jueves, 18 de febrero de 2016

Despedida

Diego había tratado de hablar con Miguel durante toda la noche, pedía que por lo menos lo escuchara, pero el hombre estaba realmente molesto y se negaba a saber de él. “Ya no somos amigos, me interesa un carajo sus razones”, sentenciaba.  El arte del hielo era algo que parecía estar funcionando muy bien. Se había negado a recibir medicinas y a beber vitae, decía que ya no confiaba en Diego y no sabía que droga le metería en la bebida. Su ira se había mantenido en el tiempo, aunque a veces daba la impresión de mirarle el moretón en su rostro y desviar la mirada cuando él se fijaba en él. 

Su reacción malhumorada fue menguando a la medida que los síntomas negativos se hacían más evidentes. Los dolores de cabeza comenzaron a ser más fuertes y el sufrimiento mudo se palpaba mientras pensaba en la oportunidad de vivir que había perdido por culpa de Diego y su egoísmo. 

  Cerró sus ojos agotado, sentía como de sus ojos brotaban sangre. El dolor en la frente hacia que el solo quisiera dormir y también morir. En ocasiones sentía que ya no tenía control sobre su cuerpo y de repente lo despertaba una ligera caricia con un algodón en sus ojos y una inspección nasal. Miguel se dio cuenta que realmente se estaba muriendo. No había nada que pudiera hacer. Diego le había quitado su oportunidad de ir a matar a Fredy y sus experimentos no estaban sirviendo para nada.
Pensaba a veces en la mujer que logró matar al parásito y su encuentro con un ser de naturaleza extraña, pensaba en su mala suerte y el castigo de Dios por perder humanidad. Se sentía impotente al pensar que al morir haría parte de la reina, como una abeja en una colmena mental, era una forma de diabolizar a otro vampiro. Su alma, si ahora estaba condenada, después de morir no tendría esperanza.

Por más que quisiera alejar a Diego de él no podía evitar perder la conciencia y que “su ex amigo” le revisara, examinara con insistencia y hasta hiciera pruebas con ese aparato tan molesto. A veces simplemente sentía que nada era real, y que posiblemente todo era un sueño, no se sentía él mismo.
La figura del negro enorme se reía de él y se vanagloriaba de lo tonto que había sido, que ahora su furia era también la de él. “Somos uno”, le repetía.

Abrió los ojos de manera intermitente molestándole mucho la leve luz que había en la habitación. A pesar del grave golpe que le había dado a Diego el continuaba ahí, y cuando le vio abrir los ojos  se acercó a él  hablando bajo.

-Miguel, por favor acepte que lo ayude.

-Vete, deje que me muera- sentenció con agrió desdén

-Parce…

-Usted no es mi parce

-Esta bien- dice apresuradamente- ya no soy su parce, pero por lo menos acepte lo que Gonzalo trajo para usted, ¿él sí es su parce?, ¿verdad?

Miguel mira la mano de Diego que le ofrecía un porro de marihuana. Lo mucho que se molestó al verle fumando y ahora él se la estaba dando, no sabía lo desesperado que estaba él por poderle sanar a pesar de que el brujah estuviera agresivo.

Tomó el porro con sus manos y Diego se lo prendió, y lo comenzó a fumar lentamente, y al rato por primera vez en horas le habló.

-¿Quién estuvo en casa?, hay un olor..

-Vinieron algunas personas- dijo Diego con la voz muy baja como si le costara hablar- Moncho le manda saludes, está estable.

Diego hablaba de manera muy comprensiva

-¿Moncho?- Miguel comenzó a pensar quien era él, por más que trataba no lo recordaba- ¿quién es Moncho?

-Un sin clan, ¿recuerdas el albergue?

Miguel se quedó pensando por un momento, y por más que trataba no recordaba.  Fumaba el porro lentamente. Diego había abierto las ventanillas laterales del ventanal y podía sentir el aire que en su cara.

- ¿quieres algo? - dice Diego con voz de seda

-Sí, mi computador

-Ese lo desconecte, pero puedo prestarte el mío- Miguel muestra algo de disgusto- el mío es portátil y puedes usarlo acostado en cama, ¿qué harás con él?

Miguel lo mira por un segundo y con voz triste solo responde: “Despedirme, ya acepté que me voy a morir”

Diego sintió como un cuchillo atravesaba su corazón. Así que le llevo su pc y le dejó solo mientras detrás de la puerta podía escucharlo llorar.  Los sentimientos que cruzaba el Paisa eran una locura, se había prometido a sí mismo que a pesar de todo el dolor que sentía no iba a entrar en crisis delante de él. Ya se sentía suficientemente culpable para añadir más problemas al asunto. Miguel que estaba cada vez más inestable. Le dolía la quijada, y cada vez se sentía más impotente, aunque los análisis del parásito muerto que habían sacado de la mujer habían dado unos curiosos resultados.

Miguel olio a los visitantes mientras dormía, pero no se enteró de nada de lo hablado en su inconciencia. Por más que escribiera despidiéndose, él no lo dejaría morir. Aunque le gritara que ya no era su amigo, él no lo abandonaría. Miguel no era quien hablaba.

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Momentos después del ataque que le hizo su amigo Diego se  tocaba el rostro preocupado. El dolor era tremendo, si no fuera vampiro la sanación de esos huesos rotos tendría que estar acompañada de una operación maxila facial. Lo único que podía hacer es tratar de cuadrar los huesos a la fuerza, pero la quijada se volvía a descuadrar. 

Miguel murmuraba cosas sin sentido mientras dormía, y él estaba llorando en el baño. Justo en el momento en que recibe una llamada telefónica de su superior que quería saber cómo le había ido con el Dr Patricio Ugozzoli . Dieter se sorprendió cuando su aprendiz casi no podía hablar bien por teléfono, y sucedió algo que Diego nunca creyó esperar del regente. A pesar de sus miedos y paranoias se presentó en su casa para ver que le había pasado y ayudarle. 

Diego con la cara hecha un desastre lo recibe, no podía casi hablar por la fractura, pero a nivel telepático le contó lo que había pasado.  El regente le pidió que se sentara mientras el trataba de cuadrarle los huesos. Una sacudida muy fuerte y dolorosa los había puesto en su lugar, el problema es que se descuadraban, así que utilizando unas vendas de manera le inmovilizó la quijada.  El regente no era médico, pero hizo lo que pudo dado que por los eventos de la epidemia todo el personal preparado estaba en los centros de atención.

Le pidió permiso para revisar telepáticamente a Miguel, pues ciertamente la anergia que se mantenía en el apartamento era bastante negativa. 

Diego perdió un poco la vergüenza de tener al regente en su casa, dado que todo estaba hecho un desastre, los equipos de laboratorio, los muebles acumulados en la esquina de la cocina y las cosas rotas producto de la pelean hacían ver el apartamento desordenado.

El vampiro de rango superior entró al cuarto de su hermano y se quedó un rato a su lado. Aunque no lo tocó el hombre no necesito mucho tiempo para darse cuenta de lo que ocurría.

-No es culpa de Miguel todo este asunto, está siendo manipulado mentalmente, sentí un hombre de color bastante fornido en su cabeza, como una especie de demonio que le murmura cosas al oído, está muy presente en él ahora, porque está furioso, y el problema es, que siendo brujah el ser ha podido explotar su mal humor, igual no lo siento totalmente controlado, pero…- se queda pensando- Diego creo que es mejor que descanses, trata de sanar y de dormir. Miguel tardará en despertar si le pones más sedantes, lamento lo que ocurrió

 Diego iba a decir algo, pero él le hace señal de que no haga movimientos bruscos.

-No te despidas, se dónde queda la puerta, estaré en contacto.

Miguel demoró en despertar evidentemente; Diego no se sentía preparado para atenderle, así que aprovechó para sedarlo y aprovechar ese tiempo para recostarse en su cama a descansar. Su cabeza era un caos, tenía que beber vitae para sanar rápido pero como no podía abrir la boca le tocaba con un pitillo o pajilla, y acostarse en la cama de manera tradicional le era muy doloroso, así que acumulo almohadas y durmió casi sentado.

Se aseguró, antes de descansar que Miguel estuviera atendido, procedió a ponerle un tapabocas que atrapara a los pequeños parásitos que salieran de él, aseguró las costinas para que nada del exterior le molestara, puso su ruana encima de él arropándole y cerró la puerta tras él.

Si Miguel hubiera sido alguien que no lo pensaba dos veces para golpear posiblemente no le dolería tanto, pero él vivía su día a día cuidándole, y ahora él que trataba de hacer lo mismo sentía que la tarea era realmente difícil.  Temblaba como una hoja y cerró los ojos llorando.

Luego de que pasara un tiempo notó que su mandíbula había soldado, eso no quería decir que lo hubiera hecho bien pues otro golpe, aunque pequeño podía descuadrarla, pero por lo menos podía quitarse esa venda alrededor de su cara, fue a ver a Miguel inmediatamente luego de ducharse. No pudo evitar pasarle la mano por la cabeza mientras sentía que se despertaba. No podía negar que estaba asustado, una crisis de ira como la que le fracturó la quijada era algo que no quería repetir. Su seguridad personal estaba en riesgo y  más si ahora era “su nuevo enemigo”. 

Afortunadamente Miguel parecía estar en extremo molesto, pero no con tanta energía como para golpearle, en realidad estaba desmoralizado, no perdía oportunidad para insultarle cada vez que se acercaba, sin embargo, Diego tenía una gran paciencia. Cuando perdía la conciencia le revisaba y cuando estaba despierto solo se quedaba cerca.  Fue justo en uno de esos momentos en que dormitaba que Diego estaba revisando la biblia. Miguel solía orar mucho pero ahora ni siquiera intentaba conectarse con su espíritu.

“Dios mío, virgen sagrada, Jesucristo nuestro señor, protege a Miguel que siempre te fue fiel en estos momentos, dale fuerza para resistir el control mental, dame fuerza a mí para no desfallecer, él se está muriendo y yo me estoy muriendo con él”

Oraba en su pensamiento sintiéndose realmente vacío. Justo en ese momento de manera conveniente llegan a casa el Gordo escoltando al Moncho, Diego le pidió que le trajera porqué él no podía salir del apartamento. Curiosamente el sin clan infectado se veía mucho mejor que su hermano, y al revisarle estaba muy estable. Gonzalo le preguntó qué le había ocurrido (el gran moretón que Diego tenía en la cara era enorme y muy feo). Diego le respondió que “había tenido un accidente” (con el puño de su mejor amigo, pero no dio detalles). Le puso un poco de medicación al parásito y le pidió al gordo que le trajera más marihuana si conseguía.

 El sin clan no comprendía el rápido cambio “del Dr García” frente a la marihuana y le entregó una bolsa que tenía pensado darle a Miguel de contrabando. Procedió a enseñarle como armar un porro pues Diego no sabía,  y tras eso se marcharon dejándole solo con sus pensamientos.  

Se asomó a la habitación del fondo  y no había señales de movimiento por parte del enfermo, así que procedió a limpiarle la sangre que salía de su nariz y revisarle. Cuando movió un poco el mueble vio el teléfono móvil de su hermano y no pudo dejar de notar 3 llamadas perdidas de Alexander (su sire). No había escuchado el timbre porque le había quitado el volumen al móvil para que no le molestara.

¡Vaya mierda tan soberana!

¿No era suficientemente mala la situación para que se encontrara con esto? Era cierto que él quedo en llamar a Miguel para preguntar por él, menuda ironía la desfachatez de este hombre que cree que al estar llamando a la distancia está aportando algo en su seguridad emocional.

Desgraciado- murmuro.

Apagó el teléfono y le quitó la batería para que no funcionara. Ya tenía suficiente mierda para que le dieran más.

Frustrado se toca la frente mientras espera. Un mensaje en su móvil aparece y el sorprendido se dirige a la puerta y la abre. Ingresa un hombre cuya cara nunca había visto pero que al transformarse resulta ser su superior.

Diego sentía que Dieter se estaba tomando muchas molestias para con él, y no sabía que pensar al respecto, lo cierto era que el hombre consciente de que no podía hablar mucho y tampoco salir de casa tomaba el riesgo de salir de su capilla, ahora un poco más tranquilo porque el traidor ya estaba lejos. Mantuvieron una conversación sobre la situación centrándose en el futuro.

-Diego, no puedes seguir así mucho tiempo- dice el hombre- debes considerarlo, si la fuerza de voluntad está afectada…

-Lo sé señor, lo sé- se toca la frente y dice- voy a pensarlo, gracias por su apoyo.

Fue después de todo esto que Miguel despertó y pidió el pc para despedirse de sus amigos pues estaba seguro que iba a morir, aunque en realidad “sus amigos” eran muchas personas, en realidad lo que él estaba haciendo era dejarle un mensaje a la mujer japonesa con la que mantenía comunicación y de la que estaba enamorado. Parecía ser la única persona que a Miguel le interesaba, a pesar de haber pasado unos cinco años de solo tener comunicación virtual. Recientemente por lo acontecido no había tenido mucho tiempo de hablarse, aspecto que ella resentía. Diego no se imaginaba lo que le estaría escribiendo porque le escuchaba llorar a través de la puerta. Una vez se hubo calmado y a pesar de sus insultos le dejó una bandejita con algunos cigarrillos “medicinales” en su mesa de noche, llevándose el pc.

Si no permitía que le diera analgésicos, la marihuana de Gonzalo sería la última alternativa. Y si bien Miguel no solía fumar procedió a fumarse en menos de dos horas todos los cigarrillos que había en la bandejita (unos siete). En otros casos estaría muy drogado, pero los efectos no eran muy evidentes. Diego pensó que seria genial poder experimentar con aceite de marihuana, pero dadas las circunstancias lo mejor eran esos cigarrillos.

Pasaron unos minutos y el nivel de agresividad de Miguel disminuyó al máximo. Estaba tranquilo y había dejado de agredirlo, hasta permitía que se le acercara. Entró en esos estados de mutismo asociados a la enfermedad al poco tiempo de eso. 

Si bien Miguel había fumado mucho, dichos estados no obedecían al nivel de sedación que daba la planta sino a la enfermedad en sí. Diego, aprovechando la circunstancia se le acerca y le toca la mano.

“Migue, sé que estas molesto, y sé que tienes razones para estarlo, vos no sabes muchas cosas, no las recuerdas, pero siempre me cuidaste, vos siempre me obligabas a orar cuando yo estaba en mis días malos, y  yo quiero ayudarte para que hicieras lo mismo (sus ojos se le humedecen en ese momento), yo sé que a vos Dios te cuida, sé que sientes que ya eres humano, y que perdiste la humanidad que antes tenías, pero te quiero contar un secreto,  vos no es que hayas perdido humanidad parce, Fredy te la quitó, pero cuando él muera volverás hacer el de antes.

 Yo sé que vos piensas que te condené a muerte, pero no es así, estas muy enfermo mi Tres-se, estas muy maluco papá, y vos no sabes lo que yo sé, vos no entiendes lo que me dolió drogarte para evitar que fueras a esa misión, porqué yo sabía que ellos tenían más posibilidades de vivir. Estoy seguro que si ibas Fredy te dominaría y les perjudicarías. El regente me recomendó que no te dejará ir, pero, seré sincero, hubiera hecho lo mismo aún el regente no me hubiera dicho nada.

 Yo soy un pendejo sin ti, estoy sufriendo mares hermano, y sé que vos también lo sufriste conmigo, y me duele que me trates mal y que alucines, y que de repente quedes dormido por horas, me duele mucho… no sé que voy hacer si me faltas. (A este nivel hablaba llorando) Todo se me ha ido a la mierda, mi sire se me fue al piso, en la capilla no paran de pasar cosas incomodas,  el regente encontró al traidor y lo torturó en mi presencia, y aunque no lo mató todavía recuerdo la escena en mi cabeza, no puedo pensar bien, me siento cansado todo el tiempo, vos casi mueres en Bogotá (si bien no era así, Diego sentía que casi había muerto), y por mi culpa vos tienes ese parásito en la cabeza, porqué si yo no tuviera estas malditas crisis emocionales vos no te hubieras lanzado de voluntario para ir por todo Estados Unidos. 

Por eso también no deje que te fueras, la pesadilla no ha terminado parce, los enemigos siguen ahí fuera, esperando dar el paso… tengo miedo… tengo mucho miedo hermano… y yo no quiero que mueras, te quiero mucho, lo siento, lo siento…”

Se tapó la cara con una mano mientras lloraba a mares, y cuando se la quitó notó que Miguel lo estaba mirando directamente. Diego pensó que estaba teniendo una de sus tantas alucinaciones

-¿parce?

Miguel le miró a la cara inspeccionándolo

-Si Migue..
-¿qué te pasó en la cara?, ¿Qué-qué te pasó?

Estaba sorprendido y le toco levemente el rostro preguntando asustado

-¿Quién te hizo esto?

Diego se quedó callado pues no sabía que responder

-No te preocupes, estoy bien
-Fui yo ¿verdad?

Dijo poniéndose la mano en la boca sorprendido y temblando como una hoja, Diego en ese momento sintió que ese era “el Miguel real”, sorpresivamente él se levanta lo mira por un momento y se arrodilla en el suelo pidiéndole perdón. Diego estaba confundido, y se sintió mal a ver que se humillaba ante él.

Ver a su hermano arrodillado suplicando que le perdonara, era una recordación de las muchas veces que lo encontraba orando y pidiendo por él. Diego sentía que esto era una especie de milagro, pero a la vez contrariado se preguntaba si este Miguel recordaba todo lo que había pasado: los insultos, agresiones, la carta a la japonesa… ¿estaba alucinando?

-No- no puede ser, perdóname…no ¿qué me está pasando? perdón- dice rogándole 

-Miguel por favor, levántate que el palo no está pa cucharas, venite a la cama por favor- dice asustado halándolo para que abandonara el piso. Tranquilícese papá, ya todo esta bien, estoy bien parce.

Le levanta con sus brazos y se aferra a él en un abrazo mientras él lloraba.

- Soy un monstruo- dice aferrándose 

-No, no eres un monstruo, estas enfermo…es agradable saber que sigues ahí

Después de los insultos y de las agresiones por lo menos su esencia estaba en alguna parte dentro del ser infectado. En ese momento parecía no recordar muchas cosas y el hecho que hubiera reaccionado así justo después de que Diego le hubiera hablado le daba esperanzas.

-Parce lo siento… - dice separándose de él -yo creo que lo mejor sería que utilizaras la escopeta, si me destrozas el cráneo…

Diego abre los ojos asustado.

-¡Eh Ave María No!, ¿qué es eso señor?, No-no-no, Yo no voy a matarte, estoy tratando de salvarte ¡Carajo!

-Sí pero cada día que pasa..

-Estamos más cerca de encontrar la cura- lo interrumpe

-No, escúchame… si muero, mi alma no tendrá paz, se irá con Fredy, y prefiero que me pegues un tiro en la cabeza con la escopeta que hacer parte de él, a su lado solo hay oscuridad, yo ni siquiera me reconozco a mí mismo a veces, es como – habla muy bajo- como si estuviera soñando, yo si la realidad no existiera… es horrible.

Diego lo mira de frente.

-Miguel no te voy a disparar, no voy a dejar que mueras, te mantendré con vida hasta que el grupo encuentre a la reina para matarla o se logre sacar el parásito

-Pero…

-Escuchame- dice acercándose a él- Miguel, es difícil, lo sé, sé que lo sientes, yo te perdono, te quiero, pero, no puedo dejar que mueras, pero tampoco puedo dejar que empeores, entiende una cosa, no te dejaré morir, necesito tu ayuda parcerito, por todos los santos necesito que vos me ayudes..

-No sé qué quieres que haga- dice  pasándose angustiado la mano en la cara

-Parce, quiero pedirle que me de una autorización, quiero ayudarte, vos sos mi hermano parcero, compréndalo papá, pero me es difícil a veces, porque vos te pones muy agresivo y yo no soy un brujah con tanta fuerza y….- hace una pausa limpiándose  las lagrimas-  a veces necesito ayuda, le quería pedir si me dejaba internarlo en un sitio donde puedan darme una mano…

-¿el psiquiátrico?, ¿vas abandonarme?

-No parce, abandonarlo nunca- eso le hizo llorar porque solo pensarlo le parecía terrible- es una especie de hospital, ¿Vos sabes?, es donde esta Rowan, es un buen lugar, aunque no creo que quede en los Estados Unidos, siempre que voy nunca se cómo llego, pero sea como sea, ahí tienen el equipo y el personal adecuado, estará solo por poco tiempo yo llegaré ahí una semana después, o eso espero, es que yo…

Diego se notaba desesperado, la verdad no sabía qué hacer, se sentía  impotente y no quería internarlo sin que él le diera permiso, sentiría que lo estaba traicionando…

-Esta bien, yo lo me dejo, mándeme pá allá- La verdad la tristeza se le notaba en la cara- gracias por cuidarme, yo-yo.. no…- habla de manera confusa-  hermano, piense un poco en usted, no me gusta verle esa mirada, me odio a mí mismo por eso – su mirada parece perderse por instantes- descanse de mi un poco, yo… eh….

No pudo terminar la frase, se quedó mirándolo cansado y cerró los ojos por un instante, entrando posteriormente en otro estado de mutismo.  Diego le agradeció mentalmente que hubiera sido nuevamente él, por lo menos por pocos minutos. El regente en su visita le había sugerido lo de la hospitalización, le dijo que un hombre podía luchar hasta que la fuerza de voluntad lo permitirá, pero si el parásito afectaba su fuerza de voluntad, entonces las escenas de violencia se harían mas frecuentes, y Miguel necesitaría un tratamiento especializado que le ayudara a sobrevivir hasta el Tzimisce fuera asesinado (pensando que los vampiros de la misión lograran dar con él y darle muerte, claro está)

Diego no podía viajar con Miguel porque debía esperar que llegara la carta de Viena. No faltaba mucho para eso, pero le dolía no poder ir con él, aunque se sintiera tan cansado y desgastado.
Cuando el Tres-se despertó de su trance era nuevamente el “Miguel agresivo mala leche, que lo odiaba”. Lógicamente no recordaba la conversación anterior, aunque aceptaba los porros de marihuana y un poco más su presencia.

Diego más tarde se comunicaría con el regente, y hablaría con otro aprendiz por Skype. Vendrían pronto por él, tan pronto como los medios de transporte lo permitieran.

Agradeció internamente a todo lo divino que las noches siguientes el estuviera menos agresivo y sin intensiones de golpearlo. A veces le gustaba decirle cosas amistosas solo para ver como lo mandaba al demonio, pero parte de él comprendía que el verdadero Miguel estaba en “algún lado” escuchando.
Pasaron dos días luego de la comunicación con los sanadores. Él estaba tranquilo al lado de Miguel, su amigo enfermo miraba el techo un poco relajado por la marihuana, en esas suena el tono de chat en el móvil de Diego, el inmediatamente lee y responde.



Diego se carcajeo, asunto que le incomodó a Miguel

-¿qué tanta la risa?, deje dormir no joda.

Diego se seguía riendo y estuvo a punto de comentarle la situación, pero como estaba de malas pulgas decidió ignorarlo, despedirse de Rebeca e imaginarse mentalmente la escena en otro lugar donde no le incomodara sus risas.  En eso le entró otro mensaje al Móvil, lo que hizo que cerrara la puerta de la habitación de Miguel y sacara de su habitación una maleta con su ropa. Caminó hacia la puerta principal haciendo seguir a un grupo de cuatro personas. Mientras algunos desempacaban unos implementos con extraños símbolos esotéricos, él hablaba con el encargado del grupo.

-Está en su cuarto ahora-  dice bajando mucho la voz- La enfermedad lo tiene muy agresivo así que deben planear como llevarlo porque de lo contrario los mata con un golpe.

-Entendemos, ¿tiene su equipaje?

-Ropa interior, piyamas, implementos de aseo, otras de sus cosas, creo que esta todo- dice mostrando una expresión triste.

-Está bien, no se preocupe, sabemos hacer nuestro trabajo.

-Iré en unos días- dice nervioso- solo… cuídenlo.

El grupo de cuatro personas se acercó a la puerta, uno de ellos hizo una señal y el primero entró rápidamente. Diego no supo exactamente qué fue lo que le hizo, pero en menos de nada Miguel estaba inconsciente y siendo envuelto en una extraña tela como si fuera un burrito mexicano. Uno de ellos desplego una camilla, y lo pusieron encima tapando la tela con una sábana blanca y saliendo del apartamento rápidamente. Diego alcanzó a despedirse mientras estaba inconsciente. “Nos vemos en pocos días, pórtate bien”.

Abrieron la puerta del apartamento y bajaron las escaleras, no faltando la vecina chismosa que miraba todo desde la distancia. Afortunadamente estas personas tenían una ambulancia de tapadera y se lo llevaron.

Diego afectado y triste subió las escaleras recibiendo preguntas de alguno de los vecinos, simplemente respondió lo lógico bajo esas circunstancias y se encerró en el apartamento. Prendió una vela a la virgen y rezó porque llegará bien a destino.

Se sentía un poco mejor, pero ahora realmente necesitaba tomar su tranquilizante y dormir.

1 comentario:

Tana Abbott dijo...

oh! se va lejos? :( espero que esa carta llegue pronto >.< Pobre Miguel, ver lo que hizo debió ser desesperante... aghhhh.... maldito fredy!!!!

Por cierto, pégale una revisada xD

Besos!!