Habían pasado una semana desde su regreso de Viena y las
cosas estaban estables, aunque no bien. Diego estaba pasando por un tiempo muy
triste interiormente, no era tanto la ansiedad que usualmente lo carcomía,
ahora era la tristeza lo que lo gobernaba, y la razón era más que evidente:
todo indicaba que Miguel se estaba muriendo. La resonancia magnética estableció
buenas y malas noticias, el parasito no había crecido totalmente pero no era lo
suficientemente pequeño para ser extraído de manera segura, la verdad, era que
en relación a ese bicho había poca e insuficiente información.
Pero no todo eran malas noticias. Había ciertos asuntos que
eran favorables. La médica comentó que
el parasito no estaba creciendo tan rápido como en otros casos, y eso le daba a
Diego tiempo valioso para hacer algo por él.
El segundo aspecto positivo fue la comprensión y el apoyo del regente
frente a la situación (la cual se podría catalogar como accidente laboral), y
el tercer asunto era que Miguel estaba muy tranquilo y también obediente.
Dado que el parasito estaba soltando pequeños hijitos, Diego
los estaba recolectando para hacer varias pruebas.
Dentro de los aspectos “no tan buenos” era el dolor de
cabeza que sentía y su sensación de descontrol. Los papeles habían cambiado un
poco en la casa desde ese momento.
Diego rogaba por un milagro que matara a “Fredy” y le diera
esperanza, porque ¿qué iba él hacer sin Miguel?, se quejaba constantemente de
su comportamiento infantil y de sus actitudes incoherentes, pero, la verdad
era, que le quería profundamente de una forma tan espiritual que trascendía lo
físico. Si bien él tendía a ser muy egocéntrico por su problema emocional
sentía a Miguel como si fueran gemelos. A veces se sorprendía terminando las
frases que el comenzaba, o soñando exactamente lo mismo. Era como si estuvieran
en el mismo saco amniótico. Miguel se había puesto en el papel de protegerlo
como si fuera una fiera, en los primeros dos años de exilio se sacrificó hasta
el punto de anularse casi totalmente, y ciertamente Diego nunca comprendió
porque hacía eso, ¡era masoquista!; y ahora, Miguel no solo estaba enfermo,
sino que se sentía menos humano, como esos viejos años donde era él el monstruo
(o por lo menos se sentía así) y él lo mantenía dándole sermones y casi
obligándolo a ser buena persona.
Todo eso le hacía sufrir muchísimo, no quería trabajar, solo
quería cuidarle, buscar una forma de no solo curarlo físicamente sino
emocionalmente. Miguel no podía morir ahora, si su humanidad estaba cuestionada
¿qué pasaría con él al otro lado?
Diego no podía evitar llorar al pensarlo, no soportaba la
idea de perderlo, estaba casi desesperado por encontrar alguna solución, y sin
embargo debía mantener una sonrisa y hacerse el fuerte para que él no se
deprimiera y se enfermara más.
Estaba justamente en la capilla trabajando unas pocas horas,
básicamente se estaba llevando el trabajo a su casa todas las noches. Se
arriesgaba que camino a su casa le
secuestraran o le hicieran algo, pero aun así tomaba el riesgo. En su laboratorio,
sentado mirando el reloj, leía lo último que acababa de encontrar. Se mostraba
muy interesado y ciertamente, lo que más le llamaba la atención era la poca
investigación que había al respecto
“Craniumcefalocercosis,
también conocido como el parasito asesino, es una especie documentada desde
1981 en Estados Unidos, cuyos orígenes son difusos. De aspecto parecido a un equinodermo y morfología gelatinosa, parecida
a los asteroideos (estrellas de mar) sin
compartir su simetría. Suben por los paranasales, instalándose en la sección
nasal maxilar frontal donde clavan sus garras alrededor del hueso donde
determinan un crecimiento acelerado y alterando la conducta de su huésped.
Succiona la vitae del individuo, alimentándose constantemente y provocando que
el huésped sienta más hambre. El
crecimiento exponencial de la criatura hace que suba la presión intracraneal la
cual produce la muerte del individuo. Dentro de su morfología se han hecho
análisis de tejidos estableciendo estructura de piel humana, lo que no descarta
que este parásito haya sido desarrollado como arma biológica. Estudios revelan
que organismo parece estar asociado a la disminución en la humanidad del
huésped que entra en un estado de agitación y agresividad. Por otra parte se
encuentra que entre menor humanidad tenga el sujeto contagiado más rápida se
producirá su muerte. Actualmente no existe una cura efectiva.
Historia.
En 1981 una colonia de vampiros
anarquistas fue exterminada en Boston (Massachuset) generando un ambiente de
caos. Por políticas preventivas todo vampiro contaminado fue marcado y
sacrificado. Las residencias fueron quemadas y se estableció una cuarentena
para los que tuvieron contacto con los infectados. Investigaciones posteriores no dieron
responsables definitivos de la infección, aunque se presume la existencia de
experimentos de origen y motivación extraña. No ha existido una infección tan
extendida como la sucedida en 1981, sin embargo, por políticas de sanidad, todo
individuo infectado después de 25 días debe ser sacrificado por el bien de la
comunidad. Aspecto que no ha permitido el desarrollo de estudios longitudinales
serios que permitan una cura.
Síntomas:
-Los síntomas iniciales
establecen una irritabilidad en el individuo, dolor de cabeza parcial, perdida
de la sensibilidad humana, ataques de ira menores. Dadas las anteriores
características los cainitas recién infectados no notan los problemas
iniciales. En un 60% de los casos, los pacientes que han detectado el parasito
a tiempo pudo ser removido.
-Una vez han pasado un periodo
de 15 a 20 días, el parasito se instala en el cráneo estableciendo serias
hemorragias nasales. Entre más grande sea el parasito el sangrado se propagará
por ojos y oídos. El nivel terminal implicara un sangrado por boca.
-Migraña generalizada,
sensibilidad a cualquier tipo de luz
-Hipersomnia
-Aparición de vástagos
parásitos que buscaran huésped por 1 hora. Luego de dicho tiempo mueren.
-Ataques de ira, frenesí
descontrolado, pesadillas, poco control de la bestia.
-Alucinaciones, inestabilidad
mental”.
Diego leía esto con tristeza, no había podido separar lo
emocional de lo profesional en este caso, todo lo que decían eran malas
noticias, y el asunto del problema de sanidad pública le preocupaba, si la
persona inadecuada se enteraba que él estaba contaminado básicamente lo podrían
mandar a matar sin preguntar el motivo. El asunto de la perdida de la humanidad
en la infección era algo que debía comentarle a Miguel, posiblemente el asunto
no sea permanente si logra de alguna forma extraer el parásito.
Estaba recogiendo unas cosas de su laboratorio cuando ve
entrar a Rebeca al mismo.
-¿y bien?, ¿para qué
me necesitabas?
-Cierra la puerta por
favor, necesito hablarte- dice con gravedad mientras ve que ella cierra la
puerta sin mostrarse muy seductora, el tono de Diego no estaba para mimos- necesito conversar contigo.
-Te escucho- dice
mientras se sienta frente a él
-Rebeca, eh.. – suspira mirándola a los ojos- tengo que pedirte algo, espero que me
escuches.
-¿A qué te refieres?-
dice mirándolo como un bicho raro
-Mira… yo sé que en
los últimos dos meses ha surgido algo entre ambos, no puedo definir exactamente
qué, yo te aclaré desde el inicio que no quiero y no necesito nada serio, sin
embargo parece que el asunto se ha confundido un tanto para ambos, ehh -
ella iba a contestar algo y él alza la mano y comienza hablar un poco más
rápido para que ella no lo interrumpa- sea
lo que sea, yo ahora no puedo continuar con esto, lo siento, no tengo cabeza ni
para acostarme contigo, yo lo lamento, de veras, no quería...
La mujer frunciendo el ceño, torciendo el labio de manera
muy peligrosa lo interrumpe
-¿No tienes cabeza
para acostarte conmigo?- dice reaccionando bastante mal- ¿Tienes la cabeza en otra mujer?...
-NO!...no es eso-
dice Diego de manera contradictoria- igual yo
no te debo explicaciones a ti, tu y yo no somos nada …- ella lo mira
peligrosamente y el complementa- “nada
claro”, en estos momentos no puedo dedicarte tiempo tengo asunto mucho más
importantes en mi cabeza, ¿no puedes comprenderlo acaso?
-¿No puedo saber qué
asunto es tan importante tampoco?- dice ella un poco ofendida.
-Mi hermano está
enfermo- responde la verdad.
-¡Claro, como si te
quedara un hermano vivo!- dice ella no esperando una reacción tan directa
de Diego que no tenía humor para explicaciones bizarras
-Tengo un hermano,
vive conmigo, también es vampiro, te enterarías de esos detalles si no
estuvieras más interesada en quitarme los pantalones y controlarme.
La mujer hace un gesto de desagrado, realmente no hablaban mucho
sobre ellos, y siendo honesta no lo conocía tanto como para afirmar que
realmente estuviera mintiendo.
-¿y qué tiene?-
dice un poco más calmada
-Un parasito en su
cabeza
La mujer hace un silencio grave, el mismo que varios otros
hacen cuando se habla del tema.
-Sé que es, Olimpia me
estaba contando que parece existir una epidemia de esas cosas en ciertos
sectores, es más, me dijo de alguien que los estaba estudiando, te puedo mandar
la información- la respuesta había sido calmada, sin drama…. -Bueno supongo que eso fue todo- hace un chasqueo con los labios- entonces, se acabó.
-Si… - dice Diego
bajando la cabeza
-Bueno, entonces
…- dice ella tocándole levemente la mano y acercándose a la vez- adiós
Diego se acerca también a ella y la besa, se separan levemente
mientras ella sale del laboratorio y él se queda pensativo: no entendía porque
la había besado. No se entendía a sí mismo, con ella tenían un entendimiento
sexual sorprendente, a veces hasta le “caía bien”, apartando sus comentarios y
su actitud feminista, había conocido un poco más de ella, que no era mucho,
pero lo que había visto no era tan malo. El problema era que a pesar de
ser una relación basada en el sexo se estaban generando ciertos vínculos y
obligaciones que se estaban convirtiendo en hábitos. Ella estaba exigiendo
mucho más de lo que él podía responder, y sin embargo a veces se sorprendía
mirando el móvil a ver si ella había dejado algún mensaje. Vaya ironía… se
había acostumbrado a algo totalmente ilógico.
Pero con todo el dolor y el miedo enorme que sentía ya no
podía simplemente seguir dando explicaciones o sacar tiempo para una revolcada
de treinta minutos, no podía en estos momentos tener deseo sexual, ya el asunto
con ella se estaba convirtiendo en un problema más y ahora él no tenía cabeza
para ello.
Pidió varios libros prestados de la biblioteca de la
capilla, algunos documentos y hasta la clave intranet para la biblioteca de
Viena, algo debía encontrar que le ayudara…
Miró el reloj y salió de la capilla, su cara mostraba mucho
desconsuelo. Miguel no lo había contagiado a nadie aún, permanecía en casa con
un tapabocas y en reposo, veía tv poco pues le molestaba el sonido y se la
pasaba más en la computadora. Le había llamado la atención lo que dijo Rebeca,
que había una epidemia de este parasito… ¿Cómo algo así no era noticia?
Llegando al edificio se tropieza con una de las vecinas que
lo saluda amablemente y comenta que lamentaba la enfermedad de Miguel y
esperaba que la quimioterapia hiciera efecto. Diego abrió los ojos sin saber
que contestarle, ¿acaso Miguel estaba inventando chistes con los vecinos?
Ofuscado por ese comentario sube al tercer piso y abre la puerta, escucha a una
mujer mayor hablar en la sala y se muestra prevenido. Se asoma asustado a la
sala y ve a una anciana hablando con Miguel en la sala, su hermano tenía una
expresión muy extraña en el rostro. Diego saludo sin entender que hacía la
vecina del primer piso en su casa.
-Diego que bueno que llegaste- dice en español- la señora
Rosita vino a visitarme, imagínate que se cambia de estado y viene a
despedirse.
Diego alza una ceja y lamenta que la mujer se tenga que ir.
La anciana ecuatoriana vivía en el primer piso con un sobrino desde que
llegaron a los ángeles, y si bien era una vecina amable, tampoco era que
conocieran mucho de ella, lo que no justificaba que estuviera haciéndoles
visita.
La mujer se levantó y se despidió dándole un beso a Miguel
en la mejilla, “tenga fe que todo le va
salir bien mijito”.
Diego acompañó a la mujer a la salida mientras le decía que “tuviera mucha fortaleza”
Una vez la mujer se hubo ido, Diego da media vuelta molesto.
-¿Me puedes explicar
que hijueputas está pasando?
La cara de Miguel lo decía todo, parecia estar muy sorprendido.
-Eso mismo me estaba
preguntando yo parcero. Ha sido una noche muy extraña, pero ya con lo que me
contó la abuelita Rosita entendí todo – se toca la cabeza sorprendido y
hasta asustado- Hay jueputa no lo puedo
creer, y yo que pensé que eso solo ocurría en los pueblos…
Diego se acerca a él un poco más calmado, notaba que él
estaba preocupado, y hasta posiblemente había llorado hace poco.
-¿qué pasó?, me acabo
de encontrar con una vecina que me hizo un comentario fuera de base…
Miguel abre los ojos poniendo su mano derecha sobre su boca
asombrado.
-Esto es de película
parce, a lo bien que sí…¿vos recuerdas la vecina del quinto B?, ¿La señora Rimsa, que es de Lituania?
-Si, claro que recuerdo.
-¿Pues adivine donde
trabaja?- lo mira asustado y le responde ahí mismo- trabaja en el centro de diagnóstico donde me hicieron la resonancia, la
vieja como que nos vio ir, y fue a donde el ecógrafo a chismosear, y ¿adivine
que le dijo el gran marica ese!?, le dijo que tenía un tumor en el cerebro, y
la mujer de manera muy efectiva le ha contado a todo el edificio que tengo
cáncer, y hasta se inventó que estoy en quimioterapia…- se toca ahora la
frente- y eso no es todo, Kurt del
segundo piso es amigo de Paola Ruiz la compañera del colegio, y ahora todo el
salón cree que no volví a estudiar porque estoy en quimioterapia, ¡esto es una pesadilla!, he recibido varias
llamadas de teléfono..
Diego no podía creer lo que escuchaba. Miguel no salía del
asombro, había estado toda la semana tranquila, pero el asunto de ese chisme lo
había sacado de su centro y por primera vez Diego vio miedo en los ojos de
Miguel. Mientras deseaba subir hablar seriamente con la vecina chismosa y
amenazarla con denunciarla ante el centro diagnóstico para que perdiera el
empleo, podía ver que su hermano temblaba.
El abrazo pertinente no se hizo esperar. Si su amigo no
había tenido dolor de cabeza por el parásito si lo estaba teniendo por el
stress. Vaya mala suerte, en esas cosas
solo les ocurrían a ellos. Justo en ese momento suena el timbre desde la calle.
“No estoy”- dice
Miguel aterrado a Diego quien se aproxima a contestar el micrófono en la calle
y replica a su hermano asustado, “vos no
te preocupes, traen un paquete que estaba esperando”.
Al momento entran a la casa varias cajas grandes, “ah vea pues, que bueno que llegó”
dice Diego pensando en aquello que había encargado, una vez se van los
repartidores abre la caja emocionado y lo que ve no era lo que esperaba… “¿qué es esto?... se equivocaron”, Miguel
salta de donde estaba emocionado.
-No parce no se
equivocaron- dice sonriendo y olvidando
momentáneamente su dolor- hay llegaron,
esto lo estaba esperando desde hace rato
-¿en qué gastaste
nuestra plata?- dice sorprendido Diego que no entendía.
-¿Nuestra plata?, no
parce, la plata de su capilla, que es mejor, jeje que cosa tan genial- dice
Miguel que abre las cajas con una
sonrisa, para él era una sorpresa- saco
entonces una bolsa como con cincuenta postales, unas artesanías, y pequeños
detalles que London había comprado durante su viaje a Colombia, y que había
mandado por correo, y el criado ventrue no había escatimado en gastos, hasta había
una hermosa estatuilla de 17 cm x 13 en bronce de una reproducción de Botero
-¿es original?
-Que va, pero esta bonita…-
dice sacándola y poniéndola de una vez en la mesa de centro de la sala- mire que con todas estas postales podemos
cambiar el mural que esta como feo y ponerlas en pequeños cuadros, mire le dije
al hombre que comprara las más que pudiera y hay de todo el país...
Diego contagiado por la energía abre otra de las cajas y
casi le da un ataque cuando ve un carriel antioqueño de cuero y hecho con un
cuero muy fino y elaborado de manera artesanal de manera muy diestra.
-Hay parce- dice
emocionado- Ave María, este carriel debió
costar mucho, es de la mejor calidad , y mire, aquí abajo wow... ruanas..
-Hay preste pa cá-
dice de manera coloquial utilizando la forma de hablar de él, y lanzándose a la
ruana mirándola con detalle y oliéndola. El tres-se se la puso inmediatamente
abrazándola para sí.
Los campesinos usaban muchas ruanas y él vivió mucho con
una. Las cajas tenían varios sombreros tradicionales, y hasta una hamaca
guajira. Diego comenzó a preocuparse
sobre cuanto había gastado Miguel en todo eso, un criado ventrue no se va a ir
al centro a buscar economía sino a las casas de más lujo con los mejores
materiales. La estatuilla de bronce cuesta por sí misma una cantidad de dinero considerable.
Diego solo esperaba que luego no les cobraran aquello, ya con el gasto del traje
del aeropuerto tenía suficiente.
Mientras Miguel abrazaba la ruana cambia de expresión y pone
la cabeza para atrás…
-Rápido, rápido
parce, ahí viene otro….
Diego salto de la silla y tomo rápidamente las pinzas mirando las fosas nasales de Miguel, sacando
un pequeño bichito que puso en un frasco junto a sus hermanos muertos.
-Fredy se masturba
mucho y se auto embaraza demasiado…
-¡!!Miguel!!!- le
pega en el hombro por el comentario desagradable
-Debe ser por eso que
no siento deseo sexual desde que está en mi cabeza- dice tocándose la
frente.
El tema se estaba poniendo un poco sentimental, así que
Diego cambio de estrategia.
-Creo que ya estuvo
bueno, luego seguimos viendo lo de las cajas, creo que es hora que te
recuestes, vamos a mi cuarto, necesito trabajar, pero no quiero dejarte solo.
Diego le propuso que se acostara en su cama y mientras él
trabajaba, pero Miguel por alguna razón no gustaba mucho de la idea, argumento
que el colchón era muy duro, que no deseaba manchar de sangre las sabanas y que
temía dejarle un amigo parasito etc. El Paisa no se dejó convencer así que Miguel
se acostó y arropó en su cama.
Tras acomodar bien la cabeza este simplemente se dejó llevar
cerrando los ojos con la ruana aún puesta. Era tan fácil que se quedara semi-dormido,
aunque fuera de noche. En el corto tiempo en que comenzó esta enfermedad podía
durar horas sin moverse. Diego solía observarlo en silencio con el corazón
despedazado. Pero hoy no podía quedarse quieto, se sentó en su escritorio
mientras buscaba respuestas y trataba de saber un poco más de ese maldito
parásito.
Podía vigilarle mientras trabajaba sin darle la espalda. Así
que con muchos libros a la mano y la pc cerca comenzó a leer, el paquete que
había encargado no había llegado aún, pero mientras esperaba debía tener más
información de ese bicho, debía existir una forma de matarlo.
-----0-----
Miguel comenzó una especie de ensueño común desde que
comenzó a sentirse mal. No quería quedarse en el cuarto de Diego porque quería
tener un rato privado donde poder llorar si quería, pues en últimas no quería
hacerlo delante de él, ya sabía que Diego estaba destrozado y no quería
llenarlo de sus propias inseguridades, el asunto de los chismes y de que
dijeran que tenía un tumor cerebral, que estaba en quimioterapia hacia que él
sintiera como si todos le dieran bandera blanca para morirse, y él bueno, no
quería morir…. ¡No podía morir!
¿Por qué le pasaba esto?, ¿qué iba hacer?... Diego se
suicidaría si el moría, lo sabía. ¿y si el pudiera prepararlo para que no lo
hiciera?
No quería morir, pero todos decían que iba a morir. Se
resistía a tener las típicas conversaciones haciendo una lista de últimos
deseos, ni preparando su tumba.
De repente en su ensueño aparece en un cuarto blanco con
cortinas largas en las paredes. Tan largas que no se podía ver donde
comenzaban. ¿Podría trepar por las cortinas hasta llegar al cielo? - pensó
maravillado, el lugar donde estaba parecía ser pequeño, pero a medida que
caminaba encontraba pequeñas esquinas ocultas entre las telas de las cortinas.
Camino por ellas hasta que vio en una esquina un hombre de raza negra sentado
sobre una plataforma entre las cortinas. Era un hombre calvo, grande y robusto,
se notaba que había hecho ejercicio durante su vida, estaba vestido con un
pantalón de jean y una camisa negra, zapatos de plataforma agresiva. Miguel lo
mira desde la distancia y teme acercarse: ¿quién era?
-¿qué ocurre me
tienes miedo?- dice el enorme negro mirándolo con una sonrisa- porqué no te acercas, igual tu y yo estamos
en estos momentos cerca, muy cerca…
-¿Quién eres?
-Tu sabes quién soy-
se ríe estruendosamente el hombre de color
-¿Fredy?-
pregunta asustado
-Si gustas llamarme
así, entonces sí, yo soy Fredy, aunque soy más que eso
-¿qué eres?
-La pregunta debería
ser formulada de otra forma, posiblemente en pasado ayude más y señalando que
no soy una cosa.
-¿Quién fuiste?-
dice Miguel sin comprender
-Fui la persona que
ves en este momento, ¿sabes es bonito recordar quien era antes?, extraño tener
manos, vamos te animo hacer otra pregunta, es divertido…
-¿Quién eres ahora?
-Mmmm buena pregunta,
soy uno y varios al mismo tiempo, estoy en muchas partes y en una, estoy en ti
y en muchos otros, mueren partes mías todos los días pero yo persisto, soy el
padre..
-¿Dios?- dice
Miguel torpemente
- HAHAHAHAHAHA…-
se ríe de manera escandalosa, Miguel tenia miedo - soy el origen y también el fin,
fui formado a la imagen y semejanza de mi padre, soy quien soy, y estoy en ti,
clavándote mis pequeñas garras en tu cabeza, esperando… solamente esperando,
junto a otras partes de mi… soy el que esta y no está, y quien te habla en
estos momentos…
-¿qué quieres de mí?
-Nada realmente, no
busco nada de nadie, solo existo.
-¿por qué quieres
matarme?
El hombre negro lo mira profundamente
-La muerte es
simplemente una consecuencia, es como cuando un colega clava sus colmillos en
ti y te seca, se alimenta de ti y se vuelve más fuerte, es lo mismo, solo que
cada vez que uno de mis inquilinos muere, yo me fortalezco, aunque no quiera,
claro.
Miguel entonces muestra todo su miedo y ruega como pocas
veces lo había hecho por su vida.
-No me mates, no
puedes matarme, tengo asuntos importantes que atender, necesito vivir.
El negro hizo un gran silencio
-Hay cosas que son
inevitables, aunque hay dos cosas que puedes hacer.
-Te escucho…- si había
algo que el pudiera hacer posiblemente lo haría.
-Unete al Sabbat y
nunca más volverás a sentirte enfermo, o puedes buscarme y matarme. Soy el
comienzo y el fin.
Miguel abre los ojos sorprendido, ese era un costo muy alto
por su vida.
-Me niego a unirme al
Sabbat
-Entonces muere.
-----0-----
Diego estaba
trabajando en el escritorio, leyendo informes y viendo similitudes con otros
parásitos. Notaba que este que tenía Miguel podía ser algo distinto o
modificado, sin embargo, necesitaba algo más para la exploración y eso no había
llegado aún a concretarse, porque necesitaba un equipo que aún no había
llegado.
Siguio leyendo
buscando la forma de encontrar información útil y no tantas malas noticias,
miró a Miguel de reojo y lo vio haciendo extraños gestos, lo revisó y no tenía ningún
pequeño parásito que estuviera bajando por su nariz. Se volvió a sentar en su
escritorio concentrándose en el pc, justo en el momento que recibe una llamada
del regente Schaeffer, el cual
pregunta sobre el estado de Miguel, su voz se notaba misteriosa, y al recibir
respuesta de Diego le pidió que mañana se acercara cosa de las 11 p.m a la
capilla que necesitaba comentarle algo importante sobre el tema, le pide traiga
los libros con los investigado. Justo cuando estaban a punto de colgar Miguel
comienza hacer unos sonidos extraños y a moverse de manera irregular, el regente
escucho todo el asunto por el teléfono, le pidió colgar y atenderle.
No era cosa de
pensarlo mucho se acerca a él, estaba temblando, justo en el momento que
comienza a gritar. “No, no me mates
Fredy, no me mates, no quiero unirme al Sabbat, no me mates, no puedo dejarlo
solo”, la frase se repetía una y otra vez, Miguel no estaba consciente,
parecía alucinar, Diego corrió a buscar en una de sus repisas la caja con la
medicina psiquiátrica que tomaba cuando tenía crisis graves, correr a la cocina
por vitae y rápidamente, diluir y dárselo a beber. Miguel no parecía reaccionar,
a pesar de la medicina.
Diego se acercó a él
hablándole: “Estoy aquí, no te dejare
solo, estoy aquí” momento en el cual él levanta el dorso y de manera automática
lo abraza con mucha fuerza tanta que Diego no podía soltarse.
“Está bien Migue, está todo bien, vos no te
preocupes que no me iré a ninguna parte, tranquilo, yo me quedo acá con vos”
Y así pasó,
mientras el también lloraba dándose cuenta que Miguel estaba muy asustado, pero
como siempre se hacía el valiente para no dejarlo a él solo.


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