Terence Fowles estaba algo nervioso, esperaba en la puerta de
una estación de servicio a que pasaran por él, miraba el reloj y llevaba un
poco más de equipaje de lo normal, era hora de partir, y en cualquier momento
lo recogerían. Tenía una cantidad de sentimientos encontrados, pero ahora
estaba ansioso, cuando ve venir la ambulancia se sube rápidamente a ella y
continua al lado de algunos aprendices que conocía. A un lado arropado con una
tela negra de pies a cabeza estaba Miguel García, el hombre que le había
salvado la vida, pero con el cual tenía sentimientos encontrados. Su próxima
hospitalización había dado la excusa perfecta para volver a la capilla donde
estaba su sire, y sobre todo… Arlene. Había tenido sueños de lo más extraños y
exquisitos con ella, ¿era normal tener sueños eróticos con la enfermera que
cuidaba a tu sire?
Era un pelmazo con las mujeres, nunca logro ligar y siempre
terminaba con el corazón roto. Su viaje a Viena fue una oportunidad en muchos
sentidos y más para, “romper las reglas” por que si bien tenía prohibido
comunicarse con nadie, él logró pasarse esa regla por la galleta y chatearse
con Arlene, además, tenía una tarjeta de
crédito que le permitió comprarse ciertos lujos y arrendar otros, y los hoteles
a los que iba usualmente tenían un ordenador. Así que tenia un tiempo para
dedicarle a ella que estaba enfermita y al mismo tiempo esconderse.
Oh sí, pobre Arlene, con su carita quemada, llena de
cremitas y susceptible, si esa misma mujer con la que compartía usualmente
largas jornadas en el mismo espacio, ella atendiendo a Rowan, y él bueno
tratando de hacer lo que su sire quería. Mirando su trasero cuando ella no
miraba y murmurando cosas muy formales en la entrada de la habitación. Ambos se llevaban bien, y Rowan, bueno él lo
notó. Terence sentía que era un impertinente al meterse, al dar sus consejillos
y decirle también cosas a Arlene. No era estúpido, lo notaba. Sin embargo nunca
fue lo suficiente valiente para ponerle en su sitio, y bueno, cuando lo hizo
eso conllevó a que Rowan se resintiera
con él por días.
Pero volviendo a Viena, una de las razones por las cuales
Terry sonreía en el avión era porque se había dado cuenta que para ella no era
indiferente. Le mando un poema y ella actuó de cierta forma que le hizo
entender que era correspondido. Podía ser una tradición vieja, pero ella le pareció
hermoso. En los Ángeles tenia directas órdenes de no conectarse a internet, y dado
que el regente Dieter ya lo había reprendido, no pudo comunicarse con ella
hasta que le avisó que podría partir el día de hoy.
El viaje fue algo tortuoso, debió ayudar mantener quieto a
Miguel, y a secar la sangre que salía de sus fosas nasales, era del segundo
circulo y quería decir que él todavía era un don nadie en la jerarquía, posible
podía ordenarle algo a un recién llegado, ¿pero?, ¿quién le haría caso?
Cuando llegaron al lugar descargaron al paciente rápidamente
y Terence vió como se lo llevaban. Como siempre habia un grupo de sanadores
haciendo rituales de entrada a su habitación y protección, y si bien en este
lugar habia pacientes de todos los clanes, el 87% eran tremere y el resto eran
personas muy pudientes que podían darse el lujo de pagar los costes de una
hospitalización de ese tipo. No era un asunto publico y no era tampoco algo que
se hablara en los pasillos. Las técnicas que se aprendían en este sitio eran
únicas, y quien entraba a ser parte de ellas duraba años estudiando. Terence
entró más por su sire a quien los enfermeros poco soportaban y era un problema
para varios. Estaba seguro que el regente Morelli
se comunico con Dieter Schaeffer para pedirle que le enviara a ver si se calmaba
Rowan.
Camino por los pasillos y se dirigió a donde el encargado de
ubicaciones quien le reasigno su habitación y se dirigió directamente a ella
cargado de maletas. Ya en la habitación se dio cuenta que estaba nervioso, saco
un paquete pequeño y lo guardo en el bolsillo de su traje pensando si sería
capaz de entregárselo.
Debía presentarse al regente pero este seguro estaba ocupado
en el ritual en la habitación de Miguel, así que haciendo un respiro falso va hacia el sector
donde sabia la encontraría. Nunca habia
ido a su habitación así que simplemente bajo algunas escaleras y camino por un
largo pasillo. Se quedó como un imbécil parado al frente de la habitación de
ella pensando si debía tocar, un gran miedo lo embargo, bajo la cabeza y dio
media vuelta, y justo cuando se aleja se abre su puerta.
-¿Terence?, ¿volviste?
El para en seco y se da la vuelta para verle la cara, estaba
sorprendida, ya no tenia crema en su cara y lo miraba como si no lo creyera.
-Si, eh… yo… eh
-¿porqué no tocaste la puerta?- dice ella sorprendida- si no
veo el video de seguidad ni me doy cuenta..
-¿video de seguridad?- Terry abre los ojos sorprendido,
mientras pensaba lo tonto que había sido. Ella se había dado cuenta que estaba
como un tarado en la puerta sin animarse a golpear- eh.. yo, es que solo pasaba
por aquí, y…
Arlene sonríe muy divertida.
-Ven, sigue, estaba haciéndome un té – dice invitándolo a
seguir- vamos no te quedes ahí, entra…
Terence entra sintiendo vergüenza, y de repente se sorprende,
pensaba que ella tenía una pequeña habitación, y la verdad era un pequeño
apartamento dentro de la capilla. Una cocina pequeña, una sala, baño y
habitación. Tenía todo lo necesario para vivir, pero de manera muy estrecha. Su
aparta-estudio era conservador, con colores femeninos, y simples, tenía un
aparato para hacer ejercicio y pocos muebles. Terence deseo que no viviera tan
limitada, a pesar de que llevaba dos años viviendo en un cuarto mas pequeño.
Lo hizo seguir a la sala y el se sentó en el sofá mirando
como de lejos entraba a la pequeña cocina y traía una taza de te para ella, y una
con un liquido rojo para él (tenía una bolsa de vitae en el refigerador, cosa
que se le hacía rara)
-¿Y como te fue?
El la miro con una sonrisa
y respondió de manera simple, estaba nervioso.
-Bien- luego al mirarla nuevamente sigue hablando con un ligero
tartamudeo- fu-ue un viaje largo.
-Me dijeron que iban por un paciente a los Angeles, ¿le
conoces?
-Si… es un amigo o familiar, no lo sé bien, de Diego Garcia,
mi-mi tutor – la mira a los ojos un segundo y baja la mirada
-El Doctor Garcia, sí lo recuerdo, ha estado acá unas pocas
veces visitando al Señor Rowan, es un hombre agradable- dice ella sonriendo- ¿y
como terminaron las cosas en Viena?
Terence sonrió y tomando un poco de valor dijo: “Muy bien,
eh… yo, te traje un regalo”
Y saca de su bolsillo interior de la chaqueta una cajita
cuadrada pequeña de foro imitación cuero que se la entrega con un leve temblor
mirándola a los ojos y sonriendo de manera dulce. Ella abre la cajita y ve un
pendiente de plata donde sobresalía un dije con una figura curiosa pero
estética.
-Es hermoso- se lo pone inmediatamente mostrándole como le
queda y mirándolo sonriente le da las gracias.
El le responde la mirada tragando saliva y sintiendo una
ligera tensión.
-Se te ve bien, es hermoso- hace una sonrisa y dice- co-como
tú.
Ambos se quedaron mirando por un momento. Arlene tomando la iniciativa
se acercó primero y él como un remolino
a punto de explotar se aferró a ella y
la beso. Fue un momento largo que terminaba y comenzaba de nuevo. Terence se
sentía en la gloria, el miedo que tenía poco a poco se fue disipando, y hasta
Arlene le preguntó por qué no lo había hecho antes, era evidente que ambos se
deseaban y que llevaban tiempo así. El problema era que ambos eran tímidos que
no eran capaces de expresar lo que sentían, y como pólvora solo necesitaban una
chispa que los uniera.
Lo que pasó después se le puede dejar a la imaginación del
lector, lo que sí se puede agregar es que se les fue difícil separarse en un
momento dado y que Arlene resultó ser muy buena profesora.
Como el que poco corre, vuela, las acciones demostraron que
talvez solo se necesitaba de un empujón para dejar fluir la energía.
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Había mucho silencio. Demasiado silencio.
Diego miró el apartamento con una escoba en mano. Miguel era
el que hacia el aseo en la casa; por mucho que fuera difícil de creer (dada su desorganización en tantos aspectos), el Tres-se era fanático de
la limpieza y que le encantaba gastar dólares en jabones y otros asuntos. La
casa en estos momentos necesitaba orden, solo que él no estaba para pasar
trapos por todas las esquinas, barrer y perfumar.
A Diego le gustaba
encontrar todo limpio, pero no le gustaba el hecho de ocuparse de asuntos de la
casa. Sacar la basura y llevar la ropa sucia a la lavandería era lo máximo que estaba dispuesto hacer.
Y ahora estaba con una escoba pensando por donde comenzar.
Se habían llevado la mayoría de los equipos de laboratorio y las paredes habían
quedado sucias, si Miguel estuviera presente estaría muy molesto por ese asunto.
El olor a humo de marihuana se había quedado absorbido en las cortinas y en la
ropa de cama, en general en todo. A Diego le saldría cara la lavandería este
mes, y en general los costos de todo habían aumentado.
Ni quería pensar en el valor total de la hospitalización de
su hermano era algo de lo cual no quería pensar, estaba endeudado hasta la
coronilla y no pensaba de ninguna forma pedirle prestado a su sire. Debía pensar si podía hacer alguna otra cosa que le diera dinero.
Sea lo que sea, el apartamento parecía enorme sin su hermano, trataba de hacer aseo para no pensar mucho, pero desafortunadamente tenía el
efecto contrario.
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Toco un cursi cubre lecho rosa que tenia encima de él y
abrió los ojos buscándola. No estaba, se había ido. La llamó asustado, y no
hubo respuesta. Estaba solo en un cuarto extrecho sintiéndose abandonado. Se
levantó desnudo buscando sus pantalones, se sentía extraño y mientras recogia
la prenda que estaba doblada en una esquina buscó con sus ojos a Arlene.
Su ánimo bajó inmediatamente al no verla en el pequeño
apartamento, pudo explorar semi desnudo el pequeño espacio, la verdad el baño
era pequeño y sus cosas se acumulaban en el lavamanos, no habia mucho espacio
para moverse pues la ducha ocupaba gran parte, la cocina era muy básica, y la
sala diminuta.
Cuando pasó por la el pasillo vio un papel en la mesa de la
sala.
Terry, tuve que salir
a trabajar, en la nevera hay vitae. Eres maravilloso. ¿Nos vemos luego?
Arlene
El mal humor que embargaba a Terence se convirtió de repente
en una sonrisa, estaba enamorado, mucho más de lo que antes estaba a razón de
los detalles íntimos que vivieron.
De repente cuando toma la vitae recuerda.
Oh-no-no-no… olvide presentarme al regente – dice tomando
sus pantalones y vistiéndose a la
carrera- hay demonios, ¿cómo pude olvidarlo?
Y bueno, la respuesta era estúpida, tenía cosas más
placenteras que hacer que verle la cara al fulano ese.


1 comentario:
xDDDD!!! qué romántico, todo muy lindo... espero que los superiores no se enteren, los romances no son bien vistos... y menos con una ghoul, me temo. La sociedad vampírica no ha oído nada de igualdad y menos de aboliciones de esclavitud xD
Por cierto, estoy con Diego y su reticencia a hacer el aseo xDDD
Besos!
Pd: revisa
Pd2: acabo de ver en el menú lateral, noches de destierro... hay un capítulo titulado "buenas intensiones" por favor cambia la s por una c ._.
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