Mientras el largo viaje se desarrollaba el caos en Estados
Unidos se hizo más evidente. Los príncipes de las ciudades se vieron obligados
a intervenir por el desorden ocasionado, ninguno de ellos se imaginaba el real
origen de todo esto, los aliados de Oren y de toda la pudrición tremere
comenzaron a manifestarse violentamente
en búsqueda de Miguel. No se imaginaban que él no estaba en Norteamérica.
La población civil estaba manifestando versiones
bastante directas y preocupantes en
contra de la mascarada. La camarilla
reforzó la seguridad, y viendo el nivel de riesgo hasta los mismos lideres
Sabbat llamaron a la prudencia. La situación era tal que grupos de cazadores
organizados se habían planteado acabar con la situación….
El desorden, provoca oportunidad para más desorden. Y si
bien todo el caos no se debía a esta gran conspiración, una cosa se encadenaba
con la otra, los vampiros parecían ratas hambrientas tratando de buscar
oportunidades para generar caos.
Dieter alarmado
encontró las cenizas de unos cainitas que habían intentado ingresar a la
capilla, decidió encerrarse en sus aposentos y reforzar más la seguridad. La
capilla de L.A se había cerrado permanentemente para todos los visitantes, y
ninguno de los aprendices podía salir de la capilla.
El único que había podido salir era Diego que se sentía como
un ladrillo inerte en el avión, y Miguel que presentía que la muerte le estaba
coqueteando.
Durante el viaje ambos vivían sus propios dramas. Miguel no
dejaba de cuestionarse que hubiera pasado si
se hubieran dado cuenta que era él, su disfraz era bueno, pero no dudaba
de la sensopercepción vampirica, ni
siquiera era capaz de creer que los hubiera engañado a todos. Diego estaba
arrepentido por su parte de haber consumido alcohol con tranquilizantes. Sabía
que eso le acarrearía un castigo, no ahora, pero si más adelante, y además de eso, para complicar las preocupaciones no le gustaba la idea
de volver a Viena pues la última vez que estuvo ahí lo torturaron y terminó en
un psiquiátrico.
Ohh eran tantos problemas y recuerdos, y lo más reciente era
lo sucedido con su sire, aún no sabía cómo iba a enfrentarle.
Miguel llamó por teléfono a Diego pues estaba desmoralizado y realmente necesitaba un abrazo o un mimo pero
la situación de su hermano lo hacía poco accesible. Como era usual cuando él
estaba mal, Diego estaba peor. La
conversación inicial terminó en un “no quiero hablar de eso”, lo que dejó al
tres-se sin herramientas para sacar su dolor. Momentos como ese hacían que se sintiera tremendamente
solo y se cuestionara muchas cosas en
relación a su amistad.
El brujah hizo otras llamadas telefónicas, y arregló todo
para su ingreso a Austria. Los documentos estaban al día y sabía que una vez
entrara en territorio tremere su situación se pondría muy delicada. Trato de
orar o meditar pero no podía hacerlo, era como si un fuerte muro estuviera
impidiendo que se conectara consigo mismo.
Así que el largo
viaje a Viena fue una tortura para ambos, pero la tensión se alzaría más.
--------0--------
En Viena hay diez
muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
Un leve fragmento de un poema “el pequeño Vals Vienés”, de
Federico García Lorca era algo que acababa de leer sin dejar de sentir esa
tensión de miedo en su espalda y la sequedad de la lengua en su costado.
-------0----------
Miguel llegaría a
Austria pasadas las seis de la tarde, pidió al avión que sobrevolara por
las cercanías de la ciudad hasta que se
hiciera de noche. Mientras eso recibiría un mensaje que le comunicaría que la
seguridad en el aeropuerto de Viena era máxima y qué era recomendable que no
llegará directamente. La alternativa eran pocas, los aeropuertos cercanos no
eran opción.
Miguel llamó al regente y comentó la situación, se puso muy nervioso frente a lo que debía
hacer, era algo discutido pero él no
pensó que se fuera a dar. Conocía la teoría pero no la práctica.
Mientras el avión sobrevolaba las cercanías, Miguel se daría la bendición,
abriría la compuerta en el área de
equipaje y se lanzaría con paracaídas.
Gritaría como una niña mientras lo hacía. Sentía que su cabeza iba a
explotar y por un momento pensó en no abrir el paracaídas y acabar con su
existencia, pero luego cuando vio que la
tierra se acercaba abriría el mismo y caería lentamente en el horizonte. Fue en
ese momento que Miguel vió el atardecer apagándose lejos de él y sintió
melancolía. Una experiencia tan horrenda había tenido un momento sublime, era
un minuto o menos de ver como la luz se ocultaba. Y de repente la tierra se
hacía tan cercana que caer era una opción.
Miguel trato de caer
sin golpearse pero no era experto y si bien
trató de no caerse de bruces fue exactamente lo que hizo.
Tenía que llegar a
Viena, sin ser visto y esperar que Diego llegara. Pero antes de eso
debía hacer algo más.
------0------
Habían pasado casi dos días de viaje en el avión. Diego se
sentía mejor, había abierto su equipaje y sorprendido de las estupideces que
había empacado. No se había dado cuenta que puso una media de un color y otra
de otra, una camisa de verano cuando el clima de allá no estaba muy fresco y
los pantalones más. Lo único que había acertado a llevar era un abrigo de paño,
que no combinaba con lo demás.
“Carajo van a pensar que se me zafó un tornillo si me ven
vestido así”
Y lo peor de todo es que para esa diligencia debía estar
bien presentado. ¿porque no se le ocurrió llevar su mejor traje?, se culpaba a
si mismo por su estupidez, realmente debía hacer algo para no presentarse así a
la capilla de Viena.
No podía negar que estaba nervioso, su viaje a Viena estaba
planeado desde hace mucho, y aún así él había decidido ignorar ese particular
para no estresarse más de la cuenta, en últimas la falta de previsión le
había costado caro, no pensó que tras el viaje de Miguel entraría en crisis y
lo haría todo mal.
Viena es un sitio de sentimientos encontrados, sus primeros
años de aprendizaje como tremere lo hizo en esa capilla, en la mayor de todas,
la más importante, era algo así como hacerse sacerdote en el Vaticano. Había
tenido el honor de compartir con miles de personas. Los edificios de Viena eran
casi como una ciudadela universitaria, los mayores estudios y aprendices
estaban en la capital de Austria, y además del complejo de aprendizaje. Viena
era el más grande complejo administrativo Tremere y en alguna parte de ese
mágico complejo se encontraba el vampiro que le daría el nombre a la orden, el
antiguo cuyo nombre es el mismo del clan, quien diabolizara a un vampiro
directo hijo de Cain (Saulot) para obtener su poder. Para un chiquillo tremere
el amor a su clan comienza en esos primeros días de fidelidad, y para Diego ver
a Etrius (aunque fuera de lejos) era un gran honor.
Etrius era el asesor principal de Tremeré y el máximo
representante en su letargo, fue humano y a diferencia de muchos nunca recibió
un abrazo, sino que se convirtió en vampiro por magia gracias a un ritual que
aconsejo Goratrix, ¿y quién era este último?, pues era uno de los aprendices de
Tremere, máximo representante de la Orden de Hermes: Un grupo de magos humanos
que vivió hace mucho y que quisieron obtener los poderes de la noche para
convertirse en vampiros.
Goratrix fue el que aconsejó a Tremere frente a dicho ritual
y quien recomendaría diabolizaría a Saulot. Es decir, gracias a
ese hombre es que los magos recibieron la maldición de la noche y que luego se
convertirían en una de los clanes poderosos. El asunto interesante era que
Etrius era otro consejero que estaba en desacuerdo con el ritual y a pesar de
las consecuencias funestas siempre siguió fiel a su maestro Tremere.
Posiblemente retomar un poco la historia sea un poco tedioso
para el lector, pero hay un fin para hacerlo, porque todo en este asunto
pareciera estar conectado.
Goratrix luego los traicionaría uniéndose al Sabbat y
colaboraría con los Tzimisce. Los seguidores de este hombre estarían siempre
marcados, y curiosamente fue gracias a él que muchas de las tragedias cayeron a
los Tremere. No es por eso absurdo pensar que justo él también este detrás de
toda esta conspiración.
La situación de Rowan es algo insignificante en comparación de
todo lo que hay por detrás, solo que con ella se abriría una nueva puerta para
depurar el clan. Los problemas que tenía Etrius eran muchos más, y por eso era
que existían en el clan los “alastores”, un grupo de interno completamente
fieles a la causa que se encargaban de cazar a los traidores…
Y era justamente a esos a los cuales Diego tanto temía, aún
tenía pesadillas de las noches de tortura que sufrió en Viena cuando él se
entregara personalmente. No quería pensar mucho antes en su viaje a Viena
precisamente por ellos, pero ahora tenía que enfrentarse a sus peores
pesadillas porqué él como miembro de la pirámide nunca podía negarse a nada que
le ordenara un superior.
Y ahora mientras musitaba maldiciones en el avión por no
poder vestirse de manera adecuada pensaba en qué hacer para lograr una
presencia pulcra antes de llegar a la gran capilla. Desde hace unas horas las
comunicaciones estaban bloqueadas y no podía comunicarse con Miguel, sin
embargo, sabía que debía hacer, todo estaba planeado.
Miró sus documentos (que por lo menos estaban en regla) y
sacó la tarjeta de crédito que tanto le costaba pagar…parecía que tendría que
hacer una compra en el aeropuerto antes de salir a la capilla.
------O------
Habían pasado un tiempo sin determinar y Miguel estaba
asustado. Su presencia había dejado de ser la del norteamericano aquél que
estaba en Bogotá. Su cabello y rostro volvía a ser como antes. Sus lentes
oscuros habían recobrado su lugar, aunque seguía elegantemente vestido sin las
camisas de colores fuertes que Matheson usaba.
El maletín que llevaba de repente se había transformado en
una carga enorme. Llevaba en una esquina tratando de tener nervios de acero,
justo en el momento en que recibe una llamada de Dieter.
-Creo que me tienen detectado señor- murmura Miguel
-No te preocupes y sigue con el plan, busca sitios públicos
con mucha gente, en este momento ocultarse en las sombras no es buena idea.
Diego llegará en dos horas.
Miguel entonces camina sin ocultarse por la calle sintiendo
las miradas en su espalda. Viena es un sitio concurrido, así que, si la idea
era meterse entre la gente, lo haría.
-----0-----
Diego había bajado del avión y comprado ropa en las tiendas
libres de impuestos del aeropuerto. Los trajes eran caros, pero él no tenía
tiempo de elegir. Básicamente eligió un traje, una camisa, medias y zapatos.
Los compró, se los puso en el vestidor y salió del aeropuerto. Esa compra había
sido tremendamente costosa y pasaría mucho tiempo para que la pudiera saldar en
su totalidad con el banco. Le había salido muy caro el emborracharse antes del
viaje… muy caro.
Pero había llegado el momento, ese momento que tanto habían
planeado y que era necesario. Necesitaba cumplirle una promesa a Rowan,
necesitaba terminar con todo esto y liberar a Miguel de este absurdo trabajo.
Tomó un taxi hacia el sitio indicado llevando consigo el
maletín que le había dado el criado del regente antes de partir. Caminaba solo
con el mismo, mirando al frente, fijándose en la próxima entrada a la capilla
de Viena, sabía lo que debía hacer.
Sus pasos eran rápidos y firmes mientras sentía miradas en
su espalda y personas que le seguían. Posa la mirada en el horizonte mientras
ve a Miguel venir hacia él justo en ese preciso instante también con un
maletín. Era el momento del intercambio.
Miguel se acerca a paso firme y de manera rápida cruzan
manos y maletines. Un murmullo con la
palabra suerte sale de sus labios antes de alejarse en dirección contraria
mientras Diego muerto del miedo y sin mirar atrás camina directo hacia la
entrada de la capilla de Viena, estaba próximo a la recepción de documentos
cuando un grupo de hombres le cierran el paso: conocía a uno de ellos, era quien
lo había torturado hace seis años. Casi sin preguntar nada le agarran entre
varios mientras otros aprendices miraban sorprendidos. Los gritos de Diego en alemán
se escuchaban por el pasillo.
Le entraron a empujones a una horrenda sala de interrogatorios
que tenía sangre en el suelo y lo amarran en una silla de metal. Diego comenzó
a sudar sangre, estaba muy nervioso, gracias a esos hijos de puta había tenido
su principal crisis nerviosa y se había tratado de inmolar. Conocía sus técnicas para hacer hablar a la
gente.
-¿Pero qué ocurre?, ¡porque me agreden así!, No he hecho
nada
Un golpe seco en su rostro le hizo quedarse callado.
-¿te he dado permiso para que hables? – dice Moritz Babenberg, Alastor de alto nivel
De la nariz de Diego comenzó a brotar sangre, y de repente
estaba temblando como gelatina. En ese momento se abre la puerta y entra otro
hombre con el pelo blanco y tendencia a la calvicie. Mira a Diego de manera
parca y saluda a Babenberg.
-¿Qué es tan importante para hacerme salir de una reunión Babenberg?-
dice de manera algo sosa
- Señor Apelhanz, tengo informes de que este traidor
reincidente es parte de una conspiración en contra de nuestra casa.
-¿y que pruebas tienes?- dice el hombre de manera algo sosa
-Vimos que intercambio un maletín con un hombre sospechoso.
Dice de manera peligrosa señalando el maletín.
-No es lo que ustedes dicen, están equivocados- dice Diego
en tono de súplica, momento en el cual recibe otro golpe de Babenberg.
-Te dije que no podías hablar.
Steven Apelhanz el Alastor de alto nivel mira a Babenberg
mientras lo golpea con cierta desaprobación. Camina hacia donde está el maletín
y lo revisa desde afuera. Diego sentía palidecer. “Lo había echado a perder, no
había podido cumplirle a Rowan, la conspiración interna seria descubierta demasiado
tarde”
Los craqueos de los seguros al abrirse revelan un
documento. Apelhanz lo lee y parece no
entender.
-¿pero qué…?- mira sin entender a Moritz Babenberg y luego
al pobre inmovilizado en la silla- ¿es usted Diego Garcia?
-Si señor
Mira de mal modo a Babenberg y niega con la cabeza mostrando
un consolidado de varias hojas que había en el maletín.
-Libérenlo, es una orden.
-Pero señor…
-Señor Babenberg- dice entregándole una carpeta- ¡explíqueme
usted como esto puede ser signo de una conspiración!
El hombre recibe la carpeta y lee la primera parte. Su cara
era de sorpresa. No era lo que esperaba encontrar.
--------0---------
Mientras tanto alguien continuaba leyendo el poema
En Viena hay cuatro
espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.
Este vals, este vals,
este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Justo en ese momento el hombre que leía escucha los gritos
de Diego al ser capturado. Apoyado estaba en una de las paredes de un edificio
cerca. Suspirando en su corazón muerto, piensa en porqué está haciendo esto y
entra al edificio con una simple e insignificante carpeta. Mientras al fondo
podía ver desaparecer a García gritando, él se dirigía calmadamente hacia la
oficina de recepción de documentos.
Terence Fowles con el pelo pintado de rubio y con amplia
barba sonríe a la secretaria.
-Vengo a entregar un documento

1 comentario:
noooo!!!! pobre diego... y te apuesto que él creía tener el documento... o no??? qué montón de caos @.@
estoy anonadada con tanta información xD
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