viernes, 22 de noviembre de 2013

Camino de Sangre y Muerte (Parte 9)



Miguel estaba callado, su expresión era fría y oscura, no parecía ser el mismo, a su lado había un hombre con gafas y actitud nerviosa y confusa.  Terence lo miraba de reojo, algo en su compañero improvisado de misión le daba miedo, parecía estar más tensionado y apático,  había conocido en circunstancias más amables, pero ahora parecía que Miguel había perdido algo de la luz de su mirada. No conversaba con el hijo “putativo” de Diego y se mostraba paranoico y retraído. Lógicamente Terence no entendía todo lo que estaba pasando.

Por una ventanilla se veían sombras que pasaban rápidamente. Se habían metido a un carguero de la Nevada Northern Railway, una vía antigua de tren de nevada que era utilizada principalmente para  transporte de maquinaria y equipos de construcción, se habían escapado buscando que los Sabbat de la zona no los estuvieran siguiendo y pudieran llegar a Oregon, y ahí tomar un avión hacia alguna parte del mundo. Miguel aún no sabía que iba hacer con el atontado tremeré pero sabía que  no podía abandonarlo a su suerte.

Terence no estaba tranquilo. Sabía que la posibilidad de que los estuviera siguiendo era alta. Había metido la pata y lo habían detectado, pero por otra parte el hombre que tenía al lado había vinculado al hijo de Rowan, y sabía sin lugar a dudas que él se pondría furioso cuando se enterara.  Huir de esa forma durante la noche había sido angustiante y él no estaba seguro de que no los estuvieran siguiendo.

El teléfono de Miguel vibró varias  veces pero él no contestó, ni siquiera se detuvo a ver quien llamaba. Sentía una molestia enorme en su ser, algo que hace mucho no se manifestaba.

Su reloj establecía que faltaba hora y media hasta el amanecer y algo dentro de él lo hacía acariciar el arma que tenia. Miraba a Terence con autoridad, y algo de amargura. El tremeré se sentía inseguro, no sabía si sería víctima del amigo de su tutor. Pero en la mente de Miguel no  estaba en consideración hacerle daño al idiota solo que algo de todo eso tenía un pésimo sabor.

El ambiente era de tensión, Miguel miraba alrededor acariciando su arma, algo poco usual en él, miraba al hombre que definitivamente se había convertido en una carga y  revisaba el ambiente. Posiblemente sabia que algo iba a ocurrir cuando percibió cierto olor conocido, miró con sus ojos oscuros al tremeré y dijo rápidamente en tono de orden.

-Prepárese, corra y aléjese de …

Pero no pudo terminar la frase, un sonido enorme de  metales retorciéndose inundaron todo mientras la cabina se ladeaba rápidamente, signo evidente de que el tren se había descarrilado. Terence cayó  violentamente contra el suelo lastimándose mientras sentía de manera consecutiva que sin esperarlo,  era tomado de la cintura mientras otra explosión esta vez  indeterminada, abría un hueco en la coraza de metal como si fuera mantequilla y lo expulsaba del vagón. 

Cerró los ojos convencido de que iba a morir, pero cuando los abrió estaba en tierra firme, al lado de Miguel, quien  le hizo una señal para que corriera detrás de él.

 El olor extraño se hizo más evidente cuando un gruñido espantoso estremeció el lugar. Terence volteo, y casi no pudo cree cuando vio una criatura enorme, entre felino y humano, con una cola que batía a toda potencia. La mantiora pasaba por encima de los vagones del tren, triturándolos a su paso. Terence nunca había visto una manticora, y no la asocio con la mitología, sus ojos  se brotaron de sangre y  volteo hacia Miguel quien le dijo que corriera delante de él, y que mantuviera su distancia.

El tremere corrió de manera cobarde como una gallina que va ser pisada por un gallo. Miguel  detrás de él podía sentir el el calor del fuego. Frente a la proximidad acelera a la velocidad del rayo llevándose al tremeré por delante y ocultándose  en unos árboles.

Al frenar tras el acelerón, las gafas de Terence caen al suelo, él con las piernas temblorosas recoge las gafas de la tierra, justo cuando otro gruñido se escucha más cerca, miró a Miguel y vio con los lentes mugrosos como  abría la boca, y luego al frente quedándose en igual estupefacción al ver un hombre lobo enorme, en estado Crinos, de más de dos metros de altura.

Se escuchó claramente cuando Miguel tragó sangre, mientras Terence vio su vida partir en dos segundos.
Un zarpazo que cruzó hacia ellos hizo que Miguel desapareciera junto al cuatro ojos  en un acto de celeridad, mientras detrás de ellos el gran gruñido de la bestia los acompañaba y  muchos otros aullidos se precipitaban.

Paró en seco detrás de una piedra. Miguel estaba asustado.

-          Estamos jodidos

Dijo Miguel en español preocupado por la mucha sangre que tuvo que utilizar en el escape, lo peor por más que andaba no lograba librarse de los gruñidos bestiales, y ahora los malditos hombres lobo que aparecían por el bosque. Miró a Terence quien parecía estar congelado. Ayudaría mucho que ese tremeré se le ocurriera algún artilugio de magia, pero  de todos los que podían acompañarlo Terence era el menos indicado. Miguel se repitió mentalmente “estamos jodidos”

La piedra donde descansaban por esos pocos momentos estaba en la inclinación de una montaña. Desde ahí se podían ver los arboles  que estaban más allá que formaban un espeso bosque viéndose como se movían las ramas. Por detrás de ellos, y tapando la roca, se podría ver como el fuego, los gruñidos y las pisoteadas derriban arboles, mientras una explosión de combustible del tren llenaba todo con un espeso humo.

Se quedaron por un momentos escondidos en la roca inclinada, seguros que la manticora no los  vería, lo preocupante eran los movimientos de las ramas del bosque delante de ellos, y la sensación de ambos de sentirse atrapados era increíble, el humo y el calor estaban volviendo eso un infierno.

De las ramas que se movían y de los repentinos sonidos de los arboles surge otro hombre lobo gigante, distinto al anterior, también en estado crinos pero con apariencia egipcia, como el Dios anubis pero con un toque distinto.

Miguel y Terence le miraron por un segundo, mientras el hocico bestial se entendió una frase.

-          Mannen med stort hjärta, är ett gott omen

La frase estremeció a Miguel quien se agachó más a la roca esperando un ataque. Terence quien ya yacía en ese estado se encontró con él en la mirada, sorprendidos de aún estar vivos, mientras de la montaña por otros sectores diferentes salían saltando  lupinos enormes que se dirigían hacia la bestia, ignorándolos por el momento a ellos.  Miguel se asomó por un microsegundo a ver la escena encontrando que los perros estaban literalmente  luchando contra la manticora demoniaca.

Miguel no iba a esperar a que terminaran con la bestia para que luego fueran por ellos. Así que concentrando su sangre nuevamente  acelero cargando a Terence por la montaña, hasta salir unos cuantos kilómetros de ahí  a una vía poco transitada. Procedió a  noquear a un sujeto que estaba en un auto, y huir en el vehículo a toda marcha hasta  el próximo pueblo, donde a hurtadillas entraron a un sótano cundido de ratas, y ahí ocultarse del sol.

En el silencio de la oscuridad y la humedad de la casa vieja Terence se tapo los ojos angustiado evitando que fuera evidente su llanto, mientras Miguel de manera un poco más calma pensaba que el acento del hombre lobo le parecía conocido.

1 comentario:

Tana Abbott dijo...

remus los salvó! *dando saltitos* xDDDDDD bueno, bueno, ya sé que no... y no sé quién es el lupinop, pero sospecho que no estaba con el sabbath y.... valió la pena esperar por este capítulo :P besos!