sábado, 20 de febrero de 2016

l'amour



Terence Fowles estaba algo nervioso, esperaba en la puerta de una estación de servicio a que pasaran por él, miraba el reloj y llevaba un poco más de equipaje de lo normal, era hora de partir, y en cualquier momento lo recogerían. Tenía una cantidad de sentimientos encontrados, pero ahora estaba ansioso, cuando ve venir la ambulancia se sube rápidamente a ella y continua al lado de algunos aprendices que conocía. A un lado arropado con una tela negra de pies a cabeza estaba Miguel García, el hombre que le había salvado la vida, pero con el cual tenía sentimientos encontrados. Su próxima hospitalización había dado la excusa perfecta para volver a la capilla donde estaba su sire, y sobre todo… Arlene. Había tenido sueños de lo más extraños y exquisitos con ella, ¿era normal tener sueños eróticos con la enfermera que cuidaba a tu sire?

Era un pelmazo con las mujeres, nunca logro ligar y siempre terminaba con el corazón roto. Su viaje a Viena fue una oportunidad en muchos sentidos y más para, “romper las reglas” por que si bien tenía prohibido comunicarse con nadie, él logró pasarse esa regla por la galleta y chatearse con Arlene, además, tenía  una tarjeta de crédito que le permitió comprarse ciertos lujos y arrendar otros, y los hoteles a los que iba usualmente tenían un ordenador. Así que tenia un tiempo para dedicarle a ella que estaba enfermita y al mismo tiempo esconderse.

Oh sí, pobre Arlene, con su carita quemada, llena de cremitas y susceptible, si esa misma mujer con la que compartía usualmente largas jornadas en el mismo espacio, ella atendiendo a Rowan, y él bueno tratando de hacer lo que su sire quería. Mirando su trasero cuando ella no miraba y murmurando cosas muy formales en la entrada de la habitación.  Ambos se llevaban bien, y Rowan, bueno él lo notó. Terence sentía que era un impertinente al meterse, al dar sus consejillos y decirle también cosas a Arlene. No era estúpido, lo notaba. Sin embargo nunca fue lo suficiente valiente para ponerle en su sitio, y bueno, cuando lo hizo eso conllevó a que Rowan se resintiera  con él por días.
Pero volviendo a Viena, una de las razones por las cuales Terry sonreía en el avión era porque se había dado cuenta que para ella no era indiferente. Le mando un poema y ella actuó de cierta forma que le hizo entender que era correspondido. Podía ser una tradición vieja, pero ella le pareció hermoso. En los Ángeles tenia directas órdenes de no conectarse a internet, y dado que el regente Dieter ya lo había reprendido, no pudo comunicarse con ella hasta que le avisó que podría partir el día de hoy.
El viaje fue algo tortuoso, debió ayudar mantener quieto a Miguel, y a secar la sangre que salía de sus fosas nasales, era del segundo circulo y quería decir que él todavía era un don nadie en la jerarquía, posible podía ordenarle algo a un recién llegado, ¿pero?, ¿quién le haría caso?
Cuando llegaron al lugar descargaron al paciente rápidamente y Terence vió como se lo llevaban. Como siempre habia un grupo de sanadores haciendo rituales de entrada a su habitación y protección, y si bien en este lugar habia pacientes de todos los clanes, el 87% eran tremere y el resto eran personas muy pudientes que podían darse el lujo de pagar los costes de una hospitalización de ese tipo. No era un asunto publico y no era tampoco algo que se hablara en los pasillos. Las técnicas que se aprendían en este sitio eran únicas, y quien entraba a ser parte de ellas duraba años estudiando. Terence entró más por su sire a quien los enfermeros poco soportaban y era un problema para varios. Estaba seguro que el regente Morelli  se comunico con  Dieter Schaeffer para  pedirle que le enviara a ver si se calmaba Rowan.
Camino por los pasillos y se dirigió a donde el encargado de ubicaciones quien le reasigno su habitación y se dirigió directamente a ella cargado de maletas. Ya en la habitación se dio cuenta que estaba nervioso, saco un paquete pequeño y lo guardo en el bolsillo de su traje pensando si sería capaz de entregárselo.
Debía presentarse al regente pero este seguro estaba ocupado en el ritual en la habitación de Miguel, así que  haciendo un respiro falso va hacia el sector donde sabia la encontraría.  Nunca habia ido a su habitación así que simplemente bajo algunas escaleras y camino por un largo pasillo. Se quedó como un imbécil parado al frente de la habitación de ella pensando si debía tocar, un gran miedo lo embargo, bajo la cabeza y dio media vuelta, y justo cuando se aleja se abre su puerta.
-¿Terence?, ¿volviste?
El para en seco y se da la vuelta para verle la cara, estaba sorprendida, ya no tenia crema en su cara y lo miraba como si no lo creyera.
-Si, eh… yo… eh
-¿porqué no tocaste la puerta?- dice ella sorprendida- si no veo el video de seguidad ni me doy cuenta..
-¿video de seguridad?- Terry abre los ojos sorprendido, mientras pensaba lo tonto que había sido. Ella se había dado cuenta que estaba como un tarado en la puerta sin animarse a golpear- eh.. yo, es que solo pasaba por aquí, y…
Arlene sonríe muy divertida.
-Ven, sigue, estaba haciéndome un té – dice invitándolo a seguir- vamos no te quedes ahí, entra…
Terence entra sintiendo vergüenza, y de repente se sorprende, pensaba que ella tenía una pequeña habitación, y la verdad era un pequeño apartamento dentro de la capilla. Una cocina pequeña, una sala, baño y habitación. Tenía todo lo necesario para vivir, pero de manera muy estrecha. Su aparta-estudio era conservador, con colores femeninos, y simples, tenía un aparato para hacer ejercicio y pocos muebles. Terence deseo que no viviera tan limitada, a pesar de que llevaba dos años viviendo en un cuarto mas pequeño.



Lo hizo seguir a la sala y el se sentó en el sofá mirando como de lejos entraba a la pequeña cocina y traía una taza de te para ella, y una con un liquido rojo para él (tenía una bolsa de vitae en el refigerador, cosa que se le hacía rara)
-¿Y como te fue?
El la miro con una sonrisa  y respondió de manera simple, estaba nervioso.
-Bien- luego al mirarla nuevamente sigue hablando con un ligero tartamudeo- fu-ue un viaje largo.
-Me dijeron que iban por un paciente a los Angeles, ¿le conoces?
-Si… es un amigo o familiar, no lo sé bien, de Diego Garcia, mi-mi tutor – la mira a los ojos un segundo y baja la mirada
-El Doctor Garcia, sí lo recuerdo, ha estado acá unas pocas veces visitando al Señor Rowan, es un hombre agradable- dice ella sonriendo- ¿y como terminaron las cosas en Viena?
Terence sonrió y tomando un poco de valor dijo: “Muy bien, eh… yo, te traje un regalo”
Y saca de su bolsillo interior de la chaqueta una cajita cuadrada pequeña de foro imitación cuero que se la entrega con un leve temblor mirándola a los ojos y sonriendo de manera dulce. Ella abre la cajita y ve un pendiente de plata donde sobresalía un dije con una figura curiosa pero estética.
-Es hermoso- se lo pone inmediatamente mostrándole como le queda y mirándolo sonriente le da las gracias.
El le responde la mirada tragando saliva y sintiendo una ligera tensión.
-Se te ve bien, es hermoso- hace una sonrisa y dice- co-como tú.
Ambos se quedaron mirando por un momento. Arlene tomando la iniciativa se acercó primero  y él como un remolino a punto de explotar se aferró a ella  y la beso. Fue un momento largo que terminaba y comenzaba de nuevo. Terence se sentía en la gloria, el miedo que tenía poco a poco se fue disipando, y hasta Arlene le preguntó por qué no lo había hecho antes, era evidente que ambos se deseaban y que llevaban tiempo así. El problema era que ambos eran tímidos que no eran capaces de expresar lo que sentían, y como pólvora solo necesitaban una chispa que los uniera.
Lo que pasó después se le puede dejar a la imaginación del lector, lo que sí se puede agregar es que se les fue difícil separarse en un momento dado y que Arlene resultó ser muy buena profesora.
Como el que poco corre, vuela, las acciones demostraron que talvez solo se necesitaba de un empujón para dejar fluir la energía.
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Había mucho silencio. Demasiado silencio.
Diego miró el apartamento con una escoba en mano. Miguel era el que hacia el aseo en la casa; por mucho que fuera difícil de creer (dada su  desorganización en tantos aspectos), el Tres-se era fanático de la limpieza y que le encantaba gastar dólares en jabones y otros asuntos. La casa en estos momentos necesitaba orden, solo que él no estaba para pasar trapos por todas las esquinas, barrer y perfumar.
 A Diego le gustaba encontrar todo limpio, pero no le gustaba el hecho de ocuparse de asuntos de la casa. Sacar la basura y llevar la ropa sucia a la lavandería era lo máximo que estaba dispuesto hacer.
Y ahora estaba con una escoba pensando por donde comenzar. Se habían llevado la mayoría de los equipos de laboratorio y las paredes habían quedado sucias, si Miguel estuviera presente estaría muy molesto por ese asunto. El olor a humo de marihuana se había quedado absorbido en las cortinas y en la ropa de cama, en general en todo. A Diego le saldría cara la lavandería este mes, y en general los costos de todo habían aumentado.
Ni quería pensar en el valor total de la hospitalización de su hermano era algo de lo cual no quería pensar, estaba endeudado hasta la coronilla y no pensaba de ninguna forma pedirle prestado a su sire. Debía pensar si podía hacer alguna otra cosa que le diera dinero.
Sea lo que sea, el apartamento parecía enorme sin su hermano,  trataba de hacer aseo para no pensar mucho, pero desafortunadamente tenía el efecto contrario.
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Toco un cursi cubre lecho rosa que tenia encima de él y abrió los ojos buscándola. No estaba, se había ido. La llamó asustado, y no hubo respuesta. Estaba solo en un cuarto extrecho sintiéndose abandonado. Se levantó desnudo buscando sus pantalones, se sentía extraño y mientras recogia la prenda que estaba doblada en una esquina buscó con sus ojos a Arlene.
Su ánimo bajó inmediatamente al no verla en el pequeño apartamento, pudo explorar semi desnudo el pequeño espacio, la verdad el baño era pequeño y sus cosas se acumulaban en el lavamanos, no habia mucho espacio para moverse pues la ducha ocupaba gran parte, la cocina era muy básica, y la sala diminuta.
Cuando pasó por la el pasillo vio un papel en la mesa de la sala.
Terry, tuve que salir a trabajar, en la nevera hay vitae. Eres maravilloso. ¿Nos vemos luego?
Arlene
El mal humor que embargaba a Terence se convirtió de repente en una sonrisa, estaba enamorado, mucho más de lo que antes estaba a razón de los detalles íntimos que vivieron.
De repente cuando toma la vitae recuerda.
Oh-no-no-no… olvide presentarme al regente – dice tomando sus pantalones y   vistiéndose a la carrera- hay demonios, ¿cómo pude olvidarlo?
Y bueno, la respuesta era estúpida, tenía cosas más placenteras que hacer que verle la cara al fulano ese.

1 comentario:

Tana Abbott dijo...

xDDDD!!! qué romántico, todo muy lindo... espero que los superiores no se enteren, los romances no son bien vistos... y menos con una ghoul, me temo. La sociedad vampírica no ha oído nada de igualdad y menos de aboliciones de esclavitud xD
Por cierto, estoy con Diego y su reticencia a hacer el aseo xDDD

Besos!

Pd: revisa
Pd2: acabo de ver en el menú lateral, noches de destierro... hay un capítulo titulado "buenas intensiones" por favor cambia la s por una c ._.