viernes, 5 de febrero de 2016

Dolor Escondido



Habían pasado una semana desde su regreso de Viena y las cosas estaban estables, aunque no bien. Diego estaba pasando por un tiempo muy triste interiormente, no era tanto la ansiedad que usualmente lo carcomía, ahora era la tristeza lo que lo gobernaba, y la razón era más que evidente: todo indicaba que Miguel se estaba muriendo. La resonancia magnética estableció buenas y malas noticias, el parasito no había crecido totalmente pero no era lo suficientemente pequeño para ser extraído de manera segura, la verdad, era que en relación a ese bicho había poca e insuficiente información.

Pero no todo eran malas noticias. Había ciertos asuntos que eran favorables.  La médica comentó que el parasito no estaba creciendo tan rápido como en otros casos, y eso le daba a Diego tiempo valioso para hacer algo por él.  El segundo aspecto positivo fue la comprensión y el apoyo del regente frente a la situación (la cual se podría catalogar como accidente laboral), y el tercer asunto era que Miguel estaba muy tranquilo y también obediente.

Dado que el parasito estaba soltando pequeños hijitos, Diego los estaba recolectando para hacer varias pruebas. 

Dentro de los aspectos “no tan buenos” era el dolor de cabeza que sentía y su sensación de descontrol. Los papeles habían cambiado un poco en la casa desde ese momento.

Diego rogaba por un milagro que matara a “Fredy” y le diera esperanza, porque ¿qué iba él hacer sin Miguel?, se quejaba constantemente de su comportamiento infantil y de sus actitudes incoherentes, pero, la verdad era, que le quería profundamente de una forma tan espiritual que trascendía lo físico. Si bien él tendía a ser muy egocéntrico por su problema emocional sentía a Miguel como si fueran gemelos. A veces se sorprendía terminando las frases que el comenzaba, o soñando exactamente lo mismo. Era como si estuvieran en el mismo saco amniótico. Miguel se había puesto en el papel de protegerlo como si fuera una fiera, en los primeros dos años de exilio se sacrificó hasta el punto de anularse casi totalmente, y ciertamente Diego nunca comprendió porque hacía eso, ¡era masoquista!; y ahora, Miguel no solo estaba enfermo, sino que se sentía menos humano, como esos viejos años donde era él el monstruo (o por lo menos se sentía así) y él lo mantenía dándole sermones y casi obligándolo a ser buena persona.

Todo eso le hacía sufrir muchísimo, no quería trabajar, solo quería cuidarle, buscar una forma de no solo curarlo físicamente sino emocionalmente. Miguel no podía morir ahora, si su humanidad estaba cuestionada ¿qué pasaría con él al otro lado?

Diego no podía evitar llorar al pensarlo, no soportaba la idea de perderlo, estaba casi desesperado por encontrar alguna solución, y sin embargo debía mantener una sonrisa y hacerse el fuerte para que él no se deprimiera y se enfermara más.

Estaba justamente en la capilla trabajando unas pocas horas, básicamente se estaba llevando el trabajo a su casa todas las noches. Se arriesgaba   que camino a su casa le secuestraran o le hicieran algo, pero aun así tomaba el riesgo. En su laboratorio, sentado mirando el reloj, leía lo último que acababa de encontrar. Se mostraba muy interesado y ciertamente, lo que más le llamaba la atención era la poca investigación que había al respecto

 Craniumcefalocercosis, también conocido como el parasito asesino, es una especie documentada desde 1981 en Estados Unidos, cuyos orígenes son difusos. De aspecto parecido a un equinodermo y morfología gelatinosa, parecida a los asteroideos (estrellas de mar) sin compartir su simetría. Suben por los paranasales, instalándose en la sección nasal maxilar frontal donde clavan sus garras alrededor del hueso donde determinan un crecimiento acelerado y alterando la conducta de su huésped. Succiona la vitae del individuo, alimentándose constantemente y provocando que el huésped sienta más hambre.  El crecimiento exponencial de la criatura hace que suba la presión intracraneal la cual produce la muerte del individuo. Dentro de su morfología se han hecho análisis de tejidos estableciendo estructura de piel humana, lo que no descarta que este parásito haya sido desarrollado como arma biológica. Estudios revelan que organismo parece estar asociado a la disminución en la humanidad del huésped que entra en un estado de agitación y agresividad. Por otra parte se encuentra que entre menor humanidad tenga el sujeto contagiado más rápida se producirá su muerte. Actualmente no existe una cura efectiva.
Historia.
En 1981 una colonia de vampiros anarquistas fue exterminada en Boston (Massachuset) generando un ambiente de caos. Por políticas preventivas todo vampiro contaminado fue marcado y sacrificado. Las residencias fueron quemadas y se estableció una cuarentena para los que tuvieron contacto con los infectados.  Investigaciones posteriores no dieron responsables definitivos de la infección, aunque se presume la existencia de experimentos de origen y motivación extraña. No ha existido una infección tan extendida como la sucedida en 1981, sin embargo, por políticas de sanidad, todo individuo infectado después de 25 días debe ser sacrificado por el bien de la comunidad. Aspecto que no ha permitido el desarrollo de estudios longitudinales serios que permitan una cura. 
Síntomas:
-Los síntomas iniciales establecen una irritabilidad en el individuo, dolor de cabeza parcial, perdida de la sensibilidad humana, ataques de ira menores. Dadas las anteriores características los cainitas recién infectados no notan los problemas iniciales. En un 60% de los casos, los pacientes que han detectado el parasito a tiempo pudo ser removido.
-Una vez han pasado un periodo de 15 a 20 días, el parasito se instala en el cráneo estableciendo serias hemorragias nasales. Entre más grande sea el parasito el sangrado se propagará por ojos y oídos. El nivel terminal implicara un sangrado por boca.
-Migraña generalizada, sensibilidad a cualquier tipo de luz
-Hipersomnia
-Aparición de vástagos parásitos que buscaran huésped por 1 hora. Luego de dicho tiempo mueren.
-Ataques de ira, frenesí descontrolado, pesadillas, poco control de la bestia.
-Alucinaciones, inestabilidad mental”.

Diego leía esto con tristeza, no había podido separar lo emocional de lo profesional en este caso, todo lo que decían eran malas noticias, y el asunto del problema de sanidad pública le preocupaba, si la persona inadecuada se enteraba que él estaba contaminado básicamente lo podrían mandar a matar sin preguntar el motivo. El asunto de la perdida de la humanidad en la infección era algo que debía comentarle a Miguel, posiblemente el asunto no sea permanente si logra de alguna forma extraer el parásito.

Estaba recogiendo unas cosas de su laboratorio cuando ve entrar a Rebeca al mismo.

-¿y bien?, ¿para qué me necesitabas?

-Cierra la puerta por favor, necesito hablarte- dice con gravedad mientras ve que ella cierra la puerta sin mostrarse muy seductora, el tono de Diego no estaba para mimos- necesito conversar contigo.

-Te escucho- dice mientras se sienta frente a él

-Rebeca,  eh.. – suspira mirándola a los ojos- tengo que pedirte algo, espero que me escuches.
-¿A qué te refieres?- dice mirándolo como un bicho raro
-Mira… yo sé que en los últimos dos meses ha surgido algo entre ambos, no puedo definir exactamente qué, yo te aclaré desde el inicio que no quiero y no necesito nada serio, sin embargo parece que el asunto se ha confundido un tanto para ambos, ehh - ella iba a contestar algo y él alza la mano y comienza hablar un poco más rápido para que ella no lo interrumpa- sea lo que sea, yo ahora no puedo continuar con esto, lo siento, no tengo cabeza ni para acostarme contigo, yo lo lamento, de veras, no quería...

La mujer frunciendo el ceño, torciendo el labio de manera muy peligrosa lo interrumpe

-¿No tienes cabeza para acostarte conmigo?- dice reaccionando bastante mal- ¿Tienes la cabeza en otra mujer?...
-NO!...no es eso- dice Diego de manera contradictoria-  igual yo  no te debo explicaciones a ti, tu y yo no somos nada …- ella lo mira peligrosamente y el complementa- “nada claro”, en estos momentos no puedo dedicarte tiempo tengo asunto mucho más importantes en mi cabeza, ¿no puedes comprenderlo acaso?

-¿No puedo saber qué asunto es tan importante tampoco?- dice ella un poco ofendida.
-Mi hermano está enfermo- responde la verdad.
-¡Claro, como si te quedara un hermano vivo!- dice ella no esperando una reacción tan directa de Diego que no tenía humor para explicaciones bizarras

-Tengo un hermano, vive conmigo, también es vampiro, te enterarías de esos detalles si no estuvieras más interesada en quitarme los pantalones y controlarme.

La mujer hace un gesto de desagrado, realmente no hablaban mucho sobre ellos, y siendo honesta no lo conocía tanto como para afirmar que realmente estuviera mintiendo.

-¿y qué tiene?- dice  un poco más calmada
-Un parasito en su cabeza

La mujer hace un silencio grave, el mismo que varios otros hacen cuando se habla del tema.

-Sé que es, Olimpia me estaba contando que parece existir una epidemia de esas cosas en ciertos sectores, es más, me dijo de alguien que los estaba estudiando, te puedo mandar la información- la respuesta había sido calmada, sin drama…. -Bueno supongo que eso fue todo-  hace un chasqueo con los labios- entonces, se acabó.

-Si… - dice Diego bajando la cabeza

-Bueno, entonces …- dice ella tocándole levemente la mano y acercándose a la vez- adiós

Diego se acerca también a ella y la besa, se separan levemente mientras ella sale del laboratorio y él se queda pensativo: no entendía porque la había besado. No se entendía a sí mismo, con ella tenían un entendimiento sexual sorprendente, a veces hasta le “caía bien”, apartando sus comentarios y su actitud feminista, había conocido un poco más de ella, que no era mucho, pero lo que había visto  no era tan malo. El problema era que a pesar de ser una relación basada en el sexo se estaban generando ciertos vínculos y obligaciones que se estaban convirtiendo en hábitos. Ella estaba exigiendo mucho más de lo que él podía responder, y sin embargo a veces se sorprendía mirando el móvil a ver si ella había dejado algún mensaje. Vaya ironía… se había acostumbrado a algo totalmente ilógico.

Pero con todo el dolor y el miedo enorme que sentía ya no podía simplemente seguir dando explicaciones o sacar tiempo para una revolcada de treinta minutos, no podía en estos momentos tener deseo sexual, ya el asunto con ella se estaba convirtiendo en un problema más y ahora él no tenía cabeza para ello.

Pidió varios libros prestados de la biblioteca de la capilla, algunos documentos y hasta la clave intranet para la biblioteca de Viena, algo debía encontrar que le ayudara…

Miró el reloj y salió de la capilla, su cara mostraba mucho desconsuelo. Miguel no lo había contagiado a nadie aún, permanecía en casa con un tapabocas y en reposo, veía tv poco pues le molestaba el sonido y se la pasaba más en la computadora. Le había llamado la atención lo que dijo Rebeca, que había una epidemia de este parasito… ¿Cómo algo así no era noticia?

Llegando al edificio se tropieza con una de las vecinas que lo saluda amablemente y comenta que lamentaba la enfermedad de Miguel y esperaba que la quimioterapia hiciera efecto. Diego abrió los ojos sin saber que contestarle, ¿acaso Miguel estaba inventando chistes con los vecinos? Ofuscado por ese comentario sube al tercer piso y abre la puerta, escucha a una mujer mayor hablar en la sala y se muestra prevenido. Se asoma asustado a la sala y ve a una anciana hablando con Miguel en la sala, su hermano tenía una expresión muy extraña en el rostro. Diego saludo sin entender que hacía la vecina del primer piso en su casa.

-Diego que bueno que llegaste- dice en español- la señora Rosita vino a visitarme, imagínate que se cambia de estado y viene a despedirse.

Diego alza una ceja y lamenta que la mujer se tenga que ir. La anciana ecuatoriana vivía en el primer piso con un sobrino desde que llegaron a los ángeles, y si bien era una vecina amable, tampoco era que conocieran mucho de ella, lo que no justificaba que estuviera haciéndoles visita.

La mujer se levantó y se despidió dándole un beso a Miguel en la mejilla, “tenga fe que todo le va salir bien mijito”.

Diego acompañó a la mujer a la salida mientras le decía que “tuviera mucha fortaleza

Una vez la mujer se hubo ido, Diego da media vuelta molesto.

-¿Me puedes explicar que hijueputas está pasando?

La cara de Miguel lo decía todo, parecia estar muy sorprendido.
-Eso mismo me estaba preguntando yo parcero. Ha sido una noche muy extraña, pero ya con lo que me contó la abuelita Rosita entendí todo – se toca la cabeza sorprendido y hasta asustado- Hay jueputa no lo puedo creer, y yo que pensé que eso solo ocurría en los pueblos…

Diego se acerca a él un poco más calmado, notaba que él estaba preocupado, y hasta posiblemente había llorado hace poco.

-¿qué pasó?, me acabo de encontrar con una vecina que me hizo un comentario fuera de base…
Miguel abre los ojos poniendo su mano derecha sobre su boca asombrado.

-Esto es de película parce, a lo bien que sí…¿vos recuerdas la vecina del quinto B?, ¿La  señora Rimsa, que es de Lituania?

-Si, claro que recuerdo.

-¿Pues adivine donde trabaja?- lo mira asustado y le responde ahí mismo- trabaja en el centro de diagnóstico donde me hicieron la resonancia, la vieja como que nos vio ir, y fue a donde el ecógrafo a chismosear, y ¿adivine que le dijo el gran marica ese!?, le dijo que tenía un tumor en el cerebro, y la mujer de manera muy efectiva le ha contado a todo el edificio que tengo cáncer, y hasta se inventó que estoy en quimioterapia…- se toca ahora la frente- y eso no es todo, Kurt del segundo piso es amigo de Paola Ruiz la compañera del colegio, y ahora todo el salón cree que no volví a estudiar porque estoy en quimioterapia,  ¡esto es una pesadilla!, he recibido varias llamadas de teléfono..

Diego no podía creer lo que escuchaba. Miguel no salía del asombro, había estado toda la semana tranquila, pero el asunto de ese chisme lo había sacado de su centro y por primera vez Diego vio miedo en los ojos de Miguel. Mientras deseaba subir hablar seriamente con la vecina chismosa y amenazarla con denunciarla ante el centro diagnóstico para que perdiera el empleo, podía ver que su hermano temblaba.

El abrazo pertinente no se hizo esperar. Si su amigo no había tenido dolor de cabeza por el parásito si lo estaba teniendo por el stress.  Vaya mala suerte, en esas cosas solo les ocurrían a ellos. Justo en ese momento suena el timbre desde la calle.

“No estoy”- dice Miguel aterrado a Diego quien se aproxima a contestar el micrófono en la calle y replica a su hermano asustado, “vos no te preocupes, traen un paquete que estaba esperando”.
Al momento entran a la casa varias cajas grandes, “ah vea pues, que bueno que llegó” dice Diego pensando en aquello que había encargado, una vez se van los repartidores abre la caja emocionado y lo que ve no era lo que esperaba… “¿qué es esto?... se equivocaron”, Miguel salta de donde estaba emocionado.

-No parce no se equivocaron-  dice sonriendo y olvidando momentáneamente su dolor- hay llegaron, esto lo estaba esperando desde hace rato

-¿en qué gastaste nuestra plata?- dice sorprendido Diego que no entendía.

-¿Nuestra plata?, no parce, la plata de su capilla, que es mejor, jeje que cosa tan genial- dice Miguel que abre las cajas  con una sonrisa, para él era una sorpresa- saco entonces una bolsa como con cincuenta postales, unas artesanías, y pequeños detalles que London había comprado durante su viaje a Colombia, y que había mandado por correo, y el criado ventrue no había escatimado en gastos, hasta había una hermosa estatuilla de 17 cm x 13 en bronce de una reproducción de Botero

-¿es original?

-Que va, pero esta bonita…- dice sacándola y poniéndola de una vez en la mesa de centro de la sala- mire que con todas estas postales podemos cambiar el mural que esta como feo y ponerlas en pequeños cuadros, mire le dije al hombre que comprara las más que pudiera y hay de todo el país...

Diego contagiado por la energía abre otra de las cajas y casi le da un ataque cuando ve un carriel antioqueño de cuero y hecho con un cuero muy fino y elaborado de manera artesanal de manera muy diestra.

-Hay parce- dice emocionado- Ave María, este carriel debió costar mucho, es de la mejor calidad , y mire, aquí abajo wow... ruanas..

-Hay preste pa cá- dice de manera coloquial utilizando la forma de hablar de él, y lanzándose a la ruana mirándola con detalle y oliéndola. El tres-se se la puso inmediatamente abrazándola para sí.

Los campesinos usaban muchas ruanas y él vivió mucho con una. Las cajas tenían varios sombreros tradicionales, y hasta una hamaca guajira.  Diego comenzó a preocuparse sobre cuanto había gastado Miguel en todo eso, un criado ventrue no se va a ir al centro a buscar economía sino a las casas de más lujo con los mejores materiales. La estatuilla de bronce cuesta por sí misma una cantidad de dinero considerable. Diego solo esperaba que luego no les cobraran aquello, ya con el gasto del traje del aeropuerto tenía suficiente.

Mientras Miguel abrazaba la ruana cambia de expresión y pone la cabeza para atrás…

-Rápido, rápido parce, ahí viene otro….

Diego salto de la silla y tomo rápidamente las pinzas  mirando las fosas nasales de Miguel, sacando un pequeño bichito que puso en un frasco junto a sus hermanos muertos.

-Fredy se masturba mucho y se auto embaraza demasiado…
-¡!!Miguel!!!- le pega en el hombro por el comentario desagradable
-Debe ser por eso que no siento deseo sexual desde que está en mi cabeza- dice tocándose la frente. 

El tema se estaba poniendo un poco sentimental, así que Diego cambio de estrategia.

-Creo que ya estuvo bueno, luego seguimos viendo lo de las cajas, creo que es hora que te recuestes, vamos a mi cuarto, necesito trabajar, pero no quiero dejarte solo.

Diego le propuso que se acostara en su cama y mientras él trabajaba, pero Miguel por alguna razón no gustaba mucho de la idea, argumento que el colchón era muy duro, que no deseaba manchar de sangre las sabanas y que temía dejarle un amigo parasito etc. El Paisa no se dejó convencer así que Miguel se acostó y arropó en su cama.

Tras acomodar bien la cabeza este simplemente se dejó llevar cerrando los ojos con la ruana aún puesta. Era tan fácil que se quedara semi-dormido, aunque fuera de noche. En el corto tiempo en que comenzó esta enfermedad podía durar horas sin moverse. Diego solía observarlo en silencio con el corazón despedazado. Pero hoy no podía quedarse quieto, se sentó en su escritorio mientras buscaba respuestas y trataba de saber un poco más de ese maldito parásito.

Podía vigilarle mientras trabajaba sin darle la espalda. Así que con muchos libros a la mano y la pc cerca comenzó a leer, el paquete que había encargado no había llegado aún, pero mientras esperaba debía tener más información de ese bicho, debía existir una forma de matarlo.

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Miguel comenzó una especie de ensueño común desde que comenzó a sentirse mal. No quería quedarse en el cuarto de Diego porque quería tener un rato privado donde poder llorar si quería, pues en últimas no quería hacerlo delante de él, ya sabía que Diego estaba destrozado y no quería llenarlo de sus propias inseguridades, el asunto de los chismes y de que dijeran que tenía un tumor cerebral, que estaba en quimioterapia hacia que él sintiera como si todos le dieran bandera blanca para morirse, y él bueno, no quería morir…. ¡No podía morir!

¿Por qué le pasaba esto?, ¿qué iba hacer?... Diego se suicidaría si el moría, lo sabía. ¿y si el pudiera prepararlo para que no lo hiciera?  

No quería morir, pero todos decían que iba a morir. Se resistía a tener las típicas conversaciones haciendo una lista de últimos deseos, ni preparando su tumba. 

De repente en su ensueño aparece en un cuarto blanco con cortinas largas en las paredes. Tan largas que no se podía ver donde comenzaban. ¿Podría trepar por las cortinas hasta llegar al cielo? - pensó maravillado, el lugar donde estaba parecía ser pequeño, pero a medida que caminaba encontraba pequeñas esquinas ocultas entre las telas de las cortinas. Camino por ellas hasta que vio en una esquina un hombre de raza negra sentado sobre una plataforma entre las cortinas. Era un hombre calvo, grande y robusto, se notaba que había hecho ejercicio durante su vida, estaba vestido con un pantalón de jean y una camisa negra, zapatos de plataforma agresiva. Miguel lo mira desde la distancia y teme acercarse: ¿quién era?

-¿qué ocurre me tienes miedo?- dice el enorme negro mirándolo con una sonrisa- porqué no te acercas, igual tu y yo estamos en estos momentos cerca, muy cerca…

-¿Quién eres?

-Tu sabes quién soy- se ríe estruendosamente el hombre de color

-¿Fredy?- pregunta asustado

-Si gustas llamarme así, entonces sí, yo soy Fredy, aunque soy más que eso

-¿qué eres?

-La pregunta debería ser formulada de otra forma, posiblemente en pasado ayude más y señalando que no soy una cosa.

-¿Quién fuiste?- dice Miguel sin comprender

-Fui la persona que ves en este momento, ¿sabes es bonito recordar quien era antes?, extraño tener manos, vamos te animo hacer otra pregunta, es divertido…

-¿Quién eres ahora?

-Mmmm buena pregunta, soy uno y varios al mismo tiempo, estoy en muchas partes y en una, estoy en ti y en muchos otros, mueren partes mías todos los días pero yo persisto, soy el padre..
-¿Dios?- dice Miguel torpemente

- HAHAHAHAHAHA…- se ríe de manera escandalosa, Miguel tenia miedo - soy  el origen y también el fin, fui formado a la imagen y semejanza de mi padre, soy quien soy, y estoy en ti, clavándote mis pequeñas garras en tu cabeza, esperando… solamente esperando, junto a otras partes de mi… soy el que esta y no está, y quien te habla en estos momentos…

-¿qué quieres de mí?

-Nada realmente, no busco nada de nadie, solo existo.

-¿por qué quieres matarme?

El hombre negro lo mira profundamente

-La muerte es simplemente una consecuencia, es como cuando un colega clava sus colmillos en ti y te seca, se alimenta de ti y se vuelve más fuerte, es lo mismo, solo que cada vez que uno de mis inquilinos muere, yo me fortalezco, aunque no quiera, claro.

Miguel entonces muestra todo su miedo y ruega como pocas veces lo había hecho por su vida.

-No me mates, no puedes matarme, tengo asuntos importantes que atender, necesito vivir.

El negro hizo un gran silencio

-Hay cosas que son inevitables, aunque hay dos cosas que puedes hacer.

-Te escucho…- si había algo que el pudiera hacer posiblemente lo haría.

-Unete al Sabbat y nunca más volverás a sentirte enfermo, o puedes buscarme y matarme. Soy el comienzo y el fin.

Miguel abre los ojos sorprendido, ese era un costo muy alto por su vida.

-Me niego a unirme al Sabbat
-Entonces muere.

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Diego estaba trabajando en el escritorio, leyendo informes y viendo similitudes con otros parásitos. Notaba que este que tenía Miguel podía ser algo distinto o modificado, sin embargo, necesitaba algo más para la exploración y eso no había llegado aún a concretarse, porque necesitaba un equipo que aún no había llegado.

Siguio leyendo buscando la forma de encontrar información útil y no tantas malas noticias, miró a Miguel de reojo y lo vio haciendo extraños gestos, lo revisó y no tenía ningún pequeño parásito que estuviera bajando por su nariz. Se volvió a sentar en su escritorio concentrándose en el pc, justo en el momento que recibe una llamada del regente Schaeffer, el cual pregunta sobre el estado de Miguel, su voz se notaba misteriosa, y al recibir respuesta de Diego le pidió que mañana se acercara cosa de las 11 p.m a la capilla que necesitaba comentarle algo importante sobre el tema, le pide traiga los libros con los investigado. Justo cuando estaban a punto de colgar Miguel comienza hacer unos sonidos extraños y a moverse de manera irregular, el regente escucho todo el asunto por el teléfono, le pidió colgar y atenderle.

No era cosa de pensarlo mucho se acerca a él, estaba temblando, justo en el momento que comienza a gritar. “No, no me mates Fredy, no me mates, no quiero unirme al Sabbat, no me mates, no puedo dejarlo solo”, la frase se repetía una y otra vez, Miguel no estaba consciente, parecía alucinar, Diego corrió a buscar en una de sus repisas la caja con la medicina psiquiátrica que tomaba cuando tenía crisis graves, correr a la cocina por vitae y rápidamente, diluir y dárselo a beber. Miguel no parecía reaccionar, a pesar de la medicina.

Diego se acercó a él hablándole: “Estoy aquí, no te dejare solo, estoy aquí” momento en el cual él levanta el dorso y de manera automática lo abraza con mucha fuerza tanta que Diego no podía soltarse.

“Está bien Migue, está todo bien, vos no te preocupes que no me iré a ninguna parte, tranquilo, yo me quedo acá con vos”

Y así pasó, mientras el también lloraba dándose cuenta que Miguel estaba muy asustado, pero como siempre se hacía el valiente para no dejarlo a él solo.

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