Miguel solo veía como las calles se acercaban mientras el
rápidamente trataba de esquivar las bolas de fuego. Hay mucho humo, y siente un ligero dolor, no podía creer lo que
acababa de suceder.
Parecía ser que su momento perfecto de anarquía y entusiasmo por cumplir uno de sus bizarros
sueños fue opacado por ese momento. Esa noche había tenido que correr mucho, primero por los policías,
y ahora de quien sea lo esté persiguiendo....
Miguel mira a los
que los persiguen sin dejar de correr, el humo dificulta el asunto, pero son
varios.
“Miguel corre, parce
corre”. Escucha la orden telepática de Diego.
Apretó la valija hacia él. Rápidamente se adelanta a través del humo con velocidad,
el fuego casi toca su cuerpo, Miguel trata de no tener un ataque de pánico,
sólo corre, el calor lo abraza de repente, y un estallido lo hace volar por el
aire y caer de manera dramática en una esquina en llamas.
El temor casi lo domina, el fuego lo envuelve, se levanta
aturdido y sale del fuego de manera instintiva.
En ese momento siente un bajón emocional, y no es de él.
Quisiera mandar un mensaje pero no puede.
Abre los ojos sorprendido. ¿qué demonios es eso?, se
pregunta mientras corre torpemente eludiendo otro ataque de fuego.
No lo puede ver muy bien, pero lo poco da la impresión de
ser la mezcla de un perro con un escorpión, cuya cola produce los estallidos.
El resto son figuras humanas, o en
apariencia.
Corre, abrazando el maletín. Sus pasos muestran para su
sorpresa que no se ha quemado. No lo entiende y no quiere entenderlo, no es
momento de pensar en pequeñeces.
Ese maletín era más importante que su vida, pero eso no era
lo que lo hacía correr, ese maletín era importante para su hermano.
Pronto nota que el humo se está dispersando, está saliendo
del incendio. Debe salir....debe hacerlo.
“por favor no...”
Escucha nuevamente en su mente.
“Estoy bien”,
responde a nivel mental con la esperanza
de que le llegue el mensaje, pronto ve una pared de ladrillo y Miguel se
concentra, salta utilizando su potencia como si fuera un saltamontes y se
cuelga de la baranda de una terraza. Cuando está a punto de saltar otra vez una
cadena se enrosca en su pie. “Mierda” dice mientras siente que lo halan, el
hace un esfuerzo por no caer, se aferra a una barra de metal y haciendo un
movimiento logra tomar un extremo de la cadena. Está en una postura anatómicamente
incomoda, cierra los ojos y hala, sea lo que sea lo ha atrapado se lo llevara
consigo.
La tensión en la cadena disminuye y al lado de él cae un
hombre que se estrella en la pared. El hombre es rápido usa celeridad para
atajarlo con una gran cuchillo. Un rugido extremese el lugar en ese mismo
instante, todo vibra.
Miguel no tiene
tiempo de pensar en la criatura, el sujeto
de la cadena le apuñala en el pecho sin
embargo ese ataque solo le da una oportunidad a él de defenderse, descargándole
varios disparos en su pecho, su ataque parece
ser más efectivo que el de su contrincante, lo golpea de manera torpe pues la
cadena le restringe el movimiento. El temblor se incrementa y su corazón se hela:
“ la criatura monstruosa se acerca. ¡debe salir de ahí!”. Los rugidos son
aterradores.
Utiliza su celeridad. Saca un cuchillo militar y de manera
más precisa entierra el cuchillo en el
cuello del sujeto, aprovechando su confusión empuja a su contrincante hacia el vacio.
Aún está amarrado a él, pero Miguel es consciente que debe salir de ahí. Salta
hacia el techo de la casa utilizando
toda su fuerza y pesar del tirón que
siente, su cuerpo avanza hacia adelante
haciendo en el enemigo en un efecto de látigo se estrelle contra el muro.
Asustado se quita la cadena de su pie, y siente como se desprende el peso muerto de su
agresor.
El gruñido se escucha más fuerte. Consciente de que esa “cosa”
está cerca corre y salta de techo en techo con el quejido del monstruo como eco.
*****
- ¿Diego?, pregunta despacio como un murmullo, ¿Diego?
Los ojos castaños del hombre se abren inyectados en sangre.
Había perdido contacto con la realidad y
había observado como un televidente unos instantes del ataque a Miguel.
El regente Dieter estaba al lado de él, en una sala cerrada.
Diego no respondió nada. Se llevó las manos a la cabeza y
ocultó su expresión emocional al regente. Temblaba como una hoja, había sido terroríficamente
real.
-
Una manticora. Murmura.. có co mo demonios...
-
¿De qué
hablas Diego?
Sin embargo él no podía hablar mucho. Le temblaban las manos
y apretaba los puños.
-
No.... no puede ser.
*****
Un gran salto hacia el vacio y una caída seca visualizó en
Miguel un callejón oscuro, que estaba lleno de humo leve. Vio como varias
personas pasaban cerca y sin dudarlo, corrió para mezclarse entre la gente. Una
gran calle principal se abrió ante sus ojos. Las personas caminaban con rostros
de terror, muchas lloraban, había varios carros de bomberos y patrullas de policía.
Miguel simplemente caminó entre la gente
mirando a su espalda. Debía salir de ahí, pero ¿cómo?.
Una ambulancia estaba
metiendo en una camilla a una mujer inconsciente. Miguel pensó de manera rápida.
-
¿Puedo ir
con ella?, soy su esposo. Le manifestó al paramédico.
Entró a la ambulancia
y se sentó al lado del profesional tras cerrarse las puertas. Sabía que debía
hacer un buen papel, así que tomó la mano de la mujer y cerró los ojos. “Señor ayúdala a curar, y perdóname por esto”
En diez minutos llegaron al hospital. Los paramédicos se
bajaron con la mujer, y él se dio cuenta que era su oportunidad de huir. Su
teléfono sonó, pero no contestaría hasta que estuviera seguro. ¡Debía salir del
estado!.
Un paramédico lo llama
y le dice: “Señor van a trasladar a su esposa a Boston en helicóptero, este
hospital está lleno”
-
¿puedo ir
con ella? Dice de manera suplicante. “es
lo único que tengo”

1 comentario:
Mantícora? creí que era un escreguto de cola explosiva... xD
ahora, cuida a Miguel, que no entendí nada de ese ataque <.< muy gráfico y vívido ._.
besos! nos vemols en boston o.o
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