
El color pálido del
enfermero cada vez se veía más cenizo y hasta pareciera que iba a vomitar.
-No te preocupes, le daré una lección a ese hombre, nadie
se mete con Migue.. nadie.
En ese momento el pobre hombre se tuvo que apoyar en la pared para no caerse. En esas
Diego viendo que su hermano estaba tranquilo busco el sombrero entre sus cosas
y se lo puso.
Diego se levanta y
mira al enfermero, y de manera seria le dice: “Necesito hablar con usted”
El hombre no podía
ocultar su cara de terror, al mismo tiempo como Miguel de manera infantil le
saca la lengua. Diego sale de la habitación seguido por el hombre quien una vez
afuera le expresa casi llorando “Señor, yo le juro que yo no le he pegado,
nunca he maltratado a un paciente, él estaba muy agitado, yo…”
-Eh Ave María cálmate vos- dice Diego con un poco de mal humor, aunque le parecía gracioso que el
enfermero estuviera asustado- yo sé que vos no le pegaste, ¿vos no te das
cuenta que ahora es como un niño?, debes seguirle la corriente.
El enfermero dijo:
-Señor ahora esta calmado, pero se ha agitado mucho, si
hasta le pegó al…
-Al regente sí, ya sé… pero yo me encargo
-Señor tengo ordenes de…
-Ya dije que YO-ME- ENCARGO- recalca con disgusto-venga cuando tenga que asistir al regente en la
otra diligencia, puede descansar…
Diego ve alejarse al
enfermero y entra a la habitación disgustado. Había dado indicaciones
personales y por email en relación a su ruana, y sus cosas para mantenerlo
tranquilo y en esta capilla no le habían hecho caso. Diego no sabía cómo era
que el regente Morelli había sido golpeado por Miguel pero presentía que en
parte la causa se debió a la falta de tacto. No dudaba que el parásito lo
volvía agresivo, pero aun así pudieron tomar unas medidas distintas que
encadenarlo con metal encantado para que no se moviera. Eso había sido un
maltrato casi al borde de la tortura.
Cuando ingreso al
cuarto Miguel lo miraba asustado
-¿No te irás verdad?
-Eh Ave María pues, ¿vos piensas que me iré?, Noooo
parce, no me voy a ir….vos duerme un
poco, yo estaré aquí…
El pobre Miguel
cerraba los ojos y los abría rápidamente para ver que evidentemente no se había
ido. Diego estaba a punto de un colapso nervioso de pensar que tuviera que irse
pronto a recibir a Rowan pero las diligencias se demoraron más de lo esperado
dándole tiempo a Miguel en quedar en letargo nuevamente y estar en otra disposición.
****
Un grupo de
hombres entraban a un edificio histórico
y mientras uno de ellos, el de más jerarquía, de aspecto juvenil y poca
expresión emocional llevaba un sobre. Las personas dentro del edificio se
sorprendieron con su presencia, los nuevos visitantes revisaban con la mirada
todo. La tensión de los presentes se podía sentir. El hombre del sobre camina
hacia un señor de unos aproximados 56 años y le entrega un documento.
-Regente Oren,
este sobre es para usted, tengo ordenes de Viena de hacer un recorrido
por su capilla con mi equipo, todo sitio de su capilla será revisado… espero no
ponga oposición.
Los ojos saltones
del hombre hacer una mueca de desagrado y rasga el sobre para leer el
contenido. No le queda de otra que dejarles pasar.
****
Los efectos de las
maldiciones no se quitaron tan pronto como se esperaba, realmente fue a la otra
noche que el regente Morelli (quien no se había asomado
a la habitación de Miguel) mando el recado a Diego para que se preparara para
el ritual. Diego se sorprendió cuando los sanadores al prever que él no estaría
al lado de su hermano, lo sedaron y le volvieron a colocar las cadenas. Era
obvio que le tenían mucho miedo. Él no alcanzaba a comprender la razón dado que no sabía qué
era lo que había pasado, pero si lo ataban con temor y un ligero templor era
por algo. Diego no le gustaba nada que le inmovilizaran, ¿pero que otra cosa
podía hacer que aceptar esa condición?...por lo menos hasta que Rowan haya sido
sacado del sepulcro.
Caminó por el pasillo y subió al ascensor del lugar sin fijarse la
dirección a donde iba, por tanto tuvo que aguantar que subiera unos pisos y
volviera a bajar. Estaba centrado en sus pensamientos y en sus múltiples
preocupaciones cuando en cierto piso entran al ascensor una camilla con un
paciente y seis aprendices. Dado que el séptimo no podía entrar pues el
indicador del peso así lo establecía, Diego de manera generosa prefirió bajar,
darle su puesto al séptimo y esperar nuevamente el ascensor.
Estaba en ese asunto
de esperar y en un pensamiento rápido se
dio cuenta que posible bajar las escaleras no era mala idea, así que se voltea
con el fin de ubicarse y ver donde quedaban las mismas, y justo en ese momento vio
algo que pensó nunca ver.
La escena ocurrió
lentamente. Una vez voltea a la derecha ve un largo pasillo lleno de puertas,
una de ellas se abre y un hombre sale siendo acariciado y besado por una
rubia. La mujer pasa su mano por su cabeza,
y desubica los lentes del hombre
que sonríe y se acomoda los anteojos y sonríe cuando la puerta se cierra. Todo sería
muy normal si ese hombre no fuera otro que Terence Fowles.
Diego abre los ojos
sorprendido y se encuentra de frente
con el besado el cual pierde un punto de sangre para ponerse tan rojo como las
baldosas del suelo.
Una sonrisa nerviosa
de Diego no se pudo evitar, en realidad trataba de ahogar la risa por las
sorpresa. Pero se llevó la mano la boca
y se rasco la garganta.
-Terry!-
sonríe tratando de evitar el reflejo de burla de su rostro sin lograrlo-
Buenas noches, la verdad- se limpia la garganta otra vez- pensé verte
antes, pero al parecer hasta “ahora” nos encontramos jeje jeje- lo mira con
una sonrisa – vamos a desenterrar a
Rowan… mmm ¿no es genial?- dice con su sonrisa nerviosa mientras entraba al
ascensor nuevamente seguido del pobre hombre sorprendido que no podía musitar
palabra de la angustia, y Diego se reía
haciéndolo sentir más incomodo hasta cuando se abre la puerta del sótano
inferior y le dice, “entre otras, tienes una manchita roja por aquí”,
Diego se señala la mejilla y sale del ascensor caminando dejándolo atrás a
Fowles mientras él de manera
nerviosa se toca el rostro mirándose en
el espejo del ascensor. Para su incomoda sorpresa dicha manchita de labial no
existía, solo había sido una broma de su tutor lo cual lo dejo bastante mal
parado.
Diego no pudo evitar
bromear, y era algo que trataba de no
hacer en la capilla, pero simplemente no pudo resistirse, tenía su parte
burlona y una de sus facetas de hombre colombiano era sacar ese tipo de
actitudes “montadoras” de las que Miguel también era víctima.
“Quien no corre
vuela, eh Ave María, jeje esto le va a encantar a Miguel cuando lo sepa jeje”
Con una expresión
graciosa siguió hacia el lugar donde yacía
Alexander. En silencio se colocó la bata
ritual y vio como Terence también lo hacía esta vez con una actitud más parca y
preocupada.
-Deja esa cara de
lado Terry, que no ha ocurrido nada grave, más bien alégrate, se ha terminado
la pesadilla de tu siré– dice un poco más serio centrándose en lo que venía
hacer- así que sonríe hombre, esto se dio fruto de nuestro trabajo.
Terence en ese
momento se sentía un poco agobiado, aunque era consciente de la importancia de
la situación.
Fue entonces que
llega el regente Morelli y explica primero en voz alta que el dirigirá el ritual y lo que quiere que
hagan cada uno de los presentes. Fue entonces que comenzaron una serie de
canticos y conexiones mentales por un
periodo indeterminado donde todos eran uno nuevamente. Y mientras hacían eso el
regente Morelli quien dirigía el ritual comenzó a recitar una y otra vez unas
palabras que hacían que poco a poco la tierra alrededor de Rowan se fuera
aflojando y su cuerpo subiendo poco a poco asomándose hacia el aire, su piel mortecina
comenzó a visualizarse mientras la
tierra se resbalaba por los lados.
****
Los demonios lo
perseguían contantemente buscando su lámpara pero el había podido esconderse y
hacerles frente, no se llevarían la luz que lo mantenía con vida, el poder que
estaba dentro de él, la respuesta a sus preguntas, la luz se hacía entonces más
y más grande hasta que teñida de colores ocres
se hacía visible, así como el de los sonidos místicos. La luz estaba
penetrando nuevamente por sus ojos.
Débil y sin poder
hablar Alexander mira alrededor, hombres
con batas de color café estaban muy cerca mientras un hombre conocido lo alzaba
con ayuda de otro y lo ponía en una camilla.
-Tranquilo, no tienes por qué preocuparte, lo logramos- Dice Diego con una sonrisa mientras le quita
algo de tierra de la cara- lo logramos.
Y tras sacarlo con
éxito lo envuelven en una sábana limpia y se lo llevan.

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