Miguel estaba callado, su expresión era fría y oscura, no
parecía ser el mismo, a su lado había un hombre con gafas y actitud nerviosa y
confusa. Terence lo miraba de reojo,
algo en su compañero improvisado de misión le daba miedo, parecía estar más
tensionado y apático, había conocido en
circunstancias más amables, pero ahora parecía que Miguel había perdido algo de
la luz de su mirada. No conversaba con el hijo “putativo” de Diego y se
mostraba paranoico y retraído. Lógicamente Terence no entendía todo lo que
estaba pasando.
Por una ventanilla se veían sombras que pasaban rápidamente.
Se habían metido a un carguero de la Nevada Northern Railway, una vía antigua
de tren de nevada que era utilizada principalmente para transporte de maquinaria y equipos de
construcción, se habían escapado buscando que los Sabbat de la zona no los
estuvieran siguiendo y pudieran llegar a Oregon, y ahí tomar un avión hacia alguna
parte del mundo. Miguel aún no sabía que iba hacer con el atontado tremeré pero
sabía que no podía abandonarlo a su
suerte.
Terence no estaba tranquilo. Sabía que la posibilidad de que
los estuviera siguiendo era alta. Había metido la pata y lo habían detectado,
pero por otra parte el hombre que tenía al lado había vinculado al hijo de
Rowan, y sabía sin lugar a dudas que él se pondría furioso cuando se
enterara. Huir de esa forma durante la
noche había sido angustiante y él no estaba seguro de que no los estuvieran
siguiendo.
El teléfono de Miguel vibró varias veces pero él no contestó, ni siquiera se
detuvo a ver quien llamaba. Sentía una molestia enorme en su ser, algo que hace
mucho no se manifestaba.
Su reloj establecía que faltaba hora y media hasta el
amanecer y algo dentro de él lo hacía acariciar el arma que tenia. Miraba a
Terence con autoridad, y algo de amargura. El tremeré se sentía inseguro, no
sabía si sería víctima del amigo de su tutor. Pero en la mente de Miguel no estaba en consideración hacerle daño al
idiota solo que algo de todo eso tenía un pésimo sabor.
El ambiente era de tensión, Miguel miraba alrededor
acariciando su arma, algo poco usual en él, miraba al hombre que
definitivamente se había convertido en una carga y revisaba el ambiente. Posiblemente sabia que
algo iba a ocurrir cuando percibió cierto olor conocido, miró con sus ojos
oscuros al tremeré y dijo rápidamente en tono de orden.
-Prepárese, corra y
aléjese de …
Pero no pudo terminar la frase, un sonido enorme de metales retorciéndose inundaron todo mientras
la cabina se ladeaba rápidamente, signo evidente de que el tren se había descarrilado.
Terence cayó violentamente contra el
suelo lastimándose mientras sentía de manera consecutiva que sin
esperarlo, era tomado de la cintura
mientras otra explosión esta vez
indeterminada, abría un hueco en la coraza de metal como si fuera
mantequilla y lo expulsaba del vagón.
Cerró los ojos convencido de que iba a morir, pero cuando
los abrió estaba en tierra firme, al lado de Miguel, quien le hizo una señal para que corriera detrás de
él.
El olor extraño se
hizo más evidente cuando un gruñido espantoso estremeció el lugar. Terence
volteo, y casi no pudo cree cuando vio una criatura enorme, entre felino y
humano, con una cola que batía a toda potencia. La mantiora pasaba por encima
de los vagones del tren, triturándolos a su paso. Terence nunca había visto una
manticora, y no la asocio con la mitología, sus ojos se brotaron de sangre y volteo hacia Miguel quien le dijo que corriera
delante de él, y que mantuviera su distancia.
El tremere corrió de manera cobarde como una gallina que va ser pisada por un gallo.
Miguel detrás de él podía sentir el el calor del fuego. Frente a la proximidad
acelera a la velocidad del rayo llevándose al tremeré por delante y ocultándose
en unos árboles.
Al frenar tras el acelerón, las gafas de Terence caen al
suelo, él con las piernas temblorosas recoge las gafas de la tierra, justo
cuando otro gruñido se escucha más cerca, miró a Miguel y vio con los lentes
mugrosos como abría la boca, y luego al frente quedándose en igual
estupefacción al ver un hombre lobo enorme, en estado Crinos, de más de dos
metros de altura.
Se escuchó claramente cuando Miguel tragó sangre, mientras
Terence vio su vida partir en dos segundos.
Un zarpazo que cruzó hacia ellos hizo que Miguel desapareciera
junto al cuatro ojos en un acto de
celeridad, mientras detrás de ellos el gran gruñido de la bestia los acompañaba y muchos otros aullidos se precipitaban.
Paró en seco detrás de una piedra. Miguel estaba asustado.
Paró en seco detrás de una piedra. Miguel estaba asustado.
-
Estamos
jodidos
Dijo Miguel en español preocupado por la mucha sangre que
tuvo que utilizar en el escape, lo peor por más que andaba no lograba librarse
de los gruñidos bestiales, y ahora los malditos hombres lobo que aparecían por
el bosque. Miró a Terence quien parecía estar congelado. Ayudaría mucho que ese
tremeré se le ocurriera algún artilugio de magia, pero de todos los que podían acompañarlo Terence
era el menos indicado. Miguel se repitió mentalmente “estamos jodidos”
La piedra donde descansaban por esos pocos momentos estaba
en la inclinación de una montaña. Desde ahí se podían ver los arboles que estaban más allá que formaban un espeso
bosque viéndose como se movían las ramas. Por detrás de ellos, y tapando la
roca, se podría ver como el fuego, los gruñidos y las pisoteadas derriban
arboles, mientras una explosión de combustible del tren llenaba todo con un
espeso humo.
Se quedaron por un momentos escondidos en la roca inclinada,
seguros que la manticora no los vería,
lo preocupante eran los movimientos de las ramas del bosque delante de ellos, y
la sensación de ambos de sentirse atrapados era increíble, el humo y el calor
estaban volviendo eso un infierno.
De las ramas que se movían y de los repentinos sonidos de
los arboles surge otro hombre lobo gigante, distinto al anterior, también en
estado crinos pero con apariencia egipcia, como el Dios anubis pero con un
toque distinto.
Miguel y Terence le miraron por un segundo, mientras el
hocico bestial se entendió una frase.
-
Mannen med stort hjärta, är
ett gott omen
La frase estremeció a Miguel quien se agachó más a la roca
esperando un ataque. Terence quien ya yacía en ese estado se encontró con él en
la mirada, sorprendidos de aún estar vivos, mientras de la montaña por otros
sectores diferentes salían saltando lupinos enormes que se dirigían hacia la
bestia, ignorándolos por el momento a ellos.
Miguel se asomó por un microsegundo a ver la escena encontrando que los
perros estaban literalmente luchando
contra la manticora demoniaca.
Miguel no iba a esperar a que terminaran con la bestia para
que luego fueran por ellos. Así que concentrando su sangre nuevamente acelero cargando a Terence por la montaña,
hasta salir unos cuantos kilómetros de ahí a una vía poco transitada. Procedió a noquear a un sujeto que estaba en un auto, y
huir en el vehículo a toda marcha hasta
el próximo pueblo, donde a hurtadillas entraron a un sótano cundido de
ratas, y ahí ocultarse del sol.
En el silencio de la oscuridad y la humedad de la casa vieja
Terence se tapo los ojos angustiado evitando que fuera evidente su llanto,
mientras Miguel de manera un poco más calma pensaba que el acento del hombre
lobo le parecía conocido.

1 comentario:
remus los salvó! *dando saltitos* xDDDDDD bueno, bueno, ya sé que no... y no sé quién es el lupinop, pero sospecho que no estaba con el sabbath y.... valió la pena esperar por este capítulo :P besos!
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