Miguel estaba casi paralizado en el avión que hace unos
pocos minutos había despegado del aeropuerto el Dorado. Se había quitado los
lentes pensando en que carajos le acababa de suceder. No entendía que ocurría,
pero si sabía que lo habían engañado. El comunero estaba muerto, eso fue lo que
le dijo el Piraña: "que lo había quebrado el Sabbat"…
Por un momento temió en el Eliseo que su padre de oscuridad
lo reconociera y lo arrestaran. Pero todos en ese lugar parecían estar tan
pendientes en evitar otro ataque, la despedida de los extranjeros parecía
algo de protocolo. El príncipe ni siquiera le dirigió la palabra.
Su sire, el antiguo brujah, ese hombre que nunca confió lo
suficiente en él y le permitía vender sus armas para sobrevivir. Ese hombre tan
desconfiado que nunca permitió que nadie se enterara de su vida…
El siré tenía otra apariencia, su pelo estaba cambiado, era más largo y se veía más solemne, pero era él, no había
duda, le reconoció, esa barba no ocultaba lo suficiente.
Y ahora de repente comprendía todo, comprendía porque la
amabilidad inicial del Piraña quien le regalara un machete casi sin conocerlo…
Oh era horrendo darse cuenta de ciertas cosas de golpe.
Eduardo Cortazar no solo era un desgraciado, también era su
hermano de línea sanguínea. Lo sabía, lo supo cuando lo vio a su lado.
Y lo peor no era eso, lo peor de todo era que fue su sire,
justo su sire quien engañara a Diego y matara al regente de Bogotá.
Eso era lo peor… fue su sire quien le arruinó la vida a
Diego.
Miguel se quería morir,
y no era el único. Diego había estado prácticamente desconectado de las
gafas durante el día, después de salir de la capilla de Bogotá y ser recogido
por los ventrue su hermano se despidió y no supo de él durante el resto de la
jornada.
De repente Miguel se comenzó a sentir muy débil, si lo
atacaban en el avión no podría defenderse, el dolor que sentía no era solo de
él, era como si el cielo se cayera a pedazos.
---o---
Mientras en un lado llovia en el otro no paraba de granizar.
Un hombre sin gafas se atrincheraba en
el baño sentado en la ducha miraba el
techo de la misma, estaba mojado de pies a cabeza con la ropa puesta. Una
acción impulsiva para despertarse. Se
tocaba la cara de manera torpe, pasando por su nariz y barbilla, abría y
cerraba los ojos como si tuviera un tic.
Se recuesta mejor en la pared y de repente lleno de rabia
golpea su propia cabeza contra el muro.
-¡No-no-no!.. tengo que controlarme.
Murmuraba a si mismo, Miguel no estaba con él para mandarlo
a la cama y vigilarle. No había sido
capaz de llamarlo hace como dos horas. La verdad es que no había dormido mucho, y las imágenes se le presentaban en la
cabeza como un carrusel, se asustó tanto que hizo algo lamentable.
“¿por qué hiciste eso?” se repetia una y otra vez.
En su mente recordaba los momentos con Alexander Von Stauffen, su siré y guía. Eran muy unidos, compartieron vivienda por más de 20
años, fue su apoyo en muchos momentos, aprendió de magia junto a su
escritorio, sentía que además de ser su siré era su amigo. Era ese padre que le
aconsejaba y guiaba. Aquél que estuvo presente en sus ceremonias de graduación
de circulo de aprendizaje. Esa persona con la que viajó a Europa, aprendió de
Viena y aprendió amar a su clan…. Una persona importante, ¡era increíble que lo
hubiera entregado en bandeja de plata para que la princesa Angélica lo jodiera!.
En los tiempos cercanos al inicio de su pesadilla, ellos dos
se habían separado parcialmente en buenos términos, Alexander Von Stauffen había comenzado a
viajar mucho, y en las temporadas en que estaba en Bogotá la pasaba junto a
Diego. Hasta el último momento tenían una buena relación, y ciertamente Diego
confiaba ciegamente en su persona.
Entre lágrimas recordó su muerte humana,
cuando la bala le produjo una gran hemorragia interna. El dolor y la angustia
de morir, y el momento en que ese desconocido le dice que puede salvarle la
vida y él acepta sin saber mucho su abrazo.
Diego por muchos años vio eso como un acto de bondad pues a pesar de que le entregó una maldición lo
hizo bajo la mejor de las intenciones.
Triste saber que también para su sire era
una ficha, ¿por qué lo había recomendado para hacer parte de esa misión?
Antes de despertar en esas cuevas a las
afueras de Bogotá, antes de que la pesadilla comenzara él recuerda que
Alexander estaba en su casa, recuerda también que luego de despertar en la
cuadrilla preguntó por él y le dijeron que se había ido de viaje. Diego no
tenía como localizarlo pero si le pareció extraño que durante los meses que
estuvo en letargo para la misión él no hiciera algún escandalo para dar con él…
¿por qué no se había preocupado?
Y para completar, lo sucedido con el Triki Traque lo puso a
pensar y había recordado su culpa sobre todo lo que había hecho. Miguel se
había disgustado con él y con mucha razón.
Por más que le hubiera dicho que se calmara, él sabía que su hermano se
sentía ridículamente mal en esta misión de porquería.
Ese sabor horrendo de la traición que era difícil masticar y
por eso decidió pasarlo a las malas formas.
La razón por la que estaba en la ducha era humillante. Justo
ayer estaba tan deprimido y ansioso que caminaba en círculos hablando solo en
el laboratorio. Manoteaba y maldecía en
silencio mientras lloraba. Pasando por un momento impulsivo llamó a un criado y
le pidió que le comprara licor, no importaba el tipo, solo que se lo trajera.
El hombre a los pocos minutos le trajo
un litro de vodka barato. Diego
estaba maniático y se le ocurrió mezclarlo con vitae y sus gotas
psiquiátricas (muchas de ellas), lo que
le produjo una intoxicación por sustancias donde además de borracho estaba
dopado….
Mientras el sol estaba presente en L.A el hombre gateaba por
su habitación llorando hasta que por fin
cayera en el suelo dormido.
Diego estaba nuevamente en crisis y Miguel lo notó inmediatamente luego de despertar y escuchar a su Pepe Grillo hablar “demasiado
lento”.
En una acción rápida
antes de salir del Eliseo le escribió en el móvil preguntándole si estaba bien
recibiendo una frase mal escrita como si sus dedos estuvieran torpes y el no
tuviera ortografía. Miguel no era tonto. Sabía que le ocurría pero no el nivel.
Su silencio durante toda la jornada no le hizo reaccionar
frente a la sensación de gran dolor que viera cuando Miguel se presentara al
mandatario. En realidad se confundió con
sus propios sentimientos y no supo diferenciar una cosa con la otra, lo cierto era que una vez salió del edificio él
se había bañado con ropa pues en vez de
sentirse mejor estaba cada vez más lento.
Murmuraba cosas sin sentido mientras se golpeaba levemente
la cabeza con la pared hasta que escucha que alguien entra a su laboratorio.
Sospechando de quien se trataba abre el agua de la ducha asustado.
“Mierda, mierda,
mierda”
Un golpe en la puerta va seguido con un “Dr Garcia lo espero en el laboratorio”
“Mierda, mierda,
mierda”
Diego no sabía qué hacer, ¡estaba en un estado lamentable!...
Salió dando tumbos del baño quitándose la ropa de manera
torpe y vistiéndose de manera desordenada.
-“Ya salgo señor”
Dijo asustado poniéndose los pantalones.
“Vamos Diego tu puedes”…”concéntrate”
Diego entonces respira, se pone las gafas y se mira al espejo. Sus ojos inyectados
en sangre lo delataban y el exceso de
enjuague bucal.
Sale de la puerta de su cuarto encontrando al regente en el
laboratorio. Inmediatamente hace acopio de fuerza de voluntad para hablar.
Dieter se dio cuenta inmediatamente que
algo pasaba, más por el olor del recinto que por la misma apariencia de su
aprendiz.
-Sé que no es un buen
momento- dice de manera respetuosa- pero
ya están todas las firmas y debemos planear rápidamente su viaje.
-Lo sé señor…¿habló
con Miguel?- Dice mientras se pasaba un pañuelo por su frente angustiado,
había olvidado “ese viaje”
Dieter le respondió suspirando con paciencia.
-Sí, esta algo
“extraño”, su avión parara en Panamá en dos horas y recargaran combustible, luego saldrán
directamente a Viena. El criado se quedará en ese país y Miguel seguirá su
camino. Dieter mira a Diego y le pregunta: ¿estará bien viajando solo o necesita ayuda?
Parecía una pregunta simple, pero no lo era. El regente
estaba preocupado por su estabilidad emocional (cosa obvia por su estado y el
olor en el laboratorio).
-Estaré bien. Responde
de manera corta, casi pensando cada palabra.
-Espero que tenga
listo el equipaje, sales en 30 minutos… aunque, ¿está seguro que no necesita
ayuda?
Diego hace silencio mordiéndose el labio pues no quería llorar. Dieter suspira, no era la
primera vez que debía lidiar con un aprendiz ebrio.
-Diego, es usted un
hombre muy valiente. Le dice de frente de manera sincera. Sé que no la pasó bien en Bogotá y que se
enteró de cosas que seguramente lo hacen sentir culpable, pero tenga en cuenta
que el tiempo muchas veces nos da la razón. Usted fue engañado y se que vivirá
siempre con las consecuencias de lo ocurrido pero aun así debería sentirse
satisfecho de llegar a donde lo ha hecho…muchos en su situación ya hubieran
renunciado
Diego se le queda mirando: “Gracias señor”. Las palabras de este antiguo ayudaban a que se
sintiera mejor aunque no completamente.
- Ahora, no piense
que me engaña, ni que le estoy dando permiso para emborracharse, un criado le
dará una poción y si usted no se
recupera rápidamente cancelaré su viaje,
¿queda entendido?.
Diego se pone más pálido como el papel y responde de manera
temblorosa.
-Sí señor.
El regente abre la puerta y lo mira de reojo.
-Luego tendremos otra
conversación, ahora no hay tiempo para eso.
Diego se toca la cabeza desesperado, lo había echado a
perder.
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Miguel se había despedido de London y encargado las cajas de
lo que habían comprado en Colombia. El criado las mandaría por correo una vez
llegara a los Estados Unidos, y luego de eso
no volverían a verse. Gustave London lo había servido bien y siempre lo
recordaría por eso, había actuado de manera magistral frente a los demás
cainitas y ayudo a convencer de que se trataba
de un ventrue. Ya encontraría otros amos y nuevas ganancias, pero el
tiempo de ambos había terminado y solo quedaba despedirse. Atrás había quedado
su aventura, o mejor dicho “su desventura” en Bogotá, llevaba el documento por
el cual había muerto tanta gente y que
le permitiría a Rowan morir. Atrás habían quedado las estrategias y las
búsqueda de dinero en una ciudad llena de codicia, atrás había quedado el triki
traque y los sin clan, y también las
personas de su línea de sangre.
Y aunque príncipe Igor Golubev (que
en otros tiempos él lo conociera como el comunero), también había quedado atrás
no podía estar más presente. De Cincao
planeo que él se diera cuenta de esto, pero ¿con que fin?... Miguel no podía
pensar en algo positivo.
No se atrevía a contarle a Diego y no sabía por qué. El
miedo que sentía era enorme. De repente todo tenía sentido y Miguel se sentía responsable
aunque no lo fuera.
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Diego intoxicado pero consiente tomó la poción que le habían
mandado luego de empacar torpemente su maleta. Estaba mareado y bastante
indispuesto. Llamó a Miguel para
informarle que viajaría para encontrarse con él
“al otro lado del charco”. Miguel al escuchar como hablaba se alarmó, “¡qué irresponsable!- pensó preocupado- ¿cómo permiten que tome un avión en ese
estado?”. Sea como sea, Diego deseaba ir a Viena, no podía permitirse
quedarse en LA… quería hacer su parte, encontrarse con su hermano y … tener una
charla con su sire.
Asustado al no sentirse “bien” con la poción que le habían
dado temía que el regente lo devolviera a su cuarto.
El criado del regente le entregó un maletín, idéntico al que
llevaba Miguel. Una caja mediana lo esperaba como su escondite.
Asustado sabiendo que ahora podía ser carne de cañón salió
de la capilla y se le transportó al
aeropuerto. Un criado lo desempacó dentro del avión privado que lo llevaría a
Viena. El viaje le fue horrendo, sentía que debía expulsar lo que había bebido
y cuando vio que se abría la caja salió dando tumbos y cayéndose de bruces.
Mareado e indispuesto camino
tambaleante hacia el baño de la aeronave y vomitó todo el cocktail que se había tomado, al parecer eso era lo
que hacía esa poción, sacaba de su organismo lo que lo intoxicaba, el precio a
pagar era un fuerte dolor estomacal y las arcadas que no paraban una tras otra.
El avión despego mientras él aún estaba
en el baño.
Jadeante salió y se sentó temeroso con alto estado de
inquietud. Una vez ahí espero con ansiedad que el avión tomara altura. Deseaba
salir del espacio aéreo de los Estados Unidos. Si sus cálculos estaban
correctos llegaría unas ocho horas después que Miguel dado que su avión debía
cruzar Norteamérica.
Sus tripas le recordaban el error que había cometido al combinar
gotas tranquilizantes con alcohol, adolorido y
enfermo cerró los ojos y se dispuso a dormir, el dolor de cabeza lo
invadió y simplemente se dejó caer en el asiento.

1 comentario:
ufff... estos médicos, saben mejor que nadie los efectos de las cosas y mira el desastre que hacen ¬¬ (una vez vi a un vecino después de hacer un menjunje así y nos dio un susto enorme) pero bueno... también es cierto que lo que pasó era difícil de digerir. Y eso que no sabe lo del sire de Miguel... pobre Miguel :(
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